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jueves, 23 de mayo de 2013

¡QUE NO SEAMOS NOSOTROS!


EDITORIAL DE “THE RECUSANT” n°7, MAYO/JUNIO DE 2013.-




Estimado lector:

Uno o dos de ustedes se declaran algo desconcertados por el editorial del mes pasado. Y tienen toda la razón. La situación es espantosa, por lo que es normal que ustedes estén un poco sobresaltados.

Sin embargo, si la escritura, la impresión y la circulación de este boletín de noticias sirven de algo, debe ser que no tiene el miedo de lidiar aún con las consecuencias más horribles de la realidad que ahora afrontamos.

Solo por admitir una situación podemos empezar a lidiar con ella de manera inteligente y honesta. Y aunque la realidad es dura, y el panorama parece sombrío, realmente deberíamos estar agradecidos al Señor por habernos puesto en esta época, ya que es realmente un honor tener tan grande oportunidad para mostrarle cuán fieles y firmes podemos estar a su servicio, y la firmeza con que nos aferramos a su enseñanza, no importa quién la pone en peligro o la contradice.

Puede estar tranquilo, The Recusant no modifica su posición en base a lo que la gente quiere oír – lo que nos haría mejores para Monseñor Fellay y su "Nueva y Mejorada-Fraternidad San Pío X". No, lo que importa es el mensaje, no el mensajero.

El punto del editorial del mes pasado es que no podemos permitirnos  ser sentimentales sobre una mera organización. No sabemos cuándo y cómo podremos encontrarnos desheredados una vez más, pero pasará tarde o temprano y por lo tanto, nosotros deberíamos comenzar a prepararnos para ello ahora, al menos psicológicamente si no materialmente también. El mensaje de la editorial del mes pasado, el cual repito ahora, es que debemos intentar no estar demasiado apegados a lo que es humano (la organización llamada FSSPX) bajo el riesgo de perder lo que es verdaderamente más valioso (la Fe católica completa e inalterada). Eso sería como tirar la plata de la familia para apreciar mejor la caja de madera que la contenía.

¡Nosotros no somos leales a la FSSPX sino a la Tradición! 

Anteriormente, cuando las dos eran sinónimos, la distinción pudo ser olvidada momentáneamente. Pero lo olvidamos bajo nuestro propio riesgo, y ahora que la brecha se ha abierto entre las dos, es el momento de recordar lo que el punto central de este combate espiritual y terrenal se supone que es.

Con demasiada frecuencia en los últimos tiempos, eminentes de la Fraternidad San Pío X han tratado a la Sociedad como un fin en sí misma. Recuerdo a Monseñor Fellay –para poner un ejemplo- quien después de la ceremonia de ordenaciones, se jactó de cuántos sacerdotes tiene ahora la Fraternidad. Y más o menos al mismo tiempo, el sitio web de la Fraternidad en Alemania subió un artículo con toda suerte de gráficas con el número de sacerdotes, seminaristas, etc. comparando a la FSSPX con otras órdenes religiosas en la Iglesia (por ejemplo “La FSSPX es más grande que la Sociedad de Misiones Extrajeras de París pero más pequeña que los Jesuitas, etc.) todo lo cual revela una mentalidad muy alarmante.

Es esta misma mentalidad la que llevó al sitio web de la Fraternidad en Estados Unidos a decir que los laicos no tienen derecho de saber sobre los asuntos internos de la FSSPX, ya que la FSSPX es una orden religiosa a la cual nosotros los laicos no pertenecemos. Cualquier líder de la Fraternidad que hace esta declaración, está admitiendo implícitamente que ellos ven a la Fraternidad no diferentemente que los Jesuitas modernos, los Dominicos o la Congregación Benedictina Inglesa.

El Padre Pfeiffer dio, como siempre, en el clavo al describir el orgullo institucional de la Fraternidad San Pío X como si fuera el burro  en el Domingo de Ramos, que, en un poema divertido de GK Chesterton, cree que las multitudes de personas están poniendo las palmas y gritando "Hosanna" por él ("Si tan sólo pudiera quitarme este peso molesto de mi espalda!") Si hay una cosa por lo que la Fraternidad San Pío X no debería estar orgullosa, es su historial como organización humana –a veces ha sido mal gestionada e ineficiente, y en los mejores tiempos siempre se tuvo una sensación como de “hecho en casa”. Y porque poseyó, practicó y defendió la Fe Católica completa y la Tradición, Dios la bendijo, a pesar de sus debilidades humanas.

