English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

sábado, 22 de noviembre de 2014

MONS. FELLAY: CARTA A LOS AMIGOS Y BIENHECHORES N° 83

Carta a los Amigos y Bienhechores n° 83



NOTA: nuestros comentarios aparecen en color rojo.

21-11-2014

Resumen: Mientras el estado de la Iglesia continúa deteriorándose, Mons. Fellay recuerda la visión casi profética que el futuro Benedicto XVI tenía del futuro de la Iglesia, hace ya 17 años.

En medio de este desastre, la Fraternidad continúa desarrollándose y trabajando por la santificación de las almas, prestando atención especial a la familia cristiana, a los colegios católicos, a los ejercicios espirituales de San Ignacio y por sobre todo a la formación y santificación de los sacerdotes.

Queridos amigos y bienhechores,

Hace ya 17 años, el futuro Benedicto XVI presentaba su visión del futuro de la Iglesia: entonces parecía muy pesimista. Preveía una tal fragmentación del Cuerpo Místico que quedaría reducido a un conjunto de pequeños grupos aún vivos, pero en medio de una decadencia generalizada.

“Tal vez debemos decir adiós a la idea de una Iglesia que reúne a todos los pueblos. Puede ser que estemos en medio de una nueva era de la historia de la Iglesia, constituida de un modo totalmente diferente, donde el cristianismo existirá más bien bajo el signo del grano de mostaza, en pequeños grupos aparentemente sin importancia, pero que vivirán intensamente para luchar contra el mal y sembrar el bien en el mundo…” [1]

“Se parecerá menos a las grandes sociedades, será más bien la Iglesia de las minorías, se perpetuará en los pequeños círculos vivos, donde gente convencida y creyente actuará según su fe. Pero es precisamente de ese modo que volverá a ser, como dice la Biblia, «la sal de la tierra»” [2]. 

¿Mons. fellay no tiene nada que decir acerca de la responsabilidad del mismo Ratzinger en esta crisis? ¿Él es sólo un "buen profeta"?

Visión desastrosa del futuro de la Iglesia

¿Esta visión es fruto de la sagacidad personal del cardenal Josef Ratzinger, o se inspira en otra fuente, como el secreto de Fátima? Sólo él puede saberlo. De todos modos, gradualmente y sobre todo después del Concilio, aunque "estamos de acuerdo con el 95% de él"..., asistimos a la lenta desaparición de la Iglesia tal como se presentó durante al menos 1.500 años, es decir como una sociedad que impregnó profundamente toda la vida humana y todo el cuerpo social, procurando formar un todo profundamente armonioso con lo temporal, incluso si el poder temporal a menudo trató de avanzar sobre el poder espiritual de la Iglesia. Desde la Revolución francesa estamos viendo no solamente la desaparición de los dos poderes, sino también una voluntad incesante de combatir y de reducir la influencia tan beneficiosa de la Iglesia sobre la sociedad humana. ¿"Influencia beneficiosa de la Iglesia sobre la sociedad humana"? ¿Así que la Iglesia es sólo eso, un beneficioso complemento de la sociedad civil? Es lo que Mons. Fellay da a entender, y ésta es una concepción típicamente liberal. Los antiliberales, por el contrario, sostienen que la Iglesia es el alma de la sociedad civil (como enseña León XIII en "Libertas"), no un mero aditamento últil. Compárese el modo ambiguo con que Mons. Fellay se expresa acerca de la relación entre la Iglesia y la sociedad civil, con estas contundentes palabras del P. Philippe en su "Catecismo de la Realeza Social de Jesucristo": "la consecuencia inmediata de la condición creada de toda sociedad es la dependencia necesaria, absoluta, completa, de toda sociedad y de todo orden social establecido, como de todo orden social posible, respecto de Dios. (...) Todo lo que existe fuera de Él, ha sido creado por El y depende de Él con una dependencia suprema y absoluta. Él es el único que tiene autoridad y poder enteros sobre todas las cosas. No sólo todo depende de Él, sino que todo debe volver a Él como a su único fin último. En pocas palabras, todas las Sociedades, Naciones y Estados deben ordenarse a Él como a su Creador y Fin Supremo". Desde el postconcilio, con la disminución espantosa del número de las vocaciones sacerdotales, con la pérdida de cientos de miles de religiosos y religiosas que habían entregado su vida por Dios y el prójimo, esta presencia de la Iglesia en los colegios, en los hospitales, en la vida social y política, prácticamente ha desaparecido. De nuevo: la Iglesia es una gran organización de beneficencia, la más importante de todas, pero no más que eso... No se toma ninguna medida seria para frenar esta desaparición catastrófica de la Iglesia de la sociedad. Nuevamente: según Monseñor Fellay, la catástrofe consiste en el daño que sufre la sociedad civil por el retroceso de la Iglesia, no la misma autodemolición de la Iglesia. Ha quedado reducida a la sacristía. Y lo que es aún peor, en los países donde la Iglesia había prodigado sus beneficios Idem..., en países que antaño se llamaban cristianos, incluso las iglesias y las sacristías están vacías… Ya no estamos tan lejos de la visión casi profética del cardenal Ratzinger.

Pero a estos elementos exteriores se agregan otros, propios de la vida interna de la Iglesia. Son las señales de una debilidad ante un enemigo ya no exterior, sino a partir de ahora interior. ¿Recién "ahora"? Llevamos más de 50 años con ese problema, Monseñor, con una quinta columna de herejes modernistas que usurpan la Jerarquía... Se disuelven cada vez más claramente la unidad de la fe y la unidad de gobierno en la santa Iglesia; en cuanto a la unidad litúrgica, con las aperturas realizadas por la nueva misa en la dirección a la “creatividad”, sobre todo con la multiplicación de las oraciones eucarísticas, hace ya tiempo que voló en mil pedazos. Nótese el cuidado excesivo que tiene el Obispo cuando se refiere a la misa nueva. Es que él mismo la ha llamado "legítima" y por eso ahora no puede denominarla, "rito bastardo", como con precisión y con auténtico celo de Dios dijo Mons. Lefebvre. En lo referente a la moral, el último Sínodo sobre la familia es una trágica manifestación de la proliferación de opiniones contradictorias que reina en este ámbito, y que la autoridad parece ya no poder contener, cuando no es ella misma la que las favorece… Tibio comentario.

En medio de este desastre, señalado por muchos observadores, nadie duda que nuestra modesta Fraternidad aparece como “un pequeño grupo aparentemente sin importancia, pero que vive intensamente para luchar contra el mal y sembrar el bien en el mundo…” Cada vez menos y hasta que Monseñor  Fellay la termine de hundir. Si por una parte nos duele profundamente ver a la Iglesia desfigurada, por otra, cantamos todos los días el Magnificat por las maravillas que el Todopoderoso nos permite realizar todavía. Luego, según Monseñor, no hay dos iglesias: la "iglesia conciliar" y la Iglesia Católica. No hay una "iglesia" falsa que es como un parásito y un tumor maligno en otra que es la Iglesia verdadera. No hay una Iglesia desfigurada y otra "iglesia" desfigurante. No hay una Iglesia que debe ser amada y defendida y otra "iglesia" que deber ser aborrecida y combatida. Y por eso busca el acuerdo con Roma...

Leer el resto de la carta acá.