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lunes, 15 de diciembre de 2014

ACERCA DE MONS. WILLIAMSON: ¿DON QUIJOTE CONTRA LOS MOLINOS? ¿O LOS AGITADORES “INVESTIDOS” DE UNA MISIÓN? POR ADRIEN LOUBIER (SOUS LA BANNIERE)

“Domine libera animam meam a labiis iniquis et a lingua dolosa” (Salmo 119)
Señor, libra mi alma de los labios inicuos y de la lengua dolosa”

De tiempo en tiempo, se desencadenan campañas de denigración y de calumnias contra personas conocidas. Múltiples causas pueden ser el origen, desde los simples celos hasta la buena fe equivocada, o bien, críticas y debates que se exaltan hasta perder la mesura.
O también la simple tontería que se toma en serio, como Don Quijote; ¡o tal vez algunas “influencias” cuidadosamente disimuladas detrás de 3 puntos!
Si somos el objeto de este género de campaña, a veces es preferible callarse. Pero cuando estas calumnias dañan la reputación y el honor de un personaje público que conocemos y estimamos, es necesario entonces tomar la pluma, saltar al ruido y hacer justicia de los errores cometidos y de los ataques públicos que resultan de ellos.

Monseñor Williamson acusado de ser masón.
Amigos me facilitaron unas fotocopias de un artículo aparecido en el boletín n° 33 de “La voz de los Francos Católicos” de julio de 2014; director Bruno Saglio, de las Ediciones Saint Rémi.
Es un panfleto de unas 30 páginas, en las cuales podemos leer las frases siguientes, ¡presentadas como certitudes! Las cito:
Subtítulo página 14: “Una reacción dirigida por un agente del enemigo: Mons. Williamson”.
Subtítulo página 22: “El blasón episcopal del ex anglicano: una firma digna del Enemigo”.
Página 25: “…Monseñor Williamson sólo puede ser un enemigo infiltrado en la Tradición para una razón muy precisa, ya definida en el siglo XIX por el luciferino ex canónigo Roca: neutralizar para hacerla desaparecer, por absorción en la Contra Iglesia Conciliar”.
Página 27: “Un obispo, antiguo anglicano, R+C (Rosacruz), fabianista, masón, nazi, debe ser perseguido sin tregua”.
Me he infligido el doloroso trabajo de leer estas 30 páginas, cuya inspiración es por momentos reconocible por su estilo y su método: ataque en todos los aspectos, mezcla artística de verdadero y falso para acreditar lo uno por el otro, delirio mental y verbal de suposiciones y de afirmaciones sin prueba… Algunas menciones de nombres en el corazón de este artículo me parece que indican a uno de los inspiradores de este panfleto, pero no quiero mencionarlo para no darle publicidad.
Por lo tanto, vale la pena resumir aquí las pretendidas demostraciones de este tejido de calumnias, limitándome a lo que presentan como “fundamento” de los horrores que despotrican sobre Mons. Williamson, y responderles, lo que es bastante fácil.

Primer argumento: es un Inglés
¡Monseñor Williamson es inglés! De la “pérfida Albión”, “En la que Lucifer ha puesto todas sus complacencias” (…) “que sangra hoy a toda la tierra para imponer el Nuevo Orden Mundial!1
Esto es muy verdadero. Pero entonces deducen:
“¡He aquí Inglaterra, de donde salió Monseñor Williamson!” (¡en la línea siguiente!)
Esta asimilación, que es además anglófoba, parece estar marcada con una especie de racismo, que muestra un simplismo de primate.
Ésta consiste en acumular sobre la cabeza de este obispo, todos los crímenes de la pérfida Albión (que son muy conocidos), ¡y a hacerlo responsable de ellos por el simple hecho de su nacimiento!
Es un absurdo, bajo la pluma de los franceses a los cuales podríamos, con la misma verosimilitud, imputar todos los crímenes de la Francia actual, ¡simplemente por el hecho de su nacimiento!
En todo caso, si yo acusara al autor de este triste panfleto, de tener el espíritu de los derechos del hombre por el solo hecho de que es francés, salido de la patria que los proclamó en 1789, ¡la acusación tendría el mismo valor… o no valor!
Después de todo, Inglaterra fue, durante siglos, “La Isla de los Santos”. Desgraciadamente ella cayó en la herejía y el mundialismo.
Y si Francia es la primogénita de la Iglesia, el espectáculo que ella da al mundo en nuestro tiempo, no parece más glorioso.
Que un francés hoy en día se regodee de su nacionalidad para fustigar a un obispo por haber nacido inglés, y deducir de ello que es un “enemigo de la Iglesia”, muestra un chauvinismo ridículo y perfectamente injustificado.

