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martes, 16 de diciembre de 2014

ACERCA DE LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO Parte I

Cronología de cuatro campañas de ocultamiento: La desinformación sobre la Consagración de Rusia



Fuente (extracto): FATIMA.ORG 

Consagración y conversión
En la tercera de Sus seis apariciones en Fátima, el 13 de julio de 1917, la Santísima Virgen dijo a los tres niños pastores que volvería para pedir la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón. Nuestra Señora enfatizó la importancia de ese pedido, que fue acompañado por una terrible advertencia:
‘Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre Me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.’
Estas son las palabras de la Madre de Dios, como las relató la Hermana Lucía en sus memorias sobre las apariciones, publicadas por primera vez en los 40.

El pedido se hace
En junio de 1929, Nuestra Señora se apareció a la Hermana Lucía en su convento en Tuy, España. Como lo había prometido, la Santísima Virgen pidió la consagración que Ella había mencionado 12 años antes en Fátima. Las palabras de Nuestra Señora quedaron registradas en las memorias de la Hermana Lucía:
Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí, que vengo a pedir reparación; sacrifícate por esta intención y reza.

Nuestro Señor agrega una advertencia
Dos años más tarde, en el verano de 1931, la urgencia del pedido quedó resaltada por otra visita. Esta vez, Nuestro Señor mismo habló a la Hermana Lucía, y le transmitió una advertencia sobre la consagración de Rusia:
Participa a Mis ministros que, en vista de que siguen el ejemplo del Rey de Francia, en la dilación de la ejecución de mi petición, también lo han de seguir en la aflicción.
Esa fue una referencia a Luis XIV, quien faltó a la consagración de Francia al Sagrado Corazón de Jesús, y más tarde su descendiente Luis XVI fue destronado por la Revolución Francesa y decapitado en 1793.

La Hermana Lucía urge a la acción
A principios de 1935, la Hermana Lucía escribió a su confesor, Padre Bernardo Gonçalves, para contestar algunas preguntas que él le había enviado sobre la consagración de Rusia: “Respecto al tema de Rusia, pienso que agradaría mucho a Nuestro Señor si trabaja para hacer cumplir al Santo Padre Sus deseos... Pienso que eso debiera ser exactamente como lo pidió Nuestro Señor...”  

Otra advertencia
En la primavera de 1936, Nuestro Señor dijo a la Hermana Lucía que la conversión de Rusia solo ocurriría cuando fuera pública y solemnemente consagrada al Inmaculado Corazón de María por el Papa, junto con todos los obispos del mundo. Nuestra Señora vino a decirle a la Hermana Lucía que a menos que “esa pobrecita nación” fuera consagrada como había sido pedido, Rusia se volvería el instrumento del castigo mundial.

Una consagración — pero no como se había pedido
En octubre de 1942, en lo más recio de la IIa. Guerra Mundial, el Papa Pío XII llevó a cabo una consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María. El no hizo mención de Rusia, ni participó ninguno de los obispos del mundo en la ceremonia. En la primavera siguiente, como la guerra continuaba, Nuestro Señor dijo a la Hermana Lucía que la paz mundial no resultaría de esa consagración del Papa, pero que la guerra se acortaría.

Pedido insatisfecho: la Hermana Lucía
El 15 de julio de 1946, la Hermana Lucía contestó algunas preguntas del Profesor William T. Walsh, de Nueva York, respecto a la consagración. Él es el autor del libro más popular sobre Fátima. La Hermana señaló que Nuestra Señora no había pedido la consagración del mundo, sino específica y solamente la de Rusia. La consagración del Papa en 1942, por lo tanto, no satisfizo el pedido de Nuestra Señora.

Otra consagración inadecuada
A mediados de 1952, en el furor de la Guerra de Corea, el Papa Pío XII realizó otra consagración. En esa oportunidad, él mencionó específicamente a Rusia, pero no pidió a ninguno de los obispos del mundo católico que se le uniera en la ceremonia. Sin esa participación, la consagración todavía no satisfizo el pedido de Nuestra Señora.

