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lunes, 6 de junio de 2016

DOMINICOS DE AVRILLÉ: ¿‘NORMALIZACIÓN’?


¿‘NORMALIZACIÓN’?
Respecto al texto que examinamos aquí, el P. Franz Schmidberger emitió el siguiente comunicado el 15 de abril de 2016: “El documento Reflexiones sobre la Iglesia y la posición de la FSSPX en el seno de ella fue escrito por mí, de mi propia iniciativa, sin que nadie me incitara a ello, me impulsara a ello ni me lo encargara. Éste representa mis propias reflexiones y tiene un carácter puramente privado. Fue comunicado a un pequeño círculo de personas, en total nueve personas: al Superior General, a otro obispo de la Fraternidad, a los otros sacerdotes del Seminario de Zaitzkofen y a un laico que no nombro. No fue mostrado a los seminaristas ni a los Hermanos del seminario, que no tuvieron conocimiento de su contenido. Asimismo, ninguna traducción a otra lengua fue realizada, ni contemplada, ni autorizada. No tengo ninguna responsabilidad en la publicación de este documento en internet. Yo asumo naturalmente las observaciones que hice, y las tengo por pertinentes en la situación actual de la Iglesia y de la Fraternidad. Por lo demás, no dejo ni de pensar ni de Sentire cum Ecclesia”.
Incluso si el documento tuvo al principio un carácter privado, su difusión por internet lo volvió público. El reconocimiento canónico de la FSSPX, teniendo consecuencias dramáticas para la Iglesia, creemos que es un deber exponer públicamente los motivos que nos llevan a rechazar tal reconocimiento, mientras todavía haya tiempo.
Le Sel de la terre.
Reflexiones del P. Schmidberger
Ver la carta del P. Schmidberger acá.
Comentarios de Sel de la terre
I. Al misterio de la Iglesia, se opone el de la Contra-Iglesia. Desde su fundación, la Iglesia debió luchar contra sus enemigos que trataron de aplastarla en sangre, pervertirla por la herejía, sofocarla en el fango. Una reflexión sobre la Iglesia que no tome en cuenta a sus enemigos, sobretodo en la hora actual, sería incompleta y llevaría a conclusiones falsas.
II. Dios ha permitido desde siempre a sus enemigos el ocupar lugares en la jerarquía de la Iglesia. Judas, escogido por Nuestro Señor mismo, fue uno de los doce Apóstolos y aquél que se encargaba de la bolsa.
Pero, lo que es particular en nuestra época, es que la Iglesia está ocupada por un partido liberal y modernista que busca desviarla de su fin para ponerla al servicio de los intereses del mundialismo, es decir, al proyecto de las logias y de las tras-logias de “reconstrucción del Templo”, por medio del ecumenismo, de la falsa libertad religiosa, de la colegialidad, etc.
Cuando los representantes de esta iglesia conciliar piden avanzar hacia la “plena comunión”, ellos piden entrar en este movimiento al servicio de los enemigos de Nuestro Señor Jesucristo[1].
III. Mons. Lefebvre fue suscitado por Dios para resistir a la auto-demolición de la Iglesia. La Providencia puso poco a poco las obras fieles a la Tradición al margen de este sistema de la iglesia conciliar. Esto les permitió prosperar conservando la fe y la moral.
IV. Mons. Lefebvre siempre buscó que las autoridades romanas retornaran a la Tradición. Cuando pidió el permiso de “hacer la experiencia de la Tradición”, era para mostrar por el ejemplo que la salvación de la Iglesia sólo podía venir de este retorno.
Poco a poco, y de manera definitiva a partir de mayo de 1988, Mons. Lefebvre comprendió que un acuerdo práctico no podía hacerse antes de un acuerdo doctrinal y decidió requerir a sus interlocutores que se suscribieran a las grandes encíclicas antimodernistas y antiliberales antes que cualquier otra cosa.
A partir del año 2000, las autoridades superiores de la FSSPX comenzaron una evolución en sentido contrario. Ellas cambiaron de política, primero de manera discreta (notablemente por las discusiones en el marco del GREC), luego de manera pública a partir de 2011 después del fracaso de las discusiones doctrinales (que tuvieron lugar de 2009 a 2011). Una tentativa de acuerdo práctico fracasó en 2012, pero el principio de obtención de acuerdo práctico con las autoridades que continúan predicando los errores conciliares fue ratificada por el capítulo general de 2012 y las discusiones para lograr este resultado han perdurado.
