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viernes, 3 de febrero de 2017

NUEVAS INFORMACIONES SOBRE LA TRAICIÓN Y SUICIDIO DE LA FSSPX - 2 - ENTREVISTA A MONS. FELLAY PUBLICADA EL 2 DE FEBRERO

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Mons. Fellay sobre el demoledor Francisco: "hemos encontrado un Papa comprensivo y bondadoso".


Las "líneas rojas" o límites “absolutos” de Mons. Fellay son -ahora, en el estado actual de la "evolución" de las condiciones de la FSSPX ante Roma- unos pocos puntos doctrinales (tres, de hecho, e imprecisos o vagos) respecto de los que -promete él- la FSSPX no va a ceder, a saber: "el modo en que el ecumenismo es practicado", "la cuestión litúrgica" y "la relación entre la Iglesia y el Estado". Pero lo cierto es que reduciendo a sólo tres puntos difusos el enorme cúmulo de desacuerdos entre la verdadera doctrina católica y el modernismo actualmente imperante en Roma, lo que hace Mons. Fellay no es sino ceder traidoramente ante Roma apostata, retroceder ante la herejía. Por lo demás, Mons. Pozzo se ha encargado de precisar que esos tres puntos doctrinales podrán ser objeto de discusiones ad aeternum después de firmado el acuerdo suicida.

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LEER TRANSCRIPCIÓN:

Ocho años después de que Benedicto XVI levantara la excomunión a los cuatro obispos lefebvrianos y aunque parece que la prelatura personal bajo la autoridad del Papa pueda ser la solución, sigue sin concretarse un acuerdo entre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) y Roma. En esta entrevista en exclusiva con Vida Nueva, Bernard Fellay, su actual superior, reconoce que el camino está cerca de culminarse. Pero, a su vez, deja claro que ''no cederemos'' en lo que para ellos son sus ''líneas rojas'': la aplicación del Concilio Vaticano II en el diálogo ecuménico e interreligioso, en la relación Iglesia-Estado o en la celebración de la liturgia.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA / JOSÉ BELTRÁN

En 1970, el arzobispo francés Marcel Lefebvre, que había sido siete años misionero espiritano en Gabón y luego prelado en Dakar, fundó la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). Desde su nueva comunidad, asentada en Ecône (Suiza), se convirtió en un referente para los sectores eclesiales reacios a aceptar el Concilio Vaticano II. En 1988 dio un paso más allá y consagró a cuatro obispos, obviando a Roma. Automáticamente, Juan Pablo II los excomulgó a todos ellos por "cismáticos". Durante dos décadas, en líneas generales, se mantuvo esta situación, hasta que, en 2009, Benedicto XVI levantó la excomunión de los cuatro obispos consagrados por Lefebvre, fallecido en 1991. Ahí se inició un diálogo del que poco ha trascendido y que Ratzinger no pudo cerrar antes de su dimisión en 2013.

Con Francisco se ha dado el único paso visible: durante el Jubileo de la Misericordia, celebrado a lo largo del pasado año, Bergoglio dispuso que las absoluciones dadas en confesión por presbíteros de la FSSPX gozarían de total validez y estarían en comunión con la Iglesia. Un gesto que el Pontífice, "confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes, para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios la plena comunión con la Iglesia católica", extendió más allá de la clausura del Jubileo, el 20 de noviembre; por ahora, "hasta nueva disposición".

Mientras se llega o no a una solución definitiva, el anuncio más importante lo hizo en agosto del pasado año Guido Pozzo, secretario de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei y delegado vaticano en este proceso, al afirmar que la FSSPX habría "aceptado" reconciliarse con Roma y que se  constituiría en una prelatura personal.

Una opción que ya se barajó en 2012, cuando, aparentemente, más cerca estuvo de cerrarse este complejo camino conjunto. Sin embargo, en estos meses no ha habido ninguna confirmación oficial.

