Este blog está dedicado a María Corredentora y Mediadora de todas las Gracias

miércoles, 15 de junio de 2016

ENTREVISTA DEL 29 DE MAYO AL P. PFLUGER

FUENTE (Extracto. Hemos puesto subtítulos esclarecedores del sentido de las palabras del acuerdista P. Pfluger) 


"Nuestros miembros y los fieles preguntan, ¿por qué este papa es tan amigable, tan encantador con nosotros?"


LA SIMPATÍA DEL PAPA HACIA LA FSSPX "ES UN MISTERIO"

Nuestros miembros y los fieles preguntan, ¿por qué este papa, este papa en particular es tan amigable, tan encantador con nosotros? Es un misterio. En el nivel humano yo diría que le gustamos porque nos conoce de Argentina. Es muy excéntrico, es un jesuita, le gusta este espíritu misionero; somos pobres, vamos a India, a muchas partes, a las periferias como él dice. Tal vez no le guste la Iglesia establecida, rica, en Europa, en Norteamérica, los funcionarios. 

Pero tal vez sea más de orden sobrenatural, al nivel espiritual. Para los sedevacantistas, por ejemplo, o la llamada Resistencia, esto es un escándalo: que a este papa -con sus entrevistas, su comportamiento, sí, es escandaloso- le pueda gustar la Tradición. 

EL ACTUAL PROCESO DE REGULARIZACIÓN DE LA FSSPX "ES LA PROVIDENCIA DE DIOS"

A veces pienso que es cosa de Dios. Él es sorprendente: en el Antiguo Testamento una mula profetizó, Nuestro Señor dijo “si no están en tu contra están en tu favor”. Es paradójico, pero ¿por qué no? Tal vez sea un misterio, pero es la Providencia de Dios. Benedicto XVI era muy doctrinal, inteligente, era un profesor, este papa es tan modernista, tan progresista, pero no tiene problema en hablar con Mons. Fellay.

"DIOS NOS DICE: NO ES VUESTRA OBRA, ES MÍA, ES MI PROVIDENCIA."

Hay algunos cardenales y obispos que nos conocen muy bien y ven la importancia de la Fraternidad para la Iglesia y ellos hablan con el papa y le dicen, y el mismo papa lo dice: yo hablo con los protestantes, hablo con los judíos; ustedes son católicos, católicos en camino a la plena comunión. Uno no puede escoger al papa. Tal vez sea una manera en que Dios nos dice no es vuestra obra, es mía, es mi Providencia.
Algunos obispos ven que nosotros que somos perseguidos, excomulgados si se quiere; tenemos tantas vocaciones, entonces ellos ven que algo en la Iglesia moderna está mal.

"DESGRACIADAMENTE MUCHOS NO SABEN QUIÉNES SOMOS", Y POR ESO HAY QUE INTEGRARSE A LA IGLESIA CONCILIAR.

Hace pocas semanas en París, en Semana Santa, después de la ceremonia un hombre se acercó y me dijo: “Es la primera vez que vengo con ustedes. Escuché que el papa les dio la jurisdicción para confesar y aquí he descubierto la misa de mi juventud”. Esto no es milagroso, es lógico. Pero desgraciadamente muchos no saben quiénes somos. Es un reto para nuestros sacerdotes dar a conocer la Misa antigua, la Fraternidad.

LA REINTEGRACIÓN NOS HARÁ MISIONEROS.

El año pasado tuvimos una reunión con un obispo local de Suiza, Mons. Huonder, él es uno de los obispos que se reunieron con los sacerdotes y superiores de la Fraternidad. Y él dijo “Ustedes, Fraternidad, necesitan a la Iglesia y la Iglesia los está necesitando”. Yo creo que esto es muy importante. Para Mons. Marcel Lefebvre. la Fraternidad es una obra para la Iglesia, en la Iglesia, de la Iglesia. Entonces no es para nuestro crecimiento, para nuestros propios sentimientos, es para ser una ayuda para la Iglesia, por supuesto que en esta crisis de colapso de la fe, la doctrina, la moral, lo mejor que podemos dar, lo mejor que podemos hacer, la mejor manera de ayudar es hacer lo que hemos hecho, mantener la fe, pasar la fe a otros, la misa, hacer lo que la Iglesia en todas las crisis hizo: predicar, bautizar, catecismo, decir y predicar la verdad, incluso en un mundo ateo, por ejemplo. Y luego bautizar, santificar, dar los sacramentos, bendecir los fieles; y luego, muy importante: dar una guía, mostrar el camino para ir al Cielo. Y ahora para la Fraternidad es lo mismo, mostrar de buena voluntad, cómo se debe vivir para ir al Cielo. Dar una guía, como una línea, esa es la Tradición: mostrar cómo deben vivir para ser santos e ir al Cielo. Entonces nuestra contribución es muy importante, no es nuestra, es el espíritu, es el comportamiento, es la Tradición que es el pasado de la Iglesia. Los santos en el siglo XVI siempre hicieron lo mismo: Basarse en la fe, en la verdadera doctrina y predicar la vida cristiana.

Y como dije ayer: creo que es importante despertar a los fieles, tal vez también un poco a los sacerdotes para que entiendan esta responsabilidad en este tiempo: crecer, difundir la fe; esto es ser misionero. Y en síntesis este es el espíritu del Arzobispo. Entender que el sacerdote es un misionero. Debe participar, ofrecer la Redención, la salvación, la gracia. 

martes, 14 de junio de 2016

LA SINAGOGA DE SATANÁS EN GUERRA CONTRA DIOS Y LA IGLESIA



Imperdible disertación de D. Gil de la Pisa presentando su libro “La Piedra Roseta de la Ciencia Política”. La filosofía de la Historia se basa en la ley de la historia: la guerra a muerte entre las dos ciudades: la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás. Tenemos que estar en una de las dos ciudades. Dios y la misión providencial de España. Odio de la Sinagoga de Satanás (o el Supremo Poder sin Rostro) contra España y América. Los Protocolos de los Sabios de Sión y su clave de interpretación de la historia moderna. No se trata de antisemitismo sino de antisionismo, desenmascarando el pequeño grupo que posee los gobiernos y riquezas del mundo. El ejemplo de García Moreno, genio de la política, contra estos, mártir asesinado por la masonería. Las siete notas clave en que se basa la Sinagoga de Satanás y lo que debemos hacer para oponernos a ella.

lunes, 13 de junio de 2016

R.P. TRINCADO - SERMÓN DEL IV DOMINGO DE PENTECOSTÉS


“Los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria futura que ha de manifestarse en nosotros”

El sufrimiento es una gran piedra de tropiezo, especialmente para el hombre moderno, apóstata o ateo. El hombre moderno trata de evitar siempre todo sufrimiento. Busca vivir lleno de placeres, como si esta corta vida fuera la verdadera y definitiva vida. Ve el sufrimiento como algo inútil, sin sentido. Pero es ley inexorable que el que no sabe sufrir en esta vida, sufra eternamente en la otra.

