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domingo, 21 de febrero de 2021

SERMÓN PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - P. Trincado

"Calvario", anónimo, s. XV, Museo del Prado

 

Celebramos hoy el primer domingo de Cuaresma. Para cumplir la voluntad de Dios en la Cuaresma, hay que hacer 4 cosas: 

1ª Luchar más esforzadamente contra el pecado.

2ª Orar más.

3ª Hacer penitencia.

4ª Hacer obras de misericordia o caridad fraterna. 

Primero: Luchar más esforzadamente contra el pecado. Debemos odiar el pecado porque debemos amar a Dios. Dios da gracias especiales de conversión en todas las Cuaresmas. Lo que Dios quiere de nosotros es una conversión profunda a Él, es decir, la firme resolución de amarlo, de cumplir su voluntad, de obedecer a sus mandamientos. Entonces, el que peca mortalmente rompa de una vez con el pecado mortal, el que habitualmente comete pecados veniales rompa con todo pecado deliberado. Eso es convertirse realmente a Dios. Eso es amar verdadero y profundo a Dios.

Segundo: Orar más. El que reza una corona del Rosario, rece dos; el que reza dos, comience en esta Cuaresma a rezar los 15 misterios; o recen el Vía Crucis, o lean la Biblia, o lean libros piadosos, etc.

Tercero: Hacer penitencia. Todo el que ha pecado está obligado a hacer penitencia. Las penitencias más comunes en la Iglesia son (o eran, mejor dicho) el ayuno y la abstinencia de carne, y ambas se deben intensificar notablemente en la Cuaresma. El que quiera vivir como verdadero católico debe hacer mucho más de lo que en esta materia es obligatorio según la desastrosa reforma hecha por Pablo VI a la práctica cuaresmal.

El ayuno que dispone la Iglesia consiste en tomar una sola comida fuerte al día, normalmente al medio día. De ser necesario, se permite comer algo en la mañana y en la noche. Otras formas de mortificación, para los que por causa de enfermedad o deberes no pueden ayunar, o para agregar a los ayunos: moderar las recreaciones, por ejemplo, viendo menos películas y teniendo más cuidado en la selección de éstas. Lo mismo con la música. Jugar menos, no asistir a fiestas, no ir a restaurantes ni a espectáculos, tener conversaciones más serias. Otras penitencias posibles: soportar algo de frío o de calor, privarnos de algunas de las comidas agradables, usar menos azúcar o menos sal, suprimir o disminuir determinadas comodidades; etcétera.

Sobre las mortificaciones o penitencias y particularmente sobre el ayuno, tengan en cuenta que son cosas que dan más fuerza a la oración. Dice Cristo: "Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que dan con ella" (Mt 7, 13-14); Y “si no hacéis penitencia, todos igualmente pereceréis” (Lc 13, 5).

Cuarto: Hacer obras de misericordia o caridad fraterna. En la explicación del Juicio Final que hace Nuestro señor en el Evangelio de San Mateo, todos los que se salvan, van al Cielo por haber hecho obras de misericordia: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo; porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui peregrino y me recibisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme…; y todos los que se condenan, van al Infierno por no haber hecho obras de misericordia: Entonces dirá también a los de su izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles; porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber; fui peregrino y no me recibisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis… 

Al inicio de la Cuaresma la Iglesia impone la sagrada Ceniza con el fin de recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo quedaremos reducidos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados mientras tenemos tiempo. Las disposiciones espirituales con que debemos recibir la sagrada Ceniza son dos: un corazón arrepentido y humillado, y la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

Queridos fieles: que por la intercesión de nuestra Madre, Dios nos conceda una Cuaresma santa, esto es, vivida en espíritu de profunda conversión a Cristo mediante el arrepentimiento, el ayuno, la mortificación, la oración y las obras de misericordia.