Este blog está dedicado a María Corredentora y Mediadora de todas las Gracias

sábado, 13 de marzo de 2021

COMENTARIOS ELEISON Número DCCXIII (713) - 13 de marzo de 2021

 


Causas De La Ruina 

Entonces digamos y amemos la Verdad hasta el final,
Y humildemente bajo su yugo estiremos nuestros cuellos.
 

Hace dos semanas, en estos “Comentarios”, un veterano Tradicionalista hizo algunos comentarios interesantes sobre el tema de los infiltrados, conscientes o inconscientes, que destrozan la Iglesia Católica desde dentro. Los lectores recordarán cómo él se esforzó en vano por restaurar la Tradición Católica dentro de la estructura conciliar. Descubrió que no era posible hacerlo. Cuando se le preguntó además: “¿Pero cómo pudieron los mismos eclesiásticos cometer el suicidio de la Iglesia? Eso no tiene sentido”, tuvo otras cosas interesantes que decir–

Creo que todo esto se reduce al amor a la Verdad o a la falta de la misma. En mi opinión, aquellos que realmente aman la Verdad la encontrarán, o lucharán hasta encontrarla, y entonces actuarán en consecuencia. Creo que la fe se derrumbó en los años 60 y 70 porque los católicos se habían vuelto muy débiles. En la misa de mediodía de mi parroquia en los años 50, prácticamente nadie comulgaba. Los sacerdotes vienen del pueblo, y el pueblo se había vuelto blando. Cuando llegaron los cambios, una mitad de esa gente aceptó de buen grado esos cambios, ya que hacían el vivir la “Fe” mucho más fácil, porque los no católicos ya no eran hostiles, una fe era tan buena como la otra, ahora podíamos sonreírnos todos, ¡y el clero siempre guiaba el camino! La mayoría de la otra mitad se unió a las sectas protestantes o simplemente abandonó la religión. Unas pocas almas valientes, una pequeña minoría que aún poseía ese amor por la fe, formaron sus propias capillas. Su mayor inspiración fue Monseñor Lefebvre, que fue el único que tuvo la fe de comprender que la jerarquía estaba en un estado de apostasía sin remedio.

Sólo Dios puede juzgar los corazones de los hombres, pero en mi opinión no hay excusa para los que abandonaron la Fe. Quizás casi todos los que lo hicieron pagarán con sus almas. Mi generación es la peor porque nacimos y crecimos en la Fe y la abandonamos porque pensamos que nos haría la vida mucho menos difícil. Las generaciones siguientes, aunque un poco menos culpables porque se les negó su herencia católica, siguen teniendo poca excusa, ya que todos tienen el deber de vivir la Verdad. Donde la fe es blanda, los católicos son cobardes, sobre todo cuando se trata del aborto. Los obispos ni siquiera se pronuncian en contra, por miedo a perder su estatus fiscal o a ofender a alguien. El senador Timothy Kaine, que vive en nuestra ciudad, es lo más pro-abortista y pro-perversión que se puede ser y a la vez asegura que la fe católica es lo más importante en su vida. Lo dijo todo cuando afirmó: “Soy un católico tipo Francisco”. Que yo sepa, el obispo de Richmond nunca le ha cuestionado sobre el aborto, y mucho menos le ha negado lo que pasa por la Santa Comunión, cuando debería haberle excomulgado hace tiempo.

El veterano de arriba está sondeando el colapso general de los católicos después del Vaticano II. Otro lector de estos “Comentarios” se refiere aquí abajo la causa del deslizamiento particular de la Fraternidad San Pío X, que había sido suscitada por Dios para resistir ese colapso general –

Creo que es el fariseísmo. Es el mismo fariseísmo que mató a Nuestro Señor el que ahora está matando a la Iglesia y a la Fraternidad. Se ha perdido la verdadera humildad y caridad. El fariseísmo, como el de los “sepulcros blanqueados” en el Evangelio, lleva a la ceguera espiritual – “Haced ciego a este pueblo, para que viendo no vea, oyendo no oiga” . . . . Los fariseos tenían un perfecto conocimiento de las Escrituras y de la Ley, y aun así mataron a su Mesías. Hoy están matando a la Iglesia, y simplemente no pueden verlo, están ciegos . . .

En la Fraternidad creo que hubo por lo menos sacerdotes subversivos, y en la cúpula algunos líderes que sufrían de completa ceguera, pero éstos no habrían logrado nada si la Fraternidad no hubiera caído en el fariseísmo. Si hubieran seguido humildemente a su santo Fundador, no habrían creído saber más que él, ni habrían hecho a un lado las peticiones de Nuestra Señora de los Rosarios para la Consagración de Rusia, pensando que sabían más que Dios mismo. Tal insulto no podía quedar impune por Él. El castigo fue la ceguera espiritual como la de los fariseos, ¡un castigo espantoso! ¡Dios, ten piedad de nosotros!

Kyrie eleison.

 

ENTREVISTA DE RADIO SPADA AL ARZOBISPO VIGANÒ. DE GRAN INTERÉS.


"Espero sinceramente que mi testimonio, sobre todo en lo referente a hacer entender el engaño que se está consumando en la Iglesia, permita que los cardenales, hermanos míos en el episcopado y en el sacerdocio, abran los ojos en un gesto de humildad, valor y confianza en el poder de Dios. No podemos seguir defendiendo la causa y el origen de la crisis actual sólo porque no queremos reconocer que se nos ha engañado; esa obstinación en el error sería una culpa mayor que el propio error."

viernes, 12 de marzo de 2021

COMENTARIO ELEISON Número DCCXII (712) - 06 de marzo de 2021

 


Ciencia Cuestionada

Desde la Naturaleza muchos hombres han recorrido el camino
Para llegar a su Creador común, Dios Todopoderoso.

