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jueves, 19 de abril de 2018

ACUERDISTAS IMPARABLES EN LA NEO-FSSPX




P. MICHEL SIMOULIN : ¿QUIÉN TEME A LAS AVESTRUCES ?


FUENTE (Énfasis con negrita y comentarios en rojo agregados por NP) 


¡No temáis! nos han dicho muchas veces los acuerdistas. La serpiente era más astuta que cualquiera de los animales... Y la serpiente dijo a la mujer: ciertamente no moriréis (Gn 3, 1 y 4). 

En lo esencial, el P. Simoulin pretende que el vicio del miedo no debe obstaculizar los intentos por buscar la regularización de la FSSPX. Toda previsión sobre posibles malos efectos de un acuerdo con Roma apóstata es pecado de miedo. Los valientes se lanzan a la boca de la bestia, los cobardes no se atreven a eso. Sobre la cuestión de los matrimonios, el P. Simoulin sostiene que el que niegue el "derecho" de la Jerarquía modernista a intervenir en los matrimonios de los fieles tradicionalistas, niega que esa Jerarquía posea jurisdicción. 

¿Pero quiénes son los que tienen un miedo desordenado, infundado y pecaminoso en esta situación? Los acuerdistas, que reiteradamente han expresado que temen incurrir en cisma. Los cuerdistas, en efecto, son los que, para lograr que sacerdotes y fieles apoyen el acuerdo traidor, han infundido el miedo al cisma. Cita de Mons. Fellay: ..."hay un riesgo de cisma, de establecimiento de una Iglesia paralela. Yo he evocado este problema con el mismo papa, el papa Francisco, y los dos estamos de acuerdo... He aquí entonces actos planteados, actos jurídicos que son canónicos y que ya están en su sitio y que en mi opinión suprimen la posibilidad de cisma." (Fuente)

