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domingo, 12 de junio de 2016

COMENTARIO ELEISON Número CDLXV (465) - 11 de junio de 2016


El Objetivo de Monseñor

Quien pone la obra del Arzobispo bajo esta Roma
A él, a la Fe y al hogar católico traiciona.

En este fatídico mes para la Fraternidad de San Pío X, Junio de 2016, cuando escuchamos que unos 30 sacerdotes líderes se reunirán con el fin de decidir si aceptan la última oferta de Roma de reconocimiento oficial, es seguramente un buen momento para corregir malentendidos en cuanto a las intenciones de su Fundador, Monseñor Lefebvre (1905–1991). Algunos aseguran que su rumbo era inestable, que él “zigzagueaba”, virando de un lado al otro. Otros pretenden que, más que nada, él buscó el reconocimiento de Roma para su Fraternidad. Sin tener que afirmar que él era infalible, uno necesita recordarle a su olvidadiza Fraternidad lo que para él se trataba todo: ambos errores son corregidos por la misma observación, a saber, que su motivación básica era glorificar a Dios y salvar almas sirviendo a la única verdadera Iglesia de Dios defendiendo la Fe, y defender la Fe fundando su Fraternidad San Pío X para formar sacerdotes que preservaran la doctrina, los sacramentos y la Misa de la Tradición Católica.

Ahora bien, el gran obstáculo en el camino de Monseñor eran los hombres de Iglesia del Vaticano II cuya prioridad principal era (y sigue siendo) la de no agradar a Dios sino al hombre moderno que se ha distanciado de Dios. Así, ahora como entonces, ellos se apartaron de Dios (al menos objetivamente; subjetivamente Dios lo sabe), y buscaron cambiar la Iglesia de Dios y su Fe, su doctrina, sus sacramentos y su Misa, mediante una “renovación” humanística.

Por disgusto o desesperación, Monseñor pudo haberse arrinconado con su Fraternidad y dejar que estos hombres de Iglesia perecieran con su Revolución Conciliar. Pero, en primer lugar, desde la visita Romana a Ecône de 1974 en adelante, ellos fueron tras de él y su obra porque ellos no podían dejar que esa obra demostrara su perversidad de ellos. No podían permitirse dejarlo en paz. Y, en segundo lugar, si él podía hacer algo para llevar la Tradición a los Romanos y traer a los Romanos de vuelta a la Tradición, esto beneficiaría a través de ellos a la Iglesia del mundo entero y no solamente a su pequeña Fraternidad. Pues en realidad, a pesar de lo equivocados que estaban, ellos aún ocupaban “la cátedra de Moisés” (cf. Mt. XXIII,2), y entonces desde 1975 en adelante, Monseñor iba y venía de Roma, hasta que su embuste de ellos en 1988 sobre otorgar otro obispo a la Fraternidad probó de una vez por todas que a ellos no se les podía hablar con palabras sino solamente con acciones.

Pero “Stat Crux dum Volvitur Orbis”, significando que la Cruz no se mueve mientras que el mundo todo está en revolución. Anclado en la Tradición, Monseñor permanecía básicamente inmóvil pero estaba tratando con hombres de Iglesia y con una situación en la Iglesia que se había zafado de esta ancla, y que de ahora en adelante estaba a la deriva. Entonces, si ellos iban a la deriva hacia la izquierda, él tenía que virar hacia la derecha, mientras que si ellos parecían volver hacia la derecha (como a fines de 1987 y principios de 1988), entonces él viraba hacia la izquierda (por ejemplo, en el Protocolo del 5 de Mayo de 1988), pero era siempre el viraje de ellos o la situación cambiante (por ejemplo, el deterioro de la Misa Novus Ordo) lo que determinaba el “zigzaguear” de Monseñor, y no al contrario. Su objetivo era invariable – la defensa de la Fe.

Fue por esa misma razón que, una vez que el embuste de los hombres de Iglesia en aquel mismo 5 de Mayo de 1988 fue clara más allá de toda duda razonable, entonces, luego de una noche de reflexión, Monseñor renunció el 6 de Mayo a ese Protocolo que pudo haber obtenido el reconocimiento oficial de Roma para la Fraternidad, y cortó con todas las relaciones meramente diplomáticas con Roma, no para primordialmente salvar a su Fraternidad sino para proteger a la Tradición católica para la Iglesia entera. La doctrina debía prevalecer sobre la diplomacia, y desde entonces hasta su muerte dos años y medio más tarde, aún cuando se conducía con respeto hacia los oficiales de la Iglesia a los cuales increpó como “anticristos”, él declaró que la Fe tenía que venir primero a manera de las Encíclicas doctrinales anti-liberales y anti-modernistas de los Papas pre-Conciliares. Por su fidelidad a la doctrina de la Iglesia, él estaba en el asiento del conductor, y los Romanos lo sabían. ¡Qué contraste con sus sucesores a la cabeza de la Fraternidad, adulando a los traidores de la doctrina y Tradición de la Iglesia, y humillados por ellos! Que estos sucesores de Monseñor vuelvan a leer lo que fue como su discurso de despedida de ellos el 6 de Septiembre de 1990.


Kyrie eleison.