Este blog está dedicado a María Corredentora y Mediadora de todas las Gracias

jueves, 24 de septiembre de 2026

Carta de Monseñor Marcel Lefebvre al Cardenal Ottaviani de 20/12/1966



Mons. Lefebvre en el seminario de La Reja. Fuente


Roma, 20 de diciembre de 1966.


Eminencia Reverendísima,


Su carta del 24 de julio, referente al cuestionamiento de ciertas verdades, ha sido comunicada por oficio de nuestro Secretariado a todos nuestros superiores mayores. Nos llegaron pocas respuestas. Las que proceden de África no niegan que actualmente reina una gran confusión en los espíritus. Si esas verdades no parecen cuestionadas, en la práctica, sin embargo, se asiste a una disminución de fervor y de regularidad en la recepción de los sacramentos, sobre todo del sacramento de la penitencia. Se advierte un respeto cada vez menor hacia la Sagrada Eucaristía sobre todo de parte de los sacerdotes, y una penuria de vocaciones sacerdotales en las misiones de lengua francesa; las de lengua inglesa y portuguesa están menos afectadas por el espíritu nuevo, pero las revistas y diarios ya difunden las teorías más avanzadas.


Parece que la causa del pequeño número de respuestas recibidas proviene de la dificultad en captar esos errores, difundidos por todas partes; el mal se halla, sobre todo, en la literatura que siembra la confusión en lis espíritus mediante descripciones ambiguas, equívocas, y debajo de las cuales se descubre una nueva religión.


Creo tener el deber de expresaros con toda claridad lo que surge de mis conversaciones con numerosos obispos, sacerdotes, laicos de Europa y de África, que es lo que también deduzco de mis lecturas en países de lengua inglesa y francesa.

Con gusto seguiría el orden de verdades enunciadas en su carta, pero me atrevo a afirmar que el mal actual me parece mucho más grave que la simple negación o cuestionamiento de una verdad de nuestra fe. Se manifiesta en nuestros días por una confusión extrema de las ideas, por la desintegración de las instituciones de la Iglesia, instituciones religiosas, seminarios, escuelas católicas; en definitiva, de los que ha sido el sostén permanente de la Iglesia, y que no es más que la continuación lógica de las herejías y los errores que minan a la Iglesia en los últimos siglos, especialmente desde el liberalismo del último siglo, que se esforzó por conciliar a cualquier precio la Iglesia con las ideas que han ido a parar en la Revolución. 


La Iglesia ha progresado en la medida en que se opuso a esas ideas contrarias a la sana filosofía y teología; por el contrario, cualquier compromiso con esas ideas subversivas ha provocado una reducción de la Iglesia al derecho común y el riesgo de hacerla esclava de las sociedades civiles.


Por otra parte, cada vez que grupos de católicos se dejaron atraer por esos mitos, los Papas, que valientemente, los llamaron al orden, los instruyeron y, si era necesario, los condenaron. El liberalismo católico está condenado por Pío IX, el modernismo por León XIII, el movimiento Le Sillon por san Pío X, el comunismo por Pío XI, el neomodernismo por Pío XII. Gracias a esta admirable vigilancia, la Iglesia se consolida y desarrolla. Las conversiones de paganos y protestantes son muy numerosas; la herejía está en completa retirada y los Estados aceptan una legislación más católica.


No obstante, algunos grupos de religiosos imbuidos de esas falsas ideas están logrando difundirlas en la Acción Católica y en los seminarios, favorecidos por cierta indulgencia de los obispos y la tolerancia de algunos dicasterios romanos. Luego sucederá que entre estos sacerdotes se elegirá a los obispos. {Nota Bene: Como ha sido el caso del Mons. Prevost, que es ahora el Papa León XIV}


Es aquí donde aparece entonces el Concilio, que se aprestaba, por medio de las comisiones preparatorias, a proclamar la verdad frente a esos errores para hacerlos desaparecer por mucho tiempo del seno de la Iglesia. Hubiera sido el fin del protestantismo y el comienzo de una nueva era fecunda para la Iglesia. 


Ahora bien, esta preparación fue odiosamente rechazada para dar lugar a la tragedia más grave que jamás haya sufrido la Iglesia. Hemos asistido a la unión de la Iglesia con las ideas liberales. Sería negar la evidencia y taparse los ojos no afirmar con vigor que el Concilio ha permitido que aquellos que profesan esos errores y tendencias condenados por los Papas, citados anteriormente, crean legítimamente que sus doctrinas quedaban en adelante aprobadas. 


El Concilio se preparaba para ser un faro luminoso en el mundo de hoy, supuesto que se hubiesen utilizado los textos preconciliares en los que se encontraba una profesión solemne de doctrina segura respecto a los problemas modernos; en cambio, desgraciadamente se puede y debe afirmar:


Que, de manera casi general, cuando el Concilio ha innovado, ha puesto en duda la certeza de las verdades enseñadas por el Magisterio auténtico de la Iglesia como definitivamente incorporadas al tesoro de la Tradición.


Ya se trate de la transmisión de la jurisdicción de los obispos, de las dos fuentes de la Revelación, de la inspiración de la Sagrada Escritura, de la necesidad de la gracia para la justificación, de la necesidad del bautismo católico, de la vida de la gracia en los herejes, cismáticos y paganos, de los fines del matrimonio, de la libertad religiosa, de las postrimerías, etc... Sobre estos puntos fundamentales la doctrina tradicional era clara y se enseñaba unánimemente en las universidades católicas. Por el contrario, muchos textos del Concilio sobre estas verdades permiten que de ahora en más se dude de ellas. Las consecuencias fueron rápidamente sacadas y aplicadas a la vida de la Iglesia: 


Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia y de los sacramentos conllevan a la desaparición de las vocaciones sacerdotales.


Las dudas sobre la necesidad y la naturaleza de la "conversión" de todas las almas traen consigo la desaparición de las vocaciones religiosas, la ruina de la espiritualidad tradicional en los noviciados y la inutilidad de las misiones.


Las dudas sobre la legitimidad de la autoridad y la exigencia de la obediencia provocados por la exaltación de la dignidad humana, de la autonomía de la conciencia y de la libertad, hacen la revolución en todas las sociedades, comenzando por la Iglesia, las sociedad religiosas, las diócesis, la sociedad civil y la familia.