Es necesario que suframos con Cristo para que también seamos felices con Él. Dice Santo Tomás de Aquino (Coment. a Rom.) que alguien podría pensar que esa gloria futura resulta demasiado costosa, por no poderse alcanzar sino a costa de muchos y grandes sufrimientos. Pero el mismo San Pablo, cuando escribe, soporta muchos sufrimientos, y él mismo fue un vidente de la gloria futura: fue arrebatado al Paraíso, vio el Cielo, vio a Dios. Y así dice, por experiencia, que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que ha de manifestarse en nosotros. No hay ninguna proporción entre lo que se puede llegar a sufrir acá y lo que se gozará allá.

domingo, 12 de junio de 2016

COMENTARIO ELEISON Número CDLXV (465) - 11 de junio de 2016


El Objetivo de Monseñor

Quien pone la obra del Arzobispo bajo esta Roma
A él, a la Fe y al hogar católico traiciona.

En este fatídico mes para la Fraternidad de San Pío X, Junio de 2016, cuando escuchamos que unos 30 sacerdotes líderes se reunirán con el fin de decidir si aceptan la última oferta de Roma de reconocimiento oficial, es seguramente un buen momento para corregir malentendidos en cuanto a las intenciones de su Fundador, Monseñor Lefebvre (1905–1991). Algunos aseguran que su rumbo era inestable, que él “zigzagueaba”, virando de un lado al otro. Otros pretenden que, más que nada, él buscó el reconocimiento de Roma para su Fraternidad. Sin tener que afirmar que él era infalible, uno necesita recordarle a su olvidadiza Fraternidad lo que para él se trataba todo: ambos errores son corregidos por la misma observación, a saber, que su motivación básica era glorificar a Dios y salvar almas sirviendo a la única verdadera Iglesia de Dios defendiendo la Fe, y defender la Fe fundando su Fraternidad San Pío X para formar sacerdotes que preservaran la doctrina, los sacramentos y la Misa de la Tradición Católica.

Ahora bien, el gran obstáculo en el camino de Monseñor eran los hombres de Iglesia del Vaticano II cuya prioridad principal era (y sigue siendo) la de no agradar a Dios sino al hombre moderno que se ha distanciado de Dios. Así, ahora como entonces, ellos se apartaron de Dios (al menos objetivamente; subjetivamente Dios lo sabe), y buscaron cambiar la Iglesia de Dios y su Fe, su doctrina, sus sacramentos y su Misa, mediante una “renovación” humanística.

Por disgusto o desesperación, Monseñor pudo haberse arrinconado con su Fraternidad y dejar que estos hombres de Iglesia perecieran con su Revolución Conciliar. Pero, en primer lugar, desde la visita Romana a Ecône de 1974 en adelante, ellos fueron tras de él y su obra porque ellos no podían dejar que esa obra demostrara su perversidad de ellos. No podían permitirse dejarlo en paz. Y, en segundo lugar, si él podía hacer algo para llevar la Tradición a los Romanos y traer a los Romanos de vuelta a la Tradición, esto beneficiaría a través de ellos a la Iglesia del mundo entero y no solamente a su pequeña Fraternidad. Pues en realidad, a pesar de lo equivocados que estaban, ellos aún ocupaban “la cátedra de Moisés” (cf. Mt. XXIII,2), y entonces desde 1975 en adelante, Monseñor iba y venía de Roma, hasta que su embuste de ellos en 1988 sobre otorgar otro obispo a la Fraternidad probó de una vez por todas que a ellos no se les podía hablar con palabras sino solamente con acciones.

Pero “Stat Crux dum Volvitur Orbis”, significando que la Cruz no se mueve mientras que el mundo todo está en revolución. Anclado en la Tradición, Monseñor permanecía básicamente inmóvil pero estaba tratando con hombres de Iglesia y con una situación en la Iglesia que se había zafado de esta ancla, y que de ahora en adelante estaba a la deriva. Entonces, si ellos iban a la deriva hacia la izquierda, él tenía que virar hacia la derecha, mientras que si ellos parecían volver hacia la derecha (como a fines de 1987 y principios de 1988), entonces él viraba hacia la izquierda (por ejemplo, en el Protocolo del 5 de Mayo de 1988), pero era siempre el viraje de ellos o la situación cambiante (por ejemplo, el deterioro de la Misa Novus Ordo) lo que determinaba el “zigzaguear” de Monseñor, y no al contrario. Su objetivo era invariable – la defensa de la Fe.

Fue por esa misma razón que, una vez que el embuste de los hombres de Iglesia en aquel mismo 5 de Mayo de 1988 fue clara más allá de toda duda razonable, entonces, luego de una noche de reflexión, Monseñor renunció el 6 de Mayo a ese Protocolo que pudo haber obtenido el reconocimiento oficial de Roma para la Fraternidad, y cortó con todas las relaciones meramente diplomáticas con Roma, no para primordialmente salvar a su Fraternidad sino para proteger a la Tradición católica para la Iglesia entera. La doctrina debía prevalecer sobre la diplomacia, y desde entonces hasta su muerte dos años y medio más tarde, aún cuando se conducía con respeto hacia los oficiales de la Iglesia a los cuales increpó como “anticristos”, él declaró que la Fe tenía que venir primero a manera de las Encíclicas doctrinales anti-liberales y anti-modernistas de los Papas pre-Conciliares. Por su fidelidad a la doctrina de la Iglesia, él estaba en el asiento del conductor, y los Romanos lo sabían. ¡Qué contraste con sus sucesores a la cabeza de la Fraternidad, adulando a los traidores de la doctrina y Tradición de la Iglesia, y humillados por ellos! Que estos sucesores de Monseñor vuelvan a leer lo que fue como su discurso de despedida de ellos el 6 de Septiembre de 1990.