Lo que ahora está sucediendo es que los dirigentes están abandonando lo que importa (la defensa a ultranza de la Tradición), debido a una visión exultante de la parte que no importa (la institución humana). Prueba de ello puede verse en la oficiosidad excesiva con que la pequeña casa en Suiza trata a sus sacerdotes: "Declaraciones oficiales" "aclaraciones" "comunicados de prensa", etc. abundan, cada boletín oficial tiene que pasar la censura, sólo a DICI se le permite decir algo sobre Roma, etc. Desafiamos a cualquiera a mostrar la más diminuta de las pruebas de que tal comportamiento oficioso, egocéntrico o el orgullo administrativo estaban institucionalizados en los días de Monseñor Lefebvre o en la FSSPX de los años 1980.

El nuevo seminario en Virginia, cuya construcción ya ha comenzado, es probablemente el ejemplo más obvio de su orgullo institucional. Su costo proyectado es cuando menos de 25 millones de dólares y está siendo construido desde cero en el lado opuesto de Estados Unidos desde Winona. El sitio web del seminario admite abiertamente que han gastado dinero en "campañas de recaudación de fondos profesionales", que incluyen un video promocional que debe ser visto para ser creído: más de ocho minutos de duración, y sin embargo, ni una sola mención de Monseñor Lefebvre, del Concilio Vaticano II, de la Nueva Misa, de la crisis en la Iglesia, de la Tradición y del tradicionalismo –realmente, nada lo distingue de la Fraternidad San Pedro o incluso de un seminario conciliar conservador. Solo mucho hablar sobre “espiritualidad y silencio”, etc. Cuando Monseñor Fellay estuvo allí recientemente para la colocación de la primera piedra, le dijo a los presentes que la razón para construir ese seminario gigante era que 200 obispos diocesanos le prometieron que cuando la FSSPX estuviera regularizada por Roma, le enviarían sus seminaristas para ser entrenados por la FSSPX. Difícilmente sabemos si reír o llorar. ¿Será posible que Monseñor Fellay crea esto? ¿Quiénes son esos 200 obispos diocesanos, cuáles son sus nombres, de cuáles diócesis? Si realmente hicieron ese compromiso, ¿por qué no lo dicen públicamente?, o en ese caso, ¿por qué no los están enviando ya al seminario de la Fraternidad San Pedro en América? Se le encuentre o no un buen uso al final, el nuevo seminario de la FSSPX en Virginia será un monumento perdurable, literalmente en piedra, del orgullo y locura de los “tradicionalistas” que perdieron su camino porque pusieron su confianza en los hombres y no en Dios.

Un aspecto final y bastante más infeliz del orgullo de nuestra "institución" es el número de incidentes escandalosos donde los sacerdotes de la FSSPX se sienten justificados para negar la comunión a aquellos con quienes no están de acuerdo.

Ya no es una rareza única, los ejemplos más recientes provienen de Australia, donde a un grupo de personas se les dijo que se les negaría la comunión por el "delito" de asistir a una misa celebrada por el padre Pfeiffer en su viaje través de ese país a finales del mes de abril. ¿Cuál es la justificación para tal iniquidad? Bien, al menos en una ocasión, la razón alegada fue “desobediencia”. Es increíble que esto pueda pasar por la mente de un sacerdote quien es desobediente, y cuyo apostolado se funda en la desobediencia (justificable) al ordinario local. Y, sin embargo, por el delito de "desobediencia" a la FSSPX, los fieles pueden ahora esperar consecuencias adversas. Una vez más, la institución se ha convertido en un fin en sí misma y la fe católica ya no es primordial.

Siendo este el caso, la FSSPX como institución ya no merece, en mi opinión, nuestro apoyo. Sacerdotes individuales desde luego merecen nuestro apoyo, pero ellos lo merecen de tal manera que en realidad les ayudemos a lograr su fin verdadero (esto es, enseñar la verdad, corregir el error, advertir al rebaño del peligro del compromiso). Por otro lado, el “apoyo” permitirá al sacerdote permanecer confortablemente sin decidirse en esta hora de crisis, o dejará de tomar las decisiones difíciles, por lo que esta es una forma equivocada de apoyo. Él no se los agradecerá en el día de su juicio.

