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miércoles, 21 de octubre de 2020

ESCÁNDALO: MONS. VIGANÒ SOBRE LA APROBACIÓN DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES POR BERGOGLIO

 


FUENTE: ALDO MARIA VALLI

Roma, 21 de octubre de 2020 - El sitio web Vatican News[1] ha anunciado que una película documental titulada "Francesco", realizada por el director Evgeny Afineevsky, se proyectará hoy en el Festival de Cine de Roma. 

Este documental - según la Agencia Católica de Noticias[2] y el sitio America, the Jesuit review[3] - hace públicos algunos de los pronunciamientos de Jorge Mario Bergoglio sobre la homosexualidad. Entre otras afirmaciones, estas frases son desconcertantes:

"Los homosexuales tienen derecho a formar parte de una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie ni hacerles la vida imposible por esto"[4].

"Lo que necesitamos hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Estoy a favor de esto"[5].

No hace falta ser teólogo o moralista para saber que tales afirmaciones son totalmente heterodoxas y constituyen una causa muy grave de escándalo para los fieles.

Atención, sin embargo: estas palabras constituyen la enésima provocación con la que la parte ultraprogresista de la Jerarquía trata de provocar astutamente un cisma, como ya lo ha intentado con la exhortación postsinodal Amoris laetitia, la modificación de la doctrina sobre la pena capital, el Sínodo Panamazónico y la inmunda Pachamama, la Declaración de Abu Dhabi reiterada y agravada luego por la encíclica Fratelli tutti. 

Parece que Bergoglio intenta descaradamente "subir la apuesta" en un crescendo de declaraciones heréticas, para obligar a la parte sana de la Iglesia - episcopado, clero y fieles - a acusarlo de herejía, para luego declararla cismática y "enemiga del Papa". 

Jorge Mario Bergoglio trató de obligar a algunos cardenales y obispos a separarse de la comunión con él, obteniendo como resultado no su propia deposición por herejía, sino la expulsión de los católicos que quieren permanecer fieles al perenne Magisterio de la Iglesia. Esta trampa tendría - en las presuntas intenciones de Bergoglio y su "círculo mágico" - el objetivo de consolidar su propio poder dentro de una iglesia que sólo sería nominalmente "católica" pero en realidad herética y cismática.

Este engaño cuenta con el apoyo de la élite globalista, los medios de comunicación y el lobby LGBT, al que muchos clérigos, obispos y cardenales no son ajenos. No olvidemos que en muchas naciones hay leyes vigentes que castigan como delito a quienes, también sobre la base de su propio Credo, consideran reprobable y pecaminosa la sodomía o no aprueban la legitimación del "matrimonio" homosexual. Un pronunciamiento de los obispos contra Bergoglio en un asunto como la homosexualidad podría autorizar a la autoridad civil a procesarlos con la aprobación del Vaticano. 

Por lo tanto, Bergoglio tendría de su lado no sólo la "iglesia profunda" representada por los rebeldes como el Padre James Martin, s.j. y los exponentes del "camino sinodal" alemán, sino también el "estado profundo". No es casualidad que el documental también contenga un respaldo al candidato demócrata en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses, junto con una desconcertante condena de la política de la administración Trump, acusada de separar a las familias que intentan entrar ilegalmente en los Estados Unidos, cuando en realidad el presidente se enfrenta a la trata de personas y al tráfico de niños. 

Así, mientras que a los obispos conservadores americanos se les prohíbe intervenir en el debate político en apoyo del Presidente Trump, el Vaticano puede permitirse interferir casualmente en las elecciones de su oponente democrático, uniéndose a la censura social y mediática de las gravísimas acusaciones contra la familia Biden.

Como católicos, estamos llamados a defender a los que defienden la vida, la familia natural, la soberanía nacional. Creímos tener al Vicario de Cristo de nuestro lado. Reconocemos dolorosamente que, en este choque de épocas, el que debería liderar la Barca de Pedro ha elegido ponerse del lado del Enemigo, para hundirla. Pensando en el valor de los Santos Pontífices para defender la integridad de la Fe y promover la salvación de las almas, sólo podemos observar: "Quantum mutatus ab illis!

 + Carlo Maria Viganò, Arzobispo

______

[1]https://www.vaticannews.va/it/papa/news/2020-10/papa-francesco-film-documentario-festival-cinema-roma.html

[2]https://www.catholicnewsagency.com/news/pope-francis-calls-for-civil-union-law-for-same-sex-couples-in-shift-from-vatican-stance-12462

[3]https://www.americamagazine.org/faith/2020/10/21/pope-francis-gay-civil-union-documentary 

[4] «Homosexuals have a right to be a part of the family. They’re children of God and have a right to a family. Nobody should be thrown out, or be made miserable because of it».

 [5] «What we have to create is a civil union law. That way they are legally covered. I stood up for that».

GRAVÍSIMO: EL PAPA MANIFIESTA SU APOYO A LAS UNIONES CIVILES DE SODOMITAS


sábado, 17 de octubre de 2020

MONS. CARLO MARIA VIGANO: FRATELLI TUTTI ES UN "MANIFIESTO IDEOLÓGICO AL SERVICIO DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL"

 LIFE SITE NEWS

TRADUCCIÓN DE ADELANTE LA FE (excepto notas)


TRES PREGUNTAS DE JOHN HENRY WESTEN A CARLO MARIA VIGANÒ

Qué opina de Fratelli tutti, en particular con respecto al silencio de la encíclica en torno a lo que ésta califica de «mayores preocupaciones» de los políticos?

Al hablar de las preocupaciones que más deberían promover la acción de los políticos, Fratelli tutti menciona «el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado». Todas estas cosas son plagas que se deben denunciar, pero creo que todo el mundo las reconoce como tales. El punto focal, y mucho más importante desde el punto de vista moral, sobre el que calla la encíclica, es el aborto, que por desgracia hoy se reivindica como un derecho2.

Este silencio atronador sobre el crimen más odioso a los ojos de Dios –dado que se comete contra una criatura inocente e indefensa privándola de la vida– delata la cortedad de miras de ese manifiesto ideológico al servicio del Nuevo Orden Mundial.  Estrabismo que contempla los planteamientos del pensamiento único con total sumisión ideológica y a las enseñanzas del Evangelio con la mirada miope y avergonzada de quien lo considera inviable y desfasado.

Se pasa totalmente por alto la dimensión espiritual y trascendente, así como la moral natural y católica. Ahora bien, ¿qué fraternidad podrá haber entre los seres humanos cuando no se da importancia al hecho de matar a un inocente? ¿Cómo se puede condenar la exclusión social mientras se calla la más criminal de las exclusiones sociales, la de un hijo que tiene derecho a vivir, a crecer, a amar y ser amado, a adorar y servir a Dios y a alcanzar la vida eterna? ¿De qué sirve ocuparse del tráfico de armas si se puede declarar hermanos a quienes desmiembran a un niño en el vientre materno, a quien aspira un cerebro un instante antes del parto? ¿Cómo es posible anteponer la fraternidad al horror de envenenar al enfermo o al anciano privándolo de la posibilidad de unirse a la Pasión del Señor en el sufrimiento? ¿Qué respeto a la naturaleza cabe invocar cuando se acepta que es posible modificar el sexo de la persona inscrito en nuestros cromosomas, o que se pueda considerar familia a la estéril unión de dos hombres o dos mujeres? La furia destructora de la madre tierra no vale para quienes, manipulando la obra admirable del Creador, se arrogan el derecho de modificar el ADN de plantas, animales y seres humanos.

La encíclica Fratelli tutti no sólo está falta de Fe; carece igualmente de Esperanza y de Caridad. En su texto no se percibe el eco de la voz del Divino Pastor y Médico de las almas, sino el gruñido del lobo rapaz o el silencio del mercenario (Jn. 10,10). No hay el menor atisbo de amor ni a Dios ni al prójimo, porque para desear verdaderamente el bien del hombre actual es necesario despertarlo de la hipnosis buenista, ecologista, pacifista, ecumenista y mundialista. Para amar al hombre pecador y rebelde, es preciso hacerle entender que lejos de su Creador y Señor terminará por ser esclavo de Satanás y de sí mismo, así como que su fraternidad con otros condenados no remediará la inevitable enemistad con Dios; que no serán el mundo y la filantropía quienes lo juzguen, sino Nuestro Señor, que también murió por él en la Cruz.

