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martes, 4 de febrero de 2014

BOLETÍN DE LOS DOMINICOS DE AVRILLÉ PROHIBIDO EN USA POR LA NEO FSSPX.- PARTE 1.


SEL DE LA TERRE, n° 85, Verano de 2013

¿Existe una iglesia conciliar?

POR MONS. BERNARD TISSIER DE MALLERAIS

PARTE 1

¿Existe una iglesia conciliar, sociedad constituida y distinta de la Iglesia Católica, que difiere de ella si no por sus miembros al menos por sus objetivos? Y si este es el caso, ¿cuál es su relación con la Iglesia Católica? Estas son las preguntas que se plantea la conciencia católica desde el 25 de junio de 1976, día en que el sustituto de la Secretaría de Estado del papa Paulo VI, Monseñor Giovanni Benelli (1) utilizó esta expresión en una carta escrita de parte del papa a Monseñor Lefebvre:

(Si los seminaristas de Ecône) tienen buena voluntad y están preparados seriamente para un ministerio presbiteral en la verdadera fidelidad a la iglesia conciliar, nos encargaremos de encontrar inmediatamente la mejor solución para ellos.

Varios estudios aparecieron sobre este tema en Le Sel de la terre (2) desde entonces. Formulemos una nueva pregunta para responderla.

Aproximación a una definición de iglesia conciliar.

Por principio esforcémonos en definir las dos iglesias en cuestión por sus cuatro causas según Aristóteles. Una sociedad es un ser moral, de la categoría de relación, la cual hace el enlace entre sus miembros. Se pueden distinguir:

-La causa material: Son las personas unidas en la sociedad.
Diremos que, en el caso de la Iglesia católica como en el de la iglesia conciliar, son los bautizados.

-La causa eficiente es el jefe de la sociedad: Para la Iglesia católica, Nuestro Señor Jesucristo, su fundador, y los papas que son sus vicarios; y para la iglesia conciliar, los papas del concilio, luego los mismos papas; si bien que la misma jerarquía parece gobernar las dos Iglesias.

-La causa final, que es la causa de las causas, es el bien común buscado por sus miembros: en el caso de la Iglesia católica, el bien buscado es la salvación eterna; en el caso de la iglesia conciliar, es más o menos principalmente la unidad del género humano: “La Iglesia, dice el concilio, es en Cristo como el sacramento o, si se quiere, el signo y el medio de unión íntima con Dios y la unidad de todo el género humano” (3).

-La causa formal es la unión de los espíritus y voluntades de los miembros en la búsqueda del bien común. En la Iglesia católica, por la profesión de la misma fe católica, la práctica del mismo culto divino y la sumisión a los mismos pastores y a las leyes que ellos hacen, a saber, el Derecho canónico. En la iglesia conciliar, por la aceptación de la enseñanza del concilio y del magisterio de éste, y por la práctica de la nueva liturgia y la obediencia al nuevo Derecho canónico.

Con estas bases aproximadas, podemos deducir las definiciones aproximadas de las dos Iglesias: La Iglesia Católica es la sociedad de bautizados que quieren salvar su alma al profesar la fe católica, practicando el mismo culto católico, siguiendo a los mismos pastores, sucesores de los Apóstoles. La iglesia conciliar es la sociedad de bautizados que siguen las directivas de los papas y obispos actuales, abrazando más o menos conscientemente la intención de realizar la unidad del género humano, y en la práctica aceptan las decisiones del concilio, practican la liturgia nueva y se someten al nuevo Derecho canónico.

Si es así, tenemos dos iglesias que tienen los mismos jefes y la mayor parte de los mismos miembros, pero tienen formas y fines diametralmente dispares: Por una parte, la salvación eterna secundada por el reino social de Cristo Rey de las naciones, por otra parte, la unidad del género humano por el ecumenismo liberal, es decir, ampliado a todas las religiones, heredero de las decisiones conciliares Unitatis redintegratio, Nostra ætate y Dignitatis humanæ y que es el espíritu de Asís y la antítesis del reinado social de Jesucristo.

Esto dicho un poco rápidamente, pero lo que sigue aclarará la precisión de esta oposición.

¿Es posible una sola jerarquía para dos Iglesias?

Que la jerarquía católica gobierna a la vez la Iglesia Católica y a una sociedad que tiene la apariencia de una falsa Iglesia, parece repugnar a la asistencia prometida por Cristo a Pedro y a sus sucesores, garantizando la infalibilidad del magisterio y la indefectibilidad de la Iglesia (Mt 16, 17-19 ; 28, 20).  Si el papa dirige otra iglesia, es apóstata, ya no es papa y se verifica la hipótesis sedevacantista. Es suficiente responder que «Prima sedes a nemine judicatur» y que, por consecuencia, ninguna autoridad puede pronunciar la obstinación, declarar la pertinacia de un soberano pontífice en el error o la desviación; y que, por otra parte, en caso de duda, la Iglesia supliría al menor el poder ejecutivo del pontífice aparente (can. 209 del CIC de 1917) (4).

En cuanto al magisterio,  solo está asistido si tiene la intención de transmitir el depósito de la fe y no las novedades profanas (5). En cuanto a la indefectibilidad de la Iglesia, esta no impide que la Iglesia no pueda llegar, por una gran apostasía como la anunciada por san Pablo (2 Tes. 2,3), a ser reducida a un muy modesto número de verdaderos católicos. Por consecuencia, ninguna de las dificultades planteadas contra la existencia de una verdadera sociedad llamada iglesia conciliar y dirigida por el papa y la jerarquía católica, es decisiva.


Es siempre preferible evitar estas respuestas extremas: Nos podemos esforzar en negar la existencia de la iglesia conciliar como sociedad organizada y dirigida por la jerarquía de la Iglesia católica, o reducir al extremo la pertenencia de los miembros a esta iglesia conciliar.

