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jueves, 20 de julio de 2017

P. CAMPER FSSPX (PRIOR): LO EXCEPCIONAL





EN ESTE ARTÍCULO, EL PRIOR DE LYON, FRANCIA, CRITICA EL ACUERDO ENTRE ROMA Y LA FSSPX SOBRE LOS MATRIMONIOS. FUE PUBLICADO EN EL BOLETÍN DE JULIO-AGOSTO DEL PRIORATO DE ESA CIUDAD.


FUENTE
Frecuentemente la ley, al dar una regla general de acción, prevé también la excepción que no dejará de llegar, pues es probable que ciertas circunstancias impidan su aplicación. Pero como dice el adagio: la excepción confirma la regla. Es decir que lejos de destruir la regla, la excepción muestra que para derogar la ley, se requieren condiciones particulares, desacostumbradas. También la ley es promulgada para lo que sucede normalmente y tiene como finalidad encuadrar una situación en su ejercicio habitual.
Pues tal parece que pudiéramos fácilmente tomar la excepción por la regla, como los deseos por la realidad. Parecería ver eso leyendo algunos comentarios sobre las disposiciones romanas hacia nosotros, respecto a los matrimonios. El documento romano prevé que la regla normal consiste en que no sea un sacerdote de la FSSPX quien reciba los consentimientos de los esposos de la Tradición, sino un sacerdote conciliar. La regla promulgada por este documento legislativo es por lo tanto el privar habitualmente a los sacerdotes de la FSSPX de la posibilidad de recibir los consentimientos de los matrimonios de sus fieles. Parece difícil considerar esto como una regla ventajosa, y es peligroso afirmar que Roma reconoce nuestros matrimonios, pues ella lo haría en la medida en que nosotros no tomemos parte activa, por así decirlo.
Desde luego, el documento prevé también la excepción, que está formulada en estos términos: “allí donde ello no sea posible”. La facultad para un sacerdote de la FSSPX de recibir un consentimiento de matrimonio es realmente previsto, pero a título marginal y después de dejar el caso al obispo diocesano. Esto significa una situación muy inconveniente que será creada tanto para las familias como para los sacerdotes de la Fraternidad si se deben aplicar estas disposiciones. Evidentemente será fácil poner por las nubes a algunos obispos que apliquen la ley en el sentido de la excepción, pero hay que recordar que una excepción prevista por la ley sigue siendo una excepción. Que la ley general se aplique y que apoyarse sobre la excepción seguirá siendo algo frágil, incierto y marginal. Sin contar que el legislador -todos coinciden en esto- legisla por una aplicación celosa del Vaticano II y tolera con reticencia la Tradición, como se pronuncia por otra parte el documento romano. Por comparación debemos notar que la Comisión "Ecclesia Dei" ya ha hecho cambios en la Fraternidad San Pedro y el IBP sobre su uso exclusivo de la Misa tradicional, cosa que estaba escrita en sus estatutos y validado por la Roma actual. Si esta autoridad puede modificar lo que ya ha aceptado ratificar en los mismos estatutos de un instituto, ¿cómo no pensar que pueda modificar la interpretación fundada sobre la excepción?
El canon 1098 que utilizamos para el matrimonio en la forma extraordinaria está ligado a la situación de estado de necesidad. Todos reconocen que este estado de necesidad permanece, incluso se agrava. Es por lo tanto normal utilizar este canon mientras persista la crisis. La duración de esta terrible crisis de la fe y de la moral no depende de nosotros, pero nos da el derecho de usar la forma extraordinaria habitualmente, sin que sea necesario obligar a la confrontación con tal obispo o sacerdote. El estado de necesidad no es una excepción, sino la realidad a la cual estamos confrontados. Actuar como si todo estuviera bien en el estado de crisis, acarrearía la negación práctica del estado de necesidad, luego el abandono del combate de la fe, como lo vemos muy frecuentemente en los movimientos “Ecclesia Dei”. Se debe conservar la coherencia entre los principios y la práctica tradicionales.
Asimismo, antes de la entrada del nuevo código de derecho canónico, Mons. Lefebvre podía recomendar el recurrir al cura local para recibir los consentimientos, pero no después, pues hacer depender los matrimonios del nuevo código de derecho canónico (directa o indirectamente) sería aprobar este código peligroso, salido de los principios erróneos del Vaticano II. Salvo a título de excepción. Siempre es la misma cosa: ¡La regla no es la excepción! No se les invierte sin grave perjuicio.

