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viernes, 15 de febrero de 2013

EL ECUMENISMO DE MONSEÑOR FELLAY

SYLLABUS





“Para hacer la paz hacen siempre falta especialistas: diplomáticos y expertos”

Yves Congar


Partimos para este artículo de la enseñanza de Monseñor Lefebvre, acerca del ecumenismo:

“En medio de esta confusión de ideas, en la que algunos cristianos parecen ahora complacerse, hay una tendencia particularmente perniciosa para la fe y tanto más peligrosa por cuanto se presenta con las apariencias de la caridad. La palabra ecumenismo, aparecida en 1927 en un congreso que se reunió en Lausanne, debería poner por sí misma en guardia a los católicos, teniendo en cuenta la definición que se da de dicha palabra en todos los diccionarios: "Ecumenismo-. movimiento favorable a la reunión de todas las Iglesias cristianas en una sola". No es posible fundir principios contradictorios, eso es evidente; no se puede reunir la verdad y el error para hacer de ellos una sola cosa. Esto sólo sería posible adoptando errores y rechazando parcial o totalmente la verdad. El ecumenismo se condena por sí mismo. El término alcanzó tal difusión a partir del último concilio que penetró el lenguaje profano. Ahora se habla de ecumenismo universitario, de ecumenismo informático y de otros tipos de ecumenismo, para expresar una posición de diversidad, de eclecticismo. En el lenguaje religioso, el ecumenismo se extendió últimamente a las religiones no cristianas, lo cual se tradujo inmediatamente en actos”. (“Carta abierta a los católicos perplejos”. El destacado es nuestro)

Este ecumenismo que no ha detenido su marcha desde el Vaticano II, ha sabido extenderse, ahora también y merced a la debilidad y/o complicidad de las autoridades de la Tradición, a las filas de la Tradición católica. Como ha podido verse paso a paso en la “reintegración” de diferentes congregaciones tradicionales a la Roma conciliar, hoy ese ecumenismo le está siendo aplicado en toda forma a la FSSPX, hasta producir en ésta fisuras y una división interna ya al parecer irreparable o irreversible en tanto las actuales autoridades no den un paso al costado o rectifiquen completamente el rumbo, cosa harto improbable tratándose de liberales.

Decía Monseñor Lefebvre que “Satanás reina por el equívoco y la incoherencia, que son sus medios de combate y que engañan a los hombres de poca Fe” (“El golpe maestro de Satanás”). En efecto, hemos podido ver en los últimos años una andanada de desaciertos, confusiones, ambigüedades e incoherencias en las autoridades de la FSSPX, todo lo cual, lejos de admitirse, se ha intentado cubrir piadosamente bajo un manto caritativo de servicio a la Iglesia universal. Así el “levantamiento de las excomuniones” inexistentes; el motu proprio que colocó a la Santa Misa canonizada por San Pío V debajo de la Misa nueva del masón Bugnini; los “diálogos doctrinales” para un acuerdo doctrinal que devinieron en (y que probablemente se hayan establecido en un inicio para) los diálogos para un acuerdo canónico sin acuerdo doctrinal; la excusación del Vaticano II; la expulsión y condenación de los díscolos que querían hablar católicamente; las especulaciones y chimentos de los pasillos vaticanos; el lenguaje diplomático o doble lenguaje, todo esto y más está encuadrado en la estrategia ecumenista tanto de Roma como de los grupos que desde dentro de la FSSPX quieren unir lo que debe estar separado, lo que la Verdad separó. Una tradición católica que entró en la política ecumenista de Roma para dialogar con una religión modernista que combate a la religión católica, se volvió débil, y cada vez más irreconocible para los discípulos fieles de Monseñor Lefebvre. 