Segundo argumento: ¡Monseñor Williamson es anglicano!
Argumento contundente que niega las “conversiones”. Pues nuestro autor no duda:
“Es totalmente inconveniente que la última resistencia esté bajo el control de un inglés, que además, es un converso del anglicanismo” 2.
Sigue un arañazo a Mons. Lefebvre (de pasada), cuyo error fue de “confiar altas responsabilidades a convertidos recientes”, lo que “constituye ni más ni menos que una gran imprudencia”.
Y nuestro pomposo autor se erige así en juez de la conversión de Monseñor Williamson, con tanta decisión afirmativa como para apreciar “la imprudencia” del fundador de Ecône.
Se introduce así la duda y penetran en el fuero interno de la manera más grave. Como si el hecho de haber sido anglicano y de haberse convertido, no lo pudieran hacer semejante a tantos otros anglicanos convertidos que son los ornamentos de la Iglesia Católica.
A pesar de la pobreza de mi cultura, recuerdo algunos nombres de anglicanos convertidos, como:
El Cardenal John Henry Newman, 1801/1890, fundador del Oratorio.
El Padre Faber, uno de mis autores místicos preferidos que ilustró a la Iglesia en el siglo XIX.
Chesterton, que ilustró el siglo XX con su pluma apologética y mordaz.
Monseñor Robert Hugh Benson, autor del “Señor del mundo”, libro que todos deberían leer y meditar.
¡He aquí algunos estantes de mi biblioteca que habrá que expurgar si se pone en duda las conversiones anglicanas!
Pero de qué valen las afirmaciones perentorias de nuestro autor, que nos pasea en largas páginas entre diversos autores o sociedades masónicas, acusando a Monseñor Williamson de haberlas conocido o frecuentado, sin jamás proveer referencias verificables. Es una verdadera tarta de vómitos que no perdona ni la moral, evocando contactos anteriores a la conversión y concluyendo una supuesta pertenencia a la secta de los Fabianos ¡puesto que él es inglés!
Un verdadero tejido de fábulas.
Así, por ejemplo, antes de su conversión, y estando rumbo a ella, Richard Williamson tuvo relaciones de cortesía con un periodista inglés, Malcolm Muggeridge. De allí se deduce que:
El padre de éste fue Fabianista. Por lo tanto, el mencionado Muggeridge fue Fabianista. Por lo tanto, él fue el mentor de Richard Williamson. Por lo tanto, ¡Richard Williamson es Fabianista!
Con esta sucesión de por lo tanto, nosotros podríamos poner a París en una botella ¡y vilipendiar públicamente a cualquiera de nosotros! Sobretodo buscando en un pasado de hace 30 o 40 años, ¡antes de la conversión!
Y omitiendo cuidadosamente la evolución del mencionado Muggeridge que lo condujo a su conversión, ¡y al hecho que murió católico!
Pero no terminamos con esto de fustigar los ataques amargos de los que rebosa este triste libelo.
Así, por ejemplo, en la página 30, bajo la forma interrogativa, nuestros calumniadores introducen la duda sobre el bautismo de Richard Williamson: ¿fue bautizado anglicano?, lo que podría ser inválido, así como su ordenación y consagración…
Por desgracia para nuestros mentirosos, luego de su conversión, yo sé que él fue “rebautizado bajo condición”.

Tercer argumento: El blasón episcopal de Monseñor Williamson.
 Este argumento pone en evidencia la incompetencia notoria de nuestro autor en materia de heráldica.
El signatario de este artículo es Ernest Larisse, conocido por haber traducido en 2009 el libro de W. Guy Carr: “La Conspiración internacional”. ¡Y es presentado como especialista de la masonería!
¡Se culpa a Monseñor Williamson de haber puesto en su blasón una rosa y una cruz!... una rosa inscrita sobre un pentágono… y, para colmo, un pentágono invertido, deduciendo que él es “Masón, habiendo llegado al grado 18 de la masonería…
Se le acusa igualmente de ser influenciado por la Mesa Redonda… y descubren “una muy grande semejanza, por no decir identidad, entre la Rosa del blasón episcopal de Monseñor Williamson y la rosa del blasón de Martín Lutero, ¡iniciado Rosa Cruz”!





