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miércoles, 31 de octubre de 2012

A MONSEÑOR WILLIAMSON, DE LA TROPA DE LA CATACUMBA


Excelencia Reverendísima:
 

A la cruz de su mitra se le ha añadido aún más peso. Es una gracia estar unido a Nuestro Señor en su Pasión, sólo, señalado, condenado, juzgado…

Permítanos que de cierta forma tengamos el honor de ser sus cirineos con nuestra oración y apoyo incondicional en esta hora del calvario, cuando las tinieblas cubren la tierra.

 Su valor nos fortalece, su ejemplo, sus escritos y sus sermones nos ilustran y mantienen firmes en nuestras creencias. ¡No deje de expresarse!, no calle la Verdad!  Su excelencia y los verdaderos sacerdotes tradicionalistas son y han sido nuestro faro que nos conduce al puerto de salvación, queremos que nuestras familias sigan siendo católicas.

Ahora que lo han liberado de las cadenas del silencio estamos contentos al poder contar con su guía en la Verdadera Fe por la que somos salvos. Dios está con Usted.

 Su Excelencia, un día dijo: “Me importa un cacahuate lo que digan de mí. ¡Me importa lo que Dios diga de Mí!” Hacemos nuestras sus palabras y su convicción.

 Vemos la expulsión de Su Excelencia reverendísima cómo el parteaguas de la Tradición de la Santa Iglesia mantenida viva por 40 años en la Fraternidad. 

 A los ojos del mundo no es consecuencia de la adversidad sino de la perversidad de los servidores del maligno. La fragmentación de la FSSPX y el aniquilamiento no viene de Dios, sino del ENEMIGO, ellos olvidan que el que a dos amos sirve con uno queda mal. Sus frutos los están dando a conocer.

“Del árbol caído todos hacen leña.” Si no podemos impedirlo,  quisiéramos, como Santa Elena rescatar la Cruz que Nuestro Señor Jesucristo le está compartiendo. Un día, sólo Dios sabe cuando, los católicos tomaremos los trozos de la cruz de su Excelencia como reliquia.

 Es doloroso ver todo lo que ocurre en la fraternidad. Estamos con Usted y nos aflige todo lo que le está pasando, nos duele la situación de todos nuestros sacerdotes, Usted bien sabe que estamos viviendo circunstancias semejantes en un rincón del mundo.

 Por la defensa de la Fe saldrá victorioso en esta lucha. Seguimos pidiendo día a día seguros de que todo es para gloria de Dios; finalmente recibirá la corona del martirio.

Reciba nuestro apoyo moral, aunque pequeñito pero de numerosas almas, Dios le siga dando fortaleza para seguir adelante, defendiendo su Iglesia en la verdadera Fe, continuamos pidiendo por Usted y por todos los sacerdotes, por los valientes, los confundidos, los indecisos y los seguidores del Superior General.  ¡Pro eis!

 Reciba todo nuestro cariño, nuestras oraciones.  Nos gustaría un día tenerlo entre nosotros. Cuente con estas humildes ovejas del redil de la Tradición, quienes le rogamos nos mande su bendición.

 

México lo quiere, México lo necesita, México lo apoya, Chihuahua lo espera.