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viernes, 12 de abril de 2019

INTERESANTE ENTREVISTA AL PROFESOR DE MATTEI



Fuente: Adelante la Fe (extracto)

Profesor: No pasa un día sin que el presente pontificado sea causa de nuevas perplejidades y dudas en muchísimos fieles. La declaración de Abu Dabi ha suscitado enorme desconcierto. No parece que haya una forma de salir de esta situación. ¿Cómo interpreta usted este momento?
La declaración del pasado 4 de febrero firmada conjuntamente por el papa Francisco y el Gran Imán de Al Azhar, afirma: «El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos». Esta afirmación contradice las enseñanzas de la Iglesia Católica, según las cuales la única religión verdadera es la católica. De hecho, sólo en el Nombre de Jesucristo y mediante la fe en Él pueden los hombres alcanzar la salvación eterna (Hch.4,12).
Cuando, con motivo de la visita ad limina de los obispos de Kazajistán el pasado 1º de marzo monseñor Athanasius Schneider expuso al papa Francisco su perplejidad por la declaración de Abu Dabi, el Sumo Pontífice le respondió que «la diversidad de religiones no es más que la voluntad permisiva de Dios». La respuesta induce a error, porque parece dar a entender que la pluralidad de religiones es un mal permitido si bien no querido por Dios, pero eso no se puede decir de la diversidad de sexos y razas, que son por el contrario voluntad positiva, y no permisiva, de Dios. Cuando monseñor Schneider le planteó esta objeción, Francisco reconoció que lo que había dicho se podía entender mal. A pesar de ello, el Papa no ha corregido ni rectificado en ningún momento su afirmación. Es más, el Consejo para el Diálogo Interreligioso, a pedido del Santo Padre, indicó a los obispos que contribuyesen a la máxima difusión posible de la declaración de Abu Dabi, a fin de que «llegase a ser objeto de investigación y reflexión en todos los colegios, universidades e instituciones educativas y de formación».
La interpretación que se generaliza con ello es lógicamente que la pluralidad religiosa es un bien, no un mal tolerado por Dios. A mí me parece que estas contradicciones deliberadas sintetizan el pontificado de Bergoglio.
Usted que es historiador de la Iglesia, ¿cómo calificaría los últimos seis años?
Como los años de la hipocresía y la mentira. Jorge Mario Bergoglio fue elegido porque parecía un obispo humilde y profundamente espiritual (así lo celebró Andrea Tornielli en La Stampa) «que reformaría y purificaría la Iglesia». Y no ha hecho ni lo uno ni lo otro. El Papa no ha apartado de la Curia ni destituido de sus diócesis a los prelados más corruptos, y cuando lo ha hecho, como en el caso de McCarrick, lo ha hecho presionado por la opinión pública. En realidad Francisco ha demostrado ser un papa político, el pontífice más político de los últimos cien años. Políticamente, procede del peronismo izquierdista, el cual, por principio, detesta toda desigualdad y se opone a la cultura y la sociedad occidental. Extrapolado al ámbito eclesiástico, el peronismo se alía con la teología de la liberación y conduce a una tentativa de democratización sinodal de la Iglesia que desnaturaliza su esencia.
Da la impresión de que la cumbre sobre los abusos sexuales haya caído en el olvido. Abundaron los lugares comunes, muy apreciados por los medios informativos de masas, y no aportó nada. ¿Cómo calificaría a grandes rasgos la manera en que está afrontando la Santa Sede esta crisis?
Yo diría que lo está haciendo de un modo claramente contradictorio. La normativa contra los abusos promulgadas por el papa Francisco obvia el problema de fondo, que es la relación entre los tribunales de la Iglesia y los civiles, es decir, entre la Iglesia y el mundo. La Iglesia tiene el derecho y el deber de investigar y juzgar a los acusados de delitos que no sólo vulneran las leyes del Estado, sino también las eclesiásticas, establecidas por el Derecho Canónico. En este caso, es necesario incoar un proceso penal regular sin infringir los derechos fundamentales de los acusados y sin dejarse condicionar por los resultados de los procesos civiles.
Hoy en día, por el contrario, en el caso del cardenal Pell el Vaticano ha dicho que incoará un proceso canónico, pero que primero hay que esperar los resultados del  proceso de apelación civil. Y en el caso del cardenal Barbarin, condenado en Francia a seis meses de cárcel con libertad condiciona, también pendiente de un proceso de apelación, no se ha anunciado ningún proceso canónico. En cuanto al cardenal Luis Francisco Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, llamado a comparecer ante los magistrados de Lyón en el proceso de Barbarin, la Santa Sede ha invocado la inmunidad diplomática, pero no lo ha hecho en el caso del cardenal Pell. Esta política de dos pesos y dos medidas es propia del clima de ambigüedad y doblez en que vivimos.
Durante este pontificado se han introducido nuevas normas para la vida monástica, y en particular para las órdenes de clausura. Algunas comunidades están muy preocupadas porque consideran que las nuevas normas ponen en peligro la vida contemplativa. ¿Comparte esta preocupación?
Sí. Se diría que hay un plan para acabar con la vida contemplativa. Me han gustado mucho los artículos que ha dedicado a este tema en su blog. La constitución sobre la vida contemplativa femenina Vultum Dei quaerere del 29 de junio de 2016 y la instrucción Cor orans del 1º de abril de 2018 suprimen toda forma de autonomía jurídica para crear federaciones y nuevos organismos burocráticos que presentan como estructuras de comunión. Con la obligación de pertenecer a estas estructuras, los monasterios pierden de facto su autonomía para diluirse en una masa anónima de conventos que terminará por disolver la vida monástica tradicional. La normalización modernista de los pocos monasterios que todavía se resisten a la revolución será una consecuencia inevitable. La supresión jurídica de la vida contemplativa hacia la que nos dirigimos no supone, sin embargo, el fin del espíritu contemplativo, que cada vez se vuelve más fuerte en reacción a la secularización de la Iglesia. Conozco monasterios que han conseguido independencia jurídica de la Congregación para los Religiosos y conservan la vida monástica, y nos sostienen con sus oraciones en la presente crisis. Estoy convencido de que, como se decía antes, el mundo se sostiene con la oración desde los claustros.
El sexto aniversario del inicio del pontificado de Bergoglio ha pasado sin que se hiciera mucho aspaviento. Da la impresión de que incluso los que lo apoyaban empiezan a distanciarse. ¿Está fundada esa sensación?
Sabemos que existen fuerzas que aspiran a destruir la Iglesia. Una de ellas es la Masonería. Ahora bien, la lucha abierta contra la Iglesia nunca ha tenido éxito porque, como decía Tertuliano, la sangre de los mártires es semilla de cristianos. Por dicha razón, al menos desde hace dos siglos, las fuerzas anticristianas han trazado un plan para derrotar a la Iglesia desde dentro.
Sabemos que en los pasados años sesenta la Unión Soviética y otros regímenes comunistas del este europeo infiltraron muchos hombres en los seminarios y universidades católicos. Entre ellos, hubo quienes llegaron a obispos y cardenales. Pero para llevar a cabo la autodemolición de la Iglesia no es necesaria esa complicidad activa y consciente. También es posible ser inconscientemente instrumento de otros que maniobren desde afuera. En este caso, los manipuladores escogen a los hombres más adecuados por su debilidad doctrinal o moral y les influencian, condicionan, y a veces hasta chantajean. El clero no es infalible ni impecable, y el Demonio los somete constantemente a las mismas tentaciones que rechazó Nuestro Señor (Mat. 4,1-11).
La elección de Jorge Mario Bergoglio fue manejada por un lobby clerical tras el cual se percibe la presencia de otros lobbies o poderes fácticos. Tengo la impresión de que las fuerzas eclesiales o extraeclesiales que promovieron la elección del papa Bergoglio no están satisfechas con los resultados de su pontificado. Desde el punto de vista de ellas, ha habido  mucho ruido y pocas nueces. Los promotores de Francisco están dispuestos a abandonarlo si no se produce un giro radical. Parece que la última posibilidad que les queda para revolucionar la Iglesia será el Sínodo de la Amazonía que se celebrará en octubre. Yo diría que han dado indicaciones de ello.
¿A qué indicaciones se refiere?
A lo que pasó en la cumbre sobre la pedofilia, que resultó un neto fracaso. Los grandes órganos de prensa internacionales, desde Il corriera della sera hasta El país, no han disimulado su decepción. A mí me parece que el anuncio de la Conferencia Episcopal Alemana por boca de su presidente el cardenal Marx de convocar un sínodo local del que surjan decisiones vinculantes sobre la moral sexual, el celibato y la reducción del poder del clero debe entenderse como un ultimátum. Es la primera vez que los obispos alemanes se expresan con tanta franqueza. Parece que dijeran que si el Papa no cruza el Rubicón lo cruzarán ellos. Tanto en un caso como en otro nos veremos ante un cisma declarado.
¿Qué consecuencias podría tener semejante separación?
Aunque en sí, un cisma declarado es un mal, la Divina Providencia puede sacar de él un bien. Ese bien podría ser el despertar de muchos que duermen y que se caiga en la cuenta de que la crisis no surgió con el pontificado de Francisco, sino que viene de lejos y tiene profundas raíces doctrinales. Debemos tener el valor para pasar revista a cuanto ha sucedido en los últimos cincuenta años a la luz de la máxima evangélica según la cual el árbol se conoce por los frutos (Mat. 7,16-20). La unidad de la Iglesia es un bien que se debe conservar, pero no es un bien absoluto. No se puede unir lo que es contradictorio ni amar al mismo tiempo lo verdadero y lo falso, el bien y el mal.