¿En qué punto se encuentran las conversaciones sobre la vuelta a la comunión con Roma de un movimiento presente en 72 países, con cinco seminarios y dos noviciados en los que se forman 206 futuros presbíteros, y con 191 centros para un total de 613 sacerdotes, 116 hermanos legos religiosos y 80 religiosas? Si hay alguien que lo sabe bien es Bernard Fellay, superior general de la FSSPX y principal interlocutor con la Santa Sede en estos ocho años de diálogo. En esta entrevista en exclusiva con Vida Nueva, Fellay reconoce que "ya no queda ningún obstáculo insalvable para un reconocimiento canónico de la Fraternidad" y ve más que factible la salida de la "prelatura personal". Así, aunque destaca que Francisco ha sido quien ha dado el impulso definitivo al proceso y admite que han encontrado en él a "un Papa comprensivo y bondadoso", Fellay deja bien claro que tienen "líneas rojas en las que no cederemos": "La condición es que Roma nos acepte tal y como somos".

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X está viviendo una primavera vocacional, como muestra su nuevo seminario en Virginia, Estados Unidos. ¿Qué tiene su carisma para atraer a nuevos jóvenes al sacerdocio?

En realidad, no podemos hablar de una "primavera vocacional" en la Fraternidad. El número de vocaciones ha sido constante a lo largo de estos últimos decenios. Creemos que el elemento fundamental que garantiza la renovación de las vocaciones es precisamente el aspecto "tradicional" de nuestra congregación. Hasta los años 60, la Iglesia tenía una determinada disciplina, ciertos usos y costumbres, y, sobre todo, un espíritu sacerdotal claramente definido. Pero todo cambió con el Concilio Vaticano II, en particular, la concepción del sacerdocio.
Lo más específico de nuestra congregación es el espíritu del sacrificio de la Cruz, del sacrificio del altar, que el sacerdote renueva en íntima unión con Nuestro Señor, y con el cual debe identificarse.

Cuando uno navega por Internet para buscar documentación sobre la FSSPX, se encuentra con dos adjetivos que suelen salpicar la búsqueda, "ultraconservador" y "sectario". ¿Qué les diría a quienes les califican de este modo?

Si se quiere descalificar a la Fraternidad como "ultraconservadora" y "sectaria", entonces hay que condenar a la Iglesia católica toda, a lo largo de toda su historia. Nosotros simplemente seguimos y aplicamos lo que fue practicado por la Iglesia en todo el mundo durante siglos. Ahora bien, en los años 50 y luego con el Concilio, se quiso cambiar la Iglesia. Pero nosotros no abandonamos la rica herencia de nuestra Santa Madre Iglesia, y ese simple hecho basta para otorgarnos un aspecto conservador. Cuando, por ciertas actitudes o posiciones, se nos tilda de "sectarios", se malinterpretan nuestras reacciones para defendernos y protegernos de los ataques que injustamente hemos sufrido desde los años 70.

Fórmula adecuada

Precisamente en Virginia, usted aseguró que la nueva prelatura personal está "casi preparada". ¿Considera la fórmula de la prelatura la más adecuada?

Creemos que las autoridades romanas consideran que la prelatura personal es la estructura canónica que mejor refleja nuestra situación real. Y nosotros también pensamos que la prelatura personal es el régimen más adecuado a la Fraternidad en las circunstancias actuales.

¿Cree posible que se dé una plena comunión con Roma a corto plazo? ¿Es aventurado poner una fecha?

En la actualidad hay en la Iglesia una profunda división entre conservadores y progresistas, que alcanza las más altas esferas. En cierta medida, somos las víctimas de esta disputa, ya que la declaración oficial de nuestra comunión con la sede de Pedro difícilmente será satisfactoria para ambas posiciones. Sin embargo, creo que las autoridades romanas han podido comprobar que no hay en nosotros problemas graves que impidan el público reconocimiento de nuestra condición de católicos. La respuesta estará, pues, muy condicionada por las circunstancias, lo que hace imposible dar una fecha.

