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martes, 31 de enero de 2017

LA PRELATURA PERSONAL SERÁ EL ATAÚD DE LA FSSPX - REPUBLICACIÓN

Dado que está confirmado que la FSSPX adoptará la forma canónica de prelatura personal cuando se haga el acuerdo entre la Fraternidad y Roma, nos ha perecido conveniente volver a publicar ciertas entradas relativas a eso. 

La presente entrada se publica en Español y en Inglés.



El inminente acto jurídico por el que Roma reconozca a la FSSPX, además de declarar que los clérigos y fieles lefebvristas están en plena comunión, y de levantar la suspensión a divinis que supuestamente pesa sobre sus clérigos; forzosamente tendrá que disponer la precisa forma organizativa que adoptará la Fraternidad, de entre las posibilidades que ofrece el Código de Derecho Canónico de 1983, el que, a partir el reconocimiento, regirá en la FSSPX con exclusión de toda norma del Código de 1917, pese que el nuevo Código es la expresión jurídica del "espíritu conciliar" y algo "peor que la Misa Nueva", como dijo Mons. Lefebvre. Desde el año 2013 sabemos que esa forma de organización será la de prelatura personal (ver el proyecto de prelatura para la Fraternidad publicado en el Cor Unum 15, de junio de 2013).

Ahora bien, se cree erróneamente que una prelatura personal sólo depende del Papa, y que por eso la futura “Prelatura Personal San Pío X” quedará a salvo de la nociva influencia de los Obispos diocesanos, pudiendo seguir “siendo tal como es”. Aunque el someterse voluntariamente al Papa Francisco con exclusión de toda otra autoridad en la Iglesia, para los tradicionalistas no es sino algo demencial y suicida; no tratamos acá acerca de eso, sino de lo relativo a la supuesta autonomía que tendría la FSSPX respecto de los Obispos.
  
I

La Prelatura personal es una circunscripción eclesiástica, delimitada por criterios personales, que se erige para la realización de obras pastorales o misioneras peculiares. Se trata de una figura jurídica prevista en el derecho de la Iglesia Católica «con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales» (canon 294). Su normativa básica se encuentra en los cánones 294 a 297.

La figura de la prelatura personal tiene sus antecedentes próximos en el Concilio Vaticano II. En efecto, el Decreto Presbyterorum Ordine de este Concilio pidió que se establecieran, junto a otras figuras («diócesis peculiares, seminarios internacionales, y otras instituciones semejantes»), un tipo peculiar de prelatura para facilitar, por razones de apostolado, «no solo una más adecuada distribución de los presbíteros, sino también la realización de peculiares obras pastorales, en favor de distintos grupos sociales, en una región o nación o incluso en todo el mundo» (n. 10).
Las características de las prelaturas personales, por lo tanto, son:
a) Es una circunscripción eclesiástica.
b) El criterio de delimitación de sus fieles no es el territorial (como es común en la Iglesia) sino el personal.

LA PRELATURA COMO CIRCUNSCRIPCIÓN ECLESIÁSTICA

La prelatura personal es una circunscripción eclesiástica estructurada en torno al oficio capital de un prelado con potestad propia cuasiepiscopal. Se organiza a semejanza de una Iglesia particular, de la que la diócesis es el modelo.
La prelatura personal se encomienda a un prelado, que la gobierna como Ordinario propio (c. 295 § 1) con jurisdicción propia cuasiepiscopal, como ya hemos indicado. La praxis de la Santa Sede respecto a la única prelatura personal existente hasta ahora —la prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, erigida en 1982— ha sido la ordenación episcopal de los prelados que se han sucedido en su gobierno.
El prelado tiene como misión la atención de esos fieles en orden al fin peculiar para el que la prelatura se ha constituido. A su vez, los fieles tienen al prelado como pastor propio, siempre en lo que se refiere a los fines de la prelatura.
En el seno de la Santa Sede, las prelaturas dependen de la Congregación para los Obispos o de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (cf. Const. Ap. Pastor Bonus, arts. 80 y 89).
Al igual que en las diócesis y las demás Iglesias particulares, el prelado cuenta con presbíteros incardinados en la prelatura para la atención pastoral de sus fieles. Para atender a la formación de su propio clero el prelado puede erigir un seminario propio, nacional o internacional, y llamar a las órdenes a los alumnos para el servicio a su misión pastoral (cf. canon 295). No se excluye, sin embargo, que otros clérigos, seculares o religiosos, puedan trabajar en la misión pastoral de una prelatura personal sin incardinarse en ella, según los procedimientos previstos por el Derecho.