Kyrie eleison.

viernes, 10 de junio de 2016

SERMÓN DE MONS. TOMÁS DE AQUINO: ¡CONTINUEMOS!

SERMÓN DE MONS. TOMÁS DE AQUINO
¡CONTINUEMOS!

Le Puy, 15 de mayo de 2016


Nuestro Señor dijo que quienes lo aman guardarán Su Palabra. ¿Qué es esto si no la Tradición? ¿Qué es sino el ejemplo de Mons. Lefebvre? Sino aquél que guardó la palabra de Nuestro Señor, en su enseñanza y sus acciones. Y esto es la Tradición. La Tradición, es conservar, a pesar de todas las dificultades, la palabra de Nuestro Señor. Y para esto, son necesarios los dones del Espíritu Santo, los dones por los cuales podemos comprender a este gran obispo que, estamos persuadidos, un día será puesto en los altares. Mons. Marcel Lefebvre nos mostró el camino, defender la fe de manera intrépida, sin paralelo en las circunstancias jamás vistas en la historia de la Iglesia. Para esto necesitó un Consejo superior. Ciertamente él fue movido por los dones del Espíritu Santo: el don del Consejo, el don de la Fortaleza, todos los dones para poder realizar lo que realizó.

¿Y qué es lo que nosotros queremos hacer?  Nosotros queremos continuar lo que hemos recibido de él. Él, todo lo que recibió, lo recibió de la Santa Iglesia, lo recibió de los Papas que condenaron los errores modernos; él los recibió, los conservó, los ilustró, los explicó, los profundizó. Y es eso lo que nosotros queremos continuar. No queremos otra cosa. Ser fieles discípulos de Mons. Lefebvre, como él fue un fiel discípulo de Nuestro Señor Jesucristo.

Un día, en Barroux -yo no estaba presente en el locutorio pero estaba presente en el monasterio- Mons. Lefebvre contó una entrevista, una conversación que tuvo con el Cardenal Ratzinger (si no me equivoco) y le dijo al Cardenal: “Para nosotros, Nuestro Señor Jesucristo no es facultativo. ¡No lo es para nosotros! Para nosotros NSJC es todo. Y diciendo esto, las lágrimas brotaron de sus ojos; los monjes estaban muy conmovidos, muy edificados para él, Nuestro Señor es todo. Hoy en día quieren darle solamente una parte; quieren darle un lugar medido, un lugar limitado. Y nosotros decimos no. Y ahora lo que sucede en la Tradición: quieren regularizar la Tradición. La Tradición no necesita regularización, pues la Tradición es la regla. La Tradición no se regulariza. Es por eso que nosotros continuamos serenamente, estando seguros que estamos en la Verdad; la Verdad porque la Tradición es la Verdad.

Y si un día hay un cambio, son ellos, los que están en Roma que vendrán a nosotros; nosotros no iremos a ellos. Mejor, ellos vendrán hacia la Tradición que nosotros defendemos. ¿Cómo sucederá? No lo sé. Es Dios quien dirige Su Iglesia y las soluciones vendrán al momento que la Fe regrese a Roma. Y es por eso que nosotros rezamos; rezamos para que la Fe regrese a Roma, para que la Doctrina regrese a Roma. No hay otra solución fuera de este regreso a la Fe católica. Le pedimos al Espíritu Santo sus dones para poder continuar en la línea de Mons. Lefebvre. Le agradecemos con toda nuestra gratitud a Mons. Williamson cuya divisa es « Fidelis inveniatur » « Que sea encontrado fiel ». Pues bien, él ha sido fiel. Y es gracias a él que nosotros estamos aquí. Gracias a Mons. Lefebvre, gracias también a Mons. Williamson. Le agradecemos con todo nuestro corazón que haya sido fiel, que continúe transmitiendo fielmente lo que ha recibido. Así es también la Iglesia. Vemos esta transmisión de los Apóstoles, que pasa por San Pio V, por Mons. Lefebvre y llega hasta nosotros.

Hoy, el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles predicaron, cuando San Pedro comenzó a predicar, convirtió a tres mil personas que fueron bautizados en un campo, es la Iglesia Católica que convirtió a todas las naciones. Un obispo francés que salva la situación de la Iglesia, un obispo inglés que sigue esta operación de supervivencia y la continúa. Continuamos. Recuerdo que Mons. Lefebvre terminaba frecuentemente sus conferencias y sermones diciendo: continuamos, continuamos, continuamos la Iglesia, continuamos los sacramentos, continuamos las fuentes de salvación. Lo que nosotros queremos es solo eso: la salvación para la gloria de Dios. Queremos trabajar para la gloria de Dios.

Rezamos por todos aquellos que no están con nosotros, rezamos por ellos, por su conversión, por su salvación. Pero si nosotros nos negamos a estar con ellos es porque pensamos que se equivocan buscando la regularización que los llevará a la ruina. En Campos, hay una pequeña región con campesinos que al principio estaban muy contentos con los acuerdos de Roma porque les dijeron que no eran acuerdos, que era un reconocimiento: Roma reconocía a la Tradición, ellos estaban contentos. Pero con el tiempo, ellos vieron que no era sí. Ellos nunca dejaron su región, ni siquiera conocían a Mons. Lefebvre, su mundo estaba limitado a la región donde vivían.

Ellos comprendieron la situación, vieron enseguida que no era verdad, que Mons. Rifán se desviaba del camino, que esta sumisión a Roma estaba trayendo cambios sustanciales en los consejos que recibían en el confesionario, en los consejos que recibían sobre la crisis de la Iglesia. Entonces se inquietaron, vinieron a buscarnos, nos pidieron si podíamos ser el lazo entre ellos y la FSSPX para que ella pudiera ayudarlos. Esto fue aproximadamente en el 2005.

Y la Fraternidad comenzó a ayudarlos. Luego vinieron en esos años cercanos al 2012. Estaban inquietos: el sacerdote que estaba allí empezó a hablar que la regularización no sería un acuerdo, que éste era un toma y daca y la Fraternidad no haría eso. Simplemente continuaría recibiendo de Roma cosas que no cambiarían. Entonces dijeron los fieles: “Habla igual que Mons. Rifán; habla, dice los mismos argumentos, habla de la misma manera”.