El orgullo tiene como consecuencia normal las concupiscencias de los ojos y de la carne. El grado de decadencia moral al que ha llegado la mayoría de las publicaciones católicas es quizá una de las comprobaciones más horribles de nuestra época. En ellas se habla sin ningún rubor de la sexualidad, de la limitación de los nacimientos por todos los medios, de la legitimidad del divorcio, de la educación mixta, del coqueteo inmoral, de los bailes como medio necesario para la educación cristiana, del celibato de los sacerdotes, etc...


Las dudas sobre la necesidad de la gracia para poder salvarse provocan la desestima del bautismo, en adelante diferido para más tarde, y el abandono del sacramento de la Penitencia. Por otra parte, se trata sobre todo de una actitud de los sacerdotes los que actúan como si ya no creyeran, escondiendo el Sagrario donde se reserva el Santísimo Sacramento, suprimiendo todos los signos de respeto hacia el Sagrada Eucaristía y todas las ceremonias en su honor.


Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia, fuente única de salvación, sobre la Iglesia católica, única religión verdadera, provenientes de las declaraciones sobre el ecumenismo y la libertad religiosa, destruyen la autoridad del Magisterio de la Iglesia. En efecto, Roma no es ya la "Magistra Veritatis" única y necesaria.


Es necesario, pues, compelidos por los hechos, concluir que el Concilio ha favorecido de una manera inconcebible la difusión de errores liberales. La fe, la moral y la disciplina eclesiástica han sido perturbadas en sus fundamentos, según las predicciones de todos los Papas.


La destrucción de la Iglesia avanza rápidamente. Por una autoridad excesiva atribuida a las conferencias episcopales, el Sumo Pontífice ha perdido toda la suya. Cuántos ejemplos dolorosos en un solo año! No obstante, el sucesor de Pedro es el único que puede salvar a la Iglesia.


Que el Santo Padre se rodee de vigorosos defensores de la fe, que los designe en las diócesis importantes. Que mediante documentos importantes se digne proclamar la verdad, perseguir el error, sin miedo a las contradicciones, sin miedo a poner en tela de juicio las disposiciones pastorales del Concilio.


Que el Santo Padre se digne: animar a los obispos a enderezar la fe y las costumbres individualmente, cada uno en sus diócesis respectiva, como conviene a todo buen pastor; sostener a los obispos valientes, incitarlos a reformar sus seminarios, a restaurar en ellos los estudios conforme a Santo Tomás; animar a los superiores generales a mantener en los noviciados y las comunidades los principios fundamentales de toda ascesis cristiana, sobre todo la obediencia; estimular el desarrollo de los colegios católicos, la prensa de sana doctrina, las asociaciones de familias cristianas; en fin, reprimir a los fautores de errores y reducirlos al silencio. Las alocuciones de los miércoles no pueden reemplazar a las encíclicas, las pastorales, las cartas a los obispos.


Sin duda parecerá temerario el expresarme de esta manera! Pero escribo estas líneas con un amor ardiente, un amor a la gloria de Dios, amor a Jesucristo, amor a María, a su Iglesia, al sucesor de Pedro, obispo de Roma, vicario de Jesucristo.

Dígnese el Espíritu Santo, a quien está consagrada nuestra congregación, venir en ayuda del Pastor de la Iglesia Universal.


Que Su Eminencia se digne admitir mi muy respetuoso y seguro afecto en Nuestro Señor.


                 + Marcel Lefebvre


Arzobispo titular de Synnada en Phrygia


Superior General de la Congregación del Espíritu Santo.

sábado, 5 de septiembre de 2026

La sinodalidad es el modernismo. De estar condenado a ser entronizado por Roma





Por: Una católica (ex)perpleja

INFOVATICANA

Es un hecho evidente que León XIV ha hecho suyo el proceso sinodal iniciado por Francisco. Y es un hecho también que la sinodalidad nos preocupa a muchos bautizados: la vaguedad del concepto, la insistencia desde la jerarquía eclesiástica, las contradicciones con el magisterio anterior y otras causas provocan el rechazo de la sinodalidad por parte del sensus fidei fidelium. Y por eso aparecen continuamente artículos tratando sobre este tema convertido desgraciadamente en protagonista en una Iglesia actual auto-referencial y centrada en estas cuestiones como poco, estériles, y como mucho, nocivas. 

Sobre el “camino sinodal” desarrollado por el episcopado alemán con la pretensión de aplicarlo a la Iglesia Universal, el cardenal Raymond L. Burke afirmó en 2023 lo siguiente: “Se nos dice que la Iglesia que profesamos, en comunión con nuestros antepasados en la fe desde el tiempo de los Apóstoles, ser Una, Santa, Católica y Apostólica, ahora debe ser definida por la sinodalidad, un término que no tiene historia en la doctrina de la Iglesia y para el que no existe una definición razonable. La sinodalidad y su adjetivo, sinodal, se han convertido en eslóganes tras los que se esconde una revolución para cambiar radicalmente la autocomprensión de la Iglesia, de acuerdo con una ideología contemporánea que niega mucho de lo que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado. No se trata de una cuestión puramente teórica, pues la ideología ya se ha puesto en práctica, desde hace algunos años, en la Iglesia en Alemania, difundiendo ampliamente la confusión y el error y su fruto, la división, con grave prejuicio para muchas almas. Con el inminente Sínodo sobre la sinodalidad, es de temer, con razón, que la misma confusión, el mismo error y la misma división, lleguen a la Iglesia universal”. También en 2023, el cardenal Müller calificó a la sinodalidad de conquista hostil de la Iglesia católica y el difunto cardenal Pell, de “pesadilla tóxica”. 

