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domingo, 2 de marzo de 2014

R.P. TRINCADO - SERMÓN DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA.-


 Felix Sarda y Salvani
R.P. Félix Sardá y Salvany (1844 - 1916)

En la Epístola de este domingo nos habla San Pablo de la caridad.

Los liberales han falseado la noción de la caridad. Para ellos, la caridad es un sentimiento -no una virtud- que nos hace ser simpáticos, condescendientes y afectuosos siempre y con todos. Por eso un Sacerdote liberal, mundialmente famoso por sus escritos espirituales (?), en un libro sobre la Vida de Cristo, relatando el episodio de la expulsión de los mercaderes del templo, escribió que Nuestro Señor "perdió el control de sus nervios… y literalmente salió de sus casillas". Dios lo perdone. Como para los liberales toda violencia, porque coarta la libertad, es incompatible con su falsa idea de la caridad, con esa simpatía y afabilidad; no pueden comprender la ira santa de Cristo y la explican de modo blasfemo y herético. 


Veamos cómo entienden los liberales algunas de esas palabras de San Pablo sobre la caridad en 1 Cor:

La caridad es benigna. Lo que dijimos: los liberales pretenden que los católicos debemos ser siempre agradables, simpáticos y condescendientes con todos los hombres. Distinta es la explicación que da Santo Tomás de Aquino sobre esta frase (Coment. Super 1 Cor): ella se refiere a la beneficencia, pues lo propio de la caridad -dice- es hacer que el hombre no retenga para sí solo sus bienes, sino los comparta con otros.

La caridad no se irrita. Los liberales nos dirán que, según esto, debemos evitar todo enojo, toda ira y sonreír siempre. Explica Santo Tomás que con estas palabras se nos dice que hay que evitar la ira entendida como un apetito desordenado de venganza, pues es más propio de la caridad perdonar las ofensas que vengarse con exceso o desordenadamente. Y Santo Tomás también enseña que hay una ira justa y virtuosa.

La caridad no piensa mal. Según los liberales, estas palabras nos obligan a creer bien intencionados a todos los hombres. En cambio, Santo Tomás enseña que el sentido es que no debemos pensar cómo hacer el mal y que debemos evitar pensar mal del prójimo por sospechas y juicios temerarios. Lo que no impide pensar mal de alguien cuando hay serios fundamentos.

La caridad todo lo cree. Para los liberales esto quiere decir que, como los hombres son buenos, hay que creer todo lo que nos dicen. San Juan de la Cruz precisa en su obra “Cántico Espiritual” (canc. 12, n° 11): la caridad cree todas las cosas, es a saber, las que se deben creer. Y Santo Tomás dice que estas palabras se refieren a lo que procede de Dios: la caridad cree todo a Dios. Pero creer todo lo que dicen los hombres -agrega el Santo- es liviandad.

La caridad todo lo soporta. Para los liberales, sentimentales utópicos, esto significa que se debe soportar todo lo que nos hagan los hombres. El católico debe ser un borrego, una ameba, un pacifista cobarde. El liberalismo es afeminado y afeminante, por eso prohíbe o ve con malos ojos toda rebelión o la defensa contra el injusto agresor. Para el liberal, la guerra es el peor de los males. San Juan de la Cruz distingue nuevamente: la caridad todas las cosas soporta, que convienen a la caridad (id). Santo Tomás señala que el sentido es éste: debemos esperar pacientemente que, pese a la dilación, Dios cumpla lo prometido. Ninguna relación con la pusilanimidad liberal.

El n° 2 de la FSSPX, el Padre Pfluger, dictó una serie de conferencias a los hermanos de Flavigny a finales de diciembre pasado. Este Sacerdote, como el Superior General, tiene ideas liberales sobre la caridad, es un “resabiado de liberalismo”, como dice el gran P. Sardá y Salvany. Por ejemplo, dijo lo siguiente en esa ocasión: El apostolado es “sentire cum Ecclesia” y no criticar al Vaticano II... La crítica termina por cansar y nos desgarra, como mucha gente brillante que nos han dejado pues no tenían la “cáritas Christi”... No hagamos como la seudo resistencia, sino que reencontremos el entusiasmo por el bien. Busquemos el reino de Dios y no convertir al Papa, analizar los textos del Superior General o Lumen Gentium... Dios no puede bendecir la actitud de los que no quieren entrar al aprisco porque habría un lobo. ­­­­­­­­­­­­

Los liberales que quieren agradar a Roma Anticristo y someterse a la Jerarquía modernista sí tienen la “cáritas Christi”. La Resistencia, los que siguen combatiendo por la fe, los que rechazan las concesiones hechas el año 2012 por el Superior General en esa traidora Declaración Doctrinal que presentó a Roma, los que, leales a la herencia de Mons. Lefebvre, quieren permanecer intransigentes y de pie ante el liberalismo y el modernismo; esos no tiene caridad. La “caridad liberal” lleva a las actuales autoridades de la Fraternidad a buscar la unión suicida con Roma modernista. Ya decía Mons. Lefebvre (en “El Golpe Maestro de Satanás”) que el liberalismo persigue encarnizadamente un contubernio imposible entre la Verdad y el Error, la Virtud y el Vicio, la Luz y las Tinieblas, entre la Iglesia Católica y el mundo con todos sus desenfrenos. Para los liberales que detentan el poder en la Neo FSSPX, la intolerancia, la intransigencia en la defensa de la Verdad es contraria a la caridad.