P. François-Xavier Camper

martes, 18 de julio de 2017

UN EJEMPLO DE RESISTENCIA CATÓLICA: LA PRINCESA ELVINA PALLAVICINI

por Roberto de Mattei
Se cumplen cuarenta años de un hecho histórico: la conferencia pronunciada el 6 de junio de 1977 por monseñor Marcel Lefebvre en el palacio Pallavicini, en Roma, sobre el tema La Iglesia después del Concilio. Considero provechoso evocar aquel acto, a partir de algunos apuntes que conservo del mencionado documento. Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (1970), tras las ordenaciones sacerdotales del 29 de junio de 1976  había sido suspendido a divinis el 22 de julio del mismo año. Los católicos informados albergaban no obstante serias dudas en cuanto a la legitimidad canónica de dicha medida, y sobre todo, no se comprendía la actitud de Pablo VI, que al parecer quería reservar sus censuras para quien quería seguir fiel a la Tradición de la Iglesia. En abril de 1977, en este clima de desorientación,  la princesa Elvina Pallavicini (1914-2004) decidió invitar a monseñor Lefebvre a su palacio del Quirinal para escuchar sus razones. 
La princesa Pallavicini tenía 63 años y desde 1940 era viuda del príncipe Guglielmo Pallavicini de Bernis, caído en su primera misión bélica. Llevaba muchos años postrada en una silla de ruedas a causa de una parálisis progresiva, pero era una mujer de temperamento indomable. En torno a ella se congregaba un reducido grupo de amigos y consejeros, entre ellos el marqués Roberto Malvezzi Campeggi (1907-1979), coronel de la Guardia Noble pontificia cuando ésta fue disuelta en 1970, y el marqués Luigi Coda Nunziante de San Ferdinando (1930-2015), ex comandante de la marina militar italiana. La noticia de la conferencia, difundida en el mes de mayo, no suscitó al principio preocupación en el Vaticano. Pablo VI consideró que sería fácil convencer a la princesa para que desistiese de su idea, y encomendó la misión a un estrecho colaborador suyo, el P. Sergio Pignedoli (1910-1980), al cual había creado cardenal en 1973. El purpurado telefoneó a la princesa y habló con tono afectuoso, preguntando antes que nada de su enfermedad. «Me agrada –señaló Elvina Pallavicini con ironía– su interés después de tanto tiempo de silencio.» Al cabo de casi una hora de formalidades, el cardenal hizo por fin la pregunta: «He sabido que va a recibir a monseñor Lefebvre. ¿La conferencia será pública o privada?». «En mi casa no puede ser sino privada» –repuso la princesa. El cardenal se aventuró a sugerir: «¿No cree que sería oportuno posponerla? Monseñor Lefebvre ha hecho sufrir mucho al Santo Padre, que está muy dolorido por esta iniciativa…». La respuesta de doña Elvina dejó helado al cardenal Pignedoli. «Eminencia, creo que en mi casa puedo recibir a quien me plazca».
Ante esta inesperada resistencia, el Vaticano se dirigió al príncipe Aspreno Colonna (1916-1987), que todavía desempeñaba, ad personam, el cargo de asistente al solio pontificio. Cuando el cabeza de la histórica familia solicitó una audiencia, la princesa le hizo saber que estaba ocupada. El príncipe Colonna solicitó audiencia para el día siguiente a la misma hora, pero la noble señora respondió de la misma manera. Mientras el príncipe se despedía, la Secretaría de Estado pensó probar otras vías. Solicitó audiencia con la princesa monseñor Andrea Lanza Cordero di Montezemolo, recién consagrado arzobispo y nombrado nuncio en Papúa-Nueva Guinea. El prelado era hijo del coronel Giuseppe Cordero Lanza di Montezemolo (1901-1944), jefe de la Resistencia monárquica en Roma, fusilado por los alemanes en las Fosas Ardeatinas. Durante la ocupación alemana, la joven princesa Elvina había colaborado con él, lo que la hizo acreedora a una medalla de bronce al valor militar. Yo también intervine en el coloquio, pero mi presencia causo mucho fastidio al futuro cardenal, que en vano apeló a la memoria del padre para frustrar la inminente conferencia. Se le recordó al nuncio que precisamente la resistencia de tantos militares al nacionalsocialismo había recordado que a veces es necesario desobedecer las órdenes injustas de los superiores, para respetar los dictados de la propia conciencia. 
La Secretaría de Estado jugó entonces su última baza, dirigiéndose a Umberto II, rey de Italia en el exilio, que residía en Cascais. El marqués Falcone Lucifero ministro de la Real Casa, telefoneó a la princesa para comunicarle que el Soberano le rogaba encarecidamente que pospusiera la conferencia. «Me sorprende que Vuestra Majestad se deje intimidar por la Secretaría de Estado después de todo lo que ha hecho el Vaticano contra la monarquía» –repuso con firmeza la princesa, recalcando que la conferencia se celebraría en la fecha fijada. El marqués Lucifero, que era un caballero de los de antes, envió un ramo de rosas a la princesa. Entonces el Vaticano decidió emplear medidas más enérgicas,  iniciando en los principales diarios italianos un verdadera campaña de terrorismo psicológico a fin de presentar a la princesa como una aristrócrata tozuda rodeada de unos pocos nostálgicos salidos de un mundo destinado a desaparecer. Se hizo saber en privado a doña Elvina que de llevarse a cabo la conferencia sería excomulgada. El 30 de mayo, mediante un comunicado de la agencia ANSA, la princesa precisó que su iniciativa «no estaba motivada por ninguna intención de desobediencia a las autoridades eclesiásticas, sino por amor y fidelidad a la Santa Iglesia y a su Magisterio». «En la Iglesia conciliar  –añadía el comunicado–, existen por desgracia controversias independientemente de la persona de monseñor Lefebvre, y no en menor medida en Italia, aunque sea menos evidente, que en el resto del mundo católico. Con la conferencia del 6 de junio se pretende brindar a monseñor Lefebvre la posibilidad de expresar abiertamente y con plena libertad sus tesis con miras a aportar claridad a los problemas que causan tanta turbación y dolor en el mundo católico, con la certeza de que la paz y la tranquilidad sólo se podrán recuperar una vez recobrada la unidad en la verdad». 
El 31 de mayo apareció en la primera plana del diario Il Tempo una declaración del príncipe Aspreno Colonna en la que se leía que «el Patriciado romano se desmarca de la iniciativa», deplorándola como «totalmente inoportuna». El cañonazo fue disparado no obstante el 5 de junio por el cardenal vicario de Roma, Ugo Poletti (1914-1997). Con una violenta declaración publicada en Avvenire, el diario de los obispos italianos. Poletti atacaba a monseñor Lefebvre y a «sus aberrantes secuaces», calificándolos de «exiguos sectores nostálgicos prisioneros de viejas tradiciones». Manifestaba igualmente «estupor, dolor y sentida pero firmísima reprobación por la ofensa cometida contra la Fe, la Iglesia Católica y su divina Cabeza, Jesús», al haber puesto en duda monseñor Lefebvre «verdades fundamentales, en particular con relación a la  infalibilidad de la Iglesia católica fundada sobre Pedro y sus sucesores, en materia de doctrina y de moral». El cuartel general de la princesa respondió de inmediato. «No se puede entender que exponer en privado tesis que hasta hace pocos años han sido las de todos los obispos del mundo pueda alterar hasta tal punto la seguridad de una autoridad que cuenta con la fuerza de la continuidad doctrinal y la evidencia de sus posturas». La princesa declaró: «Soy católica apostólica romana más que convencida, porque he comprendido y perfeccionado el verdadero sentido de la religión a través del sufrimiento físico y moral: no debo nada a nadie, no tengo honores ni prebendas que defender, y doy gracias a Dios por todo. Dentro de los límites en los que la Iglesia me lo permite, puedo disentir, puedo hablar, puedo actuar: debo hablar y debo actuar: no hacerlo sería una vileza. Y permítaseme decir que en nuestra familia, incluida esta generación, los viles no tienen cabida». Finalmente llego el fatídico 6 de junio. La asistencia a la conferencia había sido rigurosamente reservada a cuatrocientos invitados, controlados por el servicio de orden facilitado por los jóvenes de Alleanza Cattolica, pero había más de un millar de personas que abarrotaban las escaleras y el jardín del histórico palacio Rospigliosi-Pallavicini, célebre en todo el mundo por sus obras de arte. Monseñor Lefebvre llegó acompañado por su joven representante en Roma, don Emanuele du Chalard. La princesa Pallavicini les salió al encuentro en su silla de ruedas, conducida por su dama de compañía doña Elika del Drago. La princesa Virginia Ruspoli, viuda de Marescotti, uno de los dos príncipes héroes de la batalla de El Alamein, obsequió a monseñor Lefebvre una reliquia de san Pío X que le había entregado personalmente Pío XII. A pesar de que el Gran Priorato de la Orden de Malta en Roma había manifestado «la necesidad ineludible» de abstenerse de asistir a la conferencia, el príncipe Sforza Ruspoli, el conde Fabrizio Sarazani y algunos oltros valerosos aristócratas habían plantado cara a las censuras de la institución y estaban en primera fila, junto a monseñor François Ducaud Bourget (1897-1984), que el 27 de febrero había dirigido en París la ocupación de la iglesia de San Nicolás de Chardonnet. 
La princesa Pallavicini presentò a monseñor Lefebvre, que se sentó bajo el baldaquino rojo con el escudo de armas del papa Clemente IX, Rospigliosi. El arzobispo, tras recogerse previamente en oración, dio comienzo a su discurso con estas palabras: «Soy respetuoso con la Santa Sede, soy respetuoso con Roma. Lo soy porque amo a esta Roma católica». La Roma católica que tenía ante sí interrumpía con frecuencia su discurso con atronadores aplausos. La sala estaba llena hasta rebosar, y la multitud se agolpaba en las escaleras del palacio. El Concilio del aggiornamento –explicó monseñor Lefebvre– aspira en realidad a una nueva definición de la Iglesia. Para ser abierta y estar en comunión con todas las religiones, todas las ideologías, todas las culturas, la Iglesia debe cambiar sus excesivamente jerárquicas instituciones y fragmentarse en tantas conferencias episcopales como naciones. Los sacramentos harán hincapié en la iniciación y la vida colectiva más que en alejarse de Satanás y el pecado. El tema central del cambio será el ecumenismo. Desaparecerá la práctica del espíritu misionero. Se enunciará el principio según el cual «todo hombre es cristiano y no lo sabe», y está por tanto en busca de la salvación, sea cual sea la confesión a que pertenezca. Las innovaciones litúrgicas y ecuménicas –prosiguió monseñor Lefebvre en medio del profundo silencio de los presentes– conducen a la desaparición de las vocaciones religiosas y dejan los seminarios desiertos. El principio de la libertad religiosa resulta ultrajante para la Iglesia y para Nuestro Señor Jesucristo, porque no es otra cosa que «el derecho a la profesión pública de una religión falsa sin ser molestado por ninguna autoridad humana». 
Monseñor Lefebvre se centró en las concesiones postconciliares al comunismo, recordando las repetidas audiencias a dirigentes comunistas en la Santa Sede; el acuerdo para no condenar comunismo durante el Concilio; el desprecio a los más de 450 obispos que pidieron dicha condena, y el nombramiento de obispos filomarxistas como Hélder Câmara en Brasil, Silva Henríquez en Chile y Méndez Arceo en México. Es innegable, añadió monseñor Lefebvre para concluir, que numerosos dominicos y jesuitas que profesan abiertamente herejías no son condenados, y que obispos que practican la intercomunión, que introducen en sus diócesis e iglesias falsas religiones, y llegan a bendecir el concubinato, ni siquiera son objeto de investigación. Sólo los católicos fieles se arriesgan a ser expulsados de la Iglesia, perseguidos y condenados. «A mí me han suspendido a divinis porque sigo formando sacerdotes como se los formaba antes». Ante un auditorio emocionado con sus palabras, monseñor Lefebvre concluyó su conferencia afirmando: «Hoy en día, la misión más importante del católico es conservar la Fe. No es lícito obedecer a quien se ocupa de disminuirla o hacerla desaparecer. Al bautizarnos pedimos a la Iglesia la Fe porque la Fe nos lleva a la vida eterna. Y seguiremos exigiendo esta fe a la Iglesia hasta  último respiro». 
El encuentro finalizó con el canto del Salve Regina. El vaticanista Benny Lai comentó en La Nazione el 7 de junio: «Quienes se esperaban a un implacable juez se encontraron ante un hombre de actitud humilde, capaz también de concluir, antes de invitar a los presentes a recitar el Salve Regina, con esta declaración: “No quiero formar ningún grupo ni deseo desobedecer al Papa, pero él tampoco debe pedirme que me haga protestante”». La conferencia fue una victoria estratégica de los impropiamente calificados de tradicionalistas, porque monseñor Marcel Lefebvre consiguió dar a conocer sus tesis a nivel internacional y sin consecuencias canónicas. Pablo VI falleció un año más tarde, conmocionado por la muerte de su amigo Aldo Moro. El nombre del cardenal Poletti continúa vinculado al oscuro asunto de la autorización que concedió el 10 marzo de 1990 para el sepelio en la basílica de San Apolinar del capo de la banda de la Magliana, “Renatino” de Pedis. 
La princesa Pallavicini salió airosa del “desafío” . No sólo no fue excomulgada, sino que en los años que siguieron su palacio se convirtió en punto de referencia de numerosos cardenales, obispos e intelectuales católicos. Ni ella ni sus amistades de Roma eran fantasmas de otra época, como los calificó el Corriere della Sera del 7 de junio de 1977, sino testigos de la fe católica que forjaban el futuro. Cuarenta años después, la historia les ha dado la razón. 
Roberto de Mattei
(Traducido por J.E.F)