Pocos son los que hoy en día ponen todavía en duda la prioridad de la ciencia a la hora de proporcionarnos a los hombres un mundo feliz y la buena vida. “Sustituir la religión por la ciencia y el materialismo”, dicen los Protocolos de los Sabios de Sión (cf. CE 699), como si la ciencia y el materialismo resolvieran todos los problemas de la vida. El famoso filósofo griego Aristóteles (384–322 a.C.) necesitaba no menos que cuatro causas para analizar toda la realidad: propósito, hacedor, forma y materia, pero el hombre moderno ha eliminado efectivamente la causa final o propósito y la causa eficiente o hacedor, sin duda porque ambas conducen en realidad a Dios, que parece ser no tan necesario para la forma o la materia intrinsecas de una cosa. E desde Galileo (1564–1642) en adelante, la “ciencia” ha sido cada vez más impía.

Sin embargo, la sabiduría de Shakespeare (1564–1616) reconocía que había más en el cielo y en la tierra que en la filosofía de Horacio (Hamlet I), y el más grande escritor alemán, Goethe (1749–1832), sabía que había un conocimiento de la Naturaleza superior al de la ciencia, un conocimiento que se apoderaba del espíritu interior de la Naturaleza. Otro contemporáneo, el poeta inglés William Wordsworth (1770–1850), también era consciente, en el cambio del siglo XVIII al XIX, de que la humanidad estaba tomando, con la revolución industrial y el fomento de las ciencias físicas, una dirección que en algunos aspectos no progresaba, sino que retrocedía: mientras avanzaba el dominio de la materia, retrocedía el del espíritu. Uno de los discípulos de Wordsworth fue el famoso converso católico y escritor de libros espirituales populares, el padre William Faber (1814–1863). Wordsworth nunca se convirtió, pero dio frutos católicos. He aquí un famoso soneto suyo sobre el mundo moderno anti-espiritual:

 

El mundo es demasiado para nosotros; tarde o temprano,

Recibiendo y gastando, despilfarramos nuestros dones;

¡Compras modernas!

 

Poco vemos en la Naturaleza que es nuestra; 

¿Qué saben los habitantes de los Suburbios de la naturaleza?

 

Hemos regalado nuestros corazones, ¡una sórdida ventaja! 

Este Mar que muestra su pecho a la luna; 

Los vientos que aúllan a todas horas

 

El propio Wordsworth pasó su infancia en medio de las delicias de la naturaleza en el Distrito de los Lagos en el Norte de Inglaterra.

Y se reúnen ahora como flores dormidas

Por esto, por todo, estamos discordantes; 

No nos conmueve, ¡Gran Dios! Preferiría ser

Un pagano criado en un credo desgastado;

Yo también, de pie en este agradable césped,

Tener vislumbres que me hagan estar menos desamparado;

Para ver a Proteo saliendo del mar;

O escuchar al viejo Tritón tocar su cuerno trenzado.

Grita que preferiría ser un  pre-cristiano que post-cristiano, porque al menos su        creencia en los dioses paganos le daría algún sentido de unión con el glorioso  espectáculo de la naturaleza que tiene ante sí.  Sin embargo, sólo se siente "desamparado", quemado.

 

Por regla general, a los habitantes de los suburbios no les gusta la poesía, y sus viles medios de comunicación la escriben como si fuera prosa, si pueden. In cambio, los poetas, para decir lo que tienen que decir, suelen tomarse la molestia de decirlo con rima y ritmo, y ese mero hecho es suficiente para sugerir que hay algo más en la vida que los suburbios materialistas. Pero la mayoría de los habitantes de los suburbios están contentos con su materialismo y prefieren que no se les recuerde su deficiencia. Y así, el amor a la Naturaleza se convierte en esquí y lanchas rápidas, mientras que la poesía queda desacreditada, descontada, a la espera de ser revivida por una revalorización de las cosas espirituales. Eso llegará, pero depende de la Iglesia católica. El hombre se basta a sí mismo para abatir a la Naturaleza y a sí mismo, pero sólo Dios puede volver a levantar ambos. El P. Faber mostró el camino. No terminó él “quemado” o desamparado.

Kyrie eleison.

 

COMENTARIO ELEISON Número DCCXI (711) - 27 de febrero de 2021

 


“Infiltrados” Inconscientes

¿Cómo puede uno hacer el mal sin darse cuenta?
Hoy, necesito la gracia de Dios para estar alerta.

En estos “Comentarios” de hace tres semanas, en los que un lector buscaba una explicación al declive de la Fraternidad San Pío X tras la muerte en 1991 de su Fundador, Monseñor Lefebvre, se planteaba la cuestión de la posible infiltración de enemigos de la Tradición Católica en la FSSPX. ¿Hubo infiltrados? Estos “Comentarios” adoptaron la posición de que nunca se había descubierto a ningún infiltrado consciente o evidente, pero que ha habido una serie de sacerdotes de la FSSPX en la cúspide de la Fraternidad que han utilizado toda su influencia en la cúspide para cambiar la dirección de la Fraternidad de la que le había dado el Arzobispo, sin que fueran necesariamente conscientes de actuar como infiltrados. De hecho, es posible que se hayan infiltrado con mayor eficacia por ser infiltrados inconscientes. Dios sabe, uno u otro puede haber sabido exactamente lo que estaba haciendo para paralizar la Fraternidad desde dentro, pero nunca lo pareció exteriormente.

