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lunes, 26 de junio de 2017

P. SIMOULIN: PÉSIMOS ARGUMENTOS EN FAVOR DEL ACUERDO TRAIDOR

 Mons. Fellay y el P. Simoulin

El P. Simoulin, actualmente con sede en el Colegio St. Joseph de Carmes en Francia, es uno de los acuerdistas más notorios de la Neo-FSSPX. Desde que fuera Superior del Distrito de Italia, cuando las negociaciones con Roma empezaron en el 2001, el Padre Simoulin no escondía su deseo de llegar a un acuerdo:
Si mañana la iglesia conciliar, por error o incluso por cálculo, pero siempre por disposición providencial, nos diera el medio, sin que tengamos que renegar de nada, cambiar nada, prometer nada, -sino servir a la Iglesia y a la verdad- servir a la Iglesia católica enterrada bajo de ella para ayudar a revivirla con todas sus fuerzas sobrenaturales (Misa, sacramentos, doctrina, moral disciplina) y desembarazarse poco a poco del espíritu del concilio ¿estaremos verdaderamente obligados a negarnos a entrar en contacto y considerar el arreglo de nuestra situación, bajo pretexto que todos ellos son criminales? …  Me dicen también: que Roma se convierta y luego veremos. Mi respuesta es idéntica; no es católico depender de un milagro. Roma no se convertirá si nadie trabaja en ella, si nadie es reconocido como “interlocutor válido”, en un verdadero debate teológico para regresar la verdad a su trono. (Roma Felix, febrero de 2001)
En junio de 2012, el P. Simoulin afirmó: Yo pienso que si la posibilidad de continuar “legalmente” nuestra acción y nuestra predicación sin trabas y sin compromisos se nos ofrece, sería una falta rechazarla. Si eso es ser “acuerdista”… entonces sí, acepto serlo, y yo me compadezco de los que no lo son…
Este nuevo artículo acuerdista del P. Simoulin ha sido publicado en la última edición de julio de su revista Le Seignadou:

FUENTE (comentarios de Non Possumus en rojo)