LOS LAICOS DE LA PRELATURA PERSONAL

Como veremos después, estos fieles al incorporarse a la prelatura no dejan de ser fieles de su propia diócesis.
En cuanto a las relaciones de las prelaturas con las Iglesias locales, esta figura se establece como una ayuda que ofrece el Romano Pontífice a las Iglesias particulares a través de la labor pastoral o misional peculiar que es su fin. Es, por ello, una manifestación de la sollicitudo omnium Ecclesiarum (solicitud por todas las Iglesias) del Romano Pontífice.
Para coordinar adecuadamente las relaciones entre la prelatura personal y las diócesis y demás Iglesias particulares, se establecen dos disposiciones: por un lado, las Conferencias Episcopales interesadas serán consultadas (cf. canon 294) y por otro lado, las prelaturas personales antes de ejercer su trabajo pastoral o misional en un lugar han de contar con el consentimiento del Ordinario (cf. canon 297).


EL FIN PECULIAR DE LAS PRELATURAS

Lo que caracteriza a las prelaturas personales es su fin peculiar. Este puede ser la mejor distribución del clero o la realización de una peculiar tarea pastoral o misional.
La misión pastoral se califica de peculiar respecto al modo común y ordinario de organizarse la Iglesia para su misión: puede tratarse de un aspecto peculiar de la misión de la Iglesia, de un modo peculiar de llevarla a cabo, o de unos destinatarios peculiares.
Como ejemplo, se puede citar el fin del Opus Dei. Según el art. 2 § 1 de sus Estatutos el fin de esta prelatura personal es «la santificación por el ejercicio en el propio estado de cada uno, en su profesión y en su condición de vida, de las virtudes cristianas, según su específica espiritualidad, totalmente secular»
Es el fin lo que determina la relación de dependencia jerárquica de los fieles (clérigos y laicos) con el prelado. Esto es, los fieles son súbditos del prelado en lo que se refiere al fin peculiar. No se altera, por lo tanto, la dependencia jerárquica con el Ordinario del lugar. Un fiel que se incorpora a la prelatura sigue siendo fiel de su obispo en la misma medida que antes, con las salvedades debidas a los clérigos por lo que se refiere a la incardinación en la prelatura.

CLASES DE PRELATURAS

El Código de Derecho Canónico cita dos tipos de prelaturas:
a) Las prelaturas que tienen como fin la mejor distribución del clero. No existe ninguna de este tipo, pero se podrían dar prelaturas para el envío de sacerdotes a países con escasez de clero o para atender a emigrantes en la lengua del país de origen.
b) Las prelaturas que tiene como fin el desarrollo de peculiares obras apostólicas pastorales o misionales. A este tipo pertenece la única prelatura personal existente, el Opus Dei.
Se puede citar otra clasificación de las prelaturas, como las universales y las que se constituyen en beneficio de varias regiones o diversos grupos sociales.
[Extracto del artículo titulado “Las Prelaturas Personales en el Derecho de la Iglesia”, por Pedro María Reyes Vizcaíno, publicado en http://www.iuscanonicum.org/index.php/organizacion-eclesiastica/otras-estructuras-juridicas/423-las-prelaturas-personales-en-el-derecho-de-la-iglesia.html]
  
 II

Esta es una opinión muy generalizada: desde que el Opus Dei fue transformado de instituto secular en prelatura personal (noviembre de 1982), ha adquirido dentro de la Iglesia –se dice– una autonomía muy grande respecto de los obispos diocesanos; algunos periodistas hablan incluso de que es como una iglesia dentro de la Iglesia, en el sentido de que, siendo prelatura personal, la Obra depende directamente del Papa, escapando así a la autoridad de los obispos diocesanos, ya que la figura jurídica de prelatura personal viene a ser en la práctica como una verdadera diócesis sin limitación territorial.

