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lunes, 17 de junio de 2019

TRANSCRIPCIÓN ÍNTEGRA DEL SERMÓN DADO POR EL P. EPINEY EL 26 DE MAYO DE 2019 EN RIDDES, SUIZA

P. Epiney en 1986, firmando el documento de Consagración de la Fraternidad
al Corazón Inmaculado de María

Les presentamos a continuación la transcripción completa del sermón del P. Pierre Epiney del 26 de mayo, del cual publicamos unos extractos acáPero antes, para que se pueda comprender la gran importancia del P. Epiney en la historia de la Fraternidad, les compartimos un extracto del sermón que dio Mons. Lefebvre el 25 de mayo de 1986, con ocasión del 25° aniversario de la ordenación del P. Epiney, al cual todos en la Fraternidad llamaban cariñosamente “el Cura de Riddes”:

Muy querido señor Cura,

En ese año de su ordenación sacerdotal, 1961, fue el año anterior al Concilio que preparó las convulsiones y los grandes cambios en nuestra Santa Iglesia. Y por una gracia especial de Dios, usted ha sabido conservar el sentido de la fe, el sentido de lo que le fue dado en el seminario. Y, aun siendo un joven vicario, luego un joven sacerdote; con ocasión de los encuentros sacerdotales, no dudó en expresar su reprobación de los cambios que veía venir y que le parecían -con razón- contrarios al bien de la Iglesia, contrarios al bien de las almas. Y así que lo dijo sin rodeos. Y, para mostrar su apego a la Iglesia de siempre, también  mantuvo su sotana, su hábito eclesiástico, convencido de que esto era una manifestación de su apego a la fe y al sacerdocio.

Y entonces, la Providencia quiso que su Obispo lo nombrara para Riddes, sabiendo perfectamente que era un ministerio particularmente difícil: Riddes no era conocido por su fervor cristiano.

Pero siendo usted cura de Riddes, era a su vez el cura de Ecône. Y de nuevo, por una gracia especial de la Santa Providencia, Ecône se ha convertido en lo que hoy conocemos: el Seminario de Ecône, con la autorización del Obispo de Sión. Por lo tanto, no hubo dificultad -todo lo contrario- en que el seminario estuviera muy unido a la Parroquia de Riddes, que era nuestra Parroquia. Y encontramos precisamente al sacerdote que el Buen Dios había preparado para nosotros. Firme en la fe, apegado a la Tradición, dispuesto a luchar todo lo necesario para mantener su fe, para mantener su sacerdocio de manera integral.

Así pues, desde entonces, Ecône y el Cura de Riddes han mantenido una relación que ha permanecido en una fidelidad admirable. Y fue entonces cuando usted tuvo que tomar una decisión, querido Padre: a pesar del dolor de la aparente ruptura con la diócesis, prefirió mantener la Tradición, mantener la fe, en lugar de ver el desastre entrar en su iglesia, en su Parroquia como en otras Parroquias, ver las parroquias desiertas, como el seminario de Sión, que cerró sus puertas para enviar a Friburgo a los pocos seminaristas que quedaban. Prefirió continuar su ministerio sacerdotal como lo había recibido de las manos de su obispo y como se le había enseñado en el seminario.

Y ahora, han pasado veinticinco años de sacerdocio. Y gracias a usted, querido Padre, el Valais sigue siendo católico. Creo que podemos decirlo y debemos decirlo. Sin duda usted me dirá: pero Ecône se ha convertido también en el símbolo de la Catolicidad, el símbolo de la fidelidad a la Iglesia de siempre. Pero no es Ecône quien ha mantenido la fe en este querido Valais: es usted, querido Padre, es a través de usted. Si no hubiera estado allí, no habríamos tenido esta afluencia de valesanos. No habríamos conocido esta preservación de la fe católica en los corazones de los valesanos.

Y si esta fidelidad de Ecône, a pesar de las pruebas por las que también hemos pasado en los últimos quince años, se manifiesta siempre de manera permanente y sin falta, es también gracias a usted, porque, en medio de estas pruebas, usted siempre ha estado presente. Usted nunca ha cambiado; nunca ha dudado. Usted ha permanecido como una roca, fiel al Ecône y fiel a la fe, fiel a la Iglesia. Eso es lo que queremos ser, eso es lo que debemos ser.

Este año tendremos la alegría de ordenar a cinco nuevos sacerdotes suizos. Esto es realmente una gran gracia. Y es gracias a su ejemplo y a su oración que debemos estas vocaciones, querido Padre.

Que Dios lo bendiga. Que Dios siga dándole una salud fuerte y todas las gracias que necesita, para continuar su magnífico apostolado para la gloria del Buen Dios y para la salvación de las almas.


TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DEL SERMÓN DEL P. PIERRE EPINEY, EL 26 DE MAYO DE 2019

Se nos ha informado de un comunicado firmado por el Superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, Don Davide Pagliarani, y por Mons. Vitus Huonder, obispo de Chur, que acaba de presentar su dimisión:
Este lunes 20 de mayo de 2019, el Papa Francisco relevó a Mons. Vitus Huonder de su cargo como Obispo de la Diócesis de Coira, nombrando un administrador en vista de la elección de su sucesor. Según un deseo formulado desde hace mucho tiempo, Mons. Huonder se retira en una casa de la Fraternidad San Pío X. El único propósito de este obrar es consagrarse a la oración y al silencio, celebrar exclusivamente la Misa tradicional, y trabajar por la Tradición, único medio para la renovación de la Iglesia. La Fraternidad San Pío X valora la valiente decisión de Mons. Huonder y se alegra de poder proporcionarle el marco espiritual y sacerdotal que tanto desea. Ojalá que este ejemplo sea imitado, para "restaurar todo en Cristo". Firmado por Mons. Vitus Huonder, Obispo emérito de Chur y Don Davide Pagliarani, Superior general de la FSSPX”.
El mismo día, Mons. Huonder declaró, entre otras cosas, lo siguiente en su carta a la diócesis de Chur:
"Como ya se sabe, me instalaré en la Casa Sacerdotal del Instituto Santa María de Wangs, en el cantón de San Gallen. Este instituto pertenece a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En línea con el Santo Padre Francisco, me comprometo a contribuir a la unidad de la Iglesia, no a marginar, sino a discernir, acompañar y ayudar a integrar".
¿Qué debemos pensar de todo esto?
En primer lugar, nos sorprende. Un obispo conciliar, un discípulo del Papa Benedicto XVI, un amigo del Papa Francisco, es recibido en una escuela de Fraternidad en Wangs. Por otra parte, Mons. Williamson, a pesar de haber sido consagrado por Mons. Lefebvre en 1988, fue excluido de la Fraternidad. Además, el P. Schreiber, Superior de la Fraternidad en Suiza, en una carta al P. Grenon [colaborador del P. Epiney. Nota de NP], explica que, debido a la presencia del P. Brühwiler [sacerdote expulsado de la FSSPX por causa de la deriva liberal, que se unió a la SAJM. Nota de NP], prohíbe a los fieles venir aquí a Riddes para la Misa.
Ahora bien, ustedes saben que el Padre Brühwiler vino aquí para ayudarme debido a mi enfermedad y debilidad, él fue expulsado de la Fraternidad ¿Qué mal ha hecho? Él quiere ser fiel a Mons. Lefebvre, el fundador de la Fraternidad. Y, como otros sacerdotes, fue excluido de la Fraternidad, al igual que Mons. Williamson. Y Monseñor Fellay me pidió que lo echara, lo que no puedo hacer por razones de conciencia, porque es un sacerdote muy bueno, celoso, que merece nuestra confianza y que se preocupa por ser fiel al fundador.
Entonces el Padre Brühwiler, expulsado de la Fraternidad, se unió a la Sociedad Sacerdotal de los Apóstoles de Jesús y María, fundada por Monseñor Williamson y Monseñor Faure. ¿Qué es esta sociedad? Ese fue el nombre que inicialmente eligió Mons. Lefebvre para su obra. Más tarde eligió el nombre de Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Pero los estatutos de esta Sociedad Sacerdotal son los mismos que los de la Fraternidad, con la clara e inequívoca voluntad de permanecer completamente fiel a Mons. Lefebvre, el fundador. El Padre Brühwiler ya no era dependiente de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ya que fue expulsado, e hizo una petición para unirse a esta Sociedad de los Apóstoles de Jesús y de María, y fue aceptado. Por lo tanto, ahora está bajo la autoridad de Mons. Faure y Mons. Williamson, lo que le permite permanecer aquí entre nosotros para ayudarnos.
Mis queridos hermanos, la hora es grave. Ecône está cambiando. ¡Es hora de cerrar filas y no desertar de nuestra capilla, como se les recomienda hacer! ¡Siempre hemos ayudado a la Fraternidad, hemos trabajado para ella! ¡Les hemos ayudado a establecer todas las capillas aquí! ¿Por qué sería malo ahora venir aquí? Esta es la Capilla Madre de todas las demás aquí en Valais, para hacer posible la Misa de siempre. ¡Ahora no se trata sólo de la Misa, sino también de la fe! ¡Todos los Padres del Concilio Vaticano II, todos los Obispos celebraban la verdadera Misa! Y todos ellos se pasaron al modernismo, excepto unos pocos que resistieron, quedando sólo uno al final, porque Mons. Lefebvre combatió hasta el final. ¡No sólo salvó la Misa y el sacerdocio, sino también la fe católica! ¡Porque el resultado de esta "renovación" es la apostasía! Esta ya no es la Iglesia Católica, es la Iglesia ecuménica, ¡y hay suficientes ejemplos! Basta con abrir los ojos para ver que la gente va perdiendo la verdadera fe católica, la verdadera moral, la verdad, la piedad. Y las vocaciones sacerdotales y religiosas disminuyen cada vez más. Pedimos a los sacerdotes africanos que reemplacen a los nuestros, ¡ya no tenemos suficientes!
Quisiera citar unas palabras de Mons. Tissier de Mallerais. Hace unos años dijo:
"La gran apostasía de la que habla San Pablo no ha cesado de crecer. La realeza social de Cristo está muy destruida por la libertad religiosa y los derechos humanos del Concilio Vaticano II. ¡Sin las consagraciones de Mons. Lefebvre en 1988, ya hubiéramos muerto! Ni la Fraternidad San Pedro ni ninguna otra, ni Ecclesia Dei, ¡la Tradición estaría muerta! La "Operación Supervivencia" fue un éxito total gracias a la acción heroica de Mons. Lefebvre, que sigue excomulgado. Nada ha cambiado en Roma. Corazones endurecidos, espíritus ciegos, la iglesia paralela es la nueva iglesia Vaticano II, su nueva religión es ecuménica. Mons. Lefebvre tenía razón: "Sólo los obispos completamente libres de toda influencia de la Roma liberal podrán trabajar por el bien de la Iglesia".
Mons. Huonder fue ordenado sacerdote con el nuevo rito en 1971. En 2007 fue consagrado obispo con el nuevo rito de ordenación episcopal. Sin embargo, Mons. Lefebvre dijo: "¡Todos los sacramentos son dudosos!” Así pues, ya no está claro hoy en la Iglesia conciliar ecuménica si los sacerdotes son sacerdotes, si los obispos son obispos. Es la confusión Estamos en pleno Protestantismo. Es casi lo mismo, ¡o incluso peor!
[Están] dejando entrar a estos obispos en las casas de la Fraternidad, de los que no estamos seguros de la validez de sus ordenaciones sacerdotales y episcopales, y que tienen contactos permanentes con otros obispos que quieren llevarnos de vuelta al Vaticano II... Porque es la meta, ellos lo dicen: se trata de ayudar a integrar. Si, es discípulo del Card. Rátzinger, Bendicto XVI, que atrajo a algunas comunidades tradicionales que ciertamente permanecieron fieles a la Misa, pero que ya no combaten contra los errores del modernismo. ¡Se callan! ¡No podemos callarnos cuando se trata de la verdad! ¡Hay que reaccionar! Hay que reaccionar porque se trata de nuestra fe, de nuestra salvación, de la salvación de nuestras almas. ¡Hay que despertar! ¡No debemos dormir! ¡No debemos huir!
Antes de 2012 fue la Iglesia conciliar la que persiguió y expulsó a los más fieles, mientras que hoy es Menzingen el que expulsó a un obispo y numerosos sacerdotes por permanecer fieles a Mons. Lefebvre. Es el mundo al revés. Entonces, no podemos no reaccionar ante tales acciones, porque todo lo que hemos hecho hasta ahora sería en vano. Estamos regresando exactamente a lo que sucedió hace 40 años, cuando la mayoría de los católicos aceptaron por obediencia la nueva Misa y las nuevas orientaciones, siendo la obediencia una virtud ligada a la fe. No se trata sólo de mantener la disciplina, sino de conservar la fe. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres.
Es necesario permanecer fieles y tener el valor de combatir, como dijo Nuestra Señora de La Salette, con las armas disponibles: la santa Misa de siempre, el Rosario y la fe, la defensa de la fe católica de siempre hasta el final. ¡Hasta el martirio si es necesario! Porque sin la fe católica no podemos salvarnos. Nuestro Salvador no es Lutero, no es Buda. ¡Ahora cada semana hay ceremonias con protestantes, budistas, judíos y todo lo que quieran! ¡Esa ya no es la verdadera iglesia! La verdadera iglesia está como eclipsada por una iglesia falsa. ¡Debemos permanecer como somos porque nosotros nunca hemos salido de la Iglesia! ¡Ellos son los que salieron! ¡Es Roma la que debe volver a la Tradición! No es la Tradición la que debe ir a Roma para hacerse absorber.
Nuestra Señora de La Salette dijo: "Combatid, hijos de la luz, vosotros, el pequeño número de los que veis claro. La Iglesia será eclipsada, Roma perderá la fe. Que vuestro celo los haga hambrientos de la gloria y el honor de Jesucristo”.
Concluimos, queridos hermanos, en estos próximos días, el mes de María instituido por San Felipe Neri. Reunió a los jóvenes en Roma para pedirle a la Santísima Virgen María todos los días del mes de mayo, ¡y hubo conversiones tremendas! En estas conversiones había no solamente sacerdotes, obispos, religiosos, ¡también el Papa! Porque rezando a la Santísima Virgen, tocamos el Corazón de nuestro Señor, que no puede resistirse a conceder lo que la Virgen pide. Pero hoy, como dijo Lucía en Fátima, no esperen que los papas, obispos y sacerdotes les den la orden de rezar. ¡Cada uno debe orar por sí mismo! Especialmente el rezo del Rosario. Asistencia al Santo Sacrificio de la Misa, el conocimiento del Catecismo, la doctrina católica ¡para conservar la fe y transmitirla! Esa es nuestra misión. Así que aprovechen estos tres días de rogativas. Son oraciones públicas. En aquella época hubo todo tipo de desastres, terremotos y pobreza, por lo que durante tres días el obispo San Mamerto ordenaba grandes procesiones públicas que duraban todo el día para pedir a la Santísima Virgen que pusiera fin a todos estos desastres. ¡Y se obtuvo! Por eso la Iglesia hizo obligatorias las rogativas. Pero ¿quién las hace todavía hoy?
Hay que rezar fervientemente con la Santísima Virgen María, ¡porque sólo ella puede aplastar al demonio infernal que gobierna en el corazón de Roma, el Vaticano! ¡La quema de la catedral de Notre Dame de París es una señal de que la fe de Francia se está desmoronando! ¡Es el fin de la religión católica! Marie Julie Jahenny profetizo hace 129 años que Notre Dame sería incendiada en París, ¡pero también el Vaticano! Los castigos nos esperan porque de Dios nadie se burla.
Vean, mis amados hermanos, la necesidad de cerrar filas y orar juntos a Nuestra Señora con el mismo fervor de hace 40 años, cuando lo habíamos perdido todo y, gracias a la oración, Dios nos dio todo de nuevo para conservar la fe de nuestro país. Ahora es necesario hacer esto de nuevo porque estamos perdiendo lo que habíamos ganado. ¡Por nuestra propia culpa! Por la culpa de los que entre nosotros quieren absolutamente ser reconocidos para hacerse absorber. 

Así que ¡atención! Velemos y oremos, mantengamos el valor y la confianza.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 16 de junio de 2019

CONFIRMACIONES EN AVRILLÉ


El sábado 15 de junio, Monseñor Jean Michel Faure confirió 44 confirmaciones en el Convento Dominico de Avrillé.

