ENTRE DOS EXTREMOS
Estrechamente
vinculada con el sedevacantismo, existe
una postura llamada (impropiamente) “eclesiavacantismo”, según la cual esa organización que todo el mundo
llama “Iglesia Católica” no es tal, sino que es otra sociedad denominada
“iglesia conciliar”, hallándose la Iglesia Católica reducida, en la actualidad,
a un pusillux grex (pequeño
rebaño) integrado solamente por los tradicionalistas en abierta oposición a la
Jerarquía de la “iglesia conciliar”. La “iglesia conciliar” no sólo ocupa la Iglesia Católica, sino que la suplanta. Como los protestantes más radicales,
los eclesiavacantistas llegan
a identificar “esa organización religiosa mundial dirigida desde el Vaticano”
con la Sinagoga de Satanás, la iglesia del Anticristo o la mujer de Apocalipsis
17 y 18.
Entre
ambas posiciones extremas hay un justo medio: las dos iglesias se encuentran
estrechamente entrelazadas, como el trigo y la cizaña del Evangelio.
Compartiendo la misma causa material, se distinguen pero no existen separadas. Se puede
decir que la “iglesia conciliar” es como un tumor maligno dentro de la Iglesia
Católica. En la Jerarquía hay herejes formales y herejes materiales.
Los fieles no tradicionalistas son, en general, herejes materiales conducidos
al error y mantenidos en el error por los Pastores que profesan, con o sin
culpa, los errores conciliares. Esta posición
ha sido explicada por los Dominicos de
Avrillé en el artículo titulado “Una
Jerarquía para dos iglesias” y por Mons.
Tissier de Mallerais en su artículo “¿Existe
una Iglesia Conciliar?”.
UN
EQUÍVOCO
Los
términos que no admiten más que un sentido se denominan unívocos. Lo contrario
sucede con los términos no unívocos, que en filosofía se denominan equívocos y
análogos. Por ejemplo, la palabra "banco" es equívoca porque puede
significar un tipo de asiento, una mesa de trabajo, una empresa que
realiza operaciones financieras, el edificio donde esa empresa funciona, un
establecimiento médico de almacenamiento orgánico, un grupo de peces; una
elevación de arena o tierra del fondo del mar, de un río o lago, cercana a la
superficie; etc.
Conforme
a un segundo sentido, la "Iglesia conciliar" es la Iglesia Católica tal y como
es actualmente, esto es, decayendo o corrompiéndose (en sus aspectos humanos)
por obra de los modernistas que controlan la Iglesia desde el Concilio Vaticano
II. La “Iglesia
conciliar” es el sembradío de trigo con cizaña. En esta acepción, lo opuesto a
“Iglesia conciliar” no es “Iglesia Católica” sino “Iglesia preconciliar”.
Estos
dos primeros sentidos de la expresión "iglesia conciliar" no se
excluyen recíprocamente, pero sí excluyen a los dos siguientes.
En
un tercer sentido, la
"iglesia conciliar" es
esa sociedad que el común de la gente identifica erradamente con la Iglesia
Católica. La sociedad a cuya cabeza actualmente está Francisco y que es
conocida en todas partes como "Iglesia Católica", ya no es católica.
Ni la Jerarquía ni los feligreses que, por pertenecer a esta organización, se
dicen católicos son tales, sino que son herejes conciliares. La verdadera
Iglesia Católica existe reducida a dimensiones domésticas e individuales, al
estar compuesta solamente por los grupos tradicionalistas separados de Roma,
dispersos por el mundo. La
“iglesia conciliar” es la cizaña separada del trigo. En esta acepción, se suele hablar de "secta conciliar" como expresión sinónima de "iglesia conciliar". Este tercer sentido excluye a
los otros tres, es sostenido por muchos sedevacantistas, e inclina al
sedevacantismo y al cisma.