Nos enfrentamos al misterio del modernismo, que debe haber enviado a millones de almas al infierno. Echemos otro vistazo, con otro testigo, un veterano Tradicionalista que ha pasado decenas de años en la lucha por la Tradición Católica en las capillas Tradicionales de los Estados Unidos. La letra en negrita es del editor de los “Comentarios”, pero cada palabra en cursiva es del veterano.-

Como alguien que ha sido miembro de tres parroquias Tradicionales, fundador principal de dos, y activista en las tres, recuerdo haber dicho hace muchos años y muchas veces que el Diablo se infiltra con su propia gente en todas las parroquias Tradicionales, es decir, con gente que suele ser “durmiente”, que espera el momento adecuado para golpear. Al tener una inteligencia angélica y llevar miles de años, no es ni mucho menos tonto y sabe que es mucho más fácil destruir una parroquia desde dentro que desde fuera. He encontrado a estas personas en las tres parroquias. Sin duda están dentro de la FSSPX, y la mayoría no es consciente de que son ayudantes del Diablo, pero él lo sabe. De hecho, si no están ahí, él no está haciendo su trabajo.

La FSSPX debería desvincularse de todo contacto con la Iglesia Conciliar hasta el día en que esa obra maestra creada por el Diablo se convierta, lo que será casi con toda seguridad después de que Dios la castigue de la manera más severa junto con su socio: el mundo. La FSSPX está intentando hacer lo que yo intenté hacer localmente cuando yo y otro individuo nos sentamos tres veces en 1990–91 con los dos obispos de Richmond y solicitamos y negociamos la fundación de la parroquia de San José, que, por cierto, era en ese momento la primera y única parroquia católica Tradicional del mundo en unión con la Roma modernista, con la misa y todos los sacramentos en el rito Tradicional. ( . . . )

Con St. Joseph, mi intención era atraer a cientos de católicos del Novus Ordo y, con el tiempo, convertirlos a todos en buenos Tradicionalistas. Estaba soñando. St. Joseph, con sus probables más de mil feligreses y su edificio de 2,5 millones de dólares y muchos acres, está en manos de los sacerdotes de la Fraternidad de San Pedro, dudosamente ordenados. Es una parroquia híbrida, con la “Misa y Sacramentos Tradicionales” pero en todos los demás sentidos es Novus Ordo. No tengo la menor duda de que si cerrara sus puertas hoy, casi todos los feligreses estarían en una “misa” del Novus Ordo el próximo domingoTal destino le espera a la FSSPX si se fusiona con el Novus Ordo.

Ahora bien, ¿los dos obispos y nuestro veterano eran “infiltrados” conscientes? El veterano ciertamente no. Los dos obispos, posiblemente, pero ¿no es igualmente posible que ellos también actuaran de buena fe? Lo que parece más probable es que los tres hombres estaban “soñando”. ¿Con qué? Seguramente con mezclar agua y aceite. De mezclar la verdad tradicional con la autoridad conciliar. Pero no se puede hacer. El Arzobispo lo sabía desde el principio. Nuestro veterano llegó a saberlo, Dios lo bendiga. Muchas almas en la Fraternidad todavía no lo saben. Están soñando, y todos son, en efecto, “infiltrados” inconscientes.

Kyrie eleison.

 

COMENTARIO ELEISON Número DCCVII (707) - 30 de enero de 2021

 


Segundo Diluvio

Del primer Diluvio surgió una edad de oro.
Del segundo surgirá un gran triunfo de la Iglesia.

Repito, el actor principal en el drama mundial de Covid que se desarrolla a nuestro alrededor es Dios Todopoderoso, nada menos. Por supuesto que Él no juega ningún papel en los multitudinarios pecados involucrados, como pecados, pero es Él quien creó el universo y quien sostiene en existencia lo que Él creó por cada momento que existe, sin lo cual se colapsaría de nuevo en la nada. ¿Y para qué lo creó? Para poblar su cielo con criaturas racionales, angélicas o humanas, que habrán hecho uso de la existencia y el libre albedrío que Dios les ha dado para elegir, según las condiciones de Dios, de aceptar su oferta de felicidad eterna con Él en su cielo. Y con una sabiduría divina muy por encima de todo entendimiento humano, Él gestiona de tal manera toda la vida aquí en la tierra que cada alma humana que llega a la edad de la razón no sólo tiene las pruebas suficientes para asegurarse de que Le ama lo suficiente como para merecer el cielo, sino también la gracia actual suficiente para asegurarse de que puede llegar al cielo si lo desea.

Por lo tanto, es Dios quien dirige en última instancia lo que podemos llamar este colapso de Occidente, al igual que dirigió el Diluvio en tiempos de Noé, para castigar a la humanidad pecadora y evitar que poblara el infierno en lugar del cielo. En realidad, el castigo fue también una gran misericordia, porque toda la humanidad había “corrompido sus caminos” (Génesis VI, 11–12), de modo que sin duda una gran multitud de hombres iba camino de la condenación eterna y lograba – como hoy – llevarse consigo prácticamente a todo el mundo. Tal había sido el efecto del pecado original, durante los aproximadamente mil años transcurridos desde Adán y Eva. Pero como los hombres se dieron cuenta progresivamente de que las aguas crecientes del Diluvio no les iban a dejar escapar, una minoría de ellos habrá aprovechado la lenta subida de las aguas para hacer un acto de contrición suficiente para salvar sus almas para la eternidad. ¡Pregunten a cualquiera de esas almas, ahora en el cielo, si el Diluvio no fue un enorme acto de misericordia de Dios!

Del mismo modo, hoy en día. La humanidad ha corrompido sus caminos, en toda la tierra, con el materialismo occidental, y peor que en tiempos de Noé, porque esta vez ha tenido lugar la Encarnación, y después de beneficiarse de ella durante un tiempo, esta vez los hombres han despreciado no sólo a Dios, sino incluso al Dios encarnado, visiblemente crucificado por ellos, para dotarles de una Iglesia que les ayude a salvar sus almas. Sin embargo, esta vez incluso sus propios eclesiásticos Lo han despreciado prácticamente, desde el Vaticano II. Han pasado 56 años desde el final del Vaticano II, y la corrupción sigue avanzando muy rapido. Ahora bien, ¿puede alguien acusar a Dios de haberse apresurado a golpear, como lo hizo en 2020? Difícilmente. ¿O puede alguien decir que empezó a golpear con mano dura? Difícilmente, cuando uno piensa en las desgracias como el colapso económico total o las guerras civiles o las hambrunas anunciadas para los próximos años. Y si éstas llegan, por la malicia de los hombres (y sólo con el permiso de Dios), ¿quién podrá decir que no fueron merecidas?

