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viernes, 29 de marzo de 2013

CARTA ABIERTA A LOS SACERDOTES DE LA FRATERNIDAD SAN PIO X.- POR S.E.R. MONSEÑOR RICHARD WILLIAMSON


 Traducción nuestra en tanto que se publica la versión oficial en español.






28 Marzo 2013

Reverendos y estimados Padres:


La reciente publicación de la Declaración Doctrinal, dirigida por el Consejo General de la Sociedad de San Pío X a las autoridades de la Iglesia en Roma el 15 de abril del año pasado, confirma nuestros peores temores. Hemos esperado casi un año para saber lo que había en ella. Esto prueba de una vez por todas que la actual jefatura de la Sociedad de San Pío X la conduce lejos de la dirección establecida por el Arzobispo Lefebvre, y se convierte a las ideas e ideales del Concilio Vaticano II.

A pesar de lo muy ocupado que Usted pueda estar en su ministerio cotidiano, esto sin duda le concierne, porque significa que las almas bajo su cuidado son, a través de Usted, y a cargo de sus Superiores, conducidas hacia la gran apostasía de los tiempos modernos. Recordemos que los Superiores modelan a sus súbditos, y no al revés. Hemos observado a un gran número de sacerdotes de nuestra Fraternidad, uno tras otro, renunciar a la lucha por la fe tal como el Arzobispo Lefebvre la ha luchado, para en su lugar ir con la corriente mayoritaria, muy diferente, fuerte corriente descendente que fluye desde hace algunos años desde la jefatura y que lleva hacia abajo a la Fraternidad.

El análisis detallado de cada uno de los diez párrafos de la Declaración confirma este peligro, tal como lo esbozamos a continuación.

La fidelidad prometida a la "Iglesia Católica" y al "Romano Pontífice" fácilmente puede ser mal dirigida hoy a la Iglesia Conciliar como tal, y a los pontífices conciliares. Hacer esta distinción es necesario para evitar confusión.

II  La aceptación de las enseñanzas del Magisterio de acuerdo con Lumen Gentium n º 25 se puede entender fácilmente como que exige la aceptación de las doctrinas del Vaticano II, especialmente en conjunción con la Profesión de Fe de Roma de 1989, tal como se menciona en una nota al pie de la Declaración.

II, 1 La aceptación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II acerca del Colegio de los Obispos como se contiene en la Lumen Gentium, capítulo III, es, a pesar de la "Nota previa", un importante paso hacia la aceptación de la colegialidad Conciliar y la democratización de la Iglesia.

III, 2 El Reconocimiento del Magisterio como único intérprete auténtico de la Revelación, corre el grave riesgo de someter la Tradición al Concilio, sobre todo cuando es automáticamente rechazada como falsa interpretación, lo que ponga en evidencia cualquier ruptura entre ambos (cf. III, 5 infra).

III, 3 La definición de la Tradición como "la transmisión viva de la revelación" es altamente ambigua, y su ambigüedad es sólo confirmada por las palabras imprecisas acerca de la Iglesia, y por la cita del igualmente ambiguo pasaje de Dei Verbum n º 8, que le sigue.

III, 4 La proposición de que el Vaticano II debe "arrojar luz" sobre la tradición para "profundizar" y "hacerla más explícita", es completamente hegeliana (¿desde cuándo los contradictorios se explican y no se excluyen mutuamente?), y se corre el riesgo de falsificar la Tradición torciéndola para adaptarla a las múltiples falsedades del Concilio.

III, 5 La afirmación de que las novedades del Vaticano II deben ser interpretadas a la luz de la Tradición, pero que no es aceptable ninguna interpretación que implique una ruptura entre los dos, es una locura (Todas las camisas deben ser de color azul, ¡pero cualquier otra camisa que no sea azul debe ser considerada y denominada como azul!). Esta locura no es otra cosa que la "hermenéutica de la continuidad" de Benedicto XVI.

III, 6 Sería subestimar gravemente la nocividad de las novedades del Concilio Vaticano II, suponiéndoles la suficiente veracidad como para ser materia legítima de un debate teológico. Esas novedades son aptas únicamente para ser condenadas.

III, 7  Es gravemente engañoso sostener el juicio de que el nuevo Ritual de los sacramentos fue promulgado legítimamente. El Nuevo Orden de la Misa, especialmente, es tan gravemente perjudicial y nocivo para el bien común de la Iglesia, que no puede constituir una verdadera ley.

III, 8 La "promesa de respetar" como ley de la Iglesia del Nuevo Código de Derecho Canónico, sería respetar una serie de supuestas leyes que son directamente contrarias a la doctrina de la Iglesia.

Reverendos Padres, quien estudia estos diez párrafos en el texto original sólo pueden concluir que su autor (o autores) han renunciado a la lucha del Arzobispo por la Tradición, y que en sus mentes se han afiliado ya al Concilio Vaticano II. ¿En verdad desea Usted que este tipo de Superiores lo modelen a Usted y a su rebaño?

Y no se diga que los dos primeros y los tres últimos de los diez párrafos están ampliamente tomados del  Protocolo del Arzobispo del 5 de mayo de 1988, a fin de atribuir que tal Declaración es fiel a él. Pues es bien sabido que el 6 de mayo repudió dicho Protocolo porque él mismo reconoció que hizo demasiadas concesiones como para que la Fraternidad pudiera seguir defendiendo la Tradición.

Otro error sería decir que el peligro ha pasado, porque la Declaración ha sido "retirada" o “retractada” por el Superior General. La Declaración es el fruto envenenado de lo que se ha convertido en un modo liberal de pensar en la cima de la Fraternidad, y esa mentalidad no ha sido reconocida, ni mucho menos “retirada” ni “retractada”.

Un tercer error sería decir que, como no se ha firmado ningún acuerdo con la Roma apóstata, puesto que la Declaración ha sido retirada por el Superior General, entonces ya no hay ningún problema. El problema no es tanto el acuerdo, como el deseo de cualquier acuerdo que conceda el reconocimiento oficial a Fraternidad, y tal deseo está todavía muy presente. Siguiendo a todo el mundo moderno y a la Iglesia Conciliar, el liderazgo de la Fraternidad parece haber perdido el control sobre la primacía de la verdad, pero sobre todo de la verdad católica.

Reverendos Padres, "Lo que no puede ser curado debe ser soportado." Los líderes ciegos son un castigo de Dios. Sin embargo, lo menos que Usted puede hacer con esta desastrosa Declaración es estudiarla por sí mismo, con todo lo que condujo hacia ella, de lo contrario perderá a la Fraternidad sin darse cuenta, al igual que la masa de los católicos perdieron a su Iglesia con el Concilio Vaticano II, y no se dieron cuenta. Después de haber obtenido en su mente la suficiente claridad sobre lo que representa este desastre, Usted debe decir la verdad a su rebaño en la Fraternidad, esto es a saber, el peligro en el que sus superiores están poniendo la Fe de los fieles, y con ello su salvación eterna.

Nuestro Señor está haciéndonos la misma pregunta que consta en Juan VI, 67 a todos aquellos que en la Fraternidad alrededor del mundo Monseñor Lefebvre constituyó como una fortaleza mundial de la Fe: "¿También vosotros queréis dejarme?"

Para cada uno y para todos Ustedes, os imparto la bendición episcopal, vuestro siervo en Cristo: 


+Richard Williamson, Nova Friburgo, Jueves Santo, 2013