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domingo, 31 de diciembre de 2017

FSSPX.NEWS: UN SOPLO DE CATOLICISMO LIBERAL...



FUENTE (extracto)
La voz de la FSSPX se consideraba como el catolicismo tradicional, es decir el catolicismo auténtico, resistente.
La FSSPX sostenía en alto el estandarte de Cristo Salvador en el corazón de una modernidad cada vez más huérfana de Dios. Ella levantaba la hostia y el cáliz para ser adorados humildemente. Ella levaba, más allá de las fronteras, la voz de su Divino Maestro por el canto gregoriano y la procesión litúrgica. Predicaba al Verbo de Dios a pesar de los encogimientos de hombros y el sarcasmo de las conciencias rebeldes. Ella enfrentaba la verborrea del pensador o del teólogo liberal quien hace del “yo” el centro de su meditación espiritual. Ella era, en la legión de Cristo y de su Santa Madre, la caballería en marcha, dispuesta a luchar contra el error doctrinal y frenar sus metástasis. Las palabras de la Fe salían de su boca con fuerza; el valor de la Esperanza animaba su voluntad de combate, y la Caridad de sus obras despertó almas heridas para aliviarlas. Ella era firme en su aislamiento del mundo, en su deber de permanecer fiel a la Iglesia de siempre, a la misa de siempre, a los sacramentos de siempre, atacados todos juntos por la turba irónica y rebelde de los ateos o de los católicos liberales.
No obstante, al compás del “calentamiento climático” con el cual nos perforan ideológicamente los oídos, tal parece que el aliento en el interior de esta sociedad se calienta a su vez. Los jefes, que antaño gritaban “¡presenten armas!”, se ponen a descansar. Ellos se descargan de su impedimenta para ir a refrescarse a la fuente de sodas de Santa Marta o retirarse a la sombra de una sombrilla romana. Por el hastío de estos jefes actuales, y sin duda también por la pusilanimidad que gana sus espíritus, esta orden de la Iglesia militante se convierte en una especie de barco ebrio, un foro donde las opiniones se cruzan, un cacareo de gallinero sobre las ventajas de un nuevo modelo o un estatus canónico para abrigarse.

La máquina liberal está en marcha: hacerse ver bien para el otro, en Roma o en los cuatro continentes; proferir palabras suaves o tranquilizadoras, susurrar la verdad a regañadientes, reducirla al silencio o descuidarla por omisión.
De hecho, en internet la orden de combate es edulcorada para dar lugar a las sirenas de vivir juntos. El fundador de la FSSPX jamás se creyó vencido ni se sintió fuera de la Iglesia, jamás consintió con el reproche que le hacían las autoridades de la Iglesia de creerse ser, él solo, la Iglesia. Él era un hombre de Iglesia, en el seno de la Iglesia, apoyado en ella, investido de la misión de defenderla contra los espíritus retorcidos que la invaden desde hace más de un siglo y que el Vaticano II ha magnificado. La FSSPX es una obra de la Iglesia, en el mismo corazón de la Iglesia, puesta al margen por el veneno liberal que dirige Roma y las diócesis del mundo entero. Es de necesidad pública escribirlo y afirmarlo. Es incluso de necesidad católica atreverse a repetirlo a sus dirigentes actuales.
Porque este veneno liberal ha penetrado esta obra apostólica, instituida hace casi cincuenta años. La hermosa casada se puso el coqueto disfraz de “disponible” despreciando todas las reglas de buena moral. Porque la FSSPX está “casada”, ¡sí! “casada” con el magisterio perenne. Ella es la esposa del rito tridentino erigido en cetro de magnificencia en el curso de los siglos de cristiandad católica; ella es la sierva de un solo Señor para realizar el orden sacerdotal y debe negarse a toda alteración de este enlace real. El adulterio es liberal, el divorcio es liberal, el concubinato es liberal. La mezcla de ideas es liberal, la confusión de géneros y especies es liberal. Ninguno de estos perjuros liberales podría, sin traicionar, triunfar sobre la finalidad establecida por el fundador de esta sociedad.
Hoy en día, cuando leemos el sitio dedicado a la comunicación de la Casa General, FSSPX.news, no vemos ni el rechazo a los cortesanos romanos de sonrisas torcidas y de dedos cruzados por la espalda. Allí leemos breves o notas de actualidad sobre el Vaticano o la Iglesia en el mundo, sin el mínimo recordatorio de orden doctrinal, sin la mínima indignación espiritual ni la mínima interpelación teológica.
Varios artículos entre otros que actualmente están en línea comprueban esta renuncia del pensamiento frente al error: Francisco exhorta a la Curia a superar la lógica de los complots, El maestro deceremonias del papa da su definición de Liturgia y Francisco confirma almaestro de ceremonias de Benedicto XVI en sus funciones [Nota de NP: y vean también el artículo totalmente "inofensivo" sobre el esperpéntico Pesebre del Vaticano]. Aquí estamos ante la cruda, fría, huérfana ausencia de comentarios dirigidos que deja al lector la tarea de hacerse su propia opinión. El católico liberal es así: henchido de todas estas independencias de la verdad y el bien; de la inteligencia y de la voluntad; de la conciencia y del sentimiento; del cuerpo, del presente, de la razón, del individuo; es la independencia del hombre en todos sus estados porque se ha vuelto el Protágoras en quien reside la medida de todas las cosas.
Si se osa reprocharle este estado de espíritu, saca inmediatamente las garras, lanza decretos soviéticos contra la pretendida revuelta, sanciona a los autores, se reduce al silencio a uno, mandan al fin del mundo a otro… Las lecciones del Papa Francisco han sido aprendidas rápidamente
Que el sitio Internet de la Casa general -que se pretende del Santo Papa Pío X, gran luchador en contra de las herejías de nuestro tiempo- sea ahora el retransmisor, sin comentarios, de los errores liberales y modernistas que socavan el cuerpo doctrinal de la Iglesia; es una farsa. Conviene, desgraciadamente, señalarlo…
Gilles Colroy