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MILENARISMO

I

TODA CLASE DE MILENARISMO DEBE SER RECHAZADA

Iosepho F. Sagüés S. I.

(1907-1969)

In: Tractatus de NovissimisSacrae Theologiae Summa,
t. IV, 4.ª ed. (Madrid: B.A.C., 1962), pp. 827-1030;
CAPUT IV. De millenarismo.
THESIS 14. Millenarismus omnis reiciendus est,
pp. 1022-1027; trad. al esp. del sitio Mercaba.org.

NOTA: el blog ha destacado en color rojo ciertas partes del texto.

CAPITULO IV – DEL MILENARISMO

TESIS 14. Toda clase de milenarismo debe ser rechazada.

324. Nexo. Así pues ya que Jesucristo va a venir a la tierra y va a enviar definitivamente a los elegidos al cielo y a los malos al infierno, se puede preguntar si entre estos dos hechos, a saber, entre la venida de Jesucristo y la retribución final de los justos, El mismo va a reinar gloriosamente en la tierra entre los justos durante algún tiempo. Tratamos por tanto del milenarismo.

325. Nociones. EL MILENARISMO o quiliasmo (χιλιασμος) es la opinión, que (prescindiendo de multitud de diferencias con que la presentan sus defensores) afirma lo siguiente: después del estado actual de la Iglesia va a darse en la tierra un reino glorioso de Jesucristo, y en verdad lleno de toda clase de gozo, el cual va a durar alrededor de mil años.

Lo que se encierra en esta definición, es como el elemento esencial del milenarismo, lo cual lo admiten más o menos todos los que defienden esta opinión. En cambio son elementos secundarios, los que los quiliastas presentan de distintas formas: a) A ver si aquel reino, que debería sin duda tener súbditos en este mundo, va a suceder entre la segunda venida de Jesucristo y entre la resurrección general y el juicio final, según dicen comúnmente, y sin duda después de la resurrección de todos los justos o de la mayor parte de éstos o sin haberse dado esta resurrección, sino estando todavía viviendo en cuerpo mortal muchos justos; o por el contrario si más bien va a suceder después del juicio universal. b) Acerca de si este reino va a durar precisamente mil años, o simplemente va a durar un largo tiempo sin ninguna ulterior determinación o más bien con alguna determinación, o tal vez va a durar eternamente.

326. El milenarismo: a) Craso (esto es carnal) atribuye toda clase de deleites corporales, aparte de otros gozos, a la felicidad de este reino. b) El milenarismo mitigado (o espiritual, sutil) hace poner esta felicidad en los gozos o bien solamente espirituales o tal vez también, según el distinto modo de hablar, en gozos materiales totalmente honestos.

TODA CLASE, esto es, tanto el milenarismo craso como el mitigado.

DEBE SER RECHAZADA, no en el sentido de que todo milenarismo repugne intrínsecamente, sino porque de hecho el milenarismo es una teoría que no está de acuerdo con las fuentes.

327. Adversarios. En medio de una variedad tan grande de maneras de hablar es difícil distribuir en grupos a los defensores del milenarismo. Por tanto pueden citarse en general como adheridos al milenarismo: a) al craso, CERINTO, los Ebionitas, NEPOS. b) Al milenarismo mitigado, el cual lo enseñó en primer lugar, según parece, PAPIAS, S. IRENEO, S. JUSTINO, TERTULIANO y los Montanistas, S. METODIO, LACTANCIO (R 647); y se cita como próximos a éstos un gran número a partir del s.XIV, entre los cuales se encuentran, por citar aquí unos pocos, EYZAGUIRRE, MORRONDO, CHABAUTY, ROHLING, además de muchísimos Protestantes, como los Mormones, los Irvingianos, los Adventistas, otros como BIETENHARD, el cual espera, después de la primera resurrección de todos los que duermen y la transformación de los justos, algún reino de Jesucristo que gobierne visiblemente en Jerusalén y sobre Israel; M. DE LACUNZA, que tiene una gran preeminencia entre los milenaristas más modernos a causa del gran influjo que ejerció en autores posteriores, incluso en los Protestantes.

Del milenarismo entendido así difiere la opinión acerca de un futuro estado feliz de la Iglesia, sobre la cual opinión diremos algo después. De donde hay que preguntar si cada uno de aquellos autores que hemos citado u otros autores, los cuales también son nombrados como milenaristas, enseñan una venida de Jesucristo visible (al menos a manera de un acto, o sea no habitualmente), puesto que en otro caso juzgamos que no deben ser tenidos como milenaristas en sentido estricto.

El origen del milenarismo, que es difícil de determinar, parece que proviene del Judaísmo, en cuyos apócrifos y en otros escritos ya estaba en vigor antes de la encarnación de Jesucristo la idea de un tiempo futuro en el que los hombres gozarían de todos los bienes materiales, a los cuales sin embargo con frecuencia se decía que había que añadir también los bienes espirituales. Este tiempo, según las distintas opiniones, empezaría con el Mesías o sin el Mesías; alcanzaría solamente a los judíos o también a los no judíos que les estuvieran sometidos o también a los justos; duraría 400 ó 1000 ó 2000 años, etc. Así pues, aleccionados de este modo por el Judaísmo e interpretando mal el texto del Apocalipsis 20, parece que algunos cristianos han tomado la idea del milenarismo, la cual, según se ha dicho, Cerinto y otros la interpretaron materialmente y Papías y otros la concibieron de un modo espiritual.

328. Doctrina de la Iglesia. a) NegativamenteLa Iglesia en sus documentos nunca cita el reino milenario de Jesucristo. Más bien, según está claro por los textos que hemos aducido en favor del juicio final, solamente concibe una segunda venida de Jesucristo para juzgar a todos los hombres y en verdad una vez ya resucitados, a fin de dar a éstos de forma definitiva inmediatamente después el premio o el castigo.

b) Positivamente. La Sagrada Congregación del Santo Oficio encomendó el año 1941 al Exmo. señor Arzobispo de Santiago de Chile que había hecho una pregunta acerca del milenarismo espiritual, el cual parece ser que lo defendían algunos en su diócesis, lo siguiente: «El sistema del milenarismo, incluso del milenarismo mitigado – a saber el que enseña que según la revelación católica nuestro Señor Jesucristo antes del juicio final, bien después de la resurrección de muchos justos o bien sin haber todavía sucedido esta resurrección, va a venir corporalmente a esta tierra a fin de reinar – es una teoría que no puede enseñarse con seguridad». A estas palabras se añaden las siguientes: «Vuestra Exca. cuidará de vigilar con todo empeño a fin de que la teoría citada no sea enseñada bajo ningún pretexto, ni sea propagada, ni defendida, ni recomendada, tanto de palabra como con cualquier clase de escritos».

Luego estas palabras se refieren directamente: al milenarismo aunque sea el mitigado (por consiguiente mucho más se refieren al milenarismo craso, del cual no obstante no se habla en este texto directamente); en cuanto se dice que está contenido en la revelación pública; y en cuanto que enseña que Jesucristo va a venir: corporalmente, antes del juicio final, a fin de reinar (así pues no se niega que Jesucristo tal vez en alguna ocasión se aparezca por otro motivo, corporalmente en este mundo durante un breve tiempo, v.gr. como apareció a Pablo), a esta tierra, bien después de la resurrección de muchos justos bien sin haber sucedido todavía esta resurrección; y se afirma que esta teoría del milenarismo no puede enseñarse con seguridad; igualmente se prohíbe cualquier clase de propaganda de la misma.

329. Después la misma Sagrada Congregación, el año 1944, respondió a una pregunta acerca de «qué había que pensar sobre el sistema del milenarismo mitigado, a saber el que enseña que nuestro Señor Jesucristo antes del juicio final, bien después de haber resucitado muchos justos bien sin haber todavía resucitado éstos, va a venir a esta tierra para reinar», lo siguiente: «El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad».