Pues bien, no estoy totalmente de acuerdo con esta exposición. Mi parcial desacuerdo se limita a la descripción de lo que es una prelatura personal y de cómo puede actuar dentro de la Iglesia: dependiendo sola y directamente del Papa y sustrayéndose a la autoridad y a la intervención de los obispos diocesanos. Una prelatura personal no es así exactamente; si leemos bien los cánones 294-297 del Código de Derecho Canónico referentes a las prelaturas personales, nos daremos cuenta de que una prelatura personal no es eso.

En la legislación de la Iglesia católica no puede haber figuras jurídicas que rompan la comunión con los obispos diocesanos; eso sería una aberración inadmisible desde todos los puntos de vista. En el plano teológico y eclesiológico, todas las figuras jurídicas están al servicio de la communio o comunión eclesial, la cual abarca la comunión no sólo con el Papa, sino también y necesariamente con los obispos y con los demás creyentes. En el plano legal, crear figuras jurídicas sin comunión eclesial sería como echarse piedras contra el propio tejado, esto es, sería como consentir, en un Estado civil, que un ejército estuviera autorizado por la Constitución a organizar golpes de estado o que hubiera empresas autorizadas a escabullirse del pago de impuestos: ¡ridículo y absurdo! En definitiva, todas las figuras jurídicas que contempla el actual Código de Derecho Canónico son figuras de plena comunión eclesial, incluidas las prelaturas personales.

Prueba de lo que estoy afirmando es el canon 297, que dice: “Los estatutos (de una prelatura personal) determinarán las relaciones de la prelatura personal con los Ordinarios locales de aquellas Iglesias particulares en las cuales la prelatura ejerce o desea ejercer sus obras pastorales o misionales, previo consentimiento del Obispo diocesano”Una prelatura personal sólo está autorizada a trabajar en una diócesis territorial previo consentimiento del obispo del lugar, el cual dará su aprobación si está conforme con lo establecido en los estatutos de esa prelatura.

Más todavía. Una prelatura personal presta, por esencia, un servicio pastoral a las diócesis territoriales (y a sus obispos) en las que trabaja. La relación entre prelatura personal y servicio pastoral a una iglesia particular es esencial en la constitución misma y en la razón de ser de la prelatura. Así se desprende de lo que afirma el canon 294: “Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales a favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular”. 

Según los cánones 294-297 del Código de Derecho Canónico, las prelaturas personales son asociaciones de clérigos pertenecientes al clero secular, las cuales son erigidas por la Sede Apostólica para el cumplimiento de peculiares tareas apostólicas bajo una propia dirección, la del prelado personal, y con unos propios estatutos. Por tanto, una prelatura personal es un equipo de sacerdotes especializados en la resolución de tareas apostólicas “peculiares”, algo así como un equipo de sacerdotes especialistas (como una patrulla de bomberos, por poner un ejemplo proveniente de la sociedad civil). Cuando el Código de Derecho Canónico establece que las prelaturas personales tienen como finalidad “peculiares obras pastorales o misionales a favor de varias regiones o diversos grupos sociales” (canon 294), los legisladores de la Iglesia piensan en problemas pastorales que, por estar cargados de una peculiar dificultad, no suelen ser bien cubiertos por el clero diocesano normal; entonces puede convenir que unos sacerdotes especializados en una peculiar tarea se incardinen en una prelatura personal para intentar abordar mejor esos difíciles retos. Veamos unos ejemplos: la atención pastoral de sordomudos, de gitanos, de inmigrantes, de navegantes, de presos, de obreros, etc.

