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sábado, 19 de diciembre de 2015

LAS FORMAS ARTÍSTICAS Y EL ARTE SACRO

LAS FORMAS ARTÍSTICAS Y EL ARTE SACRO

Cova in Deserto


Detalle del portal de la Catedral de Reims, en Francia

Las verdaderas  formas artísticas se adecúan a la idea de la obra naturalmente.

La obra en sí, el fin de la obra, exige unas formas determinadas por los requerimientos intrínsecos de la obra misma. “La obra pide los medios requeridos.

Cuando esta unión, entre la idea de la obra y los medios para plasmarla, se produce de un modo maravillosamente perfecto, podremos calificarla entonces  de “obra maestra”. Con esta denominación la estaremos elevando por sobre otras obras - menos logradas o fallidas - a modo de un ejemplo, o modelo a imitar. A imitarlo, pero no en sus apariencias exteriores, de un modo servil y mecánico, sino, a imitarlo en el trabajo y en la búsqueda paciente, para  hallar la adecuación  de los medios con la idea  a fin de lograr, de ese modo, su más perfecta realización.

Una obra puede fallar por dos razones: o porque los medios artísticos no se adecúan a la idea; o porque la idea no  es buena, o es  mediocre, y no hay medios por los que pueda ser salvada.

La idea misma dicta los medios a emplear, es decir, no solo los medios, sino también el “cómo”, la manera de aplicarlos. Es el artista mismo quien debe descubrir esto. Tal vez, los medios de algún modo ya estén exigidos de antemano al artista. Por ejemplo: Un arquitecto ha sido escogido para realizar un templo de piedras. He aquí impuesta ya  una condición con la elección de un material: la piedra. Éste es el material exigido como fundamental para la realización de la obra encargada. El templo contará también con imágenes esculpidas en madera, (otro medio condicionante) para lo cual ya se ha elegido a determinado escultor. El arquitecto tendrá que considerar, al diseñar el proyecto, la participación de éste escultor, el material ya determinado en que trabajará (la madera) y su posible armonización con la piedra. Además del “estilo” que se exigirá a la obra total. La obra total estará regida aquí por la arquitectura, la cual mandará sobre todas las demás artes menores  que completarán la obra en un todo armónico y coherente.


Desde la Santa Síndone: Un icono griego, un mosaico de Santa Sofía y un Cristo “naturalista” de Rafael Sanzio, ya en el Renacimiento. Declinación del arte sagrado. Desde el acento puesto en el misterio teológico, a la preocupación de la representación solo “naturalista” de la imagen sacra.

La idea - que estará sobre todo el conjunto de la obra - es el uso, o el fin para la cual la obra se destinará.  Si la construcción arquitectónica estará destinada  - como en este caso - a un uso sagrado, todo deberá llevar a alcanzar este fin hasta en los mínimos detalles. Todo debe conducir a lograr este fin sagrado que persigue la obra. Si se desvía de su idea primordial, llevará al fracaso de la idea. Por ejemplo, que el templo no evoque, o no manifieste, este propósito sacro, su función de templo, desde el primer momento, deberá ser manifiesto. Confundir el templo con una fábrica,  o con un edificio destinado a oficinas, o con un club deportivo; no habremos logrado el propósito específico de la obra. El fin principal de un templo es el culto debido a Dios. Es la casa de Dios. Es casa de oración. Lo cual quiere decir que, TODO en ella, “diga” esto mismo, señale esto mismo, nos lleve a esto mismo. Nos ayude a esto mismo. Desde su conformación simbólica - como edificio sagrado, hasta hacer posible la acción sagrada litúrgica, en su orientación, en la disposición del ámbito, en la iluminación, en la acústica, que facilite el recogimiento para la meditación y la oración, etc.

En la mentalidad actual, y en los fundamentos de la llamada arquitectura moderna, se insiste en la idea de la “funcionalidad” - entendiendo por tal cosa las necesidades físicas y materiales del hombre en primer lugar, como su única y principal necesidad. No se tienen en cuenta las necesidades psicológicas y espirituales de los concurrentes. Hay una concepción igualitaria de la arquitectura. No deben existir diferencias ni jerárquicas, ni de  a función que cumplen. Son todas sus realizaciones comparables a máquinas - cuya función desconocemos hasta verlas funcionar. En algún sentido podríamos llamarlas construcciones abstractas. Pero esta concepción errada constituye un obstáculo grave en el ámbito sagrado para su uso religioso. Y son una consecuencia de sus principios “filosóficos” (ateos y materialistas) en la concepción modernista de la arquitectura. Concepción que llama a una casa: una “máquina” para vivir y nombra a una silla: “máquina” para sentarse (Le Corbusier).  En realidad esta es la filosofía que prima e informa la mentalidad de la sociedad moderna y de su arquitectura.  No considera al hombre más que como otra máquina, carente de alma y espíritu.