Esta respuesta, según se ve claramente, repite la respuesta anterior, sin embargo omitiendo las palabras de aquella primera respuesta «según la revelación católica» y substituyendo la palabra «corporalmente» por la palabra «visiblemente».

330. Valor dogmático. El milenarismo craso es considerado por los teólogos como herético, y ciertamente con toda razón en cuanto que es opuesto a la Sagrada Escritura (Mt 22,30; 1 Cor 15,50; Rom 14,17).

El milenarismo mitigado es una opinión por lo menos temeraria.

331. Prueba de la Sagrada Escritura. La Sagrada Escritura en ninguna parte habla del reino milenario; más aún, si bien no lo rechaza expresamente, une con la segunda venida de Jesucristo la resurrección universal de los muertos y el juicio final, al cual le sigue en verdad inmediatamente la ejecución de la sentencia, de tal modo que no deja lugar alguno al reino milenario (cf. v.gr. Mt 24,3.27-31 y 25,31-46; Jn 5,27-29; Mt 16,27; 2 Tim 4,1).

Tampoco después del juicio se otorga a los justos un reino milenario, sino un reino eterno: Mt 25,34. Después de la resurrección en el último día (Jn 6,39) acontece en el último día el juicio (Jn 14,48), al cual sigue la inmediata retribución del premio o del castigo (Mt 24-25; 1 Tes 4,15s).

332. Prueba de la tradición. Los SS.PP. rechazan enérgicamente cualquier clase de milenarismo. S.JERONIMO habla «de la fábula de los mil años». S.AGUSTIN, el cual anteriormente había admitido el milenarismo, después lo rechaza.

Por lo demás en cuanto a los Padres partidarios del milenarismo (mitigado) Pesch dice lo siguiente: «Así pues, si desea ya alguien deducir por sus palabras, cuáles son los escritores antiguos insignes por su autoridad en Teología Dogmática, los cuales han enseñado el milenarismo más espiritual, pueden reducirse a dos: Justino e Ireneo, influidos por la veneración de Papías, y estos dos admiten que otros buenos cristianos piensan en sentido contrario. De donde el argumento que alguien pretendiera extraer de la tradición prácticamente no tiene valor ninguno». Más aún Rosadini añade acerca de otros las siguientes palabras: «Estos… ni presentan esta época de felicidad (ciertamente espiritual) en el mismo sentido, ni siempre lo hacen de forma aseverativa, y, lo que todavía es más de tener en cuenta, se oponen a éstos otros varones eclesiásticos de gran autoridad».

Y en cuanto a los Padres posteriores Franzelin escribe lo siguiente: «Después de Lactancio, al comienzo del siglo IV, ya ningún autor serio y católico hasta hoy ha mencionado esta teoría, sin que haya sido para al mismo tiempo desaprobarla y rechazarla». «Así pues, no puede haber ninguna duda acerca de la unanimidad universal, constante y ratificada de los Padres y de los Doctores, por lo menos a partir del siglo V hasta nuestros días, en el hecho de rechazar esta opinión milenarista».

333. Objeción. Sin embargo parecería que milita en favor del milenarismo el texto del Apoc 20: Luego vi a un ángel que bajaba del cielo… Dominó al dragón… y lo encadenó por mil años… vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús… revivieron y reinaron con Cristo mil años. Los demás muertos no revivieron sino hasta que se acabaron los mil años. Es la primera resurrección. Dichoso… el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos… y reinarán con Cristo mil años. Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión y saldrá a seducir a las naciones… Entregó el mar los muertos que tenía en su seno, y asimismo la muerte y el infierno entregaron los que tenían, y fue juzgado cada uno según sus obras. La muerte y el infierno fueron arrojados al estanque de fuego; esta es la segunda muerte.

Así pues según estas palabras parecería que iban a resucitar primeramente los justos, los cuales reinarían con Cristo en la tierra durante mil años, y después todos los demás para el juicio final.

Sin embargo hay que negar esto. El libro del Apocalipsis es muy oscuro. De aquí que el texto que se ha presentado como objeción, no poco difícil en sí mismo, debe ser entendido haciendo uso de aquella interpretación, que esté más de acuerdo con la analogía de los dogmas, si bien tal vez esta interpretación sea menos literal y obvia.

Por tanto en el reino de Cristo durante mil años, esto es a lo largo de un largo tiempo antes de la segunda venida de Jesucristo, muchas almas alcanzan la santidad y la salvación eterna: esta es la resurrección primera.

Los impíos, en cuanto que no resucitan de este modo espiritualmente, se dice que están muertos. Al fin del mundo se le permitirá al diablo atacar con más dureza el reino de Jesucristo, todos los muertos resucitarán corporalmente (esta es la resurrección segunda) y después del juicio final los impíos serán entregados al fuego: esta es la muerte segunda. Esta interpretación adecuada del texto, ya expuesta por S. Agustín, es la más común entre los teólogos y exegetas católicos.

Además en el texto que se ha puesto de objeción no se indica que aquel reino va a ocurrir en esta tierra, o después de la segunda venida de Jesucristo.

Wickenhauser es de la opinión, la cual no debe ser admitida por los demás, de que aquella primera resurrección es propiamente la resurrección corpórea de los mártires, por la que se indicaría simbólicamente que éstos son galardonados con algún privilegio de la gloria.

334. Escolio. Del estado feliz que va a tener la Iglesia. Según esta teoría, antes de la llegada de Jesucristo se dará un largo período en el cual la Iglesia se encontrará en un estado muy feliz. Afirman esto, además de muchos acatólicos, ciertos católicos como Bisping.

Esta opinión, según Beraza, es «falsa y está muy alejada del dogma católico»; según Lercher «debe ser desaprobada como temeraria». Sin embargo, si mantiene la doctrina de Jesucristo acerca de que se debe llevar la cruz, no parece que deba ser calificada de este modo. No obstante carece sin duda de un fundamento sólido: pues la cruz de Cristo siempre hay que llevarla (Lc 9,23; 14,25); en la Iglesia siempre habrá trigo y cizaña (Mt 13,24-30), ovejas y cabritos (Mt 25,32s); corderos y lobos (Lc 10,3), buenos y malos (Mt 13,47); en todos, incluso en los justos, siempre quedará la concupiscencia derivada del pecado original (D 792), fuente de muchos males morales, e igualmente la posibilidad de sufrir físicamente.

[Del mismo autor y obra, L. I, Cap. III, art. 1]:

314. Escolio 2. Espectación del Milenarismo o quiliasmo. Defendieron el Milenarismo más craso o Reino Milenario lleno de delicias de cosas sensibles, a partir de finales del siglo I Cerinto, y desde el último tercio del siglo II Montano y los montanistas. Fueron insignes refutadores de este Milenarismo a comienzos del siglo III el presbítero romano Cayo, y dentro del mismo siglo los alejandrinos Orígenes y Dionisio. Sin embargo influidos, sobre todo por el texto del Apocalipsis 20,1-10, muchos escritores eclesiásticos antiguos admitieron un cierto Milenarismo terrestre, entre los cuales se cuenta San Justino, el cual no obstante dijo "te he manifestado que no admiten esto muchos y precisamente de aquella clase de cristianos, que sigue la sentencia piadosa y pura". Con todo posteriormente San Jerónimo atacando las invenciones del Milenarismo, dice: "Estas invenciones aunque estamos en contra de ellas, sin embargo no podemos condenarlas, porque las han dicho muchos de entre Los varones eclesiásticos mártires".