V. En la iglesia conciliar siempre ha habido prelados (cardenales Gagnon, Palazzini, Oddi, etc.) que veían bastante favorablemente a la Tradición y querían ayudarla. Siempre ha habido también prelados (cardenal Hoyos, Mons. Perl, etc.) que han buscado atraer a los tradicionalistas a la iglesia conciliar proponiéndoles “acuerdos”. Las condiciones para éstos han variado. A veces pretendían no pedir nada a cambio (por ejemplo, para Barroux), pero el resultado siempre fue el mismo: aquellos que se ponen bajo la autoridad directa de los prelados conciliares terminan por abandonar el combate de la fe.
Suponiendo que las autoridades romanas actuales no pidieran reconocer el Vaticano II, ni la legitimidad del Novus Ordo Missae, ellas pedirán seguramente a la FSSPX someterse al nuevo Código. Después supervisarán las nominaciones de los superiores, y especialmente la elección de nuevos obispos y, por este medio, en poco tiempo, ellas “normalizarán” la Fraternidad y la llevarán a no ser más que una reserva de “tradicionalistas” en el seno de la iglesia conciliar, como hay reservas de Pieles Rojas en los Estados Unidos.
Recordemos cómo Benedicto XVI veía, desde su punto de vista, las ventajas de una “normalización”:
Yo mismo he visto, en los años que siguieron a 1988, que, gracias al retorno de las comunidades anteriormente separadas de Roma, su clima interno cambió; que el retorno en la gran y vasta Iglesia común hizo superar las posiciones unilaterales y los endurecimientos, de suerte que enseguida emergieron de ellas fuerzas positivas para el conjunto[2].
Veamos ahora los argumentos del P. Schmidberger en favor de un reconocimiento canónico (que resumimos entre corchetes):
1) [Toda situación anormal tiende por naturaleza hacia la normalización].
Hay dos errores en esta corta frase:
Primero, es falso que nosotros estemos en una situación anormal. Por el contrario, mientras que la situación continúe siendo anormal en Roma (debido al hecho de la ocupación modernista), es normal que nosotros nos mantengamos a distancia.
Luego, es absurdo decir que una “situación anormal tiende por naturaleza hacia la normalización”. Es como decir que toda enfermedad conduce a la salud. Sin duda que todo enfermo desea recobrar la salud, pero no la puede recobrar mientras conserve la causa de la enfermedad. Para que la situación deje de ser anormal, sería necesario que los miembros de la jerarquía, el papa en primer lugar, repudien el modernismo.
2) [El peligro de que los fieles y ciertos cofrades se acostumbren a la situación anormal].
La obediencia de la fe es superior a la obediencia a los hombres:
«Más vale obedecer a Dios que a los hombres». La Iglesia está fundada primero sobre la fe antes de serlo sobre la obediencia. Manteniéndose a una distancia respetuosa de la jerarquía gangrenada por el modernismo con el fin de preservarse del contagio, Mons. Lefebvre demostró que tenía más sentido de Iglesia que los que se incorporaron a la Roma modernista.
Los ejemplos escogidos por el P. Schmidberger indican que ha perdido de vista la gravedad de la crisis. La participación en el año santo es una participación en el aniversario del Vaticano II y una aprobación implícita de la nueva concepción de la misericordia de Francisco. En cuanto al otorgamiento de una jurisdicción ordinaria, es un primer paso hacia un reconocimiento canónico: los superiores de la Fraternidad debieron rechazarla cortésmente.
3) [Tenemos amigos entre los obispos y cardenales, dispuestos a pedirnos ayuda].
Sin duda, pero ¿con qué condiciones? Un compromiso con las ideas conciliares que continúan teniendo y propagando estos prelados. Nosotros representamos la fe de la Iglesia, y esto no puede ser puesto al nivel de una opinión en igualdad con las teorías conciliares.
4) [Si podemos consagrar obispos con el permiso de Roma, es necesario pedir este permiso].
Si la Roma conciliar da el permiso de consagrar un obispo, éste será un obispo que tenga el “perfil” conciliar. Ahora bien, precisamente Mons. Lefebvre suspendió las discusiones en mayo de 1988 porque Roma reclamaba que se le presentara un candidato con el “perfil”.
5) [La inquietud de los modernistas ante una "normalización" nos hace comprender que es el buen camino].
Los Montañeses eliminaron a los Girondinos, antes de hacerse eliminar a su vez. Es la ley de la Revolución ir siempre más hacia la izquierda, suscitando en caso de necesidad una reacción que les permitiera avanzar por una nueva síntesis (provisional).
En la dialéctica modernista bien descrita por San Pio X, el papel de los progresistas es de ir cada vez más lejos al oponerse a las fuerzas conservadores, que la autoridad debe apoyar[3]. Así, la autoridad se preocupa por los anticuados. Cada quien tiene su papel en la Revolución.
El hecho de que los más extremistas de los progresistas estén contra un “acuerdo”, no prueba por lo tanto que “es el buen camino”.
6) [¿Cómo puede la Iglesia superar su crisis? […] El acto oficial de reconocimiento de la Fraternidad desencadenaría una saludable agitación dentro de la Iglesia.]