FIG. 1.- Blasón de Mons. Williamson de 1988
"En azur, un leopardo de oro lampasado  de gules, armado de plata, blandiendo horizontalmente en su pata diestra una espada con puño de oro, en punta, una cruz con flor, de plata, en su centro una rosa de gules flechada de oro"

Hay que recordar que en la heráldica episcopal, la rosa no es una innovación. Si examinamos el Diccionario armorial del episcopado francés (1200-2000) de Jean Jacques Lartigue (520 páginas y 5903 obispos citados), ¡encontramos 151 escudos que portan una o varias rosas heráldicas! Sin olvidar dos o tres Papas.
Nuestro “especialista” de la masonería, ¿verá allí una proliferación de rosa cruces?
¡El blasón de Monseñor Williamson lleva una rosa, y una cruz!
Por lo tanto, él es un “rosacruz”. Por lo que nuestro heraldista “especialista” de la masonería, deduce ¡“por lo menos” el grado 18 de iniciación de este obispo!
 

Diseño inglés.                           Diseño Francés.
"Rosa mystica: ora pro nobis" (Si creo esto, las letanías de la Santísima Virgen ¿fueron compuestas tal vez por F.·. M.·.?)
¡Lo que no deja de inquietarme!
Pues, cuando se ponen rosas en el altar de Nuestra Señora, bajo la sombra de la Cruz que domina el Tabernáculo, no puedo dejar de tener sospechas, rápidamente transformadas en certeza, de que fue un masón (¿de qué grado?) disfrazado de “falso” católico, quien las puso, según el primer especialista de la masonería.

La rosa heráldica y la rosa masónica.
¡Pero lo más cómico reside en la incompetencia de nuestro pretencioso heraldista!
La heráldica es una ciencia precisa, cuyo origen se remonta a la alta edad media. La rosa es allí un “mueble” que encontramos frecuentemente en los escudos de armas desde el siglo XI. Ella comporta siempre “cinco pétalos”, generalmente “de gules” (es decir, roja) (fig. 2).
Estos cinco pétalos permiten naturalmente a los fantasiosos malintencionados de inscribir allí todos los pentagramas que quieran. ¿¡Con el objetivo de volverá masónica!?
Pero lo que parece ignorar nuestro “especialista de la masonería”, es que la rosa de los rosacruces no tiene la misma forma.
En la masonería se usa una rosa “botánica”.
Las ilustraciones que siguen ponen en evidencia las diferencias esenciales:
Este es el modelo masónico:


Fig. 3.- Delantal rosacruz.
N° 143 - Pág. 156- Colección GODF



Fig. 4.- Rosa-cruz bordada en un mantel de altar. Ningún parecido con la rosa heráldica.
Ninguno de estos modelos (fig. 3 y 4) es una rosa heráldica, sino que son rosas naturales o botánicas y, además, el “delantal” reproducido aquí (fig. 3), muestra una rosa botánica con su follaje descendiendo hasta el pie de la cruz…
Por lo tanto, pretender que la rosa heráldica es un símbolo masón, es de hecho “jalado de los pelos”…
Simplemente es un grotesco producto de la ignorancia y de la mala voluntad con más o menos de odio.
¿Por qué una “rosa roja”? El N° 78 de Fideliter nos responde: “La rosa roja representa Inglaterra, patria de Monseñor Williamson”. Todos nosotros conocemos la guerra de las Dos Rosas entre la casa real de Lancaster y la casa real de York (1455-1485). El emblema de la casa de Lancaster era la rosa roja, mientras que la de York era la rosa blanca.
¿La rosa inscrita en un pentagrama?
Una rosa heráldica comporta siempre cinco pétalos y estos cinco pétalos que pueden acomodarse en un pentágono, ¡que siempre tiene cinco lados!
¿Un pentagrama invertido?
Ernest Larisse afirma que la rosa del blasón de Monseñor Williamson es un pentagrama invertido.
Si nos referimos al símbolo esotérico o masónico, el pentagrama puede tener la punta arriba o abajo. Y en el primer caso, sería benéfico o neutro; en el segundo caso, sería maléfico. Pero nosotros no estamos, para el desagrado de los mal intencionados como Larisse, en el dominio del esoterismo.
¡Estamos en el dominio de la heráldica episcopal donde no existen los pentagramas invertidos!
Desgraciadamente para nuestro pretencioso “amateur”, todas las rosas heráldicas, sean inglesas o francesas… son representadas con la punta para abajo.
¡Es así desde la alta edad media, y Monseñor Williamson no cambió nada!
¿La Mesa redonda? ¡Otra acusación gratuita!