domingo, 16 de julio de 2017

PRAXIS REVOLUCIONARIA Y FSSPX



La FSSPX está atrapada en el engranaje revolucionario de la iglesia conciliar.


Ya decía Mons.  Lefebvre que “el golpe maestro de Satanás” era “difundir los principios revolucionarios introducidos en la Iglesia por la misma autoridad de la Iglesia”. Pero lo que no han llegado a comprender los que se dicen sus discípulos y seguidores en la FSSPX, es la manera de actuar de los revolucionarios, para hacer participar gradualmente de esos mismos principios a quienes en la teoría son sus opositores. DecíaJean Ousset (citado en un artículo de nuestro blog): “Para conducirnos al ateísmo, el comunismo no exige creer en tales o cuales argumentos abstractos, exige participar en su acción, lo que, en la práctica, es mucho más eficaz. ¡Y cuántos caen en la trampa, con el pretexto de que no se les pide renegar explícitamente de su fe!” (“Marxismo y Revolución”, Cruz y Fierro Editores, Bs. As. 1977).

En efecto, “el fin de la técnica revolucionaria –explica Luce Quenette, en “Révolution et Contre-révolution”, Lettre de la Péraudière, 2011- no es de convencer, sino de hacer aceptar la regla del juego, es decir el medio. El contenido de la discusión, el sujeto que se tratará en la reunión a la cual se os ha invitado, es superfluo (Courrier de Rome, n° 47). No es el fondo lo que importa, es la forma que se le va a dar delante de Usted, lo que quieren que acepte por vuestra sola presencia, lo mismo si Usted no dice una sola palabra. Las ideas no importan más, sino el mecanismo de la máquina”.

Maestro consumado de esta praxis revolucionaria, Francisco no deja de decir que la teología lo tiene sin cuidado, para afirmar de diversas maneras y sobre todo con miles de gestos que lo que importa es “caminar juntos”, “dialogar”, “tender puentes y no erigir muros”, practicar la “cultura del encuentro”, etc. “Se asiste hoy al último asalto del ultra-modernismo respecto al tradicionalismo – dice don Curzio Nitoglia- para que, mediante la trampa del “dialogo”, lleguen a la coexistencia después de haber aceptado imprudentemente y casi inadvertidamente un cambio teológico apresurado y temerario. Principalmente, el papa Bergoglio está llevando adelante una guerra psicológica más o menos oculta respecto a los tradicionalistas, la cual apunta no a destruir sino a debilitar, poco a poco, su resistencia a los errores modernistas (1900-1950), neo-modernistas (1950-2013) y ultra modernistas (2013-2016)”.

Francisco actúa como un gran Reformador (así incluso lo llama la prensa y se titula un libro), y al respecto bien vale esta caracterización, que hace Maritain de Lutero en su libro “Tres Reformadores”, en el capítulo “Lutero o el advenimiento del Yo” (citado por J. Ousset en su obra ya mencionada): “Hay un rasgo asombroso de la fisonomía de Lutero. Lutero es un hombre entera y sistemáticamente dominado por sus facultades afectivas y apetitivas; es un Voluntario puro caracterizado ante todo por la potencia en la acción”. (…) Esta actitud del alma debía estar naturalmente acompañada de un profundo antiintelectualismo, favorecido además por la formación occamista y nominalista que Lutero había recibido en filosofía”. ¿Sorprende entonces el pragmatismo hábil, el utilitarismo astuto de Bergoglio? ¿No es acaso Bergoglio quien se ha animado a meter a Lutero dentro del Vaticano, cuando llevó su estatua y reivindicó la figura del heresiarca?




La FSSPX entró de lleno, a partir de los llamados “diálogos doctrinales”, en la trampa revolucionaria de los modernistas, que no interesándose en absoluto en esclarecer su doctrina y aún menos ponerla en cuestión, vieron con satisfacción que los representantes de la FSSPX se sentaran a la misma mesa para “dialogar”. Tras las sesiones de diálogos doctrinales entre los teólogos modernistas romanos y los teólogos de la Fraternidad, que resultaron previsiblemente un fracaso, la Fraternidad continuó sentándose a dialogar, esta vez a propósito de beneficios canónicos, favores, reconocimientos y demás temas que en verdad para Roma no contaban demasiado porque, para ellos, lo importante era que la FSSPX continuara dialogando. Mons. Fellay afirma muy alegre que ahora se puede discutir el concilio, que es una cuestión abierta, etc. Sabemos muy bien que para los modernistas romanos el Vaticano II es incuestionable y marca su hoja de ruta. Pero la táctica revolucionaria es la de entrar en “discusión” (el diálogo es acción, praxis), sabiendo que, como ocurrió antes, esas discusiones no conducirán a otra cosa sino a debilitar más a la FSSPX, debido a los contactos permanentes con los modernistas. “En esa reunión –sigue diciendo Luce Quenette- a la cual el vicario os invita con tanta gentileza e insistencia, se os va a demandar vuestra opinión, a Usted “integrista”, de igual modo que se le pide al progresista, al ateo, al comunista también invitados. Acepte usted, y es todo, usted está dentro del engranaje”.

La enseñanza antiliberal que pudo darse en la Fraternidad, el examen pormenorizado y exhaustivo de los documentos del Vaticano II, no tuvo como correlativa enseñanza el conocimiento del combate contrarrevolucionario, indispensable para entender qué es la revolución y cómo actúan sus agentes. La FSSPX ya es parte del engranaje revolucionario conciliar, pues no sólo aceptó participar de la “técnica revolucionaria” sino que también aceptó todo aquello que “generosamente” Roma le dio para atraerla aún más a su yugo sutil. La única solución que le queda es cortar con la máquina, romper el trato con los revolucionarios, afirmando lo que al final de su vida Mons. Lefebvre, cuando comprendió perfectamente con quiénes estaba tratando: ¿Quieren tener contacto con nosotros? Acepten las encíclicas antliberales, rechacen el modernismo. En otras palabras: conviértanse. Pero esto ya no es posible, pues los jerarcas de la congregación no han comprendido en absoluto la naturaleza de este combate y están imbuidos de la conducta típicamente liberal que los lleva a la contradicción y el doble lenguaje permanente. Eso es producto de, como Eva, haber hablado con la serpiente, cuando debió haberse mantenido alejada para no caer en la tramposa seducción revolucionaria.