Le Seignadou - abril 2018

“Porque nosotros somos hijos de santos y esperamos aquella vida que Dios ha de dar a los que le sirven fielmente” (Tobías II, 18). El gran Tobías expresaba así su orgullo de ser descendiente de los patriarcas de Israel, y su hijo evocaba el mismo orgullo a su esposa Sara: “Pues somos hijos de santos, y no podemos unirnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios” (ibídem VIII, 5).
Sin ninguna pretensión, ¿no tendríamos nosotros el derecho de proclamar lo mismo? Nosotros somos hijos de santos, y nuestros padres se llaman Claude-François Poullart des Places, el P. Liberman, san Pío X, le P. Le Floch, y Mons. Lefebvre… y podríamos añadir a la lista de nuestros venerados padres a Santo Domingo, al P. Calmel, el P. de Chivré, ¡y por qué no a la Madre Hélène y a la Madre Anne-Marie!
Entonces, en nombre de los santos de quienes somos hijos, nosotros también debemos estar orgullosos de nuestros padres, y estar orgullosos de nuestra fidelidad a su memoria y a sus enseñanzas. Orgullosos y confiados en la gracia que nos ha permitido recibir su espíritu... confiados porque la misma gracia asegurará nuestra fidelidad a su memoria y enseñanzas. [Lo mismo pensaba la generalidad de los católicos hasta el Vaticano II] Y, para continuar en las imágenes que guiaron nuestras reflexiones pasadas, diré de nuevo que, si no somos águilas, somos sin embargo sus hijos... ¿aguiluchos quizás? ¡Y es por eso que no tenemos miedo de los avestruces! ¡Las águilas, familiarizadas con las alturas, no tienen miedo! ¡No tenemos miedo de ser comidos por avestruces conciliares porque es bien sabido que las avestruces no comen águilas! Puede suceder que sean malas y discutan entre ellas, pero la mayor parte del tiempo huyen, ¡y sería realmente inapropiado que las águilas escondieran la cabeza en la arena! [Pura presunción. Sobran los ejemplos de "águilas" devoradas por "avestruces" y serpientes conciliares. La bestia conciliar, que -si de analogías se trata- es más parecida a un tiranosaurio que a un avestruz, devora cualquier cosa que se le ponga por delante, como está probado por la historia de esta crisis horrorosa de la Iglesia] 
La verdadera cuestión, de hecho, es si tenemos razones para tener miedo del avestruz, miedo al futuro, miedo a no sostenerse y a desmoronarse, miedo a ser traicionados o llevados a desgracias o traiciones, miedo a ser cómplices de los avestruces... ¡todos absurdos y sin ningún fundamento! ¡Y por eso algunos están inquietos! [como si no existiera el triste precedente de muchos grupos tradicionalistas que terminaron traicionados, traidores o cómplices de la bestia conciliar]
Dom Gérard escribió en “Mañana la Cristiandad” estas reflexiones tan sabias: "El cuerpo necesita virtudes. Pensamos principalmente en aquellas virtudes militares que son virtudes del alma antes de ser virtudes de la guerra. Y quisiéramos también que fueran virtudes religiosas, que florecieran en un universo religioso. ¿Cuáles son? Valor, paciencia, sentido de la justicia, sentido del honor, gusto por el sacrificio. Ahora bien, ¿qué sentimiento se ve que domina tan frecuentemente entre aquellos que deben ser la élite de una nación? Miedo. El miedo a disgustar, el miedo a ser repudiado, el miedo a estar solo. Un religioso de gran mérito, fallecido hace unos años, nos dijo: "Tuve que llegar al final de mi vida para comprender el papel que juega el miedo en la vida de los hombres. (Era el R.P. Calmel)
Contra este miedo que oprime y paraliza, está la oración y está el ejemplo de los santos. Requiere también un amor tierno y viril por Cristo Jesús, una mística sencilla y fuerte como la tierra de Palestina donde nació, algo de crucificado y de vencedor que penetra en lo más profundo del alma y la eleva, si es necesario, hasta los confines de la tierra”.
Debido a la falta de valor, de paciencia, de confianza y quizás de humildad, ¡algunos están asustados y preocupados! Temen que la Fraternidad sea infiel a sus padres, que no sea lo suficientemente fuerte, y se deje seducir por los avestruces conciliares... mientras que ella se ha sostenido antes de ellos y sin ellos durante años, y lo seguirá haciendo con o sin ellos.... [Tamaña presunción...] Hace poco leí unas tristes líneas sobre el "próximo Capítulo General que tendrá lugar en julio de 2018, fuente de gran preocupación".
¡Realmente me pregunto cuáles son los hechos objetivos reales que pueden causar tanta preocupación! [Ceguera increíble] ¡Es posible que algunos se sientan tentados con un acuerdo práctico, pero también creo que otros se sienten tentados por la ruptura con Roma!
En cuanto a mí, que no soy más que un águila tímida [más bien, un perfecto avestruz que se niega a ver la realidad], no soy lo suficientemente inteligente como para ver los peligros allí donde no los hay, y sigo creyendo y refugiándome en la gracia de la Fraternidad y de sus superiores, en la confianza en el Espíritu Santo, que podrá guiar los trabajos de nuestro Capítulo General en fidelidad a nuestros padres, ¡mucho mejor de lo que pudo guiar a los de este Concilio donde no pudo hacerse escuchar a causa del cacareo de los avestruces! [Noten los lectores cómo con eso del "cacareo" y con la figura simpática del avestruz, el P. Simoulin induce a minimizar la maldad de los enemigos internos de la Iglesia] 