315. Por consiguiente por estos testimonios de San Justino, hacia el año 155, y de San Jerónimo, hacia el año 420, consta que ciertamente muchos autores eclesiásticos atacaron siempre el Milenarismo, pero que no pocos también lo admitieron. Así pues sostuvieron cierto Milenarismo, a finales del siglo I, el autor de la Epístola de Bernabé; en el siglo II Papías (R 658), San Justino, San Ireneo (R 260); en el siglo III Tertuliano (R 338), San Hipólito, Nepos Obispo alejandrino, Commodiano, Victorino Petavionense; en el siglo IV San Metodio Olimpo, Lactancio (R 647), Apolinar de Laodicea, El Ambrosiaster, y ¿tal vez San Ambrosio?; por último en el siglo V Sulpicio Severo, San Agustín en su primera época (R 1521), el cual sin embargo retractó posteriormente esta opinión y propuso la explicación del texto del Apocalipsis 20,1-6, que después resultó la explicación común (R 1768 1769). Baste con esto que hemos dicho acerca del Milenarismo cristiano en la época de los Santos Padres.

316. A partir de mediados del siglo V solamente se citan unos pocos autores entre los católicos, que defendieran un cierto Milenarismo muy mitigado o que al menos miraran este Milenarismo muy mitigado con benevolencia, como por ejemplo en nuestros días M. Chasles y aquellos que este autor cita. Esta clase de Milenarismo todavía no lo ha condenado la Iglesia de forma definitiva. Sin embargo la Sagrada Congregación del Santo Oficio ya declaró el año 1941: "El Milenarismo mitigado no puede enseñarse sin peligro" (D 2296).

317. Los primeros Protestantes estuvieron ciertamente libres de este error. Sin embargo entre las sectas iluminístas de los Protestantes se citan muchas que defienden el Escatologísmo y el Milenarismo: la llamada Comunidad Neo Apostólica, los Mormones, los Adventistas, los Ruselianos o Milenaristas, los Anabaptistas y otras sectas. Los Judíos esperaban un cierto feliz Reino Mesiánico Milenario, cuyas ficciones parece que han ejercido influencia entre los Milenaristas cristianos.

318. Objeciones.

(...)

326. 9. Apocalipsis 20,1-6. Después de la economía cristiana y antes del juicio final se anuncia una intermedia economía milenaria dichosa, en la cual los justos reinarán con Jesucristo mil años; luego la Iglesia no va a perdurar hasta el juicio final.
Respuesta. La economía milenaria, que se anuncia, no es otra cosa que la Iglesia militante misma, según la explicación de San Agustín, la cual la proponen muy comúnmente los autores católicos como más verdadera, en contra de aquella hipótesis que habían seguido algunos Santos Padres e incluso San Agustín también la había seguido antes de su retractación (R 1768 1769; véase R 1521 y el Índice teológico n. 604).

***



II

LA IDEA DE REINO EN EL PADRENUESTRO, SEGÚN LOS CATECISMOS DE TRENTO Y DE SAN PÍO X

En la parte I, vimos que TODA CLASE DE MILENARISMO DEBE SER RECHAZADA.

En esta entrada probamos que el Catecismo del Concilio de Trento y el Catecismo de San Pío X, cuando explican la segunda petición del Padrenuestro ("Venga a nos tu Reino"), NUNCA se refieren a un supuesto reino milenario de Cristo.


“CATECISMO DE SAN PÍO X”, Parte II, De la Oración, Cap. II, De la Oración dominical (Mercaba.org):

3ª.- De la segunda petición.

294.- ¿Qué entendemos por REINO DE DIOS? - Por reino de Dios entendemos un triple reino espiritual: el reino de Dios en nosotros, que es la gracia; el reino de Dios en la tierra, que es la Iglesia Católica, y el reino de Dios en el cielo, que es la bienaventuranza.

295.- ¿Qué pedimos en orden a la gracia con las palabras VENGA A NOSOTROS TU REINO? - En orden a la gracia, pedimos que Dios reine en nosotros con su gracia santificante, por la cual se complace de morar en nosotros como rey en su corte, y que nos conserve unidos a sí con las virtudes de la Fe, Esperanza y Caridad, por las cuales reina en nuestro entendimiento, en nuestro corazón y en nuestra voluntad.

296.- ¿Qué pedimos en orden a la Iglesia con las palabras venga a nosotros tu reino? - En orden a la Iglesia, pedimos que se dilate y propague por todo el mundo para la salvación de los hombres.

297.- ¿Qué pedimos en orden a la gloria con las palabras venga a nosotros tu reino? - En orden a la gloria, pedimos ser un día admitidos en la bienaventuranza, para que hemos sido creados, donde seremos cumplidamente felices.


“CATECISMO ROMANO O DE TRENTO O DE SAN PÍO V”, Parte Cuarta, Cap. III, Segunda petición del Padrenuestro (Mercaba.org):

(…)

III. "Venga a nos tu Reino"

A) Diversos significados de la palabra "reino"

Reino es una palabra de amplio significado. Para precisarle mejor convendrá analizar las distintas expresiones con que frecuentemente aparece en la Sagrada Escritura.

1) En su sentido más obvio y común, el "reino de Dios" significa el poder que tiene el Señor sobre todo el género humano v sobre toda la creación y la admirable providencia con que rige y gobierna a todas las criaturas. Tiene en sus manos -escribe el profeta- las profundidades de la tierra, y suyas son también las cumbres de los montes (Ps 94, 4). "Las profundidades de la tierra" equivale a decir todo lo creado, todo lo que en el mundo se contiene, aun lo más oculto y desconocido para el hombre. ¡Señor, Señor -exclama Mardoqueo en el libro de Ester-, Rey omnipotente, en cuyo poder se hallan todas las cosas, a quien nada podrá oponerse si quisieres salvar a Israel!... Tú eres dueño de todo y nada hay, Señor, que pueda resistirte (Est 13, 9-11).

2) Se usa también, y de modo especial, "el reino de Dios" para significar el gobierno y providencia con que Dios rige y se cuida del hombre en la tierra, particularmente de los justos y santos: Es Yavé mi pastor; nada me falta (Ps 22, 1); Yavé es nuestro Rey, él nos salva (Is 33, 22).

B) El reino de Dios no es de este mundo

Y aunque ya en la vida terrena los justos viven sometidos a la ley de Dios, no obstante, según explícita afirmación de Cristo, su reino no es de este mundo (Jn 18,36). Es un reino que no tuvo su principio en el mundo ni acabará con él.

También los reyes, emperadores y jefes de Estado tienen su reino en el mundo; pero su soberanía tiene su origen en los hombres por medio de elecciones, de violencias o injusticias. Cristo, en cambio, fue constituido Rey y Señor por Dios; y su reino es el reino de la justicia: Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo (Rm 14, 17).

Reina en nosotros Cristo por las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad; por medio de ellas participamos de su reino, nos hacemos de modo singular súbditos de Dios y nos consagramos a su culto y veneración. Como San Pablo pudo escribir: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Ga 2, 20), también nosotros podemos afirmar: Reino yo, mas no soy yo el que reino; reina en mí Cristo.

C) El reino de la Gracia y el reino de la Gloria

Llámase a este reino justicia ("el reino de la Gracia") porque es fruto de la justica de Cristo nuestro Señor. Él mismo dice: El reino de Dios está dentro de vosotros (Lc 17,21). Porque aunque Jesucristo reina por la fe en todos los que pertenecen a la Iglesia, su reino se actúa de manera especial en quienes, animados por la fe, esperanza v caridad, son sus miembros puros, santos y vivos: miembros en los que se puede decir que reina la gracia de Dios.

Hay aún otro reino: el de la gloria de Dios. A él se refería Cristo en el Evangelio: Venid, benditos de mi Padre; tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo (Mt 35, 24). Éste es el reino que pedía sobre la cruz el buen ladrón: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino (Lc 23, 42). A este reino aludía también San Juan en el Evangelio: Quien no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos (Jn 3, 5). Y San Pablo: Ningún fornicario, o impuro, o avaro, que es como adorador de ídolos, tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios (Ep 5, 5). Es el reino anunciado por el Maestro en varias de sus parábolas.