LA CALMA DE LAS VIEJAS TROPAS

Otra vez hablaré de mí un poco, pero tranquilos, será la última vez. En efecto, ¡los “amigos” me dicen que he envejecido! ¡Es verdad que mi edad se ha duplicado desde mi ordenación! Pero como todos envejecemos a un mismo ritmo, ¡no veo el interés de detener el envejecimiento! Podría tal vez tomarlo como un cumplido, pues el vino se mejora con la edad… pero no creo que eso sea lo que estos amigos quieren decir, y yo pienso más bien que ellos estiman que he perdido mi primer vigor: ¡yo ya no digo lo que decía antes, me he ablandado, mi discurso es diferente ahora! Esto sería entonces una buena noticia: ¡yo no repito siempre la misma cosa, entonces no estoy desvariando! Pero entonces ¿he envejecido?
De hecho, yo creo que el reproche subyacente es el mismo que se le hace a veces a Mons. Fellay, ¡que se habría ablandado porque no pasa su tiempo volviendo a decir lo que ya dijo, y condenando todo lo que es condenable! [La verdad es que Mons. Fellay guarda un silencio cómplice ante el peor Papa de toda la historia. Simple: si dice lo que debe, se impide el acuerdo] ¡Le dicen incluso que está aislado o que es minoritario! Él mismo se ha explicado, y simplemente yo añadiría que es normal que él no intervenga siempre ["siempre"... La verdad es que Mons. Fellay casi nunca ha criticado al demoledor Francisco. El 2013 dijo que Francisco era modernista (cosa más que obvia). A los pocos días se retractó parcialmente. Después de eso lo ha alabado reiteradamente], sea porque los cardenales lo han hecho, sea porque nuestros teólogos lo hacen suficientemente. Pienso, entre otros, en el excelente artículo del P. Gleize “Por un acuerdo doctrinal”, y un texto más reciente: La carta sobre los matrimonios: aclaraciones y puntualizaciones. Además, no es necesario ser un sabio para darse cuenta que, desde el 2000, la situación ya no es la misma: La Iglesia permanece “Semper ídem”, pero los papas pasan y seguirán pasando, las personas son diferentes y no es posible tratar con el papa Francisco como con Juan Pablo II, no al cardenal Müller como al cardenal Ratzinger. ¡Esto es tan evidente que no sé por qué pierdo mi tiempo en señalarlo! [La verdad evidente es que mientras todo empeora en la Iglesia, la FSSPX está cada vez más silenciosa y blanda ante los herejes modernistas]
Pero nadie entre nosotros puede esperar de Mons. Fellay que enseñe, aliente o dé ejemplo de insubordinación. [Mons. Lefebvre se insubordinó lícita y santamente ante el papa. ¿Por qué no Mons. Fellay? Porque la nueva prioridad es llegar a un acuerdo con Roma apóstata] No más que Mons. Lefebvre que, en los más fuertes de sus cuestionamientos proclamaba siempre su fidelidad a Roma y su rechazo a romper con ella, fuera cual fuera el papa y cualquiera que fueran sus acciones, sea cual sea el verdadero maestro de este pensamiento modernista que ha penetrado hasta las vísceras de la Iglesia… Nadie entre nosotros puede esperar de Mons. Fellay que no respete el primado de Pedro [este nunca ha sido el punto. La FSSPX jamás cuestionó el primado de Pedro ni incurrió en el error sedevacantista], incluso sí evidentemente, Pedro no anda rectamente conforme la verdad del Evangelio (Gálatas, II, 14).
En cuanto a mí, yo siempre he hablado y escrito cuando estuve en puesto de autoridad, y es suficiente remitirse a ellos para conocer mi forma de pensar sobre Juan XXIII o el Concilio, sobre Juan Pablo II, el nuevo catecismo, Asís y otras novedades conciliares. Los artículos, estudios, intervenciones que he publicado son bastante numerosos y están a disposición de todos y, sobre estas cuestiones, yo no he cambiado. Yo no retiro nada de todo eso pero, no estando ya en posición de autoridad, ahora dejo hablar a aquellos que tienen esta función.
Pero eso no es lo más importante. Volví a leer estos días el folleto realizado por la familia sobre el admirable capitán Jean Botet de Lacaze, muerto en campo de honor el 3 de mayo de 1917. Después del desastre de la operación Nivelle, él quería subir la moral de su entorno: “¿Por qué querer jugar a los estrategas? Nosotros somos los ejecutores. Los estados mayores tienen sin duda concepciones que no difundirán entre la tropa. Su oficio es el de pensar. El nuestro es el de mantener nuestro estómago en buen estado, cultivar algunas ideas generales. Con este equipaje se hace la guerra honestamente. [¿Y qué se hace si el estado mayor busca pactar una paz traidora con el enemigo?] Pues, antes que todo, hay que hacer la guerra, sin la cual es vanamente cruel sumir a nuestras familias en la inquietud. Pero, para hacer bien la guerra, primero es necesario creer en la victoria, incluso haciendo caso omiso de las probabilidades. Si no somos nosotros los que recogemos los laureles, esto no tiene más que una importancia relativa… El país no va a la guerra para que nosotros nos divirtamos con ella… sino para que él pueda llevar a cabo esta guerra, es necesario que nosotros la hagamos con una fe que está en la base de las acciones fructuosas y, también, un acto de humildad previo ignorando nuestros razonamientos y otras previsiones tácticas de ejecutores. Nuestro deber es alimentar a nuestros caballos y poner a punto nuestro equilibrio físico”. [Dicho de otro modo: sigan ciegamente a Mons. Fellay, que él sabe lo que hace. Lo mismo dicen los liberales respecto de los papas liberales: "el papa sabe lo que hace, tiene gracias de estado, ¡es el Vicario de Cristo!"]