Sin embargo, Dios es paciente con cada uno de nosotros, y su misericordia es eterna, sólo que debe golpear y seguir golpeando con fuerza hasta que aprendamos la lección, y hasta que comencemos a pensar de nuevo en llegar al cielo. Porque para muchos de nosotros la lección, por dura que sea, llegará demasiado tarde, y sólo dará lugar a maldiciones, contra Él, contra nuestros semejantes, contra la vida, contra los políticos, contra cualquiera, excepto la única persona verdaderamente responsable de mi propia angustia, y ésta será: yo mismo.

Por eso, en todo lo que viene veré la mano (sin pecado) de Dios, y me pondré de rodillas para rogarle que se apiade de nosotros, pobres pecadores. Los hombres ya no pueden limpiar su propio desorden, sólo pueden empeorarlo. Con la gracia de Dios tendré compasión de todos ellos, y haré lo que pueda hacer, para ayudarles a salvar sus almas, pero sólo de Dios esperaré verdaderas soluciones. Y Él al menos tendrá la sabiduría y el poder de dirigir todo para lo mejor, eso lo sé de antemano.

Kyrie eleison.

 

CANTOS DE CUARESMA: "Perdona a tu pueblo, Señor"

domingo, 7 de marzo de 2021

SERMÓN PARA EL TERCER DOMINGO DE CUARESMA - P. Trincado

 

Ecce Homo, Juanes, s. XVI.


Nos dice San Pablo en la Epístola: sed imitadores de Dios como hijos muy queridos y proceded con amor, a ejemplo de Cristo que nos amó y se ofreció a Sí mismo a Dios... Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Se refiere a la luz de la fe. Estamos en la verdad, nos ha sido dado el tesoro de la fe, y tenemos el gravísimo deber de conservar en su integridad esta luz divina para salvar nuestras almas. Porque el Símbolo de San Atanasio hace esta severa advertencia: 

“Todo el que quiera salvarse, ante todo es necesario que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.”

Y la Epístola de hoy termina así: Proceded, entonces, como hijos de la luz. El fruto de la luz consiste en toda bondad,  justicia y verdad. El amor a la verdad implica necesariamente el odio al error. Si no se odia ardientemente el error, la mentira, la herejía, la ambigüedad en la confesión pública de la fe; no se ama ardientemente a Cristo, que es la Verdad.

¿Odiar lo que se opone a la verdad? ¿No será esto intransigencia excesiva y -en el fondo- más bien dureza y falta de caridad? Enseña el P. Sardá y Salvany en su inmortal obra "El Liberalismo es Pecado", que “la suma intransigencia católica es la suma caridad católica. Y porque hay pocos intransigentes, hay hoy día pocos caritativos de verdad. La caridad liberal que hoy está de moda es en la forma de halago y condescendencia y afecto; pero en el fondo es desprecio de los verdaderos bienes del hombre y de los supremos intereses de la verdad y de Dios”.

Alguien podrá pensar que con tal intransigencia se perjudica la unidad. No hay que temer preferir siempre la verdad a la unidad. Es más, el santo Obispo antiliberal Ezequiel Moreno nos advierte contra el indebido énfasis que ponen los liberales en la unidad: “Antiguamente -dice- la táctica de Lucifer era desunir a los católicos, envidiando que fueran una sola alma para servir a Dios, y tuvieran ellos un solo corazón para amarle; pero hoy ha mudado de táctica, y trata de unir a los que deben estar separados, porque conoce perfectamente que cada paso que avance el liberalismo en el campo católico, es nueva conquista para él... Cuanto más lejos nos coloquemos del error, menos peligros tendremos de caer en él”. Y en la misma línea, escribía Mons. Lefebvre poco antes de morir, en 1990: “Es un deber estricto para todos los… que quieran permanecer católicos, separarse de esta Iglesia conciliar mientras ella no regrese a la tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe Católica” (Itinerario Espiritual). No es algo opcional: ¡es un deber estricto!

Y, en fin, Dios nos manda por medio de San Pablo: No os unáis bajo un yugo desigual con los infieles, pues ¿qué tienen de común la justicia y la iniquidad? ¿O qué sociedad puede existir entre la luz y la tinieblas? ¿O qué acuerdo puede haber ente Cristo y Belial? (2 Cor 6 14-15).

¿Pero qué hemos visto, de qué hemos sido testigos en los últimos años? Pues de un intento, por parte de las autoridades de la FSSPX, de llegar a un acuerdo, de aceptar un acuerdo, con los liberales y modernistas de Roma, destructores de la Iglesia; acuerdo entre Cristo y Belial, paz abominable, falsa e injusta. Y para ello, los dilapidadores de la herencia de Mons. Lefebvre han recurrido muy frecuentemente a la ambigüedad, que es la misma arma que con gran eficacia ha blandido el demonio en su Concilio Vaticano II, la peor catástrofe de toda la historia de la Iglesia Católica.

“Para practicar la política de la conciliación cueste lo que costare con los adversarios y a veces con los peores enemigos -decía un prelado antiliberal-, los conciliadores recurren a métodos muy amplios, a exposiciones complacientes. Es conocida su terminología: tregua a las divisiones (...) comprensiva flexibilidad, silencio sobre los puntos discutibles (...). Y nada corrige sus ingenuas ilusiones, ni las mofas ni los chascos ni los fracasos. Casi han perdido el sentido de la afirmación y del hablar francamente, y el miedo de chocar y de desagradar al adversario (...) les impide decir un no categórico” (Monseñor Harscouët).

