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domingo, 14 de octubre de 2018

CANONIZACIÓN DE PABLO VI: DECLARACIÓN "POLÍTICAMENTE CORRECTA" DE LA FSSPX



Fiel a su política acuerdista, la Neo-FSSPX publicó ayer 13 de octubre, un comunicado blandengue acerca el de la canonización de Pablo VI, hecho de extrema gravedad.
Ante esta falsa canonización,hay motivo para perplejidad”, nos dice la Fraternidad (“il y a de quoi être perplexe”: lit., hay de qué estar perplejo, en el original francés). Ella no se atreve a más. Hace años que los superiores de la FSSPX no se animan a hablar varonilmente, a decir las cosas por su nombre, con valentía y con franqueza. Temen disgustar demasiado a Roma apóstata. Temen las incómodas consecuencias que pueden sobrevenir por manifiestar la única postura verdaderamente católica ante esta nueva aberración cometida por los liberales y modernistas que usurpan la Jerarquía de la Iglesia. Temen decir que rechazan categóricamente esta falsa canonización y que la tienen por absolutamente nula y sin valorEn lugar de eso, la Neo-FSSPX, declara que ella siente “perplejidad”, esto es, que se encuentra en un estado de “irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo” (Dicc. RAE). Sí, y en ese estado de permanente irresolución, confusión y duda, de ambigüedad crónica, ha sido puesta la obra de Mons. Lefebvre por el anterior superior general, y en esa mórbida condición permanece bajo las nuevas autoridades,  como este lamentable comunicado lo prueba.  
Si el toque de trompeta es ambiguo, ¿quién se preparará para la batalla? (1 Cor 14, 8)
En nuestros días más que nunca, la fuerza de los malos es la cobardía y debilidad de los buenos, y todo el nervio del reino de Satán reside en la blandura de los cristianos (San Pío X)

Comunicado de la Casa General sobre la canonización del Papa Pablo VI
Fuente (subrayado agregado por NP)
Durante el Sínodo de obispos sobre los jóvenes, el domingo 14 de octubre de 2018, el Papa Francisco llevará a cabo la canonización del Papa Pablo VI.
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X reitera sus más serias reservas, que había expresado con motivo de la beatificación de Pablo VI, el 19 de octubre de 2014:
Estas beatificaciones y canonizaciones recientes, según un procedimiento acelerado, dejan de lado la sabiduría de las normas seculares de la Iglesia. ¿Acaso no tienen como objetivo más bien canonizar los papas del Concilio Vaticano II antes que constatar la heroicidad de sus virtudes teologales? Cuando se piensa que el primer deber de un papa – sucesor de Pedro – es confirmar a sus hermanos en la fe (Lc. 22, 32), hay motivo para perplejidad.
Pablo VI es, por cierto, el Papa de la Encíclica Humanae Vitae (25 de julio de 1968), que aportó luz y reconfortó a las familias católicas cuando los principios fundamentales del matrimonio eran fuertemente atacados. Es igualmente el autor del Credo del pueblo de Dios (30 de junio de 1968), mediante el cual quiso recordar los artículos de la fe católica objetados por el progresismo ambiente, especialmente en el escandaloso Catecismo holandés (1966).
Pablo VI, empero, es también el Papa que condujo a término el Concilio Vaticano II, introduciendo en la Iglesia un liberalismo doctrinal expresado a través de errores como la libertad religiosa, la colegialidad y el ecumenismo. De aquí se siguió una gran trastorno, que él mismo reconoció el 7 de diciembre de 1968: “La Iglesia se encuentra en un momento de inquietud, de autocrítica, incluso se diría que de autodestrucción. Es como si la Iglesia se dañara a sí misma”. Al año siguiente reconocía: “En muchos aspectos, el Concilio no nos ha dado hasta ahora tranquilidad, más bien ha suscitado trastornos y problemas nada útiles para reafirmar el Reino de Dios en la Iglesia y en las almas”. Llegó a esta expresión de alarma el 29 de junio de 1972: “El humo de Satanás ha entrado por alguna grieta en el templo de Dios: la duda, la incertidumbre, la problemática, la inquietud, la insatisfacción, el enfrentamiento están a la orden del día…”. No hizo más que una comprobación, sin tomar las medidas necesarias para detener esta autodestrución.
Pablo VI es el Papa que, con una finalidad ecumenista, impuso la reforma litúrgica de la Misa y de todos los ritos de los sacramentos. Los cardenales Ottaviani y Bacci denunciaron esta nueva misa por alejarse “de forma impresionante, en el conjunto como en el detalle, de la teología católica de la Santa Misa, tal como fue formulada en la XXIIª sesión del Concilio de Trento1. Sobre estos pasos, Monseñor Lefebvre declaró que la nueva misa está “impregnada de espíritu protestante”, vehiculizando en sí misma “un veneno perjudicial para la fe” 2.

Durante su pontificado numerosos sacerdotes fueron perseguidos, e incluso condenados, por su fidelidad a la misa tridentina. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X recuerda con dolor la condena infligida en 1976 a Monseñor Lefebvre, declarándolo suspendido a divinis por su apego a esta misa y por su categórico rechazo de las reformas. Solamente en 2007, por un Motu Proprio de Benedicto XVI, se reconoció el hecho de que la Misa tridentina nunca había sido abrogada.
Hoy más que nunca, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X renueva su adhesión a la Tradición bimilenaria de la Iglesia, persuadida de que esta fidelidad, lejos de ser una crispación pasajera, aporta el remedio saludable a la autodestrucción de la Iglesia. Como lo declaró recientemente su Superior General, el R. P. Davide Pagliarani: “Nuestro deseo más firme es que la Iglesia oficial no considere ya [el tesoro de la Tradición] como un pesado fardo o un conjunto de antiguallas, sino más bien como la única vía posible para regenerarse a si misma” 3

Menzingen, 13 de octubre de 2018          

1. En Breve examen crítico de la nueva misa, carta-prólogo de los cardenales Ottaviani y Bacci, 3 de septiembre de 1969, § 1.
2. Carta abierta a los católicos perplejos, Albin Michel, 1985, pág. 43.
3. Entrevista al R. P. Pagliarani en FSSPX.Actualidad, 12 de octubre de 2018. 
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