La Iglesia superará la crisis por un retorno de la jerarquía, y en primer lugar del papa, a la Tradición. “Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”, dijo Nuestro Señor a San Pedro.
Es mostrar presunción el imaginar que la entrada en la iglesia conciliar de tres obispos y algunas centenas de sacerdotes provocará un retorno a la Tradición. Esto representará algunas gotas de agua rápidamente asimiladas por el océano conciliar.
Enseguida el P. Schmidberger responde a algunas objeciones. Pasamos de las primeras que no son muy fuertes y sólo comentaremos las dos últimas:
5) [La integración en el sistema conciliar no traerá daños a la FSSPX, al contrario, si actuamos enérgicamente, apoyados en la gracia de Dios, nuestra nueva situación se convertirá en una bendición para toda la Iglesia].
Esta respuesta es muy temeraria. Como decía justamente Mons. Lefebvre: “No son los inferiores quienes hacen a los superiores, sino los superiores que hacen a los inferiores[4]”.
Una vez sometidos directa y ordinariamente a las autoridades conciliares, los miembros de la FSSPX recibirán su influencia.
En cambio, la situación actual permite dar testimonio de manera más eficaz pues esta permite predicar la verdad integral… si por lo menos se tuviera la energía necesaria. Pero ¿se tiene todavía esta firmeza? Constatamos que desde hace algunos años las autoridades superiores de la FSSPX se han debilitado en la denuncia de los errores de la iglesia conciliar y tratan al papa con indulgencia[5].
En cuanto a la comparación con David y Goliat, esta se vuelve contra el P. Schmidberger. David representa la Tradición (pequeña a los ojos de los hombres) y Goliat a la iglesia conciliar (aparentemente formidable, pues ella representa “la autoridad”). Pues bien, David no se acercó a Goliat para negociar un acuerdo, sino para combatirlo… y cortarle la cabeza.
6) [Las comunidades que se sometieron a Roma o bien se asimilaron al sistema conciliar o bien ellas se hundieron, pero el caso de la FSSPX es diferente].
La última frase es interesante (el seguro de vida de la FSSPX era la FSSPX) y basta ella sola para demoler toda la argumentación. En efecto, ¿cuál será el seguro de vida de la FSSPX una vez que sea normalizada?
¿Qué hacer particularmente si sacerdotes (o fieles) apelan  a una sanción o se quejan a Roma como lo hicieron los “16 signatarios” de la Fraternidad San Pedro en junio de 1999?
Subrayamos también que el P. Schmidberger no responde claramente a la objeción respecto a Campos. Mons. Rifan está dispuesto al compromiso, esto es verdad para hoy, pero no era verdad antes de que sobreviniera el acuerdo. Esto no garantiza de ninguna manera que la FSSPX, una vez que pasen los acuerdos, no hará compromisos.
Finalmente, el Padre toma como ejemplo a la Fraternidad San Pedro. El hecho que ella permanezca “con pocas excepciones, fieles a la misa tradicional” no es suficiente para tranquilizarnos: en efecto, esta Fraternidad ha abandonado claramente el combate de la fe y no denuncia públicamente los errores de las autoridades conciliares.
VII. Es necesario actuar según la prudencia y no tentar a Dios. Mons. Lefebvre notó muy bien los inconvenientes de tal acuerdo:
Relaciones con las Congregaciones y Órdenes, con estatuto especial, pero a pesar de todo con una dependencia moral que Roma desea ver transformada lo más pronto posible en dependencia canónica. Peligro de contaminación.
Relaciones con los obispos y un clero y fieles conciliares. A pesar de la amplia exención, las barreras canónicas desaparecerían, habrá necesariamente contactos de cortesía y tal vez ofertas de cooperación, para las uniones escolares, unión de superiores, reuniones sacerdotales, ceremonias regionales, etc. Todos ellos son de espíritu conciliar, ecumenista, carismático.
Hasta ahora hemos estado protegidos naturalmente, la selección se aseguraba por sí misma debido a la necesidad de una ruptura con el mundo conciliar. Ahora será necesario hacer reconocimientos continuos, protegerse sin cesar de los medios romanos, de los medios diocesanos[6].
Mons. Lefebvre dijo también:
Esta transferencia de autoridad, es esto que es grave, es extremadamente grave. No es suficiente decir: “Nada hemos cambiado en la práctica[7]”.
Es esta transferencia lo que es muy grave, porque la intención de estas autoridades, es la de destruir la Tradición[8]
Tenemos la necesidad absoluta de tener autoridades eclesiásticas que se adhieran a nuestras preocupaciones y nos ayuden a protegernos contra el espíritu de Vaticano II y el espíritu de Asís[9]
Yo les conferiré esta gracia [del episcopado], confiando que sin tardanza la Sede de Pedro estará ocupada por un sucesor de Pedro perfectamente católico, en las manos del cual podrán depositar la gracia de su episcopado para que él la confirme[10].