Según
un cuarto sentido, la
"iglesia conciliar" es
únicamente un mal espíritu (liberal y modernista) existente en la Iglesia
Católica. La “iglesia
conciliar” es un defecto o enfermedad en el trigo. Esto es lo que sostienen
Mons. Fellay, el P. Gleize y los acuerdistas en general. Este cuarto sentido
excluye a los otros tres.
Cabe
notar que, en las acepciones primera y tercera, a la organización o secta conciliar se le llama “iglesia”
impropiamente, como cuando hablamos de “iglesia anglicana”, de “iglesia
luterana”, etc. En la cuarta acepción, el término "iglesia" también es aplicado de modo analógico.
ECLESIAVACANTISMO
Y MAGISTERIO DE LA IGLESIA
¿Hasta
dónde puede avanzar la herejía en la Iglesia? ¿Hasta qué grado puede disminuir
su visibilidad? ¿Cuáles son los límites precisos del daño que puede recibir la
Iglesia en cuanto a las notas de unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad?
Estas con cuestiones ciertamente arduas.
Según
los eclesivacantistas más extremos, el triunfo del
modernismo desde el Vaticano II, hace que la Iglesia actualmente se encuentre
sin Papa, sin Obispos, sin Sacerdotes o con apenas un puñado de ellos no
contaminados con los errores modernos, y con el número de sus fieles tan mermado,
que no pasaría de algunos cientos o -con suerte- de unos pocos miles. Sin
embargo, decir eso equivale a afirmar esto otro: que las puertas del infierno
prevalecieron contra la Iglesia, porque, según
el Magisterio infalible, la Iglesia Católica no puede decaer hasta un grado tal
que llegue a ser un ínfimo remanente de fieles católicos dispersos por el
mundo, sin Papa y sin Obispos. En efecto, de conformidad al Concilio Vaticano
I, está excluida la posibilidad de que la Iglesia quede reducida hasta tales
extremos, pues ese concilio definió que, por institución del mismo Cristo, el
Papa tendrá perpetuos sucesores, y que perpetuamente
habrá Obispos subordinados a éste:
"Doctrina
de la Iglesia.
1)
La perennidad del Primado está definida explícita y directamente en el Concilio
Vaticano (D 1824s). [D 1825 Canon.
Si alguno, pues, dijere que no es de institución de Cristo mismo, es decir, de
derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en el
primado sobre la Iglesia universal... sea anatema. Nota del blog].
2)
La perennidad de la Iglesia está definida explícita, pero indirectamente, en el
mismo Concilio (D 1821 1824s).
3)
La perennidad de la Jerarquía la definió implícitamente el Concilio Vaticano I.
En efecto, definió explícitamente la perennidad del Primado (D 1824s). Es así
que también definió que es propio del Primado el tener subordinados a él
y gobernar a los Pastores u Obispos de la Iglesia universal (D
1827-1831). Luego siempre habrá Pastores u Obispos subordinados al Primado.
Esto mismo se enseña explícitamente en la introducción a la Constitución de la
Iglesia (D 1821)." (Sacrae
Theologiae Summa, por los Padres de la Compañía de Jesús, B.A.C., 1955, trat.
III, "De la Iglesia de Jesucristo", págs. 595-596).
ALGUNAS
OBJECIONES
Respuesta:
Existe una “masa de católicos
conciliares por costumbre, conformismo o comodidad, que tienen una pertenencia
puramente material a la iglesia conciliar” (Mons.
Tissier en Le
Sel de la Terre nº 85).
Pero para quedar excluido de la Iglesia, no basta la herejía material, sino que
la herejía debe ser formal (*). Luego, la inmensa mayoría de los que se dicen
católicos, pese a su herejía material, mantienen la fe católica y siguen
formando parte de la Iglesia Católica.
2.-
El mismo Mons. Tissier dice en ese artículo lo siguiente: “Y junto a esta
iglesia conciliar vulgar, ¿qué queda de la iglesia católica? respondemos que,
incluso reducida a un número modesto, la parte sana de sus fieles y tal vez a
un solo Obispo fiel, como podría ser, según el padre Emmanuel, la iglesia del
fin de los tiempos, la iglesia católica sigue siendo la iglesia católica”.