El reino de la gracia precede necesariamente al reino de la gloria, porque es imposible que reine en el de la gloria quien no hubiera reinado antes en el de la gracia de Dios. Cristo nos dijo que la gracia es fuente de agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 14).

La gloria, por lo demás, no es más que la gracia perfecta y absoluta. Mientras el hombre -durante la vida terrena- camina en el cuerpo débil y mortal lejos de la patria, tropieza y cae si rechaza el apoyo de la gracia; pero cuando, iluminado por el esplendor de la gloria, entre en la bienaventuranza del reino eterno y en la perfección del cielo, desaparecerá todo pecado y debilidad, sustituido por la plenitud perfecta de la vida, y después de nuestra final resurrección reinará Dios en el alma y en el cuerpo. (Cf. art. del Credo "Creo en la resurrección de la carne").

IV. Universalidad de esta petición

La petición "Venga a nos el tu reino" tiene una amplitud de intención universal. Pedimos en ella que el reino de Cristo-la Iglesia-se dilate por todas partes; que los infieles y judíos se conviertan a la fe de Jesucristo y reciban en sus corazones la revelación del Dios vivo y verdadero; que los herejes y cismáticos retornen a la verdadera fe y vuelvan a entrar en la comunión de la Iglesia, de la que viven separados.

Pedimos el cumplimiento de las palabras de Isaías: Ensancha el espacio de tu tienda, extiende las pieles que te cubren; no las recojas, alarga tus cuerdas y refuerza tus clavos, porque extenderás a derecha e izquierda, y tu descendencia poseerá las naciones y poblará las ciudades desiertas. Las gentes andarán en tu luz, y los reyes, a la claridad de tu aurora. Alza los ojos y mira en torno tuyo; todos se reúnen y vienen a ti; llegan de lejos tus hijos, y tus hijas son traídas a ancas (Is 54, 2-5 Is 60, 3-4).

Y puesto que hay muchos aun en la misma Iglesia que confiesan a Dios con las palabras y le niegan con las obras, porque -esclavos del demonio, que por el pecado habita en ellos como en casa propia- tienen una fe desfigurada y deforme, pedimos también al Padre que venga para ellos su reino, para que, ahuyentadas las tinieblas del mal, sean iluminados por los rayos de la luz divina y restituidos a su antigua dignidad de hijos de Dios.

Pedimos también para la heredad del Señor la victoria sobre los herejes y cismáticos, sobre los escandalosos y los viles, de manera que, purificado el campo de la Iglesia por el Padre celestial, pueda ésta tributarle el homenaje de un culto piadoso y santo en el gozo de una paz serena y tranquila.

Pedimos, por último, que sólo viva y reine en nosotros Dios; que no vuelva a repetirse en nuestras almas la muerte espiritual de que tantas veces fuimos víctimas; que sea absorbida ésta por la victoria de Cristo nuestro Señor, victorioso de todos los enemigos y soberano dominador de todas las cosas.

***



III

CONDENA DEL MILENARISMO MITIGADO

Decreto del Santo Oficio condenando el milenarismo mitigado, 21 de julio de 1944.
“Desde los primeros siglos de la Iglesia no han faltado partidarios del milenarismo.

Algunos libros apócrifos del judaísmo precristiano, como el libro III de los Oráculos sibilinos, el libro de Enoc etiópico, el libro de los Jubileos y el Apocalipsis de Baruc, hablan de los tiempos venideros, en los cuales las fieras salvajes se amansarán, los hombres gozarán de toda clase de bienes materiales, vivirán tantos o más años que los patriarcas antediluvianos y serán de estatura gigante. Esta concepción, que unas veces va unida a bienes espirituales y a la presencia del Mesías y otras nada tiene que ver con éste, presenta en los diversos libros duración distinta, y es la que se conoce con el nombre de milenarismo craso.

De los judíos pasó a los primeros cristianos, que creyeron ver un fundamento para ella en la afirmación del capítulo XX del Apocalipsis de San Juan, según la cual Cristo habrá de reinar mil años con los justos antes del juicio final (El pasaje es oscuro, como todo el libro del Apocalipsis; pero no habla de cuerpos resucitados, y puede cómodamente entenderse del espacio que media entre la muerte y el juicio final, durante el cual Cristo reina en el cielo con los justos). Cerinto y los ebionitas, según Eusebio, participaron de esta creencia (Historia Eclesiástica III 28: MG 20, 275); la supone el capítulo XV de la Epístola del Pseudo-Bernabé, y la aceptan San Papías (Cf. Funck, Patrum Apostolicorum opera, vol.2, Papiae Frag. I), San Justino (Dial, cum Tryph.. MG 6,663), San Ireneo (Adversus haereses, V 31. MG 7, 11210-1218), Tertuliano (Adversus Marción, III 24: ML 2355) y otros de menor importancia. Todos éstos habían de un reinado espiritual de Cristo sobre la tierra, bien sobre los hombres que en ella viven, bien sobre los justos resucitados, pero siempre antes del juicio final. Esta forma de milenarismo suele llamarse milenarismo mitigado.

Ya San Justino, en el lugar citado, decía que muchos buenos católicos no lo admitían. Y así lo rechazaron expresamente Eusebio, Orígenes, Dionisio Alejandrino, San Basilio, San Jerónimo y San Agustín; cuyo argumento principal es que la Iglesia sólo admite en el Símbolo una doble venida de Cristo: la primera a redimirnos y la segunda a juzgarnos.

El presente decreto del Santo Oficio declara que el milenarismo mitigado no se puede enseñar con seguridad. Con esta declaración oficial obtiene valor para la Iglesia universal la precedente respuesta privada del mismo Santo Oficio al arzobispo de Santiago de Chile, de 11 de julio de 1941, a propósito de un brote reciente de estos errores en el territorio de su jurisdicción (Véase el texto latino con las Annotationes del P. Silvio Rosadini en Periódica, 31).

La carta del Santo Oficio decía así:

«Palacio del Santo Oficio, 11 julio 1941.
Excmo. y Revdmo. Sr. :
Se ha recibido en este Santo Oficio la carta número 126/40, de 22 de abril de 1940, en que V. E. daba noticia de que en esa archidiócesis había quienes defendían el sistema de los milenaristas espirituales y que cada día iba en aumento el número de los admiradores de tal doctrina y de la obra del P. Lacunza Venida del Mesías en gloria y majestad. Al mismo tiempo, V. E. pedía a la Santa Sede las normas oportunas.
Llevado el asunto a la reunión plenaria del miércoles día 9 de este mes, los Emmos. y Revdmos. Cardenales de esta Suprema Sagrada Congregación mandaron responder:
El sistema del milenarismo aun mitigado —o sea, del que enseña que, según la revelación católica, Cristo Nuestro Señor ha de venir corporalmente a reinar en la tierra antes del juicio final, previa la resurrección de muchos justos o sin ella— no se puede enseñar con seguridad.
Así, pues, apoyándose en esta respuesta y en la condenación ya hecha por este Santo Oficio de la obra del P. Lacunza, V. E. procurará vigilar cuidadosamente para que dicha doctrina bajo ningún pretexto se enseñe, propague, defienda o recomiende, sea de viva voz, sea por cualquier escrito.
Para conseguirlo podrá emplear V. E. los medios necesarios no sólo de persuasión, sino también de autoridad, dando, si fuere oportuno, las instrucciones que fueren necesarias a los que enseñan en el seminario y en los institutos.
Y si surgiere algo de mayor gravedad, no omita V. E. comunicárselo al Santo Oficio.
Aprovecho la ocasión para testimoniarle el sentimiento de mi estimación y quedo de V. E. afectísimo, F. Card. Marcchetti Selvaggiani. — Excmo. y Revdmo. Sr. D. José M. Caro Rodríguez, arzobispo de Santiago de Chile.»