Y Jesús dijo (a los judíos, en el Evangelio de hoy): Todo reino dividido será desolado, será destruido. ¿Pero quién ha causado la división en el Tradicionalismo y en la Iglesia? Los malos pastores. Y no cesan de fomentarla sembrando la cizaña, porque teniendo la sagrada obligación de dar el alimento de la Verdad incontaminada a las almas, a las ovejas, a los hijos; están dando constantemente las piedras, los escorpiones y las serpientes de la ambigüedad. ¡Qué lejos están esas autoridades, con sus palabras astutas, sus diplomacias cobardes y mundanas, y sus cálculos políticos, del sí sí no no de Cristo!

Cuando un hombre valiente guarda armado la entrada de su casa -sigue diciendo el Evangelio- , todas las cosas que posee están seguras. Pero si otro más fuerte que él le vence, le arrebatará todas sus armas, en las que confiaba, y repartirá sus despojos. Comentando estos versículos, San Beda dice que la astucia y el engaño son las armas con que el diablo vence nuestras armas, si estamos dormidos. ¡Vigilad y orad! ¡Vigilad y orad! 

Estimados hermanos: no nos dejemos engañar, no nos dejemos despojar de la luz de la fe, no nos separaremos nunca y en nada de Cristo, no aceptemos jamás ninguna sujeción a los liberales destructores de la Iglesia, no nos dejemos arrastrar suave y gradualmente a la apostasía. ¡Fuera ilusiones! O estamos con los liberales o estamos con Cristo. ¿Qué acuerdo puede haber ente Cristo y Belial? ¡Ninguno! ¡Jamás! El que no está conmigo, está contra mí.

domingo, 28 de febrero de 2021

MEDITACIÓN DE CUARESMA ACERCA DE LOS BENEFICIOS INMENSOS DE LA PASIÓN DE CRISTO

Ecce Homo, Reni

Los beneficios inmensos que hemos recibido de la pasión de Cristo:

1) El primero de todos, haber sido redimidos del pecado. Nos amó y nos absolvió de nuestros pecados por la virtud de su sangre (Apoc 1,5). Y San Pablo: Os vivificó con Él, perdonándoos todos vuestros delitos, borrando el acta de las decretos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col 2,13-14).

2) En segundo lugar, nos rescató de la esclavitud del demonio. El mismo Jesús afirma en el Evangelio de San Juan: Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera, y Yo, si fuere levantado de la tierra, atraeré todos a Mí (Jn 12,31-32).

3) Además, pagó el débito que habíamos contraído por nuestros pecados, ofreciendo el sacrificio más aceptable y grato a Dios; nos reconcilió con su Padre, volviéndonosle aplacado y propicio.

4) Por último, borrado el pecado, nos abrió las puertas del cielo que la culpa de nuestros primeros padres había cerrado. El Apóstol lo afirma explícitamente: Tenemos, pues, hermanos, en virtud de la sangre de Cristo, firme confianza de entrar en el santuario (He 10,19).

Todos estos frutos habían sido ya preanunciados en el Antiguo Testamento con diversos símbolos y figuras. Cuando, por ejemplo, se dice en el libro de los Números que nadie podía volver a la patria antes de la muerte del sumo sacerdote, quería significarse que a ninguno - por justo y santo que fuere - le era posible entrar en el cielo antes que hubiera muerto el Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo (84). Después de su muerte, en cambio, quedaron abiertas las puertas del cielo para todos aquellos que, purificados por los sacramentos y adornados por las tres virtudes teologales, participen de los frutos de su pasión.

Todos estos preciosos y divinos dones fueron fruto maduro de la muerte dolorosa de Jesucristo:

a) Ante todo, porque Cristo satisfizo ínteqra v perfectamente a su Eterno Padre por nuestros pecados. El precio que paqó por ellos no sólo igualó, sino que sobrepasó cumplidamente el débito contraído.

b) Además, fue muy del agrado del Padre aquel sacrificio. Al ofrecerse el Hijo sobre el ara de la cruz, quedaron aplacadas su ira e indignación divinas. San Pablo escribe: Cristo nos amó y se entregó por nosotros en oblación y sacrificio a Dios en olor suave (Ep 5,2). Y el Príncipe de los Apóstoles hablando de la redención: Habéis sido rescatados de vuestro vano vivir según la tradición de vuestros padres, no con plata y oro. corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de cordero sin defecto ni mancha (1P 1,18-19 Ap 5,9). Y de nuevo San Pablo: Cristo nos redimió de la maldición de la ley haciéndose por nosotros maldición (Ga 3,13).

domingo, 21 de febrero de 2021

SERMÓN PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - P. Trincado

"Calvario", anónimo, s. XV, Museo del Prado

 

Celebramos hoy el primer domingo de Cuaresma. Para cumplir la voluntad de Dios en la Cuaresma, hay que hacer 4 cosas: 

1ª Luchar más esforzadamente contra el pecado.

2ª Orar más.

3ª Hacer penitencia.

4ª Hacer obras de misericordia o caridad fraterna. 

Primero: Luchar más esforzadamente contra el pecado. Debemos odiar el pecado porque debemos amar a Dios. Dios da gracias especiales de conversión en todas las Cuaresmas. Lo que Dios quiere de nosotros es una conversión profunda a Él, es decir, la firme resolución de amarlo, de cumplir su voluntad, de obedecer a sus mandamientos. Entonces, el que peca mortalmente rompa de una vez con el pecado mortal, el que habitualmente comete pecados veniales rompa con todo pecado deliberado. Eso es convertirse realmente a Dios. Eso es amar verdadero y profundo a Dios.

Segundo: Orar más. El que reza una corona del Rosario, rece dos; el que reza dos, comience en esta Cuaresma a rezar los 15 misterios; o recen el Vía Crucis, o lean la Biblia, o lean libros piadosos, etc.