Pues bien, ese es el estado de la Iglesia en la actualidad. La Iglesia sigue
existiendo sólo en el pusillux
grex tradicionalista, no en
la estructura oficial o “iglesia conciliar”.
Respuesta:
En ese estudio Mons. Tissier sostiene que la iglesia conciliar y la Iglesia
Católica coexisten en el mismo sujeto, por eso en la frase citada por el
objetante se dice “junto a” (à côté). Nota: el P. Emmanuel, al menos en la obra
"El
Drama del Fin de los Tiempos", no dice que la Iglesia pudiera
llegar a tener, alguna vez, un solo Obispo fiel (ver la cita del Vaticano I,
arriba).
3.-
Las conocidas palabras del Cardenal Pie (en su Discurso para la Recepción de
las Reliquias de San Emiliano, Obispo de Nantes, de 8-11-1859): ..."a medida que el mundo se
aproxima de su fin (…) La
Iglesia, sociedad sin duda siempre visible, será reducida cada vez más a
proporciones individuales y domésticas”. Eso
es lo que presenciamos hoy. La verdadera Iglesia es la que se encuentra
actualmente reducida a esas proporciones
individuales y domésticas, la
que está integrada exclusivamente por los tradicionalistas en conflicto con la
“iglesia conciliar”, la impostora que aparenta ser la verdadera Iglesia
Católica
Respuesta:
El Card. Pie habla de un grave retroceso de la Iglesia, no de que habrá una
suplantación de la Iglesia Católica por otra organización.
4.-
La frase de Nuestra Señora de la Salette: “Roma
perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”.
Respuesta:
1° Ante todo hay que decir que las revelaciones privadas, en teología, no
se consideran como “lugares teológicos”, esto es, como “fuentes del
conocimiento teológico, ya sea para descubrir, ya sea para juzgar de lo
hallado, y como categorías de argumentos o domicilios y sedes de los argumentos
para probar y refutar” (Sacrae Theologiae Summa, BAC, 1955, Tomo I, pág. 20).
2° Esa frase no está en la redacción original de 1851, por lo que puede tenerse
como dudosa (ver acá ). 3° Aunque la
frase sea auténtica, la interpretación que hacen de ella los eclesiavacantistas no es la única concebible (ver
también acá ). 4° La Santa
Sede no puede desviarse tanto como para que llegue a ser, alguna vez, la sede
del Anticristo (ver arriba las citas del Magisterio Infalible del Concilio
Vaticano I).
5.-
Las palabras del Exorcismo de León XIII: “Donde
la Sede de San Pedro y Cátedra de la Verdad y la Luz para las naciones está
establecida, pusieron el trono de su abominación y de su impiedad, para que
golpeado el Pastor, puedan dispersar la grey”.
Respuesta:
De esas palabras no se puede inferir que ese trono haya suplantado a la Santa Sede.
6.- “La religión del concilio
Vaticano II es una religión específicamente distinta e incluso opuesta a la
religión católica. Es imposible que la religión conciliar esté dentro de
la Iglesia Católica, es imposible que ambas religiones subsistan juntas en un
mismo sujeto, en una misma organización. Luego, la “iglesia conciliar” y la
Iglesia Católica existen separadas.”
Respuesta:
1° El error de este razonamiento está en tomar como equivalentes o sinónimos
los términos religión e iglesia (ambos, además, no unívocos). En
sentido muy amplio, “iglesia” es la organización de los hombres que profesan
alguna de las “religiones cristianas”. Ahora bien, se puede profesar la falsa
religión conciliar sin culpa, incurriendo en herejía sólo material, y dado que
los bautizados que incurren en herejía únicamente material no dejan de
pertenecer a la Iglesia, se puede profesar la religión conciliar sin dejar de
ser católico; estando, de este modo, “la religión conciliar dentro de la
Iglesia católica”. 2° Además, San Pio X, calificó a los modernistas de
“organización clandestina” (Mot. Propr. Sacrorum
Antistitum, 1-9-1910) que se oculta “en el seno y gremio mismo de la
Iglesia” (Encícl. Pascendi,
8-9-1907).