Ahora bien, ¿cómo se manifiesta el ecumenismo en Monseñor Fellay, el Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X? Con la ayuda de Fr. Yves Congar, teólogo modernista del Vaticano II hecho cardenal por Juan Pablo II, que con sus libros “Principios para un ecumenismo católico” e “Iniciación al ecumenismo” ha sido un precursor del mismo, haremos un breve examen de la labor ecuménica de Mons. Fellay en relación con la Roma modernista. De una manera lenta pero continua, a lo largo de muchos años (“Sin desesperar, sin impaciencia, comprobamos que el momento de un acuerdo no ha llegado. Esto no nos impide seguir esperando, continuar con el camino fijado desde el año 2000”, Mons. Fellay, Carta a los amigos y benefactores nº 72), puede verificarse una estrategia que ya había sido indicada por el teólogo dominico en sus puntos fundamentales. Monseñor Fellay no hará otra cosa más que ponerla en práctica con un disfraz tradicional.

Hay palabras o conceptos clave que Congar va elaborando en su opúsculo (nos valemos de “Iniciación al ecumenismo”, Editorial Herder, 1964) y que Mons. Fellay seguirá a pie juntillas.

Pueden sintetizarse en los siguientes:

DIÁLOGO
CAMBIAR EL CLIMA
CONFIANZA
INFORMACIÓN
CLARIFICACIÓN
TENDER PUENTES
CREAR CONTACTOS
TENEMOS AMIGOS ENTRE ELLOS
NO RENEGAMOS DE NUESTRAS CONVICCIONES
TENER ESPÍRITU DE ORACIÓN

Contrario a esto, lo que se debe evitar y combatir o por lo menos cuidar:

LA CRÍTICA
LA INCOMPRENSIÓN
LOS TÉRMINOS QUE SE EMPLEAN PARA HABLAR DE ELLOS

Ese conjunto de esfuerzos para unir a todos los cristianos (más allá de los desacuerdos doctrinales), que es la definición congariana y modernista del ecumenismo, es traducida para la Tradición en los esfuerzos para unir a los tradicionalistas con los católicos de la Iglesia oficial que quieren “reconocer” al tradicionalismo pero sin salirse de la Iglesia oficial. Y como la Iglesia oficial (en verdad, conciliar o modernista) no ha de convertirse a la Tradición, entonces los tradicionalistas deben adoptar un método modernista para la re-unión, que ya no puede esperar más.

Para ir a este encuentro ecuménico se prepara lentamente el terreno para la “mala semilla”. Se “desdiaboliza” al enemigo –tanto por parte de Roma como de parte de la FSSPX, una levantando las “excomuniones”, la otra aflojando en sus críticas al Papa o al Vaticano II-; se busca “cambiar el clima” mediante un lenguaje cortés y actitudes diplomáticas, omisión de críticas severas y una busca de la “comprensión” del otro. También se afirma que el enemigo ya no es enemigo o por lo menos no todos son enemigos, sino una parte menor: de allí el cambio de decir “Iglesia conciliar” o “Iglesia modernista” a solamente “Iglesia oficial”, aunque este es un cambio gradual y no absoluto, claro está. Pero por eso, precisamente puede entablarse ese “dialogo doctrinal”, porque ya no se considera enemigo al enemigo sino a una parte menos significativa de él. Hay “amigos” entre ellos. Del mismo modo, para Roma el problema no es toda la FSSPX, sino los “extremistas” irreductibles como Mons. Williamson, que suelen decir cosas inconvenientes (y por eso deben ser expulsados). Así, se va en busca de esos “amigos” en las otras filas, que al fin y al cabo parecen no tener tantas diferencias. Se entra así en el mecanismo del “diálogo”, en este caso con el adjetivo de “doctrinal”.

Decía Monseñor Lefebvre: “La unión adúltera de la Iglesia y la Revolución se concreta en el diálogo”. Del mismo modo que Pilatos usó del diálogo con Nuestro Señor no para conocer la verdad, sino para intentar lavar sus culpas y encontrar la conveniencia de no involucrarse con ella sin quedar mal con la opinión pública, así Roma ha ofrecido el “diálogo” a la Fraternidad. Consagrado oficialmente por la secta modernista en el Vaticano II, ya anteriormente había dicho Pablo VI: “A propósito de este impulso interior de caridad que tiende a traducirse en un don exterior, Nos empleamos el nombre que ha llegado a ser usual de diálogo” (Ecclesiam suam, 6 de agosto de 1964).