La Mesa Redonda francesa (TRF) es una asociación de jóvenes hombres responsables de actividades profesionales diversas, con edad entre los 18 y los 40 años. Ella forma parte de la asociación internacional Round Table fundada en 1926 por Louis Marchesi, miembro del Club Rotario de Norwich en Gran Bretaña.
La insignia es la reproducción de la Mesa Redonda del Rey Arturo (doce bandas negras alternadas con doce bandas blancas). El círculo simboliza la unidad colectiva, las bandas alternadas la diversidad de profesiones.
Ni el diseño de la insignia ni su simbolismo pueden hacer pensar en Monseñor Williamson, ¡si no es por su común origen británico…!
¿La Rosa de Lutero? ¡Otra acusación gratuita!
En cuanto a la Rosa de Lutero, la reproducimos aquí abajo para permitir al lector juzgar por sí mismo.
Rosa de Lutero
Ella se parece más a la figura 491, sacada de la Guía completa de la heráldica de Arthur Charles Fox-Davies, pág. 269, que al blasón de Monseñor Williamson.
En resumen, ¿qué queda de estas divagaciones fundadas sobre una incompetencia notoria en materia de heráldica y de símbolos masónicos?
Solamente una voluntad encarnizada de denigración de uno de los últimos obispos resistentes a la deriva de la Tradición.

¿A quién beneficia el crimen?
En el momento en que la FSSPX está sacudida por la actual crisis, este es evidentemente un trabajo útil al servicio de las logias infiltradas en la mencionada Fraternidad, que denigran y atacan la reputación y el honor del único obispo susceptible de sostener la resistencia al acuerdo y a la papolatría de Menzingen, ¡en el momento en que esta resistencia se está organizando!
Sembrar la duda y la sospecha sobre él y sobre los que lo apoyan; favorecer las divisiones por calumnias artísticamente mezcladas con cosas verdaderas o discutibles; al punto de sembrar la inquietud en los espíritus de los mejores… ¡He aquí el trabajo que huele al azufre de las logias!
No es necesario que estas personas sean masones. Éstos últimos proceden habitualmente por “influencias cuidadosamente disimuladas”. Es por los resultados perniciosos que se develan las pezuñas.
Y nadie es más vulnerable a este género de influencia que los agitadores perpetuos, movidos por una vanidad desenfrenada o por sórdidos celos, reconocibles bajo ciertas firmas.
Acusar a las personas de ser masones, siempre es fácil. Pues el secreto de las logias vuelve casi siempre imposible de obtener las pruebas.
Pero es bien sabido, “miente, miente, siempre quedará algo.
Es así que, en otro tiempo, nosotros acusamos al Cardenal (?) Villot de ser masón.
Nosotros recibimos entonces el derecho de respuesta del mencionado Cardenal, protestando con fuerza y con juramento, que no era masón.
Nosotros le respondimos con una pregunta: “Si usted lo fuera, Monseñor, ¡que podría hacer usted de más que lo que usted hace para favorecer a la masonería?
Algunos meses más tarde, el cardenal Villot, ya fallecido, con su biblioteca dispersa, se encontró en ella todas las pruebas escritas de su afiliación a las logias romanas. Ellas fueron hechas públicas por periodistas italianos.
¡Era verdad!
Pero a falta de estas pruebas escritas, no nos equivocamos juzgando lo que era Villot por su acción y los objetivos que discernimos de ella.
¡Hagamos lo mismo aquí!
¡Monseñor combate la masonería y perjudica su acción!
Mientras que nuestro pequeño equipo de denigradores, favoreciendo las divisiones entre los fieles de la Tradición, cumplen el trabajo que favorece a las Logias. ¡Es un hecho!
Es suficiente ver de dónde vienen los golpes. Abramos los ojos.

Y estemos en guardia contra estos fautores de embrollos, sus especialistas ignorantes, sus montajes donde lo verdadero se mezcla con lo falso, todo bajo la apariencia de un barniz de saber que frecuentemente no es más que el de “copista”.

Es muy triste tener que consagrar un tiempo precioso para desmoronar estos edificios de absurdidades, construidos por los labios injustos y las lenguas embusteras.

Y concluyamos con el salmista:


“Quid detur tibi, aut quid apponatur tibi ad linguam dolosam?
Sagittae potentis acutae cum carbonibus desolatoriis” (Salmo 119)

Notas:
(1).- Las frases en cursiva son citas literales.
(2) .- Resaltado en el texto original.