7.- Objeción desde el extremo opuesto: "Si sigo con su lógica, debo
concluir que la Iglesia conciliar existe como una secta cismática, formalmente
otra que la Iglesia católica. Por lo tanto: todos sus miembros son, a lo menos,
materialmente cismáticos, comprendiendo a todos los ralliés; ellos están fuera
de la Iglesia; no podemos darle los sacramentos a menos que hayan abjurado
públicamente; los papas conciliares son antipapas"... (P. Gleize en entrevista publicada por
DICI el 7-6-13).
Respuesta:
1° Que la Iglesia conciliar
exista como una secta cismática, formalmente otra que la Iglesia católica, no impide que coexista con ésta en
el mismo sujeto, que las dos tengan la misma causa material. 2° El católico que
se hace materialmente
cismático, no queda, por eso,
fuera de la Iglesia, sino que para ello es necesario que incurra en cisma
formal.
8.-
Estas palabras de Mons. Lefebvre: “De
ahora en adelante, es a la iglesia conciliar a quien hay que obedecer y ser
fiel, ya no a la Iglesia Católica. (…) Nosotros estamos suspendidos a divinis
por la iglesia conciliar, y para la iglesia conciliar, de la cual nosotros no
queremos formar parte. Esta iglesia conciliar es una iglesia cismática, porque
ella rompe con la Iglesia católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su
nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto (…) La iglesia que
afirma semejantes errores, es a la vez cismática y herética. Esta iglesia
conciliar no es, por lo tanto, católica. En la medida en que el papa, los
obispos, sacerdotes o fieles se adhieran a esta nueva iglesia, ellos se separan
de la Iglesia católica. La iglesia de hoy no es la verdadera Iglesia más que en
la medida que ella continúe en unidad con la Iglesia de ayer y de siempre”. (Carta de Mons. Lefebvre en Le Sel de la Terre 36).
Respuesta: Dice Mons. Tissier en Le
Sel de la Terre nº 85 que Mons.
Lefebvre “parece admitir la transmutación de la Iglesia católica en la iglesia
conciliar. (…) El texto de Monseñor Lefebvre debe ser entendido con esta
precisión: es en la medida que los conciliares se adhieren exclusivamente a los
fines profanadores mencionados, que ellos salen de la Iglesia católica. Y de
esta medida, nosotros no somos jueces.”
9.- Las palabras de Mons. Lefebvre en la
famosa Declaración del 21 de noviembre de 1974:“Nos adherimos de todo
corazón, con toda el alma a la Roma católica, guardiana de la Fe católica y de
las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esa Fe, a la Roma eterna,
maestra de sabiduría y de verdad. En cambio, nos negamos (como nos hemos negado
siempre) a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante, que se
manifestó claramente en el Concilio Vaticano II, y después del Concilio, en
todas la reformas que de él surgieron.” Luego,
hay dos Romas, la Iglesia Católica y la “iglesia conciliar”, y existen
separadas.
Respuesta: Mons. Lefebvre distingue ambas Ramas o iglesias, pero no las
considera comoexistiendo separadas la
una de la otra. Por eso dice más adelante en la misma declaración, que “ninguna autoridad, ni siquiera la
más elevada Jerarquía, puede obligarnos a abandonar o disminuir nuestra Fe
católica”. En estas palabras hay un reconocimiento de la autoridad de la
Jerarquía oficial. Y agrega: “¿No
es eso lo que hoy en día nos repite el Santo Padre? Y si manifestase cierta
contradicción en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los
dicasterios, entonces optamos por lo que siempre se ha enseñado y hacemos oídos
sordos a las novedades destructoras de la Iglesia (…) proseguimos nuestra obra
(…) persuadidos de que podemos rendir mejor servicio a la Santa Iglesia
Católica, al Sumo Pontífice y a las generaciones futuras.” Reconoce acá al Papa en cuanto tal
y a los dicasterios romanos como formando parte de la Iglesia.
