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lunes, 27 de febrero de 2017

GRAVES REVELACIONES DE ANDREA TORNIELLI


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GRAVES REVELACIONES DEL VATICANISTA TORNIELLI: SE TRABAJA EN UNA NUEVA DECLARACIÓN DOCTRINAL QUE CONTIENE CONCESIONES ABSOLUTAMENTE INACEPTABLES POR PARTE DE LA FSSPX. SE INTENTA CONSEGUIR QUE ROMA SE COMPROMETA FORMALMENTE A QUE LA FSSPX PUEDA "SEGUIR SIENDO COMO ES":

"Desde hace casi un año la Santa Sede está esperando que el superior de la Fraternidad San Pío X... firme la nueva declaración doctrinal, paso necesario antes de definir cualquier forma jurídica... Prácticamente, el nuevo texto propone la «Professio fidei»la profesión de fe [ver texto al final] ; la aceptación del primado del Papa y de la colegialidad episcopal según lo expresado en la constitución conciliar «Lumen gentium»; la definición de la relación entre tradición y magisterio; el reconocimiento de la validez de los sacramentos celebrados con el rito posterior a la reforma postconciliar y, finalmente, la aceptación del Concilio Vaticano II, interpretado a la luz de la tradición de la IglesiaNo se habla sobre el ecumenismo, sobre el diálogo con las demás religiones ni sobre la libertad religiosa: temas sobre los que, como se sabe, la Fraternidad sigue manifestando muchas objeciones y contrariedades con respecto al camino de la Iglesia católica durante los últimos 50 años... Hasta el momento, monseñor Fellay no ha suscrito el documento. Pero la Santa Sede no tiene ninguna prisa. Lo que piden los lefebvrianos es poder seguir siendo ellos mismos. Y sobre este aspecto tanto el Papa como la comisión Ecclesia Dei los han tranquilizado."  

VATICAN INSIDER: original en italiano y traducción (no siempre exacta) al español. La negrita es del original.

Fraternidad San Pío X, pequeños pasos hacia el acuerdo

El Papa recibió en audiencia al secretario de Ecclesia Dei. La Santa Sede espera la firma de Fellay en una nueva declaración doctrinal. Los rumores sobre la posible nueva sede romana.