Composición “A”, 1920, por el holandés Piet Mondrian. El arte para el nuevo hombre tecnológico. Para modelar su mente a modo de máquinas. Modelo también para la arquitectura moderna, esencialmente geométrica.

La Catedral gótica de Chartres. La ciudad de Dios. El empuje del alma hacia lo alto. La luz transfigurada por los vitrales, como las almas por la luz divina.

Convento de La Tourette, por Le Corbusier, 1957-1960. ¿Una fábrica de monjas? ¿Un club deportivo? ¿Un centro comercial?

Por eso esta mentalidad es estéril para crear unas formas artísticas capaces de manifestar, de algún modo, el mundo religioso y metafísico que creó las catedrales del medioevo, por citar un ejemplo. El mundo de hoy - dominado por la máquina y la técnica - solo es capaz de “abrir” su mente a una falsa trascendencia (el hombre no puede vivir sin trascendencia). Acude entonces a una “trascendencia” negativa, hacia abajo, oscuramente subterránea.  El cielo está vedado, cerrado,  negado a la contemplación por principio. “Debemos expulsar a las catedrales del centro de las ciudades” clamaba Le Corbusier, tal vez el principal artífice de la arquitectura contemporánea. Todo está clausurado y aprisionado en este solo mundo inmanentista, abierto solo a las profundidades tenebrosas e infernales. (Surrealismo).

Con esto afirmamos que las formas artísticas producidas por esta mentalidad atea y anti-tea, no solo son estériles para representar lo sagrado - que está por encima del hombre - sino que aún es incapaz de producir un verdadero arte. Porque el verdadero arte está ligado - por esencia - a lo que los antiguos llamaron los “trascendentales”: el Bien, la Verdad y la Belleza. Intentar crear algo religioso utilizando las formas estériles del arte moderno solo produce el efecto contrario a lo que se pretendía alcanzar: un arte religioso y sacro como soporte y ayuda para la acción sacra. Existen esas formas sacras, ya creadas en otras épocas,  las cuales siguen siendo válidas aún hoy en casi todos sus aspectos. Lograr una posible “traducción” válida de ellas al tiempo actual no parece ser del todo posible. La época actual debería convertirse a la Fe para poder llegar a crear un arte auténticamente religioso y trascendente. 

No es imitando las formas del arte moderno como se conseguirá llegar a crear un arte sagrado. El efecto contrario es lo que realmente se logra, es un verdadero efecto de desacralización. De destrucción de lo sagrado. Para ganar al mundo ateo y descreído, no es posible hacerlo con los mismos medios creados precisamente para negarlos.  Los sacerdotes deben instruirse seriamente en estas cuestiones sobre el arte, y sobre el arte sacro especialmente. Para  ser verdaderos  guías teológicos de los artistas. No puede quedar sobre los artistas la responsabilidad y la ciencia teológica. Esto no depende de su gusto y sensibilidad personal. El arte sacro no es una expresión personal del artista sino la manifestación de la Iglesia de Cristo. No depende de una individualidad sino de lo que siempre ha tomado la Iglesia como la manifestación más digna de lo sacro y doctrinalmente ortodoxo. La destrucción de la Liturgia tuvo bien en cuenta estas cosas para lograr sus fines de destrucción de ella y su efectividad como guía y soporte teológico y doctrinal en la espiritualidad de los fieles.




Del artista barroco Caravaggio: naturalimo y teatralidad. ¿En dónde está el misterio sacro de la Redención?

Graham Shutherland, 1946. Figuras grotescas. Nada sagrado. Una burla perversa de los sufrimientos de Nuestro Señor.

Un “descendimiento” armado con mis compañeros de oficina. Fue muy divertido - podría decir el autor de esta obra Steve Hawley. 1988-90. No saben lo que hacen.

Esto último no merece siquiera un comentario. Anthony Caro. 1989.

Incorporar formas modernas en las iglesias es el resultado de varios factores, todos ellos negativos. Convertirse al arte moderno es convertirse a la mentalidad moderna. Convertirse al mundo moderno que se aleja más y más de Dios. Sus formas artísticas están adecuadas a su mentalidad. El efecto que producen es aquél para lo cual que fueron conformadas. Están pensadas para crear al hombre nuevo tecnológico y sin Dios (Piet  Mondrian). 

Comenzar creyendo que las formas artísticas modernas son indiferentes,  inofensivas, o neutras  para el culto, es desconocer la naturaleza profunda del hombre. Es no haber aprendido nada sobre el  mal que religiosamente han  producido - y que salta a la vista - desde hace muchos años. El mundo es quien debe convertirse a Dios, no los creyentes convertirse al mundo. Eso es apostasía. Si la jerarquía eclesiástica, hasta en sus más altas puestos, ha consentido con esto,  es porque ha pactado con el mundo y apostatado de Dios,  para su propia destrucción. Y, quienes le sigan, perecerán también con ellos.
                                                                
La Neo-Capilla modernista de  la Neo-Fraternidad.
Imagen ¿de Nuestra Señora?
                    
