EL GRAN CASTIGO (parte 2)
PASAJES BÍBLICOS POSIBLEMENTE REFERIDOS AL GRAN
CASTIGO PREVIO AL FIN DE LOS TIEMPOS
Notas: Los
textos corresponden, la mayoría de las veces, a la versión de Torres Amat.La presente recopilación no pretende
ser exhaustiva.
Sal 74, 8 La copa está en la mano del
Señor; el vino está fermentado, lleno de mixtura, y él lo derrama; ¡hasta el
fondo lo apurarán y lo beberán todos los impíos de la tierra!
Sal 100, 8 Por la mañana destruiré a
todos los impíos de la tierra, para exterminar de la ciudad del Señor a todos
los que hagan maldad.
Sal 103, 35 ¡Sean consumidos de la tierra los pecadores y
los impíos dejen de ser!
Sal 109, 5 El Señor está a tu diestra; quebrantará
a los reyes en el día de su ira.6 dictará sentencia contra las naciones; amontonará
cadáveres; ¡estrellará cabezas en toda la tierra!
SABIDURÍA
5, 17 El Señor
se vestirá de su ira como de una armadura, y se armará de la creación para
castigar a sus enemigos; 18 se revestirá de justicia como de una coraza; se
pondrá como casco el juicio sincero, 19 tomará su santidad como escudo
impenetrable, 20 afilará como una espada su ira inflexible y el universo
combatirá a su lado contra los insensatos. 21 Desde las nubes saldrán certeros
relámpagos y rayos, como de un arco bien templado, y volarán hacia el blanco; 22
y con furor saldrá el granizo disparado como piedras. Las olas del mar se
embravecerán contra ellos y los ríos los arrollarán sin compasión; 23 un viento
poderoso se levantará y los barrerá como un huracán. Así la iniquidad
convertirá toda la tierra en un desierto y la maldad hará caer los tronos de
los poderosos.
Nota: los siguientes pasajes se refieren a la plaga
de oscuridad a la que Dios sometió a los egipcios. Es razonable suponer que los
futuros tres días de oscuridad serán semejantes a esos tres días de oscuridad:
[Génesis 8, 21
Después dijo el Señor a Moisés: extiende tu mano hacia el cielo para que haya
en la tierra de Egipto tinieblas que puedan palparse. 22 Extendió entonces
Moisés su mano hacia el cielo y hubo densas tinieblas en toda la tierra de
Egipto durante tres días. 23 No se veían unos a otros ni se levantaba nadie de
su sitio por espacio de tres días, en tanto que los hijos de Israel tenían luz
en sus moradas.]
17, 2 Los
malvados pensaron que podían oprimir al pueblo consagrado a ti, pero fueron
ellos los que, aprisionados por la oscuridad y cautivos de una noche
interminable tuvieron que quedarse encerrados en sus casas, sin gozar de la luz
que tú, en tu providencia, siempre das. 3 Pensaron que los pecados que cometían
en secreto quedarían ocultos bajo el oscuro manto del olvido, pero, en
realidad, tuvieron que huir en todas direcciones, terriblemente asustados por
apariciones que los llenaban de terror. 4 De hecho, ni siquiera escondiéndose
en sus casas pudieron librarse de ese miedo. Por todas partes oían ruidos que
los aterraban, y se les aparecían figuras espantosas de aspecto horrible. 5 El
fuego no tenía fuerza suficiente para darles luz, ni el resplandor brillante de
los astros lograba iluminar aquella horrible noche. 6 Para ellos brillaba
solamente un fuego que los espantaba y que ardía por sí solo; y era tal el
miedo, que cuando la visión desaparecía de su vista todavía les parecía más
terrible. 13 Los egipcios, en medio de aquella oscuridad –que en realidad no
tenía ningún poder, pues venía de las profundidades del reino impotente de la
muerte–, aunque dormían como de costumbre, 14 se veían perseguidos por
horribles fantasmas o se sentían paralizados y sin fuerzas, a causa del terror
que, de repente y sin que lo esperasen, los había invadido. 15 Así, todos por
igual, donde estuvieran, caían como presos en una cárcel sin rejas 16 lo mismo
agricultores que pastores, o los que trabajaban en los campos solitarios, todos,
de improviso, sufrían este castigo, sin poder escapar, pues la oscuridad los
tenía presos a todos por igual. 20 solo sobre los egipcios se extendía una
pesada noche, imagen de la oscuridad en que iban a caer; pero ellos eran para
sí mismos más insoportables que la oscuridad.
ECLESIÁSTICO
36, 1 Ten piedad
de nosotros, Dueño soberano, Dios de todas las cosas, y mira, infunde tu temor
a todas las naciones. 2 Levanta tu mano contra las naciones extranjeras y que
ellas vean tu dominio. 3 Así como les manifestaste tu santidad al castigarnos,
manifiéstanos también tu grandeza castigándolas a ellas; 4 y que ellas te
reconozcan, como hemos reconocido nosotros que no hay otro Dios fuera de ti,
Señor. 5 Renueva los signos y repite las maravillas, glorifica tu mano y tu
brazo derecho. 6 Despierta tu furor y derrama tu ira, suprime al adversario y
extermina al enemigo. 7 Apresura la hora y acuérdate del juramento, para que se
narren tus hazañas. 8 Que el fugitivo sea devorado por el ardor del fuego, y
que encuentren su perdición los que maltratan a tu pueblo. 9 Aplasta la cabeza
de los jefes enemigos, que dicen: "¡No hay nadie fuera de nosotros!".
