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domingo, 23 de noviembre de 2014

R.P. TRINCADO - SERMÓN EN EL ÚLTIMO DOMINGO DE PENTECOSTÉS




El Evangelio de hoy trae la mayor parte del llamado “Discurso Escatológico” de nuestro Señor. “Escatología” significa, etimológicamente, estudio de lo último. Se denominan “escatológicos” los sucesos finales de la historia del mundo. Estas palabras de Cristo están en estrecha relación con el libro del Apocalipsis. 
Dado el estilo simbólico que caracteriza la redacción de los pasajes escatológicos de la Escritura (del Apocalipsis en particular), respecto de la interpretación de los mismos se da una gran variedad de pareceres y, por lo mismo, una igualmente grande confrontación de opiniones, muchas veces apasionada y violenta, causa de no poca confusión en las almas de los fieles. 
Monseñor Straubinger, en su excelente versión de la Biblia, dice (las citas siguientes están extractadas) que la Venida de Cristo es un misterio y sólo Dios sabe cómo se han de realizar las señales anunciadas. En muchos otros pasajes se dice que Cristo vendrá como un ladrón, lo cual no se refiere a la muerte de cada uno sino a su Parusía (segunda venida). ¿Esa dificultad nos debe llevar a evitar lo escatológico? No: la prudencia cristiana no está en desentenderse de estos grandes misterios -agrega Mons. Straubinger-, sino en prestar la debida atención a las señales que Él bondadosamente nos anticipa, tanto más cuanto que el supremo acontecimiento (la Parusía) puede sorprendernos en un instante, menos previsible que el momento de la muerte.

Es necesario mantener, entonces, un equilibrio o justo medio entre esa desordenada tendencia a esquivar las profecías escatológicas y esa también desordenada “ansiedad apocalíptica” de los que en estas cosas, pretenciosamente, tienen sus propias opiniones como verdades ciertas e indiscutibles, y están siempre listos a anatematizar a los de distinto parecer. Bueno sería tener más presente que in dubiis libertas: en lo dudoso, libertad. 
Mons. Straubinger explica que en este discurso de Cristo se entrelazan dos acontecimientos: la destrucción de Jerusalén y la segunda venida del Señor. Y agrega: no es necesario que todos los fenómenos anunciados en este discurso de realicen juntos y en un futuro más o menos lejano. Algunos de ellos pueden haberse cumplido ya, especialmente teniendo en cuenta el carácter metafórico de muchas expresiones de estilo apocalíptico. Y dice también: Por su parte, San Agustín señala cuatro sucesos como ligados indisolublemente: la Venida de Elías, la conversión de los judíos, la persecución del Anticristo y la Parusía o segunda venida de Cristo.
 En relación con esto último, es posible afirmar que, según las Escrituras, antes de la Segunda Venida de N. S. Jesucristo, deben tener lugar los siguientes cinco acontecimientos:
Se predique el Evangelio por toda la tierra.
Se produzca la apostasía general.
Venga Elías a restaurar la Iglesia.
Se conviertan los judíos.
Venga el Anticristo a perseguir a la Iglesia.
1. Se predique el Evangelio en toda la tierra. Y este Evangelio del Reino será proclamado en el mundo entero, como testimonio para todos los pueblos, y entonces vendrá el fin (Mt 24, 14). Lo más probable es que esto esté cumplido. Es lo que literalmente se lee en Colosenses 1, 6 y 23 y en Romanos 10, 18. No obstante, se dice que hay todavía ciertos lugares en el mundo a los que nunca habrían llegado los misioneros, como algunas regiones de China.
2. Se produzca la apostasía general. Con respecto a la parusía… primero debe venir la apostasía (2Tes 2, 1 y 3). La apostasía es el abandono de la fe católica. Dice Mons. Straubinger: nadie niega que la apostasía ha comenzado ya.
3. Venga Elías y restaure la Iglesia. Elías vendrá ciertamente y restaurará todo, dice Nuestro Señor (Mt 17, 11; ver también Mal 4, 5-6).
4. Se conviertan los judíos. No quiero que ignoréis este misterio… el endurecimiento ha venido sobre una parte de Israel hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11, 25-26). Al respecto comenta Mons. Straubinger que la “plenitud de los gentiles” significa un número prodigioso de gentiles (es decir, de no judíos) que Dios ha resuelto llamar a la fe antes de la última conversión de los judíos, con la cual termina el tiempo de los gentiles. Los siglos destinados para su conversión llegará a su fin y entonces sonara la hora para los judíos. Y sobre la frase “todo Israel”: aquí en el sentido propio, Israel según la carne.
5. Venga el Anticristo a perseguir a la Iglesia. Con respecto a la parusía… primero debe manifestarse el hombre de iniquidad, el hijo de perdición (2Tes 2, 1 y 3; también Apoc 13). Sobre este pasaje Mons. Straubinger dice: es creencia general que se trata del Anticristo.
Ahora bien, a estos cinco acontecimientos previos a la Parusía profetizados en la Revelación Pública es posible agregar a lo menos estos otros dos que conocemos por revelaciones privadas:
1.- El triunfo del Corazón Inmaculado. Dijo Nuestra Señora en Fátima: Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será dado al mundo un tiempo de paz. Si el triunfo del Corazón Inmaculado nos traerá la paz por un cierto tiempo, él no puede coincidir con la Parusía, puesto que ésta nos traerá la paz para siempre. Luego, es claro que el triunfo del Corazón Inmaculado tendrá lugar antes de la segunda venida de Cristo.
2.- El gran castigo de los Tres Días de Tinieblas. De todas las profecías escatológicas que conocemos por medio de revelaciones privadas creíbles, ésta es la más reiterada. Es más: hay decenas de pasajes de la Biblia que en su sentido literal se refieren a un acontecimiento de esas características. [Nota del blog: ver acá]
Estimados fieles: nuestra actitud debe ser la esperar con caridad la venida de nuestro Señor, suceda cuando suceda, esforzándonos en ser fieles a Dios cada día, en cumplir su voluntad siempre y en todo, en mantener nuestras almas en gracia de Dios, en amarlo cada vez más. Huyamos de las disputas inútiles y no aspiremos a tener seguridades o certezas respecto de las verdades ocultas que nos superan. La Epístola de hoy da la respuesta ante la angustia que lo escatológico puede provocar en ciertos corazones, pues nos habla de lo esencial, de lo “único necesario” (Lc 10, 42), de lo que debe constituir nuestra permanente actitud de fondo, de lo que Dios quiere ver en nuestras almas: Hermanos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar para que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos en todo poder que es según la potencia de su gloria, para obrar con toda paciencia y perseverancia, con gozo; dando gracias al Padre que nos hizo dignos de participar en la herencia de los santos en luz; que nos libró de la potestad de las tinieblas y nos trasladó al Reino de su amado Hijo, en el cual tenemos la redención por su sangre, el perdón de los pecados.