Creo que esta lamentabilísima Fratelli tutti representa en cierto modo el vacío de un corazón marchito, de un ciego privado de la visión sobrenatural que a tientas trata de responder a quien –empezando por él mismo– desconoce. Sé bien que es una afirmación dolorosa y grave, pero creo que más que preguntarnos por la ortodoxia de este documento tendremos que preguntarnos cuál es el estado de un alma incapaz de experimentar un arranque de Caridad, de dejarse abrazar por un rayo divino en la gris monotonía de un sueño utópico, caduco y cerrado a la gracia de Dios.

El introito de la Misa de este domingo nos suena a modo de advertencia:

Salus populi ego sum, dicit Dominus: de quacumque tribulatione clamaverint ad me, exaudiam eos: et ero illorum Dominus in perpetuum. Attendite, popule meus, legem meam: inclinate aure vestram in verba oris mei.3

El Señor es la salvación de su pueblo, que será escuchado en la tribulación a condición de que opte por la ley de Él. Nos lo dice Nuestro Señor sin medias tintas: «Separados de Mí no podéis hacer nada» (Jn15, 5). La utopía de la Torre de Babel, por mucho que se actualice y se muestre bajo las novedosas apariencias de las Naciones Unidas o el Nuevo Orden Mundial, está destinada a desmoronarse y a que no quede piedra sobre piedra porque no está fundada sobre la piedra angular que es Cristo:

«He aquí que son un solo pueblo y tienen todos una misma lengua. ¡Y esto es sólo el comienzo de sus obras! Ahora, nada les impedirá realizar sus propósitos. Ea, pues, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua, de modo que no entienda uno el habla del otro» (Gn. 11,6-7).

El pacifismo mundialista y ecuménico de Fratelli tutti  contempla un paraíso en la Tierra que no se funda en el deseo de reconocer la realeza de Cristo sobre la sociedad y sobre todo el mundo, sino en ocultar el escándalo de la Cruz, considerada factor de división, en vez de única esperanza de salvación para la humanidad; en olvidar que las injusticias sociales y los males que afligen al mundo son consecuencia del pecado, y que sólo conformándonos a la voluntad de Dios podremos esperar la paz y la concordia entre los hombres. Hombres que únicamente pueden ser hermanos en Cristo reconociendo la paternidad de Dios.

En la encíclica brilla la Esperanza por su ausencia, esperanza entendida como una virtud teologal infundida por Dios en el alma, por la cual aspiramos al Reino de los Cielos y la vida eterna, cifrando  nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos en la Gracia del Espíritu Santo4 en lugar de en nuestras propias fuerzas. Esperar que una fraternidad horizontal garantice la paz y la justicia no tiene nada de sobrenatural, porque no tiene la vista en el Reino de los Cielos, no se apoya en las promesas de Cristo ni considera necesaria la Gracia divina, confiando por el contrario en el hombre corrompido por el pecado original e inclinado por tanto al mal. Quien nutre estas falsas esperanzas –afirmando entre otras cosas que no es necesario creer en Dios para ir al paraíso5— ni realiza un acto de caridad, sino que por el contrario estimula a los pecadores a seguir por el camino del pecado y la perdición y haciéndose con ello cómplice de su condenación y desesperación. Contradice además las propias palabras del Salvador: «Os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados» (Jn. 8, 24).

Añadiré con gran pesar que últimamente no aparece la respuesta de la Iglesia al mal, la muerte, la enfermedad, el sufrimiento y las injusticias del mundo, más bien brilla por su ausencia. Como si el Evangelio no tuviera nada que decir al hombre de hoy, o si lo que le dice estuviera desfasado o careciera de actualidad. «No quiero ofrecer recetas que no sirven; ésta es la realidad ».6 La sangre se hiela al leer estas palabras: «¿Es Dios injusto? Sí, fue injusto con su Hijo: lo mandó a la Cruz ».7  No hace falta refutar esta afirmación; basta con señalar que si se niega que el pecado sea la causa del dolor y la muerte que afligen a la humanidad, se termina inevitablemente por echar la culpa a Dios tildándolo de injusto y excluyéndolo por tanto del propio horizonte. Se entiende, pues que la búsqueda de la fraternidad humana esté compendiada en las palabras del salmista: «Os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados» (Sal 2, 2).

De este modo la Iglesia –mejor dicho, la falsificación que la eclipsa casi del todo– no brinda la menor respuesta católica al hombre desesperado y sediento de verdad, sino que contribuye a aumentar el escándalo del dolor y del sufrimiento cuya causa es el pecado, achacándole la responsabilidad a Dios y blasfemando al llamarlo injusto.

Excelencia, supongo que habrá visto a los dirigentes pro vida de los EE.UU. implorar a los obispos que declaren abiertamente que el aborto es la cuestión preeminente en estas elecciones presidenciales. Varios obispos han afirmado todo lo contrario, y se están aprovechando de puntos de la encíclica para respaldar sus ideas. ¿Qué propone a sus hermanos en el episcopado y a los fieles?

El silencio en torno al aborto es una señal terrible del extravío espiritual y moral de un sector de la Jerarquía que reniega de su misión porque ha renegado de Cristo. Y así como en el aborto la madre mata al hijo al que debería amar, proteger y   generar   para la vida terrena, en el fraude actual la Iglesia, que Dios quiso instrumento para llevar las almas a la vida eterna, las está matando espiritualmente en su propio seno por la traición de sus propios ministros. De la enemistad de los adversarios de Cristo no se libra ni su Santísima Madre, cuya maternidad odia Satanás, porque por medio de Ella la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre para redimirnos. Si somos amigos de la Santísima Virgen, sus enemigos son nuestros enemigos, según estableció el Señor en el Protoevangelio: «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje» (Gén. 3,15).

A mis hermanos en el episcopado les recuerdo que fueron ungidos con el crisma para ser atletas de la Fe, no espectadores neutrales del enfrentamiento entre Dios y el adversario. Ruego que a los pocos pastores valerosos que alzan la voz para defender los principios sagrados y no negociables establecidos por el Señor en la ley natural se unan todos cuantos hoy vacilan por temor o por un falso sentido de prudencia. Tened la gracia de estado para que os escuche la grey que reconoce en vosotros la voz del verdadero Pastor (Jn. 10,2-3). No tengáis miedo de proclamar el Evangelio de Cristo, como tampoco lo tuvieron los Apóstoles ni los obispos que les sucedieron para afrontar el martirio.

A los fieles desorientados por el silencio de tantos pusilánimes les pido que eleven sus oraciones al Cielo invocando al Paráclito las gracias que sólo el Espíritu Santo puede infundir en los corazones endurecidos y rebeldes: Lava quod est sordidum, riga quod est aridum, sana quod est saucium. Flecte quod est rigidum, fove quod est frigidum, rege quod est devium. Ofreced sacrificios, penitencias y los dolores de la enfermedad por la Iglesia y por vuestros pastores.

Hace poco entrevisté a la mujer del ex candidato al Tribunal Supremo Robert Bork, que habló de la falta de apoyo a la Iglesia por parte de su marido durante sus escandalosas audiencias; también mencionó brevemente que el ataque fue organizado por el católico republicano Teddy Kennedy. ¿Qué opinión le merecen los ataques de que está siendo objeto la jueza Barret, en particular a causa de su fe?

El odio del mundo, cuyo príncipe es Satanás (Jn.12,31), es la más evidente retractación del sueño utópico de Fratelli tuttiNo puede haber fraternidad entre los hombres si se prescinde de la paternidad común del único Dios verdadero, uno y trino. Quienes predican la igualdad y equivalencia de los derechos hasta llegar a dar carta de naturaleza al error y el vicio se vuelven intolerantes en cuanto ven que está en peligro el poder usurpado, en cuanto un político católico, en nombre de esa igualdad de derechos, quiere dar testimonio de su fe al legislar y gobernar. Así, la tan deseada fraternidad sólo se da entre los hijos de las tinieblas, excluyendo necesariamente a los hijos de la luz u obligándoles a renegar de su identidad. Es además significativo que la única declaración de dicha fraternidad esté al parecer fundada en el rechazo a Cristo, en tanto que se considera imposible una verdadera y santa fraternidad en el vínculo de la Caridad «en la justicia y santidad de la verdad» (Ef. 4, 24).

Al recibir la Confirmación el católico se convierte en soldado de Cristo: el soldado que no combate por su Rey y decide aliarse al enemigo es un traidor, un renegado, un desertor. Den, pues, los políticos y todos cuantos ejercen cargos públicos testimonio de Aquel que derramó su sangre por ellos; no sólo obtendrán las gracias necesarias para cumplir su función pública, sino que darán ejemplo a sus hermanos y se harán acreedores al premio eterno, que es lo único que verdaderamente importa. «Te nationum praesides honore tollant publico; colant magistri, judices, leges et artes exprimant»8.