Esa serie de dificultades pastorales de diversos grupos sociales (sordomudos, gitanos, inmigrantes, navegantes, presos, etc.) suelen ser cubiertas en la actualidad mediante la fórmula de “delegación episcopal” o la de “capellanías” específicas o la de “parroquia personal”; es decir, un obispo diocesano nombra a uno de sus sacerdotes “delegado episcopal para la pastoral gitana”, o “delegado episcopal para los inmigrantes”, o “capellán de una determinada prisión”, o “párroco personal para los sordomudos de una ciudad o zona”, etcétera. Pero, si una o varias conferencias episcopales así lo determinasen, podrían solicitar a la Sede Apostólica de Roma la erección de una prelatura personal, nacional o internacional, para que los sacerdotes incardinados en ésta cubrieran algunos de estos objetivos peculiares bajo la dirección de un prelado personal, sabiendo que la autoridad de ese prelado, nombrado por el Papa, no estaría exenta de la autoridad de los obispos diocesanos, a cuyo servicio trabajaría esa prelatura personal. 

Al mismo tiempo, los clérigos de esa prelatura personal, aunque trabajen bajo el gobierno y la autoridad del prelado personal, no están exentos de la autoridad ni de la jurisdicción del obispo del lugar; es más, esos clérigos han de ser plenamente conscientes de que su ministerio pastoral es, esencialmente, un servicio a las diócesis territoriales en las que ellos trabajan, es decir, un servicio a los obispos diocesanos. Y esto es así por una sencilla razón, a saber, los fieles laicos a quienes los sacerdotes de la prelatura prestan su servicio sacerdotal son laicos de la diócesis territorial. El prelado personal no tiene sobre esos fieles ninguna jurisdicción, sino sólo la tiene el obispo del lugar (los laicos de que hablo no son los laicos “cooperantes” a los que se refiere el canon 296, sino los fieles laicos de una diócesis territorial a los que los sacerdotes de una prelatura personal atienden pastoralmente, siempre con la conformidad y la autorización del obispo del lugar exigidas por el canon 297). Para que quede más clara esta afirmación, hay que recordar que una prelatura personal, puesto que sólo es una asociación de sacerdotes y no pertenece a la estructura jerárquica de la Iglesia, no tiene pueblo propio; los fieles laicos a quienes sirven sacerdotalmente los clérigos de una prelatura personal pertenecen al pueblo de la iglesia particular en la que residen, la cual es su diócesis territorial. Las prelaturas personales no segregan a los feligreses de sus diócesis territoriales ni de sus parroquias territoriales; son una ayuda de tipo “personal” que complementa la labor diocesana y parroquial, a la cual sirven.

A tenor de la anterior descripción, queda claro lo exagerado y erróneo que es afirmar que las prelaturas personales están exentas de la autoridad de los obispos diocesanos y que sólo obedecen a los dictámenes del Papa. ¡Todo lo contrario! Después de que el Papa erija una prelatura personal, tanto el prelado personal como su equipo sacerdotal pasan automáticamente al servicio de los obispos diocesanos. Éstos son los que en realidad deben dirigir y supervisar la labor evangelizadora que ese equipo de sacerdotes especializados, bajo el gobierno de su prelado personal, realice con una parte de los fieles laicos de su diócesis, de la cual el obispo del lugar es el pastor y en la cual tiene toda la jurisdicción. Yo me atrevería a afirmar que el obispo diocesano tiene jurisdicción incluso sobre aquellos sacerdotes de una prelatura personal que trabajen en su diócesis. En cambio, en mi opinión, el prelado de una prelatura personal no tiene propiamente jurisdicción sobre los sacerdotes de su prelatura, sino sólo autoridad. Bienvenido, en su escrito del 11.02.08, aborda con detalle esta dudosa cuestión de si el prelado de una prelatura personal tiene o no potestad de jurisdicción. 

