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miércoles, 26 de junio de 2013

PERCEPCIÓN.- NUEVO ARTÍCULO DEL PADRE PATRICK GIROUARD.




Cuando hablo con la gente, muchos me preguntan lo mismo: “Pero Padre, ¿por qué Monseñor Fellay está haciendo esto? ¿Por qué él, y los otros Superiores siguen esta nueva estrategia con Roma?”

Por supuesto, para poder contestar con una completa y absoluta certitud, necesitaría ser Dios. Pero como Él me eligió para ser su ministro aquí en la tierra, debo tratar de hacer lo mejor para dar un poco de luz sobre esta cuestión.

De lo que puedo reunir de diversas fuentes, los superiores de la Fraternidad, y aquellos que los siguen, creen que obtener la “normalización canónica”, un “reconocimiento oficial” por las autoridades romanas, tendría como objeto alcanzar más almas y poder ayudarlas para alcanzar su salvación eterna. (Ellos parecen olvidar que ya hay nueve comunidades que han firmado un acuerdo a quienes estas almas pueden dirigirse). Para Monseñor Fellay y sus seguidores, tal “regularización” repararía también una injusticia perpetrada en contra de la FSSPX. Estos dos motives parecen ser buenos y dignos de elogio. Las buenas personas se sienten atraídas por buenos motivos.

Antes de tratar con el primer motivo, que es el objeto del presente editorial, permítanme despachar rápidamente la cuestión de la reparación de la “injusticia” perpetrada en contra nuestra: ¿Desde cuándo el hecho de ser rechazados por malas personas se ha vuelto una injusticia para las buenas personas? Ser rechazados por herejes y pervertidos no suena muy mal para mí. Incluso diría que me hicieron un favor. Los modernistas y pervertidos de Roma no me quitaron el ser Católico, solamente me dieron la alegría de recibir una de las bienaventuranzas reveladas por Nuestro Señor, sufrir persecución por causa de la justicia. ¿Por qué querría ser despojado de esa bienaventuranza?

Procedamos con nuestra argumentación. Si fuéramos a analizar ambos motivos seriamente, entenderíamos que ellos tienen un fundamento endeble y no pueden soportar el escrutinio. Verdaderamente, esos motivos se originan del deseo de que la FSSPX pudiera un día ser percibida por la gente como perteneciente a la “iglesia” oficial. En otras palabras, toda la crisis que hemos vivido durante los últimos 15 años, desde la fundación del Grupo de Reflexión entre Católicos (GREC) se basa en una cuestión de PERCEPCIÓN, esto es: Cómo nos ven las otras personas.

Este  Grupo de Reflexión Entre Católicos, fundado en 1997 por, entre otros, el padre Alain Lorans (encargado de DICI) y el padre del novus ordo Michel Lelong, tiene el objetivo oficial de lograr la reconciliación entre la FSSPX y la Roma conciliar. El padre Lorans hizo la fundación con la bendición de Monseñor Fellay, manteniéndolo informado acerca de su trabajo. Tengo el libro escrito por el padre Lelong donde detalla la historia del grupo. Entre otras cosas, dice que el GREC le sugirió a la Fraternidad pedir a las autoridades romanas que les concediera dos signos de buena voluntad que ayudaran a lograr la futura reconciliación: 1.- La “liberalización” de la misa antigua, 2.- el levantamiento de las “excomuniones”. El GREC sugirió también que la FSSPX dejara de 1.- criticar tan severamente a las autoridades romanas, 2.- rechazar el Vaticano II en su conjunto. Nosotros sabemos lo que sucedió después. La Fraternidad pidió dos señales de “buena voluntad” de Roma, y también cambió su estilo de argumentación. (Acerca de este cambio, por favor ver mi sermón sobre la imagen de marca de la Fraternidad). Es interesante notar que, mientras toda la cuestión de la “reconciliación” está basada en percepción, los medios propuestos para lograrla también están fundados en percepción.