lunes, 4 de febrero de 2019

FRANCISCO FIRMA ABOMINABLE DOCUMENTO DE "FRATERNIDAD HUMANA" EN ABU DHABI


VATICAN NEWS (Extracto)
Andrea Tornielli
El "Documento sobre la hermandad humana por la paz mundial y la convivencia común" firmado esta tarde en Abu Dhabi por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyib no es solo un hito en las relaciones entre el cristianismo y el islam, sino que representa también un mensaje con un fuerte impacto en la escena internacional. En el prefacio, después de haber afirmado que "La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano al que apoyar y amar", se habla de este texto como "un documento razonado con sinceridad y seriedad", que invita a "todas las personas que llevan en el corazón la fe en Dios y fe en la fraternidad humana a unirse y a trabajar juntos".
El documento comienza con una serie de invocaciones: el Papa y el Gran Imán hablan "en nombre de Dios que creó a todos los seres humanos iguales en derechos, deberes y dignidad", "en nombre de la inocente alma humana que Dios ha prohibido matar", "en nombre de los pobres", de "los huérfanos y las viudas, de los refugiados y los exiliados, de todas las víctimas de las guerras" y "de las persecuciones". Al-Azhar junto con la Iglesia Católica "declaran adoptar la cultura del diálogo como camino; colaboración común como conducta; conocimiento mutuo como método y criterio".
Al reconocer los pasos positivos tomados por la civilización moderna, la declaración enfatiza el «deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional, y el debilitamiento de los valores espirituales y el sentido de responsabilidad", que lleva a muchos a "caer en el vórtice del extremismo ateo y agnóstico, o en el integralismo religioso, en el extremismo y en el fundamentalismo ciego». El extremismo religioso y nacional, junto con la intolerancia «han producido las señales de una "tercera guerra mundial en pedazos”».
La Declaración atestigua que «la libertad es un derecho de toda persona: todos disfrutan de la libertad de creencia, pensamiento, expresión y acción. El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lenguaje son una sabia voluntad divina». Es a partir de la "Sabiduría divina" que «deriva el derecho a la libertad de creencia y la libertad de ser diferente. Por esta razón, se condena el hecho de obligar a las personas a adherirse a una determinada religión o cultura, así como a imponer un estilo de civilización que otros no aceptan».
Luego testimonia que «la protección de los lugares de culto - templos, iglesias y mezquitas - es un deber garantizado por las religiones, los valores humanos, las leyes y las convenciones internacionales. Cualquier intento de atacar los lugares de culto o amenazarlos con atentados, explosiones o demoliciones es una desviación de las enseñanzas de las religiones, así como una clara violación del derecho internacional».
El documento afirma que «es necesario comprometerse a establecer en nuestras sociedades el concepto de ciudadanía plena y renunciar al uso discriminatorio del término minorías, que trae consigo las semillas de sentirse aislado y de la inferioridad».
Finalmente, «Al-Azhar y la Iglesia Católica exigen que este Documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación». Y esperan que la Declaración se convierta en un "símbolo del abrazo entre Oriente y Occidente, entre el Norte y el Sur».