10.-
Estas otras palabras de Mons. Lefebvre: “Yo
digo: Roma ha perdido la fe, queridos amigos. Roma está en la apostasía.
¡No estoy hablando palabras vacías! ¡Esa es la verdad! ¡Roma está en la
apostasía! Ya no podemos tener confianza en esa gente. ¡Ellos abandonaron la
Iglesia! ¡Ellos abandonaron la Iglesia! Es cierto, cierto. No podemos
entendernos. Es eso, les aseguro, es la síntesis. No podemos seguir a esa
gente. Verdaderamente nos enfrentamos a gente que ya no tiene el espíritu
católico, que ya no tienen el espíritu católico. Es la abominación,
verdaderamente la abominación. Podemos decir que estas personas que ocupan Roma
actualmente son anticristos.” (Conferencia
en Ecône, 4-9-1987).
Respuesta:
Si Mons. Lefebvre realmente hubiera juzgado que Roma se encuentra fuera de la
Iglesia, ni habría firmado el protocolo de acuerdo con Roma ocho meses después
(mayo de 1988), ni habría dicho, al poco tiempo, estas otras palabras, entre
muchos otros ejemplos posibles: (…)
“suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que
quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien
impondría las condiciones.” (…)
(Fideliter n° 66, 1988). “Durante los últimos contactos que tuve en
Roma, varias veces quise sondear sus intenciones, medir si verdaderamente había
un cambio verdadero. (…) Si fui a discutir en Roma es porque yo quería ver si
podía llegar a un acuerdo con las autoridades de la Iglesia” (…). (Fideliter 68, 1989).
11.-
Lo dicho por Mons. Lefebvre en el retiro de 9-9-1989: “Creo que es necesario
convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica. No que
no haya Iglesia fuera de nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo,
se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia
visible. Pienso que se comete allí un error muy, muy grave. ¿Dónde está la
Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha
dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica. Les pregunto: ¿dónde
están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no
se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros,
en lo que representamos, lo que somos? Queda claro que somos nosotros quienes
conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.(…)
¿Dónde está la unidad de la fe en Roma? ¿Dónde está la unidad de la fe en el
mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos. (…) Ahora bien, esta unidad de
la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad
prácticamente. (…) No hay más catolicidad. ¿La apostolicidad? Rompieron con el
pasado. Si hicieron algo bien, es eso. (…) La apostolicidad: nosotros estamos
unidos a los Apóstoles por la autoridad. (…) En cuanto a la apostolicidad de la
fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos
cambiar nada. Y luego, la santidad. (…) Todo
eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la
Iglesia visible. Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias a
ustedes.Estas señales no se encuentran ya en los otros. No hay ya en
ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe la que es la base de toda
visibilidad de la Iglesia. (…) Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero
no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al
contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por
supuesto, al sucesor de Pedro (…)”. (Retiro
Sacerdotal en Ecône, 9-9-1988, Fideliter 66). Luego, si las notas no existen más
en lo que la gente llama “Iglesia Católica”, la cual, en realidad, es la
“iglesia conciliar” impostora; y sí existen esas notas en nosotros los
tradicionalistas; resulta que esa supuesta “Iglesia Católica” no es tal, y que
nosotros los tradicionalistas somos la verdadera Iglesia Católica.
Respuesta:
1° Mons. Lefebvre también dice ahí: “No
que no haya Iglesia fuera de nosotros”. Es decir, las notas subsisten fuera
del tradicionalismo. ¿Dónde? En la estructura oficial -¿dónde si no?- aunque
muy disminuidas por causa del modernismo. 2° Dice también: (las notas de la
Iglesia) “Están ¿más en la
Iglesia oficial o en nosotros (…)? La
pregunta es un reconocimiento de que las notas están en la Iglesia
oficial y en nosotros, aunque de modo desigual: menos la Iglesia
oficial y más en
nosotros. 3° Y por eso hacia el final agrega: “Es
la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes
rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos
a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro”.
