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sábado, 14 de marzo de 2020

COMENTARIO ELEISON Número DCLXI (661) -14 de marzo de 2020



Malicia del Modernismo – II

Ante Dios, sólo la humildad le conviene al hombre.
Ante Dios, el orgullo destruye al hombre, si puede.
La malicia del modernismo es un tema enorme, no menos que el de un mundo entero volviéndose contra su Creador al final de un proceso que dura varios siglos, cuando en el apogeo de la Edad Media la Cristiandad se desplomó para pasar de la elevación a la caída. El ascenso había comenzado en el año 33 DC, por supuesto, cuando nuestro Señor Encarnado fundó la única y verdadera Iglesia de Dios con su sacrificio en la Cruz. La Edad Media podría datarse del Pontificado de Gregorio Magno (590–604), que duró casi un milenio hasta el estallido del Protestantismo y el comienzo de la edad moderna en 1517.
Pero había una gran diferencia, naturalmente, entre la actitud de la humanidad hacia Cristo y su Iglesia antes y después de la Edad Media: antes de la Edad Media el cristianismo estaba demostrando cada vez más el ser el mejor fundamento de la civilización, mientras que después de la Edad Media se había demostrado ampliamente, de modo que después de la Edad Media su superioridad sobre todas las demás religiones tenía que ser reconocida incluso cuando en la práctica se rechazaba. Esto significa que todos los sustitutos del catolicismo que han seguido a la Edad Media se caracterizan por una hipocresía que necesitaba ser cada vez más sutil para hacerse pasar por el verdadero reemplazo del catolicismo.
Así, Lutero rechazó brutalmente el catolicismo, pero aún así pretendió que su revolución era una “Reforma”, y después de que la Iglesia Católica expulsara a Lutero, los jansenistas revolucionarios crearon en el siglo XVI una forma protestante de catolicismo. Los jansenistas se transformaron a su vez en liberales en el siglo XVIII, fingiendo tener en su masonería un culto superior al de los protestantes o los católicos, y cuando la verdadera Iglesia se deshizo decididamente de la masonería a partir del siglo XVIII, los liberales se disfrazaron de católicos liberales en el siglo XIX y de liberales “actualizados” o superiores a los católicos en el siglo XX. San Pío X diagnosticó y descartó rápidamente este Modernismo en Pascendi, pero al hacerse pasar aun más sutilmente como un catolicismo actualizado, barrió con él a casi toda la Iglesia en el Vaticano II (1962–1965), y en el siglo XXI el disfraz fue tan bueno que incluso la Fraternidad oficial de San Pío X, fundada para resistir ese Neo-modernismo, fue esencialmente barrida también.
Humanamente hablando, es desalentador darse cuenta en 2020 de lo poco que queda de la resistencia católica en este ascenso del Diablo y de sus ataques contra la Iglesia, pero esto es lo que el Dios Sapientísimo ha elegido permitir, y sin duda sigue cuidando de su “pequeño rebaño”, como lo llama Nuestro Señor: “No temas, pequeño rebaño, porque a tu Padre le place darte el reino. Vended vuestras posesiones y dad limosna; daos bolsas que no envejezcan, un tesoro en el cielo que no falle, donde no se acerque ningún ladrón y no lo destruya la polilla. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas XII, 32–34). Es decir, renunciar al dinero y al materialismo, porque Nuestro Señor nos advierte que no podemos servir a dos dioses a la vez, y si servimos a Mamón, no podemos servir a Dios (Mt. VI, 24).
Y si reconocemos lo vulnerables que somos a los sutiles errores y mentiras y blasfemias del Diablo que han abrumado al mundo que nos rodea, entonces a modo de antídoto recemos el Rosario de Nuestra Señora, preferentemente los 15 Misterios al día, porque Ella y sólo Ella lo tiene bajo sus pies, como cualquier buena imagen de Ella, cuadro o estatua, nos recuerda, y tan abrumador es el mal hoy en día que los 15 Misterios no son demasiados, si solo son razonables y posibles.
Y cómo es que una humilde doncella judía es más fuerte que Satanás con “todas sus pompas y obras” es el secreto de Dios, revelado tanto por Nuestro Señor – “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que has ocultado estas cosas a los sabios y a los entendidos y se las has revelado a los niños” (MT. XI, 25), como por San Pablo – “Dios eligió lo que es necio en el mundo para avergonzar a los sabios; Dios eligió lo que es débil en el mundo para avergonzar a los fuertes” (I Cor. 18–30). La próxima semana, una mirada más cercana a la hipocresía del modernismo.

Kyrie eleison.