PARTE 2

La Iglesia conciliar, ¿no será sólo un espíritu?
[Nota del blog: la tesis de la naturaleza puramente espiritual de la iglesia conciliar es sostenida por el P. Gleize y por las autoridades actuales de la FSSPX]
 Por principio se dirá que la iglesia conciliar es solamente un “espíritu” (6) liberal y modernista que ha penetrado la Iglesia con ocasión del concilio, como le respondió Monseñor Lefebvre al cardenal Seper que le preguntó:
Monseñor, en una nota preliminar (7) a una carta dirigida al Santo Padre, usted escribió: “No nos equivoquemos, no se trata de una diferencia entre Monseñor Lefebvre y el papa Paulo VI, se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia católica y la iglesia conciliar”. Esta idea se encuentra explicada en la homilía pronunciada el 29 de junio anterior durante la Misa de ordenaciones en Ecône: “Esta nueva misa es un símbolo, una expresión, es una imagen de una nueva fe, una fe modernista (…). Es evidente que este rito nuevo está sustentado, diría, supone otra concepción de la fe católica, otra religión…” ¿Debemos concluir de estas afirmaciones que, según usted, el papa, al promulgar e imponer el nuevo Ordo Missæ, y el conjunto de obispos que lo recibieron, instauraron en torno a ellos visiblemente una nueva iglesia “conciliar” radicalmente incompatible con la Iglesia católica? (8)
Minimizando el alcance de esta declaración, el Arzobispo respondió:
 Yo observo por principio que la expresión de “iglesia conciliar” no es mía, sino de Monseñor Benelli quien, en una carta oficial, pedía que nuestros sacerdotes y seminaristas se sometieran a la iglesia conciliar”. Yo considero que un espíritu de tendencia modernista y protestante se manifiesta en la concepción de la nueva misa y en otras partes de toda la reforma litúrgica. (9).
 Estimamos nosotros que la retirada estratégica del prelado de Ecône está perfectamente justificada por las circunstancias, las de un proceso que le entable el Santo Oficio que pueda llevar a su condenación; además, las explicaciones que hubiera tenido que proporcionar en apoyo de su idea de la existencia de una sociedad paralela y organizada llamada iglesia conciliar, hubiera requerido demasiados documentos y citación de hechos, y de organizar dialécticamente en los límites de breves respuestas a dar en un interrogatorio. No podemos concluir por su respuesta evasiva, que Monseñor Lefebvre haya reducido realmente la iglesia conciliar a un “espíritu”.