La astucia serpentina ha logrado, desde entonces hasta hoy, oscurecer las inteligencias, envilecer las voluntades, falsear las virtudes, a través del “diálogo”, usando un andamiaje de palabras que configuran un lenguaje ambiguo, indefinido, tortuoso, endeble, confitero y maleable. Su persistencia diabólica deja a su paso sólo un mundo irreal, coloreado, ilusorio, falsamente optimista, que quiere tapar el vacío, la impiedad y el profundo hoyo que conduce a la perdición de las almas anestesiadas y embrutecidas de tanto “diálogo” falso para evadir la caridad de Dios que nos apremia, la fe verdadera que ilumina el camino y la esperanza sobrenatural.  

Debe tenerse en cuenta también que, entre el aparato dialéctico ecumenista suelen colarse con astucia definiciones o profesiones de fe católicas, y piadosas llamadas a la oración, como para convencer al interlocutor de que quien sostiene esa posición no ha renegado de sus convicciones católicas de siempre. Es una mezcla astuta de la verdad con el error cuyo fin publicitado es “la caridad”. Pero, como sabemos, Dios no necesita del error para triunfar, y el hombre necesita de la mentira para no obedecer a Dios.

Veamos brevemente algunas de estas consignas desarrolladas por el modernista Yves Congar, y luego por Monseñor Fellay:

“Son ocasiones de estimarnos y, sin renegar para nada de nuestras convicciones, de apreciar el haber cristiano de los otros”.
(Congar)


“No es para admitir parte de lo falso que entramos en diálogo con los “herejes”; es con el deseo de gozar de una verdad más plena yluminosamente explicada
(Congar)


“La instauración de relaciones de estima y diálogo supone (…) una educación de los fieles”.
(Congar)


“Yo diría que este diálogo debe ser doctrinal y práctico, con hechos que apoyen los razonamientos teológicos. Partiendo del punto de convergencia entre Roma y nosotros –la constatación común de una crisis desastrosa–, debemos intentar hacer desaparecer la diferencia, llevando a Roma a admitir la verdadera causa de esta crisis. La discusión doctrinal tiene por objeto obtener que Roma reconozca esta causa”
(Mons. Fellay, Entrevista, 20 de abril de 2006, DICI y Panorama Católico Internacional)


“Es necesario ver bien cómo se articulan las etapas de este diálogo para comprender que no deseamos descuidar el aspecto especulativo o doctrinal, ni el aspecto práctico o pastoral, así como tampoco deseamos ignorar la prudencia realista y el espíritu sobrenatural”.
(Mons. Fellay, Ibidem)


2

“No perder las verdaderas ocasiones dignas de proporcionar luz, derestablecer la verdad
(Congar)


“El fin que se pretende con estas conversaciones es una importanteclarificación en la enseñanza de la Iglesia durante estos últimos años”
(Mons. Fellay. Entrevista al boletín Tradition, Dist. Africa, sepr. 2009)



3

“Qué hacer por la unidad. Cambiar el clima”.
(Congar)


“Hemos hecho esta experiencia en nuestras reuniones con los protestantes u ortodoxos. La oración no ha reemplazado en ellas la confrontación doctrinal, pero ha permitido desenvolvernos en un clima menos polémico e intelectualmente más profundo, en la confianza y la creencia de ser llamados a hacer una obra común”.
(Congar)


“Hace poco hemos pedido que se levante el decreto de excomunión como primer paso concreto de parte de Roma. Esa medida cambiaría el climay nos permitiría observar mejor cómo se desenvuelven las cosas”.
(Mons. Fellay, Carta a los amigos y benefactores nº 66, 2004)


“Las condiciones previas que yo he propuesto tienen por objeto crear un clima nuevo en la iglesia oficial. Este sería el primer paso para hacer de nuevo posible la vida católica tradicional”.
(Mons. Fellay, Entrevista, 20/04/2006 Panorama Católico Internacional)


