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martes, 17 de julio de 2018

COMENTARIO ELEISON Número DLXXIV (574) -14 de julio de 2018


Inteligencia Artificial – I
¡Qué tontos son los seres humanos que quieren volver
Las computadoras en Dios! ¡Humanos, despierten!
Parece que actualmente se habla cada vez más de IA, o Inteligencia Artificial. En otras palabras, tanta gente está tan impresionada por el extraordinario progreso realizado en los últimos años en el desarrollo de las computadoras y de las máquinas dirigidas por computadoras, que consideran seriamente la posibilidad de que los robots computarizados se encarguen de cada vez más tareas normalmente humanas e incluso divinas. Cualquiera con un grano de sentido común sabe que hay límites estrictos a lo que las máquinas son capaces de hacer, pero también sabe cómo el sentido común está siendo erosionado hoy por el Nuevo Orden Mundial, que tiene un gran interés en utilizar sus medios de comunicación, la política, la educación, etcétera, para separar cada vez más a la gente de la realidad para que puedan ser más fácilmente controlados. Es hora de repetir algunos conceptos básicos muy simples.
Todos los seres, cualesquiera que sean, caen en una de las seis categorías: bajo Dios el Creador hay cinco rangos ordenados de Sus criaturas: ángeles, seres humanos, animales, vegetales y minerales. Estos cinco rangos son claramente distintos entre sí, aunque los programas de televisión hacen todo lo posible por desdibujar las distinciones, especialmente entre hombres y animales. Pero las distinciones son claras en la realidad. Empezando desde abajo,
El mineral simplemente existe, porque no tiene en su interior ningún principio u origen de vida o movimiento.
El vegetal existe y vive, porque desde dentro, ingiere (por ejemplo, agua), crece y se reproduce.
El animal tiene todas estas tres habilidades dentro de él, pero también siente, en otras palabras, por algunas o todas de las cinco facultades sensoriales (vista, oído, olfato, tacto y gusto), tiene conocimiento sensorial de las cosas fuera de él.
El hombre tiene todas estas habilidades materiales o facultades del animal y vegetal, pero también comparte con los ángeles las facultades espirituales de la mente y de la voluntad, en otras palabras, tiene sentido y razón, es decir, la habilidad de la mente para leer, dentro de las sensaciones particulares, sus esencias universales, y la habilidad de la voluntad para desear de acuerdo con lo que su mente ha leído. Estas dos facultades ningún animal tiene (cuando un animal se comporta con inteligencia aparente, como una abeja por ejemplo, eso es gracias sólo a los instintos animales implantados en él por su Creador supremamente inteligente).
Los ángeles tienen mente y voluntad, pero no las facultades materiales de los animales, porque los ángeles son puramente espirituales. (Las facultades animales del sentido-conocimiento y del sentido-deseo involucran a la materia, ausente en los ángeles).
Ahora bien, lo que es verdaderamente humano, o humano como tal, es lo que los hombres tienen que ni los animales, ni los vegetales, ni los minerales tienen. Pero todas las máquinas son puramente minerales y esencialmente, por su esencia, inanimadas. En su forma más complicada todavía no tienen ningún principio u origen de vida o movimiento desde su interior. Cualquier movimiento de ellas por la electricidad, por ejemplo, es desde fuera. De ello se deduce que las computadoras no tienen ninguna comprensión interna de ninguna actividad verdaderamente humana, que, como humana, se les escapa por completo. Todo lo que pueden hacer es registrar desde fuera lo que es observable y computable en el comportamiento de las personas, y producir estadísticas y hojas de cálculo, es decir, números, en los que son buenas. Pero Churchill dijo –no era un santo, sino un político humano – “Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas”. ¿Y por qué mienten las estadísticas, si no es porque lo esencialmente humano se les escapa?
He aquí un ejemplo. En Nueva York, tal vez hace 15 años, un grupo de expertos en computación creó una computadora, Deep Blue, para jugar ajedrez contra Kasparov, el campeón mundial de ajedrez. Ahora bien, si hay un juego adecuado para las computadoras es el ajedrez, porque si sólo una puede procesar miles de millones de movimientos alternativos en unos pocos minutos, o segundos, puede llegar a la mejor jugada que no deja nada al azar. ¿Adivinen qué? ¡Después de unos cuantos juegos, los expertos tuvieron que reiniciar la computadora para responder a la forma en que Kasparov estaba jugando! Las computadoras no tienen vida interior ni iniciativa, no pueden pensar fuera de la caja programada en ellas, no pueden responder a ninguna eventualidad fuera de su caja. ¡Juego, set y partido a los seres humanos!
Kyrie eleison.