Tercero: Hacer penitencia. Todo el que ha pecado está obligado a hacer penitencia. Las penitencias más comunes en la Iglesia son (o eran, mejor dicho) el ayuno y la abstinencia de carne, y ambas se deben intensificar notablemente en la Cuaresma. El que quiera vivir como verdadero católico debe hacer mucho más de lo que en esta materia es obligatorio según la desastrosa reforma hecha por Pablo VI a la práctica cuaresmal.

El ayuno que dispone la Iglesia consiste en tomar una sola comida fuerte al día, normalmente al medio día. De ser necesario, se permite comer algo en la mañana y en la noche. Otras formas de mortificación, para los que por causa de enfermedad o deberes no pueden ayunar, o para agregar a los ayunos: moderar las recreaciones, por ejemplo, viendo menos películas y teniendo más cuidado en la selección de éstas. Lo mismo con la música. Jugar menos, no asistir a fiestas, no ir a restaurantes ni a espectáculos, tener conversaciones más serias. Otras penitencias posibles: soportar algo de frío o de calor, privarnos de algunas de las comidas agradables, usar menos azúcar o menos sal, suprimir o disminuir determinadas comodidades; etcétera.

Sobre las mortificaciones o penitencias y particularmente sobre el ayuno, tengan en cuenta que son cosas que dan más fuerza a la oración. Dice Cristo: "Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que dan con ella" (Mt 7, 13-14); Y “si no hacéis penitencia, todos igualmente pereceréis” (Lc 13, 5).

Cuarto: Hacer obras de misericordia o caridad fraterna. En la explicación del Juicio Final que hace Nuestro señor en el Evangelio de San Mateo, todos los que se salvan, van al Cielo por haber hecho obras de misericordia: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo; porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui peregrino y me recibisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme…; y todos los que se condenan, van al Infierno por no haber hecho obras de misericordia: Entonces dirá también a los de su izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles; porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber; fui peregrino y no me recibisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis… 

Al inicio de la Cuaresma la Iglesia impone la sagrada Ceniza con el fin de recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo quedaremos reducidos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados mientras tenemos tiempo. Las disposiciones espirituales con que debemos recibir la sagrada Ceniza son dos: un corazón arrepentido y humillado, y la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

Queridos fieles: que por la intercesión de nuestra Madre, Dios nos conceda una Cuaresma santa, esto es, vivida en espíritu de profunda conversión a Cristo mediante el arrepentimiento, el ayuno, la mortificación, la oración y las obras de misericordia.

lunes, 15 de febrero de 2021

AYUNO Y ABSTINENCIA DURANTE LA CUARESMA: LA SAJM HA ABANDONADO LA OBSERVANCIA CUARESMAL MODERNISTA

Velázquez, Cristo Crucificado (detalle).


“La observancia de la Cuaresma es el lazo de nuestra milicia; por ella nos diferenciamos de los enemigos de la Cruz de Jesucristo; por ella esquivamos los azotes de la cólera divi- divina; por ella, amparados con la ayuda celestial durante el día, nos fortalecemos contra los príncipes de las tinieblas. Si esta observancia se relaja, cede en desdoro de la gloria de de Dios, deshonra de la religión católica y peligro de las almas cristianas; y no hay duda que este descuido sea fuente de desgracias para los pueblos, desastres en los negocios públicos e infortunios para los individuos.” (Benedicto XIV, Breve Non Ambigimus, 30-05-1741).


PabloVI, mediante la Constitución Apostólica Pӕnitemini, de 17 de febrero de 1966, destruyó la observancia cuaresmal tradicional del ayuno y la abstinencia.

El año 2018, el Monseñor Faure, Superior general de la SAJM, dispuso que la congregación abandone para siempre la observancia cuaresmal modernista, y se rija por lo que prescribe el Código de Derecho Canónico de 1917:

Canon 1250. La ley de la abstinencia prohíbe comer carne y caldo de carne, pero no prohíbe comer huevos, lacticinios y cualesquiera condimentos, aunque sean de grasa de animales.

Canon 1251.  §1. La ley del ayuno prescribe que no se haga sino una sola comida al día; pero no prohíbe tomar algún alimento por la mañana y por la tarde, con tal que se observe, respecto de la cantidad y la calidad, la costumbre aprobada en cada lugar.
§2. Tampoco está prohibido mezclar carne y pescado en la misma comida; ni cambiar la colación de la noche con la comida del mediodía.

Canon 1252.  §1. La ley de sola la abstinencia se ha de observar todos los viernes del año.
§2. Obliga la ley de la abstinencia con ayuno el miércoles de Ceniza, los viernes y sábados de Cuaresma y los tres días de las Cuatro Témporas, las vigilias de Pentecostés, de la Inmaculada Concepción, de la fiesta de Todos los Santos y de la Natividad del Señor.
§3. La ley de solo el ayuno se ha de observar todos los restantes días de Cuaresma.
§4. Cesa la ley de la abstinencia, o de la abstinencia y del ayuno, o del ayuno solo, en los domingos o fiestas de precepto, exceptuadas las fiestas que caigan en Cuaresma, y no se anticipan las vigilias; cesa también dicha ley el Sábado Santo después de mediodía.

Canon 1254.  §1. Están obligados a guardar abstinencia cuantos hayan cumplido los siete años de edad.
§2. Obliga la ley del ayuno a todos desde que han cumplido veintiún años de edad hasta que hayan comenzado el sexagésimo.