16 DE JULIO - NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

SYLLABUS




Consagración a Ntra. Sra.  del Carmen

“Oh, María, Reina y Madre del Carmelo, vengo hoy a consagrarme a Ti, pues toda mi vida es como un pequeño tributo por tantas gracias y bendiciones como he recibido de Dios a través de tus manos.

Y porque Tú miras con ojos de particular benevolencia a los que visten tu Escapulario, te ruego que sostengas con tu fortaleza mi fragilidad, ilumines con tu sabiduría las tinieblas de mi mente y aumentes en mí la fe, la esperanza y la caridad, para que cada día pueda rendirte el tributo de humilde homenaje.

El Santo Escapulario atraiga sobre mí tus miradas misericordiosas, sea para mí prenda de particular protección en la lucha de cada día, de modo que pueda seros fiel a tu Hijo y a Ti.

Que él me tenga apartado de todo pecado y constantemente me recuerde el deber de pensar en Ti y revestirme de tus virtudes.

De hoy en adelante me esforzaré por vivir en suave unión con tu espíritu, ofrecerlo todo a Jesús por tu medio y convertir mi vida en imagen de tu humildad, caridad, paciencia, mansedumbre y espíritu de oración.

Oh Madre Amabilísima, sostenme con tu amor indefectible, a fin de que a mí, pecador indigno, me sea concedido un día cambiar tu Escapulario por el Eterno vestido nupcial y habitar contigo y con los Santos del Carmelo en el Reino de tu Hijo. Así sea.”

S. S. Pío XII




El Escapulario: hablan los Papas y los santos

El Beato Papa Gregorio X fue enterrado con su escapulario solo 25 años después de la Visión del Escapulario. 600 años más tarde cuando abrieron su tumba, su escapulario estaba intacto.

El Papa Pío XII habló frecuentemente del Escapulario. En 1951, aniversario 700 de la aparición de Nuestra Señora a San Simón Stock, el Papa ante una numerosa audiencia en Roma exhortó a que se usara el Escapulario como "Signo de Consagración al Inmaculado Corazón de María" (tal como pidió la Virgen en Fátima).  El Escapulario también representa el dulce yugo de Jesús que María nos ayuda a sobrellevar. Y finalmente, el Papa continuó, el Escapulario nos marca como hijos escogidos de María y se convierte para nosotros (como lo llaman los alemanes) en un 'Vestido de Gracia".

El mismo día que S. Simón Stock recibió de María el escapulario y la promesa, él fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llegó puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios"

San Alfonso Ligorio y San Juan Bosco tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario. Cuando murió San Alfonso Ligorio le enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su escapulario. Muchos años después cuando abrieron su tumba encontraron que su cuerpo y todas las vestimentas estaban hechas polvo, sin embargo su escapulario estaba intacto. El escapulario de San Alfonso está en exhibición en su Monasterio en Roma.

San Alfonso Ligorio nos dice: "Herejes modernos se burlan del uso del Escapulario. Lo desacreditan como una insignificancia vana y absurda."

San Pedro Claver, se hizo esclavo de los esclavos por amor. Cada mes llegaba a Cartagena, Colombia un barco con esclavos. San Pedro se esforzaba por la salvación de cada uno. Organizaba catequistas, los preparaba para el bautismo y los investía con el escapulario. Algunos clérigos acusaron al santo de celo indiscreto. Sin embargo él continuó su obra hasta tener más de 300.000 conversos.

San Claudio de Colombiere (director espiritual de St. Margarita María)

«Yo quería saber si María en realidad se había interesado en mí, y en el escapulario Ella me ha dado la seguridad más palpable. Sólo necesito abrir mis ojos, Ella ha otorgado su protección a este escapulario: 'Quien muera vestido en él no sufrirá el fuego eterno`.»

Dijo también: "Debido a que todas las formas de amar a la Santísima Virgen y las diversas maneras de expresar ese amor no pueden ser igualmente agradables a ella y por consiguiente no nos ayudan en el mismo grado para alcanzar el cielo, lo digo sin vacilar ni un momento, ¡El Escapulario Carmelita es su predilecto!" y agrega "Ninguna devoción ha sido confirmada con mayor número de milagros auténticos que el Escapulario Carmelita". 

Otros Testimonios:

"Un sacerdote de Chicago fue llamado para ir a asistir a un moribundo que había estado lejos de su fe y de los sacramentos por muchos años. El moribundo no quiso recibirlo, ni hablar con él. Pero el sacerdote insistió y le enseñó el escapulario que llevaba. Le preguntó si le permitiría ponérselo. El hombre aceptó con tal que el sacerdote lo dejara en paz. Una hora más tarde el moribundo mandó a llamar al sacerdote pues deseaba confesarse y morir en gracia y amistad con Dios"

El demonio odia el escapulario.  Un día al Venerable Francisco Yepes se le cayó el escapulario. Mientras se lo ponía, el demonio aulló: "¡Quítate el hábito que nos arrebata tantas almas!".

Un misionero Carmelita de Tierra Santa fue llamado a suministrar la unción de los enfermos en el año 1944. Notó que mientras caminaba, sus pies se hundían cada vez más en el fango hasta que, tratando de encontrar tierra firme, se deslizó en un pozo de fango en el que se hundía hacia la muerte. Pensó en la Virgen y besó su hábito el cual era escapulario. Miró entonces hacía la Montaña del Carmelo gritando: "¡Santa Madre del Carmelo! ¡Ayúdame! ¡Sálvame!". Un momento más tarde se encontró en terreno sólido. Atestiguó más tarde: "Sé que fui salvado por la Santísima Virgen por medio de su Escapulario Carmelita. Mis zapatos desaparecieron en el lodo y yo estaba cubierto de él, pero caminé las dos millas que faltaban, alabando a María".

Salvados del Mar

En el verano de 1845 el barco inglés, "Rey del Océano" se hallaba en medio de un feroz huracán. las olas lo azotaban sin piedad y el fin parecía cercano. Un ministro protestante llamado Fisher en compañía de su esposa e hijos y otros pasajeros fueron a la cubierta para suplicar misericordia y perdón. Entre la tripulación se encontraba el irlandés John McAuliffe. Al mirar la gravedad de la situación, el joven abrió su camisa, se quitó el Escapulario y, haciendo con él la Señal de la Cruz sobre las furiosas olas, lo lanzó al océano. En ese preciso momento el viento se calmó. Solamente una ola más llegó a la cubierta, trayendo con ella el Escapulario que quedó depositado a los pies del muchacho.

Durante lo acontecido el ministro había estado observando cuidadosamente las acciones de McAuliffe y fue testigo del milagro. Al interrogar al joven se informaron acerca de la Santísima Virgen y su Escapulario. El Sr. Fisher y su familia resolvieron ingresar en la Iglesia Católica lo más pronto posible y así disfrutar la gran protección del Escapulario de Nuestra Señora.

Un Hogar Salvado del Fuego

En mayo de 1957, un sacerdote Carmelita en Alemania publicó una historia extraordinaria de cómo el Escapulario había librado un hogar del fuego. Una hilera completa de casas se había incendiado en Westboden, Alemania. Los piadosos residentes de una casa de dos familias, al ver el fuego, inmediatamente colgaron un Escapulario a la puerta de la entrada principal. Centellas volaron sobre ella y alrededor de ella, pero la casa permaneció intacta. En 5 horas, 22 hogares habían sido reducidos a cenizas. La única construcción que permaneció intacta, en medio de la destrucción, fue aquella que tenía el Escapulario adherido a su puerta. Los cientos de personas que vinieron a ver el lugar que Nuestra Señora había salvado son testigos oculares del poder del Escapulario y de la intercesión de la Santísima Virgen María.