Entonces estos comentarios llegaron a oídos de los sacerdotes y el sacerdote llamó a uno de los campesinos que se llama Gabriel, un hombre con mucho sentido común, verdadero campesino. El Padre le dice a Gabriel: “Dicen que yo hablo como Mons. Rifán; ¿qué significa eso? Esto no es posible, ¿cómo pueden decir eso?” Y el campesino, con mucho sentido común, le respondió: « Padre, yo no lo conozco, no sé cuáles sean sus intenciones. Pero de que sus palabras son las mismas que las que Mons. Rifán decía antes, sí, son las mismas”. Entonces hay peligro, vemos las mismas palabras, la misma manera de proceder… la misma ruina: la ruina de Campos. Ahora Mons. Rifán dice las dos misas. Y para Mons. Rifán, los que se niegan a decir las dos misas tienen un espíritu cismático. 

Y ha aquí cómo se destruye una obra que parecía indestructible. Porque no tuvieron la piedad filial respecto a Mons. de Castro Mayer.

Ellos creyeron que Mons. De Castro Mayer era un obispo extremista. Pues bien, es Mons. Rifán que es un obispo extremista. Hay que guardar la piedad filial para quienes nos han salvado, para quienes nos han dado la salvación, los que nos han dado la doctrina, que nos han dado la clave de la crisis actual: son Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer, y Mons. Lefebvre más que Mons. de Castro Mayer; Mons. Lefebvre tenía una visión más alta, más completa, pero fue ayudado enormemente por Mons. de Castro Mayer, quien lo ayudó bastante a posicionarse mejor en la crisis actual. Mons. De Castro Mayer recibió mucho de Mons. Lefebvre: eran verdaderos amigos, esa es la amistad, dar al otro lo que tenían de mejor. Así se ayudaron el uno al otro.

Y eso es lo que nosotros deseamos, debemos permanecer unidos, los obispos amigos y unidos, unidos en la fidelidad a lo que recibimos de Mons. Lefebvre. “He transmitido lo que recibí”. Y ese es nuestro programa también: transmitir lo que hemos recibido.

“Veritatem dilexisti”. Esta divisa me fue propuesta por Mons. Williamson. “He amado la Verdad”. Es el rey David quien dice esto a Dios en su salmo Miserere. Pues bien, él escuchó la Verdad, Natán le dice la Verdad y así él se convirtió porque escuchó la Verdad. Los papas han condenado el mundo moderno, ellos han dicho la Verdad sobre el mundo moderno; nosotros debemos escucharlos. Ellos han dicho la Verdad sobre el liberalismo, ellos dijeron que el liberalismo es un pecado, por lo que no debemos cometerlo. Los Papas han hablado como Natán. Y nosotros nacimos en este mundo liberal: hay en nosotros algo que es un poco… Nosotros somos hijos de Adán y Eva. El Bautismo borró el pecado original. Las heridas, las cicatrices que ha causado en nuestra inteligencia, en nuestra voluntad, en nuestra sensibilidad todavía están allí. Es por eso que debemos rezar mucho, pedir al Espíritu Santo que complete esta obra que fue comenzada en el bautismo, que Él nos simplifique y que nos vuelva fieles en todo; que se escuche a los Papas, los Papas que condenaron el liberalismo y los errores modernos, que se escuche a la Iglesia, la Iglesia Católica, no a la iglesia conciliar. Es un gran misterio que ocurre ante nosotros. Escuchemos a Mons. Lefebvre que comprendió bien, analizó bien y nos dio la solución.

¡Continuemos! Continuamos con la gracia de Dios y la intercesión de la Virgen María. Así sea.