[Extractos del artículo “¿Qué es una prelatura personal?”, por Josef Knecht, publicado en http://www.opuslibros.org/libros/josef_quees.htm]


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THE PERSONAL PRELATURE WILL BE THE COFFIN OF THE SSPX 

The imminent juridical act by which Rome recognizes the FSSPX, besides stating that the Lefebvrist clergy and faithful are in full communion, and the lifting of the suspension a divinis that supposedly hangs over its clerics; necessarily specifies the precise organizational form that the SSPX will adopt, among the possibilities offered by the Code of Canon Law of 1983 (which, from the recognition, will rule over the SSPX excluding every rule of the Code of 1917, even though the new Code is the legal expression of the "conciliar spirit" and something "worse than the New Mass," as Abp. Lefebvre said). Since 2013, we know that this form of organization is the personal prelature (see the draft of prelature for the Society published in Cor Unum 15, June 2013).

However, it is mistakenly believed that a personal prelature depends only upon the Pope, and therefore the future "Personal Prelature St. Pius X" will be safe from the harmful influence of diocesan bishops, being able to continue "as it is". Although to submit itself voluntarily to Pope Francis, excluding any other authority in the Church, to traditional Catholics is demented and suicidal, we’re not addressing this, but the supposed autonomy that the SSPX would have regarding the Bishops.

The personal prelature is an ecclesiastical circumscription, delimited by personal criteria, which is erected for the accomplishment of special pastoral or missionary works. It is a legal entity envisaged in the law of the Catholic Church “to promote a suitable distribution of presbyters or to accomplish particular pastoral or missionary works for various regions or for different social groups” (canon 294). Its basic regulation is found in canons 294-297. 

The form of the personal prelature has its close background in the Second Vatican Council. Indeed, the Decree Presbyterorum Ordine of this council requested to be established, along with other figures (“international seminaries, special personal dioceses or prelatures”), a peculiar type of prelature, “to carry out special pastoral tasks in different regions or among any race in any part of the world.” (n° 10). 

The characteristics of personal prelatures, therefore, are: 
a) It is an ecclesiastical circumscription. 
b) The faithful’s delimitation criteria is not territorial (as is common in the Church) but personal. 


THE PRELATURE AS ECCLESIASTICAL CIRCUMSCRIPTION 

The personal prelature is an ecclesiastical circumscription structured around the main office of a prelate with his own quasi-episcopal power. It is organized as a particular church, of which the diocese is the model. 

The personal prelature is entrusted to a prelate, who governs it as Ordinary (c. 295 § 1), with his own quasiepiscopal jurisdiction, as we said before. The praxis of the Holy See regarding the only existing personal prelature so far –the prelature of the Holy Cross and Opus Dei, erected in 1982- has been the episcopal ordination of the prelates who have succeeded in its government. 

The prelate has as mission the attention of the faithful in the particular purpose for which the prelature has been established. At the same time, the faithful has the prelate as [his] own shepherd, always regarding the purposes of the prelature. 

Within the Holy See, the prelatures depend on the Congregation for Bishops and the Congregation for the Evangelization of Peoples (cf. Const. Ap. Pastor Bonus, arts. 80 and 89). 

As in dioceses and other particular Churches, the prelate has priests incardinated into the Prelature for the pastoral care of the faithful. To care for the formation of his own clergy, the bishop can erect his own national or international seminary, and call to orders the students for the service to his pastoral mission (cf. canon 295). However, it is not excluded that other clergy, secular or religious, could work in the pastoral mission without being incardinated on the personal prelature, according to the procedures prescribed by law. 


LAY INVOLVEMENT IN A PERSONAL PRELATURE 

As we will see later, the faithful having joined the prelature do not stop being faithful of their own diocese. 

As for the relations of the prelature with the local Churches, this form is set up as an aid offered by the Roman Pontiff to the particular Churches through the special pastoral or missionary work, which is its goal. Therefore, it is a manifestation of the sollicitudo omnium Ecclesiarum (concern for all the Churches) of the Roman Pontiff. 

To properly coordinate the relationship between the personal prelature and the dioceses and other particular Churches, two provisions are established: on one hand, the Episcopal Conferences interested will be consulted (cf. canon 294); and on the other hand, the personal prelature, before exercising its pastoral or missionary work in a place, must have the consent of the Ordinary (cf. canon 297). 


