jueves, 14 de febrero de 2019

SEMINARIO DE LA SAJM: TOMA DE SOTANAS, TONSURA Y ÓRDENES MENORES EL 9 DE FEBRERO


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SERMÓN DE MONS. ZENDEJAS


Avrillé, Francia, 9 de febrero de 2019

+ en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…

Querido Monseñor Faure, Reverendo Padre Prior, Sacerdotes, Seminaristas, Hermanos, Hermanas, Mis queridos fieles:

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Monseñor Marcel Lefebvre, nuestro venerable Fundador, nos ha siempre animado con su Declaración doctrinal de 1974, a manera de un testamento a fin de preservar la Tradición Católica como un elemento esencial para el Catolicismo. Aquí leemos algunos extractos de sus palabras….

 “ Si llegara a suceder, dice San Pablo, que nosotros mismos, o un ángel venido del cielo os predicara un evangelio diferente del que yo os he predicado, que sea anatema.” (Gal. 1,8)

 “…No es posible modificar la “lex orandi” sin modificar la “lex credendi.”

“A la Misa Nueva corresponde un nuevo catecismo, nuevo sacerdocio, nuevos seminarios, nuevas universidades, iglesia Carismática o Pentecostalista, todas cosas opuestas a la ortodoxia y al magisterio de siempre...”

Habiendo nacido ésta reforma del Liberalismo y Modernismo, está enteramente corrupta. Ella viene de la herejía y termina en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Es pues imposible para todo Católico consciente y fiel de adoptar ésta reforma, o someterse a ella de cualquier manera que sea.
La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para asegurar nuestra salvación eterna, es el rechazo categórico de aceptar la reforma.

Es por esta razón que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, o ningún resentimiento, nosotros proseguimos nuestra obra de formación de sacerdotes bajo la estrella del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice, y a las generaciones futuras…”

Mis queridos feligreses, demos gracias a Nuestro Señor Jesucristo, Señor de señores y Rey de reyes, quien nos ha permitido de encontrarnos aquí una vez más en Avrillé para participar juntos en ésta ceremonia de la Tonsura y de las Ordenes Menores, los cuales son pasos ascendientes para la continuación del sacerdocio Católico, según el Rito Tradicional Romano de Ordenaciones, así como Monseñor Lefebvre nos ha transmitido el Depósito de la Fe, de tal manera que nosotros continuemos en transmitirlo a las futuras generaciones.

Queridos seminaristas y frailes, Dios Mediante, ustedes podrán ser futuros sacerdotes; y Ustedes – queridos fieles – deberían pedir vocaciones religiosas provenientes de sus familias jóvenes. Así pues, resumamos a mi parecer en dos puntos esas palabras: “para generaciones futuras.”

Primeramente, en la preservación del sacerdocio Católico; y en segundo lugar, considerando la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo por el ministerio Episcopal.
 
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 1) El sacerdocio Católico

Así como Monseñor Lefebvre constantemente ha insistido, la razón de ser para un sacerdote Católico es la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, la continuación de su Cruz en el Calvario a través del Santo Sacrificio de la Misa. El sacerdote debe necesariamente vivir los preceptos evangélicos, a saber, de la Pobreza, de la Obediencia, y de la Castidad por la oración y la abnegación, con la finalidad de preservar su razón de ser. Si un sacerdote hace negligencia de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, él está ciertamente perdiendo el elemento esencial para la salvación eterna de su alma, y la de muchas otras almas.

El Santo Sacrificio de la Misa ciertamente incrementa la gracia sacramental, que hemos recibido en nuestro Bautismo. Cuando nuestros padrinos han dicho nuestras renuncias a Satanás, a sus seducciones y a sus obras, el sacerdote nos ha también dicho “serva mandata - Obedece los Mandamientos de Dios.” Entonces, él ha puesto un velo blanco sobre nuestra cabeza, y dándonos una vela encendida por el intermediario de nuestros padrinos nos ha dicho: “Conserva intacta la pureza de tu alma como éste lienzo blanco con el cual te cubro; y entonces tú tendrás la vida eterna.” Nosotros debemos por lo tanto cumplir nuestros Promesas Bautismales de modo que podamos entrar al Reino de los Cielos.

Para aquellos que han ingresado a la vida religiosa, ellos han pronunciado sus votos religiosos, obligándose solemnemente ellos mismos aún más que cualquier otro feligrés, entregándose ellos mismos no sólo a Dios omnipotente sino también a toda la Iglesia. Es por eso que al pronunciar sus votos en Religión, se han comprometido ellos mismos de un modo público y oficial, reconocido por la Iglesia Católica para la práctica de los votos de Pobreza, de Obediencia, y de Castidad. Esta es la razón de ser de un religioso: de hacer su profesión religiosa con la finalidad de tender a la perfección, y esforzarse para conseguir la santidad.   

Para Ustedes - mis queridos Levitas, como Monseñor Lefebvre acostumbraba llamarnos - que van a ser tonsurados, Ustedes van a recibir la sotana y la tonsure, sepan que éstas dos cosas son muy distintas, pues uno puede recibir el hábito religioso pero sin recibir la tonsura. 