17 para que todos los que viven en la tierra reconozcan que tú eres el Señor,
el Dios eterno.
ISAÍAS
1, 7 a Vuestra
tierra está desierta, incendiadas vuestras ciudades. 9 De suerte que si el
Señor Dios de los ejércitos no hubiese conservado algunos de nuestro linaje, hubiéramos
corrido la misma suerte de Sodoma, y sido en todo semejantes a Gomorra 28 Pero
Dios destruirá desde luego los malvados y los pecadores, y serán anonadados los
que abandonaron al Señor.
2, 11 Los ojos
altaneros del hombre serán humillados, y la altivez de los grandes quedará
abatida, y solo el Señor será ensalzado en aquel día. 12 Porque el día del
Señor de los ejércitos va a aparecer terrible para todos los soberbios y
altaneros, y para todos los arrogantes; y serán humillados 13 y para todos los
cedros más altos y erguidos del Líbano, y para todas la encinas de Basán; 14 y
para todos los montes encumbrados , y para todos los collados elevados; 15 y
para todas las torres eminentes, y para todas las murallas fortificadas 16 y
para todas las naves de Thársis y para todo lo que es hermoso y agradable a la
vista. 17 Y la arrogancia de los hombres será doblegada ó abatida, y humillada
la altivez de los magnates, y el Señor solo será el ensalzado en aquel día. 18
Y los ídolos todos serán hechos añicos. 19 Y meteránse los hombres en las
cavernas de las peñas, y en las concavidades de la tierra; por causa de la
presencia formidable del Señor y de la gloria de su majestad, cuando se
levantará para castigar la tierra. 20 En aquel día el hombre, aterrorizado,
arrojará lejos de sí sus ídolos de plata y sus estatuas de oro, las imágenes de
los topos y raurciégalos, que se había fabricado para adorarlas. 21 Y se
entrará por las aberturas de las rocas y por las cavernas de los peñascos;
aferrado por el miedo del Señor y por la gloria de su majestad, cuando se levantará
para castigar la tierra.
5, 14 Por esto
ensanchó el infierno su seno, y abrió su inmensa boca, y en ella caerán sus
campeones y el pueblo cuanto hay en él de ilustre y glorioso. 15 Y tendrá que
encorvarse el plebeyo, y humillarse el Grande, y serán abatidos los ojos de los
altivos. 16 Y el Señor de los ejércitos será ensalzado por la rectitud de su
juicio, y la santidad de Dios será reconocida por su administración de la
justicia. 25 a Por esta causa el furor del Señor se encendió contra su pueblo,
y extendió su mano sobre él, y le hirió, y los montes se estremecieron, y sus
cadáveres yacen tendidos como basura en medio de las plazas. 30 b Y su
estruendo será para Israel en aquel día como el bramido del mar: miraremos la
tierra, y he aquí por todas partes tinieblas de tribulación, cuya lobreguez
oscurecerá la luz del día.
6, 11 Y dije yo:
¿Hasta cuándo durará, Señor, tu indignación? Y respondió: Hasta que desoladas
las ciudades queden sin habitantes, y las casas sin gente, y la tierra
desierta. 12 Y el Señor arrojará á los hombres lejos de su país, y se
multiplicarán los que quedaron sobre la tierra. 13 Y todavía serán estos
diezmados, y se convertirán otra vez al Señor, y denotarán su pasada grandeza
como un terebinto, y como una vieja encina que extendía muy lejos sus ramas; y
la simiente que de ellos quedará, será una semilla santa.
10, 21 Los
residuos de Jacob, los residuos digo, se convertirán al Dios fuerte. 22 Porque
aun cuando tu pueblo, oh Israel , fuese como la arena del mar, solamente los
restos de él se convertirán:
pero los restos que se salvaren de la destrucción rebosarán en justicia. 23
Porque destrucción y disminución hará el Señor Dios de los ejércitos en toda la
tierra.
13, 6 Esforzad
los aullidos, porque cercano está el día del Señor: la desolación será como de
la terrible mano del Señor. 7 Por esto todos los brazos perderán su vigor y energía,
y todos los corazones de los hombres desfallecerán, 8 y serán quebrantados. Se
verán agitados de tormentos y dolores, y gemirán como mujer que está de parto:
cada uno quedará atónito mirando á su vecino sus rostros se pondrán secos y
denegridos. 9 Mirad que va a llegar el día del Señor, día horroroso y lleno de
indignación, y de ira, y de furor, para convertir en un desierto la tierra, y
borrar de ella a los pecadores. 10 Porque las más resplandecientes estrellas
del cielo no despedirán la luz acostumbrada: se oscurecerá el sol al nacer, y
la luna no alumbrará con su luz. 11Y castigaré la tierra por sus maldades, y á
los impíos por su iniquidad; y pondré fin á la soberbia de los infieles, y
abatiré la arrogancia de los fuertes. 12 Haré que los hombres sean más escasos
que el oro fino, y más raros que el oro de Ofir. 13 Desconcertaré a más de esto
el cielo, y se moverá de sus quicios la tierra; por cuanto está airado el Señor
de los ejércitos, y porque es el día de su ira y de su furor.
14, 26 Esto es
lo que he pensado y resuelto tocante a toda la tierra, y así es como extenderé
la manos sobre todas las naciones. 27 El Señor de los ejércitos lo ha
decretado, y ¿quién podrá invalidarlo? Su brazo está levantado, ¿y quién podrá
detenerle?