El Escapulario aviva el fervor

En Octubre de 1952, un oficial de la Fuerza Aérea en Texas escribió lo siguiente: "Seis meses después de comenzar a usar el Escapulario, experimenté un notable cambio en mi vida. Casi inmediatamente comencé a asistir a Misa todos los días. Durante la cuaresma viví fervorosamente como nunca lo había hecho. Fui iniciado en la práctica de la meditación y me encontré realizando débiles intentos en al camino de la perfección. He estado tratando de vivir con Dios y doy el crédito al Escapulario de María".

Recordemos que el escapulario es un signo poderoso del amor y protección maternal de María y de su llamada a una vida de santidad y sin pecado.

Usar el escapulario es una respuesta de amor a la Madre que vino a darnos un regalo de su misericordia. Debemos usarlo como recordatorio que le pertenecemos a ella, que deseamos imitarla y vivir en gracia bajo su manto protector.


sábado, 15 de julio de 2017

COMENTARIO ELEISON DXXII (522) - 15 de julio de 2017


ERROR DE MENZINGEN – II

Roma dice, la crisis de la Iglesia no es tal.
Ahora Menzingen vive en la fantasía por igual.

El problema de la carta del 13 de junio del Cuartel General de la Fraternidad San Pio X en Menzingen, Suiza, que quiso “poner las cosas en claro sobre los matrimonio” después de la proposición de Roma del 4 de abril para facilitar la integración de los matrimonios de la Fraternidad en la estructura Conciliar, no es un pequeño problema de este o aquel argumento o este o aquel detalle. El problema es la total mentalidad Conciliar de los clérigos que hacen la proposición. En las palabras inmortales de uno de los tres teólogos de la Fraternidad que, encabezados por Mons. De Galarreta, se enfrentaron a cuatro “teólogos” romanos en las “Discusiones Teológicas” del 2009 al 2011, los cuatro romanos estaban “mentalmente enfermos pero ellos tienen la autoridad”. Tal es la (objetiva) “enfermedad mental”, que muchos católicos creyentes están tentados a concluir que ellos perdieron toda la autoridad de la Iglesia. Desgraciadamente, ellos todavía por lo menos parecen tenerla, por lo que en nombre de la “obediencia” están destruyendo la Iglesia, cualesquiera que sean – Dios sabe -- sus buenas intenciones subjetivas.

Así que la primera parte importante de la Carta sobre los Matrimonios de Menzingen (vea los “Comentarios” de la semana pasada) argumentó que la proposición de Roma del 4 de abril fue simplemente para volver a alinear los matrimonios de la Fraternidad con la antigua y razonable práctica de la Iglesia desde el Concilio de Trento. Sí, Menzingen, ¿pero de qué vale la ley razonable cuando es aplicada por administradores “mentalmente enfermos”? Un profundo axioma escolástico dice, “Lo que es recibido se recibe a la manera del receptor”. La Tradición, que está en su sano juicio, en manos de los clérigos (objetivamente) dementes, está expuesta a volverse demente. Por ejemplo, en la tercera parte de la Carta, Menzingen afirma que oficializar los matrimonios de la Fraternidad los volverá más seguros. ¿Dijeron seguros? ¿Cuando los oficiales actuales de la Iglesia están virtualmente convirtiendo las anulaciones oficiales en “divorcio católico”?

La segunda parte principal de la Carta plantea ocho objeciones principales a la propuesta de Roma con el fin de refutarlas. La esencia de la mayoría de las objeciones es que, en contexto, aceptar la proposición de Roma significa estar de acuerdo con la traición Conciliar de la Fe: con la teoría y práctica Conciliar del matrimonio (1, 2), con la condenación Conciliar de los matrimonios de la FSSPX previos (3), con el nuevo Código de Derecho Canónico (8), etc. La respuesta de Menzingen es que simplemente tomada por sí misma, abstraída de su contexto, la proposición romana sólo pone a disposición de las parejas de la Fraternidad una forma adicional de contraer matrimonio en armonía con la Iglesia oficial. Sí, Menzingen, pero ¿cómo puede ser celebrado un matrimonio en la vida real sin un contexto? ¿Y cómo puede ser cualquier contexto de la Iglesia oficial hoy sino Conciliar?

La quinta objeción es un ejemplo clásico del razonamiento de la ciudad de las nubes y los cucús que separa lo inseparable: a la objeción de que cuando Roma está facilitando el acceso a la oficialización de los matrimonios de la Fraternidad, es solamente el queso de la ratonera Prelatura Personal, Menzingen responde que “en sí mismo” ¡el queso es solo queso! Menzingen incluso reconoce que la misma proposición de Roma menciona que es un paso adelante para la eventual “regularización institucional” de la Fraternidad, en otras palabras, que el queso es objetivamente parte de una trampa. La respuesta de Menzingen es que para evadir tales trampas, la Fraternidad tendría que cortar todo contacto con los oficiales romanos, lo que Mons. Lefebvre dijo en 1975 que nunca haría.

Sí, Menzingen, pero eso fue antes de que otros 13 años de contactos y negociaciones con los romanos probaran al Arzobispo que ellos no tenían intenciones reales de cuidar de la Tradición. Entonces y sólo entonces él consagró cuatro obispos para cuidar de la Tradición (como lo hicieron hasta el 2012), pero él nunca se negó a tener futuros contactos con los romanos. Él solo dijo que en adelante, la doctrina debía preceder a la diplomacia, por lo que los contactos podían reanudarse cuando los romanos volvieran a las grandes condenaciones Papales del liberalismo y el modernismo. ¿Y desde 1988? Menzingen pretende que Roma ha cambiado para mejor, ¡por lo que la trampa ya no es una trampa! ¡Oh Menzingen! ¡Has contraído la enfermedad mental de los romanos!
                                                                                                                                        Kyrie eleison.


martes, 11 de julio de 2017

MÁXIMA TENSIÓN INTERNA EN LA FSSPX

Tensión máxima en los sacerdotes de la FSSPX: el fondo del asunto de los matrimonios.

