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domingo, 1 de diciembre de 2013

PADRE TRNCADO - SERMÓN PARA EL DOMINGO I DE ADVIENTO.-





Vamos a explicar algunos pasajes del Evangelio de hoy según la Catena Aurea, selección de los mejores comentarios de los Santos Padres a los Evangelios, hecha Santo Tomás de Aquino.

La Segunda Venida de N. S. Jesucristo es el hecho al que se refiere principalmente el Evangelio que acabamos de leer. Ahora bien, es muy importante tener claro que para que se produzca la Parusía es necesario que sucedan antes las siguientes 4 cosas:

1.- Se predique el Evangelio por toda la tierra (Ev. Mateo). No es claro si esto se ha cumplido.
2.- Se produzca la apostasía general (II Tesalonicenses). Desde el vaticano II hay un proceso de apostasía general, esto es, de abandono de la fe por parte de los católicos.
3.- Gobierne el Anticristo sobre toda la tierra (II Tesalonicenses).
4.- Se conviertan en masa los judíos (Romanos). La conversión de los judíos será masiva: “no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que presumáis de sabios: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la totalidad de los gentiles, y así todo Israel será salvo…” (Rom 11, 25 – 26).

En consecuencia, la Parusía no es inminente porque no ha sobrevenido el gobierno mundial del Anticristo ni se han convertido los judíos. Esto no quiere decir que nuestros tiempos no sea apocalípticos. Todo lo contrario: vivimos en el corazón del Apocalipsis, pero con todo, la Segunda Venida de Nuestro Señor no puede suceder antes de que ocurran los grandes acontecimientos mencionados, según lo que el mismo Dios ha revelado.

Dice el Evangelio: Y habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y se abatirán las naciones en la tierra por la confusión del rugido del mar y de las olas; quedando los hombres yertos por el temor y expectación de lo que sobrevendrá a todo el universo; porque las virtudes de los cielos se conmoverán. Anuncia lo que sucederá cuando se cumpla o acabe el tiempo de las naciones, es decir, de los no judíos (San Beda). San Agustín: la Iglesia es el sol, la luna y las estrellas (Cant. 6, 9), a quien se ha llamado hermosa como la luna, escogida como el sol, la cual no brillará entonces... San Ambrosio: se oscurecerá la brillante antorcha de la fe por la nube de la perfidia para muchos que se separen de la religión; porque aquel sol de justicia se aumenta o se disminuye para mí, según mi fe. Y así como en sus fases periódicas la luna se oscurece porque tiene la tierra en frente, así la Iglesia santa, cuando se le oponen los vicios… no puede reflejar el resplandor de la luz divina, de los rayos de Cristo.

San Agustín: cuando Cristo dice "y en la tierra consternación (o abatimiento) de las gentes", quiso designar con la palabra gentes, no las que serán benditas en la descendencia de Abraham, sino las que estarán a la izquierda. En el juicio final, los elegidos están a la derecha y los condenados a la izquierda. En el Calvario el ladrón de la derecha se salvó y el de la izquierda se condenó. Esta palabra “izquierda” resulta profética, pues en estos los últimos tiempos -y desde la Revolución Francesa-  ella es usada para designar al conjunto de hombres hijos del diablo que en política adhieren a las ideas socialistas y desprecian a Dios y a la moral.

Se conmoverán las potestades de los cielos, porque -dice San Agustín- los fieles más fuertes se turbarán por la persecución de los impíos.

Y entonces verán al Hijo del hombre que vendrá sobre una nube con gran poder y majestad.

Cuando comiencen, pues, a cumplirse estas cosas, mirad y levantad vuestras cabezas, porque cerca está vuestra redención. San Gregorio: habla ahora para consuelo de sus escogidos, como diciendo: cuando las calamidades abrumen al mundo, levantad vuestras cabezas, esto es, alegrad vuestros corazones, porque mientras el mundo (de quien en realidad no sois amigos) se acaba, se aproxima vuestra redención (o liberación), que tanto habéis buscado.

Y les dijo una semejanza: "Mirad la higuera y todos los árboles: Cuando ya producen de sí el fruto, entendéis que está cerca el verano. San Gregorio: así como se conoce que está próximo el verano por el fruto del árbol, así se conocerá la proximidad del Reino de Dios por la destrucción (progresiva) del mundo. En esto se manifiesta que el fruto del mundo es la ruina, la destrucción. San Ambrosio: cuando los frutos reverdecen en todos los árboles y la higuera aparece fecunda, esto es, cuando toda lengua confiese al Señor y le haya confesado el pueblo judío, debemos esperar la venida del Señor, porque entonces se cogerán los frutos de su resurrección, como en tiempo de verano.

Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sean hechas. San Beda: llama generación a todo el género humano, o en especial la raza de los judíos. San Eusebio: también llama así a la generación nueva de la Iglesia santa, manifestando que habrá de durar el pueblo de los fieles hasta el tiempo en que habrá de ver todas estas cosas y contemplará con sus propios ojos el cumplimiento de las palabras del Salvador.

El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. Teofilactus: como les había predicho perturbaciones, guerras y trastornos… para que no se sospechasen que la misma cristiandad habría de perecer, añade estas palabras, como diciendo: y si se conmueven todas las cosas, mi fe no faltará; en lo cual da a entender que la Iglesia será preferida a toda criatura, porque la criatura sufrirá alteración pero la Iglesia de los fieles y la predicación del Evangelio subsistirán.

La Epístola nos dice cuál debe ser nuestra conducta en estos momentos… y en todos:

Es ya hora de levantaros del sueño; pues la salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe.
La noche está avanzada. El día se acerca. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz.
Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias.
Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias.