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domingo, 16 de junio de 2013

R.P. RENÉ TRINCADO: SERMÓN DEL IV DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.





Enseña San Agustín que las naves mencionadas en el Evangelio de hoy representan la Iglesia, que se llenará de peces buenos y malos hasta el fin del mundo. Las redes se rompen por causa de una gran multitud de hombres carnales que desgarrarán a la Iglesia con herejías y cismas.
San Beda, por su parte, dice que las naves que corren peligro de hundirse por causa de los mismos peces, figuran a la Iglesia que amenazará hundirse por causa de los malos cristianos, que son sus enemigos internos, según lo que profetizó San Pablo en 2 Timoteo:  “Has de saber que en los últimos días sobrevendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán egoístas y amadores del dinero, jactanciosos, soberbios, difamadores, rebeldes a sus padres, desagradecidos, impíos, inhumanos, implacables, calumniadores, desenfrenados, crueles, enemigos de todo bien, traidores, temerarios, obcecados, más amantes de los placeres que de Dios; y aunque harán ostentación de piedad… se opondrán a la verdad… hombres de inteligencia corrompida, réprobos en lo que refiere a la fe”.

San Ambrosio explica que la barca peligra por tener a bordo a Judas, y agrega: “evitemos el trato con el traidor, no sea que muchos vacilemos, empujados por uno solo”. Se cumple la Escritura. Desde el Vaticano II la Iglesia se hunde por causa de las modernas legiones de Judas: los liberales que usurpan la jerarquía católica, los innumerables clérigos y religiosos sodomitas, los izquierdistas que se dicen católicos, y muchos otros destructores de la Iglesia y enemigos de Cristo; hijos del diablo, según la expresión bíblica.

Dice san Pedro: "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, sin haber atrapado nada"; porque -comenta San Ambrosio- el fruto que ha de obtenerse por medio de la predicación no depende de los hombres, sino de Dios. Para lograr esta pesca milagrosa, N.S. manda a San Pedro conducir las naves mar adentro y éste responde que en su nombre (en el Nombre de Cristo) serán echadas las redes. Hay que confiar sólo en Dios.

Nada pescaba Pedro esa noche porque sus esfuerzos eran puramente humanos. Esa noche infructuosa es la noche de la actual crisis de la Iglesia: recurrir a medios humanos despreciando los divinos fue, precisamente, el intento del concilio Vaticano II. Desde él la Iglesia se encuentra en una espantosa noche de ya largos 50 años. Noche de la apostasía de la cristiandad por no lanzar las redes en el Nombre de Cristo sino en el nombre del mismo hombre; noche fría, tormentosa y muy oscura, por poner la confianza en el hombre y no en Dios. Pero se leen, en el Profeta Jeremías, estas graves y siempre actuales palabras: “Así dice el Señor: Maldito el hombre que confía en el hombre y hace de la carne su fortaleza y su corazón se aparta del Señor” (Jer 17, 5).

Trágicamente, esa oscuridad finalmente ha alcanzado a FSSPX. El demonio tiene también sus redes, y habiendo caído en ellas, confiando más en la nada del hombre que en el poder de Dios, la congregación está hoy dispuesta a apoyarse adúlteramente en los liberales moderados para contener a los liberales extremos. Las autoridades de la congregación se están comportando como verdaderos ciegos guías de ciegos, según lo demuestra, de modo irrefutable, el hecho de haber contratado, recientemente, a un ateo experto en mercadeo para que éste adapte la imagen corporativa de la congregación a los gustos de los liberales. Esta gravísima infidelidad, este increíble despropósito ha sido revelado recientemente por el Padre Girouard, de la Resistencia, y está probado por las palabras que el Superior del Distrito de Canadá, P. Wegner, escribió en enero de 2012: “Una reconocida firma europea de imagen corporativa, desarrolló un estilo corporativo para la Fraternidad (…) El estilo es nuevo y fresco, atractivo para viejos y jóvenes. Una (…) característica de este nuevo estilo es su positividad. Desprovisto de cualquier elemento agresivo e impositivo, nos compromete con una manera positiva de escribir (…)” (“Angelus”, enero de 2012). Se trata, entonces de recurrir a unos ateos que nos enseñarán el modo de proyectar una imagen agradable a los hombres. “¡Adúlteros! ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios” (Sant. 4, 4). ¡Dios nos libre!

Sin duda se vive también en la Tradición esa “desorientación diabólica” de la que en ocasiones hablaba Sor Lucía de Fátima. Para proteger nuestras almas de eso, nunca olvidemos que Cristo mandó a San Pedro ir mar adentro, para que ahí, en lo profundo, fueran lanzadas redes en su Nombre. Es necesario desplegar muchos y grandes esfuerzos en defensa de la fe y de la Iglesia, hacer lo que podamos por mantener vivo el auténtico espíritu católico, que es esencialmente batallador y conquistador; pero no es menos necesario ir hacia lo profundo por los caminos del espíritu, por la unión del alma con Dios que se obra mediante la oración, la que consiste en elevar el alma a Dios, a ese Dios que mora en lo profundo del alma en gracia. Sin oración no podemos esperar nada de Dios, pero con la oración debemos esperarlo todo de Él.

San Agustín compara la pesca del Evangelio de hoy con otra pesca milagrosa, esa en la que los Apóstoles atrapan 153 peces. No es casualidad que el Rosario completo (con sus 3 coronas, con sus 15 Misterios) tenga, exactamente, 153 Avemarías. Bueno, por lo menos a hasta que los modernistas osaron “corregirlo”, agregando los llamados “misterios de la luz”.

Estimados fieles: ¡Confiemos en Dios, creamos en el divino poder del Rosario! Empuñando a diario -e idealmente con sus 15 Misterios- el Santo Rosario, arma todopoderosa; seremos capaces de lanzar una y otra vez y cada vez en mayores profundidades de caridad, las redes santas que son nuestras obras hechas para cumplir la voluntad de Dios, nuestras vidas vividas en “el Nombre de Cristo”.