English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

miércoles, 5 de febrero de 2014

BOLETÍN DE LOS DOMINICOS DE AVRILLÉ PROHIBIDO EN USA POR LA NEO FSSPX.- PARTE 2.

SEL DE LA TERRE, n° 85, Verano de 2013

¿Existe una iglesia conciliar?

POR MONS. BERNARD TISSIER DE MALLERAIS

PARTE 2

La Iglesia conciliar, ¿no será sólo un espíritu?
[Nota del blog: la tesis de la naturaleza puramente espiritual de la iglesia conciliar es sostenida por el P. Gleize y por las autoridades actuales de la FSSPX]
 Por principio se dirá que la iglesia conciliar es solamente un “espíritu” (6) liberal y modernista que ha penetrado la Iglesia con ocasión del concilio, como le respondió Monseñor Lefebvre al cardenal Seper que le preguntó:
Monseñor, en una nota preliminar (7) a una carta dirigida al Santo Padre, usted escribió: “No nos equivoquemos, no se trata de una diferencia entre Monseñor Lefebvre y el papa Paulo VI, se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia católica y la iglesia conciliar”. Esta idea se encuentra explicada en la homilía pronunciada el 29 de junio anterior durante la Misa de ordenaciones en Ecône: “Esta nueva misa es un símbolo, una expresión, es una imagen de una nueva fe, una fe modernista (…). Es evidente que este rito nuevo está sustentado, diría, supone otra concepción de la fe católica, otra religión…” ¿Debemos concluir de estas afirmaciones que, según usted, el papa, al promulgar e imponer el nuevo Ordo Missæ, y el conjunto de obispos que lo recibieron, instauraron en torno a ellos visiblemente una nueva iglesia “conciliar” radicalmente incompatible con la Iglesia católica? (8)
Minimizando el alcance de esta declaración, el Arzobispo respondió:
 Yo observo por principio que la expresión de “iglesia conciliar” no es mía, sino de Monseñor Benelli quien, en una carta oficial, pedía que nuestros sacerdotes y seminaristas se sometieran a la iglesia conciliar”. Yo considero que un espíritu de tendencia modernista y protestante se manifiesta en la concepción de la nueva misa y en otras partes de toda la reforma litúrgica. (9).
 Estimamos nosotros que la retirada estratégica del prelado de Ecône está perfectamente justificada por las circunstancias, las de un proceso que le entable el Santo Oficio que pueda llevar a su condenación; además, las explicaciones que hubiera tenido que proporcionar en apoyo de su idea de la existencia de una sociedad paralela y organizada llamada iglesia conciliar, hubiera requerido demasiados documentos y citación de hechos, y de organizar dialécticamente en los límites de breves respuestas a dar en un interrogatorio. No podemos concluir por su respuesta evasiva, que Monseñor Lefebvre haya reducido realmente la iglesia conciliar a un “espíritu”.

