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jueves, 14 de mayo de 2015

P. BOUCHACOURT: ¡TODAS LAS ESPERANZAS EN EL PAPA Y EN LA JERARQUÍA!

Regreso a la barbarie,
P. Christian Bouchacourt


"La sociedad no reencontrará la paz, la justicia social a la cual aspira, mientras que ella no regrese a Jesucristo su Salvador. Tal restauración no podrá hacerse sin que esta sea iniciada y acompañada por el Papa y las autoridades de la Iglesia".


Nuestros comentarios en rojo.

Louis Veuillot dijo: cuando Dios quiere castigar a la humanidad, no permite necesariamente que las catástrofes se abatan sobre ella, sino que abandona al hombre a sí mismo, es decir, a sus pasiones desatadas, a su orgullo y a su egoísmo. Y a su cobardía. ¡Él es capaz de lo peor! Como cuando un sacerdote que se dice hijo y discípulo de Mons. Lefebvre niega públicamente el deicidio cometido por el pueblo judío. O como cuando a ese crimen suma el de no dar explicaciones ni pedir perdón ni retractarse. O como cuando las autoridades liberales e igualmente traidoras de su congregación, en vez de sancionarlo, lo promueven al cargo de superior del distrito más importante en todo el mundo...
"El hombre, con una temeridad sin nombre, decía san Pio X, ha usurpado el lugar del Creador elevándose por encima de todo lo que lleva el nombre de Dios. () Él se sienta en el templo de Dios, donde se muestra como si fuera Dios mismo. Es la eterna tentación con la que Satanás tentó a nuestros primeros padres y los hizo caer: Seréis como dioses
En efecto, el hombre moderno quiere tener el dominio completo de su destino y el de la humanidad. Aspira a convertirse el amo de la vida y de la muerte, bajo la cubierta de un nuevo humanismo. Este hombre-dios es un monstruo que hace de la sociedad un infierno. Así, desde que la ley sobre el aborto fue votada en Francia en 1974, no son menos de 220.000 vidas que se han suprimido cada año en el seno de su madre, haciendo un total de casi 8.8 millones de niños asesinados. El mismo escenario se está repitiendo con la eutanasia ya legalizada en algunos países de Europa que que nos quieren imponer en Francia. ¡Son miles de enfermos, de personas de edad avanzada eliminados en nombre de la dignidad de la persona humana!
No resisto a comunicarles el contenido de una orden que Adolfo Hitler (¿nuevo guiño del P. Bouchacourt al "pueblo que no cometió deicidio"?) dio el 1o de septiembre de 1939: El Reichsleiter Buler y el doctor Brandt quedan encargados de aumentar, bajo su responsabilidad, las competencias de los médicos que convendrá designar nominalmente, con el fin de que pueda ser acordada una muerte caritativa a los enfermos juzgados humanamente incurables, después de un examen muy exhaustivo de su estado de salud. Nuestros dirigentes y nuestros diputados favorables a la eutanasia hubieran podido firmar este decreto pues es la misma lógica que los anima. Como todos los enemigos de Cristo pudieron firmar su respuesta, Padre, al diario Clarín.
Durante un exorcismo, el sacerdote que lo practicaba escuchó al demonio gritarle: “¡Yo los tengo, mis sacrificios humanos con estos abortos, estas eutanasias y estos atentados que suceden en el mundo entero! ¡Sí! Porque Dios es echado fuera de la sociedad, el mundo regresa a la barbarie. ¿Y por qué Dios es echado de la sociedad? Porque antes la Verdad no ha sido conservada debidamente en la Iglesia, como cuando usted dijo en el diario más leído de Argentina: "el pueblo judío no cometió deicidio".
Los que cometen estos abortos, estas eutanasias, o los proveen de su autoridad votando en favor de estas leyes inicuas, tienen más sangre en sus manos que los monstruos sanguinarios que han cometido los atentados del pasado mes de enero. ¿Nada que decir respecto de las blasfemas "víctimas", respecto de los dibujantes de Charlie Ebdo? Ellos son verdugos en corbata y bata blanca. Como los clérigos que niegan la doctrina católica son verdugos de alza cuello y sotana negra. El abismo de impiedad llama al de la barbarie. Como la cobarde negación de la Verdad llama a la apostasía.
No lo olvidemos, cuando el hombre se aleja de Dios, es capaz de lo peor. Recuerden los horrores de la Revolución francesa, cuando sus ideólogos reemplazaron a Dios por la diosa razón. Entonces tuvo lugar el primer genocidio, el de los Vendeanos, sobrepasada en número por el de la revolución comunista en la URSS, con sus 80 millones de víctimas. El genocidio -pues eso es- de los niños asesinados antes de su nacimiento y el de los enfermos y personas de edad avanzada es la consecuencia dramática y lógica de una sociedad que quiere romper con su Creador. ¿Nada que decir del genocidio espiritual causado por el Vaticano II y el clero liberal y modernista?
La sociedad no reencontrará la paz, la justicia social a la cual aspira, mientras que ella no regrese a Jesucristo su Salvador. Tal restauración no podrá hacerse sin que esta sea iniciada y acompañada por el Papa y las autoridades de la Iglesia. Restaurar todo en Cristo decía San Pio X, he aquí el remedio de los males que vivimos. Pidamos para que las autoridades de la Iglesia tengan el valor de lanzar esta cruzada. Sin ésta, el descenso al infierno de nuestro mundo continuará acelerándose. In cauda venenum (el veneno está en la cola). Atentos: según el P. Bouchacourt, la restauración del mundo es imposible si ella no es iniciada y acompañada por el Papa y la Jerarquía. Entonces, surge la consecuencia obvia: a fin de no quedar al margen de ese futuro proceso de restauración, ¡HAY QUE UNIRSE AL PAPA Y A LAS AUTORIDADES DE LA IGLESIA
Con la ayuda de Dios, todo es posible, sin él, es de temer lo peor.
¡Dios los bendiga! Dios lo perdone.
Padre Christian Bouchacourt , Superior de Distrito de Francia.