Más recientemente, Don Jorge González Guadalix decía en InfoCatólica con su habitual clarividencia lo que muchos pensamos: “el invento del sínodo de la sinodalidad siempre me pareció una tomadura de pelo”. Y citaba las palabras de Mons. Rob Mutsaerts, Obispo auxiliar de ’s-Hertogenbosch: “Mi pregunta es sencilla y grave: ¿está ayudando el proceso sinodal a acercar realmente las almas a Cristo y a la salvación eterna?” ¿Se ha fortalecido la fe? ¿Se ha proclamado a Cristo con mayor claridad? ¿Se ha profundizado la identidad católica? ¿Han aumentado las conversiones, la asistencia a misa, las vocaciones sacerdotales? ¿Ha crecido la reverencia eucarística? ¿Se ha clarificado la enseñanza moral de la Iglesia? Porque, en el discurso sinodal actual – afirma don Jorge González -, la sinodalidad amenaza con convertirse en un fin en sí misma. Y ahí comienza, desde una perspectiva católica tradicional, el problema”.

Y mientras estas voces proféticas alertan del peligro, desde la oficialidad eclesial se nos dice otra cosa. Veamos sólo dos ejemplos recientes. Infovaticana publicó hace unas semanas un texto de Brad Miner titulado “La sinodalidad matará al catolicismo”, donde podía leerse que “La pretensión de haber recibido la Verdad y de guardarla es toda la razón de ser de la Iglesia y la hace algo distinto de una asociación religiosa voluntaria. Pero la sinodalidad, digan lo que digan sus defensores, introduce un mecanismo capaz de disolver esa pretensión: un proceso permanente, indefinido y participativo para generar consensos eclesiales contemporáneos interminables que funcionan cada vez más como fuentes rivales de autoridad junto al depósito asentado de la fe y —desde el punto de vista de los innovadores— por delante de él y, por tanto, del Magisterio destinado a guardarlo. La vaguedad que hemos visto hasta ahora en el proceso sinodal no ha sido incidental. Es una característica, no un defecto. Tras múltiples reuniones sinodales, la Iglesia sigue sin una definición fija de sinodalidad: solo descripciones de un «estilo», un «proceso», un «instinto»; y esta incapacidad de definir con claridad la sinodalidad no es una omisión menor”. 

En otro texto, titulado “Vender la sinodalidad radical como profecía social, InfoVaticana informaba sobre cómo la reciente asamblea anual de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas recibió un mensaje en vídeo del Papa en el cual afirmaba que “todos los cristianos están llamados a ser constructores de la comunión de Cristo, formados en una Iglesia sinodal en la que todos cooperen en la misma misión según su propio carisma y ministerio. De manera especial, quienes integran la vida religiosa están llamados a convertirse en expertos en sinodalidad debido a las oportunidades que la vida comunitaria les brinda para practicarla, así como por la estructura misma en que están organizadas sus congregaciones”. En el encuentro, la religiosa francesa Nathalie Becquart, secretaria del Sínodo de los Obispos, realizó comentarios opacamente reveladores: “la sinodalidad se presenta como una innovación necesaria, una cultura distinta, un esfuerzo de reforma indispensable para recuperar la verdadera identidad y vitalidad de la Iglesia. La sinodalidad implicaría el nacimiento de un nuevo estilo de «ser Iglesia», pero no sería «otra Iglesia» en contradicción con la Iglesia presinodal. 

El P. Gerald E. Murray, autor de este artículo traducido de The Catholic Thing, tiene claro que “el proyecto sinodal es un intento de remodelar la Iglesia Católica para convertirla en una entidad nueva, afín a diversas iglesias protestantes”, y que “la aplanadora de la sinodalidad constituye un peligro para la Iglesia. Debe ser reconocida por lo que es y detenida antes de que cause más estragos en la Iglesia”.

Desde esta modesta tribuna, quiero expresar mi total acuerdo con el P. Murray. Estoy cada vez más convencida de que, mucho más que la iglesia “conciliar” o “postconciliar”, la iglesia sinodal pretende dar el toque de gracia a la Iglesia de Cristo y convertirla en otra cosa. Está de hecho funcionando como un concilio encubierto, con sus distintas sesiones, en un proceso inacabable. En el que hemos visto, siguiendo los textos citados, cómo se exhorta / obliga a los religiosos a convertirse en sinodales, sea eso lo que sea. De la misma manera que tras concilios como el de Trento o el Vaticano II, las órdenes y congregaciones religiosas modificaron sus constituciones. La sinodalidad no se propone. Se impone.

Pero ocurre un hecho dramático: la sinodalidad que se impone constituye una continuidad total con el espíritu del concilio (Vaticano II) y una ruptura igualmente total con la tradición bimilenaria de la Iglesia. La falsa libertad religiosa, el falso ecumenismo, la nueva liturgia antropocéntrica y naturalista, el ecologismo. En definitiva, el culto al hombre sustituyendo el culto a Dios constituyen la nueva iglesia sinodal que pretende aniquilar a la Iglesia Católica Apostólica.

No desvelamos nada nuevo si decimos que el inicio del Concilio Vaticano II significó un golpe de Estado en la Iglesia: la minoría modernista / progresista, bien organizada, tumbó los esquemas preparados por la curia, excepto Sacrosanctum Concilium, sobre la liturgia, que ya había sido redactado por modernistas, y hubieron de ser redactados nuevos textos, la mayoría de ellos minados de ambigüedades y errores ya condenados; muy ufanamente, el cardenal Suenens declaró que el Concilio Vaticano II era “la revolución francesa en la Iglesia”.

Peter Kwasniewski tiene razón cuando afirma que “de Pío X a Francisco, el modernismo había pasado de estar desterrado a ser entronizado”: La secuencia histórica de los acontecimientos es clara: en 1907, San Pío X ya había denunciado en la encíclica Pascendi el modernismo infiltrado en la Iglesia, con teólogos laicos y clérigos actuando de manera oculta en la Iglesia. La infiltración denunciada continuó creciendo sobre todo en los países atravesados por las aguas del Rhin hasta hacerse con la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Ya no necesitaban ocultarse. Teólogos como Congar, Rahner, de Lubac, Küng, que habían sido tildados de heterodoxos por la Iglesia, ahora eran expertos o peritos conciliares, acompañando a diversos obispos y cardenales. A cara descubierta, teólogos y cardenales modernistas introdujeron en los documentos conciliares principios condenados hasta por el último papa pre-conciliar, Pío XII, y lo hicieron impulsados y apoyados por una de las figuras más contradictorias y trágicas de la Iglesia del siglo XX, el papa Pablo VI. 

