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lunes, 18 de enero de 2016

ECLESIAVACANTISMO Parte 2


ECLESIAVACANTISMO

Parte 2

8.- Estas palabras de Mons. Lefebvre: “De ahora en adelante, es a la iglesia conciliar a quien hay que obedecer y ser fiel, ya no a la Iglesia Católica. (…) Nosotros estamos suspendidos a divinis por la iglesia conciliar, y para la iglesia conciliar, de la cual nosotros no queremos formar parte. Esta iglesia conciliar es una iglesia cismática, porque ella rompe con la Iglesia católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto (…) La iglesia que afirma semejantes errores, es a la vez cismática y herética. Esta iglesia conciliar no es, por lo tanto, católica. En la medida en que el papa, los obispos, sacerdotes o fieles se adhieran a esta nueva iglesia, ellos se separan de la Iglesia católica. La iglesia de hoy no es la verdadera Iglesia más que en la medida que ella continúe en unidad con la Iglesia de ayer y de siempre”. (Carta de Mons. Lefebvre en Le Sel de la Terre 36).
Respuesta: Dice Mons. Tissier en Le Sel de la Terre nº 85 que Mons. Lefebvre “parece admitir la transmutación de la Iglesia católica en la iglesia conciliar. (…) El texto de Monseñor Lefebvre debe ser entendido con esta precisión: es en la medida que los conciliares se adhieren exclusivamente a los fines profanadores mencionados, que ellos salen de la Iglesia católica. Y de esta medida, nosotros no somos jueces.”

9.- Las palabras de Mons. Lefebvre en la famosa Declaración del 21 de noviembre de 1974: “Nos adherimos de todo corazón, con toda el alma a la Roma católica, guardiana de la Fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esa Fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad. En cambio, nos negamos (como nos hemos negado siempre) a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante, que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II, y después del Concilio, en todas la reformas que de él surgieron.” Luego, hay dos Romas, la Iglesia Católica y la “iglesia conciliar”, y  existen separadas.
Respuesta: Mons. Lefebvre distingue ambas Romas o iglesias, pero no las considera como existiendo separadas la una de la otra. Por eso dice más adelante en la misma declaración, que “ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada Jerarquía, puede obligarnos a abandonar o disminuir nuestra Fe católica”. En estas palabras hay un reconocimiento de la autoridad de la Jerarquía oficial. Y agrega: “¿No es eso lo que hoy en día nos repite el Santo Padre? Y si manifestase cierta contradicción en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los dicasterios, entonces optamos por lo que siempre se ha enseñado y hacemos oídos sordos a las novedades destructoras de la Iglesia (…) proseguimos nuestra obra (…) persuadidos de que podemos rendir mejor servicio a la Santa Iglesia Católica, al Sumo Pontífice y a las generaciones futuras.” Reconoce acá al Papa en cuanto tal y a los dicasterios romanos como formando parte de la Iglesia.

10.-  Estas otras palabras de Mons. Lefebvre: “Yo digo: Roma ha perdido la fe, queridos amigos. Roma está en la apostasía.  ¡No estoy hablando palabras vacías! ¡Esa es la verdad! ¡Roma está en la apostasía! Ya no podemos tener confianza en esa gente. ¡Ellos abandonaron la Iglesia! ¡Ellos abandonaron la Iglesia! Es cierto, cierto. No podemos entendernos. Es eso, les aseguro, es la síntesis. No podemos seguir a esa gente. Verdaderamente  nos enfrentamos a gente que ya no tiene el espíritu católico, que ya no tienen el espíritu católico. Es la abominación, verdaderamente la abominación. Podemos decir que estas personas que ocupan Roma actualmente son anticristos.” (Conferencia en Ecône, 4-9-1987).
Respuesta: Si Mons. Lefebvre realmente hubiera juzgado que Roma se encuentra fuera de la Iglesia, ni habría firmado el protocolo de acuerdo con Roma ocho meses después (mayo de 1988), ni habría dicho, al poco tiempo, estas otras palabras, entre muchos otros ejemplos posibles: (…) “suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones.” (…) (Fideliter 66, 1988).  “Durante los últimos contactos que tuve en Roma, varias veces quise sondear sus intenciones, medir si verdaderamente había un cambio verdadero. (…) Si fui a discutir en Roma es porque yo quería ver si podía llegar a un acuerdo con las autoridades de la Iglesia.” (…) (Fideliter 68, 1989).