El asunto de los matrimonios en el seno de la FSSPX es reveladora de una problemática mucho más profunda: la divergencia cada vez mayor entre la cabeza y el cuerpo de la FSSPX. En cuestión, un cambio de actitud de la Casa General de la FSSPX, que una gran parte de su base no tiene intención de asumir. El asunto de los matrimonios ha encontrado allí su primera aplicación efectiva, de allí la oposición masiva que encontró por parte de los decanos y de la totalidad de los superiores de las comunidades religiosas tradicionales.
La tensión, por lo tanto, es fuerte en la FSSPX. Mientras la Casa General, adjudicándose un derecho que parece no tener [1], impone la delegación del Ordinario para todos los matrimonios, la mayoría de los sacerdotes se opone y se niega a pedir tal delegación. Ante este rechazo masivo, la Casa General impuso que los distritos pasen por arriba de sus sacerdotes. En Francia, es el P. André el que a partir de ahora está encargado de hacer la petición de delegación para cada uno de los matrimonios a celebrar.
Volvemos a lo que está en juego en la celebración del matrimonio
Esta “imposición por la fuerza” oculta la verdadera problemática planteada por esta petición de delegación al Ordinario, mientras que la crisis de la Iglesia va creciendo. Uno de los sacerdotes lo explicó muy bien en una carta dirigida a sus fieles, con el fin de explicar por qué no podía en conciencia obedecer la orden de sus superiores.
“En nuestros días, el asalto principal del infierno contra la pobre humanidad es sobre el matrimonio. Nadie puede ignorar este ataque pues la familia es la célula de base de la sociedad. Todos tienen el deber de defender la unión matrimonial en su naturaleza, su fin y sus propiedades. Además los bautizados que confiesan el carácter sacramental del matrimonio cristiano, deben proteger la profesión de fe que comporta todo consentimiento matrimonial. Los futuros esposos que serán los ministros de este sacramento (un sacerdote no “casa”) no tienen el derecho de celebrarlo de una manera equívoca. Los sacerdotes tienen el deber de recordarles eso y de ayudarlos a protegerse de las astucias del clero modernista.
El 4 de abril de 2017, el cardenal Müller dio a conocer la autorización otorgada por el Santo Padre a los obispos de todo el mundo de delegar un sacerdote diocesano para bendecir el matrimonio de los fieles de la Fraternidad, o, en caso de imposibilidad, de conceder a los sacerdotes de la Fraternidad las facultades necesarias. Entonces fue anunciado que esta decisión del Santo Padre iba a cambiar nuestra práctica actual. Ustedes saben que esta práctica consiste en incitar a los fieles a aprovechar las disposiciones del canon 1098. Éste permite casarse sin recurrir al clero conciliar en razón del grave peligro para la fe que eso comporta. De ahora en adelante habrá que recurrir a los obispos y actuar en función de sus respuestas. Algunos sacerdotes proponen una cooperación mínima a esta nueva práctica contentándose con informarse cerca de los obispos (sin hablar de ello a los fieles…) de lo que piensan hacer en la línea o en el marco de la carta del cardenal Müller.
Pues es allí que se plantea un verdadero problema de conciencia. ¿Está permitido alinearse o entrar en ese marco? Es suficiente contemplar las diferentes respuestas posibles -respuestas que habremos provocado nosotros mismos- para darse cuenta de la inmensa dificultad.
La posibilidad de hacer intervenir por principio un sacerdote modernista durante una ceremonia de matrimonio es ciertamente imposible. Yo no pienso extenderme en este punto.
Ahora, si el obispo quiere enviar a un sacerdote de su diócesis (o venir él mismo), ¿cómo reprochar el hacer exactamente lo que el papa lo invita a hacer? ¿Cómo podemos agradecer profundamente al papa por su decisión, escribir al obispo en el marco de esta decisión, y luego rechazar la respuesta positiva del obispo? ¿Cómo podemos alabar una decisión y ver un “grave inconveniente” cuando ésta es aplicada? Por otro lado, es imposible recurrir a falsos argumentos, como por ejemplo decir que es la pareja la que rechaza esta presencia de un sacerdote conciliar, o que es la perplejidad que engendraría en nuestros fieles lo que nos obligarían a rechazar la proposición del obispo. El pastor debe preceder al rebaño. Los sacerdotes de la Fraternidad no se esconden detrás de la perplejidad de los fieles, sino que la iluminan.
Si el obispo rechaza toda delegación, ¿cómo podemos decir entonces que el recurso al canon 1098 se vería reforzado mientras que el grave inconveniente sería rebajado a una cuestión personal? Ya no son los futuros esposos los que se negarían a recurrir a una autoridad peligrosa para la fe, sino que es tal obispo que le niega a tal sacerdote en tal lugar y en tal momento una delegación que éste se creyó obligado de pedir. La lógica de este planteamiento no permite ni siquiera ver allí una injusticia, que por otra parte nunca ha sido el problema fundamental.
Finalmente, si el obispo da la delegación sin ninguna condición pero siempre en el marco de la carta del cardenal Müller, ¿cómo proclamarlo gozosamente sin provocar “escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX” y sin perjuicio en contra de todos los otros matrimonios que han sido o serán celebrados en nuestras capillas? Al entrar en las disposiciones pontificales, se admitiría que serían celebrados, con nosotros, dos clases de matrimonio y se establecería entre ellos una jerarquía injusta. En lugar de honrar a los fieles valientes que han recurrido al ministerio de los sacerdotes de la Tradición, se los verá, sea con compasión porque ellos no tuvieron la dicha de encontrar un obispo complaciente, sea con hostilidad porque ellos no quisieron entrar en las disposiciones explícitamente establecidas para alcanzar una ilusoria “plena comunión”. 
Finalmente, este sello conciliar que debe “asegurar” los matrimonios de nuestros fieles ¿no es una invitación a volverse hacia las oficialidades diocesanas que pronuncias por millares verdaderos “divorcios católicos” en nombre del código de 1983, revisado de manera aún más laxista por Francisco? Los pobres esposos que están dispuestos a poner su fe en peligro, a violar sus compromisos matrimoniales y a entregarse al adulterio, desgraciadamente siempre encontrarán un sacerdote para bendecirlos, incluso en el rito tradicional. ¿Es justo entonces debilitar las convicciones de todos los fieles a fin de “volver menos fácil la traición de algunos?” [2]
El cambio de actitud de la Casa General
Nosotros decíamos que esta fuerte tensión se deriva de un cambio de actitud de las más altas autoridades de la FSSPX frente a la crisis que atraviesa la Iglesia. Vemos de su parte un triple reposicionamiento:
-Relativización de la nocividad del concilio Vaticano II
-Silencio sobre los errores y escándalos de la iglesia conciliar
-Relativización del estado de necesidad.
1. La relativización de la nocividad del concilio Vaticano II
Esta relativización, en curso desde hace algunos años, no es enunciada claramente sino que es insinuada, destilada a través de discursos, entrevistas o cartas.
“La libertad religiosa es utilizada de muchas maneras, y viendo de cerca yo realmente tengo la impresión que no muchos conocen lo que el Concilio dijo al respecto. El Concilio presenta una libertad religiosa de hecho muy, muy limitada. Muy limitada”. (Entrevista a “Catholic News Services”, 11 de Mayo de 2012, min. 1:28 a 1:44)
“En la Fraternidad se está haciendo de los errores del Concilio unas súperherejías, eso se vuelve como el mal absoluto, peor que todo, de la misma manera que los liberales han dogmatizado ese concilio pastoral. Los males ya son lo suficientemente dramáticos para exagerarlos más”. (Carta respuesta a los 3 Obispos, 14 de Abril de 2012).
Los ejemplos podrían multiplicarse. Lo que se ve en ello es que en estos momentos de irenismo, el concilio sólo es visto en su materialidad, independientemente de su espíritu liberal omnipresente y peligrosísimo, ya que el liberalismo, con su sucedáneo que es el modernismo, son la cloaca de todas las herejías. Estas intervenciones por parte de los superiores no suceden sin crear tensiones en el seno de la FSSPX. Visto que el combate liberal está inscrito en los mismos genes de la obra de Mons. Lefebvre, aparecen entonces los “sacerdotes OGM” [Organismos Genéticamente modificados, nota de NP] frente a los “sacerdotes BIO” [sin contaminación genética, nota de NP].
2. El silencio sobre los errores y escándalos de la iglesia conciliar
Es desde el 2011 que pueden ser observados silencios cuasi sistemáticos cuando debían ser denunciados los actos escandalosos (que llevan al pecado) planteados por el mismo papa, al parecer convertido en intocable. Esto se observa en la comunicación oficial de la FSSPX durante la reunión interreligiosa de 2011 en Asís, durante la canonización de Juan Pablo II (2014), antes, durante y después del Sínodo de la familia. Esto es verdad también durante la instauración de un “divorcio católico” o la reforma de los procedimientos de nulidad de matrimonio, en el caso de Amoris Laetitia o de la rehabilitación de Lutero. Tampoco una palabra sobre la recepción solemne de su estatua en el Vaticano el pasado 13 de octubre, mientras que ese día, también en el Vaticano, “se” negociaba en la sala de al lado una eventual prelatura para la FSSPX; “se” quijoteó con un comunicado a este respecto, sin hacer alusión alguna al terrible escándalo por el que fue manchado este día de aniversario de las apariciones de Fátima.
