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martes, 24 de diciembre de 2013

REFLEXIONES SOBRE LOS ENEMIGOS Y LA MANIOBRA.- POR JEAN VAQUIÉ. PARTE IV.-

LA UBICUIDAD MASÓNICA



Las congregaciones iniciáticas están  a la obra en la Europa cristiana, desde la época del Renacimiento. Es cierto que fueron precedidas, en la Edad Media, por cofradías más o menos esporádicas. Bajo la forma de la masonería actual, ellas operan activamente desde el siglo XVIII. Se considera a las Constituciones de Anderson (1717), que forman la carta de la Gran Logia de Londres, como su acta de nacimiento. Esta logia es la primera de todas en orden cronológico y se convirtió, tanto de hecho como de derecho, en “madre y maestra” de todas las logias masónicas del mundo. Ella representa, para la contra-iglesia, la simetría inversa de la Archibasílica del San Juan de Letrán.

La masonería quiere estar presente en todas partes. Esta ubicuidad es la base de su método de acción exterior. Ella quiere saber todo lo que se dice, participar en todo lo que se decide, colaborar en todo lo que se hace. Ella se mezcla con todas las corrientes, incluso las que nacen sin ella, también a las que se forman contra ella. Pues toda corriente contiene una fuerza utilizable. Ella elige, entre las tendencias que se manifiestan espontáneamente, aquellas que conviene favorecer y las que hay que torpedear a toda costa. Esta infiltración universal es una de las actividades más importantes de la masonería. Es muy difícil escapar pues se realiza por medio de la “influencia personal cuidadosamente cubierta”
   
ASTUCIA Y VIOLENCIA.


La doctrina cristiana, tal cual era enseñada antes de la crisis, nos advertía que el demonio es un ser doble: es mentiroso y homicida. Como mentiroso, será astuto y seductor, como homicida será violento y aterrador. Será a veces cordero y a veces dragón: “Después vi otra bestia que subía de la tierra, que tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero pero que hablaba como el dragón” (Apoc. XIII, 11).
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Esta duplicidad esencial la comunicará en la tierra, a todos los organismos que ha creado para hacer la guerra a Cristo y a los hombres. Es necesario que sepamos identificar, en estos organismos a los cuales estamos necesariamente confrontados, la astucia y la violencia de su amo.
   
Encontramos ministros de su astucia y ministros de su violencia. La Sagrada Escritura nos proporciona dos grupos de dos figuras que nos aclaran el doble comportamiento de los demonios y de sus ministros humanos. Estas dos figuras son Gog y Magog, evocados sobre todo en el libro de Ezequiel y Leviatán y Behemoth en el libro de Job.

1.- Los ministros humanos de la ASTUCIA del demonio pueden ser ubicados bajo el signo de Gog y de Leviatán.

Gog significa « techado » y conviene a todo lo que es cubierto, disimulado y engañoso. Habita los confines del Septentrión, como Lucifer, de quien es figura: “Tu vendrás de tu país, de los confines del septentrión, tu y los pueblos numerosos contigo” (Ez. XXXVIII, 15). Gog es engañoso, ataca a aquellos que están desprevenidos “Dirás, subiré contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que viven en paz y que habitan todas sin muros, y sin tener cerrojos ni puertas” (Ez. XXXVIII, 11).

Leviatán es una bestia marítima que esconde su extraordinario poder bajo encantos cautivadores: “No callaré sus miembros, su fuerza, la armonía de sus proporciones… soberbias son las líneas de sus escamas, como escudos cerrados… sus estornudos son como chispas de fuego, sus ojos como los párpados de la aurora… Su corazón es duro como piedra, duro como la muela inferior…” (Job XLI, 25).

 Todas estas ilusiones con las cuales el Leviatán se rodea, son mentirosas. Son vestigios de su belleza primitiva, vestigios que conserva en su estado caído pues Dios no lo despojó. Son los restos de belleza que pone en evidencia cuando se disfraza de ángel de luz. Tanto los jefes históricos, filósofos, instituciones, incluso naciones, son “gogs” y “Leviatánes”. Hay que saberlos reconocer.

2.- Los ministros de la VIOLENCIA están retratados bajo los rasgos de Magog y Behemoth.
Magog significa « sin techado », es decir, sin disimulo: es el símbolo de la fuerza cínica y brutal.

Behemot es una bestia terrestre como un toro:

“Mira a Behemot, creado por Mí lo mismo que tú. Come hierba como buey; y ve que su fuerza está en los lomos, y su vigor en los músculos de su vientre. Endurece su cola como un cedro; y los nervios de sus muslos son como un solo tejido. Sus huesos son tubos de bronce, sus costillas como planchas de hierro… ¿Le meterás un junco en la nariz, le taladrarás con un gancho la quijada? (Job XL)
   
Es evidente que no existe una separación entre los ministros humanos de la astucia demoniaca y los de la violencia. Son frecuentemente los mismos hombres que ejercen alternativamente los dos ministerios, incluso simultáneamente.

En la guerra, no es posible evitar todos los golpes. Pero hay que evitar las imprudencias. Es una imprudencia acercarse inútilmente a Leviatán o a Behemot, por ejemplo para tratar de discutir o de razonar con uno u otro; no se discute con el demonio ni con los suyos.

Una religiosa de Poitiers, Josefa Menéndez, española de origen, recibió revelaciones de la Santísima Virgen que aclaran este punto:

El demonio es como un perro furioso, pero está encadenado, es decir que solo tiene una cierta libertad. Solo puede tomar y devorar su presa si ésta se le acerca. Y es para apoderarse de ella que su táctica habitual es transformarse en cordero. El alma que no se da cuenta y se acerca poco a poco y no descubre su malicia hasta que se encuentra dentro de su alcance” (Un llamamiento al amor, 13 de abril de 1921).