11 de octubre de 2020

Fiesta de la Divina Maternidad de María Santísima, domingo XIX después de Pentecostés

1] Discurso en la Organización de las Naciones Unidas, Nueva York, 25 de septiembre de 2015, AAS 107 (2015), 1039. Citado en la encíclica Fratelli Tutti, 188.

 

2] La única mención indirecta del aborto es el n. 24 de la encíclica, en el que se denuncia la violencia que "obliga [a las mujeres] a abortar", pero sin condenar el asesinato del propio no nacido. La referencia al niño no nacido en el Fratelli Tutti n. 18 es muy débil y no menciona explícitamente el término "aborto". Gastar sólo tres palabras en el crimen más abominable que implica millones de muertes cada año en el mundo, no cambia la evidencia de que la encíclica está literalmente obsesionada con la solidaridad humana en apoyo a la agenda globalista. Además, en la contienda de la campaña electoral de los Estados Unidos (concomitante con la publicación del documento papal), una condena explícita del aborto contradiría abiertamente al candidato democrático, que está fuertemente a favor del aborto. Añadiría que las referencias a los niños parecen más dirigidas a las familias islámicas, en particular a las de los inmigrantes, que, según Bergoglio, representan el futuro demográfico de Europa.

 

"Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor: Si me claman en cualquier angustia, los escucharé, y seré su Señor para siempre. Escuchad mi enseñanza, pueblo mío: inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca". Salmo 77:1, 19º domingo después de Pentecostés, Introit.

 

[4] CCC, 1817.

 

[5] https://www.independent.co.uk/news/world/europe/pope-francis-assures-atheists-you-don-t-have-believe-god-go-heaven-8810062.html

 

[6] Il Papa: non c'è una risposta alla morte dei bambini, in: Avvenire, 15 de diciembre de 2016; https://www.avvenire.it/papa/pagine/papa-udienza-al-bambino-gesu

 

[7] Ibid.

 

8] "Que los gobernantes del mundo te honren y ensalcen públicamente; que los maestros y jueces te reverencien; que las leyes expresen tu orden y las artes reflejen tu belleza", del himno Te Saeculorum Principem para la Fiesta de Cristo Rey.

 

miércoles, 7 de octubre de 2020

MONS. VIGANÒ SOBRE LA ENCÍCLICA FRATELLI TUTI: ES UNA "PROFESIÓN DE FE MASÓNICA" DE BERGOGLIO


"Esta encíclica constituye el manifiesto ideológico de Bergoglio, su profesión de fe masónica, así como su candidatura a la presidencia de la religión universal, sierva del Nuevo Orden Mundial. Aunque tanta afirmación de acatamiento al pensamiento dominante le valga el beneplácito de los enemigos de Dios, corrobora el inexorable abandono de la misión evangelizadora que se ha encomendado a la Iglesia." "Bergoglio falsifica la realidad. Miente con un descaro que no tiene rival."


Fuente

Una lectura somera del texto de Fratelli tutti daría la impresión de que fue escrita por un masón en lugar de por el Vicario de Cristo. Todo lo que en ella se dice está inspirado por un vago deísmo y una filantropía que no tienen nada de católico. Nonne et ethnici hoc faciunt? “¿No hacen eso también los gentiles?” (Mt.5,47).

Salta a la vista y es totalmente bochornosa la falsificación histórica del encuentro de San Francisco en el Sultán: según el autor de la encíclica, el Poverello «no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas»; en realidad, las palabras de San Francisco recogidas por los cronistas son muy diferentes: «Si me prometes en nombre tuyo y de tu pueblo que os pasaréis a la religión de Cristo, salga yo ileso o no del fuego, yo mismo entraré entre las llamas. Si me quemo, vaya en pago de mis pecados; si, por el contrario, el poder de Dios hace que salga sano y salvo, reconocerás a Cristo, poder y sabiduría de Dios, como verdadero Dios y Señor y Salvador de todos».

Está del todo ausente la dimensión sobrenatural, como está igualmente ausente toda alusión a la necesidad de pertenecer al Cuerpo Místico de Cristo, que es la Santa Iglesia, para alcanzar la eterna salvación. Se distorsiona gravemente asimismo el concepto de fraternidad; para el católico, ésta sólo es posible en Cristo si se tiene a Dios por Padre gracias al Bautismo (Jn.1,12), mientras que para Bergoglio bastaría con pertenecer a la humanidad.

El concepto católico de libertad de religión es sustituido por el concepto de libertad religiosa teorizado por el Concilio Vaticano II, llegando a cambalachear el derecho divino de la Iglesia de libertad de culto, de predicación y de gobierno por el reconocimiento del error a propagarse no sólo en general sino también por las naciones cristianas. Los derechos de la verdad no pueden malvenderse a cambio de otorgar derechos al error. La Iglesia tiene un derecho natural  a la libertad, en tanto que las religiones falsas no lo tienen.

Desconcierta la manera en que la encíclica se rebaja aceptando relato oficial del covid, confirmando con ello el sometimiento al pensamiento único y a la élite mundialista. Tampoco sorprende la excesiva insistencia en la unidad y la fraternidad universal, además de que condena el legítimo derecho que tiene el Estado de tutelar la propia identidad no sólo cultural sino también y sobre todo en materia de Fe.

Esta encíclica constituye el manifiesto ideológico de Bergoglio, su profesión de fe masónica, así como su candidatura a la presidencia de la religión universal, sierva del Nuevo Orden Mundial. Aunque tanta afirmación de acatamiento al pensamiento dominante le valga el beneplácito de los enemigos de Dios, corrobora el inexorable abandono de la misión evangelizadora que se ha encomendado a la Iglesia. Ya le habíamos oído decir en otra ocasión que «el proselitismo es una solemne tontería».

Bergoglio falsifica la realidad. Miente con un descaro que no tiene rival. Por otra parte, el mayor experto en adulterar la verdad es precisamente la dictadura china, según la cual Nuestro Señor lapidó a la adúltera (el régimen comunista ha distribuido en las escuelas un libro que cuenta algunas episodios tomados de diversas religiones, adulterando totalmente el texto). Está claro que la proximidad del régimen comunista a la iglesia bergogliana no se limita al Acuerdo, sino que incluye también el mismo modus operandi.

+Carlo Maria Viganò

7 DE OCTUBRE: FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

martes, 6 de octubre de 2020

P. GLEIZE FSSPX SOBRE EL ARZ. VIGANÒ : INGENUO, EL MENOR DE LA FAMILIA, NEÓFITO MUY CELOSO, ALGUIEN ESTÉRIL QUE SÓLO TIENE PALABRAS

Fuente (extracto)

Extracto de la conferencia del Padre Gleize en Lausana en 2020

El Padre Gleize es profesor de teología en Ecône. Vio bien la deriva liberal de la FSSPX y la traición del Capítulo de 2012, pero por razones que se nos escapan, y probablemente por admiración al Padre de Jorna, prefirió no dejar esta nueva fraternidad que resultó después del Capítulo de 2012. Por lo tanto, ha elegido el camino "correcto" en el pluralismo de esta nueva FSSPX. Mantiene un discurso que parece ser antiacuerdista, pero resulta ser acuerdista a nivel de los principios.

Todavía cree en la misión "providencial" de la Fraternidad de San Pío X, aunque claramente traicionó a su fundador en 2012. Cree firmemente en ello y por lo tanto no puede imaginar otra solución práctica a la crisis de la Iglesia y especialmente a la deriva de Roma.

Ahora sucede que aparece un obispo (Monseñor Viganò) que tiene el mérito de cumplir con lo que es la función principal de un obispo: ENSEÑAR LA VERDAD.

Y ahí tienen a nuestro Padre Gleize, todo desconcertado ante la idea de que su posición podría no ser la correcta en la práctica. Entonces Mons. Viganò se convierte, a los ojos de este "gran" teólogo, en alguien INGENUO, EL MENOR DE LA FAMILIA, NEÓFITO MUY CELOSO, MÁS DURO QUE NOSOTROS .... y finalmente ESTÉRIL.

Además, el Padre Gleize cree que permanece en la verdad aunque él mismo justificó los excesos de Mons. Fellay en 2013 en un importante artículo publicado en todos los sitios oficiales de la Fraternidad. También piensa que sigue en la acción más eficaz mientras que solo queda de la neo-Fraternidad la diplomacia humeante y el abandono de sus principios fundadores.

A continuación los extractos de esta conferencia:

Cita:

Él (Monseñor Viganò) toma nota de lo que ocurre en la Iglesia, pero para nosotros no es algo nuevo.

No quiero ser irrespetuoso, pero para nosotros, sacerdotes de la Fraternidad, es conmovedor e ingenuo porque llevamos 50 años en esto.

Entonces estamos felices por ello, ¡por supuesto! Pero es como si el menor de la familia finalmente se diera cuenta de que el mundo es malo.

Es un neófito muy celoso.

Ellos (Monseñor Schneider y Monseñor Viganò) hablan alto y claro, se lamentan, son a veces más duros que nosotros, ¿pero qué hacen?

¿Qué ha molestado a Roma? ¿Cuándo Roma lanzó anatemas a Mons. Lefebvre? No fue cuando criticó la libertad religiosa, o durante la misa en Lille. Fue cuando ordenó sacerdotes y consagró obispos.

Monseñor Lefebvre dejó algo detrás de sí. No palabras, ni viento.

Estoy muy contento de escuchar a Monseñor Schneider y a Monseñor Viganò, pero me digo: "¿qué van a hacer?" Porque un día morirán, pero ¿qué dejarán detrás? ¿Palabras que serán llevadas por el viento? ¿O seminarios, obispos?…

Estas son voces que son bienvenidas en la Iglesia, pero son sólo palabras de marginados.

Eso está muy bien, pero me temo que es estéril.

domingo, 4 de octubre de 2020

FOTOS DEL INICIO DEL AÑO ESCOLAR EN LA NUEVA CASA DEL SEMINARIO DE LA SAJM EN MORANNES





PRIMEROS COMPROMISOS DE LAS OBLATAS DE LA SAJM


El pasado 15 de septiembre, en la fiesta de Nuestra Señora de los Siete Dolores, patrona de las Hermanas Oblatas de la SAJM; Monseñor Faure ha recibido los primeros compromisos de Sor María Isabel y de Sor María Salomé, durante la Misa cantada por la comunidad del seminario San Luis María Grignión de Montfort.

Deo gratias!





sábado, 3 de octubre de 2020

ARZ. VIGANÒ: "LA RELIGIÓN UNIVERSAL QUE PROMUEVE LA ONU Y LA MASONERÍA TIENE COLABORADORES ACTIVOS EN LAS ALTAS ESFERAS DE LA IGLESIA CATÓLICA, CUYA AUTORIDAD USURPAN Y CUYO MAGISTERIO ADULTERAN"


"La Santa Sede se ve asaltada hoy en día por fuerzas enemigas. Hablo como obispo, como sucesor de los Apóstoles. El silencio de los pastores es ensordecedor e inquietante. Algunos incluso prefieren apoyar al Nuevo Orden Mundial sumándose a la postura de Bergoglio y el cardenal Parolin, asiduo participante en las reuniones del Club Bilderberg que se ha sometido servilmente a los dictados de éste al igual que muchas figuras de la política y de los medios mayoritarios de comunicación."

"las altas esferas de la Iglesia han optado por algo radical –y a mi juicio lamentable– prefiriendo adherirse al pensamiento mayoritario del ambientalismo, el inmigracionismo y la ideología LGTB en vez de dar la cara valerosamente contra todo eso y proclamar fielmente la verdad salvífica anunciada por Nuestro Señor. Opción que ha dado un gran salto adelante a partir de 2013 con la elección de Jorge Mario Bergoglio, pero que se remonta a hace al menos sesenta años."

"Es preciso recordar también la conspiración de la Mafia de San Galo, que tenía por objeto  destronar a Benedicto XVI en confabulación con Obama y Hilary Clinton, que consideraban a Joseph Ratzinger un obstáculo para la difusión del proyecto mundialista."

"Estamos en una guerra sin cuartel en la que Satanás ha sido liberado de sus cadenas y en la que las puertas del Infierno intentan a como dé lugar prevalecer sobre la propia Iglesia. Una contradicción similar se afronta ante todo con la oración, con el arma invencible del Santo Rosario."

"Si Trump pierde las elecciones presidenciales, caerá el último katejón (2 Ts.2, 6-7), es decir lo que impide que se manifiesten el misterio de iniquidad. Entonces la dictadura del Nuevo Orden Mundial tendrá un aliado en el nuevo presidente de EE.UU., tras haberse conquistado para su causa al propio Bergoglio."

"la religión universal que promueven las Naciones Unidas y la Masonería tiene colaboradores activos en las altas esferas de la Iglesia Católica, cuya autoridad usurpan y cuyo Magisterio adulteran. Al Cuerpo Místico de Cristo, única arca de salvación para la humanidad, se enfrenta el cuerpo místico del Anticristo, como profetizó el venerable arzobispo Fulton J. Sheen. Ecumenismo, ambientalismo maltusiano, pansexualismo e inmigracionismo son los nuevos dogmas de esta religión universal cuyos sacerdotes preparan la llegada del Anticristo antes de la última persecución y de la victoria definitiva de Nuestro Señor. Pero así como la gloriosa resurrección del Salvador estuvo precedida de su Pasión y muerte, la Iglesia también camina hacia su propio calvario. Y del mismo modo que el Sanedrín creía haber eliminado al Mesías al crucificarlo, también la infame secta cree el eclipse de la Iglesia es preludio de su fin. Queda un pequeño resto de católicos fervientes, de la misma manera que a los pies de la Cruz quedaron la Madre de Dios, San Juan y la Magdalena."

LEER ENTREVISTA COMPLETA

domingo, 27 de septiembre de 2020

EL ARZ. VIGANÒ HABLA SOBRE EL ACUERDO SECRETO ENTRE EL VATICANO Y CHINA


"Lo que importa es transformar a la Iglesia en el brazo espiritual del Nuevo Orden Mundial con miras a obtener el imprimátur de la máxima autoridad moral del mundo."

LEER ARTÍCULO ACÁ

sábado, 26 de septiembre de 2020

COMENTARIO ELEISON Número DCLXXXIX (689) - 26 de septiembre de 2020

 


Arzobispo Transferido

Así los grandes seguidores se convierten en los pequeños sepultureros…
¡Ten piedad, Señor, todos podemos caer!

Hace dos días, los restos mortales de Mons. Lefebvre fueron trasladados de la bóveda junta al Seminario de Écône donde habían descansado temporalmente desde su muerte en 1991, a un espléndido sarcófago en la cripta debajo de la Capilla del Seminario especialmente preparado para su reposo permanente. Todo el esplendor es apropiado para el lugar de sepultura del más grande hombre de Dios, el más grande héroe de la Fe Católica, de los tiempos modernos, el Arzobispo que prácticamente por sí solo salvó la doctrina católica, los sacramentos y el sacerdocio de su corrupción y eliminación por parte de hombres modernos que ya no creían en ellos, por lo menos así como habían sido transmitidos por la fiel Iglesia Católica a lo largo de casi dos mil años.

Y se puede decir que después de su muerte sus sucesores continuaron su trabajo más o menos fielmente por otros 20 años, pero luego en 2012 se produjo un cambio en su Fraternidad San Pío X que obligó a muchas almas a hablar de una Neo-fraternidad, algo así como los cambios en la Iglesia después del Concilio Vaticano II (1962–1965) obligaron a muchos católicos a hablar de una Neo-iglesia, tan radicales fueron los cambios. Desgraciadamente, la ceremonia de traslado de los restos del Arzobispo reflejó este traslado de su obra de la Fraternidad a la Neo-fraternidad, porque no fue celebrada por el actual Superior General, el P. David Pagliarani, sino por su predecesor como Superior General, el principal responsable del traslado de la Fraternidad a la Neo-Fraternidad. Esta elección del predecesor del P. Pagliarani para celebrar un acontecimiento tan destacado en honor del Fundador de la Fraternidad no es ni un buen augurio ni un accidente. Nos recuerda la cita de Nuestro Señor (Mt. XXIII):

29 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis las tumbas de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, 30 diciendo: “Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos participado con ellos en el derramamiento de la sangre de los profetas “.