11.- Lo dicho por Mons. Lefebvre en el retiro de 9-9-1989: “Creo que es necesario convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica. No que no haya Iglesia fuera de nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy, muy grave. ¿Dónde está la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica. Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos? Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.(…) ¿Dónde está la unidad de la fe en Roma? ¿Dónde está la unidad de la fe en el mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos. (…) Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente. (…) No hay más catolicidad. ¿La apostolicidad? Rompieron con el pasado. Si hicieron algo bien, es eso. (…) La apostolicidad: nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. (…) En cuanto a la apostolicidad de la fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada. Y luego, la santidad. (…) Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible. Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias a ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros. No hay ya en ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe la que es la base de toda visibilidad de la Iglesia. (…) Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro (…)”. (Retiro Sacerdotal en Ecône, 9-9-1988, Fideliter 66). Luego, si las notas no existen más en lo que la gente llama “Iglesia Católica”, la cual, en realidad, es la “iglesia conciliar” impostora; y sí existen esas notas en nosotros los tradicionalistas; resulta que esa supuesta “Iglesia Católica” no es tal, y que nosotros los tradicionalistas somos la verdadera Iglesia Católica.
Respuesta: 1° Mons. Lefebvre también dice ahí: “No que no haya Iglesia fuera de nosotros”. Es decir, las notas subsisten fuera del tradicionalismo. ¿Dónde? En la estructura oficial -¿dónde si no?- aunque muy disminuidas por causa del modernismo. 2° Dice también: (las notas de la Iglesia) “Están ¿más en la Iglesia oficial o en nosotros (…)? La pregunta es un reconocimiento de que las notas están en la Iglesia oficial y en nosotros, aunque de modo desigual: menos la Iglesia oficial y más en nosotros. 3° Y por eso hacia el final agrega: “Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro”.

12.- Otras citas de Mons. Lefebvre que algunos interpretan en sentido eclesiavacantista:

a) “Que no se equivoquen, no se trata de un desacuerdo entre Monseñor Lefebvre y el Papa Pablo VI. Se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia Católica y la Iglesia conciliar, representando la misa de Pablo VI el símbolo y el programa de la Iglesia conciliar.” (Nota preliminar de Mons. Lefebvre, 12-7-1976).

b) “Todos aquellos que cooperan a la aplicación de esta alteración, los que aceptan y se adhieren a esta nueva iglesia conciliar como la designó Su Excelencia Monseñor Benelli en la carta que me dirigió en nombre del Santo Padre, el 25 de junio pasado, entran en cisma.” (Declaración a Le Figaro, 4-8-1976).

c) “Debemos reunirnos en todas partes donde haya grupos de cristianos que todavía creen en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, en su realeza, y que tienen el amor en su corazón, el amor que la Santísima Virgen tiene por su Hijo Jesús. Pues bien, aquellos que tienen este amor, son ellos los que son la Iglesia. Son ellos. No son los que destruyen el reino de Nuestro Señor. ¡Esto hay que decirlo abiertamente! Somos nosotros quienes somos la Iglesia católica. Son ellos los que se separan de la Iglesia católica. No somos nosotros los que hacemos cisma.” (Homilía en Ecône, 28-8-1976).

d) “Yo creo que nosotros estamos en la Iglesia, y que nosotros somos los que estamos en la Iglesia y que somos los verdaderos hijos de la Iglesia; y que los otros no lo son. Ellos no lo son porque el liberalismo no es hijo de la Iglesia, el liberalismo está contra la iglesia, el liberalismo es la destrucción de la Iglesia. En este sentido ellos no pueden decirse hijos de la Iglesia. Nosotros podemos decirnos hijos de la Iglesia porque continuamos la doctrina de la Iglesia, nosotros mantenemos toda la verdad de la Iglesia, integralmente, tal como la Iglesia la enseñó siempre” (Conferencia en Ecône, 21-12-1984).