THE PECULIAR AIM OF THE PRELATURES 

What characterizes the personal prelature is its peculiar purpose. This may be the proper distribution of clergy or carrying on peculiar pastoral or missionary tasks. 

The pastoral mission is qualified as peculiar regarding the common and ordinary way to organize the Church for its mission: this may be a peculiar aspect of the mission of the Church, a peculiar way of carrying it on, or a peculiar target group. 

As an example, we can quote the aims of Opus Dei. According to art. 2 § 1 of its statutes, the aim of this personal prelature is: “the sanctification of its faithful through the exercise of the Christian virtues, in the peculiar state, profession, and condition of life of each person, according to its specific spirituality, which is completely secular.” 

It is the aim which determines the relationship of hierarchical dependence of the faithful (clergy and laity) with the prelate. That is, the faithful are subjects of the prelate regarding the peculiar aim. Therefore, the hierarchical dependence with the local ordinary is not altered. A faithful that is incorporated into the prelature remains faithful to his bishop to the same extent as before, with the exception of the clergy regarding the incardination in the prelature. 


CLASSES OF PRELATURES 

The Code of Canon Law cites two types of prelatures:
a) Prelatures that aim [for] the better distribution of clergy. There currently are none, but such a prelature could be established to send priests to countries where there is lack of sufficient clerics or to take care of the migrants in their native language. 
b) Prelatures that aim [for] the development of peculiar apostolic, pastoral or missionary tasks. Opus Dei, the only existing personal prelature, belongs to this kind of prelature.

[Taken from: “Las Prelaturas Personales en el Derecho de la Iglesia”, por Pedro María Reyes Vizcaíno, publicado en http://www.iuscanonicum.org/index.php/organizacion-eclesiastica/otras-estructuras-juridicas/423-las-prelaturas-personales-en-elderecho-de-la-iglesia.htm]


 II 

Here is a common misconception: Since the Opus Dei was transformed from secular institute to personal prelature (November 1982), it has acquired a very large autonomy within the Church regarding the diocesan bishops; even some journalists speak about a “church within the Church,” in the sense that, being a personal prelature, Opus Dei depends directly on the Pope, thus escaping the authority of diocesan bishops, since the legal form of a personal prelature becomes in practice as a real diocese without territorial limitation. 

Well, I don’t agree totally with this statement. My partial disagreement limits itself to the description of what a personal prelature is and how it can act within the Church: depending directly and only on the Pope, and eluding authority and the intervention of the diocesan bishops. A personal prelature is not that exactly; if we read canon 294-297 of Code of Canon Law concerning personal prelatures, we realize that a personal prelature is not that. 

In the legislation of the Catholic Church, there cannot be juridical entities that break the communion with the diocesan bishops; that would be an unacceptable aberration from all points of view. At the theological and ecclesiological level, all juridical entities are at the service of communion (i.e. ecclesial communion), which encompasses not only communion with the Pope, but also and necessarily with the bishops and faithful. On the legal plane, to create juridical entities without ecclesial communion would be like shooting themselves in the foot (i.e. it would be like consenting, in a civil state, for an army to be authorized by the Constitution to organize a coup d'état, or to have companies authorized to avoid taxes: ridiculous and absurd)! In short, all legal forms envisaged in the current Code of Canon Law are forms of full ecclesial communion, including personal prelature. 

Proof of what I am saying is canon 297, which states: “The statutes (of a personal prelature) likewise are to define the relations of the personal prelature with the local ordinaries in whose particular churches the prelature itself exercises or desires to exercise its pastoral or missionary works, with the previous consent of the diocesan bishop”. A personal prelature is only authorized to work in a territorial diocese [with] prior consent of the local bishop; he will give his endorsement if he is in agreement with the statutes of the prelature. 

Moreover, A personal prelature provides, essentially, a pastoral service to the territorial dioceses (and bishops) in which it works. The relationship between personal prelature and pastoral service for a particular church is essential in the constitution itself, and the reason for being of the prelature. This follows from what the canon 294 states: After the conferences of bishops involved have been heard, the Apostolic See can erect personal prelatures, which consist of presbyters and deacons of the secular clergy, to promote a suitable distribution of presbyters or to accomplish particular pastoral or missionary works for various regions or for different social groups. 