“Lo que nos interesa es que en la Iglesia cambie el clima de hostilidad generalizada, a veces persecutorio, hacia todo lo que es considerado tradicional, hacia todo lo que va ligado a la Tradición. Esto hace imposible que hoy puedan desarrollar una vida normal los católicos ligados a la Tradición. Para cambiar este clima nuestra sugerencia es...”
(Mons. Fellay, Entrevista de 30 giorni nº 9, 2005)



4

Tender puentes, crear contactos
(Congar)


“No queremos poner condiciones previas a la Santa Sede. No tenemos intenciones de imponer ningún diktat. No es esta nuestra postura. Decimos solamente que si queremos construir un puente, primero tenemos necesariamente que pensar en los pilares que tienen que sujetarlo.
(Mons. Fellay, Entrevista de 30 giorni, nº 9, 2005)

“Con el fin de no cortar todos los contactos, hemos propuesto una alternativa…”
(Mons. Fellay, Cor Unum nº 101, 18 marzo de 2012)

“¿Y usted piensa que, más allá de Roma, se intensificarán los contactos?
Ese es el objetivo, como he explicado en Roma diciendo que la situación, como nosotros la proponemos, es ciertamente provisoria pero, al mismo tiempo, pacificadora y permitirá a las almas de buena voluntad ponerse al día. Todo esto se hará, por lo tanto, gradualmente. Y dependerá también de la reacción de la otra parte”
(Mons. Fellay, entrevista Monde & Vie, Enero 2009)

“Tenemos ahora contactos amigables en los dicasterios más importantes, ¡también entre los más allegados al Papa!”
(Mons. Fellay, Cor Unum nº 101, 18 marzo de 2012)


5

“Dirigiendo la palabra en el Congreso protestante de Munich el 16 de agosto de 1959, el profesor Theodor Heuss, antiguo presidente de la República Federal Alemana, saludó a los católicos presentes; aseguró que toda su vida había tenido amigos entre ellos y deseaba a todos sus correligionarios que hiciesen la misma experiencia”.
(Congar)

“Los que poco a poco está cambiando especialmente en Roma y en el mundo es que hay algunos obispos que ahora son amigos nuestros”.
(Mons. Fellay, Sermón pronunciado en Madrid, 15 de noviembre de 2009)


“En Roma, en el Vaticano, también tenemos amigos. Esta es la situación.”
(Mons. Fellay, Sermón pronunciado en Madrid, 15 de noviembre de 2009)


6

“El resultado más grave de esta situación ha sido la creación de cierto número de complejos, de los cuales el más destructor es el complejo de desconfianza…Si no existe confianza, lo que se hace con la mejor intención, se supondrá que es obrar con astucia o que procede de los más torvos designios”.
(Congar)


 “Pero también hay que tener confianza...  Creo que si tenemos garantías, es decir, una estructura canónica suficientemente sólida… Cuando se dice que es necesario que tengamos la posibilidad de vivir, queremos decir que es necesario que los fieles puedan verdaderamente beneficiarse de todos los sacramentos, que es necesario que todas las comunidades religiosas puedan estar bajo esta garantía protectora. Y tengo suficientes palabras del papa que muestran que esta es su voluntad”.
(Monseñor Fellay, Conferencia en Saint-Pré, el 4 de mayo de 2012)


“Pero realmente creo que la principal preocupación entre nosotros es más bien la cuestión de confianza en las autoridades romanas, temiendo que lo que pueda acontecer sea una trampa. Personalmente, estoy convencido de que no es el caso.
(Mons. Fellay, Entrevista a Dici, 7 de junio de 2012)


7

“Tratándose de nuestros encuentros entre cristianos separados, nos presentamos los unos a los otros con un pasado que determina en nosotros ciertas formas de pensar y de reaccionar. Pero los otros tienen también un pasado diferente del nuestro. Y no nos comprendemos…”
(Congar)