17, 5 Y sucederá
como cuando uno en la siega reúne las espigas que quedaron, y las coge con su
mano o como el que las rebusca en el valle de Raphaim. 6 Y solo quedará de él
como uno que otro racimo de rebusca, y como después de sacudido el olivo quedan
dos o tres aceitunas en la punta de una rama, o bien cuatro o cinco en lo alto
de la rama fructífera, dice el Señor Dios de Israel. 7 En aquel día se
humillará el hombre delante de su Hacedor, y sus ojos se volverán á mirar al
Santo de Israel. 12 ¡Ay de la muchedumbre de esos pueblos, semejantes a las
innumerables olas del mar embravecido, y de ese tumultuoso ejército, parecido
al ruido de impetuosas aguas! 13 Los pueblos moverán un ruido, como las aguas
de una inundación; pero Dios los reprenderá, y ellos huirán lejos: serán
dispersados, como lo es el polvo sobre los montes al soplo del viento, y como
un torbellino de polvo es arrebatado en la tempestad. 14 ¡Al tiempo de la tarde
no veis qué espanto causaban! Viene la
mañana, y ya no existen. Tal es la paga que tendrán los que nos devastaron, tal
la suerte futura de los que nos han saqueado.
22, 4 Por eso
dije: Apartaos de mí, yo lloraré amargamente: no os empeñéis en consolarme en
la desolación de la hija de mi pueblo; 5 porque día es este de mortandad, y de
devastación, y de gemidos, prefijado por el Señor Dios de los ejércitos.
24, 1 He aquí
que el Señor desolará después, y despojará la tierra, y pondrá afligido el
aspecto de ella, y esparcirá sus moradores. 3 Enteramente arruinada quedará la
tierra, y totalmente devastada. Por cuanto el Señor así lo ha pronunciado. 4 La
tierra se deshace en lágrimas, y se consume y desfallece: consúmese el mundo,
consúmense los magnates del pueblo de la tierra. 5 Inficionada está la tierra
por sus habitadores pues han quebrantado las leyes, han alterado el derecho,
rompieron la alianza sempiterna. 6 Por esto la maldición devorará la tierra;
porque sus habitantes son pecadores, y por esto perderán el juicio los que en
ella moran, de que solo se libertará un corto número.7 La vendimia está
llorando, la vid perdió su vigor: llorando están a lágrima viva los que se
alegraban de corazón. 8 Cesó el festivo sonido de los panderos, se acabó la
algazara de las bulliciosas cuadrillas de gente, enmudeció la melodiosa cítara:
9 no beberán ya vino en medio de cantares: amargo será todo licor para los
bebedores. 10 La ciudad de la vanidad se va destruyendo, todas las casas están
cerradas, sin que nadie entre en ellas. 11 Habrá gritos y quimeras en las
calles por la escasez del vino: todo contento queda desterrado, desapareció la
alegría de la tierra. 12 La ciudad está hecha un páramo, y quedarán destruidas
sus puertas 13 Tales cosas sucederán en medio de la tierra, en el centro de los
pueblos; como cuando vareado el olivo quedan unas pocas aceitunas en el árbol,
y algunos rebuscos después de acabada la vendimia. 14 Estos restos de Israel
levantarán su voz, y entonarán alabanzas: mostrarán su júbilo desde el mar, luego
que fuere el Señor glorificado. 15 Por tanto glorificad al Señor con la
ilustración de la doctrina de la salud: anunciad el nombre del Señor Dios de
Israel en las islas del mar o remotas regiones. 16 Desde las extremidades del
mundo hemos oído las alabanzas que se cantaban a la gloria del Justo. Y yo dije:
Mi secreto es para mí, mi secreto es para mí: ¡ay de mí! los prevaricadores han
prevaricado, y han prevaricado con prevaricación propia de contumaces. 17 El
espanto, la fosa y el lazo están reservados para ti, que eres habitador de la
tierra. 18 Y sucederá que el que huyere de la espantosa voz, caerá en la hoya,
y el que escapare de la hoya, será preso en el lazo; porque se abrirán desde lo
alto las cataratas, y se bambolearán los cimientos de la tierra. 19 Será
despedazada con grande estruendo la tierra; henderáse con aberturas grandes;
conmovida será con el mayor desconcierto. 20 Estará la tierra en una agitación semejante
á la de un borracho: y mudará de sitio, como tienda que solo se arma para pasar
una noche: se verá agobiada con el peso de su propia iniquidad, y caerá, y
nunca jamás se levantará. 21 Y sucederá que en aquel día juzgará el Señor a la
milicia del cielo en lo alto: y a los reyes del mundo que están en la tierra. 22
Y serán reunidos todos y hacinados en un solo haz, y echados en el lago, y allí
serán encerrados en una cárcel; y aun después de muchos días serán visitados. 23
Y se pondrá roja la luna, y el sol se oscurecerá cuando el Señor Dios de los
ejércitos habrá tomado posesión del reino en el monte Sión y en Jerusalén, y
sido glorificado en presencia de sus Ancianos.
25, 2 Bendito seas,
porque has convertido en escombros la ciudad: la ciudad poderosa, el alcázar de
hombres extranjeros en un montón de ruinas, para que cese de ser ciudad, y
nunca jamás sea reedificada. 5 Tú abatirás la arrogancia de los extranjeros, a
la manera que abate el sol ardiente en medio de un sequedal; y como ardor de
nube abrasadora, harás secar los renuevos de esos prepotentes.
26, 20 Anda,
pueblo mío, entra en tus aposentos: cierra las puertas tras ti, escóndete por
un momento, hasta que pase la indignación o castigo de los malos. 21 Porque he
aquí que saldrá el Señor de su morada a castigar las maldades que el habitador de
la tierra ha cometido contra él.