DEO GRATIAS !

sábado, 15 de junio de 2019

COMENTARIO ELEISON Número DCXXII (622) - 15 de junio de 2019


Prometeo – I
¿Nuevo Humanismo? Errores tan antiguos como las montañas,
Pero, en la Iglesia, causando desgracias inusitadas.
El Vaticano II fue un desastre para la Iglesia Católica. Para el futuro de la misma Iglesia es esencial que los católicos que desean salvar sus almas vean por qué fue tal desastre. El P. Álvaro Calderón, profesor de Filosofía y Teología tomista en el Seminario de la Fraternidad San Pío X en La Reja (Argentina), escribió hace diez años un libro que prueba que el Vaticano II desde dentro de la Iglesia reemplazó la religión de Dios por la religión del hombre. La primera de las cuatro partes del libro, para explicar lo que fue el Vaticano II, comienza con una definición en tres partes: fue la oficialización de un humanismo disfrazado de catolicismo.
En primer lugar fue un humanismo, es decir, una glorificación del hombre en detrimento de Dios. La Edad Media fue seguida por una serie de humanismos, como el Renacimiento, la Reforma, la Revolución Francesa, pero todas las veces el humanismo pereció, dice Calderón, porque rompió con la Iglesia Católica. Resultado final? Dos guerras mundiales. Pero esta vez serían los propios eclesiásticos quienes crearían el nuevo humanismo para encajar con la Iglesia Católica. De ahí la oficialización sin precedentes por parte del Vaticano II de lo que siempre había sido un grave error denunciado por la Iglesia, pero esta vez los eclesiásticos supieron cómo hacerlo parecer católico. Así se acercarían al mundo moderno centrado en el hombre con su nuevo humanismo, pero al mismo tiempo estaban decididos a permanecer dentro de la Iglesia, supuestamente para salvar tanto al hombre moderno de su ateísmo como a la Iglesia moderna de su estéril aislamiento. En el mejor de los casos, los eclesiásticos del Vaticano II tenían buenas intenciones; en el peor, sabían que su nueva reconciliación de fuerzas opuestas no funcionaría, excepto para destruir la Iglesia, pero eso es lo que los peores de entre ellos querían.
Entonces, ¿por qué no funcionaría la nueva reconciliación? Porque Pablo VI quería un nuevo humanismo, no orientado inhumanamente hacia Dios, como en la Edad Media, ni reaccionando excesivamente contra él como en los tiempos modernos, sino un nuevo equilibrio entre los dos excesos que mostraría que la mayor gloria de Dios coincide con la gloria del hombre. Por ejemplo, el hombre es la creación más grande de su Creador, así que glorificar al hombre es también glorificar a Dios. Y el hombre es a la imagen de Dios siendo libre, así que cuanto más libre es, más glorifica a Dios. Por lo tanto, promover la dignidad humana y la libertad es glorificar no sólo al hombre sino también a Dios. Sin embargo, si uno empieza con la gloria del hombre, ¿quién no puede ver el riesgo de deslizarse en la gloria del hombre? Además, Dios es el único y exclusivo Ser Perfecto que no puede por lo tanto necesitar o desear nada fuera de Su propia gloria intrínseca. Sólo secundariamente, para su gloria extrínseca, puede querer o desear la bondad de cualquier criatura fuera de la Suya propia. Por lo tanto, la verdad es que tanto Dios como el hombre están orientados principalmente hacia Dios, y Dios sólo puede ser orientado secundariamente hacia el hombre.
Pero aquí hay algunas citas del documento del Vaticano II, Gaudium et Spes: “El hombre es el centro y la cima de todas las cosas en la tierra... señor y gobernador de toda la creación” (#12) – ¿no es eso más bien Dios? “El amor a Dios y al prójimo es el primer mandamiento” (#24) – ¿aparece el prójimo en el primer mandamiento? “El hombre es la única criatura amada por Dios para sí mismo” (#24). ¿Para el hombre en sí mismo? La desviación es grave, pero sutil, y en los propios textos del Concilio es más bien implícita que explícita, pero aparece más claramente en la enseñanza de la Iglesia después del Concilio, por ejemplo en el Nuevo Catecismo (p. ej. 293, 294, 299). En efecto, dice el P. Calderón, el Concilio pone al hombre en el trono de la Creación y a Dios a su servicio.
Del mismo modo, el Vaticano II pone al revés la autoridad. El humanismo está siempre en contra de la autoridad, pero el Nuevo Humanismo debe parecer católico, por lo que debe buscar un camino diferente para que la autoridad de Cristo reine en la Iglesia y el mundo modernos. Pero Cristo dijo que vino a servir (Mt. XXV, 25–28). Así que la Nueva Jerarquía se haría democrática de arriba a abajo para servir al hombre moderno de una manera que él entiende. Pero, ¿en qué parte de la Neo-Jerarquía estará la autoridad de Dios para elevar a los hombres al Cielo? Se disolverá, y con la autoridad disuelta en la Iglesia, la autoridad se disolverá en todas partes, como vemos entorno nuestro en 2019.
La Parte II del P. Calderón será el Nuevo Hombre del Vaticano II, la Parte III la Nueva Iglesia, la Parte IV la Nueva Religión.
Kyrie eleison.

COMENTARIO ELEISON Número DCXXI (621) - 15 de junio de 2019


“Prometeo” – Introducción
La hipocresía de los hombres nunca cesará,
Pero el Vaticano II presenta su obra maestra.
Cuando Mons. Lefebvre pensaba en el futuro de la Fraternidad San Pío X, solía esperar que contribuyera a los estudios de los 16 documentos del Concilio Vaticano II, porque era el arco principal a través del cual llegaba, en los años sesenta, la multitud sin precedentes de problemas con los que la Iglesia y el mundo se han visto afligidos desde entonces. Sin duda la Fraternidad ha contribuido hasta cierto punto a tales estudios, pero ¿se vería afligida hoy como está, algunos piensan hasta la muerte, si sus sacerdotes hubieran tenido una mejor comprensión de la enfermedad del Vaticano II, atractiva, altamente contagiosa y mortal para la verdadera Fe? Uno bien podría preguntarse.
Sin embargo, en 2010 apareció en español un estudio a fondo del problema por parte de un sacerdote argentino de la Fraternidad, el P. Álvaro Calderón, profesor de filosofía y teología en el seminario de la Fraternidad en Argentina. El título de su libro es “Prometeo, la religión del hombre”, y se subtitula “Un ensayo para interpretar el Vaticano II”. Sus 320 páginas (en papel) concluyen con la dramática acusación de que el Vaticano II es idolatría, ya en sus documentos y no sólo en sus secuelas. Aparentemente el libro ha sido traducido al francés, pero si existe tal traducción, ciertamente nunca ha aparecido, lo más probable para proteger a la Neo-Iglesia Conciliar y a su descendencia bastarda, la Neo-Fraternidad. De hecho, el libro necesita ser traducido y aparecer en una multitud de idiomas.
Para ayudar a explicar por qué estos “Comentarios” tan frecuentemente culpan al Vaticano II, estos ofrecerán a los lectores una visión general del libro en una serie de números. Es una empresa peligrosa presentar en unos pocos artículos de unas 750 palabras cada uno un libro densamente argumentado de 320 páginas, pero es demasiado importante que los católicos tengan al menos una idea de la plena malicia del Vaticano II como para hacer el esfuerzo. Así que estos artículos serán menos para los teólogos profesionales que requieren más profundidad y precisión para ser persuadidos, y más para las almas ordinarias que buscan alguna explicación de la devastación de la Iglesia y del mundo que se está forjando a su alrededor. Para causar tal devastación, el Vaticano II tenía que ser profundo y coherente. Que estos temas de los “Comentarios” sean cuando menos suficientes para sugerir la profundidad y coherencia tomista del libro del P. Calderón.
La acusación de que el Vaticano II es idolatría no podría ser más grave, pero en su libro está respaldada por una serie de referencias a los 16 documentos del propio Vaticano II, especialmente Gaudium et Spes y Lumen Gentium. El problema es, como él explicará, que por razones históricas los autores del Vaticano II tuvieron especial cuidado en disfrazar su doctrina idólatra para que no pareciera estar fuera de línea con la Tradición Católica. El propio Monseñor Lefebvre firmó 14 de los 16 documentos, lo que no habría hecho unos años más tarde, cuando los frutos del disfraz se hicieron evidentes. Por lo tanto, los documentos son hábilmente ambiguos, con una letra y un espíritu muy diferente. Por lo tanto, hasta el día de hoy, tanto muchos católicos sinceramente leales a la Iglesia como todos modernistas que buscan transformar la Iglesia pueden y de hecho afirman que la letra de los documentos es católica, pero la gran ventaja de un análisis como el del P. Calderón es argumentar a partir de los propios documentos que su espíritu es fabricar una religión totalmente nueva centrada en el hombre. Así que, en realidad, el neomodernismo del Vaticano II es especialmente resbaladizo y pérfido.
¿Está todavía disponible la edición en español de este libro? Eso esperamos. En cualquier caso, el editor está registrado como Luis María Campos 1592, Morón, Bs. As., Argentina, Tel. 4696–2094. En más de un sitio de Internet se puede encontrar “Prometeo la Religión del Hombre”, con un texto bastante completo en español del libro del P. Calderón.
El libro está dividido en cuatro partes: Parte I, lo que fue el Vaticano II, una definición; Partes II-IV, lo que hizo el Vaticano II: Parte II un nuevo HOMBRE, Parte III una nueva IGLESIA, Parte IV una nueva RELIGIÓN. En estos “Comentarios de Eleison” deben seguir cuatro artículos (tal vez interrumpidos), correspondientes a las cuatro Partes.
Kyrie eleison.

