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miércoles, 20 de junio de 2018

VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS N° 62


VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS Nº 62
16 de junio de 2018
Vox túrturis audita est in terra nostra”
(Cant. II, 12)

Consagraciones I
Al acercarse el trigésimo aniversario de las consagraciones de 1988, es necesario recordar las razones de esta decisión heroica de Mons. Lefebvre y Mons. Antonio de Castro Mayer.
Durante varios años, Mons. Lefebvre esperó un cambio de parte de las autoridades romanas. Él no sólo seguía atentamente lo que pasaba en Roma, también preparaba sacerdotes, religiosos y fieles para una eventual consagración.
En 1987 él anunció su decisión, y habría realizado estas consagraciones ese mismo año si no fuese por las propuestas conciliadoras de Roma en las que no confiaba mucho, pero aún así él aceptó hacer otro intento.
"Fui demasiado lejos", tuvo que constatar. No pudiendo cooperar con autoridades imbuidas de liberalismo, Mons. Lefebvre retiró su firma del protocolo de acuerdo que había firmado y tomó sobre sí la responsabilidad de las consagraciones de 1988. En esa misma ocasión, le advirtió a Dom Gérard Calvet sobre el peligro de hacer cualquier acuerdo con Roma mientras ésta estuviera ocupada por hombres que no profesan la integridad de la fe católica.
Mons. Gérard Calvet no siguió el consejo de Don Lefebvre, como tampoco lo hizo Campos, doce años más tarde.
Nuestro deber, y el deber de todo sacerdote que quiere permanecer católico, consiste en mantenerse distante de esta Iglesia conciliar hasta que las autoridades retornen a la doctrina católica de la que se alejaron desde el Concilio Vaticano II, y de las reformas inspiradas por este mismo Concilio, sobre todo la reforma litúrgica y la del Código de Derecho Canónico.
Para resumir todo este drama, no hay otra palabra sino liberalismo. Volveremos sobre ésto, si Dios quiere.
+ Tomás de Aquino OSB