jueves, 9 de junio de 2016

DOMINICOS DE AVRILLÉ: LA CUESTIÓN CANDENTE Y EL PRECIO A PAGAR



EDITORIAL
La cuestión candente y el precio a pagar

Nuestro Señor Jesucristo
Pilato le preguntó a Jesús: “¿Tú eres Rey?” Y Nuestro Señor respondió: “Tú lo has dicho, Yo soy Rey. Para eso nací, para eso vine al mundo: para dar testimonio de la Verdad” (Juan 18, 37) El precio a pagar por haber respondido a esta cuestión candente confesando que Él era Rey, fue para Nuestro Señor los suplicios de Su Pasión.
Tras Él, todos los cristianos, miembros de su Cuerpo Místico, también deben confesar la verdad respondiendo a la cuestión candente, y para eso estar dispuestos a pagar el precio.
Monseñor Lefebvre
Mons. Lefebvre, a quien Dios llamó hace veinticinco años (25 de marzo de 1991), él también debió pagar el alto precio por haber dado testimonio de la verdad.
Él que tanto merecía de la Iglesia por su obra misionera, fue condenado dos veces por la jerarquía, y él está muerto oficialmente “excomulgado”. Todo esto porque, como sabemos, él respondió a la pregunta:
¿Podemos aceptar el concilio Vaticano II y el destronamiento de Nuestro Señor Jesucristo por las autoridades romanas?
Joseph Fadelle
El precio a pagar, es el título del libro en el cual Joseph Fadelle (Mohammed al-Sayyid al-Moussaoui) relata su conversión al cristianismo y las pruebas increíbles que debió sufrir antes de llegar al bautismo[1].
Todo cristiano debería haber leído este libro para comprender cómo el demonio mantiene prisioneros en el error a cientos de millones de musulmanes, y las dificultades humanamente insuperables a que se enfrentan si quieren pasar del reino de la oscuridad al de la luz.
Pero Joseph Fadelle aún no termina de pagar el precio. Pues, ahora que conoce la verdad, él quiere compartirla a sus antiguos correligionarios.
Principalmente, él responde a la pregunta: ¿Se puede tolerar al islam o es necesario combatirlo buscando convertir a los musulmanes?
Esto le suscita muchas dificultades, no solamente con los musulmanes, lo que es comprensible, sino también con las autoridades de la iglesia conciliar que ya no quieren hacer misión hacia el islam: ecumenismo y diálogo interreligioso obligan.
La cuestión candente
En cada época, hay una cuestión candente, a la cual los amigos de Nuestro Señor Jesucristo deben responder pagando el precio:
Los Apóstoles, al salir del Cenáculo el día de Pentecostés, no se pararon en pelillos para echar en rostro a los príncipes y magistrados de Jerusalén el asesinato jurídico del Salvador. Y les costó azotes por de pronto, y luego la muerte, el haber tocado esa por aquellos días tan candente cuestión.
Desde entonces a cada héroe de nuestro glorioso ejército ha hecho famosa la respectiva cuestión candente que le cupo en suerte dilucidar: la cuestión candente, la del día, no la fiambre y rezagada que perdió ya su interés, no la futura y nonnata que está aún en los secretos del porvenir[2].
La cuestión para Nuestro Señor era su realeza, para Joseph Fadelle, la conversión de los musulmanes al cristianismo, para Mons. Lefebvre, el rechazo de las novedades conciliares.
¿Y hoy, en 2016?
La cuestión es la de la "normalización" de las obras de la Tradición: ¿Hay que pedir y recibir una situación canónica legal de la Roma conciliar?
Después del fracaso de las negociaciones emprendidas entre Mons. Lefebvre y Roma en 1987 y 1988, las obras de la Tradición han continuado desarrollándose al margen de las estructuras oficiales de la Iglesia conciliar. Luego, a partir del año 2000, las negociaciones fueron retomadas entre Roma y las autoridades de la FSSPX en vista de un reconocimiento canónico.
Nosotros ya respondimos a esta cuestión en Le Sel de la terre 88 (primavera 2014, pág. 138) y Le Sel de la terre 89, (verano de 2014, pág. 215): tal reconocimiento no debe ser aceptado en tanto las autoridades romanas estén sometidas todavía a los errores del concilio.
Ésta era la posición de Mons. Lefebvre a partir de mayo de 1988 hasta su muerte, esta fue la posición defendida oficialmente por la FSSPX hasta el 2011.
Hoy en día, la cuestión sigue siendo candente, y los que respondan a ella con fidelidad, deben esperarse pagar el precio.
¿Qué es lo que está en juego en esta cuestión?
¿Vale la pena? ¿No podemos aceptar este reconocimiento que se nos ofrece desde el momento que nosotros no renegamos de nuestra posición?
Supongamos un instante -aunque imposible- que las autoridades romanas no pidan ningún compromiso doctrinal: ni aceptar el concilio, ni reconocer la legitimidad de la nueva misa, ni siquiera .lo que sería todavía más asombroso-el someterse al nuevo Código de Derecho canónico.
En este caso, ¿no podemos aceptar este reconocimiento?
Respondemos aquí brevemente[3] citando una parte de la conclusión del gran sermón público de Mons. Lefebvre, de fecha 29 de noviembre de 1989 en Bourget, con ocasión del 60 aniversario de su sacerdocio:
Sabemos muy bien que la finalidad de las sectas secretas, es un gobierno mundial con ideales masónicos, es decir, los derechos del hombre, es decir la igualdad, la fraternidad y la libertad, comprendidas en sentido anticristiano, contra Nuestro Señor. Estos ideales serán defendidos por este gobierno mundial que establecerá una especie de socialismo para todos los países y luego un congreso de religiones, comprendiendo todas las religiones, comprendida la religión católica, que estará al servicio del gobierno mundial como los ortodoxos rusos están al servicio del gobierno de los Soviets. Habrá dos congresos: el congreso político universal que dirigirá al mundo y este congreso de religiones que vendrá en ayuda de este gobierno mundial, y que evidentemente estará a sueldo de este gobierno[4].
Cada vez es más claro que el Vaticano le hace actualmente el juego al mundialismo, especialmente por medio del ecumenismo, del diálogo interreligioso y del apoyo dado a la llegada de musulmanes a Europa.
Ponerse bajo la autoridad directa y ordinaria del Vaticano actual, es ponerse, volens nolens, al servicio de este mundialismo.
Como en toda « democracia » moderna, el Vaticano aceptará una cierta impugnación -¿no ha aceptado el papa el verse cuestionado por ciertos cardenales sobre sus posiciones relativas a la moral?[5]- Pero a condición de que los impugnantes le estén sometidos al nivel de la jurisdicción: utilizando este poder, le será fácil, en algunos años, destruir toda oposición seria.
Es por eso que, en esta cuestión candente, hay que estar dispuestos a pagar el precio para conservar nuestra libertad, que no es otra que la libertad de la Iglesia respecto a la Contra-Iglesia: “Lo que Dios ama más en el mundo es la libertad de su Iglesia. Él no quiere una sirvienta por esposa[6]




[1] Joseph FADELLE, Le Prix à payer, Pocket, 2012. Ver la recensión de esta obra en Le Sel de la terre 76, primavera 2011, p. 185-193.

[2] SARDÁ Y SALVANY Don Félix, El Liberalismo es un pecado, pág. 3

[3] Ver una respuesta más completa en el artículo “¿Normalización”?

[4] Sermón de Mons. Lefebvre en Bourget, el 29 de noviembre de 1989. Monseñor Lefebvre también advertía contra la invasión del islam: “Ustedes lo saben, los acontecimientos, la invasión de las religiones en nuestros países y más particularmente del islam, invasión no solamente en Francia, invasión en Inglaterra, invasión en Bélgica, invasión en Alemana. Ustedes saben que hace dos años, 100,000 turcos desfilaron en las calles de Munich gritando slogans contra Alemania y contra el cristianismo. ¡100,000 turcos desfilaron en las calles de Munich! He aquí los hechos sintomáticos. A esto estamos condenados si nuestros gobiernos no tienen cuidado y dejan que la Cristiandad sea invadida por el islam. No fue por nada que San Pio V y los otros papas quisieron detener la marea del islam que ya hubiera hecho desaparecer la cristiandad antes”.

[5] La Revolución necesita una oposición para progresar, pues ella es esencialmente dialéctica (tesis, antítesis, síntesis). Si es necesario, ella misma suscita la antítesis si hace falta.

[6] « Nihil magis diligit Deus in hoc mundo quam libertatem Ecclesiæ suæ […] Liberam vult esse Deus sponsam suam, non ancillam » San Anselmo, Ep. IV, 9, PL 159, 206 (carta dirigida al rey Balduino de Jerusalén, hacia 1102). Esta cita es frecuentemente empleada mal por los liberales : San Anselmo reclama evidentemente la libertad para la Iglesia que enseña la verdad, no la libertad de difundir el error.

lunes, 6 de junio de 2016

DOMINICOS DE AVRILLÉ: ¿‘NORMALIZACIÓN’?