jueves, 13 de junio de 2019

EL ARZOBISPO VIGANÒ CONCEDE UNA ENTREVISTA DE GRAN INTERÉS A "THE WASHINGTON POST"



Viganò concede su primera entrevista desde que pidió la dimisión del Papa

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En su primera y amplia entrevista desde que, en agosto pasado, pidiera la dimisión del papa Francisco, al que acusó de encubrir a un abusador sexual, el arzobispo Carlo Maria Viganò ha mantenido una correspondencia vía email con The Washington Post durante dos meses, escribiendo 8.000 palabras para responder a unas 40 preguntas. Aquí presentamos ese intercambio. Algunos pasajes que contenían alegaciones no verificadas se han eliminado. Otros han sido ligeramente editados para mayor claridad. La conversación tuvo lugar en inglés.
VIGANÒ: Gracias por darme la oportunidad de responder a sus preguntas. Lo he hecho con el mayor cuidado posible y con amor hacia la Iglesia, que está atravesando unos de los momentos más turbulentos de su historia. Mis detalladas respuestas se pueden leer después de cada pregunta, salvo las que tienen relación con mi situación personal, que considero irrelevantes ante los serios problemas a los que se enfrenta la Iglesia.
¿Qué piensa sobre el resultado de la cumbre de cuatro días que tuvo lugar en febrero sobre la protección de los menores en la Iglesia?
Recé intensamente junto a muchos fieles, diáconos, sacerdotes, obispos y cardenales católicos auténticos y llenos de afecto por el éxito de la cumbre de febrero, y me hubiera alegrado inmensamente si lo hubiera tenido. La iniciativa de convocar a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo para un encuentro en Roma, la primera vez de un evento similar en la historia de la Iglesia, dio a mucha gente la esperanza de que, por fin, se iban a abordar de manera directa y franca los serios problemas a los que se enfrenta la Iglesia.
Por desgracia, la iniciativa resultó ser pura ostentación, porque no vimos signos de un deseo genuino de abordar las causas reales de la crisis actual. Desde luego, la decisión del papa Francisco de nombrar, como líder de la cumbre, al cardenal [Blase] Cupich, [arzobispo de Chicago,], fue preocupante. Si recuerda, Cupich había declarado que centrarse en la crisis de los abusos sexuales era, para la Iglesia, meterse en la madriguera del conejo y que el papa Francisco tenía una «agenda más importante» y necesitaba «seguir con otras cosas» como «hablar sobre el medio ambiente y la protección a los migrantes». Esto, ¡dicho por el hombre elegido por el papa para lidiar con la crisis! Los comentarios de Cupich crearon una mala publicidad; tuvo que pedir disculpas, pero lo hizo sólo después de que su acusación de que la entrevista había sido injustamente editada demostró no tener ningún fundamento. No veo pruebas de que él esté comprometido con aclarar la situación y sacar a la luz a los encubridores.
[NOTA DEL EDITOR: Cupich se refirió expresamente al testimonio de Viganò, en agosto pasado, como «la madriguera del conejo».]
Las ruedas de prensa durante la cumbre fueron decepcionantes. Los periodistas, sobre todo algunas mujeres de gran experiencia y profesionalidad, incluyendo algunas de medios de comunicación laicos, intentaron en vano conseguir respuestas que pudieran dar un mínimo de credibilidad a la cumbre. Por poner un ejemplo, el arzobispo [Charles] Scicluna, pillado por sorpresa con una pregunta sobre el papa relacionada con su encubrimiento del escandaloso caso del obispo argentino Gustavo Zanchetta -«¿Cómo podemos creer que esta es, de hecho, la última vez que vamos a oír ‘no más encubrimientos’ cuando al final del día, el papa Francisco encubrió a alguien en Argentina que tenía porno gay que implicaba a menores?»-, profirió estas avergonzadas palabras: «Sobre el caso, no estoy, no estoy, usted sabe, autorizado…». La inepta respuesta de Scicluna dio la impresión de que él necesitaba estar autorizado -podemos preguntarnos por quién- ¡para decir la verdad! El director ad interim de la sala de prensa del Vaticano, Alessandro Gisotti, intervino rápidamente para asegurar a los reporteros de que se había puesto en marcha una investigación, y que una vez esta hubiera concluido, serían informados del resultado de la misma. Espero que se me perdone si me pregunto si realmente se informará, y de manera oportuna, sobre los resultados de una investigación honesta y profunda. Gisotti añadió que no estaban permitidas las preguntas sobre casos concretos. Hay en esto una cierta ironía: este intercambio ocurría mientras Cupich y Scicluna discutían sobre lo que ellos llamaban transparencia.
Un problema especialmente serio es que la cumbre se centró exclusivamente en el abuso de menores. Estos crímenes son, desde luego, terribles, pero la reciente crisis en Estados Unidos, Chile, Argentina, Honduras y otros países tiene que ver, sobre todo, con los abusos cometidos contra jóvenes adultos, incluidos seminaristas, no sólo contra menores. Desde luego, si se reconociera honestamente que hay un problema de homosexualidad en el sacerdocio que debe ser abordado de manera adecuada, el problema de los abusos sexuales sería mucho menos grave.
¿Ve usted indicios de que el Vaticano, con el papa Francisco, esté dando los pasos adecuados para lidiar con la grave cuestión de los abusos? Si cree que no, ¿qué falta?
Los indicios que veo son realmente siniestros. No sólo el papa Francisco no está haciendo casi nada para castigar a los que han cometido abusos, sino que no está haciendo nada en absoluto para poner al descubierto y llevar ante la justicia a quienes, durante décadas, han ayudado y encubierto a los abusadores. Por poner un ejemplo: el cardenal [Donald] Wuerl, que encubrió los abusos de [el entonces cardenal Theodore] McCarrick y de otros durante décadas, y cuyas continuas y descaradas mentiras se han puesto de manifesto para todos los que prestaban atención, tuvo que dimitir de manera vergonzosa debido a la indignación pública. Sin embargo, al aceptar su dimisión, el papa Francisco le alabó por su «nobleza». ¿Qué credibilidad puede tener el papa después de este tipo de declaraciones?
En febrero, el ex cardenal Theodore McCarrick fue reducido al estado laical. ¿Cuál es su valoración de este castigo? ¿Y qué piensa del modo como la Congregación para la Doctrina de la Fe gestionó el caso McCarrick en los meses posteriores a su testimonio? Por último, ¿cree usted que hubo efectos concretos (positivos o negativos), resultado de su testimonio?
La degradación de McCarrick de su oficio ha sido, en este sentido, un castigo justo, pero no hay razón legítima para que no se le impusiera cinco años antes, o más, después de un juicio adecuado y un procedimiento judicial. Quienes tienen la autoridad para actuar (por ejemplo, el papa Francisco) sabían todo lo que necesitaban saber ya en junio de 2013. Sin embargo, con toda seguridad mi testimonio del mes de agosto pasado aceleró este castigo, trasladando el foco de la atención a McCarrick y desviándolo de quienes tenían conocimiento, desde hacía tiempo,  de sus crímenes y se aprovecharon de su protección. Incluso después de la publicación de la declaración del cardenal [Timothy] Dolan sobre McCarrick el 20 de junio de 2018, había tiempo suficiente para un juicio, pero este habría causado un gran daño a muchos miembros prominentes de la curia y, claro está, al propio papa Francisco. Por consiguiente, en lugar de un procedimiento judicial adecuado, después de más de siete meses de silencio se eligió deliberadamente un procedimiento administrativo. Es difícil no concluir que los tiempos fueron elegidos para manipular a la opinión pública. Condenar a McCarrick como cabeza de turco con un castigo ejemplar -es la primera vez en la historia de la Iglesia que un cardenal es reducido al estado laical-, apoyaba la tesis de que el papa Francisco estaba firmemente decidido a luchar contra los abusos sexuales por parte del clero.