Puede ser que hoy en día la hipocresía universal de todo un mundo que rechaza a Nuestro Señor sea tan profunda que muchas de las almas que participaron en la ceremonia de hace dos días no eran hipócritas conscientes, Dios lo sabe, ni tan severos para ser condenados como Nuestro Señor condenó a aquellos que Él sabía que estaban a punto de crucificarlo. Porque, en efecto, los líderes de la Fratenidad del Arzobispo fueron hábiles en engañar a los católicos que fielmente seguían al Arzobispo en su “desobediencia” a los líderes normales de la Iglesia. Estos, de hecho, los habían estado llevando de la religión católica de Dios a la religión conciliar del hombre. Sin embargo, objetivamente hablando, el paralelo es claro.

Los fariseos construyeron monumentos en honor a los profetas que ellos mismos también habrían matado. La Neo-Fraternidad construye un sarcófago para su Fundador cuando ella misma se hace amiga de los pachamamistas a los que ya abominaba.

A los fariseos Nuestro Señor prometió enviar mensajeros para denunciar su infidelidad, pero a éstos los matarían igualmente. A la Neo-iglesia y a la Neo-fraternidad envía a un arzobispo Viganò para recordarles su infidelidad. La Neo-iglesia lo mataría. La Neo-fraternidad hace todo lo posible por no prestarle atención.

Los fariseos fueron advertidos por Nuestro Señor de las graves consecuencias de su infidelidad, y de hecho en el año 70 d.C. Jerusalén fue completamente destruida. En cuanto a la Neo-Fraternidad, ha reducido el trabajo del Arzobispo a una impotencia radical, porque la red mundial de la Fe que él construyó está en absoluta necesidad de nuevos obispos para mantener esa Fe, pero por la negativa de la Neo-Fraternidad a consagrar nuevos obispos sin el consentimiento de los pachamamistas, está rechazando nuevos obispos que mantengan la fe de Mons. Lefebvre, porque los pachamamistas nunca consentirán a obispos que defiendan esa fe.

En resumen, los miembros de la Neo-fraternidad permitieron que el predecesor del P. Pagliarani honrara el lugar de sepultura de su Fundador, quien hizo más que nadie para enterrar su obra. ¿Se dan cuenta que estan contribuyendo al traslado de una obra de heroes en un parque de Neo-phariseos, obedientes al NOM?

Kyrie eleison.

 

martes, 22 de septiembre de 2020

EL ARZ. VIGANÒ SOSTIENE QUE EL CONCILIO VATICANO II NO PUEDE SER INTERPRETADO A LA LUZ DE LA TRADICIÓN


..."los modernistas se fijan en la sustancia del mensaje revolucionario que quieren transmitir, y para dotarlo de una autoridad que no tiene ni debe tener la magisterializan mediante la forma del Concilio, publicándola en actas oficiales. Sabe bien que está forzando las cosas, pero se vale de la autoridad de la Iglesia –la cual en circunstancias normales rechaza y refuta- para que sea prácticamente imposible condenar esos errores, que fueron ratificados nada menos que por la mayoría de los padres sinodales. La instrumentalización de la autoridad con fines contrarios a los que la legitiman es una estratagema de lo más astuta: por una parte se garantiza una especie de inmunidad, de escudo canónico, a doctrinas heterodoxas o próximas a la herejía; por otra, se permite aplicar sanciones a quien denuncia tales desviaciones, todo en virtud de un respeto formal a las formas canónicas. En el ámbito civil, este comportamiento es típico de las dictaduras. Si esto ha sucedido también en el seno de la Iglesia, es porque los cómplices de dicho golpe de estado carecen del menor sentido de los sobrenatural, no temen a Dios ni a la condenación eterna y se consideran partidarios del progreso investidos de una misión profética que legitima todos sus nefandos actos, al igual que las masacres comunistas son realizadas por funcionarios de partido convencidos de que promueven la causa del proletariado."

LEER TEXTO COMPLETO

lunes, 21 de septiembre de 2020

COMENTARIO ELEISON Número DCLXXXVIII (688) - 19 de septiembre de 2020

 


Madiran Introducido

“Pensar” hoy es la disolución del pensamiento.
¿Madiran? ¡La destitución de la disolución!

Como hija mayor de la Iglesia, Francia siempre ha tenido pensadores y escritores en la vanguardia de la defensa de la Iglesia, y los tiempos modernos no son una excepción. En la confusión y el desorden de los católicos que surgieron inmediatamente después de la clausura del Concilio Vaticano II en 1965, un destacado pionero de lo que vendría a ser el pensamiento “tradicional” fue el francés Jean Madiran (1920–2013), creador y editor de la revista mensual derechista y nacionalista ” Itinéraires ” (Itinerarios) de 1956 a 1996. Ya un auténtico defensor de la fe antes del Concilio, hizo de su revista un elemento central de esa defensa después del Concilio, cuando se convirtió en una lectura esencial para muchos católicos que trataban de no perder la cabeza ni la fe.

En los años sesenta, Madiran contribuyó ciertamente a mantener en Francia este público instruido que serviría de apoyo esencial en los años setenta para que Monseñor Lefebvre pudiera dirigir un movimiento “tradicional” en Francia para oponerse a la destrucción de la Iglesia desde el interior por el clero conciliar. Madiran y su revista pueden haber ayudado seriamente al Arzobispo a llegar a su trascendental decisión, a finales de los años sesenta, de fundar en la Suiza francesa la Fraternidad San Pío X, destinada a hacer su decisiva contribución a la salvación de la Tradición Católica durante los próximos 40 años. La única vez que este escritor puede recordar haber visto correr al Arzobispo fue cuando Madiran visitó una vez el seminario de Écône, y el Arzobispo tuvo que alcanzarlo justo antes de que regresara a París.

Desgraciadamente, la colaboración de ellos llegó a su fin cuando Juan Pablo II se convirtió en Papa, y Madiran pensó que rescataría a la Iglesia, pero en lo que respecta al Arzobispo, Madiran había tenido su buena influencia, y la “Tradición” desde ahora estaba bien establecida. Hoy debemos recordar lo impensable que era en los años ‘50 y ‘60 que los católicos dudaran de su clero. Aquí está el enorme mérito de Madiran: una verdadera fe no sacudida por una casi entera jerarquía católica descarriada, junto con el valor de levantarse y escribir en público contra la multitud de gente que o seguía “fielmente” a esa jerarquía por “obediencia”, o que sin fe se regocijaba en el socavamiento de la Iglesia por la masonería. El hecho de que Madiran se dejara engañar posteriormente por Juan Pablo II sólo atestigua la fuerza del magnetismo de Roma que durante un período crucial de tiempo Madiran mismo abia logrado superar al servicio de la Verdad Católica.

Que hubo en él algo que nunca vaciló es sugerido por el hecho de que entre todos los libros que escribió en una larga y productiva vida, aquel en el que él mismo dijo que lo mejor dijo lo que esencialmente quería decir era el libro que vamos a ver en estos “Comentarios Eleison” – L’hérésie du vingtième siècle, La Herejía del Siglo XX. Apareció por primera vez en 1968, en otras palabras, en el fragor de la controversia en torno al Vaticano II. Contiene un Prólogo y seis Partes, haciendo quizás siete números de estos “Comentarios”, porque el libro es un clásico, aunque no haya tenido muchas – o ninguna – traducción.

Es un clásico porque se necesita un filósofo tomista para reconocer y corregir al modernismo – ¿cómo se analiza una niebla? – y Madiran era un filósofo tomista. Pero no cualquier filósofo tomista, porque la mayoría de los obispos del Vaticano II habían sido entrenados en su seminario o congregación en los principios de la filosofía de Santo Tomás de Aquino. Pero no habían aprendido o entendido cómo esos principios se aplican a la realidad. Esto se debe a que es relativamente fácil enseñar esa filosofía como una guía telefónica coherente, es decir, independentemente de la realidad. Los alumnos católicos son dóciles y se lo beben todo, sin comprender necesariamente que el tomismo es el único relato posible de la única realidad que nos rodea. ¿Pero quién puede enseñar la realidad a los alumnos nacidos en la calefacción central, y criados en la televisión? Madiran era de una generación anterior, lo que ayuda, pero incluso entonces, para ver el modernismo tan claramente como él, necesitaba una gracia especial de realismo, como para de Corte, Calderón y algunos otros selectos.

Abróchense los cinturones. Madiran vale la pena. En las semanas que vienen, su Prólogo.

Kyrie eleison.

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

COMENTARIO ELEISON Número DCLXXXVII (687) - 12 de septiembre de 2020

 


Realidad Económica

Los hombres, enmarcados en el Orden de Dios, ¿desobedecen?
Según el mismo Orden, tendrán que pagar.