La iglesia conciliar, ¿no será solo una enfermedad?
[Idem nota anterior]
 Pero, se dirá, Monseñor Lefebvre ¿no evocó varias veces una simple debilidad que afecta el cuerpo de la Iglesia, una especie de “sida espiritual”, como él decía, que debilita la capacidad de resistencia de la Iglesia a las contaminaciones?
Nosotros respondemos que lo uno no impide lo otro. Los efectos de la iglesia conciliar sobre la Iglesia católica son, ciertamente, primero un envenenamiento, una parálisis y por lo tanto un debilitamiento de la Iglesia católica frente a sus enemigos. Esto es lo que explicó Monseñor Lefebvre al cardenal Seper en una carta que precedió a su interrogatorio:
Hay en este mundo fuerzas enemigas de Nuestro Señor, de su reino. Satanás y todos sus auxiliares, conscientes o inconscientes, rechazan este reino, esta vía de salvación y militan para la destrucción de la Iglesia. Así la Iglesia está comprometida por su divino Fundador en un gigantesco combate. Todos los medios han sido empleados por Satanás para triunfar. Uno de sus últimas estratagemas, extremadamente eficaz, es el de arruinar el espíritu combativo de la Iglesia persuadiéndola que ya no hay enemigos, que hay que bajar las armas y entrar en un diálogo de paz y de entendimiento. Esta tregua falaz permitirá al enemigo penetrar en todas partes y corromper las fuerzas adversas. Esta tregua es el ecumenismo liberal, instrumento diabólico de la autodestrucción de la Iglesia. Este ecumenismo liberal exigirá la neutralización de las armas que son la liturgia con el Sacrificio de la misa, los sacramentos, el breviario, las fiestas litúrgicas, la neutralización y el paro de los seminarios…
 Es evidente que la debilidad o el « sida » de la Iglesia frente a sus enemigos, no es una simple disminución enfermiza del espíritu de combate, sino que es el resultado de estrategmas urdidos por los miembros influyentes de la Iglesia relevados por una parte de la jerarquía y sostenidos por los mismos papas, víctimas de su liberalismo, pero actores conscientes y que consienten este ecumenismo liberal, un ecumenismo recibido favorablemente por una gran parte de los católicos seducidos por las facilidades ofrecidas por esta especie de nueva religión. Todo este conjunto es precisamente lo que hemos definido como iglesia conciliar.
 Pero si a pesar de todo afirmamos que es solamente una enfermedad de la Iglesia, entonces la imagen de un cáncer sería más realista: la enfermedad conciliar ¿no es la invasión parasitaria y la colonización de tejidos sanos de la Iglesia por un virus que provoca la proliferación anárquica? Habría entonces que preguntarse sobre la existencia y naturaleza del agente viral.
 La pertenencia de miembros o adherentes a la iglesia conciliar ¿es dudosa?
Por otra parte, si aceptamos la imagen de una sociedad, de una falsa iglesia, evitando la afirmación de su existencia, podríamos reducir la pertenencia de la mayoría de sus miembros a una pertenencia puramente material, por el hecho que la mayoría sigue el movimiento por conformismo, sin conocer o compartir las finalidades de la iglesia conciliar, la cual estaría casi desprovista de miembros reales y reducida al estado de fantasma en lo que concierne a los miembros, y de esqueleto en lo que se refiere a la jerarquía. El estado verdaderamente esquelético de la iglesia conciliar confirmaría la hipótesis. Deberíamos además minimizar la pertenencia a esta última considerando que el lazo que une a sus miembros no tiene nada de la solidez de la virtud teologal de la fe católica, que es completamente sobrenatural por su objeto, su motivo y su fin: ella hace “creer a Dios, creer por Dios y creer en Dios” (10). Pues si muchos de los conciliares aprueban la tentativa de conciliación entre la religión de Dios hecho Hombre y la religión del hombre, sobre la base común de la dignidad de la persona humana, ellos no perciben el equívoco del principio de esta conciliación enunciada por el concilio enGaudium et spes: “Creyentes y no creyentes están generalmente de acuerdo en este punto: todo sobre la tierra debe estar ordenado al hombre como a su centro y su cumbre” (11). La Iglesia católica precisa con san Ignacio de Loyola: “Y las cosas que están sobre la tierra fueron creadas por causa del hombre, para ayudar a su salvación”, ¡este es otro fin! En comparación de la comunión de los santos, fruto de la fe católica y de la caridad teologal, ¿qué comunión puede cimentar entre los conciliares, la mezcla de principios tan diametralmente opuestos? A esta comunión la llamaremos, con Ana Catalina Emmerick, la comunión de los profanos o la comunión de los anti-santos (12).
 Además del equívoco de su forma, la iglesia conciliar añade la ambigüedad de su fin: “La unidad del género humano”, por esencia terrestre y natural, “en Cristo”, instrumentalizando a Nuestro Señor al servicio de una idea platónica: mañana, por un golpe de varita mágica, sin esfuerzo, sin la conversión del mundo, ¡“La iglesia será el género humano”! La Iglesia ya no necesita ser misionera, le es suficiente presentarse al mundo, ser mediática. Los incesantes viajes publicitarios de Juan Pablo II ilustran la realidad de lo que el Padre Julio Meinvielle describió desde 1970 como “la Iglesia de a publicidad”:
 “Esta iglesia de la publicidad, magnificada en la propaganda, con obispos, sacerdotes y teólogos publicitados, puede ser ganada por el enemigo y convertirse de la Iglesia Católica en la iglesia gnóstica, (frente a) la otra, la Iglesia del silencio, con un Papa fiel a Jesucristo en su enseñanza y con algunos sacerdotes obispos y fieles que les sean adictos, esparcidos como “pusillus grex” por toda la tierra”. (13)
 ¡Desgraciadamente, el papa fiel hasta ahora le ha fallado a este pusillus grex! Los papas posconciliares, elegidos papas de la Iglesia Católica, has sido sobretodo papas de la iglesia de la publicidad.
Por todo lo que hemos considerado, aparece que la iglesia conciliar no es solamente una enfermedad ni una teoría, sino que ella es una asociación de jerarcas católicos que, inspirados por los pensadores liberales y modernistas, quieren, en sus fines mundialistas, realizar un nuevo tipo de Iglesia, con numerosos sacerdotes y fieles católicos que están más o menos ganados a este ideal. Ella no es una pura asociación de víctimas. Formalmente considerada, la Iglesia conciliar es una secta que ocupa la Iglesia católica. Ella tiene a sus fautores y autores organizados como los tuvo el modernismo condenado por san Pio X, al cual hay que citar:
 ¿Está muerta la secta modernista?
Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre. (…) En nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol (…) Pues ¿qué no maquinan a trueque de aumentar el número de sus secuaces? En los seminarios y universidades andan a la caza de las cátedras, que convierten poco a poco en cátedras de pestilencia. (14)
 Pasarán cincuenta años; a pesar de Pascendi de San Pio X en 1907 y de Humani generis de Pio XII en 1950, la secta de los modernistas asalta los puestos de influencia dentro de la Iglesia y, con ocasión del Vaticano II, impondrán a la Iglesia y presentarán al mundo el nuevo tipo de iglesia que hemos descrito por su forma y su fin, y esta secta pondrá a la obra, por medio del magisterio y las reformas de los papas que se adjudican al concilio, este nuevo sistema de iglesia. Los roles de Paulo VI, el papa liberal y contradictorio, y el de Juan Pablo II, el papa filósofo y ecuménico, son innegables en el establecimiento de lo que es la iglesia conciliar, con su jerarquía que, salvo rarísimas excepciones, es exactamente la de la Iglesia católica. 

PARTE 3

La Iglesia conciliar, obra de un plan masónico.

Permítanme una mirada hacia atrás, hace ciento treinta años antes del concilio; tal retrospectiva nos ayudará a comprender que el establecimiento de la Iglesia conciliar es el fruto de un plan urdido por la masonería. Citemos extractos de la correspondencia interna de los Carbonarios, masones italianos del siglo XIX, publicados por los papas Gregorio XVI y Pio IX.

Lo que debemos pedir, lo que debemos buscar y esperar como los judíos esperan el Mesías, es un Papa según nuestras necesidades. (…)  que el clero marche bajo vuestro estandarte, creyendo ir siempre tras la bandera de las llaves apostólicas. (…)Vosotros habréis predicado una revolución por la tiara y la capa, marchando con la cruz y el estandarte, una revolución que no tendrá necesidad más que de una chispa para incendiar las cuatro esquinas del mundo.

He aquí un extracto de una carta de Nubius a Volpe (nombres cifrados para conservar el secreto que es de regla en la masonería), del 3 de abril de 1824:

Se ha puesto sobre nuestros hombros una pesada carga, querido Volpe. Debemos hacer la educación inmoral de la Iglesia y llegar por medios pequeños, bien graduados, al triunfo de la idea revolucionaria por un papa. En este proyecto, que siempre me ha parecido sobrehumano, marchamos aún tanteando.