¿‘NORMALIZACIÓN’?
Respecto al texto que examinamos aquí, el P. Franz Schmidberger emitió el siguiente comunicado el 15 de abril de 2016: “El documento Reflexiones sobre la Iglesia y la posición de la FSSPX en el seno de ella fue escrito por mí, de mi propia iniciativa, sin que nadie me incitara a ello, me impulsara a ello ni me lo encargara. Éste representa mis propias reflexiones y tiene un carácter puramente privado. Fue comunicado a un pequeño círculo de personas, en total nueve personas: al Superior General, a otro obispo de la Fraternidad, a los otros sacerdotes del Seminario de Zaitzkofen y a un laico que no nombro. No fue mostrado a los seminaristas ni a los Hermanos del seminario, que no tuvieron conocimiento de su contenido. Asimismo, ninguna traducción a otra lengua fue realizada, ni contemplada, ni autorizada. No tengo ninguna responsabilidad en la publicación de este documento en internet. Yo asumo naturalmente las observaciones que hice, y las tengo por pertinentes en la situación actual de la Iglesia y de la Fraternidad. Por lo demás, no dejo ni de pensar ni de Sentire cum Ecclesia”.
Incluso si el documento tuvo al principio un carácter privado, su difusión por internet lo volvió público. El reconocimiento canónico de la FSSPX, teniendo consecuencias dramáticas para la Iglesia, creemos que es un deber exponer públicamente los motivos que nos llevan a rechazar tal reconocimiento, mientras todavía haya tiempo.
Le Sel de la terre.
Reflexiones del P. Schmidberger
Ver la carta del P. Schmidberger acá.
Comentarios de Sel de la terre
I. Al misterio de la Iglesia, se opone el de la Contra-Iglesia. Desde su fundación, la Iglesia debió luchar contra sus enemigos que trataron de aplastarla en sangre, pervertirla por la herejía, sofocarla en el fango. Una reflexión sobre la Iglesia que no tome en cuenta a sus enemigos, sobretodo en la hora actual, sería incompleta y llevaría a conclusiones falsas.
II. Dios ha permitido desde siempre a sus enemigos el ocupar lugares en la jerarquía de la Iglesia. Judas, escogido por Nuestro Señor mismo, fue uno de los doce Apóstolos y aquél que se encargaba de la bolsa.
Pero, lo que es particular en nuestra época, es que la Iglesia está ocupada por un partido liberal y modernista que busca desviarla de su fin para ponerla al servicio de los intereses del mundialismo, es decir, al proyecto de las logias y de las tras-logias de “reconstrucción del Templo”, por medio del ecumenismo, de la falsa libertad religiosa, de la colegialidad, etc.
Cuando los representantes de esta iglesia conciliar piden avanzar hacia la “plena comunión”, ellos piden entrar en este movimiento al servicio de los enemigos de Nuestro Señor Jesucristo[1].
III. Mons. Lefebvre fue suscitado por Dios para resistir a la auto-demolición de la Iglesia. La Providencia puso poco a poco las obras fieles a la Tradición al margen de este sistema de la iglesia conciliar. Esto les permitió prosperar conservando la fe y la moral.
IV. Mons. Lefebvre siempre buscó que las autoridades romanas retornaran a la Tradición. Cuando pidió el permiso de “hacer la experiencia de la Tradición”, era para mostrar por el ejemplo que la salvación de la Iglesia sólo podía venir de este retorno.
Poco a poco, y de manera definitiva a partir de mayo de 1988, Mons. Lefebvre comprendió que un acuerdo práctico no podía hacerse antes de un acuerdo doctrinal y decidió requerir a sus interlocutores que se suscribieran a las grandes encíclicas antimodernistas y antiliberales antes que cualquier otra cosa.
A partir del año 2000, las autoridades superiores de la FSSPX comenzaron una evolución en sentido contrario. Ellas cambiaron de política, primero de manera discreta (notablemente por las discusiones en el marco del GREC), luego de manera pública a partir de 2011 después del fracaso de las discusiones doctrinales (que tuvieron lugar de 2009 a 2011). Una tentativa de acuerdo práctico fracasó en 2012, pero el principio de obtención de acuerdo práctico con las autoridades que continúan predicando los errores conciliares fue ratificada por el capítulo general de 2012 y las discusiones para lograr este resultado han perdurado.
V. En la iglesia conciliar siempre ha habido prelados (cardenales Gagnon, Palazzini, Oddi, etc.) que veían bastante favorablemente a la Tradición y querían ayudarla. Siempre ha habido también prelados (cardenal Hoyos, Mons. Perl, etc.) que han buscado atraer a los tradicionalistas a la iglesia conciliar proponiéndoles “acuerdos”. Las condiciones para éstos han variado. A veces pretendían no pedir nada a cambio (por ejemplo, para Barroux), pero el resultado siempre fue el mismo: aquellos que se ponen bajo la autoridad directa de los prelados conciliares terminan por abandonar el combate de la fe.
Suponiendo que las autoridades romanas actuales no pidieran reconocer el Vaticano II, ni la legitimidad del Novus Ordo Missae, ellas pedirán seguramente a la FSSPX someterse al nuevo Código. Después supervisarán las nominaciones de los superiores, y especialmente la elección de nuevos obispos y, por este medio, en poco tiempo, ellas “normalizarán” la Fraternidad y la llevarán a no ser más que una reserva de “tradicionalistas” en el seno de la iglesia conciliar, como hay reservas de Pieles Rojas en los Estados Unidos.
Recordemos cómo Benedicto XVI veía, desde su punto de vista, las ventajas de una “normalización”:
Yo mismo he visto, en los años que siguieron a 1988, que, gracias al retorno de las comunidades anteriormente separadas de Roma, su clima interno cambió; que el retorno en la gran y vasta Iglesia común hizo superar las posiciones unilaterales y los endurecimientos, de suerte que enseguida emergieron de ellas fuerzas positivas para el conjunto[2].
Veamos ahora los argumentos del P. Schmidberger en favor de un reconocimiento canónico (que resumimos entre corchetes):
1) [Toda situación anormal tiende por naturaleza hacia la normalización].
Hay dos errores en esta corta frase:
Primero, es falso que nosotros estemos en una situación anormal. Por el contrario, mientras que la situación continúe siendo anormal en Roma (debido al hecho de la ocupación modernista), es normal que nosotros nos mantengamos a distancia.
Luego, es absurdo decir que una “situación anormal tiende por naturaleza hacia la normalización”. Es como decir que toda enfermedad conduce a la salud. Sin duda que todo enfermo desea recobrar la salud, pero no la puede recobrar mientras conserve la causa de la enfermedad. Para que la situación deje de ser anormal, sería necesario que los miembros de la jerarquía, el papa en primer lugar, repudien el modernismo.
2) [El peligro de que los fieles y ciertos cofrades se acostumbren a la situación anormal].
La obediencia de la fe es superior a la obediencia a los hombres:
«Más vale obedecer a Dios que a los hombres». La Iglesia está fundada primero sobre la fe antes de serlo sobre la obediencia. Manteniéndose a una distancia respetuosa de la jerarquía gangrenada por el modernismo con el fin de preservarse del contagio, Mons. Lefebvre demostró que tenía más sentido de Iglesia que los que se incorporaron a la Roma modernista.
Los ejemplos escogidos por el P. Schmidberger indican que ha perdido de vista la gravedad de la crisis. La participación en el año santo es una participación en el aniversario del Vaticano II y una aprobación implícita de la nueva concepción de la misericordia de Francisco. En cuanto al otorgamiento de una jurisdicción ordinaria, es un primer paso hacia un reconocimiento canónico: los superiores de la Fraternidad debieron rechazarla cortésmente.
3) [Tenemos amigos entre los obispos y cardenales, dispuestos a pedirnos ayuda].