12.-
Otras citas de Mons. Lefebvre que algunos interpretan en sentido eclesiavacantista:
a)
“Que no se equivoquen, no se trata de un desacuerdo entre Monseñor Lefebvre y
el Papa Pablo VI. Se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia
Católica y la Iglesia conciliar, representando la misa de Pablo VI el símbolo y
el programa de la Iglesia conciliar.” (Nota preliminar
de Mons. Lefebvre, 12-7-1976).
b)
“Todos aquellos que cooperan a la aplicación de esta alteración, los que
aceptan y se adhieren a esta nueva iglesia conciliar como la designó Su
Excelencia Monseñor Benelli en la carta que me dirigió en nombre del Santo
Padre, el 25 de junio pasado, entran en cisma.”(Declaración a
Le Figaro, 4-8-1976).
c)
“Debemos reunirnos en todas partes donde haya grupos de cristianos que todavía
creen en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, en su realeza, y que tienen
el amor en su corazón, el amor que la Santísima Virgen tiene por su Hijo Jesús.
Pues bien, aquellos que tienen este amor, son ellos los que son la Iglesia. Son
ellos. No son los que destruyen el reino de Nuestro Señor. ¡Esto hay que
decirlo abiertamente! Somos nosotros quienes somos la Iglesia católica. Son
ellos los que se separan de la Iglesia católica. No somos nosotros los que
hacemos cisma.” (Homilía en
Ecône, 28-8-1976).
d)
“Yo creo que nosotros estamos en la Iglesia, y que nosotros somos los que
estamos en la Iglesia y que somos los verdaderos hijos de la Iglesia; y que los
otros no lo son. Ellos no lo son porque el liberalismo no es hijo de la
Iglesia, el liberalismo está contra la iglesia, el liberalismo es la
destrucción de la Iglesia. En este sentido ellos no pueden decirse hijos de la
Iglesia. Nosotros podemos decirnos hijos de la Iglesia porque continuamos la
doctrina de la Iglesia, nosotros mantenemos toda la verdad de la Iglesia,
integralmente, tal como la Iglesia la enseñó siempre” (Conferencia en
Ecône, 21-12-1984).
e)
“El cardenal Ratzinger se esfuerza una vez más en dogmatizar el Vaticano II.
Nos enfrentamos a personas que no tienen ninguna noción de la Verdad. Estaremos
cada vez más forzados a actuar considerando esta nueva iglesia conciliar como
ya no católica.” (Carta a Jean
Madiran, 29-1-1986).
f)
“Son ellos que hacen otra iglesia. (…) El cardenal nos lo ha recordado no sé
cuántas veces: ¡No hay más que una Iglesia!... ¡No es necesario hacer una
Iglesia paralela! Entonces esta iglesia, evidentemente, es la iglesia del
concilio. (…) Entonces son ellos que hacen una iglesia paralela, no nosotros”. (Conferencia en Ecône, 9-6-1988).
g)
“Evidentemente nosotros estamos contra la iglesia conciliar que es
prácticamente cismática, incluso si ellos no lo aceptan. En la práctica, es una
iglesia virtualmente excomulgada, porque es una iglesia modernista.” (Fideliter 70,
1989).