e) “El cardenal Ratzinger se esfuerza una vez más en dogmatizar el Vaticano II. Nos enfrentamos a personas que no tienen ninguna noción de la Verdad. Estaremos cada vez más forzados a actuar considerando esta nueva iglesia conciliar como ya no católica.” (Carta a Jean Madiran, 29-1-1986).

f) “Son ellos que hacen otra iglesia. (…) El cardenal nos lo ha recordado no sé cuántas veces: ¡No hay más que una Iglesia!... ¡No es necesario hacer una Iglesia paralela! Entonces esta iglesia, evidentemente, es la iglesia del concilio. (…) Entonces son ellos que hacen una iglesia paralela, no nosotros”. (Conferencia en Ecône, 9-6-1988).

g) “Evidentemente nosotros estamos contra la iglesia conciliar que es prácticamente cismática, incluso si ellos no lo aceptan. En la práctica, es una iglesia virtualmente excomulgada, porque es una iglesia modernista.” (Fideliter 70, 1989).

h)  “Meterse al interior de la Iglesia ¿qué quiere decir? Y por principio, ¿de qué Iglesia hablamos? Si es de la Iglesia conciliar, haría falta que nosotros, que hemos luchado contra ella durante veinte años porque queremos a la Iglesia Católica, entremos en esta iglesia conciliar supuestamente para volverla católica. Es una ilusión total. (…) Fideliter. ¿No teme que a la larga y cuando Dios le haya llamado a Sí, poco a poco la separación se acentúe y que se tenga la impresión de una Iglesia paralela a lo que algunos llaman la “Iglesia visible”? Monseñor. Esta historia de la Iglesia visible de Dom Gérard y M. Madiran es infantil. Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible para designar a la Iglesia conciliar por oposición a la Iglesia católica que intentamos representar y continuar. Yo no digo que somos la Iglesia católica. No lo he dicho nunca. Nadie puede reprocharme de haber querido nunca considerarme un papa. Pero representamos verdaderamente a la Iglesia católica tal como era en todo tiempo puesto que continuamos lo que ella siempre ha hecho. Somos nosotros los que posemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, catolicidad, apostolicidad, santidad. Es esto lo que constituye la Iglesia visible.” (Fideliter 70, 1989).

i) Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una nueva iglesia que ellos llaman “la iglesia conciliar”. (…) Todos lo que cooperan en la aplicación de esta alteración, aceptan y se adhieren a esta nueva iglesia conciliar (…) entran en el cisma. ("Un Obispo Habla", págs. 97 y 98).

Respuesta: el pensamiento de Mons. Lefebvre acerca de la Iglesia está expresado en términos muy precisos en su último libro, “Itinerario Espiritual” (1990). Cita esclarecedora del capítulo 8, “La Iglesia”: “Así como el Israel del Antiguo Testamento tuvo una historia muy turbulenta por sus continuas infidelidades con Dios, muchas veces debidas a sus jefes y a sus levitas, así también la Iglesia militante en este mundo conoce sin cesar períodos de pruebas por causa de la infidelidad de sus clérigos, por sus compromisos con el mundo. Cuanto de más arriba vienen los escándalos, tantos más desastres provocan. Cierto es que la Iglesia en sí misma conserva toda su santidad y sus fuentes de santificación, pero la ocupación de sus instituciones por papas infieles, y por obispos apóstatas, arruina la fe de los clérigos y de los fieles, esteriliza los instrumentos de la gracia, favorece los asaltos de todas las potencias del Infierno, que parecen triunfar. Esta apostasía convierte a estos miembros en adúlteros, en cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia y, por lo tanto, con la Iglesia de hoy, en la medida en que permanece fiel a la Iglesia de Nuestro Señor. (…) Cuanto más ultrajada está la Iglesia, tanto más debemos aferrarnos a Ella, en cuerpo y alma, y esforzarnos por defenderla y asegurarle su continuidad, valiéndonos de sus tesoros de santidad para reconstruir la Cristiandad". 
Un Sacerdote de la SAJM

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