Añado, además, que trato de recordar mi catecismo que enseña que en la Iglesia hay tres poderes: el de enseñar, el de gobernar y el de santificar, ¡y que el ejercicio defectuoso de uno de ellos no anula la posibilidad de un ejercicio normal de los otros! [¿Y?]
Sería bueno que nos entendiéramos: cuando hablamos de la Iglesia conciliar, ¿de qué estamos hablando? No de una Iglesia nueva, ¡sino de promotores de una enseñanza infiel y de medios desnaturalizados de santificación! ¡Y eso lo rechazamos! Pero, ¿podemos decir, pensar, imaginar, fingir que el poder de gobernar se ha vuelto conciliar? ¡Eso no tendría sentido! ¿Qué significa esto cuando se trata de autoridad y jurisdicción? [Significa que el poder de gobernar es usado por los herejes conciliares para destruir la Iglesia, como vemos todos los días] Cualquiera que sea la intención de sus poseedores, ¿el poder de gobernar a las almas como tal, en sustancia, se ha visto manchado por los errores del Concilio? [¿Eso hace inofensivo ese poder cuando está en las manos de los modernistas?] ¿Han perdido el Papa, los obispos, los párrocos la autoridad y el poder de presenciar los matrimonios que se celebran en sus parroquias? [¿No hay ningún peligro para los tradicionalistas en eso? ¿Por qué antes la FSSPX no lo permitió? ¿Cambiaron los modernistas o cambió la FSSPX?] ¿Han perdido el de delegar este poder a los sacerdotes de su elección? Y para estos sacerdotes, ¿aceptar ser delegados equivale a adherirse a los errores del Concilio, o incluso a la nueva ley canónica? [La respuesta es: sí en principio, sí en muchos casos. Habría que sugerir a este sacerdote que vuelva a estudiar los principios de la colaboración al mal que se explican en los tratados de teología moral] Hay una confusión aquí, efecto de un espíritu unívoco que me parece muy peligroso, porque negarse a reconocer este poder como se rechazan los errores conciliares, ¡equivaldría a negar que el papa y los obispos todavía lo poseen! [Así que ahora hay que creer que la FSSPX estuvo en falta durante más de 40 años?] ¡Desafortunadamente es posible ser sedevacantista sin saberlo! [Así que la FSSPX era sedevacantista sin saberlo, hasta el acuerdo Vaticano-FSSPX sobre matrimonios del 4 de abril de 2017?] Mons. Lefebvre, y todos nosotros con él, cuestionamos la validez de las sanciones de 1976-1988, pero no la legitimidad de la autoridad "conciliar" que las implementó. [Pero Mons. Lefebvre nunca autorizó la celebración de matrimonios "FSSPX-Novus Ordo" e hizo establecer tribunales de suplencia para las causas matrimoniales de los fieles tradicionalistas. ¿Ya se olvidó usted de eso, Padre? ¿Lo que dijo Mons. Lefebvre en esta carta al Superior General (P. Schmidberger), de 15-I-91; sigue teniendo algún valor para usted, Padre?: "Mientras las autoridades romanas actuales estén imbuidas del ecumenismo y del modernismo y que el conjunto de sus precisiones y el nuevo derecho canónico estén influenciados por estos falsos principios, será preciso instituir autoridades de suplencia, guardando fielmente los principios católicos de la Tradición católica y del Derecho canónico. Es el único medio de permanecer fieles a Nuestro Señor Jesucristo, a los Apóstoles y al depósito de la fe transmitida a sus sucesores que permanecieron fieles hasta el Vaticano II." "Por lo que hace al problema de las comisiones, que hacen en cierta medida suplencia a la defección de las Congregaciones romanas dirigidas por prelados imbuidos de los principios revolucionarios del concilio, me parece que habría que comenzar muy modestamente, según las necesidades que se presenten, y ofrecer esta institución como un servicio para ayudar a los sacerdotes en su ministerio y a las religiosas para los casoso difíciles de resolver, o para las resoluciones que reclaman un poder episcopal de suplencia." (fuente)]
Y nunca supe que "Mons. Lefebvre había rechazado la jurisdicción conciliar con respecto a la consagración de los cuatro obispos". ¿Qué es esta "jurisdicción conciliar"? No tiene sentido. [Sentido: jurisdicción ejercida por los herejes conciliares. Fácil.] ¿Y de qué manera aceptar la autoridad y la jurisdicción de los obispos significaría que nuestros matrimonios se celebran "en el marco del nuevo código" [¿Acaso el sacerdote Novus Ordo que realiza la ceremonia esencial del consentimiento se rige por el código de 1917? ¿Acaso los futuros juicios matrimoniales de fieles de la FSSPX, no deben someterse, a partir del 4-4-17, a los tribunales oficiales modernistas, que se rigen por el código de 1983?], o que predicamos la "teología del cuerpo" como hacen algunos "ralliés"?