El triunfo de la idea revolucionaria por un papa, es verdaderamente el atentado supremo, como lo dijo Monseñor Lefebvre al citar los documentos en su libro Le han destronado, (15) y lo comenta así:

¡Plan sobrehumano dice Nubius, y quiere decir plan diabólico! Ya que es planear la subversión de la Iglesia por su misma cabeza, lo que Mons. Delassus llama el atentado supremo porque no se puede imaginar nada tan subversivo para la Iglesia como un Papa seducido por las ideas liberales, un Papa que utilice las llaves de San Pedro al servicio de la contra-Iglesia. A hora bien, ¿no es acaso lo que vivimos actualmente desde el Vaticano II y desde el nuevo Derecho Canónico? ¡Con este falso ecumenismo y esta falsa libertad religiosa promulgados en el Vaticano II y aplicados por los Papas con fría perseverancia, a pesar de todas las ruinas que han provocado desde hace más de veinte años!

La Iglesia ocupada, estatus indiscutible de la Iglesia en los últimos cincuenta años.

Monseñor Lefebvre dijo :

¿A qué Iglesia nos referimos –quisiera saber- si nos referimos a la Iglesia Católica o a otra iglesia, a una contra-Iglesia (16), a una falsificación de la Iglesia?... yo creo sinceramente que se trata a de una falsificación de la Iglesia y ya no la Iglesia católica. ¿Por qué? Porque ellos ya no enseñan la fe católica. Ya no defienden la fe católica. Y no solamente no enseñan la fe católica ni la defienden, sino que enseñan otra cosa, ellos han convertido a la Iglesia en otra cosa que no es la Iglesia católica. Ya no es la Iglesia católica. Están sentados en la sede de sus predecesores, todos esos cardenales que están en las congregaciones y todos esos secretarios que están en las congregaciones o en la Secretaría de Estado; ellos están bien sentados donde estuvieron sus predecesores, pero no tienen continuidad con sus predecesores. Ya no tienen la misma fe, ni la misma doctrina, ni la misma moral que sus predecesores. Entonces no ya no es posible. Y principalmente su grande error es el ecumenismo. Ellos enseñan un ecumenismo que es contrario a la fe católica. (…) La Iglesia está ocupada por esta contra-Iglesia que conocemos bien y que los papas (17) conocieron perfectamente, y que los papas condenaron a lo largo de los siglos: desde hace casi cuatro siglos, la Iglesia no ha dejado de condenar a esta contra-iglesia que nació con el protestantismo sobretodo, que se desarrolló con el protestantismo y que es el origen de todos los errores modernos, que ha destruido toda la filosofía y que nos llevó a todos los errores que conocemos, que los papas condenaron: liberalismo, socialismo, comunismo, modernismo, sillonismo (18). Estamos muriendo. Los papas hicieron todo para condenar esto, y he aquí que ahora los que están en las sedes de aquellos que condenaron eso están de acuerdo con este liberalismo y este comunismo. Entonces no podemos aceptar eso. Y entre más se aclaran las cosas, más nos apercibimos que este programa, (…) que todos estos errores han sido elaborados en las logias masónicas. (19) (Conferencia espiritual en Ecône, 21 de junio de 1978).

En lo que llamamos la iglesia conciliar, no es necesario que el papa (el papa de la Iglesia católica), sea el jefe; él podría ser solo un ejecutante de las directivas provenientes, si no de un poder oculto, al menos de un núcleo dirigente o de grupúsculos de presión de colaboradores o de teólogos bajo influencia masónica. Recordemos a Annibale Bugnini y su misteriosa ascendencia sobre el papa Paulo VI en la reforma litúrgica. Este Annibale parece haber sido masón. Es notorio que las logias masónicas han funcionado entre los miembros de la curia de la Santa Sede durante los pontificados de Paulo VI y Juan Pablo II.

Los papas conciliares Juan Pablo II y Benedicto XVI participaron activamente en el concilio, el primero como padre conciliar y el segundo como experto conciliar, orientándolo en el sentido de la nueva teología, de la salvación universal y de la fe evolutiva. Y como papas aplicaron estos errores. Pero aunque ellos aplicaron este programa, nada prueba que fueron ellos quienes los concibieron, y nada impide que ellos simplemente hayan aplicado, conscientemente o no, una política que venía de otra parte. Los dirigentes de la Alta Venta, que preparaban el advenimiento de un papa según sus designios, precisaron claramente que ellos no deseaban que este papa fuera un miembro de su secta (20).

Sea cual sea la manera que la secta masónica ejerce su influencia sobre la iglesia conciliar, esta influencia es innegable.

Pertenencia formal y pertenencia material

La influencia del espíritu masónico, o al menos la penetración del espíritu liberal, naturalista, ecuménico y mundialista en los miembros de la iglesia conciliar, evidentemente no está en todos. Entre los clérigos y los religiosos, la mayoría de los obispos, los superiores religiosos, los profesores de seminarios y de universidades, así como los sacerdotes viejos, se adhieren formalmente, es decir, conscientemente y de buena gana a los fines citados, mientras que una minoría de jóvenes sacerdotes o religiosos y seminaristas no quieren escuchar nada del concilio y no le prestan ninguna atención, y desean el retorno de la teología de santo Tomás, de la misa tradicional, de la disciplina clásica y de las virtudes cristianas. Estos últimos no pertenecen a la iglesia conciliar de corazón. Entre estos dos extremos se sitúa la masa de católicos conciliares por costumbre, conformismo o comodidad, que tienen una pertenencia puramente material a la iglesia conciliar. Los límites poco definidos no ayudan a hacer una delimitación clara de las dos iglesias.


PARTE 4 
¿Se deben concebir dos iglesias materialmente distintas: la católica y la conciliar?

De lo que precede, conviene sacar dos conclusiones concernientes a las relaciones entre las dos iglesias.