According to the canons 294-297 of the Code of Canon Law, the personal prelatures are associations of clerics belonging to the secular clergy, which are erected by the Apostolic See in order to fulfill peculiar apostolic tasks, under the direction of the personal prelate, and with its own statutes. Therefore, a personal prelature is a team of specialized priests in the resolution of "peculiar" apostolic tasks, something like a team of priest specialists (like a fire patrol, to give an example from civil society). When the Code of Canon Law states that personal prelatures are aimed to accomplish particular pastoral or missionary works for various regions or for different social groups (canon 294), the Church’s lawmakers are thinking about pastoral problems charged with a peculiar difficulty, which often are not well covered by the normal diocesan clergy; then it could be advisable that some specialized priests with a peculiar task be incardinated into a personal prelature, to try to better address these difficult challenges. Here are some examples: the pastoral care of the deaf and dumb, gypsies, immigrants, sailors, prisoners, workers, etc. 

This series of pastoral difficulties of various social groups (deaf, gypsies, immigrants, sailors, prisoners, etc.) tends to be covered at present by the formula of "episcopal delegation" or specific "chaplaincies" or "personal parishes"; that is, a diocesan bishop appoints one of his priests as "episcopal delegate for the pastoral [care] of Gypsies" or "episcopal delegate for immigrants", or “chaplain of a specific prison”, or “chaplain for deaf-mutes in a city or area”, etc. But, if it is decided by one or several episcopal conferences, they may [make] request to the Apostolic See of Rome for the erection of a personal prelature, national or international, for the incardination of priests that would cover some of these peculiar goals under the guidance of a personal prelate, knowing that the authority of that prelate, appointed by the Pope, would not be exempted from the authority of diocesan bishops, to whose service that personal prelature will work. 

At the same time, the clergy of the personal prelature, even if they work under the government and authority of the personal prelate, are not exempted from the authority nor the jurisdiction of the local bishop; moreover, these clerics must be fully aware that their pastoral ministry is essentially a service to the territorial dioceses in which they work (i.e. a service to the diocesan bishops). And this is so for one simple reason, namely, the lay faithful to whom the priests of the prelature carry out their priestly service are lays of the territorial diocese. The personal prelate does not have any jurisdiction over the faithful, only the local bishop (The laity that I am referring to, are not the "cooperators" alluded to at canon 296, but the lay faithful of a territorial diocese to whom the priests of the personal prelature serve pastorally, always with the agreement and the permission of the local bishop required by canon 297). In order to clarify this statement, it must be remembered that a personal prelature, since it is only an association of priests and does not belong to the hierarchical structure of the Church, does not have its own people. The lay faithful served by the clerics of a personal prelature belong to the particular church where they live, which is its territorial diocese. The personal prelatures do not segregate its faithful from their territorial dioceses; they are a kind of “personal” aid that supplements the diocesan and parish work, which they serve. 

According to the above description, it is clear that to claim that personal prelatures are exempt from the authority of diocesan bishops, and only obey the dictates of the pope, is exaggerated and erroneous. Quite the opposite! After the Pope erects a personal prelature, both the personal prelate and his priestly team pass into the service of diocesan bishops. These ones are those who actually must lead and supervise the work of evangelization that the specialized team of priests, under the government of his personal prelate, perform with a part of the lay faithful of his diocese, of which he is the shepherd and has entire jurisdiction over it. 

I would dare to affirm that the diocesan bishop has jurisdiction even over those priests of a personal prelature working in his diocese. Instead, in my opinion, the prelate of a personal prelature does not have proper jurisdiction over the priests of the prelature, but only authority. Bienvenido, in his writing dated 02/11/2008, addresses in detail this dubious issue of whether or not the prelate of a personal prelature has authority or jurisdiction.

[Excerpts from the article "What is a personal prelature?" By Josef Knecht, published in http://www.opuslibros.org/libros/josef_quees.htm]