La precedente carta habla de un milenarismo que se enseñara como perteneciente a la revelación cristiana. El decreto del Santo Oficio para la Iglesia universal prescinde de las razones que dicho milenarismo invoque en su favor.

En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una  vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué se debe pensar del sistema del milenarismo mitigado, que enseña que Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, previa la resurrección de muchos justos o sin ella, ha de venir visiblemente a reinar en esta tierra.

Propuesto el asunto a examen en la reunión plenaria del miércoles 19 de julio de 1944, los eminentísimos y reverendísimos señores cardenales encargados de la tutela de la fe y de las costumbres, oído previamente el voto de los reverendos consultores, decretaron responder que el sistema del milenarismo mitigado no se puede enseñar con seguridad.

Y el día siguiente, jueves 20 del mismo mes y año, nuestro Santísimo Padre Pío, por la divina Providencia Papa XII, en la acostumbrada audiencia concedida al excelentísimo y reverendísimo asesor del Santo Oñcio, aprobó, confirmó y mandó publicar esta respuesta de los eminentísimos Padres.

Dado en Roma, desde el Palacio del Santo Oficio, a 21 de julio de 1944.—J. Pepe, notario de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio.”

("DOCTRINA PONTIFICIA I, Documentos Bíblicos", B.A.C., Madrid, 1955, p. 560-562).
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II. Comentario autorizado concomitante;
traducción seguida del original, en francés:

ERROR MILENARISTA
(in: Nouvelle Revue Théologique,
n.º 67, de 1945, pp. 239-241.)

Como dan a entender las primeras palabras del documento, a este decreto lo precedió una respuesta del Santo Oficio, datada en 11 de julio de 1941, al Arzobispo de Santiago de Chile, país donde el error milenarista parecía propagarse con mucha fuerza, a causa –entre otros motivos– de una renovación del interés por el libro Venida del Mesías en gloria y majestad, obra póstuma de J. J. Ben-Ezra (seudónimo de Manuel Lacunza) que ya se había incluido en el Índex en 1824. Esta respuesta se encuentra reproducida y comentada en el número del 15 de abril de 1942 de los Periodica (t. 31, p. 166-175). El decreto actual la retoma, omitiendo sin embargo esta restricción: “secundum revelationem catholicam”, que se leía después de las palabras: “docentis scilicet”, y substituyendo “corporaliter” por “visibiliter”.

El decreto afirma, por tanto, que el milenarismo (o quiliasmo), incluso mitigado o espiritual, según el cual Cristo retornaría de forma visible a la tierra, para reinar en ella, antes del juicio final, precedido o no por la resurrección de cierto número de justos, [el decreto afirma] que una doctrina tal no puede enseñarse sin imprudencia respecto a la fe. Como la respuesta de 1941 añadía: “Excellentia tua enixe vigilare curabit ne praedicta doctrina sub quocumque praetextu doceatur, propagetur, defendatur vel commendetur sive viva voce sive scriptis quibuscumque” [N. del T. – “Vuestra Excelencia se ocupará de vigilar con cuidado por que, bajo pretexto alguno, no se enseñe, propague, defienda o recomiende la mencionada doctrina, ni de viva voz ni por ningún tipo de escrito, sea cual fuere.”], no debe entenderse el “doceri” solamente como enseñanza o predicación públicas, sino como todo y cualquier medio de propagar o recomendar la teoría. El decreto posee, además, alcance doctrinal, e implica que la propia teoría no es segura desde el punto de vista de la fe.

Bien sabido es que el milenarismo, heredado del judaísmo, encontró durante los primeros siglos de la Iglesia ecos entre los cristianos e incluso entre ciertos Padres: Papías, San Justino, San Ireneo, Tertuliano, San Hipólito fueron, en diversos grados, milenaristas. No obstante, entre otros, Orígenes, San Dionisio de Alejandría y sobre todo San Jerónimo y San Agustín se opusieron a esta doctrina y, ya “en el Concilio de Éfeso, se menciona el milenarismo de la siguiente manera: las divagaciones y los dogmas fabulosos del infeliz Apolinario”… “Aunque el quiliasmo no ha sido calificado como herejía, la sentencia común de los teólogos de todas las escuelas ve en él una doctrina ‘errónea’ a la cual ciertas circunstancias de las edades primitivas pudieron arrastrar a algunos antiguos Padres” (Cf. E.-B. Allo, O. P., Saint Jean, L’Apocalipse, 3ª. edición, pp. 307-329). La fe de la Iglesia no conoce sino dos venidas de Cristo, y no tres. El principal texto sobre el cual se apoyan los milenaristas es el difícil capítulo 20 del Apocalipsis de San Juan; sin embargo, sea cual fuere su sentido, debatido entre exégetas, ningún comentador católico sostiene la interpretación milenarista.

G. GILLEMAN, S.I.
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IV

EL MILENARISMO NUNCA FUE UNA CREENCIA UNÁNIME DE LOS SANTOS PADRES

Extracto de un artículo de Moimunanblog

SOBRE EL MILENARISMO

[Fragmento de Theologiae cursus completusMigne, tom. XI, Parisiis, 1838, pp. 644-646.]

Digo primero: El reino milenario en la tierra de Cristo con los santos es ficticio.

·        Primero se prueba a partir de la Sagrada Escritura.

1º Mat. 22, 30: “Primeramente, en la resurrección no se toma mujer ni esposo, sino que son como ángeles en el Cielo”. Con lo cual, el reino de Cristo con los santos no será según los placeres carnales, incluso según los moderados.

2º El ángel profetiza que el futuro reino de Cristo es eterno, Luc. 1, 33: “reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. También Mat. 24 y 25: en el juicio final, así como los réprobos son enviados a la gehemna eterna, del mismo modo son invitados los santos al reino eterno, lo que ya definió la Iglesia en el concilio de Constantinopla, con estas palabras del Credo: “El reino de Él no tendrá fin”. Con lo cual, el reino de Cristo con los santos no debe ser circunscrito a mil años.

·        Segundo se prueba a partir de los ss. Padres que lucharon contra éste error.

1º Según Gaio, escritor muy antiguo, conforme Euseb. lib. 3, c. 22.

2º Según s. Dionys. Alexand. lib. de Promissionibus.

3º Según Euseb. lib. 3, cit. c. 33. donde haciendo comentarios sobre s. Papías, dice: “11. El mismo Papías cuenta además otras cosas como llegadas hasta él por tradición no escrita, algunas extrañas parábolas del Salvador y de su doctrina, y algunas otras cosas todavía más fabulosas. 12. Entre ellas dice que, después de la resurrección de entre los muertos, habrá un milenio, y que el reino de Cristo se establecerá corporalmente sobre esta tierra. Yo creo que Papías supone todo esto por haber tergiversado las explicaciones de los apóstoles, no percatándose de que éstos lo habían dicho figuradamente y de modo simbólico.”

4º Según s. Hieron. en el prefacio lib. 18, Coment. a Is.

5º Según s. Epiph. haeres. 77, refutando tal error levantado por Apolinario.

6º Según s. Agustin lib. 20 de Civit. cap 7, donde admite que él mismo ha sido partidario de aquella opinión.

·        Tercero se prueba por la razón.