27, 1 En aquel
día el Señor con su espada cortante, y grande, y fuerte, someterá a juicio a
Leviatán, serpiente gruesa; á Leviatán, serpiente tortuosa y matará al dragón
que está en el mar de este mundo.
28, 17 Y
ejerceré el juicio con peso, y la justicia con medida: y un pedrisco trastornará
la esperanza puesta en la mentira, y vuestra protección quedará sumergida en
las aguas de la calamidad. 18 Y el contrato vuestro con la muerte será
cancelado, y no subsistirá vuestro pacto con el infierno: y cuando, como un
torrente, vendrá el azote, os arrastrará consigo. 19 Al instante que venga, os
arrebatará: porque vendrá muy de madrugada, y continuará día y noche; y solo la
aflicción hará entender las cosas que se han escuchado.
29, 5 Y la
muchedumbre de aquellos que te aventarán, será disipada como menudo polvo, y
como una pavesa arrebatada del viento la multitud de los que te han sojuzgado.6
Y será esto cosa repentina, y no esperada. El Señor de los ejércitos la
visitará á esta muchedumbre en medio de truenos y de terremotos, y estruendo grande
de torbellinos y tempestades, y de llamas de un fuego devorador. 20 porque el
soberbio fue abatido, fue consumido el escarnecedor, y destruidos todos
aquellos que madrugaban para hacer mal.
33, 10 Mas ahora
me levantaré Yo, dice el Señor; ahora seré ensalzado, ahora seré glorificado.
11 Naciones orgullosas, vosotras concebiréis fogosos designios; y el resultado
será: vuestro mismo espíritu cual fuego os devorará: 12 y quedarán estos
pueblos como la ceniza después de un incendio: como haces de espinas serán pábulo
de las llamas.
34, 1 Venid acá,
oh naciones, y escuchad: pueblos, estad atentos: oiga la tierra y toda su
población: el orbe todo y cuanto en él vive. 2 Porque la indignación del Señor
va a descargar sobre todas las naciones, y su furor sobre todos los ejércitos:
los matará, y hará en ellos una carnicería. 3 Arrojados serán al campo sus
muertos, y exhalarán sus cadáveres un hedor insufrible: los montes quedarán
inficionados con su sangre. 4 Desfallecerá toda la milicia o astros del cielo; y
los cielos se arrollarán como un pergamino; y como cae lo hoja de la parra y de
la higuera, así caerá toda su milicia, o todos sus astros. 5 Porque mi espada
se ha embriagado de sangre en las criaturas del cielo: he aquí que va a descargar
ahora sobre la Idumea, sobre el pueblo en cuya mortandad señalaré yo mi
justicia. 6 Bañada está toda en sangre la espada del Señor, chorreando grasa y
sangre de corderos, y de machos de cabrío, sangre de gordos carneros: porque
las víctimas del Señor están en Bosra: hará él una gran mortandad en el país de
los idumeos. 7 Y caerán con estos á tierra los unicornios y los toros, con los
poderosos: la tierra se embriagará de la sangre de ellos, y de la grosura de
los cuerpos sus campiñas: 8 porque ha llegado el día de la venganza del Señor;
el tiempo de hacer justicia á Sion. 16 Examinad atentamente el libro que ahora
escribo de parte del Señor, y leed en él: nada de lo que os anuncio, dejará de
suceder, ni una sola de estas cosas faltará; pues lo que sale de mi boca, el
Señor me lo ha dictado, y su espíritu mismo ha reunido todo esto.
47, 11Caerá
sobre ti la desgracia, y no sabrás de donde nace: y se desplomará sobre ti una
calamidad, que no podrás alejar con víctimas de expiación: vendrá repentinamente
sobre ti una imprevista miseria. 14 He aquí que se han vuelto como paja, el
fuego los ha devorado: no librarán su vida de la violencia de las llamas; estas
no son brasas para que se calienten las gentes, ni fuego ante el cual se
sienten.
50, 3 Cubriré
los cielos de tinieblas, y los vestiré de un saco de luto. 11 Pero he aquí que
vosotros todos estáis encendiendo el fuego de la venganza divina, y estáis ya rodeados
de llamas. Caminad pues a la luz de vuestro fuego, y de las llamas que habéis
encendido. Mi mano vengadora es la que así os tratará: yaceréis entre dolores.
61, 1a Ha
reposado sobre mí el espíritu del Señor; porque el Señor me ha ungido 2b para
publicar (...) el día de la venganza de nuestro Dios.
63, 6 Y en mi
furor pisoteé á los pueblos, y los embriagué de su sangre en mi indignación, y
postré por tierra sus fuerzas.
65, 5b todos
estos se convertirán en humareda en el día de mi furor.
66, 14 Vosotros
lo veréis, y se regocijará vuestro corazón y vuestros huesos reverdecerán como
la hierba: y será visible la mano del Señor a favor de sus siervos: al paso que
hará experimentar su indignación a sus enemigos. 15 Porque he aquí que el Señor
vendrá en medio de fuego, y su carroza será como un impetuoso torbellino para
derramar con la indignación suya su furor, y su venganza con llamas de fuego: 16
pues el Señor rodeado de fuego, y armado de su espada juzgará á todos los
mortales; y será grande 61 número de aquellos á quienes el Señor quitará la vida.
17 Aquellos que creían santificarse, y quedar puros en los huertos, y lavándose
detrás de la puerta de sus casas, en lo interior de ellas; que comían carne de
cerdo, y cosas abominables, y ratones; serán consumidos a una todos, dice el
Señor.