Por principio, la iglesia conciliar no está materialmente separada de la Iglesia católica. Ella no existe independientemente de la Iglesia Católica. Hay una distinción, ciertamente, entre ellas, distinción formal, sin separación formal absoluta. La jerarquía de la iglesia conciliar coincide casi exactamente con la jerarquía de la Iglesia católica, los miembros de la iglesia conciliar son todos miembros al menos materialmente de la Iglesia católica. Igualmente podríamos decir (con un grano de sal) que el liberalismo es una herejía católica, en el sentido que esta nace en el seno de la Iglesia católica y que ella solo existe y se desarrolla a expensas de la Iglesia católica, igualmente podríamos decir que la iglesia conciliar nace de la corrupción de la Iglesia católica y que ella no puede vivir más que de esta corrupción, como un parásito que vive a expensas del organismo que parasita, chupando la sustancia de su huésped para construir su propia sustancia. Hay una especie de transferencia de sustancia, me atrevería a decir, de una a la otra, en un sentido evidentemente metafórico y no filosófico. Para convertirse en conciliar, no hace falta separarse de la Iglesia Católica, solo hay que dejarse corromper por el veneno conciliar y dejar que le absorba su sustancia el parásito conciliar. Es suficiente practicar la misa de la nueva religión y adherirse, formal o materialmente, al ecumenismo liberal que es su forma.

Por otra parte, la iglesia conciliar no coincide necesariamente con la Iglesia católica, ni en sus jefes ni en sus miembros. Los jefes de una no son siempre los jefes de la otra. Los miembros de la primera pueden, por la herejía, dejar de ser miembros de la segunda, pero eso no es necesario. La Iglesia católica es la única verdadera Iglesia, la única Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Pero esto no impide a la iglesia conciliar ser una realidad social: no solamente un partido, sino una falsa iglesia, manejada por una secta de dirigentes, una secta cuyo sistema o ideología es la forma de esta iglesia conciliar, la cual maniobra para el logro de sus fines, con sus relevos y con sus ejecutantes, y que agrupa una gran parte de la jerarquía y de los fieles católicos más o menos conscientes y que consienten el desvío diametral que ella opera. Es en este sentido que el padre Calmel habló de “la iglesia de los piratas”, esta metáfora dice todo.

¡Esta iglesia conciliar es una iglesia cismática!

 En 1971, cinco años antes de “la iglesia conciliar” de Monseñor Benelli, el Padre Calmel denunció, en la revista Itineraires, la “nueva iglesia que el Vaticano II ha tratado de dar a conocer”, “la nueva iglesia pos-vaticanesca” y explicaba:

La falsa iglesia que vemos entre nosotros desde el curioso concilio Vaticano II, se aleja sensiblemente, año con año, de la Iglesia fundada por Jesucristo. La falsa iglesia posconciliar se separa cada vez mas de la Santa Iglesia que salva las almas desde hace veinte siglos. La seudo-iglesia en construcción se separa cada vez más de la Iglesia verdadera, la única Iglesia de Cristo, por las innovaciones más extrañas, tanto en la constitución jerárquica como en la enseñanza de la moral. (21)

Las expresiones « falsa iglesia », « seudo-iglesia », son muy fuertes. Y el verbo “contra-dividirse” [Nota del blog: el verbo contrediviser se ha traducido comosepararindica una mutación formal de una parte de la Iglesia, parte que se arranca de ella para ir a divagar formalmente fuera de ella. El Padre Calmel era verdaderamente un profeta. Fue solamente cinco años y medio más tarde, después de haber recibido la famosa carta de Monseñor Benelli y haber sido castigado por Paulo VI con una suspensión a divinis, que Monseñor Lefebvre afirmó con más fuerza a sus amigos, la existencia de esta “iglesia conciliar”, calificándola de “cismática”:

¡Nada más claro! De ahora en adelante, es a la iglesia conciliar a quien hay que obedecer y ser fiel, ya no a la Iglesia católica. Ese es precisamente todo nuestro problema. Nosotros estamos suspendidos a divinis por la iglesia conciliar, y para la iglesia conciliar, de la cual nosotros no queremos formar parte. Esta iglesia conciliar es una iglesia cismática, porque ella rompe con la Iglesia católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas (22), su nuevo sacerdocio (23), sus nuevas instituciones (24), su nuevo culto (25) ya condenado por la Iglesia en repetidos documentos oficiales y definitivos. Es por eso que los fundadores de la iglesia conciliar insisten tanto sobre la obediencia hoy en día, haciendo abstracción de la Iglesia de ayer, como si ella ya no existiera.(…) La iglesia que afirma semejantes errores, es a la vez cismática y herética. Esta iglesia conciliar no es, por lo tanto, católica. En la medida en que el papa, los obispos, sacerdotes o fieles se adhieran a esta nueva iglesia, ellos se separan de la Iglesia católica. La iglesia de hoy no es la verdadera Iglesia más que en la medida que ella continúe  en unidad con la Iglesia de ayer y de siempre. La norma de la fe católica es la Tradición. (26)


Frente a la iglesia conciliar, ¿qué será de la Iglesia católica?

Monseñor Lefebvre parece admitir la transmutación de la Iglesia católica en la iglesia conciliar. ¿Qué será de la Iglesia Católica?