Es ficticio el reino milenario de Cristo con los santos en la tierra después del juicio universal, si los santos inmediatamente al morir, en la medida que son plenamente purgados, consiguen en el cielo una clara visión de Dios, y por eso la suma beatitud, imperdible y eterna. Mas así es, por probarse la siguiente conclusión; con lo cual:

La objeción primera con referencia al celebre y oscuro lugar del cap. XX, donde se dice:

“1. Vi después a un ángel que bajaba del cielo llevando en la mano la llave del Abismo y una cadena enorme. 2. Sujetó al dragón, la serpiente antigua, que es Satanás o el diablo, y lo encadenó por mil años. 3. Lo arrojó al Abismo, cerró con llave y además puso sellos para que no pueda seducir más a las naciones hasta que pasen los mil años. Después tendrá que ser soltado por poco tiempo. 4. También vi unos tronos, y sentados en ellos los que tienen poder para juzgar. Vi también las almas de aquellos a quienes les cortaron la cabeza por causa de las enseñanzas de Jesús y de la Palabra de Dios. Vi a todos los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente o en la mano. Volvieron a la vida y reinaron mil años con el Mesías. 5. Esta es la primera resurrección. El resto de los muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años. 6. ¡Feliz y santo es el que participa en la primera resurrección! La segunda muerte ya no tiene poder sobre ellos: serán sacerdotes de Dios y de su Mesías y reinarán con él mil años. 7. Y cuando se terminen los mil años, Satanás será soltado de su prisión, 8. saldrá a engañar a Gog y Magog etc.” Mas aquello es el reino mismo de los milenarios; con lo cual…

Respuesta: Niego la suposición. Porque en éste lugar no se hace ninguna mención, ni a la ley, ni a la circuncisión que ha de ser reavivada, ni al templo de Jerusalén que ha de ser reconstruido, como comentaba Cerintio, ni a los placeres corporales, incluso a los moderados, como fabulaba Papías. Por eso, se entiende aquel lugar del Apocalipsis con respecto al reino espiritual que forman y formarán los justos con Cristo a través de todo el intervalo que se da entre la muerte de Cristo hasta la venida del Anticristo; de tal modo que “mil años”, dice s. Agustin lib. 20 de Civ. c. 7, “se ponen por todos los años de éste siglo, para denotarse mediante numero perfecto la plenitud misma de los tiempos”, al igual como el acostumbrado decir de la Sagrada Escritura por el cual se designa a veces una multitud máxima e indefinida, como en aquel Salmo 104, 8:“Él se acuerda eternamente de su alianza, de la palabra que dio por mil generaciones”; asimismo en Salmo 89 y Job. 9. Éste lugar entero se interpreta según el sentido dado por s. Agustin y por el ilustrísimo Bossuet en Exposit. Apocal. cap 2.

La objeción segunda con respecto a lo que urge según la autoridad de muchos Padres de los primeros tres siglos, la de Justino, Irineo, Tertuliano, Lactancio, Severo Sulpicio y la de otros que han sostenido el reino milenario de Cristo; con lo cual…

Respuesta: Los dichos Padres, como ya he afirmado, han sido victimas de los sermones apócrifos del Señor, cuales son los sermones que Papías había puesto en papel siguiendo a unas mal entendidas tradiciones orales de los Apóstoles; pero cuando llegó a conocerse que estos sermones eran suposiciones, inmediatamente todos los Padres impugnaron esa opinión sobre el milenario reino de Cristo.

Se establece: Según Tertul. de Praescrip. haeret. c. 31, “aquello es del Señor y verdadero, lo que es antes dado [prius traditum]; pero lo que es añadido después, aquello es extraño y falso”; mas la opinión del reino milenario de Cristo con sus santos ha sido dada antes [prius tradita est], al ser la sostenida por los Padres de los primeros tres siglos; con lo cual…

Respuesta: Niego la premisa menor. Porque se considera pertenecer a la tradición (traditum) o tener fuerza de tradición aquello “lo que siempre (quod semper), lo que en cualquier lugar (quod ubique) lo que por todos (quod ab omnibus) ha sido dado en tradición”, como dijo Vicentius Lirin en Commonit. Sin embargo LA SENTENCIA SOBRE EL REINO MILENARIO DE CRISTO CON SUS SANTOS NI SIEMPRE, NI EN CUALQUIER LUGAR, NI POR TODOS HA SIDO DADA EN LA TRADICIÓN EN LOS PRIMEROS TRES SIGLOS DE LA IGLESIA, y de hecho Gaius, muy antiguo escritor del siglo segundo o, por lo menos, del tercero, también Dionisio de Alejandría, cual florecía alrededor del siglo tercero, lucharon contra ésta sentencia, incluso s. Justino Mártir mismo, patrón de ésta, en el Diálogo con Trifón, evidencia que muchos, píamente y cristianamente sintiendo, se habían opuesto a ésta sentencia; y esas son sus palabras: “Te confieso que de hecho yo y muchos otros lo mismo que yo sintiendo, consideramos esto [el reino terrenal de Cristo], como bien sabéis, como venidero. Pero también te he mostrado que muchos de los que tienen pura y pía opinión cristiana no reconocen esto.” Este lugar, observa el ilustrísimo Bossuet en Expositione Apocal. c. 20, fue pervertido por el herético protestante Josepho Mede.

La objeción tercera con respecto a Mat. 26, 29 “Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre”; con lo cual en el reino de Cristo los santo disfrutarán de las delicias corporales de la comida y de la bebida.

Respuesta: Niego la consecuente. Porque aquellas palabras, como otros lugares de la Sagrada Escritura donde se hace mención a la comida y a la bebida, deben ser entendidas en sentido místico con referencia al disfrute de las delicias espirituales. O, según interpreta Juan Crisóstomo, aquellas palabras han de referirse al tiempo que interviene entre la resurrección y ascensión de Cristo, que de nuevo bebió de este fruto de la vid, para probar la verdad de la resurrección suya.

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V

DEL SENTIDO DE LA PALABRA "REINO" EN EL PADRENUESTRO, SEGÚN SANTO TOMÁS DE AQUINO

Fuente: Stat veritas


SANTO TOMAS DE AQUINO: "EL PADRENUESTRO y EL AVEMARÍA COMENTADOS"


Segunda Petición VENGA A NOS TU REINO


Como está dicho, el Espíritu Santo hace que amemos, deseemos y pidamos rectamente. 

Y primeramente causa en nosotros el temor por el que tratamos de que sea santificado el nombre de Dios.

Otro don es el don de piedad. La piedad es propiamente un afecto tierno y devoto al Padre, y también a todo hombre que se halle en la miseria.

Como Dios es ciertamente nuestro Padre, no solamente debemos reverenciarlo y temerlo, sino que también debemos tenerle un amor tierno y delicado. Y este afecto es el que nos hace pedir que venga el reino de Dios. Tit 2, 12-13: "Vivamos en este siglo con piedad y justicia, aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios".

Mas se podría preguntar: El reino de Dios siempre ha existido: ¿por qué pues pedimos que venga?

Debemos responder que esto puede entenderse de tres maneras.

A) En primer lugar porque algunas veces un rey tiene tan sólo el derecho del reino o del señorío; y sin embargo aún no se declara el dominio de ese mismo reino porque la gente del reino aún no se le sujeta. Luego su reinado o dominio se declarará cuando la gente del reino se le sujete.

Ahora bien, por sí mismo y por su naturaleza Dios es el Señor de todo. Dan 7, 14: "A Él se le dio el poder, el honor y el reino". Es necesario, por lo tanto, que todo le esté sometido. Pero esto no se ha realizado aún, sino que se realizará al fin del mundo. 1 Cor 15, 25: "Él debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos a sus pies". Por lo cual pedimos y decimos: "Venga a nos tu reino".

Y esto lo pedimos en cuanto a tres cosas: que los pecadores se conviertan y sean salvados por la gracia de Dios; que los pecadores sean castigados en la vida presente para su conversión para que escapen el castigo eterno;  que los pecadores contumaces en impenitencia final sean castigados; y la muerte destruida.