DE UN SERMÓN DE MONS. LEFEBVRE:

Nuestro Señor nos dio el ejemplo durante Su vida, aquí en la tierra: orar y hacer penitencia. Nuestro Señor, siendo libre de la concupiscencia y el pecado, hizo penitencia y ofreció reparación por nuestros pecados, mostrándonos así que nuestra penitencia puede ser beneficiosa no sólo para nosotros mismos, sino también para otros. 
Orad y haced penitencia. Haced penitencia con el fin de orar mejor, con el fin de estar más cerca de Dios Todopoderoso. Eso es lo que todos los santos hicieron, y es lo que nos recuerdan todos los mensajes de la Santísima Virgen.
¿Osaríamos decir que esta necesidad es menos importante en nuestros días que lo que fue en tiempos pasados? Por el contrario, podemos y debemos afirmar que hoy, más que nunca, la oración y la penitencia son necesarias porque se ha hecho todo lo posible para disminuir y denigrar estos dos elementos fundamentales de la vida cristiana.
Nunca antes se había visto que el mundo buscase satisfacer, sin ningún límite, los desordenados instintos de la carne, incluso hasta el punto de asesinar a millones de inocentes niños no nacidos. 
En estos tiempos, cuando incluso los hombres de Iglesia se alinean con el espíritu del mundo, somos testigos de la desaparición de la oración y la penitencia, particularmente en su carácter de reparación de pecados y para obtener el perdón de las culpas. 
En el Concilio los obispos pidieron una disminución del ayuno y la abstinencia en tal manera que las prescripciones prácticamente han desaparecido. Debemos reconocer el hecho de que esta desaparición es consecuencia del espíritu ecumenista y protestante que niega la necesidad de nuestra participación para la aplicación de los méritos de Nuestro Señor para cada uno de nosotros en la remisión de nuestros pecados y la restauración de nuestra filiación divina, esto es, nuestro carácter de hijos adoptivos de Dios.
En el pasado los mandamientos de la Iglesia preveían:
  • Ayuno obligatorio todos los días de la Cuaresma (excepto los Domingos), los días de las Témporas y en muchas vigilias;
  • Abstinencia todos los Viernes del año, los Sábados de Cuaresma y, en numerosas diócesis, todos los Sábados del año.
Lo que quedó de esas prescripciones fue el ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y la abstinencia para el Miércoles de Ceniza y los Viernes de Cuaresma.
Uno se sorprende ante los motivos de tan drástica disminución. 
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de santidad, pues serán saciados. La santidad se obtiene por medio de la Cruz, la penitencia y el sacrificio. Si verdaderamente buscamos la perfección, debemos seguir el Camino de la Cruz.
Escuchemos, durante este tiempo de Cuaresma, el llamado de Jesús y María, y comprometámonos a seguirlos en esta Cruzada de Oración y Penitencia.
Que nuestras oraciones, nuestras súplicas y nuestros sacrificios nos alcancen del Cielo la gracia para aquellos que están en lugares de responsabilidad en la Iglesia retornen a la verdadera y santa tradición, que es la única solución para revivir y florecer nuevamente las instituciones de la Iglesia.

sábado, 13 de febrero de 2021

SERMÓN PARA EL DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA - P. TRINCADO

Zurbarán: El Cristo de la Cruz (detalle).

Nos hallamos en los umbrales de la Cuaresma y la iglesia quiere que practiquemos, durante el tiempo cuaresmal, el ayuno y la limosna, es decir, la mortificación y la caridad. Por eso el Evangelio de hoy nos presenta dos escenas relativas a esas dos virtudes: en la primera Cristo anuncia su pasión y muerte y en la segunda se compadece y cura a un ciego. 

Tomando aparte a los doce, Jesús les dijo: mirad que subimos a Jerusalén y que se cumplirán todas las cosas que están escritas por medio de los profetas acerca del Hijo del Hombre, pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burla, afrentado y escupido; y después de azotarlo, lo matarán, y al tercer día resucitará. Pero ellos -dice el Evangelio- no comprendieron nada de esto.  

Muchas veces Nuestro Señor Jesucristo dijo a los Apóstoles que debía ir a Jerusalén para tres cosas: padecer, morir y resucitar. Las dos primeras cosas (padecer y morir) son la cruz, es decir, el misterio de los sufrimientos de Cristo, y nada hay menos comprendido que la cruz. Si los Apóstoles que vivían con Cristo no entendían el misterio de la cruz, ¿qué queda para nosotros? ¿Y por qué no entendemos las verdades divinas? ¿Por qué no entendemos lo que más nos conviene, lo que es realmente bueno para nuestras almas, para nuestra salvación; aquello que nos conduce a nuestra verdadera felicidad? 

La cruz está en las paredes de nuestras casas, adorna nuestros misales, la llevamos al cuello, hacemos el signo de la cruz; la cruz está constantemente con nosotros, y, sin embargo, no comprendemos la cruz porque no la tenemos en nuestros corazones. "Pero ellos no comprendieron nada de esto."  

Los Apóstoles no podían admitir la pasión y muerte de Jesús porque su mente estaba llena de ilusiones sobre un Mesías triunfal, conquistador y guerrero. Juzgaban las cosas de Dios con criterios demasiado humanos, y exactamente lo mismo nos sucede a nosotros. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos y mis caminos no son vuestros caminos, dice el Señor. Cuanto están los cielos de la tierra, tanto distan mis caminos que vuestros caminos (Is. 55 8-9). Por eso muchas veces nos toca oír  quejas como esta: “¿por qué Dios me ha hecho esto? ¿Por qué Dios ha permitido que me suceda este mal tan grande? No he hecho nada tan terrible como para merecer esto. Dios me ha abandonado. Dios no oye mis oraciones. Dios no me ama”. "Pero ellos no comprendieron nada de esto."  

Vemos las cosas con ojos demasiado humanos, es decir, estamos bastante ciegos. Como los Apóstoles, estamos llenos de ilusiones acerca de lo que debe ser nuestra vida. Y la primera de esas ilusiones -extendidísima entre los hombres de nuestro tiempo, también entre los católicos, también entre los tradicionalistas-  es pensar que Dios quiere que seamos felices en esta tierra. ¡No!: luego de una limitada e inestable felicidad en esta breve y accidentada vida, Dios nos quiere dar la verdadera felicidad en la otra vida, y Él sabe mediante qué cruces y mediante qué alegrías nos hará llegar a esa felicidad. Nosotros no sabemos. 