A mediados del siglo XX y ya masivamente tras el Concilio Vaticano II, los modernistas (o progresistas) se hicieron con los más altos puestos de la jerarquía. Como en la crisis arriana del siglo IV, pero peor, porque, como advirtió San Pío X, el modernismo es el compendio de todas las herejías. 

En 1982, el cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación por la Doctrina de la Fe, declaró que, «si se quisiera ofrecer un análisis de Gaudium et Spes en su conjunto, podríamos decir que (junto con los textos sobre la libertad religiosa y las religiones del mundo) se trata de una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de contra-syllabus». La observación del cardenal Ratzinger de que, en la época del Concilio Vaticano II, «aún no existía una declaración fundamental sobre la relación que debía existir entre la Iglesia y el mundo posterior a 1789 resulta curiosa cuando se tiene en cuenta las grandes encíclicas de los papas posteriores a 1789 que condenaban los errores modernistas del mundo, poniendo de manifiesto una «relación» de clara oposición entre la Iglesia y el mundo posterior a 1789 —declaraciones con las que, al parecer, la mayoría de los participantes en el Concilio Vaticano II quería mostrar su desacuerdo—. El cardenal Ratzinger pareció admitir con franqueza precisamente eso cuando escribió: «Contémonos con decir aquí que el texto [de los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente Gaudium et Spes] sirve como un contra-syllabus y, como tal, representa, por parte de la Iglesia, un intento de reconciliación oficial con la nueva era inaugurada en 1789».

Pero lo que la jerarquía eclesiástica pretendió imponer a partir del Concilio Vaticano II atentaba de tal manera contra el sensus fidei que no lograron aplastar la disidencia ni acabar con la tradición de la Iglesia, como pretendían. La nueva iglesia sí provocó, empero, que los templos se vaciaran y las vocaciones cayeran en picado. El progresismo más descarnado fue envejeciendo, pero el conservadurismo le ayudó a mantener la revolución que había comenzado. 

Hoy, la sinodalidad pretende acabar el trabajo que comenzó el espíritu del concilio, pero que no pudo rematar: la “sinodalidad”, también llamada “iglesia sinodal”, parece haber triunfado: de la condena de todos los papas desde Gregorio XVI a Pío XII, con sus propuestas de libertad religiosa y ecumenismo, su moral inmoral y su liturgia antropólatra, es predicada actualmente como magisterio ordinario. Lo que era tolerancia religiosa ahora es una libertad religiosa que la Iglesia siempre condenó, y se pretende obligarnos a acatarla. Además, ¿no están en total consonancia con la sinodalidad predicada por los pastores los innumerables carismas y movimientos eclesiales actuales, tales como Hakuna, el Camino Neocatecumenal, el Opus Dei, el Regnum Christi, la Renovación Carismática, Emaús, Alpha y demás? ¿No son movimientos modernistas, producto de una neo-iglesia modernista-sinodal?

Aun así, la sinodalidad sigue repeliendo de tal manera al sensus fidei fidelium, que no es sólo que no convenza a muchos, sino que una minoría resistió desde el inicio y resiste hoy firmemente. Una minoría creciente en números, no exenta de problemas, divisiones internas y contradicciones, pero una minoría de bautizados se asió firmemente a la Iglesia de siempre como única tabla de salvación. Porque qué desprecio tan grande a Dios y a tantos santos y fieles sencillos supone creer que, de 2000 años de Iglesia, sólo hace 60 que se ha descubierto la verdad. Una verdad que invalida toda la enseñanza y praxis católica anterior a este «despertar».

¿Existe remedio a la sinodalidad? ¿Existe la posibilidad de que la Iglesia siga siendo la Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica Apostólica? Tal vez lo más parecido en cuanto a extensión en el tiempo de un fenómeno heterodoxo y hasta herético que secuestra a la más alta jerarquía eclesial sea la crisis arriana. Sin embargo, como afirmó San Pío X, el modernismo es la suma de todas las herejías. Por tanto, la sinodalidad (el modernismo) contiene en sí también el arrianismo y muchas más herejías. Por eso la crisis es ahora mucho más grave. Seguramente, el momento de mayor peligro para la fe católica de toda la historia, atacada desde su mismo interior. Pero el Señor mismo nos prometió que las puertas del infierno no prevalecerán. Así que debemos rogar continuamente su asistencia y su gracia para mantenernos fieles, aportando de nuestra parte todo lo que esté en nuestra mano para custodiar y transmitir íntegro del depósito de la fe.

La imagen que ilustra el texto pretende mostrar el mejor destino posible para la sinodalidad. 

martes, 21 de julio de 2026

PALABRAS DE MONS. FAURE DESDE EL SEMINARIO MONS. LEFEBVRE, BRASIL


Hoy (20 de julio de 2026) tuvimos el honor de realizar una breve entrevista escrita con Mons. Jean-Michel Faure, SAJM, aprovechando su reciente visita a Brasil y al Seminario Mons. Marcel Lefebvre , ubicado junto al Monasterio de la Santa Cruz, para preguntarle sobre algunos temas de actualidad que conciernen directamente a la Tradición Católica.

1. De la oportunidad de su más reciente visita a Brasil:

He estado en Nova Friburgo en varias ocasiones con Monseñor Tomás y los hermanos, y estoy encantado con esta nueva visita.

2. En relación con las nuevas consagraciones de la FSSPX y su relevancia para la Tradición Católica.

La actualidad viene marcada por las consagraciones en la FSSPX, las cuales demuestran, una vez más, el rechazo de la Tradición Católica por parte del Vaticano. Se pretende imponer falsas excomuniones, como ocurrió en tiempos de Mons. Lefebvre, y se rehúsa, erróneamente, reconocer el estado y la situación calamitosa de la Iglesia, así como el correspondiente estado de necesidad existente en ella para conservar íntegros la doctrina de la fe y la validez de los sacramentos, dos elementos absolutamente necesarios para alcanzar la salvación.

Esta situación obliga a los obispos a justificar claramente ese estado de necesidad; es decir, a denunciar ante los fieles todos los escándalos del falso ecumenismo, de la liturgia, de las misas modernas y de las declaraciones escandalosas que destruyen la fe en las almas, provenientes de muchos miembros de la Jerarquía. Santa Juana de Arco decía aquello que hoy la Iglesia puede repetir: «Obispo, por tu culpa yo muero».