Porque los hombres están sometidos a Cristo de dos maneras: o voluntariamente, o a la fuerza. Como, en efecto, la voluntad de Dios es de tal manera eficaz que se tiene que cumplir totalmente y Dios quiere que todas las cosas se le sometan a Cristo, una de esas dos maneras será necesaria: o sea, que o el hombre haga la voluntad de Dios sometiéndose uno a sus mandatos, y esto es lo que hacen los justos; o que Dios haga con todos su propia voluntad castigándolos, y esto hará con los pecadores y con sus enemigos. Lo cual será en el fin del mundo. Salmo 109, 1: cuando "ponga a tus enemigos de escabel de tus pies".

Por lo cual les es dado a los santos (los justos que viven en el estado de gracia santificante) el pedir que venga el reino de Dios, o sea, que se le sometan aquéllos totalmente.

Mas para los pecadores contumaces es algo horrible, porque el pedir que venga el reino de Dios no es sino que por voluntad de Dios se les someta a los suplicios. Amos 5, 18: "¡ Ay de los [pecadores] que ansían el día del Señor!".

Pero con esto se destruirá la muerte. En efecto, como Cristo es la vida, en su reino no puede existir la muerte, que es lo contrario de la vida. Por lo cual se dice en 1 Cor 15, 26: "El último enemigo en ser destruido será la muerte".

Y esto ocurrirá en la resurrección. Fil 3, 21: "Transformará nuestro vil cuerpo en un cuerpo semejante al suyo glorioso".

B) En segundo lugar el reino de los cielos se llama gloria del paraíso. Ni es de admirar, porque reino no significa sino gobierno. Y se da el mejor gobierno donde nada hay contra la voluntad del gobernante. Ahora bien, la voluntad de Dios es la salvación de los hombres, porque El quiere que [todos] los hombres se salven (cf. 1 Tim 2, 4). Y esto será principalmente en el paraíso, donde no habrá nada contrario a la salvación de los hombres.

Mt 13, 41: "Los ángeles quitarán de su reino todos los escándalos". Mas en este mundo hay muchas cosas contrarias a la salvación de los hombres. Así es que cuando pedimos "Venga a nos tu reino" oramos para ser partícipes del reino celestial y de la gloria del paraíso.

Y este reino es sobremanera deseable por tres motivos. Primeramente por la soberana justicia que en él hay. Isaías 60, 21: "Tu pueblo: todos justos". Y si bien aquí los malos están mezclados con los buenos, allá no habrá ningún malo y ningún pecador.

También por su perfectísima libertad. Pues aquí no existe la libertad, aunque todos naturalmente la desean; pero allá habrá libertad plena contra toda clase de esclavitud. Rom 8, 21: "La criatura misma será liberada [de la esclavitud] de la corrupción". Y no sólo serán todos libres sino que también serán reyes: Apoc 5, 10: "Nos hiciste reyes para nuestro Dios".

La razón de ello es que todos tendrán la misma voluntad con Dios; y Dios querrá todo lo que los santos quieran, y éstos lo que Dios quiera: de modo que al hacerse la voluntad de Dios se hará la de ellos. Y por lo mismo todos reinarán, pues se hará la voluntad de todos, y el Señor será la corona de todos. Isaías 28, 5: "En aquel día el Señor de los ejércitos será corona de gloria y diadema de gozo para el resto de su pueblo".

También por su maravillosa plenitud [de bienes]. Isaías 64, 4: "Ningún ojo ha visto, sino sólo Tú, oh Dios, lo que has preparado para los que te están aguardando".
Salmo 102, 5: "El es el que sacia con sus bienes tus deseos".

Y adviértase que el hombre hallará todo en solo Dios más excelentemente y más perfectamente que todo cuanto encuentre en el mundo. Si buscas el deleite, el supremo deleite encontrarás en Dios; si riquezas, en El encontrarás toda la abundancia que da su razón de ser a las riquezas; y así en cuanto a lo demás. Dice San Agustín en sus Confesiones: "Cuando el alma fornica alejándose de ti, fuera de ti busca las cosas puras y límpidas que no encuentra sino cuando vuelve a ti".

C) El tercer motivo [de pedir a Dios que venga su reino] es que algunas veces reina en este mundo el pecado. Y esto ocurre cuando el hombre está de tal manera dispuesto que sigue inmediatamente y hasta el final su inclinación al pecado. Dice el Apóstol en Rom 6, 12: "Que no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal"; sino que Dios debe reinar en tu corazón. Isaías 7, 7: "Sión, reinará tu Dios". Y esto ocurre cuando está presto a obedecer a Dios y a observar todos sus mandamientos.

Así es que cuando pedimos que venga el reino de Dios, pedimos que no reine en nosotros el pecado, sino Dios.

Por esta misma petición llegaremos a la bienaventuranza, de la que se dice en Mt 5, 4: "Bienaventurados los mansos". En efecto, según laprimera explicación [del "venga a nos tu reino"], por desear el hombre que Dios sea el Señor de todos, no se
venga de la injuria que se le infiera, sino que se la deja a Dios. Porque si te vengaras, no desearías que viniese su reino.

Y según la segunda explicación, si esperas su reino, o sea, la gloria del paraíso, no debes preocuparte si pierdes los bienes de este mundo.

Asimismo según la tercera explicación, si pides que Dios reine en ti y su Cristo, como El fue mansísimo, también tú debes ser manso. Mt 11, 29: "Aprended de Mí
que soy manso". Hebr 10, 34: "Con alegría aceptasteis el despojo de vuestros bienes".
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Para el mayor teólogo de todos los tiempos, la palabra "reino" del Padrenuestro nunca se relaciona con el supuesto reino milenario de Cristo. 
El reinado de Cristo visible por mil años en la tierra es una idea incompatible con la teología de Santo Tomás de Aquino. 

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VI

ORIGEN JUDÍO DEL MILENARISMO

"La teoría del milenarismo tuvo sus raíces en la literatura judía, obsesionada siempre con la idea de un Mesías reinando gloriosamente sobre la tierra" 

Cita del libro Le Sens Mystique de l’Apocalypse, por Dom Jean de Monléon OSB (*), Edit. Nouvelles, Paris, 1948, pags. 325-329 (hemos destacado ciertos pasajes en negrita):

El reino de los mil años

(...) el Anticristo tendrá la pretensión de imponer a sus súbditos un rito análogo al del bautismo, donde los nuevos cristianos son marcados en la frente con el sello de Jesucristo. Todos estos servidores permanecen fieles a Dios a pesar de la persecución, son muertos, es verdad, a los ojos de los hombres: pero, en realidad, habiendo franqueado las puertas del otro mundo, ellos encontraron, en la unión de su alma con su Creador, una vida nueva mucho más perfecta que la de aquí abajo. Y ellos reinaron mil años con Cristo.

Estas últimas palabras requieren algunas explicaciones, pues es por ellas que se introdujo la doctrina llamada del milenarismo; doctrina rechazada por la Iglesia desde hace siglos y que sin embargo ve, de vez en cuando, levantarse nuevos campeones a su favor, bajo el falaz pretexto que cuenta con la opinión favorable de varios Padres auténticamente ortodoxos. Sus partidarios, los milenaristas, llamados también quiliastas, sostienen que antes del día de la resurrección general, los justos retomarán sus cuerpos y  resucitados, reinarán mil años en esta tierra, en Jerusalén restaurada, con Cristo. Luego vendrá la segunda revuelta de Satanás, el combate supremo contra la Iglesia llevado a cabo por Gog y Magog, la aniquilación de los rebeldes por Dios, y finalmente la resurrección universal seguida del Juicio final. Habría así dos resurrecciones sucesivas, separadas por un intervalo de mil años: la de los mártires primero, luego el resto de la humanidad.