ANDREA TORNIELLI

CIUDAD DEL VATICANO. Pequeños pasos hacia el acuerdo. Continúa sin prisas el recorrido que debería llevar, dentro de algunos meses, a la Fraternidad San Pío X, fundada por el obispo Marcel Lefebvre, nuevamente a la plena comunión de la Iglesia católica, después de la ruptura de 1988. El secretario de la Pontificia comisión Ecclesia Dei, Guido Pozzo, fue recibido por Papa Francisco en una audiencia hoy, 27 de febrero, por la mañana. En los últimos días se difundieron algunas indiscreciones sobre la posibilidad de que la Fraternidad compre un inmueble con una iglesia anexa al que podría mudar su sede en Roma, y también se habló del complejo de Santa María Inmaculada en el Esquilino (uno de los barrios de la capital italiana), a pocos pasos de San Juan de Letrán. 
El complejo incluye una iglesia neo-gótica construida en los primeros años del siglo XX que fue construida por los Frailes de la caridad, además de un edificio en donde hubo una escuela primaria y secundaria que en la actualidad pertenece a una orden religiosa. Se dijo también que Francisco y la comisión Ecclesia Dei estaban involucrados en la compra, pero ello no es efectivo. La propiedad del instituto es diferente de la de la iglesia de la Inmaculada: esta última, en donde se celebra regularmente la misa, es una rectoría del Vicariato y solo cuenta con un aposento adyacente para el rector. Desde hace tiempo, los lefebvrianos están interesados en la compra de una sede en Roma. La orden que lo posee debería obtener el visto bueno de la Congregación para los religiosos para llevar a cabo la venta. Y, en el caso de que se llevara a cabo la transacción, para todo lo relacionado con el eventual uso de la Iglesia tendrán que dirigirse a la diócesis de Roma, pues es su propietaria.   
El acuerdo con la institución de una Prelatura personal semejante a la concedida en los años ochenta al Opus Dei, no es cuestión de días o semanas. Desde hace casi un año la Santa Sede está esperando que el superior de la Fraternidad San Pío X, el obispo Bernard Fellay, firme la nueva declaración doctrinal, paso necesario antes de definir cualquier forma jurídica. Como se recordará, la negociación de 2012 fracasó justamente con la declaración doctrinal. El texto que ahora fue sometido a la atención de Fellay resulta mucho más sintético que el de 2012. Como explicó el obispo Pozzo en algunas entrevistas, mientras el primer documento trataba de solucionar cualquier contencioso y aclarar todos los puntos pendientes, la nueva declaración se limita a pedir a los lefebvrianos solamente lo necesario para ser católicos, dejando todo lo demás a futuras discusiones tras la plena comunión.  
Prácticamente, el nuevo texto propone la «Professio fidei», la profesión de fe; la aceptación del primado del Papa y de la colegialidad episcopal según lo expresado en la constitución conciliar «Lumen gentium»; la definición de la relación entre tradición y magisterio; el reconocimiento de la validez de los sacramentos celebrados con el rito posterior a la reforma postconciliar y, finalmente, la aceptación del Concilio Vaticano II, interpretado a la luz de la tradición de la Iglesia. No se habla sobre el ecumenismo, sobre el diálogo con las demás religiones ni sobre la libertad religiosa: temas sobre los que, como se sabe, la Fraternidad sigue manifestando muchas objeciones y contrariedades con respecto al camino de la Iglesia católica durante los últimos 50 años. 
Hasta el momento, monseñor Fellay no ha suscrito el documento. Pero la Santa Sede no tiene ninguna prisa. Sabe que el proceso es largo y que también el superior debe contar con el tiempo para explicar y hacer que se acepte el acuerdo dentro de la Fraternidad. Sólo después de la firma de la declaración doctrinal comenzará el examen de los estatutos internos para llegar a la Constitución apostólica que erigiría la nueva Prelatura personal. Después se redactaría el reglamento para definir las particularidades de su organización. Lo que piden los lefebvrianos es poder seguir siendo ellos mismos. Y sobre este aspecto tanto el Papa como la comisión Ecclesia Dei los han tranquilizado.  
También será necesario que pase un poco de tiempo, una vez que se llegue al acuerdo, para involucrar a las Conferencias Episcopales de los países más involucrados en el fenómeno, que deberán ser informadas sobre el camino recorrido y sobre la solución jurídica para llegar a la plena comunión. 
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PROFESIÓN DE FE

Yo, N., creo con fe firme y profeso todas y cada una de las cosas contenidas en el Símbolo de la fe, a saber:
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal.
Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo.
Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivoNota de NP: la aceptación este párrafo, equivaldrá a la rendición de la FSSPX ante Roma liberal y modernista. 

JURAMENTO DE FIDELIDAD
AL ASUMIR UN OFICIO
QUE SE HA DE EJERCER EN NOMBRE DE LA IGLESIA

Yo, N., al asumir el oficio..., prometo mantenerme siempre en comunión con la Iglesia católica, tanto en lo que exprese de palabra como en mi manera de obrar.
Cumpliré con gran diligencia y fidelidad las obligaciones a las que estoy comprometido con la Iglesia tanto universal como particular, en la que he sido llamado a ejercer mi servicio, según lo establecido por el derecho.
En el ejercicio del ministerio que me ha sido confiado en nombre de la Iglesia, conservaré íntegro el depósito de la fe y lo transmitiré y explicaré fielmente; evitando, por tanto, cualquier doctrina que le sea contraria.
Seguiré y promoveré la disciplina común a toda la Iglesia, y observaré todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico.
Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados pastores, como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo que establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente a los obispos diocesanos para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, se realice siempre en comunión con ella.
Que así Dios me ayude y estos santos evangelios que toco con mis manos.
(Variaciones a los párrafos cuarto y quinto de la fórmula de juramento,
que han de utilizar los fieles cristianos a los que se refiere el canon 833, n. 8)
Promoveré la disciplina común a toda la Iglesia y urgiré la observancia de todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico.
Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados pastores, como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo que establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente a los obispos diocesanos para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, quedando a salvo la índole y el fin de mi instituto, se realice siempre en comunión con la misma Iglesia.

Fuente: Santa Sede.