Según una declaración emitida por la Sala de Prensa de la Santa Sede el 16 de febrero de 2019, McCarrick fue encontrado culpable por la Congregación para la Doctrina de la Fe de «solicitación en el sacramento de la Confesión y de pecados contra el sexto mandamiento» tanto con menores como con adultos, con el «factor agravante de abuso de poder». La pena impuesta fue la reducción al estado laical, que el papa Francisco confirmó ser «definitiva». De esta manera McCarrick, que se ha declarado inocente, ha sido privado de cualquier oportunidad de apelar la sentencia. ¿Dónde está el proceso justo? ¿Es así como el Vaticano administra justicia?
Además, al ser la sentencia definitiva, el Papa ha bloqueado cualquier posibilidad de seguir investigando, lo que hubiera podido llevar a revelar quién en la Curia y en otros lugares tenía conocimiento de los abusos de McCarrick, cuándo lo supieron y quién le ayudó a ser nombrado arzobispo de Washington y, al cabo de un tiempo, cardenal. Por cierto, se había hecho la promesa de publicar los documentos de este caso, algo que todavía no se ha hecho.
La conclusión es esta: el papa Francisco está ocultando deliberadamente las pruebas del caso McCarrick.
Lo repito con firmeza ante Dios: el papa Francisco supo sobre McCarrick, a través de mí, el domingo 23 de junio de 2013, 40 minutos antes del Ángelus. Le hablé de los abusos cometidos por McCarrick después de que el papa, por propia iniciativa, me preguntara sobre el cardenal.
Sin embargo, consideremos ahora la dimensión más importante con mucho, a saber: la espiritual, totalmente ausente de cualquier declaración hecha sobre McCarrick o de cualquier rueda de prensa de la cumbre. El propósito más importante de las penas en derecho canónico es el arrepentimiento y la conversión: Suprema ratio est salus animarum (la ley suprema es la salvación de las almas). Creo, por tanto, que la mera «reducción al estado laical» es totalmente inadecuada, porque no proporciona una solución y no expresa preocupación por el importante propósito del castigo, a saber: la salvación del alma de McCarrick.
A no ser que esté acompañada por otras medidas, la mera reducción al estado laical podría ser considerada una expresión de desprecio hacia este estado. La idea de que se castigue a un prelado que se comporta mal «reduciéndole» al estado laico huele a clericalismo. Como sostieneel profesor Scott Hahn, socava el significado de la llamada universal a la santidad.
Creo, y no soy el único, que también debe imponerse a McCarrick la pena de excomunión, de la que puede ser absuelto en cualquier momento. Como un tratamiento adecuadamente dosificado, se le impondría para que se responsabilizara de sus pecados, se arrepintiera, se reconciliara con Dios y, así, salvara su alma.
También ha habido tensiones entre la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y la Santa Sede. El pasado noviembre, los obispos de Estados Unidos estuvieron a punto de votar unas medidas para que los obispos se responsabilizaran más de la supervisión de los casos de abusos. El Vaticano detuvo este voto. ¿Tiene algo que decir sobre esta intervención, si era adecuada, y por qué ocurrió? ¿Cómo valoraría las acciones del nuncio?
Si no hubiera habido esa interferencia, el encuentro de noviembre de la Conferencia Episcopal estadounidense habría examinado, sin duda, los problemas de la corrupción episcopal, los encubrimientos y la mendacidad episcopal, los delitos sexuales, tanto con menores como con adultos; todo esto habría implicado y avergonzado de manera intolerable a la Santa Sede. La intromisión estaba totalmente injustificada, pero estaba causada por el pánico. Los obispos americanos estaban ejerciendo sus tareas y responsabilidades legítimas. Me pregunto cómo un papa que apela a la «sinodalidad» ha podido llevar a cabo dicha intromisión.
Después de la publicación de su testimonio, el papa Francisco se ha referido en numerosas ocasiones a «ataques del demonio», comentarios que muchos interpretan como una referencia a su persona. ¿Cómo se siente por ser citado de esta manera por su pontífice?
En el evangelio leemos: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!» (Mt 10, 24-25). Soy el esclavo de mi amo.
Desde el Vaticano no se han negado los detalles de su testimonio y el papa Francisco aún no ha respondido. ¿Cómo interpreta este silencio?
Nadie ha negado de forma plausible los hechos que he declarado en mi testimonio porque nadie puede negar la verdad. Los cardenales y arzobispos que nombro no quieren ser pillados mintiendo, y aparentemente piensan que son tan poderosos que son intocables si se mantienen en silencio y con un perfil bajo. La pregunta real es: ¿por qué los periodistas dejan que se salgan con la suya?
No sólo no se ha negado mi testimonio, sino que algunos de los hechos han sido confirmados de manera independiente. Pongo dos ejemplos: la carta de [el entonces arzobispo Leonardo] Sandri al padre [Boniface] Ramsey [de Nueva York], confirma mi declaración de que oficiales del Vaticano estaban en conocimiento de las acusaciones contra McCarrick desde el año 2000; y el cardenal [Marc] Ouellet, en la carta abierta que me envió, confirmó que me había dicho personalmente, y después por escrito, las restricciones que el papa Benedicto había impuesto a McCarrick.
Respecto al papa Francisco, su respuesta a mi testimonio fue: «No diré una sola palabra sobre este asunto». ¿Habría dicho esto si hubiera sabido que mi testimonio es falso? ¿No es más bien lo que diría una persona que sabe pero que no quiere admitir que el testimonio es verdad? ¿No es lo que ustedes, americanos, llaman «acogerse a la quinta enmienda»? Al responder cómo lo hizo, el papa está fundamentalmente admitiendo que no desea ser transparente. Sin embargo, los hechos permanecen. McCarrick ha sido amigo personal de Francisco durante décadas, antes de que fuera elegido papa. Francisco sabía de sus crímenes, sin embargo le rehabilitó, le convirtió en su enviado especial y asesor de confianza, y nombró a obispos y cardenales que son conocidos protegidos de McCarrick. Sin embargo, no dirá una sola palabra sobre esto. ¿Sorprende que muchos hayan interpretado la respuesta del papa como una manifestación de desprecio tanto hacia las víctimas como a los que quieren que el encubrimiento acabe? Irónicamente, sin embargo, el continuo silencio del papa, que es cada vez más ensordecedor, da fe de la verdad de mi testimonio.
Se podría señalar, considerando un caso análogo, que Theodore McCarrick ha tenido, y sigue teniendo, total libertad para hablar sobre cualquier tema a cualquier audiencia a lo largo de todo el asunto. La única razón para que no hable es que, al hacerlo, empeoraría aún más la opinión que se tiene sobre él. Hablando de temperamento, ni McCarrick ni el papa Francisco tienen reputación de ser hombres de pocas palabras.
[NOTA DEL EDITOR: Viganò añadió esta parte después de que Francisco hablara sobre las acusaciones el mes pasado en una entrevista]
VIGANÒ: Es realmente muy triste leer las respuestas del papa Francisco sobre el caso McCarrick, por no mencionar nada más. Primero dice que ya ha respondido en diversas ocasiones; segundo, que él no sabía nada, absolutamente nada sobre McCarrick; y tercero, que no recordaba la conversación que había tenido conmigo. ¿Cómo se puede afirmar y sostener todas estas cosas al mismo tiempo? Las tres son mentiras descaradas.
Primero, durante nueve largos meses no dijo una sola palabra sobre mi testimonio, e incluso alardeaba, y sigue haciéndolo, sobre su silencio, comparándose con Jesús. Por lo tanto, o habló o se calló. ¿Cuál de las dos?
Segundo, todos conocían el largo comportamiento depredador de McCarrick, desde el más joven de los seminaristas de Newark hasta los prelados de más alto rango del Vaticano.
Tercero, repito ante Dios lo que declaré en mi testimonio del pasado mes de agosto: el 23 de junio de 2013, el papa Francisco me preguntó sobre McCarrick y yo le dije que en la Congregación para los Obispos había un voluminoso dossier sobre sus abusos, y que había corrompido a generaciones de seminaristas.¿Cómo puede alguien, especialmente un papa, olvidarse de esto? Si realmente hasta ese día no tenía conocimiento de nada sobre este asunto, ¿cómo pudo ignorar mi advertencia y seguir confiando en McCarrick como uno de sus consejeros más cercanos?