Es de miopes decir que la economía no tiene nada que ver con la religión, porque la economía (las relaciones materiales entre los hombres) fluye de la política (las relaciones humanas entre los hombres), y la política (las relaciones de un hombre con sus semejantes) desciende necesariamente de sus relaciones con su Dios (su religión). En este momento los Estados Unidos han sido llevados al borde de una tremenda crisis económica, y con los EE.UU., el resto del mundo. Intentemos ver esta crisis en algo más que una simple perspectiva material, para evitar que la situación parezca no tener sentido, si y cuando muchas cosas pronto se derrumben.

El dinero juega en la vida económica de una nación un papel tan esencial como el del aceite en el motor de un coche. Es normal que el gobierno de cualquier Estado quiera controlar la creación del dinero en ese Estado. No es normal que los ciudadanos privados controlen el dinero de su Estado porque se arriesgan a hacerlo por sus propios intereses, y no por el bien común. Sin embargo, hoy en día, en todo el mundo, el dinero de los Estados está controlado por bancos centrales que son estrictamente independientes de estos Estados. En los Estados Unidos, en particular, la Constitución de 1787 establecía que el dinero del nuevo Estado debía ser creado y controlado por el gobierno (el Congreso), y esta fue la situación normal hasta 1913, cuando un consorcio de ciudadanos privados, hombres de dinero, después de muchos intentos vanos, logró por fin engañar al Congreso para que entregara a la “Reserva Federal”, su flamante banco central, todo el poder sobre el dinero de los Estados Unidos.

Estos hombres de dinero habían prometido que la Fed (Reserva Federal), como se llegó a conocer, resolvería el problema de las crisis económicas recurrentes, como el ciclo de auge y caída de la economía. No hizo nada de eso, al contrario, los empeoró aún más, como la Gran Depresión de 1929 y los años siguientes, y como ahora la Depresión de 2020 que corre el riesgo de hacer que 1929 parezca un picnic, como de despojar a los Estados Unidos de su prosperidad y esclavizar su libertad, convirtiendo a todos los ciudadanos americanos en esclavos de la deuda. La clase media pronto dejará de existir. ¿Podría haber sucedido esto si hubieran escuchado a Nuestro Señor? – imposible! El decía: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os darán por añadidura”. In cambio, la media clase se había dejado hechizar por la promesa de la Fed de dinero cada vez más fácil.

Porque en la vida real el dinero es difícil de conseguir, y hay que ganarlo con el sudor de la frente de un trabajador. Esa es la economía real donde las cuentas y la renta deben ser pagadas, donde los bienes y servicios reales son producidos generando riqueza real, por ejemplo, la industria y el comercio que creó el éxito material y el prestigio de los EE.UU. Pero también está el mundo de las finanzas que se encuentra en la cima de la economía real, como Wall Street sobre Main Street, mundo en que se puede inventar alguna forma fantástica o diseñada de evitar realidades como las facturas y renta, mundo en que el dinero crece a partir de la inversión, el apalancamiento y la especulación, donde por ejemplo un joven banquero puede en pocos días arruinar un banco centenario (Barings, 1995). Es un mundo abierto a la propaganda, a la manipulación y a la fantasía, susceptible de estar cada vez menos atado al mundo real, susceptible de ser arrastrado por los sueños de una riqueza ilimitada a costa de ningún esfuerzo. ¡Este tipo de sueños no son católicos!

Pero la Reserva Federal lo dejó abierto desde 1987, en 2008 y en 2019 en particular. En 1987 Alan Greenspan se convirtió en Presidente de la Fed y comenzó a fomentar las finanzas de fantasía sobre la economía real. A los bancos comerciales se les permitió especular con el dinero de sus clientes. En 2008 su malinversión generó una enorme crisis económica, “resuelta” por la Fed empezando a crear fabulosas cantidades de “dinero” de la nada. En 2019, mientras el público estaba cada vez más enganchado al dinero de fantasía, el balance público de la Reserva Federal despegó hasta la completa irrealidad, siete trillones de dólares y contando, y ahora está estrellando la economía real con el corona-pánico, para luego “pagar” las deudas de la crisis en las que todo el mundo se mete con sus trillones irreales, pero convirtiendo al mundo entero en verdaderos esclavos.

¿Y la solución? Dios es la realidad suprema. Que los hombres vuelvan a Él, y su perspectiva de ellos cambiará totalmente, y estas fantasías de Sus enemigos comenzarán a disiparse, como la niebla en el sol de la mañana.

Kyrie eleison.

 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

EL ARZ. VIGANÒ VUELVE A ARREMETER CONTRA EL VATICANO II



..."los buenos, con su concepto distorsionado de obediencia absoluta, obedeciendo incondicionalmente a los pastores fueron inducidos a desobedecer a Cristo."



Respuesta de monseñor  Carlo Maria Viganò al P. Raymond J. de Souza en el debate en torno al Concilio


Hace algunos días, poco después de otro artículo de contenido análogo publicado por el P. Thomas Weinandy (aquí), el P. Raymond J. de Souza escribió un comentario titulado ¿Promueve el cisma el rechazo del Concilio por parte de monseñor Viganò? El autor expone a continuación lo que piensa: «En su último testimonio, el exnuncio manifiesta una postura contraria a la fe católica en cuanto a la autoridad de los concilios ecuménicos».

Puedo comprender que en ciertos aspectos mis intervenciones resulten bastante molestas a quienes apoyan el Concilio, y que poner su ídolo en tela de juicio suponga un motivo suficiente para incurrir en las más severas sanciones canónicas tras haber dado la alarma alertando de cisma. A la molestia de esos va unido cierto enojo por ver -pese a mi decisión de no hacer apariciones públicas- que mis intervenciones despiertan interés y fomentan un saludable debate sobre el Concilio, y más en general sobre la crisis de la jerarquía eclesiástica. No me atribuyo el mérito de haberlo iniciado; antes de mí, eminentes prelados e intelectuales de alto nivel ya habían puesto en evidencia que hace falta una solución. Otros han puesto de relieve la relación de causa-efecto entre el Concilio Vaticano II y la apostasía actual. Ante tan numerosas y argumentadas denuncias, nadie ha propuesto jamás soluciones válidas o aceptables; por el contrario, para defender el tótem conciliar se ha recurrido a desacreditar al interlocutor, a condenarlo al ostracismo y a la acusación genérica de querer atentar contra la unidad de la Iglesia. Esta última acusación resulta tanto más grotesca cuando más patente es el estrabismo de los acusadores que desenfundan el martillo de herejes contra quienes defienden la ortodoxia católica mientras se desloman haciendo reverencias a los eclesiásticos, religiosos y teólogos que atentan a diario contra la integridad del Depósito de la Fe. Las dolorosas experiencias de tantos prelados, entre los que destaca sin duda monseñor Marcel Lefebvre, confirman que también en ausencia de acusaciones concretas hay quienes consiguen valerse de las normas canónicas para perseguir a los buenos, guárdandose al mismo tiempo de utilizarlas contra los verdaderos cismáticos y herejes.

Es inevitable recordar a este respecto a aquellos teólogos que habían sido suspendidos por sus enseñanzas, apartados de los seminarios o sancionados con censuras por el Santo Oficio, y que precisamente por esos méritos suyos fueron convocados al Concilio como asesores y peritos. Entre ellos se encuentran los rebeldes de la teología de la liberación que fueron amonestados durante el reinado de Juan Pablo II y rehabilitados por Bergoglio, por no  mencionar a continuación a los protagonistas del Sínodo para la Amazonía y los obispos del  camino sinodal  que promueven una iglesia nacional alemana herética y cismática. Sin olvidar a los obispos de la secta patriótica china, plenamente reconocidos y promovidos por el acuerdo entre el Vaticano y la dictadura comunista de Pekín.

El padre De Souza y el padre Weinandy, sin entrar a valorar los argumentos que expuse y que ambos califican desdeñosamente de intrínsecamente cismáticos, deberían tener la  buena educación de leer mis intervenciones antes de censurar mi pensamiento. En ellas encontrarían el dolor y el trabajo que en los últimos años me llevó por fin a entender que había sido llamado a engaño por aquellos a quienes, constituidos de autoridad, jamás se les habría ocurrido replicar a esta farsa y haber denunciado este engaño: laicos, eclesiásticos y prelados se encuentran en la dolorosa situación de tener que reconocer un fraude astutamente tramado, fraude que a mi juicio consistió en servirse de un concilio para dar visos de autoridad a las iniciativas de los novadores y granjearse la obediencia del clero y del pueblo de Dios. Esa obediencia ha sido fingida por los pastores, sin la menor excepción, para derribar desde dentro la Iglesia de Cristo.