¿Y su sacerdote local, estimado lector? ¿Está de acuerdo con Monseñor Fellay de que la misa nueva fue promulgada “legítimamente”? Si no, ¿cómo lo sabe: él lo ha dicho, y si no, por qué no? ¿Qué piensa hacer él al respecto? ¿Desea permanecer indefinidamente en obediencia al hombre cuya doctrina contradice lo que él cree? Si él no ha dicho nada hasta ahora sobre el tema, y no se ha declarado públicamente de una u otra manera, quizás a él le gustaría explicarle ¿cómo puede merecer su apoyo continuo, cuando él evita hacer la cosa misma que usted lo apoya para que haga? No queremos sacerdotes que solamente están en contra del Vaticano II y la nueva misa en secreto. ¡No es suficiente! De ellos hay bastantes en las diócesis, en las comunidades Ecclesia Dei, en los monasterios. Lo que se necesita son sacerdotes que estén abiertamente en contra. Sacerdotes que condenen abiertamente la nueva misa como ilegítima, el nuevo Código de derecho canónico como veneno y el “magisterio” de los últimos 50 años como irreconciliable con la Tradición. Lo que se necesita son pastores que adviertan al rebaño sobre los peligros de la nueva forma de pensar de Menzingen y su nueva dirección. Ellos son los que merecen nuestro apoyo.

Tal vez este es el momento adecuado para recordar cuál es exactamente el problema, y por qué aquellos de nosotros que queríamos ser el más leal de los católicos tradicionales de la Fraternidad San Pío X, estamos ahora etiquetados por la misma Fraternidad San Pío X como orgullosos y rebeldes pecaminosos.

El problema no es con los revoltosos, rebeldes, descontentos, buenos para nada, sedevacantistas escondidos, sedevacantistas abiertos, continentales vs anglosajones, los choques de personalidad entre los laicos o la "mala influencia" de Obispo Williamson.

El problema no es un "peligro de una división", y tampoco es que Roma no haya sido franca en su trato con Monseñor Fellay. El problema ni siquiera es “una pérdida de confianza en la autoridad (“en mí”) como dijo Monseñor Fellay hace no mucho tiempo, aunque es verdad que la confianza en la autoridad se ha perdido. El problema es lo que causó la pérdida. ¿Y qué la causó? Monseñor Fellay y su entorno se han alejado de la Tradición. Y como él es el Superior general, si no decimos nada y no hacemos nada, estaríamos permitiendo que nos apartara de la Tradición para ingresar al Conciliarismo. Es el mismo viejo problema de tener que ser desobedientes para permanecer en la verdad.

La crisis en la Iglesia está reflejada en miniatura por la crisis en la Fraternidad. Creo que estamos ahora en la etapa equivalente de alrededor de 1971. La revolución es por ahora un hecho innegable y está firmemente e inamoviblemente afianzada, pero la opinión del campo de oposición está dividido sobre la cuestión de cómo responder. Hay unos pocos sacerdotes resistiendo abiertamente la revolución, celebrando Misas “ilegales” en garajes, salones, etc., predicando claramente en sermones intensos y viajando muchas millas con celo misionero.

Muchos fieles atienden estas Misas cuando tienen la oportunidad, a pesar de las amenazas que mencionan palabras como “desobediencia”, “cisma”, etc. Muchos otros sacerdotes que están en contra de la revolución, ni siquiera consideran dejar su capilla (donde han estado por muchos años) para unirse a los sacerdotes “mal portados”.

Las justificaciones dadas para esto son varias y a menudo 'prudenciales', pero en última instancia, una sospecha de motivos menos dignos de su parte (apatía, temor por el futuro, el apego a la comodidad material, etc) persiste. Por supuesto, estos sacerdotes siguen diciendo la Misa antigua, todavía creen y enseñan la misma doctrina, simplemente tienen que ser un poco cuidadosos de ya no meterse en problemas con su obispo, que es algo así como un modernista.

Las cosas no son tan fáciles y francas como cuando fueron ordenados; en estos días deben tener cuidado con lo que dicen.

Pues bien, querido lector, nosotros sabemos cómo termina la historia, desgraciadamente. Los mal portados, los de mala reputación, los que están un poco locos y son despreciados por sus compañeros más "respetables" en última instancia son los únicos en perseverar. Todos aquellos cuya posición es intermedia habrán desaparecido dentro de una generación, al igual que los Sacerdotes Marianos o los llamados "Church papists” en la Inglaterra isabelina. Ellos desaprobaron a los Jesuitas en ese tiempo, cuya predicación clara, firme y “desobediente” y sus centros de Misas ilegales fue todo lo que quedó. Los otros fueron forzados a sucumbir, parafraseando a Monseñor Lefebvre, por la lógica inevitable de las cosas, y destruidos. 

¡Que no seamos nosotros!