Realmente la Iglesia universal está atravesando un momento muy oscuro: ¡el Supremo Pontífice está mintiendo descaradamente a todo el mundo para encubrir sus malvadas acciones! Pero la verdad sobre McCarrick y todos los demás encubrimientos saldrá a la luz con el tiempo, como ya ha sucedido con el cardenal Wuerl, que tampoco «sabía nada» y tuvo un «lapsus de memoria».
En su carta de octubre, el cardenal Ouellet le retrató como una persona motivada por la amargura de su propia carrera. ¿Es verdad? ¿Cómo responde a esto?
Lo único que puedo hacer es pedir a personas imparciales que examinen las decisiones que han marcado mi carrera para que vean si estaban motivadas por la ambición de hacer carrera y el ansia de promoción. Por la misma razón, las personas imparciales podrían preguntarse quién se beneficiaría más de rechazar el testimonio de Viganò alegando motivos indignos.
Déjeme que repita esto una vez más. Soy un anciano y no tardaré mucho en aparecer ante Dios Juez. Mi silencio me hubiera hecho cómplice de los abusadores y hubiera aumentado el número de víctimas. Sé que estoy motivado por esta preocupación, y Dios lo sabe. No puedo preocuparme por lo que piensen los demás sobre mis motivos.
En cualquier caso, mis motivos no es lo importante aquí, y las preguntas sobre ellos son una distracción. La cuestión verdaderamente importante es si mi testimonio es verdad. Me mantengo firme en él e insto a que se investigue para que los hechos salgan a la luz. Por desgracia, quienes impugnan mis motivos se han mostrado reacios a llevar a cabo una investigación abierta y minuciosa.
En general, ¿cómo cree que ha sido la cobertura de su testimonio por parte de los medios de comunicación? ¿Cree que los canales de noticias han estado dispuestos a investigar sin prejuicios las acusaciones que usted ha lanzado?
Me siento triste porque los principales medios de comunicación no insisten para que el papa Francisco y otros prelados respondan a mis acusaciones, y no creo que hubieran sido tan comedidos si el papa en cuestión hubiera sido Juan Pablo II o Benedicto XVI. Es difícil no concluir que estos medios de comunicación son reacios porque aprecian el enfoque más progresista del papa Francisco en cuestiones de doctrina y disciplina de la Iglesia, y no quieren poner en peligro su agenda. Sin embargo, de lo que estamos hablando aquí es de crímenes muy serios, que ven implicados a menudo a menores, y con acusaciones de encubrimiento. Con algunas excepciones, que pertenecen a órganos de comunicación secundarios, los medios de comunicación han fracasado porque no se han enfrentado al «crimen detrás del crimen», planteando las preguntas obvias a las personas obvias: ¿dónde están los archivos con los documentos del caso pertinente a las afirmaciones de Viganò? ¿Quién tiene acceso y autoridad para publicar los documentos? ¿Quién los ha examinado y cuándo? ¿Qué han encontrado en ellos, o que faltaba en ellos? ¿Qué esfuerzos se han hecho para corroborar los hallazgos y quién los ha hecho? ¿Quién está coordinando la investigación sobre el caso McCarrick? ¿Se han incluido en la investigación los protegidos de McCarrick, Cupich y [el cardenal Joseph] Tobin? Si la respuesta es no, ¿por qué no? Y esto es sólo el principio.
En resumen, los periodistas deberían estar excavando para buscar hechos, entrevistando a las víctimas, siguiendo el dinero y las promociones y sacando a la luz las redes corruptas. Hay tantos casos que investigar. Por citar sólo uno: ¿ha leído el reciente libro de Martha Alegria Reichmann sobre los fechorías del cardenal [Oscar Andrés Rodriguez] Maradiaga, elegido por el papa Francisco como asesor senior de su confianza, y de hecho cabeza del consejo de los nueve cardenales, el C-9? ¿Ha pensado en entrevistarla? ¿En investigar sus afirmaciones? ¿En solicitar una entrevista con Maradiaga para preguntarle sobre todas las acusaciones que se han lanzado contra él? ¿En preguntarle al papa Francisco por qué eligió a un hombre como él como su asesor?
Su testimonio deja claro que la homosexualidad -y el fracaso del Vaticano de responder a este tema- es el centro del problema actual de la Iglesia al lidiar con los abusos. ¿Nos puede explicar, con la mayor claridad posible, por qué la homosexualidad, tal como usted la ve, está relacionada con los abusos?
Mantengamos una distinción entre dos escenarios: (1) los crímenes de abuso sexual y (2) el encubrimiento criminal de los delitos de abuso sexual. En la mayoría de los casos en la Iglesia hoy, ambos tienen un componente homosexual -que habitualmente se minimiza- y que es la clave de la crisis.
Respecto al primer escenario, los hombres heterosexuales claramente no eligen ni a niños ni a jóvenes varones como sus parejas sexuales, y aproximadamente el 80 por ciento de las víctimas son hombres; de hecho, la gran mayoría son varones post-pubescentes. Las estadísticas de los diferentes países sobre abusos sexuales cometidos por el clero no dejan lugar a dudas. Y aunque son tan terribles como los casos de abusos cometidos por pedófilos, el porcentaje es muy inferior. No son pedófilos, sino sacerdotes gays los que abusan de chicos post-pubescentes y han arruinado las diócesis de Estados Unidos. Uno de los estudios más recientes y más fiables ha sido realizado por el padre Paul Sullins, PhD, del Ruth Institute. En su informe ejecutivo, el estudio de Sullins afirma, entre otras cosas, lo siguiente:
●»El índice de homosexuales en el sacerdocio aumentó el doble en relación a la población general de los años 1950, y hasta ocho veces en relación a la población general de los 80. Esta tendencia está fuertemente relacionada con el aumento del abuso sexual infantil».
●»Las estimaciones de estos hallazgos predicen que, si la proporción de sacerdotes homosexuales se hubiera mantenido al nivel de los años 50, al menos 12.000 niños, la mayoría varones, no hubieran sufrido abusos».
La preponderancia de estos casos de abusos es abrumadora. No creo que nadie pueda discutirlo. Que la homosexualidad es la causa principal de la crisis de los abusos sexuales es algo que también el papa emérito Benedicto XVI ha declarado en su reciente ensayo La Iglesia y el escándalo de los abusos sexuales. De su larga experiencia como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, él recuerda cómo «en varios seminarios se establecieron camarillas homosexuales que actuaban de manera más o menos abierta, cambiando de manera significativa el ambiente de los seminarios».
Dada la abrumadora evidencia, es alucinante que la palabra «homosexualidad» no haya aparecido una sola vez en ninguno de los recientes documentos oficiales de la Santa Sede, incluyendo los dos Sínodos sobre la Familia, el Sínodo sobre los Jóvenes y la cumbre de febrero.
Respecto al segundo escenario, la «mafia gay» entre los obispos está vinculada no a un interés común sexual, sino a un interés común que tiene como objetivo protegerse y promocionarse mutuamente desde el punto de vista profesional, saboteando todos los esfuerzos de reforma. En el citado ensayo, el papa emérito Benedicto observa que una investigación de seminarios llevada a cabo por el Vaticano, que incluía el problema de las camarillas homosexuales, «no aportó nuevos datos, supuestamente porque varios poderes unieron fuerzas para ocultar la situación real»; su observación da credibilidad a mi testimonio de que una poderosa red de prelados ha encubierto los abusos durante décadas. ¿Acaso se puede encontrar en Estados Unidos un solo obispo que admita que es homosexual activo? Claro que no. Su trabajo es constitucionalmente clandestino.
¿El tiempo que pasó usted en Estados Unidos tuvo algún efecto sobre la visión que tiene acerca de la homosexualidad? ¿Se endureció su postura de alguna manera al pasar tiempo en un país con una subcultura eclesial conservadora/tradicionalista muy fuerte y definida?
