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sábado, 4 de febrero de 2017

OTROS TIEMPOS: MONS. FELLAY CONTRA EL ACUERDO PRÁCTICO

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FUENTE (Extractos de una conferencia de Mons. Fellay en el año 2007).

"No podemos trabajar verdaderamente a no ser que estemos de acuerdo en los principios. Es el gran problema de lo que llamamos un acuerdo práctico. 
¿Por qué no podemos ir en el camino de un acuerdo práctico? Es bastante simple: Mientras la base, explícita o no, de esta clase de acuerdo, sean los principios modernos introducidos por el concilio, si lo aceptamos, estamos acabados. 

Incluso si nos dan una estructura en la que haya más o menos lo que hay actualmente entre nosotros, incluso si nos dan obispos, incluso si nos permiten continuar nuestros seminarios; si la base, si el fundamento al que estamos sujetos son los principios modernos, tarde o temprano estos principios vuelven a la superficie.
Les doy un ejemplo o algunos ejemplos, es muy simple. Forzosamente, si estamos en esta situación, tenemos relaciones con ellos, aquí o allá. Estas relaciones no son siempre necesariamente amigables, pueden ser también conflictivas. Si hay un conflicto, ¿qué hacemos? Vamos a ver al juez. Y el juez, ¿cómo juzga? Pues bien, de acuerdo a la ley, es la ley moderna, es esta ley la que va a juzgar.
Les doy otro ejemplo: el matrimonio. Hoy, yo no sé cuántos matrimonios son anulados en la iglesia moderna, a nombre de un artículo del nuevo derecho canónico, que verdaderamente es una injuria: es el divorcio abierto.  (...)  Imagínense que esta gente venga con nosotros y le digamos: “Esto no es así. Escuche, estimado señor, usted verdaderamente está casado con su primera esposa; la segunda no es su verdadera esposa”. La iglesia oficial dice , nosotros decimos no. ¿Cómo se le hace? ¿A dónde nos dirigimos? Llegamos a situaciones insolubles.
Tomemos por ejemplo la nueva misa. Nosotros decimos: “La nueva misa es mala. No se puede comulgar en esas nuevas misas porque si usted comulga, recibiendo la comunión que es el fruto de esta misa, usted dice que está de acuerdo con esta nueva misa”. Nosotros decimos: no se debe comulgar. Entonces cuando vamos a decir las misas en lugares donde se dice la nueva misa, nosotros tomamos nuestras hostias, nuestros cálices, etc. Entonces imaginen que el cura del lugar ve esto: se enfurece, evidentemente se enoja. ¿Qué hacen ellos entonces? Nos denuncian a Roma. Nos denuncian al obispo y vamos a pelear.
Vean, con estos ejemplos concretos, he tratado de demostrarles que ¡es IM-PO-SI-BLE! 

Mientras que Roma no regrese, verdaderamente no se desconecte -evidentemente esto no quiere decir que todo esté arreglado en la Iglesia, evidentemente no- no podemos trabajar verdaderamente a no ser que estemos de acuerdo en los principios. 

Y es por eso que nosotros insistimos, y volvemos a insistir, y decimos, que es necesario primero discutir estos principios con Roma antes de poder hacer un acuerdo, de lo contrario, otra vez, esto es un suicidio."