La iglesia conciliar, ¿no será solo una enfermedad?
[Idem nota anterior]
 Pero, se dirá, Monseñor Lefebvre ¿no evocó varias veces una simple debilidad que afecta el cuerpo de la Iglesia, una especie de “sida espiritual”, como él decía, que debilita la capacidad de resistencia de la Iglesia a las contaminaciones?
Nosotros respondemos que lo uno no impide lo otro. Los efectos de la iglesia conciliar sobre la Iglesia católica son, ciertamente, primero un envenenamiento, una parálisis y por lo tanto un debilitamiento de la Iglesia católica frente a sus enemigos. Esto es lo que explicó Monseñor Lefebvre al cardenal Seper en una carta que precedió a su interrogatorio:
Hay en este mundo fuerzas enemigas de Nuestro Señor, de su reino. Satanás y todos sus auxiliares, conscientes o inconscientes, rechazan este reino, esta vía de salvación y militan para la destrucción de la Iglesia. Así la Iglesia está comprometida por su divino Fundador en un gigantesco combate. Todos los medios han sido empleados por Satanás para triunfar. Uno de sus últimas estratagemas, extremadamente eficaz, es el de arruinar el espíritu combativo de la Iglesia persuadiéndola que ya no hay enemigos, que hay que bajar las armas y entrar en un diálogo de paz y de entendimiento. Esta tregua falaz permitirá al enemigo penetrar en todas partes y corromper las fuerzas adversas. Esta tregua es el ecumenismo liberal, instrumento diabólico de la autodestrucción de la Iglesia. Este ecumenismo liberal exigirá la neutralización de las armas que son la liturgia con el Sacrificio de la misa, los sacramentos, el breviario, las fiestas litúrgicas, la neutralización y el paro de los seminarios…
 Es evidente que la debilidad o el « sida » de la Iglesia frente a sus enemigos, no es una simple disminución enfermiza del espíritu de combate, sino que es el resultado de estrategmas urdidos por los miembros influyentes de la Iglesia relevados por una parte de la jerarquía y sostenidos por los mismos papas, víctimas de su liberalismo, pero actores conscientes y que consienten este ecumenismo liberal, un ecumenismo recibido favorablemente por una gran parte de los católicos seducidos por las facilidades ofrecidas por esta especie de nueva religión. Todo este conjunto es precisamente lo que hemos definido como iglesia conciliar.
 Pero si a pesar de todo afirmamos que es solamente una enfermedad de la Iglesia, entonces la imagen de un cáncer sería más realista: la enfermedad conciliar ¿no es la invasión parasitaria y la colonización de tejidos sanos de la Iglesia por un virus que provoca la proliferación anárquica? Habría entonces que preguntarse sobre la existencia y naturaleza del agente viral.
 La pertenencia de miembros o adherentes a la iglesia conciliar ¿es dudosa?
Por otra parte, si aceptamos la imagen de una sociedad, de una falsa iglesia, evitando la afirmación de su existencia, podríamos reducir la pertenencia de la mayoría de sus miembros a una pertenencia puramente material, por el hecho que la mayoría sigue el movimiento por conformismo, sin conocer o compartir las finalidades de la iglesia conciliar, la cual estaría casi desprovista de miembros reales y reducida al estado de fantasma en lo que concierne a los miembros, y de esqueleto en lo que se refiere a la jerarquía. El estado verdaderamente esquelético de la iglesia conciliar confirmaría la hipótesis. Deberíamos además minimizar la pertenencia a esta última considerando que el lazo que une a sus miembros no tiene nada de la solidez de la virtud teologal de la fe católica, que es completamente sobrenatural por su objeto, su motivo y su fin: ella hace “creer a Dios, creer por Dios y creer en Dios” (10). Pues si muchos de los conciliares aprueban la tentativa de conciliación entre la religión de Dios hecho Hombre y la religión del hombre, sobre la base común de la dignidad de la persona humana, ellos no perciben el equívoco del principio de esta conciliación enunciada por el concilio en Gaudium et spes: “Creyentes y no creyentes están generalmente de acuerdo en este punto: todo sobre la tierra debe estar ordenado al hombre como a su centro y su cumbre” (11). La Iglesia católica precisa con san Ignacio de Loyola: “Y las cosas que están sobre la tierra fueron creadas por causa del hombre, para ayudar a su salvación”, ¡este es otro fin! En comparación de la comunión de los santos, fruto de la fe católica y de la caridad teologal, ¿qué comunión puede cimentar entre los conciliares, la mezcla de principios tan diametralmente opuestos? A esta comunión la llamaremos, con Ana Catalina Emmerick, la comunión de los profanos o la comunión de los anti-santos (12).
 Además del equívoco de su forma, la iglesia conciliar añade la ambigüedad de su fin: “La unidad del género humano”, por esencia terrestre y natural, “en Cristo”, instrumentalizando a Nuestro Señor al servicio de una idea platónica: mañana, por un golpe de varita mágica, sin esfuerzo, sin la conversión del mundo, ¡“La iglesia será el género humano”! La Iglesia ya no necesita ser misionera, le es suficiente presentarse al mundo, ser mediática. Los incesantes viajes publicitarios de Juan Pablo II ilustran la realidad de lo que el Padre Julio Meinvielle describió desde 1970 como “la Iglesia de a publicidad”:
 “Esta iglesia de la publicidad, magnificada en la propaganda, con obispos, sacerdotes y teólogos publicitados, puede ser ganada por el enemigo y convertirse de la Iglesia Católica en la iglesia gnóstica, (frente a) la otra, la Iglesia del silencio, con un Papa fiel a Jesucristo en su enseñanza y con algunos sacerdotes obispos y fieles que les sean adictos, esparcidos como “pusillus grex” por toda la tierra”. (13)
 ¡Desgraciadamente, el papa fiel hasta ahora le ha fallado a este pusillus grex! Los papas posconciliares, elegidos papas de la Iglesia Católica, has sido sobretodo papas de la iglesia de la publicidad.
Por todo lo que hemos considerado, aparece que la iglesia conciliar no es solamente una enfermedad ni una teoría, sino que ella es una asociación de jerarcas católicos que, inspirados por los pensadores liberales y modernistas, quieren, en sus fines mundialistas, realizar un nuevo tipo de Iglesia, con numerosos sacerdotes y fieles católicos que están más o menos ganados a este ideal. Ella no es una pura asociación de víctimas. Formalmente considerada, la Iglesia conciliar es una secta que ocupa la Iglesia católica. Ella tiene a sus fautores y autores organizados como los tuvo el modernismo condenado por san Pio X, al cual hay que citar:
 ¿Está muerta la secta modernista?
Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre. (…) En nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol (…) Pues ¿qué no maquinan a trueque de aumentar el número de sus secuaces? En los seminarios y universidades andan a la caza de las cátedras, que convierten poco a poco en cátedras de pestilencia. (14)
 Pasarán cincuenta años; a pesar de Pascendi de San Pio X en 1907 y de Humani generis de Pio XII en 1950, la secta de los modernistas asalta los puestos de influencia dentro de la Iglesia y, con ocasión del Vaticano II, impondrán a la Iglesia y presentarán al mundo el nuevo tipo de iglesia que hemos descrito por su forma y su fin, y esta secta pondrá a la obra, por medio del magisterio y las reformas de los papas que se adjudican al concilio, este nuevo sistema de iglesia. Los roles de Paulo VI, el papa liberal y contradictorio, y el de Juan Pablo II, el papa filósofo y ecuménico, son innegables en el establecimiento de lo que es la iglesia conciliar, con su jerarquía que, salvo rarísimas excepciones, es exactamente la de la Iglesia católica. 
Continúa...