Monseñor Lefebvre responde que en la medida que, según el grado con el cual los jefes y los bautizados se adhieran al nuevo tipo de iglesia, ellos constituyen una iglesia nueva, caracterizada por sus finalidades terrestres, humanistas, naturalistas, socialistas, ecuménicos y mundialistas, de tal suerte que esta nueva iglesia se concibe a sí misma como más vasta y más universal que la Iglesia católica. Hay que añadir la distinción entre la adhesión exclusiva de los jefes sectarios a sus fines profanadores por una parte, y la búsqueda de un compromiso entre sus fines y el fin católico por la otra parte, un compromiso que expresa bien el texto conciliar de Lumen Gentium (§ 1):”La Iglesia está en Cristo en una especie de sacramento, es decir, a la vez el signo y el medio de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. Esta ambivalencia complica singularmente el problema de la distinción de las dos iglesias. El texto de Monseñor Lefebvre debe ser entendido con esta precisión: es en la medida que los conciliares se adhieren exclusivamente a los fines profanadores mencionados, que ellos salen de la Iglesia católica. Y de esta medida, nosotros no somos jueces. A pesar de su estilo polémico, con estas precisiones, el texto de Monseñor Lefebvre es irreprochable. Es con la misma precisión que su última frase debe ser comprendida:

“La iglesia actual no es la verdadera Iglesia más que en la medida que ella continúe y se integre exclusivamente con la Iglesia de ayer y de siempre”. Una iglesia que ansíe a la vez un fin terrestre y mundialista y el fin sobrenatural de la salvación eterna de las almas, esta iglesia ya no es católica, es la iglesia conciliar en su estatus viral atenuado y vulgar. (27)

Y junto a esta iglesia conciliar vulgar, ¿qué queda de la Iglesia católica? Respondemos que, incluso reducida a un número modesto la parte sana de sus fieles y tal vez a un solo obispo fiel, como podría ser, según el Padre Emmanuel, la Iglesia del fin de los tiempos, la Iglesia católica sigue siendo la Iglesia católica.

PARTE 5 (FINAL)

Cómo ha sido canonizada la iglesia conciliar.

Pasarán otros seis años, y la promulgación de Juan Pablo II de un nuevo código de Derecho canónico justificará el punto de vista del arzobispo sobre esta iglesia conciliar. En su constitución apostólica, el papa declaró imponer a la iglesia “una nueva eclesiología”:


(Este) “código (…) ha puesto en práctica el espíritu del concilio, cuyos documentos presentan a la iglesia como “sacramento universal de salvación”, como el pueblo de Dios, y donde su constitución jerárquica aparece fundada sobre el colegio de los obispos unido a su jefe. (…) En cierto sentido, podríamos ver en este código un gran esfuerzo por traducir en lenguaje canónico esta doctrina de la eclesiología conciliar.(…) De esto resulta que lo que constituye la novedad esencial del concilio Vaticano II, en la continuidad con la tradición legislativa de la Iglesia, sobre todo en lo que concierne a la eclesiología, constituye igualmente la novedad del código. Entre los elementos que caracterizan la imagen real y auténtica de la Iglesia, (28) hay que resaltar sobre todo los siguientes: La doctrina según la cual la Iglesia se presenta como pueblo de Dios, Lumen gentium 2) y la autoridad jerárquica como servicio (Lumen gentium 3), la doctrina que muestra a la Iglesia como una comunión, y que por consecuencia indica qué clase de relaciones deben existir entre las iglesias particulares y la Iglesia universal y entre la colegialidad y la primacía, la doctrina según la cual todos los miembros del pueblo de Dios, cada uno según su modalidad, participan en la triple función de Cristo: las funciones sacerdotal, profética y real. A esta doctrina se añade la concerniente a los deberes y derechos de los fieles y en particular de los laicos; y finalmente el compromiso de la Iglesia con el ecumenismo.(29)

Esto nos demuestra la ruina que opera la iglesia conciliar en el ejercicio personal de la autoridad proveniente de Dios, la humillación de la jerarquía en beneficio de la base; la omisión voluntaria de la necesidad de la pertenencia a la Iglesia Católica para salvarse; la reducción del sacerdocio y de la identidad sacerdotal sumergido en el sacerdocio común de los bautizados; la aspiración a una unidad universal más vasta que la de la Iglesia Católica. Es a esto a lo que llamamos iglesia conciliar. Más que sociedad, hay que llamarla disociedad, es decir, la ruina que resulta de la disolución de esta sociedad divina y humana que es la Iglesia Católica, o mejor: podríamos decir la disgregación erigida en principio de nueva congregación. ¿No es esto evocar la consigna de la revolución “Solve, coagula”? Por principio disolver lo que existe, después reunir los pedazos bajo otro jefe según un nuevo principio.

Y esta disociedad que es la iglesia conciliar existe, el papa, la casi-totalidad de la jerarquía católica, la masa consciente o no de los bautizados católicos son los miembros formales o materiales. Sin embargo, esta disociedad condenada a la autodestrucción se “sostiene” por la fuerza de sus agentes. En el coagula, hay un pacto de los fautores de esta disociedad: hay que exigir de todos la adhesión al concilio y a las reformas conciliares, de tal manera que aquellos que no lo acepten están “fuera de la comunión” o fuera de la “plena comunión” con la iglesia conciliar. Esta iglesia conciliar se mantiene entonces por el miedo y la violencia; la Iglesia Católica se mantiene por la fe y la caridad.

Los métodos por los cuales subsiste la iglesia conciliar.

Condenada a la autodestrucción, la iglesia conciliar subsiste no menos vigorosamente. ¿En qué consiste su tenacidad? En que su jerarquía use de todo el poder de la jerarquía católica que ella ocupa, detenta y desvía.

Desde la instauración de la misa de Paulo VI, ella ha perseguido continuamente a los sacerdotes fieles a la verdadera misa, al verdadero catecismo, a la verdadera disciplina sacramental, y a los religiosos fieles a su regla y a sus votos. Numerosos son los sacerdotes que han muerto de pena de tener, por obediencia según creyeron ellos, adoptar los nuevos ritos y usos. Numerosos también son los que murieron en el ostracismo, la relegación canónica y psicológica, pero felices de dar un testimonio inflexible al rito católico, a la fe íntegra, a Cristo Rey. Las amenazas, el miedo, las censuras y otros castigos, no los doblegaron. Pero desgraciadamente, ¡cuántos son aquellos que cedieron a estos métodos de violencia, al chantaje de la “desobediencia” y de la destitución ejercida sobre ellos por sus superiores. Con esto tocamos con el dedo la malicia liberal de estos jefes: ¿No se dice con razón que no hay mayor sectario que un liberal? No teniendo principios para hacer reinar el orden, ellos reinan con un régimen de sumisión por el terror.