“Para la Hermandad una libertad más amplia para celebrar la santa Misa es motivo de alegría, un paso adelante en pro de la Tradición, aunque ladesconfianza en estos treinta años de defensa y combate contra “aquellos que deberían ser nuestros pastores” no podrá ser vencida tan fácilmente”.
(Mons. Fellay, Carta a los amigos y bienhechores nº 70, 25/2/2007)


8

“Es necesario tener sobre el Oriente, los reformadores y el protestantismo actual una indispensable información válida.”
(Congar)


“Tengo detalles suficientes en mi poder para afirmar que lo que digo es cierto, aunque no he tenido trato directo con el Papa, sino con sus más cercanos colaboradores”.
(Mons. Fellay, Entrevista a Dici, 7 de junio de 2012)


“No hay ninguna duda que desde 2006, estamos asistiendo a un desarrollo en la Iglesia, a un cambio importante y muy interesante, aunque poco visible (…)
Si esto es cierto, y de eso estoy seguro, eso exige de nosotros una nueva posición en relación con la Iglesia oficial”
(Mons. Fellay, Cor Unum nº 101, marzo 2012)


9
 “Considerar la gran tarea de la unidad con espíritu de oración”.
(Congar)

“Hemos hecho esta experiencia en nuestras reuniones con los protestantes u ortodoxos. La oración no ha reemplazado en ellas la confrontación doctrinal, pero ha permitido desenvolvernos en un clima menos polémico e intelectualmente más profundo, en la confianza y la creencia de ser llamados a hacer una obra común”.
(Congar)

“Quisiéramos finalmente que todos sigan con el rezo constante del Rosario y así confirmar…”
(Mons. Fellay, 28 de noviembre de 2010)

“La situación de la Iglesia y del mundo nos sugieren que les pidamos instantemente no detener este movimiento de oración por el bien de la Iglesia y del mundo, y por el triunfo del Corazón Inmaculado de María”
(Mons. Fellay, Carta a los amigos y bienhechores nº 78)


“¿Qué se puede esperar?
Todo, si el espíritu Santo está en esta obra. (…) Si verdaderamente Dios ha comenzado a hacer algo en favor de la unión de los cristianos, ¿quién podría asignar un límite a su obra? No hay que hacer más que una cosa: ser fieles, trabajar con todas las fuerzas dentro de la fuerza misma de su gracia. Él sabe ya el resultado.
Sin embargo, si se quiere intentar un cómputo humano, se debe reconocer al mismo tiempo que la unión es humanamente imposible y que, no obstante, si tantas cosas han  llegado a ser realidad, muchas otras pueden ser razonablemente esperadas”.
(Congar)

“Por eso si tenemos pruebas, no nos dejemos desalentar. Redoblemos nuestras oraciones. Miremos hacia el buen Dios. Hagamos algunos esfuerzos, algunos sacrificios, y contemos con Su gracia. La Iglesia siempre nos dijo que hay una mirada, un pensamiento que es la solución de todos los problemas”. 
(Mons Fellay, sermón, 11 de noviembre 2012)


Amenazas al ecumenismo:

1

“El resultado más grave de esta situación ha sido la creación de cierto número de complejos, de los cuales el más destructor es el complejo dedesconfianza….Si no existe confianza, lo que se hace con la mejor intención, se supondrá que es obrar con astucia o que procede de los más torvos designios”
(Congar)

“Entre nosotros hay desconfianza de Roma, porque hemos sufrido demasiadas decepciones, por eso creemos que puede tratarse de una trampa. Es cierto que nuestros enemigos pueden pensar en utilizar este ofrecimiento como una trampa, pero el Papa que realmente quiere este reconocimiento canónico, no lo ofrece como una trampa”.
(Mons. Fellay, Entrevista a Dici, 7 de junio de 2012)


“En nuestra realidad existe desconfianza frente a la autoridad eclesiástica debido a los sufrimientos padecidos hasta hoy. Y para superar estadesconfianza la anulación de la llamada excomunión sería una solución muy oportuna”
(Mons. Fellay, Entrevista de 30 giorni nº 9, 2005)

