English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

martes, 22 de octubre de 2013

SERMÓN DEL DOMINGO XXII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. R.P. RENÉ TRINCADO.-



General Enrique Gorostieta


Y dijo Nuestro Señor Jesús: «Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios»

Cristo es Rey no sólo de la patria celestial, sino también de la patria terrena. Por eso el patriotismo es una virtud querida por Cristo y fomentada por la Iglesia Católica. Las patrias nos han sido dadas por Dios, son un regalo de Dios; y Él quiere que la tierra donde hemos nacido nos sea más amada que las otras. El amor a la patria es un deber sagrado para los católicos, por lo que no se concibe un buen católico que no sea, al mismo tiempo, un verdadero patriota. Y si alguien se dice católico pero no ama a su Patria, es más mentiroso y traidor que católico.

El deber de ser patriotas se deriva del Cuarto Mandamiento y en estas palabras Cristo nos lo impera: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Esta frase de Cristo no significa la separación de la Iglesia y del Estado, como hemos oído hasta el hartazgo y quieren los masones, los católicos liberales y los demás enemigos de Cristo. En este país, por ejemplo, hace más de un siglo y medio que se produjo el impío divorcio entre Iglesia y Estado, y en todo el mundo los desastrosos resultados de ese rompimiento están a la vista. Es que el demonio busca separar lo que Dios la unido y unir lo que Dios ha separado. La doctrina masónica de la separación de Iglesia y Estado ha sido claramente condenada por el Magisterio Infalible; sin embargo, los Papas modernistas y toda la Jerarquía de la Iglesia, desde desastroso Vaticano II, la enseñan como si fuera una verdad católica. Benedicto XVI dijo de la separación del Iglesia y Estado, en cierta ocasión, que “es un gran progreso de la humanidad”. Francisco va exactamente por el mismo camino infernal.

En el plano de los principios y haciendo abstracción de la actual crisis de la Iglesia, se debe decir que el Estado no puede estar separado de la Iglesia, no puede ser independiente de la Iglesia. El Estado debe estar unido y sometido a la Iglesia, como el cuerpo al alma, y lo más bajo a lo más elevado. ¿Por qué? Porque los Estados también son de Dios. ¿Hay algo que no sea de Dios? Dad a Dios lo que es de Dios: dad todos los hombres y todos los Estados a Dios.

Y dad al César lo que es del César. El César significa el poder terreno, la potestad del Estado. ¿Qué debemos darle? Servicio material, impuestos, respeto y obediencia en todos los asuntos en que tiene derecho a exigirla. El César también significa la Patria terrena, y a ella se le debe amor. Cuando el César, como poder terrenal, se opone a Dios, lo que se le debe es resistencia y combate. Nadie puede ser neutral en la confrontación entre un Gobierno y Dios. En tal caso el Gobierno debe ser combatido y Dios debe ser defendido, incluso por las armas, como en la guerra de los Cristeros. Tal combate en contra del César es en defensa de Cristo, de su supremo derecho de dominio, y también en defensa de la Patria, porque ella no debe estar sometida al yugo diabólico, sino al yugo suave de Cristo Rey.

Pero cedamos la palabra a uno que comprendió, como pocos, qué es eso de dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César: el General Gorostieta, ese gran defensor de los derechos de Dios contra el César masónico en la guerra cristera. Para nosotros esta carta resulta de gran interés, pues en ella se habla de esos infaltables Obispos y Sacerdotes traidores que, con ilusiones de una paz que es según el mundo, o bajo el pretexto de la paz, terminan ocasionando la derrota de los que cumplen con el sagrado deber de combatir por la paz de Cristo.

Desde que comenzó nuestra lucha -dice el General- no ha dejado de ocuparse… la prensa… de posibles arreglos entre el… gobierno y algún miembro…. del Episcopado mexicano, para terminar con el problema religioso. Siempre que tal noticia ha aparecido, han sentido los cristeros en lucha que un escalofrío de muerte los invade, peor mil veces que todos los peligros que se han decidido a arrostrar...
Si los obispos al tratar con el gobierno desaprueban nuestra actitud… y tratan de dar solución al conflicto independientemente de lo que nosotros anhelamos, y sin dar oídos al clamor de una enorme multitud que tiene todos sus intereses y sus ideales jugándose en la lucha; si se olvidan de nuestros muertos, si no se toman en consideración nuestros miles de viudas y huérfanos, entonces levantaremos airados nuestra voz y… rechazaremos tal actitud como indigna y como traidora …
Lo que nos hace falta en fuerza material no lo pedimos al Episcopado, lo obtendremos por nuestro esfuerzo; sí pedimos al Episcopado fuerza moral que nos haría omnipotentes y está en sus manos dárnosla, con sólo unificar su criterio y orientar a nuestro pueblo para que cumpla con su deber, aconsejándole una actitud digna y viril propia de cristianos…
Creo es mi deber declarar de una manera enfática y categórica que el principal problema que hayamos tenido que afrontar los directores de este movimiento no sea el de los pertrechos. El principal problema ha sido y sigue siendo eludir la acción nociva y fatal que en el ánimo del pueblo provocan los actos constantes de nuestros obispos y… algunos señores curas y presbíteros…  Nosotros hubiéramos contado con pertrechos y contingentes abundantísimos si en vez de cinco estados de la Republica hubieran respondido al grito de muerte lanzado por la patria treinta o más diócesis. El… poder del tirano… hubiera caído hecho añicos al primer golpe de maza… (si) los Príncipes de nuestra Iglesia hubieran estado de acuerdo únicamente para declarar que: ‘La defensa es lícita y en su caso obligatoria…’.
 Aún es tiempo de que, enseñándonos el camino del deber y dando pruebas de virilidad, se pongan francamente en esta lucha del lado de la dignidad y del decoro. (extracto de la carta del General Gorostieta al Episcopado Mexicano sobre "Los Arreglos" de paz (16-5-1929).

Estimados fieles: aprendamos del brillante ejemplo del general Gorostieta y de todos los cristeros, a amar resueltamente a Dios y a la Patria. Dad a Dios lo que es de Dios: esforcémonos por amar ardentísimamente a Cristo y mantengamos el puesto de combate que tenemos en esta trinchera llamada “Resistencia”: Dios nos tiene en ella para rechazar todo “arreglo” o acuerdo con los liberales y modernistas demoledores de la Iglesia. La fe no se negocia. Dad al César lo que es del César: hoy no se nos exige empuñar las armas, aunque quizá sí mañana; pero todos podemos hacer, cada día, y sin gran esfuerzo, una gran obra de patriotismo, de verdadero y santo amor a la Patria. ¿Cuál? Pues poner todos los días a la Patria en las manos de Dios, poniéndola en las manos santísimas y purísimas de la Santísima Virgen María, mediante el rezo diario del santo, milagroso, todopoderoso y divino Rosario.