LA UBICUIDAD
MASÓNICA
Las
congregaciones iniciáticas están a la
obra en la Europa cristiana, desde la época del Renacimiento. Es cierto que
fueron precedidas, en la Edad Media, por cofradías más o menos esporádicas.
Bajo la forma de la masonería actual, ellas operan activamente desde el siglo
XVIII. Se considera a las Constituciones de Anderson (1717), que forman la
carta de la Gran Logia de Londres, como su acta de nacimiento. Esta logia es la
primera de todas en orden cronológico y se convirtió, tanto de hecho como de
derecho, en “madre y maestra” de todas las logias masónicas del mundo. Ella
representa, para la contra-iglesia, la simetría inversa de la Archibasílica del
San Juan de Letrán.
La
masonería quiere estar presente en todas partes. Esta ubicuidad es la base de
su método de acción exterior. Ella quiere saber todo lo que se dice, participar
en todo lo que se decide, colaborar en todo lo que se hace. Ella se mezcla con
todas las corrientes, incluso las que nacen sin ella, también a las que se
forman contra ella. Pues toda corriente contiene una fuerza utilizable. Ella
elige, entre las tendencias que se manifiestan espontáneamente, aquellas que
conviene favorecer y las que hay que torpedear a toda costa. Esta infiltración
universal es una de las actividades más importantes de la masonería. Es muy
difícil escapar pues se realiza por medio de la “influencia personal
cuidadosamente cubierta”