 Realmente todos sabemos que la Misa Antigua nunca necesitó ser “liberada”, ya que la bula Quo Primum dio el permiso perpetuo de celebrarla a pesar de lo que los obispos del novus ordo digan; que las “excomuniones” nunca fueron válidas y que el nuevo estilo de argumentación de la Fraternidad es el resultado del deseo de no ser percibidos como “amargados”, “severos”, “desobedientes”, etc. Pero, incluso si ellos sabían todo esto, Monseñor Fellay y sus seguidores, en algún momento empezaron a tener temor de la percepción negativa  que los “católicos” de la iglesia oficial tuvieran de estos tres elementos. Empezaron a pensar que tal percepción negativa era un obstáculo para la salvación de esas pobres almas. Por lo tanto, para quitar este obstáculo, para obtener un buen fin, decidieron seguir las sugerencias del GREC lo que significa que ellos han escogido medios malos para obtener un buen fin. Todo mundo que tenga el mínimo conocimiento del Catecismo, sabe que esto jamás será moralmente permisible.

Además, al pedir a Roma que conceda estas dos “señales de buena voluntad”, los líderes de la Fraternidad de manera intencional actuaron externamente de una manera que contradecía lo que creían internamente ser la verdad. Ellos entonces acrecentaron la confusión de las pobres almas que querían “salvar”, porque actuaron públicamente COMO SI la Misa Antigua hubiera estado prohibida y COMO SI la las excomuniones hubieran sido válidas, y COMO SI la Roma conciliar y el Pontífice, además del mismo concilio, no fueran ya tan malos. En otras palabras, ellos han sido, para todos los propósitos prácticos, mentirosos e hipócritas.

 Más tarde, Monseñor Fellay y sus dos asistentes, que forman lo que se llama el Consejo General, presentaron a Roma una Declaración Doctrinal, el 15 de Abril de 2012, que es un monumento a la misma clase de hipocresía. Es un documento que intenta, a través de la sutileza en la elección de palabras y expresiones,  ser aceptable tanto para los modernistas como para los tradicionalistas. Es por eso que el mismo Monseñor Fellay dijo repetidamente que nuestra aceptación de este texto dependería de nuestro estado mental al leerlo (anteojos negros o rosas). Hasta donde sabemos, el Consejo General no ha enviado a Roma otro documento oficial para decir que revoca la Declaración Doctrinal y por lo tanto ésta todavía representa la posición oficial de la Fraternidad sobre estas cuestiones, a pesar de las declaraciones contrarias hechas en sermones o conferencias. Tales declaraciones realmente no tienen ningún valor oficial o jurídico, y sólo son una prueba más de que los dirigentes de la Fraternidad están siendo hipócritas, no sólo con los "católicos" de la iglesia oficial, sino también con sus propios fieles que son quienes lo pagan.

Otro ejemplo notable de hipocresía es la Declaración del Capítulo General del 2012 de la Fraternidad y las seis “condiciones” para un acuerdo práctico. Los superiores fingen haber recuperado la unidad en la Fraternidad mientras que, en la práctica, la llamada “unidad” se ha logrado por la expulsión de cualquier voz disidente, incluyendo la de uno de los cuatro Obispos consagrados por Monseñor Lefebvre. Es una unidad basada en el miedo y en mentiras. Los que saben que la Fraternidad va por mal camino temen el castigo, y los que piensan que está haciendo bien las cosas están siendo engañados por los sofismas explicados arriba. Además, afirmar que las seis “condiciones”, débiles como son, pueden protegernos, es negarse a ver la realidad en Roma y olvidar lo que pasó con las nueve Comunidades Tradicionales que trataron esto antes. Esto no es otra cosa que ceguera intelectual voluntaria.

Lo que esperamos que todos se den cuenta, es que Monseñor Fellay y sus seguidores están cometiendo el mismo error que los clérigos cometieron en el Vaticano II: Basan su estrategia en una cuestión de PERCEPCIÓN. Realmente el Vaticano II fue un intento de mejorar la percepción de los no-católicos respecto a la Iglesia. El fallido experimento de la iglesia conciliar debió haber evitado que los líderes de la Fraternidad cayeran en la misma trampa, pero, ¿desde cuándo los niños aprenden de la experiencia de las generaciones precedentes?

¿Qué podemos hacer para detener este desvarío? Yo creo que debemos salir de este sistema de hipocresía y de ese ciclo de temor. Debemos levantarnos por la verdad, sin importar la percepción que otros tengan sobre nosotros y sin importar los castigos. Lo que convirtió a los paganos en los primeros siglos de la Iglesia no fueron Cristianos que trataron de ser bien “percibidos”. Fue la constancia de aquellos que estuvieron dispuestos a dar sus vidas por fidelidad a sus convicciones. Por lo tanto, queridos amigos, ¡RESISTAMOS ABIERTA Y FUERTEMENTE!


Padre Patrick Girouard