¿Cuál ha sido el punto de inflexión para que se fomentara el diálogo entre ambas partes? ¿Benedicto XVI dio el primer paso significativo?

En este itinerario, que comenzó ya en el pontificado de Juan Pablo II, nos parece que Benedicto XVI jugó un papel muy importante; por una parte, al reconocer que el rito "antiguo" nunca había sido abrogado, y, por otra, al confirmar la ausencia de excomunión para los cuatro obispos de la Fraternidad. Sin embargo, nos parece que los pasos más importantes se dieron en el pontificado de Francisco.
El Papa ha extendido más allá del Año Jubilar de la Misericordia y "hasta nueva disposición" la validez de las absoluciones sacramentales de los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X. ¿Cómo valora este gesto?

El sacramento de la penitencia es uno de los más importantes, después del bautismo, para obtener el perdón de los pecados, y así acceder a la vida eterna. El gesto del Santo Padre manifiesta, por una parte, su preocupación paternal por facilitar a las almas el acceso a los sacramentos, disipando al mismo tiempo cualquier duda sobre la validez del sacramento de la penitencia administrado por nuestros sacerdotes. Por otra parte, este gesto muestra que ya no queda ningún obstáculo insalvable para un reconocimiento canónico de la Fraternidad.

Una línea homogénea

¿Cuál es el principal escollo hoy por hoy para dar el último impulso al proceso?

Tanto hoy como ayer, el principal escollo es el grado de la obligación de adhesión al Concilio Vaticano II. Se dio un paso muy importante cuando monseñor Pozzo dijo públicamente que ciertos textos del Concilio no constituían criterios de catolicidad; por ejemplo, los que se refieren a la libertad religiosa, a las relaciones con las religiones no cristianas, al ecumenismo y también, en parte, a la reforma litúrgica. Si pudiéramos comprobar que se trata de la línea de la Iglesia toda, y no de una u otra persona, ello sería decisivo.

¿Hay líneas rojas para la Fraternidad Sacerdotal San Pío X?
Sí las hay: el modo en que el ecumenismo es practicado, incluyendo afirmaciones muy peligrosas para la fe, que hacen pensar que todos tienen la misma fe; la cuestión litúrgica o la relación entre la Iglesia y el Estado. Todos estos son temas en los que no cederemos. No se trata de una posición o un punto de vista personal, o propio solamente de nuestra congregación. Simplemente, sostenemos lo que la Iglesia ya ha enseñado y definido en estos temas. Podríamos resumir diciendo que la conditio sine qua non es que Roma nos acepte tal y como somos.

La interpretación del Concilio Vaticano II es uno de los principales puntos de divergencia. ¿Cuáles son los asuntos que más le preocupan al respecto?

La naturaleza de las relaciones entre la Iglesia y otras realidades como son el mundo, el Estado y las otras religiones son temas que exigen muchas aclaraciones. No se trata de divergencias entre lo que sería una opinión teológica de nuestra congregación y el magisterio actual de la Iglesia, sino de la oposición entre lo que la Iglesia enseñó y definió con anterioridad y las novedades del Concilio Vaticano II y posteriores.

Nosotros tan solo prestamos nuestra voz para que resuene en el presente lo que la Iglesia ya ha enseñado y declarado, y que parece por todos olvidado. Únicamente, hacemos manifiesta dicha oposición.

El pasado mes de abril tuvo la oportunidad de reunirse con el papa Francisco. ¿Qué sensación le dejó?

Hemos encontrado un Sumo Pontífice comprensivo, que afirma claramente que somos católicos, que reconoce que no somos cismáticos. Admite que quedan cuestiones canónicas por resolver, pero no por ello pone en duda nuestra condición de católicos. Hemos encontrado un Santo Padre bondadoso, que busca facilitar el camino, sin por ello imponer una determinada solución.