 
 


La Neo-Fraternidad ¿Quiere demostrar su afinidad y buena voluntad
para con Roma? La Roma modernista se ha convertido en el mejor propagador de la mentalidad modernista.
La mentalidad modernista prepara el camino del Anticristo.
La Neo-Fraternidad traiciona los propósitos por las que fue creada:
Resistir a Roma siendo fieles al Depósito de la Fe.

     
                 
         P1010750          
¿Quién de estos religiosos será el asesor teológico del “artista”? ¿O no lo hay?  

¿Es esto una capilla o una “disco”?

El arte moderno, creado por la mentalidad modernista, no solo está conformado por esta mentalidad, sino que también  lleva indefectiblemente a conformarnos también con ella.

El camino para haber arribado a esta situación nefasta, lleva recorrido ya varios siglos de decadencia religiosa que no podemos describir ahora. A grandes rasgos solo indicaremos algunos sucesos históricos que le han ido conformando progresivamente.  A veces de un modo sutil, a veces violentamente, con algunos tímidos retrocesos aparentes, pero siempre ganando el terreno conquistado. Comenzó casi violentamente en el llamado “Renacimiento” - el cual significó el ingreso del arte religioso y sagrado - en el naturalismo.


Se fue consolidando con los efectos psicológicos, dramáticos y teatrales del Barroco. 

Luego en el romanticismo con una piedad sensiblera y blandengue comenzó a disolver paulatinamente el verdadero espíritu religioso; para culminar, luego, en una reacción explosiva disgregando a todas las artes entre sí y creando un caos en todas las manifestaciones artísticas.  

El esteticismo puro - o “el arte por el arte” (verdadera herejía artística, porque destruye su misma naturaleza).

Y el mal  llamado surrealismo (El nombre de “Surrealismo” viene del francés y significa = “por encima de la realidad” cuando es todo lo contrario de ello) El surrealismo no intenta elevarse sobre la realidad. Todo lo contrario escava un túnel hacia abajo, hacia un mundo de pesadilla, un mundo oscuro, infernal. Son los efectos producidos por el caos y el desequilibrio interior del hombre. Un hecho sintomático del estado espiritual a que ha llegado la humanidad - calificado muy acertadamente por el filósofo del arte Hans Sedlmayr como “la pérdida del centro”, en su famoso y “misteriosamente” desaparecido libro: “El arte descentrado”.

Mosaico medieval oriental
de Nuestra Señora con el Niño


Pintura de La Madonna con el Niño.
 Rafael Sanzio renacentista.
El naturalismo más crudo
desplaza el gran abismo existente de María
entre todas las demás mujeres y
al Niño de todos los niños. 

Podrían ser la vecina de Rafael con su hijito.

Escultura modernista de
la Santísima Virgen María.

Imagen que nos dejó de sí misma 
milagrosamente
 Nuestra Señora de Guadalupe.  


En la sala Paulo VI, en el Vaticano. La enorme escultura en bronce que la domina representa – o pretende representar-- La Resurrección de Cristo. Parece más bien un Cristo que no logró salir de los Infiernos. Satánica representación de la Resurrección. Ésta es otra muestra de quienes están gobernando en el Vaticano: los anticristos.
                                                
Consentir en las formas modernas para representar lo sagrado es un síntoma de ceguera espiritual y religiosa. 


“¿Qué unión puede haber entre la luz y las tinieblas?” dice San Pablo. Los que proceden según este modo están colaborando con la venida del Anticristo. Allanando su camino como sus profetas propios. Esta ceguera es un castigo por la falta de fe en Jesucristo y en su Iglesia. Es la ceguera anunciada como castigo para creer en las mentiras y  en la seducción del Anticristo.

--“Mirad que os lo anuncié antes”. “Porque vendrán muchos diciendo “yo soy el Cristo”. “Porque aparecerán muchos falsos Cristos” y, “Si os dijeren: Cristo está aquí o allá, no vayáis” y: “El que perseverare hasta el fin, ése se salvará”. Éstas son las advertencias de Nuestro Señor.

“Conserva lo que tienes” - le dice el Ángel a una de las iglesias de los últimos tiempos. Es tiempo de guardar, sostener y defender  aquello recibido a través de los siglos como un gran tesoro. Es hora de resistir a los ataques del enemigo. Santo Tomás de Aquino nos dice en su Summa Teológica que se necesita mucha más fortaleza para resistir que para atacar.

Resistamos en la fe en todo aquello que hemos recibido por la Tradición, guardado como un tesoro. “Tesoro conservado en vasos de barro” – que eso es lo que somos..

Cristo nos ha prometido:

“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo”.

Alberto M. Borromeo