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jueves, 23 de mayo de 2013

LOS ASALTOS CONTRA LA FRATERNIDAD.- MAX BARRET.





¡Si se debiera buscar la prueba que la FSSPX es una obra deseada de Dios, la encontraríamos en todos los asaltos, provenientes del exterior y del interior, que sufrió! ¡Podemos decir, efectivamente, que tal persistencia, tal obstinación en este encarnizamiento devastador puede explicarse sólo por el temor de la fuerza que representa! Poco tiempo después de la fundación de Ecône (1971), Mons. Lefebvre ya tuvo a hacer frente a eso ¡solo!... ¡Dramáticamente solo!...

Fue durante su conferencia del 20 de mayo de 1986 que él evocó públicamente lo que se tramó, desde la sombra, contra su obra de mantenimiento de la Fe católica. He aquí algunos extractos.

"Esta masa de tradicionalistas moderados, miedosos de la autoridad, mezclando la infalibilidad del Santo Padre a todo lo que dice, todo lo que hace, no poniendo límites, etcétera… entonces esta masa de tradicionalistas con los cuales estamos mas o menos en relación -ustedes conocen  estos sacerdotes, ustedes conocen esos fieles que están un poco sobre la franja. Es el caso de “Una Voce”, hay que decirlo, y también un poco “La Pensée Catholique”, y “L’Homme nouveau”, y así encontramos movimientos de este género por todas partes en la gente; esta gente que quisiera estar en la Tradición, pero tienen tanto miedo de separarse de las autoridades…”

Y Monseñor evoca, imaginamos que con tristeza, las cinco hemorragias causadas en « su » seminario:  « Tenemos la impresión de que cada tres años, hay una hemorragia”.

La primera de ellas fue provocada por el padre Masson, primer director del seminario. Fue en 1975, cuatro años después de la fundación de Ecône. “¡Ah Monseñor, tengo la impresión que vamos a hacer cisma, vamos a hacer cisma! No, no, yo no puedo quedarme”. Y prosigue Monseñor: “Bueno, él partió y se fue a Roma y se llevó a todos aquellos que conocía, se los llevó con él: siete, ocho… fue una gran hemorragia en el seminario en ese momento, pues eran menos numerosos que ahora. Fue enorme, con el mismo director del seminario”.

Luego, la segunda hemorragia, cuando Monseñor fue excomulgado. Fue mucho peor: “De nuevo el director del seminario, cuatro profesores y no sé cuántos seminaristas, partieron diciéndome: “Monseñor, su seminario se acabó. Puede cerrar su seminario… Su Fraternidad está completamente terminada, usted puede cerrar la casa. Le tomarán dos tercios de seminaristas, no se haga ilusiones. Nosotros vamos a fundar un seminario y usted no tendrá mas que un tercio de seminaristas ¡puede usted cerrar”.  ¡Alentador! ¡Desestabilizar al más sólido de los hombres! Pero he aquí su respuesta, tal como él la recordó en su carta. Hay que leerla y releerla: “¡Yo no hago el seminario para mí! Si el Buen Dios quiere que se cierre, se cerrará! Yo no he hecho el seminario para mí en lo personal, eso me es completamente indiferente. Pondremos la llave en el seminario, y es todo. Yo continúo en la Tradición, continuaré con mi Misa, continuaré conservando la fe. Si no hay nadie que quiera continuar conmigo, me es igual… Yo no hago esto como una obra personal, para mí personalmente, para mi placer personal… Yo hubiera estado mucho más tranquilo descansando en una pequeña casa bien tranquila, decir la misa todos los días y continuar mi Tradición… y luego morir tranquilamente… ¡No es por mí que lo hago!. Yo continúo. Continúo con Monseñor Tissier que ha tomado el relevo. Y luego, a fe mía, se fueron. Pero continuamos”.

¡ Pero lo que se redescubre en esta conferencia son los ataques solapados de infiltrados que Monseñor Lefebvre no sospechaba! Sí… Nada ha cambiado desde entonces, con la diferencia que ahora  son pocos los que han dado la voz de alarma, lo que nos ha valido oprobios, críticas cuando no el rechazo. Monseñor reconoce que Yo no sabía nada de lo que pasaba, de lo que se tramaba en el seminario. No creía que fuera a ser testigo una vez más de una cuarta o quinta hemorragia. Si tuviera la memoria del padre Le Boulch, podría dar los nombres, las horas, el número exacto de seminaristas que partieron (¿Dónde están ahora? ¿Qué fue de ellos? Ndlr). En todo caso, me enteré de esto por el director. Me dijo: “¿Pero es que usted no sabe lo que se trama en el seminario otra vez?” Una vez más, bajo la presión de sacerdotes del exterior y para no nombrarlo, el padre de Burdeos fue quien escribió al director: “¡Abandone esa galera!”. Muy gentil por parte del director del “Opus sacerdotal” de Francia… ¡quien es uno de nuestros amigos! Yo no sé si él envió seminaristas con este objetivo, si tuvo influencia sobre ciertos seminaristas y siempre con una cierta relación con Roma… Siempre hay algo, un lazo, un hilo que se relaciona con Roma… (…) Hay todo un medio, justamente, que quisiera ser tradicional, que ven muy bien que hay algo malo en la Iglesia y quisieran conservar la Tradición, pero no tienen el valor de oponerse a la autoridad que destruye la Iglesia, quien es la causa, que es el origen de la subversión en la Iglesia. ¿Qué quieren que yo haga? ¡Así es! La situación de la Iglesia, la destrucción de la Iglesia viene de Roma ! »

¡Agradezcamos a Dios !

Demos gracias a Dios por haber fundado, por medio de Monseñor Lefebvre, la FSSPX. ¡Démosle gracias por el heroísmo y la lucidez con que lo dotó! ¡Démosle gracias por haberlo alumbrado sobre las maniobras solapadas urdidas contra su obra por conspiradores qué se reunían regularmente allá, junto a la planta eléctrica" mientras que él, el fundador de la obra "creía que el seminario estaba durante años en la calma más perfecta"!