LEA DOCUMENTO COMPLETO ACÁ.

sábado, 24 de noviembre de 2018

EL VATICANISTA TONIELLI REVELA ÚLTIMAS GESTIONES ACUERDISTAS DE MONS. FELLAY ANTES DE DEJAR EL CARGO DE SUPERIOR GENERAL

Tornielli con Francisco

Hoy 24 de noviembre, Andrea Tornielli -actualmente, el más influyente vaticanista, y también un reconocido promotor del acuerdo práctico entre la FSSPX y Roma- escribe en Vatican Insider:

"La historia poco conocida de los últimos años en las relaciones entre Roma y Menzingen está llena de contactos que tenían como objetivo llevar a una declaración doctrinal sobre lo que es esencial para un católico, misma que habría debido ser suscrita por la Fraternidad "(…) 

"Los lefebvrianos propusieron correcciones y añadiduras, que fueron aceptadas, y la Feria IV, la reunión de los miembros del ex Santo Oficio, dejó claro en el texto el tema de la adhesión al Concilio, utilizando una expresión de San Juan Pablo II, que el mismo Marcel Lefebvre había suscrito. Es la famosa frase que utilizó el Papa Wojtyla al comenzar su Pontificado, cuando afirmó que el Vaticano II debe ser interpretado a la luz de la tradición. A los lefebvrianos, pues, se les pidió que aceptaran un texto que dice: «Aceptamos el Concilio Ecuménico Vaticano II a la luz de la tradición y del magisterio constante de la Iglesia»."  

"La declaración aprobada por Francisco fue presentada una primera vez al entonces superior de la Fraternidad San Pío X, el obispo Bernard Fellay, en agosto de 2017, por el prefecto Ladaria. Y fue presentada nuevamente al mismo Fellay en el último encuentro que se llevó a cabo en Roma en 2018. En esa ocasión, el superior lefebvriano no criticó la formulación, pero explicó que antes de su consenso debía esperar el resultado del capítulo general de la Fraternidad." [Esto es lo que dice el original en italiano: il superiore lefebvriano non contestò la formulazione, spiegando però che prima dell'adesione bisognava aspettare l'esito del capitolo generale della Fraternità; lo que, según una traducción más literal, queda así: el superior de Lefebvrist no objetó la formulación, explicando que antes de la adhesión debía esperarse el resultado del capítulo general de la Fraternidad. Nota de NP]

Y sobre la petición que ha hecho al Vaticano el P. Pagliarani en cuanto a reanudar las discusiones teológicas, dice Tornielli: “La reacción vaticana a la petición del nuevo responsable lefebvriano fue de apertura y de diálogo. El cardenal Ladaria dijo que ahora debe ser la Fraternidad la que presente una propuesta para estos nuevos diálogos y que debe indicar cuáles cuestiones son las que pretende volver a discutir.” 

Leer el artículo de Tornielli:

Todo está mal, hay que volver a hacer todo. Después de años de diálogo teológico, de duras discusiones, de encuentros reservados en los palacios vaticanos, la relación entre la Santa Sede y la Fraternidad Sn Pío X sigue en alta mar, y cualquier posible solución o acercamiento parece irse alejando. A pesar de la gran disponibilidad demostrada primero por Benedicto XVI (con la liberalización de la misa antigua y la cancelación de las excomuniones) y después por Francisco (asegurando la validez de las confesiones y de los matrimonios celebrados por los sacerdotes de la Fraternidad) parece que se vuelve al punto de partida, con un único convidado de piedra: el Concilio Ecuménico Vaticano II, que, según los seguidores de Marcel Lefebvre, contendría «errores». 

«Todo empuja, pues, a la Fraternidad a retomar la discusión teológica», anunció la Fraternidad fundada por el arzobispo tradicionalista Lefebvre, y explicó que el nuevo superior, Davide Pagliarani fue recibido por el cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Ladaria, y por el arzobispo Guido Pozzo, secretario de la comisión pontificia “Ecclesia Dei”. Una ocasión, insistieron los lefebvrianos, para dar cuenta de una «irreducible divergencia doctrinal». En el comunicado no se dijo, pero durante la conversación Pagliarani dijo a sus interlocutores que los textos mismos del Concilio contienen «errores», por lo que sería indispensable una aclaración, que en la óptica de la Fraternidad significa una corrección por parte de Roma de los presuntos «errores conciliares». 

La historia poco conocida de los últimos años en las relaciones entre Roma y Menzingen está llena de contactos que tenían como objetivo llevar a una declaración doctrinal sobre lo que es esencial para un católico, misma que habría debido ser suscrita por la Fraternidad San Pío XI, condición previa para la plena comunión y para la definición de un estatuto jurídico para el grupo lefebvriano, que se habría convertido en una prelatura dependiente directamente de la Santa Sede. La confrontación teológica entre la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Fraternidad ya se ha dado y, mediante las diferentes etapas y discusiones, produjo el borrador de una declaración aprobada primero por la Feria IV del dicastero y después por el Papa Francisco. 

Los lefebvrianos propusieron correcciones y añadiduras, que fueron aceptadas, y la Feria IV, la reunión de los miembros del ex Santo Oficio, dejó claro en el texto el tema de la adhesión al Concilio, utilizando una expresión de San Juan Pablo II, que el mismo Marcel Lefebvre había suscrito. Es la famosa frase que utilizó el Papa Wojtyla al comenzar su Pontificado, cuando afirmó que el Vaticano II debe ser interpretado a la luz de la tradición. A los lefebvrianos, pues, se les pidió que aceptaran un texto que dice: «Aceptamos el Concilio Ecuménico Vaticano II a la luz de la tradición y del magisterio constante de la Iglesia». 