Surge otro obstáculo
Una década más tarde, en el otoño de 1962, la apertura del Concilio Vaticano Segundo creó un nuevo obstáculo para realizar la consagración. Para obtener la aprobación de Moscú a la asistencia de dos observadores de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Vaticano acordó formalmente no condenar a la Rusia Soviética ni al Comunismo en general en el Concilio. Esa decisión lanzó la llamada ‘Ostpolitik’, por la cual el Vaticano se obligaba a no oponerse al Comunismo por su nombre, ni a condenar a los regímenes comunistas que persiguen a los católicos. En su lugar, la Iglesia se comprometía al diálogo y a negociaciones con esos gobiernos. Durante la mayoría de las dos décadas que siguieron, la cuestión de la consagración fue relegada al margen y desapareció de la agenda vaticana.

Una petición ignorada
A fines de los 70, el Cardenal Josyf Slipyj lanzó una petición pública procurando la consagración de Rusia como la había pedido Nuestra Señora de Fátima. En solo tres años, la petición acumuló más de tres millones de firmas. Esa súplica masiva de los fieles fue enviada al Vaticano en 1980. Se la ignoró y nada se hizo al respecto.

Otra consagración que omite a Rusia
Mientras se estaba recobrando de las heridas sufridas en el fallido intento de asesinato, el Papa Juan Pablo II realizó otra consagración al Inmaculado Corazón en junio de 1981. Sin embargo, la redacción se refirió al mundo, sin mencionar a Rusia específicamente, y no se pidió la participación de todos los obispos del mundo. 

La Hermana Lucía habla una vez más
Un año más tarde, en mayo de 1982, el periódico vaticano L’Osservatore Romano publicó un artículo sobre la Hermana Lucía, del Padre Umberto María Pasquale, un sacerdote salesiano que la conocía desde 1939. El P. Pasquale relató que la Hermana Lucía le dijo enfáticamente que Nuestra Señora nunca había pedido la consagración del mundo, sino solamente la de Rusia. El sacerdote también publicó una reproducción fotográfica de una nota escrita a mano que le enviara la Hermana confirmado ese punto.

El Papa hace una admisión
Al día siguiente de aparecido el artículo, el Papa Juan Pablo II visitó Fátima, donde nuevamente consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María. Pocos días más tarde, en un artículo en L’Osservatore Romano, el Papa explicó por qué no había mencionado Rusia específicamente, diciendo que había “tratado de hacer todo lo posible en las concretas circunstancias”. Eso se interpretó por mucha gente como que él quiso decir que no podía violar los términos de la política vaticana de conciliación con Rusia.

Nuestra Señora todavía está “esperando nuestra consagración”
Dos años más tarde, esa aproximación evasiva fue observada nuevamente cuando el Santo Padre consagró una vez más el mundo al Inmaculado Corazón de María en una ceremonia en Roma ante 250.000 personas, en marzo de 1984. Pero esta vez, el Papa mostró más claramente su posición. Apartándose del texto preparado, pidió a Nuestra Señora de Fátima, “ilumina especialmente a los pueblos para los que Tu Misma estás esperando nuestra consagración y confianza”. El Papa reconoció así, públicamente, que la consagración pedida por Nuestra Señora todavía no había sido realizada. Estas palabras fueron incluidas en un relato oficial del evento en L’Osservatore Romano el 26 de marzo de 1984. Un relato similar apareció al día siguiente en Avenire, el periódico de los obispos italianos, describiendo la oración del Papa en San Pedro varias horas después de la ceremonia de consagración, en la que pidió a Nuestra Señora que bendijera “a aquellos pueblos para los cuales Tu Misma estás esperando nuestro acto de consagración y encomienda”.

Habla un estudioso de Fátima
También en 1984, el Padre Messias Coelho, un estudioso de Fátima de muchos años, insistió públicamente en que el pedido de consagración todavía no había sido cumplido. Cinco años más tarde, el P. Coelho iba a revelar que dignatarios vaticanos habían dirigido instrucciones a la Hermana Lucía y a otros de contradecir esa afirmación, y de reivindicar que la consagración había sido verdaderamente cumplida.

