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lunes, 8 de septiembre de 2014

NEO-FSSPX: SACERDOTES SÓLO PARA EL ALTAR, NO PARA EL COMBATE DE LA FE



En su último artículo, el Padre Simoulin  nos presenta lo que él considera el verdadero combate de la Fraternidad. Este artículo se basa en el “sueño de Dakar” que tuvo Monseñor Lefebvre en sus tiempos de misionero en ese país. 

Ya Monseñor Fellay, en una entrevista a The Angelus en Abril de 2013, respondiendo a la pregunta de cuál es la relación que hay entre el sueño/visión de Monseñor Lefebvre en la catedral de Dakar y las consagraciones de 1988, responde: Yo no creo que la medida de consagrar obispos esté directamente relacionada con la misma obra (de Monseñor Lefebvre). Es solamente una medida de supervivencia. No es esencial para la obra, la cual es para formar y construir sacerdotes de acuerdo al Corazón de Jesús. Es lo más importante.
Pues el Padre Simoulin retoma este mismo tema y nos dice (extracto, la negrita es nuestra):
Es por eso quisiera invitarlos a despertar estos recuerdos, para que no olvidemos que el alma de nuestra actitud en la Iglesia es una posición de fidelidad, de preservación y de construcción, antes de ser una actitud de resistencia. Una no va sin la otra, por supuesto, pero ya es tiempo, me parece, de poner en orden nuestros espíritus con el fin de recobrar un verdadero espíritu apostólico, en esta bella unidad que hacía y hará nuestra fuerza. Y es, evidentemente, hacia el que nos dio la única referencia defendible que debemos volver: Mons. Lefebvre
Ciertamente, está el Monseñor de las batallas, las del concilio, y aquellas a las que será forzado de 1974 a 1988. Pero sobre todo, está el Monseñor olvidado, el que precedió y animó estas batallas, el Monseñor del “sueño de Dakar”, que encierra y nos revela el corazón de Monseñor, ¡el gran Monseñor de la bella Cruzada! ¿Han olvidado al Monseñor del “sueño de Dakar”? ¿Han olvidado la “Cruzada”?...
Luego, en febrero de 1991, [Mons. Lefebvre] dio sus últimas conferencias las que fueron publicadas y difundidas en nuestra “Carta a los veteranos”. ¿Cuáles fueron los temas? Ni la condenación de los errores modernos, ni el combate contra la nueva misa, ni la crítica de Roma, del papa o de no sé quién más, sino sacerdotalmente: “Algunas observaciones litúrgicas” y “Disposiciones para el apostolado”.
Fiel hasta el final a su « sueño de Dakar », él nos dejó como testamento la fidelidad a nuestros compromisos, el culto litúrgico, el culto del altar, y el espíritu apostólico. El sueño de Monseñor no fue partir de un tajo a los herejes, sino transmitir lo que recibió
Todos tenemos esto entre las manos, todos nosotros sabemos el itinerario que debemos seguir para servir a la Iglesia y permanecer fieles a su Tradición. No lo olvidemos y, si es necesario, volvamos a poner en el centro de nuestro corazón lo que animaba al de nuestro fundador, sin agotarnos y dividirnos en las querellas estériles que no tienen fin
Si debemos exigir algo de nuestros sacerdotes,  no es que cada uno de ellos se ejercite en resolver la crisis de la Iglesia, o que sea un experto en la condena de todos los errores de moda, sino que sea  uno de esos "apóstoles de Jesús y de María" que Mons. Lefebvre quería dar a la Iglesia, un apóstol fiel al espíritu de su cruzada,  un experto de la gracia y de la fe, un experto de la liturgia, de la Misa y de la Eucaristía, ¡un conquistador en busca de las almas a convertir y a salvar!

Mons. Di Noia
Ahora comparemos lo que dicen ambos con la Carta que Monseñor Di Noia envió a los sacerdotes de la Fraternidad el año pasado:
Entonces, ¿qué es lo que se le pide a la Fraternidad en la presente situación? No abandonar el celo de su fundador, Monseñor Lefebvre. ¡Lejos de eso! Más bien se les pide renovar la flama de su celo ardiente para formar sacerdotes de Jesucristo. Sin duda, ha llegado el momento de abandonar la retórica dura y contraproducente que ha surgido en los últimos años.
Ese carisma original confiado a Monseñor Lefebvre debe recuperarse, el carisma de la formación de los sacerdotes en la plenitud de la tradición católica en aras de realizar un apostolado con los fieles que fluya de esta formación sacerdotal…
El auténtico carisma de la Fraternidad es la formación de sacerdotes para el servicio del pueblo de Dios, no la usurpación del cargo de juzgar y corregir la teología o la disciplina de otros dentro de la Iglesia. Su atención debe centrarse en la profunda formación filosófica, teológica, pastoral, espiritual y humana de sus candidatos para que puedan predicar la palabra de Cristo y actuar como instrumentos de la gracia de Dios en el mundo, especialmente a través de la celebración solemne del Santo Sacrificio de la Misa.
Conclusión: El P. Simuolin, Mons. Fellay, Monseñor Di Noia y las congregaciones Ecclesia Dei, concuerdan en que, en la actual crisis de la Iglesia, la prioridad es formar Sacerdotes centrados en la liturgia tradicional, o dicho de otro, modo: lo primero y esencial hoy no es la batalla doctrinal, sino la conservación de la liturgia y la recuperación de una espiritualidad no combativa que supuestamente era la de Mons. Lefebvre.