Lo que hoy sostiene a la Iglesia, decía Mons. Lefebvre, son los obispos que abren seminarios y enseñan la verdadera doctrina de la fe católica a los futuros sacerdotes.

Varios santos y místicos nos advirtieron que, en esta época de apostasía general, nada, absolutamente nada, permanecerá en pie.

En el desierto conciliar existirán pocos oasis familiares donde la fe será conservada; y, cuando todo parezca perdido, entonces llegará la hora de Dios y, en el futuro, una magnífica resurrección para todos los pueblos y para la Iglesia Católica.

Por ello, recen todos los días los actos de Fe, Esperanza y Caridad, incluso contra las sugestiones del demonio, que procura desanimarnos.

Sursum Corda ! ("¡Levantad vuestros corazones!").

"Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará."

SER Dom Jean-Michel Faure, SAJM.

20 de julio - San Jerónimo Emiliano, confesor.

FUENTE

domingo, 5 de julio de 2026

Carta acerca de la consagraciones de la FSSPX, por Mons. Zendejas




30 de junio de 2026

Excelencias, Reverendos Padres, and queridos feligreses,


Aquí encontrarán algunas consideraciones concernientes a la próxima ceremonia de las consagraciones episcopales que tendrán lugar el día primero de julio, en Ecône, Suiza. Estas consagraciones - per se - deberían ser esencialmente buenas para la continuación del sacerdocio de la Iglesia Romana Católica, así como Nuestro Señor Jesucristo nos ha instituido de hacerlo. [Luc. 22, 19: Haced esto en memoria de Mí]

Desde la época Apostólica, los obispos han estado unidos al Primado de los sucesores de San Pedro, así como el Mandato Papal lo expresa al inicio de la ceremonia. Además, la Profesión de la Fe Católica, tal como un acto de juramento hecho por los candidatos electos, debe también manifestar lo que ellos están recibiendo, a saber, el Depósito de la Fé con todas sus Tradiciones. [1Tim. 6, 20] ESTA PROFESIÓN ha sido continuamente proclamada a través de los Concilios Ecuménicos - desde el de Nicea incluyendo el Concilio Vaticano Primero - y debe profesar los principios doctrinales vitales en el mismo sentido desde siempre y en todos lugares [San Vicente de Lérins, Commonitorium], incluyendo las cuatro notas de la Iglesia fundada por el mismo Nuestro Señor Jesucristo: UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA.


Así pues, estos cuatro candidatos al obispado ciertamente recibirán la consagración episcopal en el mismo lugar en donde los otros sacerdotes recibieron la gracia del episcopado en el año 1988. Pero, acaso ellos serán consagrados obispos con una noción diferente de la Tradición dentro de la actual crisis de la Fe en la Iglesia Católica, en medio de una división interna de la FSSPX, así como también dentro de este moderno mundo exotérico y caótico, inmoral y artificial? 


Por otro lado, siempre ha existido el axioma de causa y efecto que nos dice que en cada decisión que tomamos, de la misma se genera una serie de eventos que eventualmente repercuten contra uno mismo para impactarnos.

Desde esta perspectiva, el momentum en que la FSSPX se encuentra actualmente en la crisis de la Iglesia Católica, no puede ser una excepción. Sus líderes han tomado una serie continua de decisiones después de la muerte de su Fundador para adoptar otros motivos en la formación sacerdotal y un estado legal canónico [La Carta escrita por tres obispos de la FSSPX al Consejo General del día 7 de abril, 2012], con la consecuencia de que el Bien Común de Tradicionalismo Católico ha sido afectado en la unidad para Enseñar, Gobernar, y Santificar. 


¿Qué razones han provocado un cambio súbito de la actitud que impusieron según la prudencia sobrenatural que invocaban en aquel entonces? Debido a que los superiores habían impuesto sobre todos los sacerdotes y feligreses una obligación, a fin de conseguir un acuerdo práctico con las autoridades Romanas para que la Tradición pudiera ser integrada dentro de la Iglesia Visible! Y ellos castigaron, expulsaron, y apartaron aquellas personas que no aceptaron seguir la nueva dirección para "preservar" el Depósito de la Fé Católica que se había confiado a los superiores.  

Cuáles son las razones para anunciar su cambio de un acuerdo que motivara una nueva prudencia sobrenatural en 2026? Esto es simplemente una contradicción en su actitud y en aquellas acciones punitivas que infligieron contra sus propios miembros, que actuaron políticamente de una manera incorrecta por su desobediencia, así como el Consejo General de la FSSPX hizo como presunción.

¿Por qué las consagraciones episcopales de Monseñor Williamson (particularmente la de Monseñor Faure) las considera que NO han sido buenas, pero las de ellos (2026) son consideradas buenas para proseguir? ¿Acaso puede la FSSPX apropiarse el derecho para declarar qué condiciones son necesarias para el estado de necesidad espiritual para la salvación de las almas? 

¿Cómo pueden justificar el erróneo curso que impusieron con bastantes obstáculos en aquel entonces para las almas bautizadas Católicas? Y ahora ellos invocan que por la salvación de las almas ellos deben consagrar obispos? Acaso esto no es una contradicción? O una mentira doble?

Por lo tanto, recordemos a nosotros mismos los propósitos por los cuales se llevaron a cabo las consagraciones episcopales de 1988, siempre lideradas por el mismo Monseñor Lefebvre, porque él en verdad conocía el clero romano con todas las ventajas y desventajas de la Santa Sede.

En segundo lugar, también recordemos el sueño y el fiasco sufrido a través de catorce años de una imposible reconciliación entre el Catolicismo y el Modernismo. Porque en realidad hay muchas diferencias entre el aquel tiempo, cuando la doctrina era verdaderamente considerada esencial para la formación de los futuros sacerdotes, y la presente nueva perspectiva de formación que ha sido infestada por la hermenéutica de la continuidad aceptada, después del discurso del Papa Benedicto XVI para la Curia Romana en diciembre de 2005.