La analogía es clara, es fácil transponer estas reflexiones a la situación en la cual nos encontramos. Para continuar con esta analogía, ¿qué diríamos de un capitán que proclamara a sus tropas que hay un plan de maniobra personal genial, mejor que el del general? [La decisión del capitulo del 2006, que no aceptaba la posibilidad de un acuerdo práctico sin previa conversión de Roma; no era "el plan del capitán", sino el de toda la FSSPX. Pero esa decisión fue violada por los acuerdistas] ¿Y qué diríamos también si lo hiciera de tal manera que el adversario se dé cuenta de este desacuerdo y sepa que el frente no está unido? Incluso si su plan fuera mejor, habría puesto gravemente en peligro la unión de corazones necesaria para los que llevan a cabo el combate, y da las armas a sus adversarios. ¡Merecería simplemente ser pasado por las armas! [La verdad es que los que merecen castigos son los acuerdistas que violan la decisión del 2006, traicionan a Mons. Lefebvre y destruyen la FSSPX. Estos son los causantes de la división en la FSSPX, no los que reaccionan en contra del acuerdo traidor]
Además, yo no sé quién lanza sin cesar estas falsas noticias sobre la inminencia de un acuerdo e incluso anuncia fechas, etc… ¡Hace años que esto sucede, y cada vez, algunos muerden el anzuelo y las reacciones crean confusión y agitación! [El acuerdo siempre parece inminente porque es evidente que, desde el 2012, Mons. Fellay no ha dejado de querer lograr un acuerdo con Roma y porque se avanza claramente hacia él] Esta es la vieja táctica: dividir para reinar. [Lo mismo le dijeron mil veces a Mons. Lefebvre: "usted divide a la Iglesia. Usted trabaja para el demonio"] San Juan nos dice que lo propio del Anticristo es tratar de dividir a Jesús: Omnis spiritus qui solvit Jesum, est antichristus (1Juan, IV, 3). Dividir a Jesús, es romper el lazo que une a los miembros de su Cuerpo místico. Es el trabajo del espíritu del error.
Pero, me dirán, ¡Mons. Lefebvre criticaba la autoridad públicamente! Ciertamente, pero se debe observar que después de su acción en el Concilio, él empezó a actuar en silencio, para dar a la Iglesia el arma capaz de responder a los errores fundando la Fraternidad; y que no fue sino hasta diez años después de Concilio que se empezó a hablar de él: él no habló públicamente hasta después que fue públicamente puesto en la mira y atacado por los obispos franceses, en 1975-1976. La iniciativa del debate pública fue un hecho de las autoridades romanas, y después, me parece que el desafío era diferente. Es demasiado fácil revestirse con una fidelidad a Mons. Lefebvre para hacer lo que él no hizo jamás. ¡No es Mons. Lefebvre quien lo quiere! [Increíble: ahora debemos creer que Mons. Lefebvre no habría dicho nada públicamente contra los herejes romanos si no hubiera sido atacado por éstos... Increíble. Y ahora debemos creer que no conviene criticar públicamente a los demoledores de la Iglesia. Increíble]
Finalmente, les confieso que, en la confusión actual, no estoy impresionado por los cuestionamientos, por más importantes que parezcan, y yo sé que Mons. Fellay es menos minoritario que lo que dicen los cuestionadores de todas clases. ¡Más bien estoy impresionado por la calma de las viejas tropas! Sí, honor a nuestros viejos “mariscales”, ¡aquellos de los primeros años y de los primeros combates que atravesaron toda clase de borrascas y permanecen como testigos fieles del vigor de las gracias iniciales! Yo quisiera citarlos a todos -pienso en aquellos que me precedieron en el seminario, que son casi una treintena- pues ellos obran en el silencio y sin pretender dar lecciones a nuestros superiores. Las crisis no han faltado: 1975, 1977, sedevacantismo, 1988, 2004, etc. o más simplemente o de manera continua: ¡el espíritu de independencia! ¡La fidelidad y el vigor de las viejas tropas son tal vez uno de los argumentos más convincentes para calmar los temores de las jóvenes generaciones! Esto me impresiona mucho más que el ruido que se hace en torno de algunos resistentes, declarados o no. [¿"Viejas tropas en silencio"? Mons. Williamson, de la Resistencia, tiene 77 años y fue ordenado en 1976. Mons. Faure, de la Resistencia, tiene 75 años y fue ordenado en junio 1977. Y el P. Simoulin, acuerdista, tiene 74 años y fue ordenado en diciembre de 1977]
¿Qué estupideces no escuchamos? La más gorda es tal vez la que escuché el otro día de boca de un eclesiástico (¡antiguo entre nosotros!), a saber que los sacerdotes de la Fraternidad ¡se dividen entre resistentes y acuerdistas! ¡Este buen sacerdote se ha convertido en el campeón del arte de la dialéctica! Diga lo que diga, simplemente hay una mayoría de sacerdotes que no son ni acuerdistas ni resistentes, que hacen su trabajo sin ruido y tienen confianza en sus superiores que hacen el suyo [La verdad es que los que están dispuestos a confiar en unos superiores que quieren poner a la FSSPX en las garras de los modernistas, son acuerdistas].
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