La declaración aprobada por Francisco fue presentada una primera vez al entonces superior de la Fraternidad San Pío X, el obispo Bernard Fellay, en agosto de 2017, por el prefecto Ladaria. Y fue presentada nuevamente al mismo Fellay en el último encuentro que se llevó a cabo en Roma en 2018. En esa ocasión, el superior lefebvriano no criticó la formulación, pero explicó que antes de su consenso debía esperar el resultado del capítulo general de la Fraternidad. La actitud dialogante de Fellay resultó derrotada en el capítulo, en el que prevaleció una línea más intransigente. Como demuestra la petición de Pagliarani a las autoridades de la Congregación para la Doctrina de la Fe de volver a abrir las discusiones teológicas. 

La Santa Sede, para resolver la situación de la Fraternidad, nunca ha pretendido que no hubiera críticas, discusiones, peticiones, aclaraciones incluso sobre la interpretación de los textos conciliares. Pero una cosa es discutir sobre la hermenéutica de los textos (que en su momento fueron votados por el padre conciliar Marcel Lefebvre) y otra es afirmar que los textos promulgados por Pablo VI (a los cuales se sumaron casi unánimemente todos los obispos del mundo) contienen «errores» que «Roma debe cambiar». 

La reacción vaticana a la petición del nuevo responsable lefebvriano fue de apertura y de diálogo. El cardenal Ladaria dijo que ahora debe ser la Fraternidad la que presente una propuesta para estos nuevos diálogos y que debe indicar cuáles cuestiones son las que pretende volver a discutir. Pero es evidente que la Santa Sede nunca podrá aceptar que se consideren erróneos los textos del último Concilio, por lo que insistir en esta postura impedirá cualquier paso para resolver la situación. 

El fundador de la Fraternidad, Marcel Lefebvre, además de haber votado los textos conciliares, habló en público a favor de los documentos del Vaticano II en 1965 y en 1966. Cambió de opinión radicalmente en 1969, con la crisis y las críticas dentro de la Iglesia que caracterizaron el periodo post-conciliar. 

viernes, 9 de noviembre de 2018

TORNIELLI DEFIENDE A MACCARRICK


Tornielli con el papa Fracisco

Tornielli, el más influyente vaticanista y notable promotor del acuerdo entre Roma y la FSSPX, defiende al depredador sodomita McCarrick (e indirectamente de Francisco, entonces), adhiriendo a la ridícula tesis del "clericalismo" como causa del los abusos (homo)sexuales en la Iglesia -mentira impuesta por el papa como explicación oficial-, y llegando también al extremo insólito de negar la homosexualidad activa de McCarrick.

Andrea Tornielli: “McCarrick no mantuvo relaciones homosexuales”

El vaticanista tenido por más cercano al Papa, Andrea Tornielli, responsable de Vatican Insider, en el diario La Stampa, ha sorprendido a propios y extraños con una orwelliana negativa: McCarrick nunca tuvo relaciones homosexuales, el problema de los abusos no es la homosexualidad, sino el ‘clericalismo’. El mismo día, en La Nuova Bussola Quotidiana, el cardenal Brandmüller defiende la tesis contraria y explica cómo se ha llegado a esta situación.
En el ataque a las tesis del arzobispo Carlo María Viganò hemos oído tesis relativamente delirantes en defensa de la versión papal: el núcleo del problema está en un nunca bien definido ‘clericalismo’. Desde ofensivas contra los motivos o la catadura moral de Viganò, sobre su vulneración de la grave obligación de secreto o su tendencia a exagerar o malinterpretar los datos, estamos acostumbrados a leer todo tipo de explicaciones más o menos elaboradas y creíbles. Pero la de Andrea Tornielli, el periodista al que se considera más cercano al Papa reinante, desarrollada en su sección Vatican Insider, las supera a todas: McCarrick no mantuvo relaciones homosexuales.
Es prodigioso, porque ese extremo es universalmente reconocido incluso por los más acérrimos enemigos del famoso testimonio, y la discusión se centraba más bien en si sus numerosos ‘affairs’ con seminaristas y jóvenes sacerdotes eran o no suficientemente conocidos por los prelados que, debido haber denunciado, no lo hicieron. Pero sus palabras son literales: “No, McCarrick no mantuvo relaciones homosexuales. Acosó y abusó de seminaristas en nombre del poder, haciéndoles comprender que ir con él a la casa de la playa (…) era un paso obligatorio para que le conociera mejor y les permitiera ordenarles”.
Suena al ya viejo chiste moderno de que todo es sexo, salvo el sexo, que es poder. O, si se prefiere usar la palabra de moda, ‘clericalismo’. Resulta un gambito retórico algo desesperado para apartar la atención de lo aparatosamente obvio, lo que sobresale como una gigantesca anomalía en todo este escándalo: que en más del ochenta por ciento de los casos de abusos denunciados la víctima era varón, y que en una proporción aún mayor se trataba de individuos que habían alcanzado la pubertad, no ‘niños’.
No es fácil escapar del dilema. La población homosexual en cualquier sociedad según los estudios más recientes y exhaustivos no supera el tres por ciento de la general. Así que, ¿qué prefieren, pensar que un tres por ciento de sacerdotes homosexuales han sido responsables del ochenta por ciento de los casos -lo que indicaría una propensión al abuso por parte de la población homosexual exponencialmente superior a la heterosexual, lo que sería vigorosamente contestado por todos los medios y considerado intolerablemente homófobo, o concluir que la proporción de homosexuales en el clero supera con mucho la de la población en general? Cualquiera de las dos conclusiones, o una combinación de ambas, supone un dato explosivo y enormemente significativo que es imposible pasar por alto, por más que se dediquen esfuerzos a intentarlo.
La versión más razonable es la que acepta como hipótesis indudable el cardenal Brandmüller en su contribución a La Nuova Bussola Quotidiana: existe una extensa penetración en el clero y la jerarquía eclesiástica de redes homosexuales que son causantes en buena medida de la crisis que sufre la Iglesia.
Brandmüller, uno de los dos supervivientes, junto con el americano Leo Burke de los cuatro cardenales que presentaron al Papa sus ‘Dudas’ sobre el Capítulo VIII  de la exhortación Amoris Laetitia, busca la raíz de este alarmante fenómeno en “la teología moral de las últimas décadas”, caracterizada por un “liberalismo extremo”.
Para el cardenal, “algunos líderes de opinión han abandonado la idea clásica del derecho natural y de la teología de la revelación y han proclamado nuevas teorías. Una moral autónoma, que no quiere reconocer las normas comúnmente vinculantes, un consecuencialismo que juzga la calidad ética de una acción en base a sus consecuencias,  o una moral situacional que hace depender el bien o el mal de un acto de las circunstancias relativas concretas de la acción humana: todas estas nuevas tendencias en teoloría moral las han defendido profesores en las aulas de teología y en los seminarios, y naturalmente también se aplican a la moral sexual. De ahí se puede pintar también la homosexualidad como moralmente aceptable, y su clara condena por parte de la Sagrada Escritura como algo ligado a la época y ya superado”. [Téngase en cuenta que tal desviación doctrinal no explica suficientemente la verdadera infestación sodomita que padece el clero católico desde el Vaticano II. En efecto, el estudio de una teología moral errónea no es algo capaz de convertir a legiones y legiones de seminaristas en homosexuales. La causa es más profunda: es un terrible castigo divino por esa grandísima traición a Cristo que fue el Vaticano II. Ver acá]
Fuente: INFOVATICANA