Por la Tonsura se entra al estado clerical; ésta es la Tradición en la Iglesia Católica. Al recibir la Tonsura se tiene ya la promesa de ingresar al Altar; de ascender al Altar. Con la tonsura un clérigo puede ser promovido por sus superiores para recibir las Ordenes Menores, que es una preparación para recibir las Ordenes Mayores: el subdiácono se compromete por sí mismo al voto de la Castidad para siempre; el diácono se acerca más al altar para predicar, bautizar, y dar la sagrada Comunión; finalmente viene el sacerdocio – ser sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Como Santo Tomás nos enseña, hay dos señales para determinar la vocación de una persona, primeramente es la inclinación de la persona que quiere seguir la vocación religiosa, y en segundo lugar es la aceptación o el llamado del Obispo para recibir paso por paso las órdenes sagradas. Hay muchos individuos que desean seguir su vocación pero hay muy pocos que son promovidos para el llamado del Obispo.

Para aquellos que van a recibir las Ordenes Menores, el Obispo está a punto de advertirles que: “Ustedes deben dar ejemplo por la conducta de su vida; Deben santificar a los fieles por el ejemplo de conducta de su vida, no sólo por las palabras sino también por el ejercicio de su deberes clericales.”

De hecho, en cada admonición que hace para las Ordenes de Lectorado y Ostiariado, así como para las Ordenes de Exorcista y Acolitado, el Obispo les recuerda la exigencia de comprometerse uno mismo en seguir a Nuestro Señor Jesucristo con la finalidad de realizar el más importante acto que Nuestro Señor realizó – Su Sacrificio.

Sin duda se puede decir que todos las catástrofes e infortunios a lo largo de la historia de la Iglesia han venido en general de la tibieza de los clérigos y religiosos. Por qué? Porque los clérigos han caído en los pecados contra la carne (de lujuria), o han escogido el conforte del mundo, o han consentido con el orgullo de Satanás. Muchos de ellos han abandonado el camino real de la Santa Cruz, el cual es un escándalo para los judíos y una locura para los paganos… Hay desgraciadamente muchas almas religiosas que llevan una doble vida: la una que es privadamente mundana, la otra que es públicamente impregnada de tibieza.

Qué debemos hacer? Monseñor Lefebvre nos anima nuevamente diciendo …

…Esta no es una batalla humana. Nosotros nos encontramos en una ardua batalla contra Satanás. Es un combate que nos pide todas las fuerzas sobrenaturales, las cuales necesitamos para luchar contra él, que quiere radicalmente destruir la Iglesia; él quiere hacer eso desde el momento en que Nuestro Señor nació; y quiere continuar aboliendo y destruyendo el Místico Cuerpo, haciendo desaparecer el reino de Nuestro Señor y todas las instituciones, sean las que sean.
Nosotros tenemos que ser consientes de éste dramático y apocalíptico enfrentamiento en el que vivimos, y no minimizarlo. En la medida en que lo minimicemos, nuestro deseo en combatirlo será menor y menor. Nosotros entonces nos debilitaremos y no nos atreveremos más y más de proclamar la Verdad….  (Monseñor Lefebvre June 29, 1987)
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Mi Segundo punto a considerar es la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo profesada por el ministerio Episcopal.

Por la gracia de Dios, hemos recibido los medios para instruir formalmente con la doctrina Católica los futuros sacerdotes, a fin de administrar a ellos el sacramento del Orden Sacerdotal, según el Ritual Tradicional Romano. Ustedes saben bien que no se pueden tener sacerdotes sin obispos. Así pues, los obispos por institución divina son pastores de almas, dirigidos para su eterna salvación a través del sagrado Magisterio, y tienen un poder legislativo como judicial. Ellos son responsables ante Jesucristo de su obligación pastoral. A su consagración episcopal, el poder de Orden los eleva para santificar a los fieles por la administración de los sacramentos de la Confirmación y del Orden Sacerdotal.

Así pues, Monseñor Lefebvre por la consagración de cuatro obispos en el Rito Tradicional ha formalmente continuado la constitución de la Iglesia con el fin de conservar en vida la Tradición Católica. Al consagrar obispos tradicionales se ha conservado el ministerio Episcopal descendiente en línea directa de la sucesión Apostólica sin ninguna duda contra la validez o la legitimidad, transmitiendo - a través de la crisis de la Fe en nuestro mundo apóstata - las cuatro notas de la Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica.

Más que nunca, vivimos hoy en día un conflicto mayor entre la Fe y la Autoridad. La situación normal y ordinaria de la Iglesia Católica ciertamente es la que el Papa, los Obispos, y los Sacerdotes deban dirigir una orientación de acuerdo a los misterios sagrados de nuestra Fe, divinamente revelados para nosotros, los cuales deberían exteriormente ser protegidos por la Jerarquía, o por lo menos no contradecirlos.