He escrito y declarado en varias ocasiones que precisamente a raíz de dicha falsificación los fieles, respetuosos para con la autoridad de la Jerarquía, no se han atrevido a desobedecer en masa la imposición de doctrinas heterodoxas y ritos protestantizados. Por otra parte, esa revolución no se ha producido de golpe y porrazo, sino siguiendo un proceso, por etapas, en que las novedades introducidas a modo de experimento terminaban por volverse norma universal con vueltas de tuerca cada vez más apretadas.

Asimismo, he recalcado varias veces que si los errores y equívocos del Concilio ecuménico formulados por un grupo de obispos alemanes y holandeses no se hubieran presentado so capa de la autoridad de un concilio habrían merecido probablemente la condena del Santo Oficio, y sus escritos incluidos en el Índice. Tal vez por eso mismo quienes alteraron los esquemas preparatorios del Concilio se encargaron, durante el pontificado de Pablo VI, de debilitar la  Suprema Congregación y suprimir el Índice de libros prohibidos, en el cual en otros tiempos habrían terminado sus propios escritos.

De Souza y Weinandy sostienen evidentemente que no es posible cambiar de opinión, y que es preferible seguir en el error a desandar lo andado. Pero esa actitud es muy extraña: multitudes de cardenales y obispos, de sacerdotes y laicos, de frailes y monjas, de teólogos y moralistas y de laicos e intelectuales católicos han considerado que en nombre de la obediencia a la Jerarquía se les ha impuesto el deber de renunciar a la Misa Tridentina y que se la sustituyan por rito calcado del Book of Commom Prayer de Cranmer*; que se han abandonado tesoros de doctrina, de moral, de espiritualidad y un patrimonio artístico y cultural de valor incalculable, borrando  dos mil años de Magisterio en nombre de un Concilio que además se ha querido pastoral en vez de dogmático. Les han dicho que la Iglesia conciliar se ha abierto por fin al mundo, que se ha liberado del odioso triunfalismo postridentino, de incrustaciones dogmáticas medievales, de oropeles litúrgicos, de la moral sexofóbica de San Alfonso, del nocionismo del Catecismo de San Pío X y del clericalismo de la curia pacelliana. Se nos ha pedido renunciar a todo en nombre del Concilio; transcurrido medio siglo, ¡observamos que no se ha salvado nada de lo poco que al parecer había quedado vigente! (*El Book of Common Prayer fue un libro devocional publicado en el 1552 por el arzobispo anglicano Thomas Crammer a raíz de la reforma de Enrique VIII con oraciones y lecturas para los protestantes ingleses. N. del T.)

Y sin embargo, si repudiar la Iglesia Católica preconciliar para abrazar la renovación postconciliar ha sido recibido como un gesto de gran madurez, como un signo profético, una manera de estar a tono con los tiempos y, en definitiva,  algo inevitable e incontestable, repudiar hoy un experimento fallido que ha llevado a la Iglesia al colapso se considera señal de incoherencia o insubordinación, según el lema de los novadores: ni un paso atrás. En aquel entonces la revolución era saludable y obligada; ahora la restauración sería dañina y fomentaría divisiones. Antes se podía y debía renegar del glorioso pasado de la Iglesia en nombre del aggionarmento; hoy en día se considera cismático poner en tela de juicio varias décadas de desviaciones. Pero lo más grotesco es que los defensores del Concilio sean tan inflexibles con quienes niegan el Magisterio preconciliar mientras estigmatizan con la jesuítica y denigrante calificación de rígidos a los que por coherencia con dicho Magisterio se niegan a aceptar el ecumenismo y el diálogo interreligioso (que han desembocado en Asís y en Abu Dabi), la nueva eclesiología y la reforma litúrgica nacidos del Concilio Vaticano II.

Es evidente que nada de esto tiene fundamento filosófico, no digamos teológico. El superdogma del Concilio se impone por encima de todo. Todo lo anula, todo lo deroga, pero no tolera que se lo trate de la misma manera. Pero eso mismo confirma que el Concilio, aun siendo un concilio ecuménico legítimo –como ya he afirmado en otras ocasiones– no es como los demás, porque si lo fuera, los concilios y el Magisterio anterior deberían ser vinculantes (no sólo de palabra), lo cual habría impedido que se formularan los errores contenidos o implicados en los textos conciliares. Una ciudad dividida contra sí misma…

De Souza y Weinandy no quieren reconocer que la estratagema adoptada por los novadores fue de lo más astuta: conseguir que se apruebe la revolución bajo un aparente respeto a las normas por parte de cuantos pensaban que se trataba de un concilio católico como el Vaticano I; afirmar que se trataba de un concilio meramente pastoral y no dogmático; hacer creer a los padres conciliares que los puntos delicados se organizarían y se aclararían los equívocos, que toda reforma se reconsideraría en el sentido más moderado… Y mientras los enemigos lo habían organizado todo, hasta los más mínimos detalles, al menos veinte años antes de la convocatoria del Concilio, había quienes creían ingenuamente que Dios impediría el golpe de los modernistas, como si el Espíritu Santo pudiera actuar contra la voluntad subversiva de los novadores. Ingenuidad en la que yo mismo caí junto a la mayoría de mis compañeros en el episcopado, formados y criados en la convicción de que a los pastores –y en primer lugar y por encima de todos al Sumo Pontífice– se les debía obediencia incondicional. De ese modo los buenos, con su concepto distorsionado de obediencia absoluta, obedeciendo incondicionalmente a los pastores fueron inducidos a desobedecer a Cristo, precisamente por quienes tenían muy claros sus objetivos. En este caso también salta a la vista que la aceptación del magisterio conciliar no ha impedido el disenso con el Magisterio perenne de la Iglesia, sino que más bien lo ha exigido como lógica e inevitable consecuencia.

Al cabo de más de cincuenta años todavía no quieren darse cuenta de algo innegable: que se quiso emplear un método subversivo hasta entonces aplicado en los ámbitos político y civil, aplicándolo sin comentarios a la esfera religiosa y eclesial. Este método, típico de quienes tienen un concepto como mínimo materialista del mundo, sorprendió desprevenidos a los padres conciliares, que creyeron sinceramente ver en ello la acción del Paráclito mientras los enemigos supieron hacer trampa en las votaciones, debilitar a la oposición, derogar procedimientos establecidos y presentar normas en apariencia inocuas que luego tendrían un efecto rompedor de sentido contrario. Que aquel concilio tuviera lugar en la basílica del Vaticano, con los padres en mitra, capa pluvial y hábito coral, y Juan XXIII con tiara y manto, era plenamente coherente con una puesta en escena pensada a propósito para engatusar a los participantes para que no se preocuparan y creyeran que al final el Espíritu Santo remediaría los embrollos del subsistit in o los despropósitos sobre la libertad religiosa.

A este respecto, me permito citar un artículo publicado hace unos días en Settimo Cielo, titulado Historicizar el Concilio Vaticano II: así influyó sobre la Iglesia el mundo de esos años (aquí). En él, Sandro Magister nos da a conocer un estudio del profesor Roberto Pertici sobre el Concilio, el cual recomiendo leer en su totalidad pero se puede sintetizar en estos dos párrafos:

La disputa que está encendiendo a la Iglesia sobre cómo juzgar el Vaticano II, no debe ser solo teológica porque, ante todo, lo que hay que analizar es el contexto histórico de ese evento, especialmente de un Concilio que, desde un punto de vista programático, declaró querer abrirse al mundo.

Soy consciente de que la Iglesia -como confirmaba Pablo VI en Ecclesiam suam- está en el mundo pero no es del mundo: tiene valores, comportamientos, procedimientos específicos que no pueden ser juzgados ni enmarcados con criterios totalmente histórico-políticos, mundanos. Por otra parte, hay que añadir, tampoco es un cuerpo separado. En los años sesenta –y los documentos conciliares están llenos de referencias en este sentido– el mundo se dirigía hacia la que hoy llamamos globalización, estaba ya muy condicionado por los nuevos medios de comunicación de masa, se difundían a gran velocidad ideas y actitudes inéditas, emergían formas de mimetismo generacional. Es impensable que un evento de la amplitud y relevancia del Concilio se desarrollara dentro de la basílica de San Pedro sin confrontarse con lo que estaba sucediendo fuera de ella.

