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sábado, 7 de diciembre de 2013

EL PADRE LE ROUX ACUSA DE SUBVERSIVA A LA RESISTENCIA.-



El P. Le Roux, copiloto de Mons. Fellay


INCREÍBLE CEGUERA Y DESCARO DE UN ACUERDISTA


¿SUBVERSIÓN O TRADICIÓN?
Noviembre 10 de 2013-12-04
Queridos amigos y benefactores,
El hombre que, para muchos, representó el espíritu de la Revolución Francesa en la Iglesia, Talleyrand, no es recordado como un hombre atractivo. Cojeaba, sonreía nerviosamente y casi perpetuamente, se encorvó por su edad y perversidad. El era temido por todos, despreciado por muchos, conocido como un devoto del altar del poder mas que del altar de Dios. Sin embargo, se le conocía como Monseñor de Talleyrand, pues era obispo.


Usando sus métodos, empezando desde sus tiempos hasta la actualidad, los amos de la Revolución han propagado la subversión por todo el mundo, hasta que se volvió parte del aire que respiramos. La subversión impregna toda la sociedad, infiltrando familias e incluso el santuario. Subversión es el arma de la Revolución, el arma del diablo. ¿Necesitamos una prueba? Necesitamos ver no más allá de los años 1960: “No confíes en nadie mayor de 30”, “si se siente bien, hazlo”. Estos y otros slogans escandalosos y satánicos han expresado un odio violento del orden que está por encima del hombre y del cual él no es maestro.
La Revolución institucionaliza el odio a la autoridad, presentándola como el último obstáculo a ser destruido a cualquier precio para establecer el caos revolucionario. Pero ellos la llamaron “libertad”. Sin embargo, la autoridad es necesaria para el completo desarrollo del hombre, el cual podría convertirse en un debilucho sin su poder vigilante que lo cuida y le permite llegar a la madurez de sus poderes de manera segura. Pero sus sombrías sugerencias y medias verdades –repetidas y repetidas y repetidas hasta que toman vida propia- la subversión trabaja para acabar con la autoridad, aprovechándose de nuestra inclinación natural a desobedecer. Poco a poco, la autoridad aparece como el enemigo que desea dañarnos o llevarnos a nuestra derrota.
Más que una técnica, la subversión no es solamente la herramienta, sino el verdadero núcleo de la Revolución. Seamos claros: cuando hablamos de la Revolución, no significa solamente la revolución francesa histórica, significa el rechazo de Dios. La Revolución es, en primer lugar, un rechazo de nuestra filiación de Dios. Siguiendo las huellas de Satanás, el subversivo rechaza la paternidad divina y todas las otras relaciones paternales que se derivan de ésta. Realiza perfectamente el lema, “Ni Dios, ni Maestro”. Destilando este veneno de odio hacia nuestro Padre, y siendo por sí misma un veneno, la subversión lleva a la Revolución y sus seguidores a la condenación: una herramienta del diablo, se come a sus propios hijos tan pronto como los separa de su verdadero Padre…
Por lo tanto la subversión es totalmente opuesta a la Tradición, la cual es esencialmente el culto a Dios Padre. La Tradición reconoce que Dios existe y que es esencialmente El que se revela a Sí mismo como Padre. La autoridad, por consecuencia, es reconocida y respetada como este paternidad divina que guía y protege al hombre.
Algunas veces, cuando la autoridad a cargo deja de ser fiel a su papel de guardián del bien común, los defensores de la Tradición deben recordar a la autoridad su papel e incluso hacerlo públicamente, pero respetando la naturaleza de la autoridad y rechazando los métodos secretos, anónimos y cobardes del subversivo.
Pero esta declaración pública, lejos de ser una reacción reflejo a la autoridad, es un servicio a ella y una defensa de la autoridad. La oposición es solo aparente debido a las circunstancias dramáticas, cuando aquellos que recibieron la autoridad de Dios, están influenciados ellos mismos por los principios revolucionarios.
Entre la subversión y la tradición, la oposición es absoluta y la tradición desaparecería si ella aceptara repentinamente el principio de subversión y sospechara de cualquier forma de autoridad.
Los últimos meses esta sutil tentación de desconfianza en la autoridad ha envenenado las filas de los defensores de la tradición de la Iglesia.
Algunas personas, engañadas por sospechas repetidas y ampliadas por Internet, han contraído un miedo irracional de una supuesta traición, no existente y nunca probada. A pesar de la buena voluntad personal, esas personas, tristemente, hacen el trabajo del diablo. Sus ataques difamatorios, escritos como si tuvieran autoridad y conocimiento “interior” -cuando de hecho, ellos no saben nada y solamente “cortan y pegan” las opiniones de personas como ellos- son sólo herramientas del espíritu de subversión y de revolución. Es tiempo de terminar esta guerra interna suicida, justo cuando un nuevo ataque formal se lleva a cabo en contra del último vestigio de la Tradición en el seno de la Santa Madre Iglesia.
El combate por el honor de Dios y de Su Paternidad debe protegernos de caer en la tentación de abrazar los principios que socavan su honor y su paternidad.
La liturgia de Adviento nos invita a seguir a Nuestra Señora y a San José en el camino que lleva al pesebre. Este camino es de dependencia callada, de simplicidad radiante, de honesta filiación y sumisión humilde a la voluntad de Dios.
Es el camino de conversión, lejos de cualquier camino subversivo.
Oremos por fortaleza para seguirlo con valentía!

In Christo sacerdote et Maria.