miércoles, 26 de septiembre de 2018

FRANCISCO HABLA SOBRE EL ACUERDO TRAIDOR CON CHINA COMUNISTA



Vatican Insider (Extracto. Subrayado de NP. Nuestros comentarios en color rojo)

ANDREA TORNIELLI
ENVIADO DESDE EL VUELO TALLIN-ROMA

Hace tres días se firmó un acuerdo entre el Vaticano y China. ¿Puede darnos alguna información más sobre el contenido? ¿Por qué algunos católicos, en particular el cardenal Joseph Zen, le acusan de haber malbaratado la Iglesia al gobierno? 

Este es un proceso de años, [como en el caso de la FSSPX... Atento, lector] un diálogo entre la comisión vaticana y la comisión china, para arreglar el nombramiento de los obispos. El equipo vaticano ha trabajado mucho. Quisiera mencionar algunos nombres: monseñor Celli, Gianfranco Rota, el Secretario de Estado (Pietro Parolin, ndr.), que es un hombre muy devoto, pero tiene una especial devoción por la lupa: estudia todos los documentos: punto, coma, acentos. Esto a mí me da una seguridad muy grande. Este equipo con estas cualidades ha salido adelante. Ustedes saben que cuando se hace un acuerdo de paz, ambas partes pierden algo. Esta es la ley: ambas partes. Se fue con dos pasos para adelante, uno para atrás… dos adelante y uno atrás. Después, meses sin hablarse. Es el tiempo de Dios que se parece al tiempo chino. Lentamente, la sabiduría de los chinos. Los obispos que estaban en dificultades fueron estudiados, caso por caso. Y los expedientes de cada uno llegaron a mi escritorio. Fui yo el responsable de firmar (restablecer la comunión con el Papa para los siete obispos, ndr.). Luego, el caso del acuerdo: volvieron los borradores a mi escritorio, yo daba mis ideas, se discutía e íbamos adelante. Pienso en la resistencia, en los católicos que han sufrido: es cierto, ellos sufrirán. Siempre en un acuerdo hay sufrimiento. Pero ellos tienen una gran fe y me escriben, hacen llegar mensajes para decir que lo que la Santa Sede, lo que Pedro dice, es lo que dice Jesús. La fe martirial de esta gente hoy sale adelante. [Vía acuerdo traidor antimartirial con enemigos declarados de Cristo] Son unos grandes. El acuerdo lo firmé yo, las cartas plenipotenciarias las firmé yo. Yo soy el responsable, los demás trabajaron por más de diez años. No es una improvisación, es un verdadero camino. Una anécdota simple y un dato histórico: cuando salió el famoso comunicado de un ex nuncio apostólico (se refiere al caso Viganò, ndr.), los episcopados del mundo me escribieron para decirme que se sentían cerca y que rezaban por mí. Algunos fieles chinos me han escrito y la firma de este escrito era del obispo de la Iglesia, por decirlo así, “tradicional católica” y del obispo de la Iglesia “patriótica”, ambos juntos y las dos comunidades de fieles. Para mí fue una señal de Dios. Y luego, no hay que olvidar que en América Latina durante 350 años fueron los reyes [católicos, no tiranos comunistas anticatólicos] de España y Portugal los que nombraban a los obispos. No olvidemos el caso del imperio austro-húngaro [Idem]. Otras épocas, gracias a Dios, que no se repiten. [Salvo porque ahora los comunistas chinos tienen ese privilegio exclusivo] Lo que hay es un diálogo sobre los eventuales candidatos, pero nombra Roma, nombra el Papa, esto está claro. [Eligiéndolos de entre determinados candidatos que hayan sido aprobados por los comunistas. Y la verdad es que no se sabe qué es peor: que un Obispo sea nombrado por Francisco o por comunistas, pero hay que tener en cuenta que el acuerdo con China deja atados a los sucesores de Francisco] Y recemos por los sufrimientos de algunos que no comprenden o que tienen a la espalda tantos años de clandestinidad. 

¿Qué sintió al visitar el museo en donde eran asesinados los prisioneros de la KGB en Vilna? 

La de ustedes es una historia de invasiones, de dictaduras, de crímenes, de deportaciones. Cuando visité el museo de Vilna…. Museo es una palabra que me hace pensar en el Louvre. Pero ese museo es, por el contrario, una cárcel a la que llevaban a los detenidos por razones políticas o religiosas. Vi celdas del tamaño de este asiento en el que solamente se podía estar de pie, celdas de tortura. Vi lugares de tortura a los que, con el frío que hay este país, llevaban a los prisioneros desnudos y les echaban agua. Y se quedaban ahí horas, horas, para romper su resistencia. Y luego entré en la habitación de las ejecuciones. Llevaban a los prisioneros por la fuerza y los mataban con un disparo a la nuca. Mataban cuarenta al día, más o menos. Al final, fueron 15 mil. Luego fui al lugar del gran gueto, en donde mataron a miles de hebreos, y después fui esa misma tarde al monumento a la memoria de los condenados, asesinados, torturados y deportados. Ese día, les digo la verdad, quedé destrozado: me hizo pensar en la crueldad. Pero les digo: la crueldad no se ha acabado. La misma crueldad hoy se encuentra en muchos lugares de detención, se encuentra en muchas cárceles. También la sobrepoblación de una cárcel es una forma de torturar, de no hacer vivir con dignidad. Una cárcel hoy que no dé al detenido la salida de la esperanza, ya es una tortura. Luego hemos visto, en la tele, las crueldades de los terroristas del EI: ese piloto jordano quemado vivo, los coptos degollados en la playa de Libia y muchos otros. Hoy la crueldad no se ha acabado. En todo el mundo existe, y este mensaje que quisiera darlo a ustedes periodistas: esto es un escándalo, un grave escándalo de nuestra cultura y de nuestra sociedad. 
Otra cosa que he visto en estos tres países es el odio contra la religión, sea la que sea. ¡El odio! He visto a un obispo jesuita en Lituania que fue deportado a Siberia por diez años, luego a otro campo de concentración. Ahora es un anciano… Tantos hombres y mujeres, por defender la propia fe y la propia identidad, fueron torturados y deportados a Siberia y nunca volvieron, los mataron. La fe de estos tres países es grande, es una fe que nace precisamente del martirio, y esto es algo que tal vez ustedes vieron hablando con la gente. Luego, esta experiencia de fe tan importante provocó un fenómeno singular en estos países: una vida ecuménica como no existe en otros, tan generalizada. Hay un verdadero ecumenismo entre luteranos, bautistas, anglicanos, ortodoxos… Ayer en la catedral, en el acto ecuménico en Riga lo vimos: qué cosa grande, hermanos, vecinos, una sola Iglesia. 

Durante el encuentro ecuménico en Tallin usted dijo que los jóvenes, frente a los escándalos sexuales, no ven una condena neta por parte de la Iglesia… 

Los jóvenes se escandalizan por la hipocresía de los grandes, por las guerras; se escandalizan por la incoherencia, se escandalizan por la corrupción. Y en esto entra lo que usted subraya: los abusos sexuales. Es cierto que hay una acusación contra la Iglesia. Todos conocemos las estadísticas, yo no las diré, pero, aunque hubiera habido solamente un sacerdote abusador de un niño o de una niña, ¡es monstruoso! Porque ese hombre ha sido elegido por Dios para llevar a ese niño hacia el Cielo. Comprendo que los jóvenes se escandalicen por esta corrupción. Saben que existe por todas partes, pero en la Iglesia es más escandalosa. ¡Hay que llevar a los niños hacia Dios y no destruirlos! Los jóvenes tratan de abrirse camino con la experiencia. El encuentro de hoy fue muy claro: ellos piden ser escuchados, no quieren fórmulas fijas, [como los dogmas] no quieren un acompañamiento que dé directrices. [Dicho de otro modo: no quieren obedecer. Maravilloso...] ¿La Iglesia no hace las cosas como debería para limpiar esta corrupción? Tomemos el informe de Pennsylvania y vemos que los primeros setenta años hubo muchos sacerdotes que cayeron en esta corrupción. Luego, en tiempos más recientes, ha disminuido, porque la Iglesia se ha dado cuenta de que tenía que luchar de otra manera. Y le está poniendo todo el empeño. En los últimos tiempos he recibido tantas, tantas condenas que ha hecho la Congregación para la Doctrina de la Fe. Nunca he firmado una petición de gracia después de una condena por esto; con esto no se negocia. En los tiempos antiguos estas cosas se encubrían, y se encubría cuando el tío violaba a la sobrinita, cuando el papá violaba a los hijos. Se encubrían porque era una vergüenza muy grande, era la manera de pensar de los siglos pasados. Hay un principio para interpretar la historia: un hecho histórico debe ser interpretado con la hermenéutica de la época en la que sucedió, no con la hermenéutica de hoy. Por ejemplo: el indigenismo, todas las injusticias y brutalidades contra los indígenas. No puede ser interpretado con la hermenéutica de hoy, que tenemos otra conciencia. El último ejemplo es la pena de muerte: el Vaticano, como Estado pontificio, tenía la pena de muerte, el último fue decapitado en el siglo XIX. Pero luego la conciencia moral crece. 

domingo, 26 de agosto de 2018

REACCIONES A LA CARTA DE MONS. VIGANÓ

El demoledor Francisco con el depredador sodomita McCarrick

Aprovechamos esta entrada para hacer notar que el depredador McCarrick, seis meses después de la elección de Francisco, señaló que él formó parte del plan para elegir Bergoglio, pues éste debía cambiar la Iglesia en 5 años. Incluso detalló que cuando le tocó el turno de hablar antes del Cónclave, instó a los cardenales a votar por un latinoamericano que se identificara con los pobres. Afirma además que Bergoglio es su amigo. Predijo también que si Francisco contaba con 2 años, cambiaría el papado, y que "cuanto más tiempo esté allí, creo que es probable que más podamos decir que ha cambiado el papado". 
Esto explica el siguiente pasaje de la carta de Mons. Viganó: "Entonces no sabía nada de su larga amistad con el cardenal Bergoglio y del importante papel que había jugado en su reciente elección, como el mismo McCarrick reveló al cabo de un tiempo en una conferencia que dio en la Villanova University y en una entrevista al Catholic National Reporter; tampoco había pensado nunca en el hecho que había participado en los encuentros preliminares del reciente cónclave, y en el papel que había podido tener como elector en el cónclave de 2005."