A mi entender, esta es una clave interesante para interpretar el Concilio, pues confirma la influencia que tuvo en él el pensamiento democrático. La gran coartada del Concilio fue presentar como decisiones colegiadas y casi como un plebiscito la introducción de novedades que de otro modo serían inaceptables. No fue ciertamente el contenido concreto de las actas ni su futuro alcance a la luz del espíritu del Concilio lo que abrió la puerta a doctrinas heterodoxas que ya se introducían sigilosamente en ambientes eclesiásticos del norte de Europa, sino el carisma de la democracia, asumido de modo casi inconsciente por los obispos del mundo entero en aras de una sumisión ideológica que desde hacía tiempo veía como muchos miembros de la Jerarquía poco menos que se sometían a la mentalidad secular. El ídolo del parlamentarismo surgido de la Revolución Francesa –que tan eficaz resultó para subvertir el orden social en su totalidad– debió de significar para algunos prelados una etapa inevitable de la modernización de la Iglesia que había que aceptar a cambio de una especie de tolerancia por parte del mundo contemporáneo hacia todo lo que ella se empeñaba en ofrecer de lo era antiguo y estaba superado. ¡Craso error! Este sentimiento de inferioridad por parte de la Jerarquía, esta sensación de atraso e insuficiencia ante las exigencias del progreso y de las ideologías traicionaron una visión sobrenatural muy deficiente y un ejercicio aún más deficiente de las virtudes teologales. ¡Es la Iglesia la que debe atraer a sí al mundo, y no al revés! El mundo debe convertirse a Cristo y al Evangelio, sin que se presente a Nuestro Señor como a un revolucionario por el estilo del Che Guevara y a la Iglesia como una organización filantrópica más preocupada por la ecología que por la salvación eterna de las almas.

Afirma De Souza, al contrario de cuanto he escrito, que yo he calificado al Concilio de «concilio del Diablo». Me gustaría saber de dónde sacó esas supuestas palabras mías. Supongo que sea una interpretación errónea y atrevida que hizo de la palabra italiana conciliabolo [conciliábulo], según la etimología latina, que no corresponde al significado actual en italiano.

Deduce de esta errónea traducción suya que tengo «una postura contraria a la fe católica en lo que se refiere a la autoridad de los concilios ecuménicos». De haberse tomado la molestia de leer mis declaraciones al respecto, habría entendido que precisamente porque profeso la mayor veneración por los concilios ecuménicos y por todo el Magisterio en general, no me es posible conciliar las clarísimas enseñanzas ortodoxas de todos los concilios hasta el Vaticano II con las equívocas y a veces heterodoxas de este último. Y no creo que sea el único. El mismo P Weinandy no es capaz de conciliar el papel del Vicario de Cristo con Jorge Mario Bergoglio, que es al mismo tiempo ocupante y demoledor del cargo. Pero para De Souza y Wenandy, contra toda lógica, es posible criticar al Vicario de Cristo pero no al Concilio; a ese concilio, y no a otro. La verdad es que nunca he visto tanta solicitud en recalcar los cánones del Concilio Vaticano I cuando algunos teólogos hablan de redimensionamiento del Papado o de sentido sinodal. Tampoco he visto tantos defensores de la autoridad del de Trento mientras se niega la esencia misma del sacerdocio católico.

Cree De Souza que con mi carta al P. Weinandy yo buscaba en él un aliado. Aunque fuese cierto, no creo que tuviera nada de de malo en tanto que dicha alianza tuviera por objeto la defensa de la Verdad en el vínculo de la Caridad. En realidad, mi intención fue lo que vengo declarando desde el principio: establecer una comparación que permita entender mejor la crisis actual y sus causas para que la autoridad de la Iglesia pueda pronunciarse a su debido tiempo. Jamás me he permitido imponer una solución definitiva ni resolver cuestiones que quedan fuera de mis competencias como arzobispo y caen directamente bajo la jurisdicción de la Sede Apostólica. No es, por tanto, lo que afirma el P. De Souza, y tampoco lo que incomprensiblemente me atribuye el P. Weinandy, que haya caído «en el pecado imperdonable contra el Espíritu Santo». Tal vez podría creer en la buena fe de ambos si tuvieran la misma severidad al juzgar a nuestros adversarios comunes y a ellos mismos, pero desgraciadamente no me parece que sea así.

Dice el P. De Souza: «Cisma. Herejía. Obra del Diablo. Pecado imperdonable. ¿Cómo pueden aplicarse ahora estas palabras al arzobispo Viganò por voces respetadas y escuchadas?» Creo que la respuesta es ya bastante obvia: se ha roto un tabú y se ha iniciado un debate a gran escala en torno al Concilio Vaticano II, debate que hasta ahora estaba restringido a ámbitos muy reducidos del cuerpo eclesial. Lo que más molesta a los partidarios del Concilio es constatar que esta controversia no versa sobre si el Concilio es o no criticable, sino sobre qué se puede hacer para remediar los errores y sus pasajes equívocos. Es un hecho innegable sobre el que ya no cabe ninguna labor de deslegitimación. Lo dice también Magister en Settimo Cielo, refiriéndose a «la disputa que está encendiendo la Iglesia sobre cómo juzgar el Concilio» y a «las controversias que periódicamente se reabren en los medios de comunicación denominados católicos sobre el significado del Vaticano II y el nexo que existiría entre dicho Concilio y la situación actual de la Iglesia». Pretender que se crea que el Concilio está por encima de toda crítica es falsificar la realidad, independientemente de las intenciones de quien critica su carácter equívoco y su heterodoxia.

Sostiene además el padre De Souza que el profesor John Paul Meenan habría demostrado en LifeSiteNews (aquí) «los puntos flacos de la argumentación de monseñor Viganò y de sus errores teológicos». Dejo al profesor Meenan el honor de refutar mis intervenciones sobre la base de lo que afirmo, no de cuanto no digo y deliberadamente se quiere malinterpretar. También en este caso, cuánta indulgencia con las actas del Concilio, y qué severidad más implacable hacia quien pone en evidencia las lagunas, hasta el punto de insinuar sospechas de donatismo.

Por lo que respecta a la famosa hermenéutica de la continuidad, me parece evidente que no deja de ser una tentativa -quizás inspirada en un concepto un tanto kantiano de los  asuntos de la Iglesia- de conciliar un preconcilio y un postconcilio, cosa que nunca había sido necesario hacer hasta entonces. Está claro que la hermenéutica de la continuidad es válida y tiene que seguir dentro del discurso católico: en lenguaje teológico se llama analogía fidei, y es uno de los elementos fundamentales a los que debe atenerse el estudioso de las ciencias sagradas. Pero no tiene sentido aplicar ese criterio a un caso aislado que precisamente por su carácter equívoco ha conseguido  expresar o dar a entender lo que por el contrario se debería haber condenado abiertamente, porque supone como postulado que hay verdadera coherencia entre el Magisterio de la Iglesia y el magisterio contrario que actualmente se enseña en las academias, en las universidades pontificias, en las cátedras episcopales y en los seminarios y se predica desde los púlpitos. Pero mientras es ontológicamente necesario que totalidad de la Verdad sea coherente consigo misma, no es posible al mismo tiempo faltar al principio de no contradicción, según el cual dos proposiciones que se excluyen mutuamente no pueden ser ciertas las dos. Así, no puede haber la menor hermenéutica de la continuidad entre sostener la necesidad de la Iglesia Católica para la salvación eterna y la declaración de Abu Dabi, que está en continuidad con las enseñanzas conciliares. No es, por tanto, cierto que rechazo la hermenéutica de la continuidad en sí; sólo cuando no se puede aplicar a un contexto claramente heterogéneo. Pero si esta observación mía resulta infundada y se quieren dar a conocer sus deficiencias, con mucho gusto las repudiaré yo mismo.

En la conclusión de artículo, el P. De Souza pregunta provocativamente: «Sacerdote, curialista, diplomático, nuncio, administrador, reformados, informador… ¿Podría ser que, al final, a esta lista haya que añadir hereje y cismático?» No es mi intención responder a los insultos y las palabras gravemente ofensivas del P. Raymond K.M., que no son propias de un caballero. Me limito a preguntarle: ¿a cuántos cardenales y obispos progres sería superfluo plantearles la misma cuestión, sabiendo de antemano que la respuesta es lamentablemente positiva? Quizás, antes de ver cismas y herejías donde no los hay, sería oportuno y más provechoso combatir los errores y divisiones allí donde se instalan y propagan desde hace décadas.

Sancte Pie X, ora pro nobis!
3 de septiembre de 2020

Festividad de San Pío X, papa y confesor