sábado, 11 de agosto de 2018

COMENTARIO ELEISON Número DLXXVIII (578) - 11 de agosto de 2018


Capitulo General – III
Dios puede traer a buen puerto, Iglesia y Fraternidad,
Pero no si el hombre dilapida Su bondad.
Cuando la Verdad Católica y la Autoridad Católica se separan, como en el Vaticano II, no puede ser la Verdad la que se ha movido, porque la doctrina Católica no cambia. Sólo puede ser la Autoridad la que se ha movido, y por lo tanto las autoridades eclesiásticas son las únicas responsables de la separación. Razón de más para atesorar a las autoridades que no traicionaron la Verdad, como Monseñor Lefebvre y su Fraternidad San Pío X. Razón de más para echar un vistazo al menos una vez más a lo que le sucedió en su reciente Capítulo General – ¿regresó la Fraternidad de hecho al camino del Arzobispo, el cual abandonó en 2012, o se aplicó el proverbio francés, “Cuanto más cambian las cosas, más permanecen iguales”?
Al comienzo del Capítulo fueron elegidos tres nuevos hombres para formar el triunvirato (cuerpo de tres hombres) que gobierna la Fraternidad, y muchos buenos sacerdotes en la Fraternidad dieron un gran suspiro de alivio, y disfrutaron de unos pocos días de verdadera esperanza para el futuro. Pero luego, al final del Capítulo, se eligió para el Consejo General de la Fraternidad, donde se toman las decisiones más importantes, al anterior Superior General junto con su proprio predecesor. Esto se realizó mediante la creación de una novedad en la Fraternidad, un nuevo puesto de “Consejero”. Y el corazón de estos buenos sacerdotes debe haberse hundido en su pecho. ¿Qué esperanza podría haber ahora para un cambio en el desastroso curso de la Fraternidad, de la Verdad fiel a las autoridades infieles, cuando los dos arquitectos principales de este curso fueron reinstalados en el Consejo General de la Fraternidad?
Por lo menos a uno de los participantes en el Capítulo se le aseguró que los dos “Consejeros” no vivirán en la sede de la Fraternidad en Menzingen, Suiza; que sólo asesorarán sobre cuestiones relativas a la creación o el cierre de casas de la Fraternidad y la admisión o expulsión de miembros de la Fraternidad: que la creación de los “Consejeros” fue una movida inteligente del Capítulo porque ayudará a sanar las divisiones en la Fraternidad. ¿Alguien se siente aliviado? Menzingen debe recuperar la confianza que ha perdido su política ambigua durante 20 años. Aquí hay un comentarista entre muchos que no confía en las recientes palabras tranquilizantes de los líderes de la Fraternidad:—
En realidad, la elección – fijada de antemano – del P. Pagliarani como nuevo Superior General disfraza la política también fijada de antemano de confirmar el status quo, en lo que concierne a la dirección futura de la Fraternidad. Desvergonzadamente fueron colocados al lado del Nuevo Superior dos Asistentes más, difícilmente destacables por su resistencia a la Roma modernista. Además, el Capítulo tuvo la osadía de inventar la función de dos “Consejeros”, desconocida en los Estatutos de la Fraternidad, y de “elegir” para el cargo a los dos personajes más favorables a un acuerdo con Roma que la Fraternidad haya tenido jamás: El P. Schmidberger, conocido por su amistad con el Cardenal Ratzinger, y Mons. Fellay, conocido por sus “nuevos amigos” en Roma y por su dedicación a la liquidación de la Fraternidad para entregarla atada de pies y manos a los apóstatas romanos.
El cuadro que emerge no es necesariamente el de la rendición incondicional, sino que se vislumbra una nueva forma de acercarse a Roma, con un poco más de cautela y un poco más de diplomacia hacia los sacerdotes y fieles de la Fraternidad. Sin embargo, dado que Dios tanto ve como prevé, y que mientras el hombre propone, es Dios quien dispone, entonces otra posibilidad es que Nuestro Señor intervenga e infunda en el relativamente joven P. Pagliarani los Dones de Consejo, Fortaleza y Temor de Dios que necesitará para enderezar el curso del bote salvavidas de la Fraternida d y llevarlo a buen puerto. ¡Que se haga la voluntad de Dios!
Para ser justos, el Capítulo logró cambiar al Superior General, que era lo más importante que tenía que hacer. Mons. Fellay y el P. Schmidberger, como “Consejeros”, pueden seguir conspirando con los romanos para que lo que queda de la Fraternidad del Arzobispo se ponga bajo el talón de la Roma conciliar, pero el poder supremo en la Fraternidad pertenece ahora al P. Pagliarani. ¿Hará buen uso de ella? Sólo Dios lo sabe. “La caridad todo lo cree, todo lo espera” (I Cor. XIII, 7). Debemos rezar por él.
Kyrie eleison.