Mi estancia en Estados Unidos y la presencia de «una subcultura eclesial conservadora/tradicionalista muy fuerte y definida», como usted dice, no tiene nada que ver con mi visión sobre la homosexualidad. Mi visión ha sido y siempre permanecerá fiel a la enseñanza perenne de la Iglesia católica, adecuadamente resumida en el Catecismo:
«Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados'» (CIC, 2357). El Catecismo dice, además, que la inclinación a realizar dichos actos (y no las personas en sí, que no deben ser definidas por su inclinación) es «objetivamente desordenada» y «constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba». La Iglesia no responde condenándola. [La última palabra está mal traducida, pues el original dice "condemning them", que significa "condenádolos" (a los homosexuales). Nota de NP] Al contrario, enseña: «Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza» (CIC, 2358).
El Catecismo insiste que quienes experimentan dicha inclinación están llamados, como todos, a la castidad. Es una hermosa enseñanza, porque la Iglesia afirma la dignidad de quienes experimentan atracción hacia el mismo sexo afirmando, precisamente, que al cultivar la virtud pueden alcanzar una libertad interior y que, con la ayuda de una amistad genuina, la oración y la gracia sacramental, «pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana» (CIC, 2359).
En octubre, el Vaticano prometió llevar a cabo una investigación en los archivos sobre el caso McCarrick. Los resultados de dicha investigación aún no se han hecho públicos. Pero si un día lo fueran, ¿qué cree usted que revelarán?
No hay datos, hasta la fecha, de que esta investigación haya ni siquiera empezado. Estoy seguro de que los resultados de una investigación honesta serían desastrosos para el actual papado, y los responsables de iniciar este trabajo lo saben muy bien. Puedo concluir que la garantía de una investigación minuciosa de los archivos ha sido una promesa vacía.
Aunque el Vaticano no ha publicado sus hallazgos sobre el caso McCarrick, algunos historiadores de la Iglesia creen que los detalles de cómo McCarrick fue protegido, una vez sean revelados, pueden dañar las reputaciones de Benedicto XVI y, aún más, la de san Juan Pablo II. ¿Cree usted que Benedicto XVI o Juan Pablo II podrían haber hecho más para gestionar adecuadamente el caso McCarrick?
Mi deseo sincero es que todos los documentos, si no han sido destruidos, sean publicados. Es totalmente posible que esto dañe la reputación de Benedicto XVI y san Juan Pablo II, pero no es una razón para no buscar la verdad. Benedicto XVI y Juan Pablo II son seres humanos y pueden haber cometido errores. Si lo han hecho, queremos saberlo. ¿Por qué deberían permanecer ocultos? Todos podemos aprender de nuestros errores.
Yo mismo me arrepiento de no haber dicho nada públicamente antes. Como acabo de decir, espero contra toda esperanza que la Iglesia pueda reformarse desde dentro. Pero cuando tuve claro que el sucesor de Pedro era uno de los encubridores de estos delitos, no albergué duda alguna de que el Señor me llamaba para que dijera lo que sabía, como he hecho y seguiré haciendo.
¿Cree usted que hay un riesgo de cisma en la Iglesia estadounidense?
Un cisma es el dolor más terrible que la Iglesia, el cuerpo de Cristo, pueda soportar, y como demuestra la historia de la Iglesia, puede tener consecuencias duraderas. Debemos rezar para que esta catástrofe no vuelva a ocurrir. Un cisma formal (que implica la excomunión mutua de obispos ordenados de manera válida) no parece probable por el momento. Sin embargo, hay un cisma de facto basado en la aceptación o rechazo de la revolución sexual. Y hay un riesgo de cisma formal, provocado por un acto de absurda irresponsabilidad papal (por ejemplo, si el papa respondiera a los dubia, ignorados durante mucho tiempo, sobre la enseñanza en Amoris Laetitia de manera contraria a la enseñanza anterior de la Iglesia).
Después de publicar su testimonio, ¿se ha sentido en algún momento el líder espiritual de un movimiento de rebelión? Si es así, ¿cómo lo ha gestionado? Si siente que tiene un papel de liderazgo, ¿cómo definiría este movimiento, en términos de tamaño y alcance geográfico?
Jesús es el único líder de la Iglesia. Es la cabeza de la Iglesia, que es Su cuerpo. Todos nosotros, el papa incluido, tenemos un único Señor. Respecto a mi papel, como cristiano y como obispo tengo el deber de testimoniar la verdad sin miedo, y como Timoteo debo «proclamar la palabra, a tiempo y a destiempo» (2 Tim 4, 2). Ningún papa puede dispensar de este deber, y si un hombre lo cumple fielmente, sólo puede ser rebelde en un sentido honorable. Los rebeldes ignominiosos son los que presumen de romper o cambiar la tradición perenne de la Iglesia.
Después de publicar su testimonio, ¿cómo ha cambiado su vida la magnitud de esta acción? ¿Qué libertad tiene para vivir su vida como usted quiera?
n/a
Si pudiera rehacer los acontecimientos, ¿seguiría pidiendo la dimisión del papa Francisco? ¿Cree que al pedir la dimisión del papa se desvió la atención de su mensaje?
Hice todo lo que pude con mi testimonio, y el Señor no me pide más que esto. Me mantengo firme en él. Sin embargo, estoy lejos de ser perfecto y, a posteriori, creo que ciertos puntos podría haberlos expresado mejor. Me doy cuenta de que hubiera sido mejor abordar la cuestión que usted me pregunta de la siguiente manera, empezando con un punto que he incluido en mi tercer testimonio:
«Estoy pidiendo, de hecho suplico fervientemente, al Santo Padre que afronte los compromisos que él asumió cuando aceptó su cargo como sucesor de Pedro. Aceptó la misión de confirmar a sus hermanos y de guiar a todas las almas en el seguimiento de Cristo, en el combate espiritual, en el camino de la cruz. Que admita sus errores, que se arrepienta, demostrando su voluntad de seguir el mandato dado a Pedro y, una vez convertido, que confirme a sus hermanos (Lc 22, 32)».
Habría resaltado que san Pedro negó a Cristo tres veces, pero luego lloró amargamente y se arrepintió. Luego habría dicho lo que digo ahora: ¡ojalá el papa Francisco imitase a san Pedro! Pero si el papa Francisco se niega a admitir sus errores y a pedir perdón para seguir llevando el mandato recibido de Cristo, debería dimitir.
¿Cómo se siente al seguir desde lejos el desarrollo de estos importantes hechos de la Iglesia, como la reducción al estado laical de McCarrick y la cumbre sobre los abusos? ¿Se siente triste por estar, de algún modo, lejos de la Iglesia católica en este momento crítico?
Mis sentimientos, en cuestiones de tanta gravedad, no tienen importancia. Dije lo que creía que tenía que decir; en caso contrario, la falsedad no sería puesta en duda y dañaría mi alma y el alma de otros.
¿Nos puede decir el país, o el continente, en el que está ahora mismo?
n/a
Aproximadamente, ¿cuántas personas conocen su paradero? ¿Con cuánta gente tiene contacto personal diariamente?
n/a
¿Nos puede describir cómo es su vida diaria?
Respondo reacio a esta pregunta, porque centra la atención sobre mí y no en lo que es importante.
Mi vida no ha cambiado mucho. Es obvio que tengo que tener más cuidado con quien me encuentro y lo que digo, pero he sido bendecido con una gran familia y muchos amigos que me apoyan. Los veo con regularidad y su cercanía es fuente de consuelo para mí.
Tal vez el mayor cambio después de mi primer testimonio ha sido el increíble apoyo que he recibido diariamente de todas partes del mundo. Hay miles de católicos que rezan por mí y conmigo por la conversión del papa Francisco y la sanación de la Iglesia.
En conjunto, pocas cosas han cambiado. Hago lo que he hecho toda mi vida: desde que fui ordenado sacerdote he intentado servir al pueblo de Dios, en obediencia, allí donde me han pedido que fuera. Sólo soy una persona que está intentando hacer lo mejor, y he sido bendecido toda mi vida con muy buenos ejemplos de sacerdotes santos y con gran dedicación.
¿Celebra la misa?