Este silencio tiene su importancia. En abril de 2011 se beatificó al papa Juan Pablo II. La FSSPX hizo aparecer poco antes sus dubia relativas a esta beatificación, publicación que hubiera precipitado la terminación de las discusiones doctrinales entonces en curso entre la Santa Sede y la FSSPX. No se puede continuar disparando sobre aquél con quien se negocia, hay que escoger. Entonces la FSSPX escogió en el curso de este año 2011, cuando relanzó el proceso de negociación en septiembre, con miras a un acuerdo puramente práctico. Este silencio es por lo tanto un prerequisito a todo acuerdo. Un prerequisito: no una concesión para el futuro, a partir del día que la reconciliación sea un hecho, sino un prerequisito para vivir hoy, y de hecho vivido desde septiembre de 2011. Este prerrequisito no se dice, pero está en vigor desde hace años. Y es mucho más peligroso que no esté por escrito, pero condiciona toda una actitud, que el tiempo no ha dejado de hacer cada vez más ambigua.
Encontramos allí una de las causas profundas de las tensiones existentes en el seno de la FSSPX. Pues si las autoridades de la FSSPX quisieron hacer pasar este cambio de actitud por una simple modernización de su comunicación para volverla más positiva y más atractiva (el famoso “branding”), muchos sacerdotes de esta sociedad no han sido engañados. Muchos sienten incluso el deber de gritar tan fuerte para que se callen sus superiores, y hemos asistido así a una verdadera guerra de comunicación, oponiendo a aquellos que anteriormente estaban unidos en un mismo combate.
3. La relativización del estado de necesidad
De manera consecuente a estos primeros puntos de tensión, un tercero aparece hoy abiertamente con el asunto de los matrimonios. Éste consiste en relativizar el estado de necesidad en el cual nos encontramos hoy en día, dicho de otro modo, a relativizar la cuasi universalidad de la crisis que atraviesa la Iglesia. Desde hace ya años, la comunicación oficial de la Casa General le gusta hacer hincapié en cómo se multiplican los prelados, obispos y cardenales que supuestamente se apegan cada vez más a la Tradición auténtica de la Iglesia, hecho verdaderamente nuevo a sus ojos; como si Mons. Lefebvre no hubiera conocido a los cardenales Oddi, Stickler, u otros…
Pero con el asunto de los matrimonios, esta relativización del estado de necesidad es por primera vez asumida abiertamente como tal. Cierto que su existencia es recordada por los “comentarios autorizados” y las “aclaraciones” sucesivas publicadas por la Casa General, pero con un límite del cual importa tomar conciencia. Por principio, ya no es presentada como una crisis general de la fe tocando a la cuasi universalidad de los obispos (¿cómo recurrir entonces a ellos de manera habitual?) sino solamente en razón de las carencias relativas al matrimonio, que es lo único que importa preservar en el presente caso.
Además, cuando jamás la actitud del papa ha sido tan escandalosa, la comunicación oficial de la FSSPX afirma por su parte que el caso de necesidad disminuye hoy en día. Esto es en efecto lo que leemos bajo la pluma del P. Knittel, en la revista oficial de la Casa General “Nouvelles de Chrétienté”:
“Este estado de necesidad ha comenzado a dar marcha atrás con el Motu Proprio del 7 de julio de 2007, donde Benedicto XVI reconoció que la misa tradicional jamás ha sido abrogada. Las decisiones del papa Francisco relativas al apostolado de la FSSPX acentúan este movimiento”.
Desde un punto de vista práctico, tal discurso condiciona el estado de necesidad a la obtención o no de ventajas personales concretas, dicho de otro modo, a subjetivarlo, y esto independientemente de la situación objetiva cada vez más grave, la cual es olvidada. De allí que hay una nueva tensión entre los sacerdotes de la FSSPX, y los decanos que recuerdan por su parte la verdadera naturaleza de este estado de necesidad:
Como ustedes saben, desgraciadamente no existe duda alguna sobre la situación extraordinariamente dramática que atraviesa la Iglesia [3]. Ésta sufre todavía hoy y ahora en mayor intensidad, lo que Mons. Lefebvre llamaba “el golpe maestro de Satanás”: “Difundir los principios revolucionaros por la misma autoridad de la Iglesia [4]”. Vemos en efecto a las autoridades de la Iglesia, desde la sede de Pedro hasta el párroco, atentar directamente contra la fe católica mediante un humanismo corrompido que, llevando al pináculo el culto de la conciencia, destrona a Nuestro Señor Jesucristo. Así, la realeza de Cristo sobre las sociedades humanas es simplemente ignorada o combatida, y la Iglesia está tomada por este espíritu liberal que se manifiesta especialmente en la libertad religiosa, el ecumenismo y la colegialidad. A través de este espíritu, es la misma naturaleza de la Redención realizada por Cristo la que es cuestionada, es la Iglesia católica, única arca de salvación, que es negada en los hechos. La misma moral católica, ya estremecida en sus fundamentos, es derribada por el papa Francisco, por ejemplo cuando abre explícitamente el camino a la comunión de los divorciados vueltos a “casar” que hacen vida marital”.
Esta actitud dramática de las autoridades eclesiales conlleva sin duda alguna un estado de necesidad para el fiel. En efecto, hay no solamente un grave inconveniente sino un peligro real al poner su salvación entre las manos de pastores imbuidos de este espíritu “adúltero [5]” […] Para aquellos que sostienen que tal práctica sería ahora inválida debido a que las autoridades eclesiásticas ofrecen una posible delegación por parte del Ordinario, contestamos que el estado de necesidad que justifica nuestro actuar es más dogmático que canónico y que la imposibilidad de recurrir a las autoridades existentes no es física sino moral”.
Comprendemos entonces el último y supremo punto de tensión entre los sacerdotes de la FSSPX: unos, teniendo en cuenta la situación cada vez más grave que atraviesa la cuasi universalidad de la Iglesia, se protegen con cada vez más prudencia. Los otros, porque el peligro va disminuyendo a sus ojos, no aspiran más que a una regularización total de su situación y a un reconocimiento canónico. Llevada al extremo, esta tensión ha llevado y llevará sin duda a todavía más salidas de sacerdotes, sea hacia la resistencia, el sedevacantismo o con los conciliares.
Conclusión
La distancia recorrida por las autoridades de la FSSPX en algunos años se vuelve manifiesta si escuchamos el sermón dado por Mons. Fellay el 4 de agosto de 2009 en San Nicolás de Chardonnet:
Estimados hermanos, no se asombren si la Fraternidad prácticamente no se mueve cuando vengan las invitaciones de Roma a una nueva reconciliación después de la aparición de este motu proprio. Pues esto tomará tiempo. Es todo un estado de espíritu en la Iglesia que es necesario cambiar, y más que un estado de espíritu, son los principios. Es necesario que la autoridad en la Iglesia reconozca estos principios mortíferos que paralizan la Iglesia desde hace cuarenta años. Mientras esto no se haga, es bastante difícil pensar en un acuerdo práctico. ¿Y por qué? Porque cuando son estos principios los que rigen la vida de la Iglesia, cuando haya el mínimo diferendo, será arreglado en nombre de estos principios malos. Esto quiere decir que un acuerdo práctico en estas circunstancias está perdido por anticipado. Es cuestionar todo este combate que celebramos nosotros hoy, sería una contradicción verdaderamente total con lo que hemos dicho hasta ahora. No es eso lo que nosotros queremos, evidentemente queremos un estado normal de las cosas, pero eso no depende de nosotros. Si nos encontramos en esta situación no es porque lo hayamos querido. De nuevo, es por necesidad. Y esta necesidad continúa”.
Fuerza es de constatar que los principios malos denunciados así por Mons. Fellay en 2009 no han cambiado en Roma, y que su aplicación se hace cada vez más mala bajo el gobierno del papa Francisco. Pero también hay que constatar que si Roma no ha cambiado, Menzingen ha realizado su revolución. Pero no todos sus sacerdotes, de allí las tensiones presentes.
En esta tormenta que atraviesa la FSSPX, el momento decisivo vendrá sin duda en el capítulo general de esta sociedad religiosa, previsto en sus estatutos para julio de 2018. En primer lugar deberá pronunciarse sobre este triple reposicionamiento de las autoridades de la FSSPX para validarlos o revocarlos. De allí saldrá la continuación o la implosión de la FSSPX.
Christian Lassale
________________________
[1] – Cf. artículo "El asunto de los matrimonios, ¿de qué se trata?” en MPI.
[2] – Cf. Artículo del P. Camper : « Exceptionnel »
[3] Incluso cuando hay duda en cuanto a la existencia de esta situación excepcional que autoriza el uso de la forma extraordinaria del matrimonio, hay que subrayar que, en virtud de la ley, la iglesia supliría la falta de jurisdicción ( Código de 1917, canon 209; Código de 1983, canon 144), manteniendo así el acto totalmente válido.
[5] Mons Lefebvre, Declaración pública con motivo de la consagración episcopalFideliter , 29 y 30 de junio de 1988.