Mons. Joseph E. Strickland, Obispo a la cabeza de la diócesis de Tyler, Texas, ha emitido el siguiente valiente comunicado:
Estimados Sacerdotes, Diáconos, Religiosos y todos los Fieles de la Diócesis de Tyler,
Una carta (ver abajo) del Arzobispo Vigano, antiguo Nuncio de los Estados Unidos, plantea graves acusaciones y pide la dimisión de numerosos prelados de alto rango, incluido el Papa Francisco.
Dejemos claro que se trata de acusaciones, pero como su pastor, las encuentro creíbles.  Utilizando esta pauta, la respuesta debe ser una investigación exhaustiva similar a las que se llevan a cabo cada vez que las acusaciones se consideran creíbles. No tengo la autoridad para lanzar tal investigación, pero prestaré mi voz de la manera que sea necesaria para llamar a esta investigación e instar a que sus conclusiones exijan la rendición de cuentas de todos los culpables, incluso en los niveles más altos de la Iglesia.
A medida que esto se desarrolla, exhorto a todos en la Diócesis de Tyler a orar fervientemente por la Santa Madre Iglesia y a pedir la Intercesión de Nuestra Santísima Madre.  Somos el rebaño de Jesucristo.  Él es Señor de Su Iglesia y Su Espíritu Santo nos guiará a través de esta oscuridad.
Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, ten misericordia de tu Iglesia y purifícala en el fuego de tu Amor.
Santísima Virgen María, ruega por nosotros.
Todos los Papas y Obispos Santos que están en el Cielo, rogad por nosotros.
Todos los Santos y Santas, rogad por nosotros.
Instruyo a todos los sacerdotes a incluir este aviso en las misas del 26 de agosto, y a publicarlo en sus sitios web y en otros medios sociales inmediatamente.
Reverendísimo Joseph E. Strickland
Obispo de Tyler
Por su parte, el Cardenal Burke, consultado por LifeSiteNews, dijo: "La corrupción y la suciedad que han entrado en la vida de la Iglesia deben ser purificadas de raíz". "Las declaraciones hechas por un prelado de la autoridad del arzobispo Carlo Maria Viganò deben ser tomadas muy en serio por los responsables de la Iglesia". "Cada declaración debe ser objeto de investigación, según la ley procesal de la Iglesia."
Andrea Tornielli -célebre vaticanólogo partidario de la "normalización" de la FSSPX-, en tanto, defiende a Francisco y ataca a Mons. Viganò, diciendo que el texto publicado por éste “forma parte de las personales batallas eclesiales de un religioso que nunca pudo digerir su alejamiento del Vaticano por decisión de Benedicto XVI, y del uso instrumental que aprovechan las huestes anti-Francisco”. 

Y el superior general de la FSSPX, ¿guardará un silencio políticamente correcto ante estos hechos gravísimos, como de costumbre? Veremos.

lunes, 16 de julio de 2018

ACERCA DE UN HECHO EXTRAÑO


En el primer comunicado por el que la FSSPX anunció la elección del P. Pagliarani como Superior General, se dijo:

Mañana los 41 capitulares elegirán a los dos Asistentes generales por el mismo período de 12 años.

Sin embargo, Rorate Caeli filtró el mismo día 11 de julio, que los Asistentes serían Mons. De Galarreta y el P. Bouchacourt:



Por su parte, el conocido vaticanista Andrea Tornielli, también hizo la misma filtración cuando afirmó, ese mismo día 11 de julio:

Mañana, jueves 12 de julio, el capítulo proseguirá con la elección de los dos nuevos asistentes del superior. Salvo sorpresas de última hora, serán el obispo Alfonso de Gallareta (uno de los cuatro obispos ordenados por monseñor Lefebvre sin el mandato del Papa en 1988, acto que provocó el mini cisma y la excomunión, que fue revocada por Benedicto XVI en 2009), y el superior del distrito francés, Christian Bouchacourt.

Ya estando filtrada la noticia, la FSSPX emitió su segundo comunicado, anunciando la elección de los Asistentes.

Todo esto implica que la decisión de elegir como asistentes a Mons. de Galarreta y al P. Bouchacout, estaba tomada por alguien antes de que el capítulo efectuara la elección.

sábado, 16 de junio de 2018

COMENTARIO ELEISON Número DLXX (570) - 16 de junio de 2018


¿Roma se Prepara?
¿Cómo puede alguien pretender que no hay combate por la Fe?
¿Qué otra cosa puede ser nuestra afligida situación presente?
En el contexto de la crisis que atraviesa la Iglesia católica desde hace medio siglo a partir del Vaticano II (1962–1965), dos recientes movimientos de las autoridades eclesiásticas en Roma pueden parecer sorprendentes, porque ambos movimientos parecen favorecer esa Tradición católica que el Papa Francisco da tantas indicaciones de querer arrancar de raíz de una vez por todas. ¿El Gran Lobo Malo realmente quiere ser gentil con la Caperucita Roja de la Fraternidad San Pío X, o estos otros dos movimientos astutos son para atraparla en su guarida conciliar? ¿Roma también se está preparando para el Capítulo General de la Fraternidad a mediados de julio?
El primero de los dos movimientos fue a mediados de febrero de este año, cuando la Comisión Ecclesia Dei, lanzada en Roma en 1988 para frenar la Tradición Católica porque amenazaba con acelerarse, concedió a la Fraternidad semi-Tradicional de San Pedro el uso de los ritos litúrgicos altamente Tradicionales de la Semana Santa. Estos son los ritos que se utilizaron durante siglos y siglos antes de la reforma de la liturgia del Cardenal Bugnini en la década de 1950, que allanó el camino para la Nueva Misa en la década de 1960. Como ritos para la Semana Santa, estos ancianos se están haciendo cada vez más populares entre los católicos que repudian la Nueva Misa, porque contienen tantos rasgos contrarios a esa liturgia modernista que Pablo VI impondría por engaño administrativo a la Iglesia Universal en 1969. ¿Roma por fin se aleja de la Nueva Misa?
Difícilmente. Como dice la famosa frase de Virgilio: “Sea lo que sea, no me fío de los griegos, ni siquiera cuando traen regalos”. Este regalo a la Tradición puede haber sido fácilmente diseñado por Roma para persuadir a todo tipo de Caperucitas Rojas, especialmente a los participantes en el Capítulo General de julio, de que el Gran Lobo Malvado no es tan malo después de todo. El Capítulo es importante para Roma – ese bastión de la Fe erigido por el Arzobispo debe ser desmantelado, porque la verdadera lucha por la fe de Monseñor Lefebvre fue un verdadero obstáculo en la marcha hacia adelante del Nuevo Orden Mundial, fuera de toda proporción con el tamaño de la Fraternidad. La lucha se ha debilitado gravemente desde su muerte, pero Roma tiene que temer que el Capítulo la reanime. Roma quiere a otro liberal como Superior General, aunque un candidato transigente bastará, ¡pero no un luchador por la Fe!
El otro movimiento sorprendente de Roma fue el 16 de mayo, cuando un conocido periodista del Vaticano, Andrea Tornielli, destacó un extracto de un libro recientemente publicado, escrito por un funcionario romano sobre el Papa Pablo VI (1963–1978). El extracto es un relato detallado de la conversación mantenida en septiembre de 1976 entre el Papa y Monseñor Lefebvre, dos meses después de la Misa celebrada por el Arzobispo ante una gran multitud en Lisle, Francia. Esta misa marcó el comienzo del movimiento tradicional, por lo que el Papa quiso frenar al Arzobispo. La conversación que duró poco más de media hora fue anotada por los romanos de la época, y fue descrita de manera algo diferente por el Arzobispo después, pero los romanos se guardaron el contenido para sí mismos durante los últimos 42 años. ¿Por qué publicarla ahora?
La respuesta debe estar en el “algo diferente”. El admirable sitio de Internet de América Latina, Non possumus, ha publicado uno al lado del otro los detalles publicados por los romanos y el propio relato del Arzobispo sobre la conversación. Los lectores de Non possumus pueden comprobar por sí mismos cómo los romanos han ocultado la ceguera de Pablo VI y su propia villanía. Excelente ejemplo: Pablo VI acusó al arzobispo de hacer jurar a sus seminaristas contra el Papa, lo que era absolutamente falso. El Arzobispo se declaró dispuesto a jurar s obre un crucifijo que el Papa le había acusado de tal juramento. Un portavoz romano negó oficialmente que se hubiera aun mencionado tal juramento.
De la misma manera, la versión de Roma pasa por alto el abismo entre el modernismo de Pablo VI y la Fe del Arzobispo, como si los Capitulares no tuvieran que preocuparse de que haya una gran brecha entre la Roma Conciliar y la Fraternidad – déjenlos elegir a otro liberal para su Superior, ¡aunque un candidato transigente bastará!
Kyrie eleison.