JEREMÍAS
4,4 Circuncidaos
por amor del Señor, y separad de vuestro corazón las inmundicias, oh vosotros varones
de Judá, y moradores de Jerusalén: no sea que se manifieste cual fuego
abrasador mi enojo, y suceda un incendio, y no haya quien pueda apagarle por
causa de la malicia de vuestros designios. 23 Eché una mirada a la tierra, y la
vi vacía y sin nada; y a los cielos, y no había luz en ellos. 27 Pero he aquí
lo que dice el Señor: Toda la tierra quedará desierta: mas no acabaré de
arruinarla del todo. 28 Llorará la tierra, y se enlutarán arriba los cielos,
por razón de lo que decreté; resolvílo y no me arrepentí, ni ahora mudo de
parecer. 29 Al ruido de la caballería y de los flecheros echó á huir toda la
ciudad: corrieron á esconderse entre los riscos, subiéronse a los peñascos:
fueron desamparadas todas las ciudades, sin que quedase en ellas un solo
habitante. 30 ¿Y qué harás ahora, oh desolada? ¿qué harás? Por más que te
vistas de grana, aunque le adornes con joyeles de oro, y pintes con antimonio tus
ojos, en vano te engalanarás: tus amantes te han desdeñado, quieren acabar
contigo. 31 Porque he oído gritos como de mujer que está de parto, ansias y
congojas como de primeriza; la voz de la hija de Sión moribunda que extiende
sus manos, y dice; ¡Ay de mí! que me abandona mi alma al ver la mortandad.
6, 18 Por tanto
escuchad, oh naciones, gentes todas, entended cuan terribles castigos les
enviaré. 19 Oye, oh tierra, mira, yo acarrearé sobre ese pueblo desastres, fruto
de sus depravados designios; puesto que no escucharon mis palabras, y
desecharon mi Ley. 21 Por tanto así dice el Señor: He aquí que yo lloveré
desgracias sobre ese pueblo: caerán a una los padres con los hijos, y el vecino
perecerá juntamente con su vecino.
9, 7 Por tanto,
esto dice el Señor de los ejércitos: Sábete que yo los fundiré, y ensayaré al
fuego. Porque, ¿qué otra cosa puedo hacer a la hija de mi pueblo? 10 La tomará
el Señor; y yo me pondré á llorar y a lamentar á vista de los montes, y gemiré
al ver hechas un páramo las amenas campiñas: porque todo ha sido abrasado, de
manera que no transita por allí nadie, ni se oye ya la voz de sus dueños: desde
las aves del cielo hasta las bestias todo se ha ido de allí, y se ha retirado. 11
En fin, yo reduciré a Jerusalén, dice el Señor, a un montón de escombros, y a
ser guarida de dragones, y á las ciudades de Judá las convertiré en despoblados,
sin que en ellas quede un solo morador. 12 ¿Cuál es el varón sabio que entienda
esto, y a quien el Señor comunique de su boca la palabra, a fin de que declare
el por qué ha sido asolada está tierra, y está quemada como un desierto, sin
haber persona que transite por ella? 13 La causa es, dice el Señor, porque
abandonaron mi Ley que yo les había dado, y no han escuchado mi voz, ni la han
seguido; 14 sino que se han dejado llevar de su depravado corazón, y han ido en
pos de los ídolos, como lo aprendieron de sus padres. 21 pues la muerte ha
subido por nuestras ventanas, se ha
entrado en nuestras casas, y ha hecho tal estrago, que ya no se verán niños ni
jóvenes por las calles y plazas. 22 Dile pues tú, Jeremías: Así habla el Señor:
los cadáveres humanos quedarán tendidos por el suelo, como el estiércol sobre
un campo, y como el heno que lira detrás de sí el segador, sin que haya quien
le recoja.
11, 16 El Señor
te dio el nombre de olivo fértil, bello, fructífero, ameno; más después a la
voz de una palabra suya prendió en el olivo un gran fuego, y quedaron abrasadas
todas sus ramas.
12, 3b Reúnelos
como rebaño para el sacrificio, y destínalos á parle para el día de la
mortandad. 12b porque la espada del Señor ha de atravesar destrozando de un
cabo a otro de la tierra: no habrá paz para ningún viviente. 13b confundidos
quedaréis, frustrada la esperanza de vuestros frutos por la tremenda ira del
Señor.
13, 16 Al
contrario dad gloria al Señor Dios vuestro, arrepentíos antes que vengan las
tinieblas de la tribulación, y antes que tropiecen vuestros pies en montes cubiertos
de espesas nieblas; entonces esperaréis la luz, y la trocará el Señor en sombra
de muerte, y en oscuridad.
23, 19 He aquí que
se levantará el torbellino de la indignación divina, y la tempestad, rompiendo
la nube, descargará sobre la cabeza de los impíos. 20 No cesará la saña del Señor,
hasta tanto que se haya ejecutado y cumplido el decreto de su voluntad: en los
últimos días es cuando comprenderéis su designio.
