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jueves, 18 de septiembre de 2014

LA NO RESISTENCIA DE LA NEO-FSSPX





Es interesante de examinar cómo la política actual de “no-resistencia” de la Neo-FSSPX, en favor del branding de “preservación y construcción”, según dijo recientemente el Padre Simoulin, siguiendo el estilo y las enseñanzas de Mons. Fellay, se ha venido imponiendo desde hace muchos años, aunque hoy desembozadamente, mas por aquel entonces más sutilmente, sin atreverse del todo a decir lo que hoy se afirma.

Así por ejemplo tenemos un número de la revista Iesus Christus, del Distrito América del Sur, donde en un editorial el P. Bouchacourt decía lo siguiente:

“Es necesario subrayar que la Fraternidad San Pío (sic) no fue fun­dadaCONTRA el concilio, el modernismo y los errores actuales, sino PARAdefender de la (sic) Tradición multisecular de la Iglesia, para salvar el sacerdocio católico y la Misa tradicional, que sin duda habrían desaparecido si Monseñor Lefebvre no hubiera resistido como lo hizo. Sin él y sin Monseñor de Castro Mayer, Obispo de Campos (Brasil), las reformas de Vaticano II se habrían impuesto sin encontrar resistencia eficaz, hacién­dose tabla rasa con la Tradición católica”. (Iesus Christus N° 106 pág. 4, Julio/Agosto de 2006).   

El Superior de Distrito de entonces usa de las mayúsculas –para que quede bien claro- para plantear una construcción gramatical que parece contrastar dos cosas que van unidas, esto es, la defensa de la Tradición, el Sacerdocio católico y la Misa por un lado y el combate al modernismo y los errores salidos del Vaticano II, por el otro. Porque a pesar de que luego señala la resistencia de Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer a estos errores, sin la cual resistencia no se habría conservado aquella Tradición, lo que se quiere dejar claro allí es que pueden separarse esas dos cosas que van juntas. Pues la defensa y conservación de la Misa, el Sacerdocio y la Tradición llevan implícitos la resistencia activa a todo aquello que siempre ha de oponérsele, muy particularmente desde el Vaticano II. Por lo tanto el P. Bouchacourt debió haber dicho que la FSSPX fue fundada para defender la Tradición y salvar el Sacerdocio católico y la Misa tradicional, por lo tanto y también para combatir y oponerse enérgicamente al concilio y su reforma modernista ya que para defender el bien se debe combatir al mal que lo amenaza. Nuestro Señor se encarnó para redimirnos, pero también “para deshacer las obras del demonio” (1 Jn. 3,8). Los Fariseos lo entendieron bien, y si lo mandaron crucificar no fue por querer “preservar y construir” sino por combatirlos a ellos, por estar en su contra.

Hoy el P. Simoulin opone o separa al “Monseñor de las batallas” del “Monseñor del sueño de Dakar”. Pero todo católico verdadero es alguien que está siempre en medio de una batalla. A veces esa batalla se manifiesta sólo en un combate interior y a veces esa batalla se manifiesta más explícitamente en un combate exterior. A veces el combate afloja y a veces recrudece, pero nunca desaparece, pues siempre los enemigos interiores y exteriores están rondando para hacernos caer. Y además Mons. Lefebvre como muchísimos santos tuvo que empezar esa batalla exterior con miembros de su propia congregación del Espíritu Santo. Esto el P. Simoulin no lo dice. El P. Simoulin utiliza una expresión como “el sueño de Monseñor no fue partir de un tajo a los herejes”, para con eso tratar de asustar a los miembros de la Fraternidad que temen el extremismo imbécil de algunos sedevacantistas. No es el sueño de nadie salir a combatir herejes pero es el deber de todo católico combatir por Cristo Rey y en ese combate debe enfrentar a las herejías. No otra cosa hizo la Iglesia hasta la muerte de Pío XII. Decía Gómez Dávila que “Cuando el católico se defiende mejor contra los vicios que contra la herejía, ya es poco el cristianismo que queda en su cabeza”. Y cuando se empieza a decir que la resistencia es algo secundario y subalterno, precisamente cuando el enemigo más arrecia, es evidentemente ya muy poco el sentido católico que queda en la cabeza de quien lo dice. Cuando se empieza a hablar como habla el enemigo, es porque el enemigo ha vencido.

Confirma la actitud ambigua del P. Bouchacourt, en el referido editorial, que parece querer disculpar la beligerancia de Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer, un párrafo que vendrá después en la misma página:

“Lo que realiza en la actualidad (la FSSPX, nota del blog) corresponde a lo que se hacía en la Iglesia entera hace cincuen­ta años y que dio tantos hermosos frutos. Obran­do en esta necesaria restaura­ción, abrió seis seminarios, más de ciento cincuenta Prioratos en todos los continentes, y conti­núa expandiéndose. No lleva adelante este combate por sí misma sino por el honor de la Iglesia, del Papa y los obispos. Así como rechaza vigorosamen­te el sedevacantismo, que niega la autoridad de este Papa como Vicario de Cristo en la tierra, así también pide al Sumo Pontí­fice y a los Obispos que empren­dan un estudio doctrinal de los textos del último Concilio para que se den cuenta de que se oponen a la enseñanza constan­te de la Iglesia durante dos mil años. Lo causa principal de la pérdida de la fe de los católicos y de la sociedad tiene allí su raíz”. (Iesus Christus N° 106 pág. 4, Julio/Agosto de 2006.)

Allí se ve que usa la locución conjuntiva “así como”, de sentido comparativo, para afirmar primero taxativamente que la FSSPX “rechaza vigorosamente el sedevacantismo”, pero luego en vez de igualar el sentido afirmativo del primer enunciado diciendo que también la FSSPX rechaza vigorosamente el modernismo que procede del último concilio, el P. Bouchacourt baja el tono y ya no tiene rechazo ni vigor, sino que termina por decir que luego de rechazar rotundamente el sedevacantismo sin embargo no rechaza con esa fuerza los errores de las autoridades romanas, sino que pide que emprendan un estudio doctrinal del último concilio para que se den cuenta de sus errores. Es decir que es durísimo con el sedevacantismo (“rechazo vigoroso”) pero es blando con el liberalismo y el modernismo (“pedimos que emprendan un estudio doctrinal”). El P. Bouchacourt, adoptando por entonces la posición oficial de la FSSPX, no rechaza las herejías para no enemistarse con las autoridades romanas (respeto humano) y porque la Fraternidad, como dijo antes, no fue fundada “contra” el error, sino “a favor de”. De tal forma que usa el mismo lenguaje que los liberales, que en definitiva no son sino hombres mediocres, lo cual nos hace acordar a Ernest Hello cuando decía que a los hombres mediocres “Toda afirmación les parece insolente, pues excluye la proposición contraria”.

Esto ocurría ya tempranamente en el año 2006. El veneno sutil de la indefinición, el temor a la condena, a la denuncia vigorosa del error aunque el que lo predique sea una autoridad de la Iglesia o un superior, se fue introduciendo de a poco y contaminando cada vez más todas las estructuras de una congregación donde hoy los sacerdotes y fieles, temerosos, ya no osan señalar al error excepto que este se encuentre muy lejos de toda posible represalia. Esto no tiene otra palabra para definirlo sino ésta: cobardía.