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miércoles, 18 de diciembre de 2013

EL ANTICRISTO, EL SIONISMO Y MAXIMILIANO KRAH.-

La respuesta de S.S. San Pío X al sionismo, fue contundente:
¡NON POSSUMUS!

La religión judía, es decir, el judaísmo rabínico y talmúdico que detesta a Jesucristo y abomina a su Iglesia, no tiene más que un solo objetivo, fundado en un solo principio: La idea nacional. De este hecho, el sionismo, la doctrina nacional que vio el cumplimiento de su plan en el siglo XX, no es más que la traducción, el cumplimiento de un designio judaico absolutamente contrario al plan divino pues se opone a lo que Dios desea para los judíos.

Pero lo más importante, y que es ignorado, es que la idea nacional, que encontró en el sionismo su modo de realización, es sinónimo de la espera de un mesías que tiene por objetivo asegurar el triunfo mundano de los judíos, destruyendo el obstáculo: la Religión Católica. Lejos estamos entonces, en este regreso a la tierra santa de los judíos, de un milagro que manifieste una voluntad divina, un proyecto bendecido por Dios. La esperanza mesiánica disimula de hecho un deseo secreto: dominar los reinos de la tierra. De esta suerte, el mesías judaico, cuya venida está ligada a la reconstrucción de la nación judía es -hay que tener el valor de asumir el deber católico de decirlo- el anticristo.


La idea nacional sionista y su secreto.

En efecto, un triunfador que garantice el poder sobre las naciones, tal es el rostro del mesías esperado por los judíos. Estamos ante un plan que nos aleja de manera impresionante de las intenciones de Dios para su pueblo, y asistimos, aterrorizados, a la ejecución de esta intención más que temible para la Cristiandad.
Esto es, en todos sus puntos, conforme a los análisis de los Padres de la Iglesia, a los doctores y teólogos y a lo que han pensado los Papas.
Esto también es explicado por Henri Gougenot des Mousseaux (1805-1876), monarquista legitimista, gentilhombre en la cámara del rey Carlos X, hecho Caballero de la Orden de San Gregorio el Grande por Gregorio XVI, en gratitud por sus escritos, honrado con la cruz de comendador de la orden pontifical de Pio IX, redactó un texto en 1869: “El judío, el judaísmo y la judaización de los pueblos cristianos”, con el fin de advertir a las naciones cristianas de una terrible  y temible amenaza: los sueños quiméricos y las ilusiones nocivas de los sionistas y de los que se han convertido, por ceguera, en sus aliados:

« El objeto de la misión de este mesías, será el de liberar a Israel disperso,  de liberarlos de la cautividad en la cual los fuerzan a gemir las naciones, y de conducirlos a la Tierra santa después de haber derrotado a Gog y Magog. Reedificar Jerusalén y su templo, a establecer y consolidar un reino temporal cuya duración será la del mundo… Todas las naciones serán entonces sujetas a los judíos, y éstos dispondrán a su voluntad de los individuos que las componen y de sus bienes” (…) “Tal es, para los judíos, una de las imágenes de la felicidad prometida bajo el mesías que esperan”. (1)
La idea nacional, después que haya sido edificada -lo que es el caso hoy pues los judíos, empujados y ayudados por un poder satánico, se apoderaron de Jerusalén por las armas- está basada positivamente en la espera de un mesías vengador:

« La creencia del mesías vengador está viva, y está prodigiosamente enraizada en las entrañas de la nación en toda la tierra. Ella es la base de la religión judaica, ella es la última consolación del judío. Toda la religión judía está fundada en LA IDEA NACIONAL;  no hay una aspiración, no hay una pulsación que no sea hacia LA PATRIA…” (2)
La espera del mesías vengador.

Este mesías vengador, mesías judío que funda toda la esperanza del restablecimiento nacional del Estado de Israel en Palestina, territorio conquistado por el crimen, la expoliación y los atentados, no es otro, desde el punto de vista de la Escritura, que la abominable figura de la Bestia del Apocalipsis, el seductor capaz de engañar y enceguecer, incluso a los cristianos, haciéndose pasar por un enviado del Señor:

- « En efecto, aunque la Sagrada Escritura no sea a los ojos del cristiano una tontería absurda y obsoleta, aunque permanezca en él esta creencia indispensable a la civilización de las sociedades humanas: que la Iglesia no puede mentir ni equivocarse, no creamos que el anticristo no es más que una fábula, un mito, un símbolo; recordemos que su reino, terrible y fecundo en revoluciones inicuas, en prodigios de todas clases, es una realidad futura, lo que equivale a decir que es un hecho que está necesariamente en proceso de realizarse, en proceso de llegar por medio de los acontecimientos que, día a día, le construyen.
No olvidemos que este personaje es un dominador tan semejante al que los judíos esperan, que será difícil, imposible a estos ciegos de no equivocarse, pues él lleva en sí la reunión, la síntesis perfecta de todas las aspiraciones anticatólicas que dieciocho siglos de judaísmo atribuyen al liberador futuro de Judá” (3).
¡Todo esto es, desgraciadamente, prodigiosamente profético!


Hay que estar conscientes de este hecho: la reconstrucción nacional de Israel, obtenida por medios tenebrosos, prepara, obra y trabaja para la próxima llegada (si es que no ha llegado aún), del mesías vengador esperado por los judíos, es decir, de aquél que debe convertirse en jefe: ¡el anticristo!


FUENTE: LA QUESTION.-


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Es bastante preocupante entonces que Maximiliano Krah, el cual maneja las finanzas de la FSSPX, sea un indiscutible partidario del Estado sionista de Israel, además de tesorero de la Asociación Alemana Israelí. ¿Por qué los jefes de la FSSPX no han expulsado a este hombre de su influyente puesto, sino que al contrario, expulsaron a Monseñor Williamson por “negacionismo”? ¿Para quién está trabajando verdaderamente el señor Krah? Es un hecho que las finanzas de la FSSPX van viento en popa. Vean si no la nueva Casa de Distrito del Padre Bouchacourt, la nueva Capilla de Madrid, el nuevo Convento de las Siervas de Jesús Sacerdote, el nuevo Seminario de Virginia

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Notas.

1. H.-R. Gougenot des Mousseaux, Le Juif, le Judaïsme et la Judaïsation des peuples chrétiens,Plon, 1869, p. 471.
 2. Ibid., p. 476.
 3. Ibid., p. 485.