2

“Llamaremos aún la atención acerca de otro punto importante de la educación sobre la opinión de los otros: los términos que se emplean para hablar de ellos. Sin que se tenga conciencia, éstos son portadores de una actitud espiritual. Si yo les llamo chuetas, marranos o herejes, doy desde el principio a mi pensamiento, para fijar la existencia de los otros y para hablar de ellos, un marco que lo desvía en un sentido despectivo. Habrá entonces el peligro de que la imagen que yo me forje de ellos y a través de la cual yo los vea, lleve el mismo matiz”.
(Congar)

“Por un lado, endosamos a las autoridades presentes todos los errores y todos los males que se encuentran en la Iglesia, olvidando que ellas intentan al menos en parte de liberarse de los más graves (la condenación de la “hermenéutica de la ruptura” denuncia errores muy reales). Por otra parte se pretende que todos estén arraigados en esta pertinacia («todos modernistas», «todos podridos»). Esto es manifiestamente falso”.
(Mons. Fellay, Respuesta a los tres obispos)

3

“En todo ello, escogeremos al máximo el momento de la explicación positiva y evitaremos la discusión en torno a lo controvertido
(Congar)

“Por medio de una carta, escribo al Papa diciéndole que “durante un tiempo, puesto que Usted conoce nuestra oposición al concilio, y puesto que, sin embargo, quiere reconocernos, yo había concluido que Usted estaba dispuesto a poner de lado o a diferir para más adelante los problemas del concilio”. [Mons. Fellay habla aquí de dejar de discutir lo controversial en un principio para lograr un acuerdo]Entre otras cosas significaba “denigrar el concilio”, hacerlo opinable, discutible, puesto que se hablaba de discusiones posibles, incluso legítimas [Sí, pero no entonces]. Por lo tanto pensaba: “Puesto que Usted hace este gesto hacia nosotros, a pesar del problema, quiere decir que Usted estima más importante declarar a la Fraternidad como católica que mantener a toda costa el concilio; puesto que, al final, Usted mismo parece imponer el concilio, debo concluir que me equivoqué. Ahora bien, díganos, por favor, díganos realmente lo que Usted quiere”.
(Mons. Fellay Sermón en San Nicolás del Chardonnet
Domingo 11 de noviembre de 2012)


 “Estos acontecimientos sugirieron a Monseñor Fellay dejar de lado el principio que guiaron las negociaciones con Roma. Este principio era: “ninguna solución práctica sin acuerdo doctrinal”. Pero los acontecimientos pasados probaron que las diferencias relativas a la cuestión doctrinal no pueden ser resueltas. El papa quiere una solución canónica para la FSSPX… Si la Fraternidad rechaza un acuerdo, incluso en estas circunstancias, el resultado podría ser nuevas excomuniones".
(Padre Niklaus Pfluger, Primer asistente general de la FSSPX, conferencia en Hattersheim, 29 de abril de 2012)


Lo que ha cambiado es que Roma ya no hace de una plena aceptación del Concilio Vaticano II una condición para la solución canónica. Hoy en día, en Roma, algunos consideran que una comprensión diferente del Concilio no es determinante para el futuro de la Iglesia, porque la Iglesia no es solo el Concilio. De hecho, la Iglesia no se limita solo al Concilio, ella es mucho más grande. Por lo tanto, hay que dedicarse a resolver problemas mayores. Esta toma de conciencia puede ayudarnos a entender lo que realmente está sucediendo: estamos llamados a ayudar a llevar a los demás el tesoro de la Tradición que hemos podido conservar.
(Mons. Fellay, Entrevista 7 de junio de 2012)


“Pero parte del camino ha sido ya hecho. Cosas que parecían imposibles hace 30 o 40 años, son hoy realidades cumplidas. Incluso en materia doctrinal, sin concesión a un mal liberalismo, nos hemos dado cuenta ya de que algunos puntos sobre los cuales se había discutido, mejor, que aparecían como puntos decisivos de oposición, podían –bien explicados- no ser factores de ruptura”.
(Congar)


“Después de las discusiones, nos hemos dado cuenta que los errores que creíamos provenientes del Concilio de hecho son resultado de la interpretación común que se ha hecho de él”. “El Papa dice que (…) el Concilio debe ser colocado en la gran tradición de la Iglesia, que debe ser comprendido en acuerdo con ella. Estas son declaraciones con las cuales estamos completamente de acuerdo, entera, absolutamente”.
(Mons. Fellay, Entrevista a “Catholic News Services”, 11 de mayo de 2012).


4

“Desde el momento que formamos un grupo, somos solidarios los unos con los otros, y el comportamiento de cualquier miembro o de parte del grupo es imputado a todo él, sobre todo si se presta a la crítica. Así se han visto a menudo reducidos a la nada, de un solo golpe, los más hermosos y prolongados esfuerzos de paz por un incidente penoso, una palabra, un gesto poco amistoso”.
(Congar)


 “No aconsejamos, e incluso desaconsejamos, erigirse a tiempo y destiempo en enmendador de entuertos y en controversista. Nos volveríamos odiosos y nos dejaríamos arrastrar nosotros mismos hacia actitudes deespíritu duro, estrecho, poseedor de una verdad estereotipada y sin capacidad de apertura, lo cual no es cristiano”.
(Congar)


“Esta falta de distinción a uno u otro de entre ustedes lleva a unendurecimiento “absoluto”. Esto es grave porque esta caricatura no está en la realidad y desembocará lógicamente en el futuro a un verdadero cisma. Este hecho es uno de los argumentos que me empuja a no tardar en responder a las instancias romanas”.
(Mons. Fellay, Respuesta a los tres obispos)


“Muchísimas veces, a causa de la postura defensiva tan necesaria que hemos adoptado desde hace décadas, tenemos una actitud de reprobación total, sin discernimiento, que corre el peligro de espantar a los Nicodemos de los tiempos modernos. Por desgracia, así no los ayudamos”.
(Mons. Fellay, Cor Unum nº 96, junio 2010)


De manera sintética puede observarse que a lo largo de mucho tiempo el ecumenismo “tradicional” (por llamarlo de algún modo) ha ido logrando debilitar las fuerzas de una verdad que ya no osa predicarse completa, sino a medias. Al decir de Monseñor Harscouët: “Para practicar la política de la conciliación cueste lo que costare con los adversarios y a veces con los peores enemigos, los conciliadores recurren a métodos muy amplios, a exposiciones complacientes. Es conocida su terminología: tregua a las divisiones (...) comprensiva flexibilidad, silencio sobre los puntos discutibles (...). Y nada corrige sus ingenuas ilusiones, ni las mofas ni los chascos ni los fracasos. Casi han perdido el sentido de la afirmación y del hablar francamente, y el miedo de chocar y de desagradar al adversario (...) les impide decir un no categórico”.

Por supuesto que no hace falta un “acuerdo” con Roma para destruir a la FSSPX, porque el proceso de auto-demolición ha seguido los pasos idénticos que en la estructura oficial de la Iglesia. Años y años de “diálogos” que han favorecido a los enemigos de la Iglesia y debilitado las fuerzas de la verdad que ya no se anima a ser ella misma, intransigente. Este largo proceso que devasta a la Fraternidad ya ha sido visto hace muchísimo tiempo por un obispo ejemplar, santo y profundamente antiliberal, Ezequiel Moreno Díaz: “Antiguamente la táctica de Lucifer era desunir a los católicos, envidiando que fueran una sola alma para servir a Dios, y tuvieran ellos un solo corazón para amarle; pero hoy ha mudado de táctica, y trata de unir a los que deben estar separados, porque conoce perfectamente que cada paso que avance el liberalismo en el campo católico, es nueva conquista para él...Cuanto más lejos nos coloquemos del error, menos peligros tendremos de caer en él”.