Finalmente, podemos confiar en los cuatro nuevos obispos? Pues, los superiores forman a los inferiores. Entonces, acaso ellos van a oscilar de arriba hacia abajo, o de la derecha a la izquierda, así como hasta el presente acaba de hacer el Consejo General liderando lo que queda del Catolicismo Tradicional dentro y fuera del círculo de la FSSPX? 

martes, 30 de junio de 2026

¡UN NUEVO SACERDOTE PARA LA SAJM!


El sábado 20 de junio, en el Convento Dominico de Avrillé, Francia; Su Excelencia Mons. Jean Michel Faure, superior general de la SAJM, confirió el sacerdocio a un seminarista de la Sociedad de los Apóstoles de Jesús y María y un hermano dominico.

¡DEO GRATIAS!

Ver más fotos acá

miércoles, 24 de junio de 2026

MAGNÍFICA PROFESIÓN DE FE DE LA FSSPX

Concilio Vaticano II


Gracias a Dios, la FSSPX ha hecho hoy lo que Mons. Fellay nunca se atrevió a hacer: la publicación de una intachable "profesión de fe católica para esclarecer a las almas de cara a los errores modernos". El 14 de mayo la Fraternidad hizo público un documento similar, aunque mucho más breve: la "declaración de fe católica" dirigida al papa. El texto de hoy está precedido por esta carta abierta al papa y a los cardenales.

De interés:


Artículo de Infocatólica sobre lo mismo. 

lunes, 15 de junio de 2026

jueves, 28 de mayo de 2026

LA FSSPX CONFIRMA SU NUEVA LÍNEA AMBIGUA PARA LAS SIGUIENTES DÉCADAS


Quisiéramos no haber tenido razón cuando decíamos temer que los sacerdotes elegidos para ser consagrados obispos en la FSSPX el 1 de julio, no fueran de buena línea.

La Fraternidad ha dado a conocer los nombres. Hasta donde se sabe, todos fueron "oficialistas" cuando Mons. Fellay intentó hacer un acuerdo traidor con Roma liberal. Ninguno de ellos es un antimodernista militante reconocido. Uno de ellos colaboró activamente con el obispo (?) Huonder.

Ninguno de los valientes decanos removidos de sus cargos el 2017 fue considerado. Ningún sacerdote del distrito de Sudamérica, conocido por su combatividad; pero sí uno del distrito de EE.UU., considerado el más liberal de la FSSPX. Ningún teólogo destacado entre esos nombres, aunque a la Fraternidad no le faltan muy buenos teólogos. ¿Por qué? El R.P. Álvaro Calderón es probablemente el mejor teólogo del mundo en este momento, y aunque gran teólogo, quizá es más grande por su caridad y por su humildad. Si hubo un teólogo entre los obispos consagrados por Mons. Lefebvre (Mons. Tissier de Mallerais), ¿por qué no podía haber otro teólogo esta vez? Porque el P. Calderón, con sus excelentes libros, ha desenmascarado enteramente al satánico Vaticano II y al falso magisterio posterior. Porque es visto como un "duro" a los ojos de los que se han desviado desde la postura santamente intransigente de Mons. Lefebvre, hacia cierto liberalismo. 

¿Qué esperar? Más de lo mismo en el mejor de los casos: décadas de cálculo político, de diplomacia, de secreto, de ambigüedad. En el peor de los casos: la rendición definitiva de la FSSPX, en el mediano plazo, ante el enemigo liberal y modernista, impulsada por los nuevos obispos.

Dios tenga misericordia de todos y quiera la pronta restauración de su Iglesia. 

sábado, 16 de mayo de 2026

MONS. TOMÁS DE AQUINO OSB: COMUNICADO SOBRE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X



Hasta donde podemos juzgar, la Fraternidad San Pío X, en la persona de su Superior General, el Reverendo Padre Davide Pagliarani, está haciendo un gran esfuerzo por retomar brillantemente la lucha del arzobispo Lefebvre, con las últimas decisiones que ha tomado con respecto a las próximas consagraciones y la fuerte declaración de fe católica el 14 de este mes, fiesta de la Ascensión.

Que Nuestro Señor y su Santísima Madre bendigan este esfuerzo y guíen a la Fraternidad por el camino de la verdadera prudencia.

+ Tomás de Aquino OSB


Nota de NP:

La declaración del 14 de mayo fue, sin duda, una excelente corrección fraterna de la FSSPX al Papa, al resto del clero conciliar y a todos los católicos desviados de la recta fe por causa del liberalismo y del modernismo imperantes desde el catastrófico concilio Vaticano II. Mons. Fellay desaprovechó varias oportunidades que se le presentaron para hacer lo mismo.

No sabemos qué va a pasar de acá al 1 de julio, pero una cosa es clara: los nombres de los futuros obispos nos dirán qué rumbo ha resuelto tomar la Fraternidad a partir de esa fecha. Tememos fundadamente que los elegidos (o la mayor parte de ellos) no serán sacerdotes resueltamente antiliberales. Dios quiera que estemos equivocados en esto y haga que la FSSPX corrija el rumbo, recuperando plenamente la postura de abierta beligerancia ante la Jerarquía conciliar que caracterizó a Mons. Lefebvre.

Dios restaure pronto y completamente a su Iglesia.

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sábado, 28 de febrero de 2026

¿CÓMO CALIFICAR LA ACTIVIDAD DE ROMA EN RELACIÓN CON LA FSSPX? Por Mons. Tomás de Aquino




El Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, recibió al Superior General de la Fraternidad San Pío X en el Palacio del Santo Oficio en Roma.

¿Qué quiere el Cardenal Fernández? Quiere que la Fraternidad suspenda su decisión de consagrar obispos el 1 de julio, como condición para continuar el diálogo. El término «diálogo» es del Cardenal; es típico del lenguaje y la mentalidad de los progresistas.

Pero ¿cómo debemos calificar este diálogo? ¿Qué pretende Roma al dialogar? Este diálogo con Roma está lleno de ambigüedades; tras él se cierne una amenaza de excomunión. Esto nos remonta a 1988. ¿Cuál es la validez de estas excomuniones? ¡Ninguna! ¡Absolutamente ninguna! Igual que la que el obispo Pierre Cauchon emitió contra santa Juana de Arco. Excomulgar a quienes defienden a la Iglesia es un acto nulo ante Dios.