La teoría del milenarismo tuvo sus raíces en la literatura judía, obsesionada siempre con la idea de un Mesías reinando gloriosamente sobre la tierra.Retomada, en tiempos de San Juan, por el heresiarca Cerinto, es exacto que en los siglos II y III de la era cristiana, algunos Padres, y no los menores, lo adoptaron bajo formas diversas y más o menos atenuadas. Podemos citar entre ellos a San Justino, san Ireneo, Tertuliano, etc. …

Pero el parecer de estos escritores no puede de ninguna manera ser mirado como representativo de la creencia de la Iglesia: para que el testimonio de varios Padres pueda ser considerado como la expresión de la Tradición católica, es necesario, dicen los teólogos, “que no sea impugnado por otros”. Esta condición no existe en este caso: el mismo San Justino reconoció que la teoría milenarista estaba lejos de ser admitida por todos; Orígenes la reprobó y la trató de necedad judaica. San Jerónimo rompió deliberadamente con ella:

Nosotros no esperamos, escribió, con las fábulas que los judíos decoran con el nombre de tradiciones, que una Jerusalén de perlas y de oro desciendan del cielo; nosotros no nos someteremos de nuevo a la injuria de la circuncisión, a ofrecer carneros y toros como víctimas, y a dormir en la ociosidad del Sabbat. Hay demasiados de nosotros que han tomado en serio estas promesas, notablemente Tertuliano en su libro titulado De la esperanza de los fieles; Lactancio, en su séptimo libro de las Instituciones; el obispo Victoriano, de Pettau, en numerosas disertaciones y, últimamente, nuestro Sulpicio Severo en el diálogo al cual dio el nombre de Gallus. En cuanto a los Griegos, cito el primero y el último, Irineo y Apolinar.

San Agustín se pronunció en el mismo sentido: si al principio tiene ciertas dudas, enseguida lo vemos, en La Ciudad de Dios, condenar claramente el quiliasmo, y esta opinión es la que prevaleció a partir de entonces, tanto en Oriente como en Occidente, en la Iglesia. A partir del siglo IV, no encontramos ningún escritor católico digno de consideración, que defienda el milenarismo, y el parecer unánime de los teólogos, entre los más importantes hay que citar a Santo Tomás y San Buenaventura, lo desecha resueltamente.

Sin duda, en la Edad Media, escribe el Padre Allo, Joaquin de Fiore y su escuela enseñaron una doctrina que era una especie de milenarismo espiritual, pero que no hay que confundir con quiliasmo antiguo. Éste no perseveró más que en ciertos luteranos o en las oscuras sectas protestantes; muy raros son los exegetas católicos que se esfuerzan en renovarlo bajo una forma atenuada y conciliable con la ortodoxia.Aunque el quiliasmo no haya sido calificado como herejía, el parecer común de los teólogos de todas las escuelas ve allí una doctrina errónea a la que ciertas condiciones de los tiempos primitivos pudieron arrastrar a algunos antiguos Padres.

La expresión: Y ellos reinaron mil años con Cristo, debe entonces, como ya lo indicamos, entenderse en un sentido místico. Los mil años designan todo el período que comprende entre el día en que Cristo, por su Resurrección, abrió el reino de los cielos, franqueando las puertas con su Santísima Humanidad, hasta el día que, gracias a la resurrección general, los cuerpos de los elegidos entrarán a él. Pero las almas de los bienaventurados ya están allí, estrechamente unidas a Aquél que es su verdadera vida; ellas participan en la gloria de Cristo, ellas constituyen su corte, ellas reinan con Él.
(...) 
¿En qué consiste esta primera resurrección? En salir, por la penitencia, del estado de pecado, en apartarse de la muerte espiritual, a recobrar la vida de la gracia. Todos aquellos que sabrán tomar parte en ella y perseverar, serán un día bienaventurados y santos: bienaventurados porque ellos obtendrán la beatitud saliendo de este mundo; santos, porque ellos serán establecidos y confirmados en la gloria, de tal manera que la segunda muerte, es decir, la condenación eterna, no tendrá ningún poder sobre ellos. Ellos serán los sacerdotes de Dios y de Cristo, ellos ofrecerán sin cesar el sacrificio de alabanza a Dios autor de todo bien, y al mismo tiempo que a Cristo, obrero de nuestra Redención; y sus almas reinarán en el cielo con Él durante mil años, es decir: hasta el día en que sus cuerpos les serán devueltos.
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(*) Otras obras del P. Monleón:

Le Cantique des Cantiques
La Fête du Christ-Roi
Les Patriarches (Histoire Sainte 1)
Moïse (Histoire Sainte 2)
Josué et les Juges (Histoire Sainte 3)
Le prophète Daniel (Histoire Sainte 4) 
Le roi David (Histoire Sainte 5)
Les instruments de la perfection (commentaire ascétique sur le chapitre IVe de la Règle de S. Benoît)
Commentaire sur le Prophète Jonas
Les noces de Cana
L’Oraison
Les XII degrés de l’humilité (commentaire ascétique sur le chapitre VIIe de la Règle de S. Benoît) 

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VII

SANTO TOMÁS DE AQUINO CONTRA EL MILENARISMO


“Con ocasión esas palabras del Apocalipsis [Apoc. 20], como relata San Agustín (Ciudad de Dios, libro XX), algunos herejes afirmaron que habrá una primera resurrección de los muertos para reinar con Cristo en la tierra durante mil años: de donde se les llama quiliastas o milenaristas [quidam haeretici posuerunt primam resurrectionem futuram esse mortuorum, ut cum Christo mille annis in terra regnarent; unde vocati sunt Chiliastae, quasi millenarii], y ahí San Agustín muestra que hay que entender de otra cosa esas palabras [de Apoc. 20], a saber, de la resurrección espiritual, por la cual los hombres resucitan del pecado por el don de la gracia. La segunda resurrección es la de los cuerpos. Mientras que por Reino de Cristo se entiende a la Iglesia, en la que reinan con Él no sólo los mártires, sino también los demás elegidos (…) Y milenario no significa un determinado número, sino que significa todo el tiempo que ahora transcurre, en el que los santos reinan con Cristo" (…). 

La cita está tomada del libro IV de los Comentarios a las Sentencias de P. Lombardo (d. 43, q. 1, a. 3, qc 1).

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VIII

SAN BEDA CONTRA EL MILENARISMO
CITADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO EN LA CATENA ÁUREA

... "algunos han inventado la fábula judaica de los mil años que seguirán a la resurrección de los justos; en cuyo tiempo todo lo que dejemos por Dios nos será devuelto con creces en tanto que se nos da la vida eterna. Y no ven los ignorantes que, si en las demás cosas la promesa puede ser digna -según los demás evangelistas, se recibirá centuplicadamente- respecto de las mujeres parece ser una torpeza, sobre todo porque el Señor asegura que en la resurrección no habrá ya matrimonio y -según San Marcos-, nos será devuelto lo que hubiéremos dejado en este tiempo con las persecuciones que, según enseñan ellos [los milenaristas], en aquellos mil años no existirán."

... "quidam Iudaicam mille annorum fabulam post resurrectionem iustorum aedificant, quando omnia quae propter Deum dimittimus, multiplici nobis sint fenore reddenda, et insuper vita aeterna donanda: nec vident inexperti, quod si in ceteris digna sit repromissio, in uxoribus tamen, iuxta alios Evangelistas centenis, appareat turpitudo; praesertim cum dominus in resurrectione non esse nubendum testetur; et iuxta Marcum, ea quae dimissa fuerint, in hoc tempore cum persecutionibus accipienda confirmet, quasi in illis mille annis abesse dogmatizant.”

(Catena Áuera, Coemtario Lucas 18 24-30).