¡Intransigencia! -dice el  P. Sardá y Salvany en “El liberalismo es pecado” (Cap. 21, cito extractando)- Oigo exclamar aquí a mis lectores más o menos resabiados (de liberalismo). ¡Qué modo de resolver la cuestión tan poco cristiano! ¿Son o no prójimos, como cualquier otro, los liberales? "¡Ya apareció aquello!", exclamaremos nosotros, lo de la "falta de caridad". Vamos, pues, a contestar también a este reparo, que es para algunos el verdadero caballo de batalla de la cuestión. Es, como ha dicho un autor, hacer servir a la caridad de barricada contra la verdad.

Sepamos ante todo qué significa la palabra caridad: la caridad es una virtud sobrenatural que nos inclina a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. De esta definición, después de la parte que a Dios se refiere, resulta que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos, y esto no de cualquier manera, sino en orden y con sujeción a la ley de Dios y por amor de Dios.

Ahora bien: ¿Qué es amar? "Amar es querer bien a quien se ama". ¿Y a quién dice la caridad que se ha de amar o querer bien? Al prójimo, esto es, no a tal o cual hombre solamente, sino a todos los hombres. ¿Y cuál es este bien que se le ha de querer para que resulte verdadero amor? Primeramente el bien supremo de todos, que es el bien sobrenatural: luego los demás bienes de orden natural, no incompatibles con aquél.

De ahí, que se puede amar y querer bien al prójimo (y mucho) disgustándole, y contrariándole, y perjudicándole materialmente, y aun privándole de la vida en alguna ocasión. Todo estriba en examinar si, en aquello que se le disgusta o contraría o mortifica, se obra o no en bien suyo, o de otro que tenga más derecho que él a este bien, o simplemente en mayor servicio de Dios.

1.° O en bien suyo. Si disgustando y ofendiendo al prójimo se obra en bien suyo, claro está que se le ama aún en aquello en que por su bien se le disgusta y contraría. Así al enfermo se le ama quemándolo con el cauterio o cortándole la gangrena con el bisturí; al malo se le ama corrigiéndole con la reprensión o el castigo, etc. Todo lo cual es excelente caridad.

2º O en bien de otro prójimo que tenga derecho mejor. Sucede frecuentemente que hay que disgustar a uno… para librar de un mal a otro a quien el primero se lo procure causar. En este caso es ley de caridad defender al agredido de la violencia injusta del agresor, y se puede hacer mal a éste cuanto sea preciso o conveniente para la defensa de aquél. Así sucede cuando en defensa (de alguien) a quien acomete un ladrón, se mata a éste. Y entonces matar o dañar, o de otra cualquier manera ofender al injusto agresor, es acto de verdadera caridad.

3.° O en el debido servicio de Dios. El bien de todos los bienes es la divina gloria… De consiguiente, el amor a los hombres debe entenderse siempre subordinado al que debemos a nuestro Señor. Por su amor y servicio, pues, se debe (si es necesario) disgustar a los hombres; se debe (si es necesario) herirlos y matarlos. Adviértase la fuerza de los paréntesis (si es necesario), lo cual dice claramente el caso único en que exige tales sacrificios el servicio de Dios. Así en guerra justa, como se hieren y se matan hombres por el servicio de la patria, se pueden herir y matar hombres por el servicio de Dios. Lo cual justifica plenamente a la maldecida Inquisición. Todo lo cual (cuando tales actos sean necesarios y justos) son actos de virtud, y pueden ser imperados por la caridad.

No lo entiende así el liberalismo. Por esto tiene y da a los suyos una falsa noción de la caridad y apostrofa a todas horas a los católicos firmes, con la acusación de intolerancia e intransigencia. Nuestra fórmula es muy clara y concreta: La suma intransigencia católica es la suma católica caridad. Y los tipos de esta intransigencia son los héroes más sublimes de la caridad, como la entiende la verdadera Religión. Y porque hay pocos intransigentes, hay hoy día pocos caritativos de veras. La caridad liberal que hoy está de moda es en la forma del halago y la condescendencia y el afecto; pero es en el fondo el desprecio esencial de los verdaderos bienes del hombre y de los supremos intereses de la verdad y de Dios.

Que la Santísima Virgen nos libre de la falsa caridad liberal y nos alcance de Dios la verdadera caridad de Cristo.