Sin duda, pero ¿con qué condiciones? Un compromiso con las ideas conciliares que continúan teniendo y propagando estos prelados. Nosotros representamos la fe de la Iglesia, y esto no puede ser puesto al nivel de una opinión en igualdad con las teorías conciliares.
4) [Si podemos consagrar obispos con el permiso de Roma, es necesario pedir este permiso].
Si la Roma conciliar da el permiso de consagrar un obispo, éste será un obispo que tenga el “perfil” conciliar. Ahora bien, precisamente Mons. Lefebvre suspendió las discusiones en mayo de 1988 porque Roma reclamaba que se le presentara un candidato con el “perfil”.
5) [La inquietud de los modernistas ante una "normalización" nos hace comprender que es el buen camino].
Los Montañeses eliminaron a los Girondinos, antes de hacerse eliminar a su vez. Es la ley de la Revolución ir siempre más hacia la izquierda, suscitando en caso de necesidad una reacción que les permitiera avanzar por una nueva síntesis (provisional).
En la dialéctica modernista bien descrita por San Pio X, el papel de los progresistas es de ir cada vez más lejos al oponerse a las fuerzas conservadores, que la autoridad debe apoyar[3]. Así, la autoridad se preocupa por los anticuados. Cada quien tiene su papel en la Revolución.
El hecho de que los más extremistas de los progresistas estén contra un “acuerdo”, no prueba por lo tanto que “es el buen camino”.
6) [¿Cómo puede la Iglesia superar su crisis? […] El acto oficial de reconocimiento de la Fraternidad desencadenaría una saludable agitación dentro de la Iglesia.]
La Iglesia superará la crisis por un retorno de la jerarquía, y en primer lugar del papa, a la Tradición. “Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”, dijo Nuestro Señor a San Pedro.
Es mostrar presunción el imaginar que la entrada en la iglesia conciliar de tres obispos y algunas centenas de sacerdotes provocará un retorno a la Tradición. Esto representará algunas gotas de agua rápidamente asimiladas por el océano conciliar.
Enseguida el P. Schmidberger responde a algunas objeciones. Pasamos de las primeras que no son muy fuertes y sólo comentaremos las dos últimas:
5) [La integración en el sistema conciliar no traerá daños a la FSSPX, al contrario, si actuamos enérgicamente, apoyados en la gracia de Dios, nuestra nueva situación se convertirá en una bendición para toda la Iglesia].
Esta respuesta es muy temeraria. Como decía justamente Mons. Lefebvre: “No son los inferiores quienes hacen a los superiores, sino los superiores que hacen a los inferiores[4]”.
Una vez sometidos directa y ordinariamente a las autoridades conciliares, los miembros de la FSSPX recibirán su influencia.
En cambio, la situación actual permite dar testimonio de manera más eficaz pues esta permite predicar la verdad integral… si por lo menos se tuviera la energía necesaria. Pero ¿se tiene todavía esta firmeza? Constatamos que desde hace algunos años las autoridades superiores de la FSSPX se han debilitado en la denuncia de los errores de la iglesia conciliar y tratan al papa con indulgencia[5].
En cuanto a la comparación con David y Goliat, esta se vuelve contra el P. Schmidberger. David representa la Tradición (pequeña a los ojos de los hombres) y Goliat a la iglesia conciliar (aparentemente formidable, pues ella representa “la autoridad”). Pues bien, David no se acercó a Goliat para negociar un acuerdo, sino para combatirlo… y cortarle la cabeza.
6) [Las comunidades que se sometieron a Roma o bien se asimilaron al sistema conciliar o bien ellas se hundieron, pero el caso de la FSSPX es diferente].
La última frase es interesante (el seguro de vida de la FSSPX era la FSSPX) y basta ella sola para demoler toda la argumentación. En efecto, ¿cuál será el seguro de vida de la FSSPX una vez que sea normalizada?
¿Qué hacer particularmente si sacerdotes (o fieles) apelan  a una sanción o se quejan a Roma como lo hicieron los “16 signatarios” de la Fraternidad San Pedro en junio de 1999?
Subrayamos también que el P. Schmidberger no responde claramente a la objeción respecto a Campos. Mons. Rifan está dispuesto al compromiso, esto es verdad para hoy, pero no era verdad antes de que sobreviniera el acuerdo. Esto no garantiza de ninguna manera que la FSSPX, una vez que pasen los acuerdos, no hará compromisos.
Finalmente, el Padre toma como ejemplo a la Fraternidad San Pedro. El hecho que ella permanezca “con pocas excepciones, fieles a la misa tradicional” no es suficiente para tranquilizarnos: en efecto, esta Fraternidad ha abandonado claramente el combate de la fe y no denuncia públicamente los errores de las autoridades conciliares.
VII. Es necesario actuar según la prudencia y no tentar a Dios. Mons. Lefebvre notó muy bien los inconvenientes de tal acuerdo:
Relaciones con las Congregaciones y Órdenes, con estatuto especial, pero a pesar de todo con una dependencia moral que Roma desea ver transformada lo más pronto posible en dependencia canónica. Peligro de contaminación.
Relaciones con los obispos y un clero y fieles conciliares. A pesar de la amplia exención, las barreras canónicas desaparecerían, habrá necesariamente contactos de cortesía y tal vez ofertas de cooperación, para las uniones escolares, unión de superiores, reuniones sacerdotales, ceremonias regionales, etc. Todos ellos son de espíritu conciliar, ecumenista, carismático.
Hasta ahora hemos estado protegidos naturalmente, la selección se aseguraba por sí misma debido a la necesidad de una ruptura con el mundo conciliar. Ahora será necesario hacer reconocimientos continuos, protegerse sin cesar de los medios romanos, de los medios diocesanos[6].
Mons. Lefebvre dijo también:
Esta transferencia de autoridad, es esto que es grave, es extremadamente grave. No es suficiente decir: “Nada hemos cambiado en la práctica[7]”.
Es esta transferencia lo que es muy grave, porque la intención de estas autoridades, es la de destruir la Tradición[8]
Tenemos la necesidad absoluta de tener autoridades eclesiásticas que se adhieran a nuestras preocupaciones y nos ayuden a protegernos contra el espíritu de Vaticano II y el espíritu de Asís[9]
Yo les conferiré esta gracia [del episcopado], confiando que sin tardanza la Sede de Pedro estará ocupada por un sucesor de Pedro perfectamente católico, en las manos del cual podrán depositar la gracia de su episcopado para que él la confirme[10].
Pronto serán 50 años que “nos la creímos”
Jean Madiran apuntaba en febrero de 1972 en Itinéraires 160 (pág. 178):
El 22 de febrero de 1967, el papa Paulo VI instituyó un “año de la fe” que iba del 29 de junio de 1967 al 29 de junio de 1968. Fue en esta ocasión que, en su exhortación apostólica del 22 de febrero, Paulo VI censuraba (en latín) "ille mentis habitus quem “post-conciliarem” appelant [esta mentalidad llamada pos-conciliar", (en italiano) "una mentalità cosidetta “post-conciliare”… Etc. Etc. Etc.
Sí, nos la tragamos, creímos en estas bellas palabras, que eran incluso palabras bellas. Lo podemos ver por nuestros editoriales del número 112 y 113; y por el eco que hizo de estos editoriales Étienne Gilson en el epílogo de su libro Las tribulaciones de Sofía aparecido en la editorial Vrin el verano de 1967 (pág. 171 y siguientes): Gilson también se la creyó. No tiene vergüenza retrospectiva alguna de haberlo hecho. No era fundamentalmente inverosímil el suponer que el papa finalmente se ponía a defender y restaurar la fe cristiana.
Pero mentiríamos al pretender que todo pasó muy bien, que todo fue normal, completamente conforme a las bellas palabras que fueron pronunciadas. Mentiríamos al hacer creer que las acciones e incluso las palabras siguientes fueron coherentes con las palabras bellas y justas del 22 de febrero de 1967.
Un mes más tarde, el 26 de marzo, Paulo VI publicó la encíclica Populorum progressio: la cual, por otra parte, no era casi nada en comparación con lo que vendría enseguida.