Notemos que hay dos cegueras en el Evangelio de este domingo: la ceguera física del ciego que fue sanado y la ceguera espiritual de los Apóstoles, que también es la nuestra. La ceguera del alma es mucho más triste y peligrosa que la ceguera física. Pese a que generalmente pasa inadvertida, es más peligrosa porque priva de ver las más grandes bellezas, las de las realidades más profundas: las verdades divinas que enseña la Iglesia; y los que no ven esas grandes bellezas, se van tras de las pequeñas bellezas de las cosas terrenas, centran si vida en ellas, y cuando mueren va al lugar de oscuridad eterna, porque la Luz resplandece en las tinieblas (de nuestras almas), pero las tinieblas… no la recibieron… más a todos los que la recibieron, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios, dice el Cap. 1 del Ev. de San Juan. 

Para ser curados de su ceguera, los Apóstoles tuvieron que ver la resurrección del señor. Sólo entonces entendieron todo. En ese momento por fin abrieron los ojos, comprendiendo que Cristo, para llegar a la victoria de su resurrección, antes tuvo que pasar por las amarguras de la cruz. 

Para que nosotros seamos curados de nuestra ceguera, debemos comprender y amar, entonces, esta verdad: “que para entrar en el Reino de Dios, es necesario pasar por muchos sufrimientos” (Hc 14, 22). Si entendemos y amamos esta verdad fundamental de nuestra fe, tendremos la paz de Cristo en esta vida y alcanzaremos la felicidad eterna. 

Así que, queridos fieles: cuando alguno se dé cuenta de que está tan ciego como los Apóstoles, tenga ánimo, pues ellos pasaron por tres etapas: 1ª durante los años en que acompañaron a Cristo, anduvieron ignorantes de las más elevadas verdades divinas; 2ª durante la pasión, estuvieron a punto de perder la fe débil que tenían; 3ª pero en Pentecostés se llenaron de luz, de la verdadera sabiduría que sólo Dios puede dar. Tres etapas, entonces: una mala, otra peor y la última excelente. ¡Ánimo, entonces!, porque el ciego que, como el del Evangelio de hoy, pida de corazón a Dios ser curado, tarde o temprano verá todo lo que Dios quiere que vea.  

Que por la intercesión de la Madre de Cristo nuestra Luz, Dios nos conceda su Luz.


domingo, 7 de febrero de 2021

SERMÓN PARA EL DOMINGO DE SEXAGÉSIMA - P. Trincado

   

Acabamos de oír la parábola del sembrador, que se encuentra en todos los Evangelios, salvo en el de San Juan. En este sermón las citas de la Escritura están tomadas de los tres primeros Evangelios y las citas de los santos están tomadas de la Catena Áurea de Santo Tomás de Aquino. 

La parábola comienza diciendo Salió el sembrador a sembrar su semilla. Dice el Evangelio que la semilla es la palabra de Dios. El sembrador es Cristo. ¿Y qué resultó de la siembra? Se perdieron tres partes y una sola se salvó. ¡Cuántos son los malos y cuán pocos son los buenos, puesto que sólo se salva la cuarta parte de la semilla!, dice Teofilacto. Y San Juan Crisóstomo comenta: no es culpable el sembrador -que es bueno, ni la semilla, que es buena- de que se pierda la mayor parte de la siembra, sino la tierra que la recibe, es decir, el alma, porque el sembrador, al cumplir su misión, no distingue al rico ni al pobre, ni al sabio ni al ignorante, sino que habla indistintamente a todos.

Cada uno de nosotros es la tierra en la que es sembrada la semilla, y cada uno elige qué clase de tierra ser: la buena o la mala. La tierra mala es de tres clases y dice San Remigio que en estas tres clases de tierra mala están comprendidos todos los que pueden oír la palabra de Dios, pero sin embargo no pueden alcanzar la salvación.

martes, 2 de febrero de 2021

TOMA DE SOTANA EN EL SEMINARIO DE LA SAJM - 2 DE FEBRERO

 



RESPUESTA DEL ARZOBISPO VIGANÒ A UN SACERDOTE ESCRUPULOSO


 ..."como nadie querría asaltar los sacros palacios para expulsar a su indigno inquilino, hay con todo formas legítimas y proporcionadas de ejercer una auténtica oposición, incluido presionarlo para que dimita del cargo. Precisamente para defender el Papado y la sagrada autoridad que el pontífice recibe del Sumo y Eterno Sacerdote, es necesario apartar del cargo a quien lo humilla, socava y abusa de él. Me atrevería a añadir que también la renuncia arbitraria al ejercicio de la autoridad sagrada del Romano Pontífice es una gravísima ofensa al Papado, y de ello deberíamos considerar más culpable a Benedicto XVI que a Bergoglio."

"Si bien se mira, precisamente para defender la comunión jerárquica con el Romano Pontífice se hace necesario desobedecerle, denunciar sus errores y pedirle que dimita. Y pedirle a Dios que se lo lleve con Él cuanto antes, si de ello puede resultar en un bien para la Iglesia."

"Nuestra obediencia no tiene nada que ver con el servilismo cobarde ni con la insubordinación; al contrario, nos permite suspender todo juicio sobre quien sea o no sea papa y seguir comportándonos como buenos católicos aunque el Papa nos desprecie, insulte o excomulgue. Porque la paradoja no está en la desobediencia de los buenos a la autoridad del Papa, sino en el absurdo de tener que desobedecer a una persona que es al mismo tiempo papa y heresiarca, Atanasio y Arrio, luz de iure y tinieblas de facto. La paradoja está en que para seguir en comunión con la Sede Apostólica tenemos que apartarnos de aquel que debería representarla y vernos burocráticamente excomulgados por quien se encuentra en estado objetivo de cisma consigo mismo."


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