25, 27 Y tú, oh
Jeremías, les dirás: Esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:
Bebed y embriagaos hasta vomitar, y echaos por el suelo, y no os levantéis á la
vista de la espada que yo voy á enviar contra vosotros. 28 Y cuando no
quisieren recibir de tu mano la copa de mi ira para beber de ella, les dirás:
Ved lo que dice el Señor de los ejércitos: La beberéis sin recurso. 29 Es bueno
que yo he de comenzar el castigo por la ciudad en que ha sido invocado mi Nombre,
¿y acaso vosotros podréis pasar por inocentes? Yo llamo la espada sobre todos
los habitantes de la tierra, dice el Señor de los Ejércitos. 30 Todas estas
cosas les profetizarás, y les dirás: El Señor rugirá desde lo alto, y desde su santa
morada hará resonar su voz: rugirá fuertemente contra el lugar de su gloria: se
oirá un grito de triunfo contra todos los habitantes de la tierra, una algazara
semejante á la de aquellos que pisan la vendimia. 31 Hasta el cabo del mundo
llegó el estrépito: porque el Señor entra en juicio con las naciones, y disputa
su causa contra todos los mortales. Yo he entregado los impíos, dice el Señor,
al filo de la espada. 32 Esto dice también el Señor de los ejércitos: Sabed que
la tribulación pasará de un pueblo á otro pueblo, y de la extremidad de la
tierra se alzará una espantosa tempestad. 33 Y aquellos a quienes el Señor matare
ese día, quedarán tendidos por el suelo desde un cabo de la tierra basta el
otro: no serán plañidos, nadie los recogerá, ni les dará sepultura: yacerán
sobre la tierra como estiércol. 34 Prorrumpid en alaridos vosotros, oh
pastores, y alzad el grito, y cubríos de ceniza, oh mayorales de la grey, porque
se han acabado vuestros días, y vais a ser despedazados, y siendo vasos
preciosos caeréis por tierra y os haréis pedazos. 35 Y no podrán escapar los
pastores, ni ponerse en salvo los mayorales de la grey. 36 Oiránse las voces y
la gritería de los pastores, y los alaridos de los mayorales de la grey: porque
el Señor ha talado sus pastos, 37 y en las amenas campiñas reinará un triste silencio,
a la vista de la tremenda ira del Señor. 38 El cual, como león, ha abandonada
el lugar donde moraba, y ha quedado reducida toda la tierra de ellos á un
páramo por la ira de la Paloma, y por la terrible indignación del Señor.
30, 23 Pero he
aquí que el torbellino del Señor, el furor que está respirando, la inminente
tempestad, todo descargará sobre la cabeza de los impíos. 24 No apaciguará el
Señor el furor de su indignación, hasta
tanto que haya ejecutado y cumplido los designios de su corazón: al fin de los
tiempos entenderéis estas cosas.
EZEQUIEL
7, 5 Esto dice
el Señor Dios: la aflicción única, la aflicción singularísima, he aquí que
viene. 6 El fin viene, llega ya el fin; se ha despertado contra ti; helo aquí
que viene, 7 viene el exterminio sobre ti, que habitas esta tierra; llega ya el
tiempo, cerca está el día de la mortandad, y no de alborozo en los montes. 8a
Yo, pues, me acerco ya para derramar mi ira sobre ti, y desahogaré en ti mi
furor.
15, 1 Hablóme de
nuevo el Señor, diciendo: 2 Hijo de hombre, ¿qué se hará del tronco de la vid,
con preferencia a todos los leños o maderas que se hallan entre los árboles de
las selvas y de los bosques? 3 ¿Acaso se echará mano de dicho tronco para hacer
de él alguna obra, o se podrá formar de él tan solo una estaca para colgar
alguna cosa? 4 He aquí que se arroja al fuego: el fuego consume los dos
extremos de él, y lo de en medio queda reducido a pavesas: ¿será acaso útil
para alguna obra? 5 Aun cuando estaba entero, no era a propósito para obra
alguna, ¿cuánto menos podrá hacerse de él ninguna cosa, después que el fuego le
ha devorado y consumido? 6 Por tanto, esto dice el Señor Dios: Como el árbol de
la vid entre los árboles de los bosques, el cual entrego yo al fuego para que
le devore, así haré con los moradores de Jerusalén. 7 Yo los miraré con
semblante airado: saldrán de un fuego, y otro fuego los consumirá; y conoceréis
que yo soy el Señor, cuando volviere mi rostro contra ellos, 8 y dejare inhabitable
y asolada su tierra: puesto que ellos se hicieron prevaricadores, dice el Señor
Dios.
30, 1 Hablóme
nuevamente el Señor, diciendo: 2 Hijo de hombre, profetiza, y di: Esto dice el Señor
Dios: prorrumpid en aullidos, ¡ay, ay de aquel día! 3 Porque cercano está el día,
llega ya el día del Señor; día de tinieblas, que será la hora del castigo de
las naciones.
OSEAS
4, 2 La
maldición y la mentira, y el homicidio, y el robo, y el adulterio lo han inundado
todo, y una maldad alcanza a otra. 3 Por cuya causa se cubrirá de luto o
desolación la tierra, y desfallecerán todos sus moradores; y aun las bestias
del campo, y las aves del cielo, y hasta los peces del mar perecerán.
JOEL
1, 15 ¡Ay, ay!
qué día tan terrible es ese día que llega. ¡Ay! cercano está el día del Señor,
y vendrá como una espantosa borrasca enviada del Todo Poderoso.
2,1 Sonad la
trompeta en Sion, prorrumpid en alaridos desde mi santo monte, estremézcanse
todos los moradores de la tierra; porque se acerca el día del 3 Señor, porque
está ya para llegar. Delante de él va un fuego devorador, y lleva en pos de sí
una abrasadora llama: la tierra que antes de su llegada era un paraíso de
delicias, la deja hecha un asolado desierto, sin que nadie pueda librarse de
él. 10 A su llegada se estremecerá la tierra, los cielos se conmoverán, se
oscurecerán el sol y la luna, y las estrellas retirarán su resplandor. 11
Porque el Señor ha hecho oír su voz al arribo de sus ejércitos: pues son
innumerables sus batallones, los cuales son fuertes, y ejecutan sus órdenes.