La malicia de la jerarquía conciliar está consumada por el uso que hace de la mentira y del equívoco. Así el motu proprio del papa Benedicto XVI declarando que la misa tradicional jamás ha sido suprimida y que su celebración es libre, combinado esta libertad con condiciones contrarias a esta última, y llega hasta calificar la misa auténtica y su falsificación modernista de “formas extraordinaria y ordinaria del mismo rito romano”.

La mentira continúa con el supuesto “levantamiento” de las excomuniones, en que supuestamente incurrieron los cuatro obispos consagrados por Monseñor Lefebvre en 1988, como si verdaderamente se hubiera incurrido en ellas.

Pero, por un increíble contraste, la jerarquía conciliar jamás ha sido capaz de hacer respetar el quinto mandamiento de Dios, “no matarás”, que casi no fue predicado por los obispos: los países que tienen más tiempo siendo católicos, son aquellos en donde más abortos se practican; y la encíclica Humanae vitae del papa Paulo VI, apenas ha sido transmitida por los obispos, mientras que la píldora anticonceptiva es de uso corriente en la mayoría de las jóvenes y mujeres en la Iglesia católica. La moral inmunda del mundo actual no es otra cosa que el desbordamiento del vicio al cual la jerarquía conciliar no supo poner ningún obstáculo. Esta iglesia conciliar atrae bajo su supuesta comunión una masa de cristianos viviendo en realidad en pecado y en el paganismo práctico.

No pertenecer a la iglesia conciliar es una gracia y un testimonio providencial.

Bienaventurados aquellos que no están en esta “comunión de profanos”, que están providencialmente excluidos o son amenazados de ser excluidos. Bienaventurada relegación o desamparo. La vocación de la FSSPX, desde su erección por la Iglesia Católica en 1970 y el decreto de alabanza que la honró en 1971, no ha sido para recibir las bendiciones y reconocimientos de esta iglesia conciliar. Era sin duda necesario que esta sociedad sacerdotal, con toda la familia de la Tradición, fuera como la lámpara encendida que no se pone bajo el celemín conciliar, sino sobre el candelero expuesto, a fin de que ella ilumine a todos aquellos que están en la casa de Dios. Era probablemente preferible, según los caminos de la Providencia, que esta parte sana de la Iglesia convertida, como el Divino Maestro, en piedra de escándalo, piedra rechazada por los constructores de la disociedad eclesial conciliar, se convierta en la piedra angular (30) de la catedral católica indestructible. Nuestro testimonio inflexible hacia la verdadera Iglesia de Jesucristo, hacia el sacerdocio y el reinado de Cristo sacerdote y rey exige sin duda, por parte de la iglesia conciliar, la exclusión y el ostracismo pronunciados contra nosotros y lo que representamos. Pero igual que San José en su exilio de Egipto llevando al Niño Jesús y su divina Madre, que constituían el germen de la Iglesia, asimismo, en su exilio, la familia de la Tradición lleva a la Iglesia en ella, sin tener sin duda la exclusividad de esta gloriosa función, pero teniendo la médula y el corazón, la integridad y la incorrupción. Lleva por consecuencia en ella al pontífice romano, en la que el sucesor de Pedro se liberará un día de una larga cautividad (31) y saldrá de sus ilusiones, para proclamar como una vez lo hizo el primer papa en Cesárea de Filipo dirigiéndose a su Maestro: « Tu es Christus, Filius Dei vivi ! »

De ahí que, si estamos complicados, si nos lamentamos de estar privados de la comunión eclesial o de la apariencia de comunión eclesial, estaremos infelices e inquietos, en la búsqueda incesante de una solución. Por el contrario, si tenemos una fe y una simplicidad de niño, buscaremos simplemente cuál testimonio dar a la fe católica. Y encontraremos: por principio el testimonio de nuestra existencia, de nuestra permanencia, de nuestra estabilidad, junto con el testimonio de nuestra profesión de fe católica integral y de nuestro rechazo de los errores y de las reformas conciliares.

Un testimonio es absoluto. Si yo doy testimonio de la Misa católica a Cristo Rey, es necesario que me abstenga de las misas y de las doctrinas conciliares. Es como el grano de incienso a los ídolos: es un solo grano o ninguno en absoluto. Entonces es ninguno en absoluto (32). Y con este testimonio, viene también la persecución, es normal por parte de los enemigos de esta fe que quieren reducir nuestra oposición diametral a la nueva religión,  y también por el tiempo que plazca Dios que ellos perseveren en sus perversos designios. ¿No es Dios mismo que pone esta enemistad entre la ralea del diablo y los hijos de María? Inimicitias ponam. (33).

Entonces, ya que en el recogimiento y la oración hemos percibido esta vocación propia que es la nuestra, adaptada por Dios a la crisis actual, la aceptamos en perfecta rectitud y gran paz: rectitud incapaz de tener ninguna complicidad con el enemigo, paz sin amargura. Corremos, saltamos y exclamamos como Santa Teresita del Niño Jesús, “¡En la Iglesia, mi Madre, he encontrado mi vocación!” Y le pedimos a la Santa magnánima: “¡Obtenedme la gracia de tener en la Iglesia y para la Iglesia, un alma de mártir o al menos de confesor de la fe!”
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NOTAS:

1   Nombrado arzobispo de Florencia y creado cardenal en 1977.

2. Ver sobre todo Le Sel de la terre 1, págs. 25-38 (Padre Pierre Marie, “Eclesiología comparada”), págs.. 114-118; Le Sel de la terre 34, pág. 248; Le Sel de la terre 45, págs. 36-41; Le Sel de la terre 59 (Invierno 2006-2007) editorial: « Una jerarquía para dos iglesias ».