Las excomuniones de 1988 fueron nulas. Las de 2026 también lo serán si la Fraternidad mantiene su intención de consagrar el 1 de julio de este año, con las mismas razones e intenciones que tuvo el arzobispo Marcel Lefebvre en 1988. Pero este diálogo conlleva otras amenazas y peligros: la elección de los candidatos, la presión de Roma, la ambigüedad de las palabras; la noción misma de Iglesia, que no es la misma para la Iglesia conciliar que para la Iglesia católica.

Seguimos con interés y oraciones estas peligrosas negociaciones, esperando que la Fraternidad no sea vencida por la astucia de los modernistas, sobre quienes Mons. Lefebvre advirtió a Mons. Gérard Calvet con una nota que le fue entregada en 1988, que decía: “Cuidado con la serpiente romana”.

A pesar de los años transcurridos y de los posibles pequeños o grandes lapsus de memoria, aún recuerdo la expresión de Monseñor Lefebvre: “la serpiente romana”.

El padre Davide Pagliarani y su consejo deberían tener cuidado. Los modernistas no buscan el bien de la Fraternidad ni de la Iglesia. San Pío X ya nos advirtió sobre esto.

Que la Fraternidad vuelva a las disposiciones y acciones de su fundador, y sabrá vencer la serpiente romana, con la ayuda de Aquella que venció todas las herejías.

Ipsa conteret.

viernes, 27 de febrero de 2026

NUEVO SITIO WEB: SEMINARIO MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE, NOVA FRIBURGO, BRASIL


 

El seminario Monseñor Marcel Lefebvre está ubicado en terrenos del monasterio benedictino de la Santa Cruz, Nova Friburgo, Brasil. 
Mons. Tomás de Aquino OSB y Mons. Faure SAJM acordaron, en diciembre de 2025, que la comunidad del seminario quede bajo el control de la SAJM, siendo designado el R.P. Jean-Baptiste Brocard SAJM como director. 
Se trata de un seminario internacional, por lo que está orientado a las vocaciones no sólo de Brasil, sino que también a las de todos los países de Hispanoamérica.
Se estima que este año lectivo habrá unos diez seminaristas. 

 DEO GRATIAS !

domingo, 22 de febrero de 2026

VALIENTE PRONUNCIAMIENTO DEL P. JAIME MERCANT SIMÓ, DIOCESANO, ACERCA DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES DE LA FSSPX

El P. Jaime Mercant Simó es un sacerdote de la Diócesis de Mallorca, nacido en Palma el 6 de diciembre de 1980 y ordenado día 14 de octubre de 2007; miembro de la Thomas Aquinas International Society; doctor en Estudios Tomísticos (Filosofía) por la Universidad Abat Oliba CEU (Barcelona), con premio extraordinario de doctorado; doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED (Madrid), en la especialidad «Filosofía jurídica»; y licenciado en Sagrada Teología por la Universidad Católica de Toulouse (Francia), en la especialidad «Tradition thomiste et pensée médiévale». 

El primer doctorado lo obtiene el 15 de mayo de 2017, con sobresaliente cum laude, la máxima calificación, mediante la tesis doctoral La metafísica del conocimiento de Karl Rahner: análisis de «Espíritu en el mundo», siendo su director el prestigioso tomista Rvdo. Ignacio Andereggen, doctor en Teología y doctor en Filosofía, y presidiendo el tribunal de evaluación Mons. Antonio Livi, decano emérito de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma. 

El segundo doctorado lo obtiene el 27 de noviembre de 2024, también con cum laude, con la tesis titulada Los fundamentos filosóficos de la doctrina jurídica de Domingo de Soto: análisis del tratado «De iustitia et iure», siendo su director el Dr. Juan Antonio Gómez García (UNED), y presidiendo el tribunal de la defensa el Dr. Sixto Sánchez-Lauro, profesor de la Universidad de Extremadura y miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

Entre sus publicaciones, destacan la primera tesis doctoral, La metafísica del conocimiento de Karl Rahner: análisis de «Espíritu en el mundo» (Gerona: Documenta Universitaria, 2018, 1069 págs.); Los fundamentos filosóficos de la teología trascendental de Karl Rahner (Roma: Casa Editrice Leonardo da Vinci, 2017, 240 págs.); juntamente con Mons. Antonio Livi y el Dr. Samuele Pinna, Il valore dottrinale dell’insegnamento cristiano dopo il Vaticano II: l’interpretazione della fede cattolica secondo Karl Rahner (Roma: Casa Editrice Leonardo da Vinci, 2019, 272 págs.); y la segunda tesis doctoral, La filosofía jurídica de Domingo de Soto (Salamanca: UPSA Ediciones, 2025).

La licencia canónica en Sagrada Teología la obtiene día 21 de junio de 2021, con la calificación de sobresaliente, defendiendo la tesina titulada Ramon Llull et sa doctrine antiaverroïste de la création devant la question «de aeternitate mundi». Actualmente está realizando, en Teología, su tercer doctorado en la misma Universidad Católica de Toulouse. A nivel pastoral, es cura párroco, desde los años 2013-2014, de las parroquias de Son Servera, Sant Llorenç des Cardassar y Son Carrió. Desde el año 2020, es profesor de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Mallorca (CETEM), director de esta Biblioteca Diocesana y miembro de la Asociación de Bibliotecarios de la Iglesia en España (Conferencia Episcopal Española).