lunes, 10 de julio de 2017

LA VERITÀ OPINA QUE EL ACUERDO ESTÁ BLOQUEADO



Fracaso Vaticano: cae el acuerdo con los Lefebvristas


Por Lorenzo Bertocchi para La Verità (edición impresa).

El último acto del cardenal Müller es una carta a la FSSPX que marca el fin de las negociaciones. Derrota “política” para el Pontífice, que quería un entendimiento rápido: algunas divergencias doctrinales son irreconciliables. El 26 de junio pasado, Mons. Bernard Fellay, superior de la Fraternidad sacerdotal San Pío X, recibió una carta firmada por el cardenal Gerhard Ludwig Müller. Esta carta puede considerarse el último acto del ex Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, quien poco después, el 2 de julio en curso, no recibió la confirmación de su cargo de parte del papa Francisco. Esta carta es una ducha helada sobre el posible acuerdo de regreso a la plena comunión eclesial de la comunidad de sacerdotes fundada por Mons. Marcel Lefebvre en 1970.
El regreso a la plena comunión se busca desde 1988, año en el que Lefebvre ordenó cuatro obispos sin el aval de la Santa Sede. Con el papa Francisco el acuerdo se daba como cosa hecha. “Falta solamente el sello”, dijo Mons. Fellay en una entrevista televisiva de enero de este año, y todo daba a entender, también de la parte vaticana, que la prelatura personal para la FSSPX estaba prácticamente lista. Incluso hubo rumores de que Fellay estaba buscando “casa” en Roma, en particular se habló del complejo de edificios que comprende también la iglesia Santa María Inmaculada del Esquilino.
Pero algo salió mal, enésimo signo de la confusión que parece habitar en el Vaticano. Basta pensar que Mons. Guido Pozzo, secretario de la pontificia comisión Ecclesia Dei, que desde hace años se ocupa del “expediente” lefebvriano, en enero de este año dijo a La Verità que las condiciones esenciales para el acuerdo “ya están”. Un acuerdo light, según la precisa voluntad del papa Bergoglio, sin demasiados distingos doctrinales, sino solamente la adhesión a lo que es necesario para ser católico, es decir, la professio fidei, la validez de los sacramentos celebrados según el Novus Ordo, la comunión con el Pontífice y los obispos unidos a él. Los puntos más controversiales sobre los cuales Mons. Lefebvre maduró su resistencia al aggiornamento conciliar, la libertad religiosa y la relación de la Iglesia con el mundo, serían puestas a un lado como cuestiones sobre las cuales es posible discutir para pedir aclaraciones.
La misiva enviada por Müller a Fellay vuelve a poner todo en discusión y devuelve la manecilla del tiempo al 2012, cuando todo parecía listo pero en el mejor momento todo se fue al aire, a causa de un preámbulo doctrinal que Fellay se negó a firmar. Ahora ese preámbulo que parecía no interesar al papa Francisco, vuelve con fuerza al primer plano. El papa Ratzinger hizo lo posible por hacer entrar en la plena comunión a la Fraternidad. Primero le dio ciudadanía a la misa en latín con el Motu proprio del 2007, luego levantado la excomunión de los cuatro obispos ordenados por Lefebvre en 2009. Finalmente haciendo una serie de coloquios entre los teólogos de la Santa Sede y los de la Fraternidad. Pero el punto de la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio posconciliar permaneció sobre la mesa y fue el obstáculo que bloqueó todo. “Sobre la aceptación total del Concilio Vaticano II y la misa de Paulo VI, en el plano doctrinal seguimos estando en el punto de partida, tal como estaba en los años 70 con Monseñor Lefebvre”, declaró Fellay en una carta oficial de abril de 2013, poco después de la elección de Bergoglio. Este es el obstáculo considerado como insuperable por los lefebvrianos y puesto en la carta que Müller le envió a Fellay. Por esto se espera un comunicado de la casa general de la Fraternidad que debe responder a las peticiones de Müller.
Según nuestras fuentes, el anuncio de que el acuerdo no se concretó lo dio Fellay, en una reunión celebrada en torno a 15:30 el 29 de junio, después de las ordenaciones sacerdotales anuales en Ecône. “Con la llegada de esta carta”, dijo en sustancia Fellay, “ya no se dan las condiciones para el acuerdo” con Roma.
La agencia francesa Medias presse y luego el sitio de la Fraternidad, han publicado algunos extractos de la carta que hacen entender por qué el acuerdo ahora es improbable. “Con la aprobación del Soberano Pontífice” se lee en la carta que firma Müller, “juzgué necesario someter a la Sesión Ordinaria de nuestra Congregación, reunida el pasado 10 de mayo, el texto de la Declaración doctrinal que usted transmitió durante el encuentro del 13 de junio de 2016 como condición necesaria para el pleno restablecimiento de la comunión. He aquí las decisiones unánimes de todos los Miembros de nuestro Dicasterio: Es necesario exigir a los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X la adhesión a la nueva fórmula de la Professio fidei de 1988. En consecuencia, ya no es suficiente pedirles emitir la Professio fidei de 1962. El nuevo texto de la Declaración doctrinal debe contener un párrafo en el cual los signatarios declaran, de manera explícita, su aceptación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y las del período postconciliar, concediendo a dichos afirmaciones doctrinales el grado de adhesión que les es debido. Los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben reconocer, no solamente la validez, sino también la legitimidad del Rito de la Santa Misa y de los Sacramentos, según los libros litúrgicos promulgados después del Concilio Vaticano II”
El 30 de junio, Fellay envió la carta de Müller a todos los sacerdotes de la Fraternidad con un comentario inequívoco: “Nos encontramos en una situación similar a la del 2012. Aunque Mons. Pozzo, secretario de la comisión Ecclesia dei, en marzo tuvo un lenguaje muy diferente sobre los criterios de catolicidad que deben o no deben sernos requeridos”.
El hecho es evidente: No obstante la voluntad de un acuerdo light por parte del papa Francisco, poco inclinado a las cuestiones doctrinales, en el Vaticano los obispos y cardenales, con Müller a la cabeza, son absolutamente contrarios a cualquier tipo de acuerdo con la Fraternidad. La voz de Mons. Pozzo, desde siempre favorable al acuerdo, parece bastante aislada, pero quizá pueda ser la más cercana a los deseos del Pontífice.
El nuevo Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, Mons. Ladaria Ferrer, que formó parte de la comisión de diálogo instituida por Benedicto XVI en 2009, no está a favor de un acuerdo rebajado y ciertamente comparte la carta de Müller.
¿Y qué pasará ahora con la apertura ya concedida a la Fraternidad en vista del acuerdo? Después de la facultad de confesar válidamente a los fieles, fruto del año jubilar de la misericordia, la última fue en abril pasado cuando Francisco autorizó a los obispos locales a conceder la licencia para la celebración del matrimonio a la FSSPX. Alguien susurra que si no fueran suscritos los puntos de la carta Müller, todo podría ser puesto de nuevo en discusión, creando así una situación paradójica.

Se consuma así el enésimo desastre. El Papa que quiso pasar a la historia por la readmisión de los seguidores de Lefebvre, gracias a un acuerdo soft sobre los temas doctrinales, se encuentra en casa una resistencia fuerte y amplia, no dispuesta a disminuir las exigencias del 2012. En la Fraternidad Mons. Fellay está en dificultades porque se ha comprometido mucho por el acuerdo a pesar de que en su interior las voces contrarias hayan sido siempre más fuertes.



BREVE COMENTARIO DE NON POSSUMUS: ESPERAR Y VER.