Perdone que me sorprenda por esta pregunta pero… ¿por qué no iba a celebrar la  misa? ¡Estamos hablando del Pan de Vida! Claro que celebro la misa, cada día, como todo buen sacerdote.
¿Reza por el papa?
Nunca he dejado de rezar por el papa, y nunca dejaré de hacerlo.
¿Cree que su seguridad está amenazada? Y si es así, ¿por qué? ¿Ha recibido amenazas claras?
n/a
¿Qué precauciones toma para protegerse?
n/a
Desde la publicación de su testimonio, ¿le ha contactado la Santa Sede? Si es así, ¿qué le han dicho?
Aparte de la carta abierta del cardenal Ouellet, a la que he respondido, nadie me ha contactado.
¿Sabe si está siendo investigado canónicamente? Si es así, ¿cuáles son las acusaciones? ¿Por ninguna circunstancia se «rendiría» a las autoridades vaticanas?
Como he dicho, no estoy al tanto de nada de esto. ¿No sería increíble que acabara siendo investigado el denunciante y no los prelados que encubrieron los abusos?
Por desgracia, un porcentaje alarmante de personas sufren abusos temprano en su vida, cuando son más vulnerables. En su testimonio, se nota que usted siente empatía por las víctimas y siente una gran responsabilidad y quiere actuar. ¿Ha sido testigo directo de algún abuso? ¿O ha sido usted víctima de abusos?
Gracias a Dios, nunca he sido víctima de abusos ni he sido testigo personal de abusos. Pero cualquier persona decente, víctima o no, empatizaría con las víctimas y desearía ayudarlas.
¿Qué le hizo dar un paso adelante y publicar su testimonio? ¿Cuál fue la gota que colmó el vaso?
Ya he respondido a esto antes y en mis testimonios previos.
¿Está en contacto con sus seres queridos? Si es así, ¿qué piensan de sus acciones?
n/a
¿Se siente solo?
No. El Señor es mi compañero constante.
¿Era consciente cuando publicó su testimonio de que su vida cambiaría drásticamente? ¿Cómo se sintió durante esos días de finales de agosto de 2018, cuando estaba a punto de cruzar el Rubicón?
Mi conciencia siempre ha estado tranquila sobre esto: la verdad nos hace libres.
¿Cuando se decidió a actuar, se inspiró en santo Tomás Moro o en otra figura histórica?
Me inspiré en el beato Newman que dijo: «En caso de verme obligado a hablar de religión en un brindis de sobremesa, beberé ‘¡Por el Papa!’ con mucho gusto, pero primero ‘¡Por la Conciencia!’ y, después, ‘¡Por el Papa!'», y en san Juan Fisher, el único obispo de la Iglesia católica en Inglaterra que no se doblegó ante Enrique VIII. Estas palabras suyas son muy apropiadas para nuestro tiempo: «La luz de un buen ejemplo se extingue en quienes desean brillar como luminarias para todo el mundo, como torres de vigía y almenaras en las montañas. Por desgracia, ninguna luz proviene de ellos sino una oscuridad terrible y un daño pestilente, por el que innumerables almas caen en la destrucción» (Blessed John Fisher, por el Rev. T.E. Bridgett, Londres (1888), pág. 435).
¿Le han reconocido en público? Si es así, ¿cuál ha sido la reacción y cuál ha sido su reacción?
n/a
¿Se disfraza cuando sale?
n/a
¿Cree que en un determinado momento podrá llevar una vida «normal» de nuevo? ¿Qué tiene que pasar para que esto sea posible?
Mi vida es bastante normal, gracias por preguntar.
¿Cree que puede haber una reconciliación con Francisco? ¿La desea?
La premisa de su pregunta es incorrecta. No estoy luchando contra el papa Francisco, tampoco le he ofendido. Sencillamente, he dicho la verdad. El papa Francisco tiene que reconciliarse con Dios y con toda la Iglesia, dado que encubrió a McCarrick, se niega a admitirlo y ahora está encubriendo a otras personas. Estoy agradecido al Señor porque me ha protegido de tener sentimientos de rabia o resentimiento contra el papa Francisco, o deseos de venganza. Rezo cada día por su conversión. Nada me haría más feliz que el Papa reconociera y acabara con estos encubrimientos, y que confirmara a sus hermanos en la fe.
¿Cómo ve sus años de servicio en la Iglesia? ¿Desearía haber hablado antes? ¿Crees que se ha equivocado por dedicar su vida a esa institución?
He prestado mi servicio en la Santa Sede durante 43 años con gran alegría y plena dedicación, con satisfacción espiritual y humana. Desde luego, con mis muchos límites, pero confiando en mis superiores que siempre han sido buenos y apreciaban mi colaboración. A veces he aceptado misiones arriesgadas, como las que llevé a cabo en Irak, Kuwait y Nigeria. He tenido relaciones excelentes con mis superiores, colegas y compañeros de trabajo laicos. El cardenal Bertone, después de ser nombrado secretario de Estado, encontró el modo de librarse de mí porque me negué a aprobar a candidatos no válidos que él apoyaba para que fueran nombrados obispos. Me ofreció la posición de secretario general del gobernatorato. Ciertamente, no era una promoción, pero acepté encantado.
No hay motivos por los que deba estar arrepentido de haber servido en la Santa Sede. Siempre he intentado seguir la voluntad de Dios a través de la obediencia. Nunca he pedido ser promovido, y no me arrepiento de haber rechazado la propuesta del papa Benedicto, que me ofreció un posición de cardenal en la curia. Quienes tramaron para que me fuera de Roma pensaron que se estaban liberando de mí. No sabían que el Señor les estaba utilizando para ponerme en una posición en la que pudiera hablar claramente sobre el escándalo McCarrick.
En su testimonio usted ha dado muchos detalles, pero no hay documentación adjunta, que sería útil para corroborar su testimonio. ¿Tiene algunos de los documentos o cartas a los que hace referencia en el testimonio? ¿Tiene documentación adicional que demostraría que el Vaticano tenía conocimiento del comportamiento de McCarrick? Si está en posesión de dicha documentación, ¿podría compartirla con nosotros, ya que sería de grandísima utilidad?
Todavía no ha llegado el momento de que entregue nada. Le sugiero que pida al papa y a los prelados que he nombrado en mi testimonio para que le entreguen la documentación relevante, parte de la cual es muy incriminatoria; esto si aún no la han destruido.
En concreto, ¿tiene usted la carta que escribió al cardenal Parolin en la que le preguntaba si las sanciones impuestas a McCarrick por el papa Benedicto XVI estaban aún vigentes? Si es así, ¿podría compartirla con nosotros?
Ver la pregunta anterior.
En conclusión, quiero señalar que la actual crisis no es una lucha de poder entre progresistas y conservadores, entre la izquierda y la derecha. Tampoco es fundamentalmente sobre la mala conducta sexual del clero, o la prevalencia de homosexuales activos en el clero, si bien estos problemas serios, perennes en la Iglesia, son especialmente graves ahora. La crisis es sobre el hecho de que una «mafia» corrupta ha tomado el control de muchas instituciones de la Iglesia, de arriba abajo, y está explotando a la Iglesia y a los fieles para sus propósitos inmorales. Como he dicho antes, esta coalición está unida no porque tienen un interés sexual común, sino porque se protegen y promocionan mutuamente a nivel profesional y sabotean cualquier esfuerzo de acabar con la corrupción sexual. Los miembros de esta alianza, y quienes temen su ira, son los únicos con la autoridad necesaria para corregir el problema a través de procedimientos judiciales adecuados, la imposición de la disciplina y la reafirmación de una sana enseñanza.
Esto está causando una parálisis institucional que está desmoralizando inmensamente a los fieles. Dicho esto, este desesperado estado de cosas no debe ni sorprendernos ni preocuparnos, dada la duradera presencia del Espíritu Santo y la promesa de Cristo de su nueva venida y el establecimiento de su reino definitivo. Concluyo citando un aleccionador pasaje del Catecismo de la Iglesia Católica, que parece que se está verificando en nuestro tiempo:
«Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el «misterio de iniquidad» bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad» (CIC, 675).
+ Carlo Maria Viganò, arzobispo de Ulpiana, Nuncio Apostólico
2 de mayo de 2019, Fiesta de San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia
Publicado en The Washington Post.