3   Concilio Vaticano II, Lumen gentium 1.

4   El nuevo código de 1983 limita la suplencia al poder ejecutivo.

5  En Gaudium et spes (11, 2), el Vaticano II declara tener la intención primordial de introducir y de asimilar en la doctrina católica los valores liberales; esta operación no puede contar con la asistencia del Espíritu Santo y es contraria al objeto del magisterio que es de “conservar santamente y de exponer fielmente” el depósito de la fe.

6  Respuesta de Monseñor Lefebvre al cardenal Seper, interrogándolo sobre su carta denunciando la iglesia conciliar.

7   Nota del 12 de julio de 1976.

8  Interrogatorio de Monseñor Lefebvre por el cardenal Seper, Prefecto de la SCDF, 11 de enero de 1979, en Monseñor Lefebvre y el Santo Oficio, revista Itinéraires, n°233, mayo 1979, p. 144-145.

9   Ibid.  

10  Santo Tomás de Aquino, Suma Teol., II-II, q. 2, a. 2.

11  Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 12, 1.

12  En sus visiones de los últimos tiempos de la Iglesia, ella ve de un lado a los demoledores de la basílica de San Pedro, que quitan las piedras, y del otro los reconstructores. Al final, los demoledores cesan su obra de destrucción y viene la reconciliación.

13  P. J. Meinvielle, "De la Cabala al Progresismo", 2a ed., Buenos Aires, 1994, p. 363-364 

14 San Pío X, Encíclica Pascendi, 8 de septiembre de 1907, in initio. Ver también: “Ningun obispo ignora, creemos nosotros, que una raza muy perniciosa de hombres, los modernistas, incluso después de la encíclica Pascendi dominici gregis (8 septiembre 1907) levantó la máscara con la cual se cubrían, no abandonaron sus designios de perturbar la paz de la Iglesia. Ellos no cesaron, en efecto, de buscar y de agrupar en una asociación secreta de nuevos adeptos, y de inocular con ellos, en las venas de la sociedad cristiana, el veneno de sus opiniones, por la publicación de libros y folletos donde ellos callan o disimulan los nombres de sus autores” Motu proprio Sacrorum antistitum del 1ero de Septiembre de 1910, ediciones de la Documentación Católica, París, t. 5, p. 141.

15 Mons. Marcel Lefebvre, "Le Destronaron", 2a ed., Escurolles, Fideliter, 1987, p. 148.

16 Por Contra-iglesia, hay que entender no la misma iglesia conciliar, sino la secta masónica y todas las secas que la precedieron en el mismo espíritu gnóstico y anticristo; así  la secta modernista, cuya doctrina es también una gnosis; una reinterpretación naturalista de la fe católica.

17 Los papas que han visto claro.

18  El movimiento de Marc Sangnier en Francia a principios del siglo 20, para hacer de la Iglesia la animadora de la democracia, que San Pio X condenó por su encíclica Notre charge apostolique.

19  Conferencia espiritual, Ecône, 21 junio 1978 ; ver Le Sel de la terre 50, p. 244.

20 “Sería un sueño ridículo, cualquiera sea el giro de los acontecimientos, el hecho de que cardenales o prelados, por ejemplo, hayan entrado a sabiendas o por sorpresa en una parte
de nuestros secretos, no es en absoluto un motivo para desear su elevación a la Cátedra de Pedro. Esta elevación nos perdería. Solo la ambición los habría conducido a la apostasía y la necesidad del poder los forzaría a inmolarnos. Lo que debemos pedir, lo que debemos buscar y esperar como los judíos esperan el Mesías, es un Papa según nuestras necesidades… (Instrucción de la Alta Venta de 1819)

21 P. Roger-Thomas Calmel O.P., «Autoridad y santidad en la Iglesia», Itinéraires 149 (enero 1971), p. 13-19; reproducido en Le Sel de la terre 40, p. 77 et 85-87.

22  La dignidad de la persona humana.

23  El sacerdocio común de los bautizados.

24 Instituciones colegiales: sínodo episcopal, consejo episcopal, consejo parroquial…

25 La nueva misa, que ya no aparece como el sacramento de la Pasión de Cristo. 

26 Monseñor Marcel Lefebvre, carta manuscrita y fotocopiada del 29 de julio de 1976, a sus amigos; reproducida en Le Sel de la terre 36, p. 10. 

27 Subrayemos que en los hechos, las enseñanzas concernientes al fin sobrenatural de salvación eterna de las almas (por ejemplo, el Credo de Paulo VI o su encíclica Humanæ vitæ siguen siendo letra muerta a causa del liberalismo de los obispos y de la falta de voluntad del papa de aplicar la doctrina católica.

28  Notemos la pretensión del nuevo código de presentar la Iglesia en su “imagen real” (sic), que ella había sin duda ignorado o disimulado hasta entonces, una “imagen”, un modelo de Iglesia que es por otra parte “una novedad esencial”! La incoherencia le disputa a la audacia.

29 Juan Pablo II, Constitución apostólica Sacræ disciplinæ leges, 25 enero 1983. 

30 Ver 1 Pedro 2, 6-8.

31  "Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos” Hechos 12,7.

32 Cf. P. Roger-Thomas Calmel O.P. Retiro de Semana Santa de 1974 predicado a los seminaristas de Ecône, 7 de abril de 1974, según las notas de un ejercitante.


33 "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; Ella te aplastará  la cabeza, y tú le acecharás el calcañar”. Gén. 3,15. 

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