Al contrario, nosotros nos encontramos en lo más profundo de una extraordinaria crisis de Fe dentro de la Iglesia. Es muy evidente que la Nueva Evangelización del Papa actual está diametralmente opuesta al Magisterio Católico de siempre, y es proveniente de las reformas del Segundo Concilio Vaticano. Se trata de un “Nuevo Evangelio” del cual San Pablo nos advirtió de considerarlo como ANATEMA!

De hecho, en los últimos años de las intervenciones papales, que han liderado la dramática crisis de desacralización de la Fe Católica, ellos han rechazado la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo. Las presentes autoridades Romanas han proclamado el Liberalismo como un principio de acción para regular la Libertad Religiosa en la conciencia de los individuos, así como también en la leyes públicas de las instituciones sociales y gubernamentales. El documento del Concilio Vaticano II sobre la Libertad Religiosa declara que los Gobiernos de los países son incompetentes en materia de Religión, por lo mismo no pueden decidir qué religión es verdadera o qué religión es falsa. En consecuencia, las leyes de los países deben dejar de que todos los errores religiosos, cualquiera que sean, sea difundidos en un debido espacio social autónomo, porque el Hombre es libre de tener su propia religión, con su propias decisiones morales y propios modos de adoración, incluyendo aquellos hechos contra la naturaleza.

Para la Tradición recibida de los Apóstoles, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre, así como también es verdadero Rey ayer, hoy y por la eternidad. Sin duda, sabemos que Pontio Pilato preguntó a Nuestro Señor, entonces Tú eres Rey? Sí, tu lo has dicho: Yo soy Rey, para eso Yo nací. Yo he venido al mundo para dar testimonio de la Verdad…

Pero vemos que, en vez de predicar acerca de la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo, las autoridades actuales Romanas han constantemente destronado y han humillado a nuestro Rey de reyes, y a nuestro Señor de señores. Al mismo tiempo un considerable número de sacerdotes tradicionales, incluyendo Obispos, han estado comprometiendo el Reinado Social y Universal de Nuestro Señor Jesucristo, ya sea por una omisión pública o por una voluntaria traición silenciosa. Es precisamente lo que el Liberalismo ha determinado a los líderes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X para comprometer la Tradición Católica con un acuerdo con las actuales autoridades Romanas, promovedoras de la Nueva Evangelización del Papa Francisco. Esto es un misterio de iniquidad!

Es por eso que les recordamos las palabras de Mons. Lefebvre:

Es por esta razón que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, o ningún resentimiento, nosotros proseguimos nuestra obra de formación de sacerdotes bajo la estrella del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice, y a las generaciones futuras…”

Con integridad y fidelidad a las doctrinas tradicionales y prácticas de la Iglesia Católica, nosotros RESISTIMOS las “novedades” predicadas desde el Segundo Concilio Vaticano, que las altas autoridades Romanas las han querido, las han animado, y las han impuesto. Nosotros creemos contra toda apariencia humana, y esperamos contra toda esperanza humana, que la Tradición Católica debe restaurar todas las cosas en Nuestro Señor Jesucristo, más pronto que tarde, el caos actual se terminará algún día puesto que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia.

No hay cuestión alguna para nosotros de separarnos nosotros mismos de Roma, o de ponernos nosotros mismos bajo un gobierno ajeno, ni tampoco de establecer una especie de iglesia paralela como los obispos del Palmar de Troya [Obispo Din-Thuc línea de consagraciones] han hecho en España. Ellos han aún elegido un Papa, formado un Colegio de Cardenales… Está fuera de cuestión para nosotros de hacer tales cosas. Lejos de nosotros ese miserable pensamiento de separarnos de Roma!
(Monseñor Lefebvre, June 30, 1988)

Sólo Dios sabe cuán lejos ésta apostasía puede ir. Verdaderamente, nosotros tenemos algunos deberes de estado para continuar la Tradición, así como Nuestra Señora de Fátima nos lo ha dicho, si nosotros queremos permanecer Católicos, y si nosotros queremos continuar la Iglesia. Dentro del ministerio Episcopal, nosotros tenemos graves obligaciones que nos urgen, primeramente, de multiplicar los sacerdotes que CREAN en Nuestro Señor Jesucristo, en Su Realeza Social de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.

Así, después de treinta años de las Consagraciones episcopales de 1988, podemos en realidad apreciar la Operación Supervivencia de Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre para salvaguardar la nota de la Apostolicidad en la Santa Iglesia Católica, confiriendo las consagraciones episcopales con legítima validez para la continuación de las Tradiciones Apostólicas.

Renovemos nuestra consagración a la Madre de Dios, como San Cirilo de Alejandría la ha llamado THEOTOKOS, predicando que todas los privilegios de Nuestra Señora vienen de su Maternidad. Ella puede solamente tener la perfecta Fe en la divinidad de su divino Hijo, y nosotros deberíamos pedir a Nuestro Señor tal Fe, la cual ella tenía en Su Rey y nuestro Rey; en Su Señor y nuestro Señor.

Por lo tanto, nosotros deberíamos creer en lo increíble de tal modo que podamos hacer lo imposible – restaurando todas las cosas en Jesucristo.

Viva Cristo Rey!

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.  Amén.