h)
“Meterse al interior de la Iglesia ¿qué quiere decir? Y por principio, ¿de qué
Iglesia hablamos? Si es de la Iglesia conciliar, haría falta que nosotros, que
hemos luchado contra ella durante veinte años porque queremos a la Iglesia
Católica, entremos en esta iglesia conciliar supuestamente para volverla
católica. Es una ilusión total. (…) Fideliter. ¿No
teme que a la larga y cuando Dios le haya llamado a Sí, poco a poco la
separación se acentúe y que se tenga la impresión de una Iglesia paralela a lo
que algunos llaman la “Iglesia visible”?Monseñor. Esta historia de la
Iglesia visible de Dom Gérard y M. Madiran es infantil. Es increíble que se
pueda hablar de Iglesia visible para designar a la Iglesia conciliar por
oposición a la Iglesia católica que intentamos representar y continuar. Yo no
digo que somos la Iglesia católica. No lo he dicho nunca. Nadie puede
reprocharme de haber querido nunca considerarme un papa. Pero representamos
verdaderamente a la Iglesia católica tal como era en todo tiempo puesto que
continuamos lo que ella siempre ha hecho. Somos nosotros los que posemos las
notas de la Iglesia visible: la unidad, catolicidad, apostolicidad, santidad.
Es esto lo que constituye la Iglesia visible.” (Fideliter 70, 1989).
i)
Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a
los nuestros, una nueva iglesia que ellos llaman “la iglesia conciliar”. (…)
Todos lo que cooperan en la aplicación de esta alteración, aceptan y se
adhieren a esta nueva iglesia conciliar (…) entran en el cisma. ("Un Obispo Habla",
págs. 97 y 98).
Respuesta:
el pensamiento de Mons. Lefebvre acerca de la Iglesia está expresado en
términos muy precisos en su último libro, “Itinerario Espiritual” (1990). Cita
esclarecedora del capítulo 8, “La Iglesia”: “Así
como el Israel del Antiguo Testamento tuvo una historia muy turbulenta por sus
continuas infidelidades con Dios, muchas veces debidas a sus jefes y a sus
levitas, así también la Iglesia militante en este mundo conoce sin cesar
períodos de pruebas por causa de la infidelidad de sus clérigos, por sus
compromisos con el mundo. Cuanto de más arriba vienen los escándalos, tantos
más desastres provocan. Cierto
es que la Iglesia en sí misma conserva toda su santidad y sus fuentes de
santificación, pero la ocupación de sus instituciones por papas infieles, y por
obispos apóstatas, arruina la fe de los clérigos y de los fieles, esteriliza
los instrumentos de la gracia, favorece los asaltos de todas las potencias del
Infierno, que parecen triunfar. Esta apostasía convierte a estos miembros en
adúlteros, en cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de
la Iglesia y, por lo tanto, con la Iglesia de hoy, en la medida en que
permanece fiel a la Iglesia de Nuestro Señor. (…) Cuanto más ultrajada está
la Iglesia, tanto más debemos aferrarnos a Ella, en cuerpo y alma, y
esforzarnos por defenderla y asegurarle su continuidad, valiéndonos de sus
tesoros de santidad para reconstruir la Cristiandad”.
Un Sacerdote de la SAJM
_________________________________
(*): "Bien se puede decir que es sentencia unánime
entre los católicos, que los
herejes formales y manifiestos no
son miembros del cuerpo de la Iglesia." (Sacrae Theologiae Summa, B.A.C.,
1955, Trat. III, "De la Iglesia de Jesucristo", p.
847.). "Aun cuando los públicos apóstatas y herejes, los cismáticos y
los «excommunicati vitandi», quedan fuera de la organización jurídica de la
Iglesia, con todo, su relación con ella es esencialmente distinta que la de los
que no han recibido el bautismo. Como el carácter bautismal, que obra la
incorporación a la Iglesia, es indestructible, el bautizado, por más que cese
de ser miembro de la Iglesia, no queda completamente fuera de ella de suerte
que quede roto todo vínculo con la misma. Quedan en pie los deberes que se derivan
de la recepción del bautismo, aun cuando se halla perdido por castigo el uso de
los derechos que este sacramento confiere. Por eso, la Iglesia reclama el
ejercicio de su jurisdicción aun sobre los bautizados que se han separado de
ella." (Ludwig Ott,
Manual de Teología Dogmática, Herder, Barcelona, 1966, p. 467).