Pronto serán 50 años que “nos la creímos”
Jean Madiran apuntaba en febrero de 1972 en Itinéraires 160 (pág. 178):
El 22 de febrero de 1967, el papa Paulo VI instituyó un “año de la fe” que iba del 29 de junio de 1967 al 29 de junio de 1968. Fue en esta ocasión que, en su exhortación apostólica del 22 de febrero, Paulo VI censuraba (en latín) "ille mentis habitus quem “post-conciliarem” appelant [esta mentalidad llamada pos-conciliar", (en italiano) "una mentalità cosidetta “post-conciliare”… Etc. Etc. Etc.
Sí, nos la tragamos, creímos en estas bellas palabras, que eran incluso palabras bellas. Lo podemos ver por nuestros editoriales del número 112 y 113; y por el eco que hizo de estos editoriales Étienne Gilson en el epílogo de su libro Las tribulaciones de Sofía aparecido en la editorial Vrin el verano de 1967 (pág. 171 y siguientes): Gilson también se la creyó. No tiene vergüenza retrospectiva alguna de haberlo hecho. No era fundamentalmente inverosímil el suponer que el papa finalmente se ponía a defender y restaurar la fe cristiana.
Pero mentiríamos al pretender que todo pasó muy bien, que todo fue normal, completamente conforme a las bellas palabras que fueron pronunciadas. Mentiríamos al hacer creer que las acciones e incluso las palabras siguientes fueron coherentes con las palabras bellas y justas del 22 de febrero de 1967.
Un mes más tarde, el 26 de marzo, Paulo VI publicó la encíclica Populorum progressio: la cual, por otra parte, no era casi nada en comparación con lo que vendría enseguida.


[1] “[El papa] dijo también: Ustedes son católicos, continuó diciendo: en camino hacia la plena comunión” Mons. Fellay, sermón del 10 de abril de 2016 en Puy (Dici)
[2] Benedicto XVI, Carta a los obispos de la Iglesia Católica respecto al levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos consagrados por Mons. Lefebvre, 10 de marzo de 2009.
[3] “Ahora bien, toda sociedad necesita de una autoridad dirigente, que guíe a sus miembros al fin común, que, al mismo tiempo, por una acción prudentemente conservadora, salvaguarda sus elementos esenciales. […] La fuerza conservadora, en la Iglesia, es la Tradición y la Tradición es representada por la autoridad religiosa. Y de hecho y de derecho: de derecho, porque la defensa de la tradición es como un instinto natural de la autoridad; de hecho, porque, al hallarse fuera de las contingencias de la vida, la autoridad pocos o ningún estímulo siente que la induzcan al progreso. La fuerza progresiva, al contrario, que es la que responde a las necesidad, se incuba y fermenta en las consciencias individuales, sobre todo en las conciencias de los particulares, especialmente de aquellos que están, como dicen, en contacto más particular e íntimo con la vida”. (Pascendi dominici gregis, 8 septiembre 1907.)
[4] Mons. LEFEBVRE, dans Fideliter n° 70, p. 6.
[5] “Roma desea que ataquemos menos; y yo estoy de acuerdo”. Mons. Fellay, conferencia en el seminario de Winona (USA) en febrero de 2015. En Arcadia California, el 10 de mayo de 2015, Mons. Fellay precisará: Cuando vemos los escándalos, cuando vemos al papa, a los cardenales, a los obispos decir cosas tontas: estamos listos para criticarlos, y rápidamente, sí, y corregirlos, pero ¿ustedes creen que esto los ayudará? La oración lo hará. Monseñor Fellay tuvo, el 21 de septiembre de 2014, “una entrevista cordial” con el cardenal Müller (quien niega la Virginidad Perpetua de la Santísima Virgen: Ver Le Sel de la terre 84, primavera 2013, pág. 165) y su encuentro con el papa Francisco el 1º de abril de 2016 “se desarrolló en un clima cordial”, según los reportes oficiales de la FSSPX.
[6] Exposición de la situación, redactada a mano por Mons. LEFEBVRE y enviada por él a los superiores y superioras de las comunidades tradicionales y a algunos sacerdotes, reunidos por él en Pointet, el 30 de mayo de 1988.
[7] O también decir: “Roma nos acepta tal como somos”.
[8] Mons. LEFEBVRE, Conferencia en Écône el 8 de octubre de 1988
[9] Mons. LEFEBVRE, Carta al papa Juan Pablo II, 2 de junio 1988.
[10] Mons. Lefebvre, Carta a los futuros obispos, 28 de agosto de 1987