Porque es grande y muy terrible el día del Señor. ¿Y quién podrá soportarle? 31
El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de la llegada de
aquel grande y espantoso día del Señor. 32 Y sucederá que cualquiera que
invocare el nombre del Señor, será salvo; porque en el monte Sión y en Jerusalén
hallarán la salvación, como ha dicho el Señor, los restos del pueblo de Judá;
los cuales serán llamados por el Señor á su Iglesia.
3,14 Pueblos,
pueblos, compareced en el valle de la mortandad, porque cercano está el día del
Señor, venid al valle de la matanza. 13 Oscurecerse han el sol y la luna, y las
estrellas retirarán su resplandor. 16 Y el Señor rugirá desde Sion, y hará oír
su voz desde Jerusalén, y se estremecerán los cielos y la tierra. Mas el Señor
es la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel. 17 Y
conoceréis que yo soy el Señor Dios vuestro, que habito en mi monte santo de Sion;
y Jerusalén será entonces santa, y no pondrán mas el pié dentro de ella los
extraños ó profanos.
AMÓS
5, 18 ¡Ay de
aquellos que por mofa desean el día del Señor! ¿Por qué le deseáis? Día de
tinieblas será aquel para vosotros, y no de luz. 19 Os sucederá lo que á un
hombre que huyendo de la vista de un león, diere con un oso; o entrando en su
casa, al apoyarse con su mano en la pared, fuese mordido de una culebra. 20 ¿Por
ventura aquel día del Señor no será día de tinieblas, y no de luz; y no reinará
en él una suma oscuridad, sin rastro de resplandor?
MIQUEAS
1,3 Porque he
aquí que el Señor va á salir de su morada y descendiendo de su trono, hollará
las grandezas de la tierra. 4 Y los montes se consumirán debajo de Él, y los valles
se derretirán como la cera delante del fuego, y fluirán como las aguas que
corren por un despeñadero.
HABACUC
2,13 ¿Acaso no
están predichas estas cosas por el Señor de los ejércitos? Porque en vano, dice
el Señor, se afanarán los pueblos, y las gentes para un gran fuego, y
desfallecerán. 14 Pues la tierra será inundada, al modo que la mar está
cubierta de aguas; a fin de que sea conocida la gloria del Señor.
3, 12 Tú,
irritado, hollarás la tierra, y con tu furor dejarás atónitas las naciones. 13
Saliste para salvar á tu pueblo, para salvarle por medio de tu Cristo. Heriste
la cabeza de la casa del impío: descubriste sus cimientos de arriba abajo.
SOFONÍAS
1,2 Yo quitaré
de la tierra todo lo que hay en ella; la talaré toda, dice el Señor: 3 exterminaré
de ella hombres y bestias: exterminaré las aves del cielo, y los peces del mar;
y perecerán los impíos; y exterminaré de la tierra a los hombres, dice el
Señor. 14 Cerca está el día grande del Señor: está cerca, y va llegando con
suma velocidad: amargas voces serán las que se oigan en el día del Señor: los
poderosos se verán entonces en apreturas. 15 Día de ira aquel, día de
tribulación y de congoja, día de calamidad y de miseria, día de tinieblas y de
oscuridad, día de nublados y de tempestades, 16 día del terrible sonido de la
trompeta contra las ciudades fuertes, y contra las altas torres. 17 Yo
atribularé á los hombres: los cuales andarán como ciegos, porque han pecado
contra el Señor: y su sangre será esparcida como el polvo, y arrojados sus
cadáveres como la basura. 18 Y ni la plata, ni el oro podrá librarlos en aquel día
de la ira del Señor, cuyo ardiente celo devorará toda la tierra; pues Él a toda
prisa exterminará a cuantos la habitan.
2,1 Venid todos,
reuníos, oh pueblos no amables 2 antes que el mandamiento del Señor produzca aquel
día como torbellino que esparce el polvo; antes que venga sobre vosotros la ira
furibunda del Señor: primero que llegue el día de su indignación. 3 Buscad al
Señor, todos vosotros, humildes de la tierra, vosotros que habéis guardado sus
preceptos, id en busca de la justicia, buscad la mansedumbre, por si podéis
poneros a cubierto en el día de la ira del Señor.
3,6 Yo he
exterminado las naciones y han quedado arrasadas sus fortalezas: he dejado
desiertas sus calles, y no pasa alma por ellas; sus ciudades han quedado
desoladas; hasta no haber quedado hombre, ni habitante alguno. 7 Y dije: Por
fin, oh Israel, me temerás, y recibirás mi amonestación, a fin de que tu casa
no sea arruinada por causa de todas las culpas, por las cuales te castigué.
Empero tus hijos pusieron su conato en pervertir todos sus afectos. 8 Por
tanto, espérame, dice el Señor en el día venidero en que me levante: porque mi
voluntad es congregar las naciones y reunir los reinos y entonces derramaré
sobre ellos mi indignación, y toda la ira y furor mío de modo que el fuego de
mi celo devorará toda la tierra. 9 Porque entonces purificaré los labios de las
naciones, a fin de que todas ellas invoquen el nombre del Señor, y le sirvan
debajo de un mismo yugo.