Un Cardenal concuerda con la Hermana Lucía
En setiembre de 1985, en una entrevista de la revista Sol de Fátima, la Hermana Lucía confirmó que la consagración todavía no había sido realizada porque la ceremonia de 1984 no mencionó a Rusia, y los obispos no participaron. Posteriormente, en ese mismo año, el Cardenal Edouard Gagnon reconoció que la consagración no había sido realizada como se había pedido. Más tarde, el Cardenal objetó la publicación de sus comentarios, aunque no negó haberlos hecho.

Confirmación de una prima
Durante muchos años, la prima de la Hermana Lucía, María do Fetal, dijo públicamente que la Hermana Lucía le había manifestado que la consagración no había sido realizada. María do Fetal continuó sosteniendo esa posición hasta mediados de 1989, en que repentinamente revirtió su testimonio, de acuerdo a la “instrucción” vaticana revelada por el P. Coelho.

Más confirmaciones de Cardenales
En una breve entrevista fuera del convento, mientras votaba en una elección en el verano de 1987, la Hermana Lucía confirmó al periodista Enrico Romero que la consagración no había sido realizada. Su punto de vista fue confirmado unos pocos meses más tarde por el Cardenal Paul Agustin Mayer, en una audiencia con una docena de dirigentes católicos, entre ellos el periodista católico Víctor Kulanday, y nuevamente por el Cardenal Alfons Stickler un mes más tarde. El Cardenal Stickler sostuvo que el Papa no había realizado la ceremonia como estaba pedido, porque el pontífice careció del necesario apoyo de los obispos del mundo. “Ellos no le obedecen,” explicó.

Los obispos alzan sus voces
Como el Vaticano había ignorado peticiones con más de tres millones de firmas de laicos, el P. Nicholas Gruner, el “sacerdote de Fátima”, se dirigió a un grupo mucho menor pero más influyente. En 1989, el sacerdote obtuvo la confirmación escrita de 350 obispos católicos de su voluntad de realizar el pedido de consagración de Rusia específicamente. Ese mismo año, también fueron enviadas a Roma peticiones con otro millón de firmas pidiendo la consagración. 

Forzando la Línea del Partido
En el verano de 1989, en el Hotel Solar da Marta, en Fátima, el antiguo amigo de la Hermana Lucía, P. Coelho hizo una revelación sorprendente. Él dijo a varios testigos que la Hermana Lucía y las religiosas de esa comunidad, habían recibido instrucciones del Vaticano de decir que el pedido de Fátima había sido satisfecho por la consagración realizada en 1984. Por evidente obediencia, la prima de la Hermana Lucía, María do Fetal, repudió repentinamente sus declaraciones anteriores, y manifestó que la consagración había sido hecha. Esa declaración contradijo rotundamente las propias afirmaciones hechas por el Papa en sus oraciones durante y después de la ceremonia de 1984.


Una oportunidad perdida
Después de otra década de inacción, el Vaticano preparó una vez más para realizar una consagración. Con más de 76 Cardenales y 1.400 Obispos reunidos en Roma para “el Jubileo de los Obispos”, en octubre del 2000, se presentó una oportunidad para realizar la ceremonia. Algunos obispos creyeron verdaderamente que por fin tendría lugar el evento largamente esperado, pero ellos fueron condenados a la decepción. Cuando el texto de la consagración fue revelado el día anterior a la ceremonia, pudo observarse que no hacía mención de Rusia en absoluto.

La “Ostpolitik” confirmada
Un mes más tarde, la revista Inside the Vatican (Dentro del Vaticano) informó que un Cardenal que dijo ser “uno de los estrechos consejeros del Papa” admitió que el Santo Padre había sido aconsejado de no mencionar a Rusia, por temor a ofender a la Iglesia Rusa Ortodoxa. Eso produjo un alto grado de confirmación que la “Ostpolitik” y el “Ecumenismo” del Vaticano estaban realmente impidiendo la consagración específica de Rusia.