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Varios de mis lectores me han preguntado acerca de las próximas consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. Pues bien, he aquí mi posición, expresada pedagógicamente en forma de preguntas y respuestas: 1. ¿Pecarán mortalmente los lefebvrianos con estas consagraciones episcopales? — No, en absoluto. 2. ¿No es un acto cismático? — No, formalmente no lo es. 3. ¿Por qué formalmente no lo es? — Porque, para que se produzca un «cisma perfecto», es necesario que exista una clara intención de realizar un acto cismático (o sea, un acto que implique que hay voluntad directa de negar la autoridad el papa o de separarse de los demás miembros de la Iglesia. Nota de NP) y de constituir, con los nuevos obispos, una jurisdicción jerárquica paralela a la existente en la Iglesia católica romana. Ahora bien, en este caso, no se dará ni una cosa ni otra. 4. ¿Puede ser, al menos, un acto de desobediencia? — Sí, en efecto, lo es, al menos materialmente, ya que Roma no quiere que dichas consagraciones se celebren. 5. ¿Entonces, pecan mortalmente por desobediencia? — Tampoco, porque, en este caso, la intención de la autoridad de la FSSPX, de los consagrantes y de los futuros consagrados parece recta. Ellos invocan el «estado de necesidad», que justificaría la «desobediencia material». Al respecto, no tenemos razones objetivas para dudar de su conciencia ni de su recta intención, que es el bien de las almas a las que asisten. 6. Pero se producirá la excomunión «latae sententiae», es decir, automática e inmediatamente, ¿verdad? — Desde una perspectiva canonística, sí, pero, bajo mi modesto punto de vista, dicha excomunión será nula; creo que hay razones teológicas y iusfilosóficas suficientes para concluir esto, aunque sé que gran parte de los canonistas me lo negarán desde una visión puramente legalista. Sin embargo, pienso que, además de darse como motivo fundamental el «estado de necesidad», la «razón formal» por la cual debería producirse efectivamente dicha pena falla, dado que no hay intención objetiva de cisma formal ni se creará una jurisdicción paralela, repito. 7. ¿Recibió Mons. Lefebvre la pena de excomunión? — Sí, como seguramente la recibirán estos obispos, pero también su excomunión fue nula, ya que, en el plano sobrenatural del Cuerpo Místico, ese obispo nunca dejó de estar en comunión con la Iglesia. 8. ¿Qué quiere decir con esto? — La esencia de la comunión es triple, a saber: doctrinal, sacramental y jerárquica. Estimo, pues, que el obispo Lefebvre y, por extensión, la FSSPX, no negaron ninguna de estas tres «dimensiones esenciales» de la comunión eclesial. 9. ¿La FSSPX está en comunión doctrinal? — Por supuesto, no ha dejado de enseñar lo que la Iglesia ha creído siempre. 10. ¿Pero los lefebvrianos no están siempre poniendo en cuestión los documentos del Concilio Vaticano II? — No hacen una enmienda a la totalidad, como la gente comúnmente cree, habida cuenta de que, en sus textos, existen elementos que forman parte del «depositum fidei», pero abordan, con espíritu crítico, ciertas cuestiones «delicadas», en las que resulta legítima la discusión teológica. (Ver la entrada "¿Qué hacer con el Vaticano II?") 

11. ¿Cómo puede decir esta barbaridad? — La puedo decir porque la «naturaleza» misma del Concilio me lo permite. 12. ¿Qué quiere decir usted con esto? — Quiero decir que el Vaticano II fue un concilio de «naturaleza pastoral», no dogmático, y, por lo tanto, no gozó del carisma de la infalibilidad, porque, en ningún momento, se quiso definir o condenar nada de modo infalible; ésta fue la decisión expresa de la mayoría de los padres conciliares. Sin embargo, en la época posconciliar, pese a esta «naturaleza pastoral», algunos pretendieron convertir dicho concilio en «superdogma». 13. ¿Superdogma? Esto es una falta de respeto. ¿Por qué está utilizando la narrativa lefebvriana? — Estoy empleando, de hecho, las mismísimas palabras de Joseph Ratzinger, quien, en una visita a los obispos de Chile (1988), utilizó estos mismos términos. 14. Por otro lado, ¿es cierto que la FSSPX está en comunión sacramental? — Sus sacramentos no sólo son válidos, sino que se celebran según los ritos tradicionales que la Iglesia ha empleado desde tiempo inmemorial. 15. Pero resulta evidente que la FSSPX no está en comunión jerárquica, ¿verdad? — Pese a que, a nivel canónico, su «situación institucional» es irregular e imperfecta, la Fraternidad no deja de reconocer al papa de Roma como supremo pastor de la Iglesia universal. De hecho, también reconoce y respeta la jurisdicción de todos los obispos del orbe católico. 16. ¿Deme una prueba de lo que está diciendo? — En cada misa de la FSSPX, sin excepción, los sacerdotes nombran, en el «canon missae», al papa y al obispo del lugar. 17. ¿No es éste un argumento muy débil? — Por Dios que no lo es. La manifestación más formal y pública del reconocimiento jerárquico se da precisamente en la santa misa, concretamente en el canon. 18. ¿Es usted lefebvriano o filolefebvriano? — Ni una cosa ni otra, señor; yo voy por libre. Simplemente soy católico y, como tal, tengo espíritu crítico, o sea, la buena costumbre de emplear la razón y el juicio de discernimiento. 19. ¿Pero parece que usted está en todo de acuerdo con la FSSPX? — No, no lo estoy. En ciertas actitudes y cuestiones no estoy de acuerdo, pero éstas, bajo mi punto de vista, son secundarias y accidentales. En lo «esencial», estoy al 100% de acuerdo con la Fraternidad y, por lo tanto, no contribuiré a su injusta y desproporcionada «demonización» pública. 20. ¿Me puede decir qué es lo esencial? — Lo «esencial» es su «catolicidad». Punto final. 21. ¿Pero no le preocupa el «escoramiento» de los lefebvrianos? — Me preocupa más la caterva de heterodoxos, blasfemos y sacrílegos que hay por doquier, especialmente en Alemania. También me inquieta la doble vara de medir que parece existir a la hora de aplicar penas y censuras por parte de la autoridad eclesiástica. 22. Entonces, ¿qué solución ve usted al actual problema lefebvriano? — Primeramente, creo que Roma debería ser benevolente y aceptar formalmente la consagración de estos próximos obispos, al mismo tiempo que debería reconocer los frutos espirituales del apostolado de la FSSPX. Creo que éste sería un verdadero gesto de misericordia y de inteligencia; ambas cosas no son excluyentes.

23. ¿No teme que, por estas opiniones, lo critiquen? - No, porque soy sacerdote de la Iglesia católica, no el pastor de una secta, y, por ende, con respeto puedo y debo desplegar, en mi vida de fe, la verdadera libertad de los hijos de Dios.

Dr. Mn. Jaime Mercant Simó ------------------------------ Imagen ilustrativa: Las cuatro consagraciones episcopales de manos de Mons. Marcel Lefebvre y Mons. Antônio de Castro Mayer (30 de junio de 1988, Écône, Suiza).

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