ZACARÍAS
13,8 Y sucederá
que en toda la tierra, dice el Señor, dos partes de sus moradores serán
dispersadas y perecerán, y la tercera parte quedará en ella. 9 Y á esta tercera
parte la haré pasar por el fuego, y la purificaré como se purifica la plata, y
la acrisolaré como es acrisolado el oro. Ellos invocarán mi nombre, y yo los
escucharé propicio. Yo diré: Pueblo mío eres tú: y él dirá: Tú eres mi Dios y
Señor.
14,6 Y en aquel
día no habrá luz, sino únicamente frió y hielo. 7 Y vendrá un día que solo es
conocido del Señor, que no será ni día ni noche; mas al fin de la tarde aparecerá la luz.
MALAQUÍAS
4,1 Porque he
aquí que llegará aquel día semejante a un horno encendido, y todos los
soberbios, y todos los impíos serán como estopa; y aquel día que debe venir, los
abrasará, dice el Señor de los ejércitos, sin dejar de ellos raíz ni renuevo
alguno. 2 Mas para vosotros los que teméis mi santo nombre, nacerá el Sol de justicia,
debajo de cuyas alas o rayos está la salvación; y vosotros saldréis fuera, saltando
alegres como novillos de la manada. 3 Y hollaréis a los impíos, hechos ya
ceniza, debajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo obraré, dice
el Señor de los ejércitos.
MATEO
24, 21 Porque
será una prueba tan enorme como no ha habido igual desde el principio del mundo
hasta ahora, ni jamás la volverá a haber. 22 Y si ese tiempo no fuera acortado,
nadie saldría con vida. Pero Dios lo acortará en consideración a sus elegidos.
29 Después de esos días de angustia, el sol se oscurecerá, la luna perderá su
brillo, caerán las estrellas del cielo y se bambolearán los mecanismos del
universo.
MARCOS
13, 19 Porque en
aquellos días habrá tal angustia como no hubo otra igual desde el principio de
la creación hasta los días presentes, ni la habrá en el futuro. 20 Tanto que si
el Señor no acortara esos días, nadie se salvaría. Pero él ha decidido acortar
esos días en consideración a sus elegidos. 24 Pero en esos días, después de esa
tribulación, el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo, 25 las
estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá.
LUCAS
17, 28-29 Asimismo
como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban,
edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y
azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se
manifieste.
HECHOS
2, 14 Entonces,
Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea
y todos los que habitan en Jerusalén, prestad atención, porque voy a explicaros
lo que ha sucedido. 15 Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya
que no son más que las nueve de la mañana, 16 sino que se está cumpliendo lo
que dijo el profeta Joel: 17 "En los últimos días, dice el Señor,
derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus
hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. 18
Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos
profetizarán. 19 Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la
tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo. 20 El sol se convertirá en
tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y
glorioso. 21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará".
ROMANOS
9,28 porque el
Señor en su justicia reducirá a un corto número, el Señor hará una gran rebaja
sobre la tierra.
2 PEDRO
3, 5 Estos
quieren ignorar que al principio hubo un cielo, y una tierra que surgió del
agua y se mantuvo sobre ella por la 6 Y por la misma palabra este mundo pereció
anegado por las aguas del diluvio. 7 Del mismo modo ahora la palabra de Dios es
la que conserva nuestro cielo y nuestra tierra, pero serán destruidos por el
fuego el día del juicio y destrucción de los impíos. 10 Llegará el día del
Señor como hace un ladrón, y entonces los cielos se desarmarán entre un ruido
ensordecedor, los elementos se derretirán por el calor y la tierra con todo lo
que hay en ella se consumirá. 12 mientras esperan y ansían la venida del día de
Dios, en la que los cielos se desarmarán en el fuego y los elementos se
derretirán por el calor. 13 Mas nosotros esperamos, según la promesa de Dios,
cielos nuevos y una tierra nueva en que reine la justicia.
Nota: es imposible que el Gran Castigo no esté
mencionado en el Apocalipsis, pero, dadas las dificultades que ofrece la
interpretación de este libro, la tarea de descubrir los lugares que se refieren
a ese evento supera nuestra capacidad.
ANEXO 1: DIDACHÉ
XVI, 3. Porque
en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y
se convertirán las ovejas en lobos, y el amor se convertirá en odio. 4. Porque,
mientras que la iniquidad se acrecentará, se odiarán unos a otros, se
perseguirán y entregarán: y entonces aparecerá el impostor del mundo como hijo
de Dios, y hará señales y prodigios. Y la tierra será entregada en sus manos. Y
cometerá iniquidades como jamás se hizo en el decurso de los siglos. 5.
Entonces vendrá el juicio de los hombres en el fuego de la prueba.
ANEXO 2: PASTOR DE HERMAS
[24] III. Le
pregunté con respecto a los cuatro colores que la bestia tenía sobre la cabeza.
(…) me dijo; «el negro es este mundo en el cual vivís; y el fuego y el color
del fuego y la sangre muestran que este mundo perecerá a sangre y fuego; y el
dorado son los que han escapado de este mundo. Porque así como el oro es
probado por el fuego y es hecho útil, así también vosotros [que habitáis en él]
sois probados. Los que permanecen y pasan por el fuego serán purificados por
él. Porque como el oro pierde su escoria, así vosotros también vais a
desprenderos de toda aflicción y tribulación, y seréis purificados, y seréis
útiles para la edificación de la torre. Pero la parte blanca es la edad
venidera, en la cual residirán los elegidos de Dios; porque los elegidos de
Dios serán sin mancha y puros para la vida eterna. (…) Ahora tenéis el
simbolismo también de la tribulación que se avecina potente. Pero si estáis
dispuestos, no será nada. Recordad las cosas que han sido escritas de
antemano.»
P. Miguel de
María
Febrero de 2013