[1] “[El papa] dijo también: Ustedes son católicos, continuó diciendo: en camino hacia la plena comunión” Mons. Fellay, sermón del 10 de abril de 2016 en Puy (Dici)
[2] Benedicto XVI, Carta a los obispos de la Iglesia Católica respecto al levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos consagrados por Mons. Lefebvre, 10 de marzo de 2009.
[3] “Ahora bien, toda sociedad necesita de una autoridad dirigente, que guíe a sus miembros al fin común, que, al mismo tiempo, por una acción prudentemente conservadora, salvaguarda sus elementos esenciales. […] La fuerza conservadora, en la Iglesia, es la Tradición y la Tradición es representada por la autoridad religiosa. Y de hecho y de derecho: de derecho, porque la defensa de la tradición es como un instinto natural de la autoridad; de hecho, porque, al hallarse fuera de las contingencias de la vida, la autoridad pocos o ningún estímulo siente que la induzcan al progreso. La fuerza progresiva, al contrario, que es la que responde a las necesidad, se incuba y fermenta en las consciencias individuales, sobre todo en las conciencias de los particulares, especialmente de aquellos que están, como dicen, en contacto más particular e íntimo con la vida”. (Pascendi dominici gregis, 8 septiembre 1907.)
[4] Mons. LEFEBVRE, dans Fideliter n° 70, p. 6.
[5] “Roma desea que ataquemos menos; y yo estoy de acuerdo”. Mons. Fellay, conferencia en el seminario de Winona (USA) en febrero de 2015. En Arcadia California, el 10 de mayo de 2015, Mons. Fellay precisará: Cuando vemos los escándalos, cuando vemos al papa, a los cardenales, a los obispos decir cosas tontas: estamos listos para criticarlos, y rápidamente, sí, y corregirlos, pero ¿ustedes creen que esto los ayudará? La oración lo hará. Monseñor Fellay tuvo, el 21 de septiembre de 2014, “una entrevista cordial” con el cardenal Müller (quien niega la Virginidad Perpetua de la Santísima Virgen: Ver Le Sel de la terre 84, primavera 2013, pág. 165) y su encuentro con el papa Francisco el 1º de abril de 2016 “se desarrolló en un clima cordial”, según los reportes oficiales de la FSSPX.
[6] Exposición de la situación, redactada a mano por Mons. LEFEBVRE y enviada por él a los superiores y superioras de las comunidades tradicionales y a algunos sacerdotes, reunidos por él en Pointet, el 30 de mayo de 1988.
[7] O también decir: “Roma nos acepta tal como somos”.
[8] Mons. LEFEBVRE, Conferencia en Écône el 8 de octubre de 1988
[9] Mons. LEFEBVRE, Carta al papa Juan Pablo II, 2 de junio 1988.
[10] Mons. Lefebvre, Carta a los futuros obispos, 28 de agosto de 1987