Lo más asombroso es que siempre, desde los comienzos de la Fraternidad, hemos aceptado celebrar los sacramentos en las parroquias: bautismos, funerales e incluso matrimonios. [Una cosa es usar un local que está en poder del clero Novus Ordo, y otra muy distinta es hacer una ceremonia conjunta con el clero Novus Ordo o someter a los fieles al poder del clero Novus Ordo, como sucede ahora con los matrimonios en la FSSPX] Esto implicaría que, al menos implícitamente, ¡admitimos la autoridad de los párrocos o de los obispos que nos acogieron! [La FSSPX nunca ha negado que la Jerarquía oficial posea el poder de jurisdicción, pero sí se negó a que esa Jerarquía apóstata, liberal y modernista ejerciera ese poder sobre los matrimonios de los fieles de la Fraternidad] Las nuevas disposiciones hacen explícito este reconocimiento implícito, ¡nada más! [!] ¿Y dónde está la traición? Cuando admitíamos la práctica, ¡no se podía hacer sin admitir implícitamente el principio! ¡Es este mismo principio que algunos rechazan hoy porque su aceptación se ha vuelto explícita! [Una de dos posibilidades en cuanto a apreciación de este problema por parte del P. Simoulin: o carece de honestidad o carece de inteligencia] 
Incluso llegaría a decir que no podemos ponernos bajo una autoridad "conciliar" porque ya estamos allí, como todos en la Iglesia, ¡y más aún la misma Fraternidad está bajo esta autoridad desde el 1 de noviembre de 1970! (¡A menos que se niegue la autoridad "conciliar" de Mons. Charriere, [fundación de la FSSPX] o se admita la legitimidad del acto cometido contra la Fraternidad por la autoridad "conciliar" de Mons. Mamie en 1975! [supresión de la FSSPX] Pero entonces, ¿dónde está la lógica? [¿Y dónde está su lógica, Padre?: ¿por qué usted juzga válida la decisión de Mons. Charriere e inválida la decisión de Mons. Mamie? ¿Por qué es inválida esta última, sino por injusta? ¿Y quién decide sobre la justicia e injusticia y sobre la validez o nulidad de estas decisiones de la Jerarquía conciliar? Pues la misma FSSPX en virtud de un verdadero estado de necesidad]) Omnis potestas a Deo” en la Iglesia como en la ciudad. La autoridad recibida por el Papa, los obispos y los párrocos tiene su fuente en Jesucristo. El poder, la autoridad, la jurisdicción como tal son dados por Dios para el gobierno de la Iglesia, y cada miembro de la Iglesia está necesariamente sujeto a esta autoridad, cualesquiera que sean los defectos de sus poseedores. Si son infieles a su oficio [cosa que sucede desde el Vaticano II] o se niegan a reconocer a sus súbditos y a darles lo que legítimamente piden y les debe ser dado,  [idem] sólo entonces interviene lo que se llama la jurisdicción de suplencia, por la cual la misma autoridad de Jesucristo confiada a Pedro es utilizada.
De hecho, para nosotros, nada ha cambiado desde el 1 de noviembre de 1970, excepto la actitud de Roma, ¡que finalmente considera que nuestros actos son legítimos! [Y la actitud de la FSSPX, que se esfuerza por ser regularizada por Roma apóstata sin previa conversión de ésta] Y me alegra que uno de nuestros superiores haya pensado en recordar a todos el voto que nuestro fundador inscribió en el Capítulo IV de nuestros Estatutos, y del que nunca renegó:La Fraternidad, en sus comienzos, dependerá del obispo del lugar que la erigió en "pía unión" y reconoció sus estatutos, en conformidad con las prescripciones del derecho canónico. Por consiguiente, mientras la Fraternidad sea de estatuto diocesano, los miembros que se destinan al sacerdocio, antes de su compromiso definitivo, deberán estar incardinados en una diócesis, a no ser que un indulto especial concedido por la Sagrada Congregación de los religiosos los autorice a ser incardinados en la Fraternidad. Cuando la Fraternidad tenga casas en diversas diócesis, hará los trámites necesarios para ser de derecho pontificio”. [Como advertimos, ahora la FSSPX pretende que debe buscarse el acuerdo traidor con Roma "en nombre de la virtud de la obediencia y del respeto a la ley"]
De hecho, lo que inspira a aquellos que rechazan este poder, es el miedo a que sea el primer paso para unirse a los errores conciliares, el primer paso hacia un acuerdo práctico que haga caso omiso de estos errores.... Ahora bien, he escudriñado las palabras, los escritos (¡pero no los secretos de los corazones, que nadie conoce!) de nuestros superiores, no encuentro ningún rastro de complacencia hacia los errores del Concilio o los actos que son su traducción pública y oficial, y persisto en mi confianza en su prudencia. [Ceguera simplemente increíble. Padre: lea, por ejemplo, esta selección de citas escandalosas de Mons. Fellay
Algunos temores pueden ser legítimos. ¿Quién puede decir que no está preocupado por el futuro? Ya sea en el mundo, en la Iglesia o en la sociedad, todo se deteriora día a día, y podemos temerlo todo, incluso lo peor. Podemos pensar que viviremos horas terribles -y sin duda este no es el momento de separarnos y dividirnos- pero... tenemos esperanza y confianza en la gracia de Dios que vela por todo y sobre todo.
Antes de ser nuestra victoria, que esta gracia sea nuestro refugio cuando nos invita a vivir situaciones crucificantes.
Crux mihi certa salus, Crux est quam semper adoro;
Crux Domini mecum, Crux mihi refugium.