jueves, 17 de mayo de 2018

DESPUÉS DE MÁS DE 40 AÑOS, REVELAN “ACTA SECRETA” DE UNA REUNIÓN ENTRE MONS. LEFEBVRE Y PABLO VI


Imagen de Infovaticana


El 11 de septiembre de 1976, Mons. Lefebvre fue sorpresivamente citado por Paulo VI a una audiencia en Castelgandolfo. El día 16 de mayo de 2018, a casi 42 años de esa entrevista, Andrea Tornielli, un influyente vaticanólogo que está muy al tanto de las tratativas entre Roma apóstata y la cúpula liberal de la FSSPX, publica en Vatican Insider extractos de una supuesta transcripción de esa conversación, bajo el título de “He aquí el acta secreta del encuentro entre Pablo VI y Lefebvre”. Señala Tornielli que el acta ha sido reproducida en el libro “La barca de Pablo”, del regente de la Casa Pontificia (y gran admirador de Pablo VI) Leonardo Sapienza. 

¿Por qué se hace justamente ahora esa publicación? No lo sabemos, pero podemos suponer que esta "revelación" forma parte de la estrategia romana para conducir a la FSSPX hacia el acuerdo suicida y traidor. Abajo reproducimos el artículo de Vatican Insider, subrayando las palabras que, nos parece, se querrían presentar como un apoyo a la idea -superada por los hechos y definitivamente desechada por Mons. Lefebvre, pero resucitada por Mons. Fellay- de pedir a Roma que deje a la FSSPX “hacer la experiencia de la Tradición”, siendo Fraternidad reconocida e integrada a la estructura oficial "tal como ella es”. Hasta ahora hay un silencio absoluto de la Fraternidad acerca de esta "acta secreta" que deshonra la memoria de su fundador, presentándolo como un hombre atormentado, exaltado, impredecible, contradictorio y vacilante.

La transcripción parcial publicada no es fidedigna. Si se la compara con el relato de Mons. Lefebvre, se hace evidente que alguien (¿Sapienza?, ¿Benelli?, ¿Macchi?, ¿algún otro?) ha falseado lo dicho en esa reunión, cosa que no nos extraña en modo alguno, dada la conocida falta de honestidad de los modernistas. Más abajo los lectores podrán constatar que, en los días siguientes a la reunión, Monseñor Lefebvre acusó al Vaticano de mentir en las informaciones que daba sobre esta audiencia. 

En la presente entrada comenzaremos por publicar lo que sobre esa entrevista informó Mons. Lefebvre a sus seminaristas durante un retiro sacerdotal en Ecône (COSPEC 34 A) (Fuente en inglés acá). Luego, podrán leer el artículo de Vatican Insider con los extractos del "acta secreta". Finalmente, hemos puesto lo esencial sobre las acusaciones cruzadas entre Mons. Lefebvre y el Vaticano, acerca de faltar a la verdad en las informaciones acerca de la reunión. 


MONSEÑOR LEFEBVRE HABLA SOBRE LA AUDIENCIA DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1976

"Así que fui a la oficina del Santo Padre, donde encontré al Santo Padre con Monseñor Benelli a su lado. Saludé al Santo Padre y saludé a Mons. Benelli. Nos sentamos de inmediato, y la audiencia comenzó.

El Santo Padre estaba bastante animado al principio, se podría decir que casi violento en cierto modo: se podía percibir que estaba profundamente herido y más bien provocado por lo que estamos haciendo. Él me dijo:

-“Usted me condena, usted me condena. Soy modernista. Soy protestante. No se puede permitir, usted está haciendo mal, no debe continuar, está causando escándalo en la Iglesia,” etc. ... con nerviosa irritabilidad.

Desde luego que yo permanecí en silencio. Después me dijo:

-“Bien, hable ahora, hable. ¿Qué tiene que decir?”

Le dije:

-"Santo Padre, vengo aquí, pero no como la cabeza de los tradicionalistas. Usted ha dicho que soy la cabeza de los tradicionalistas. Niego rotundamente que yo sea la cabeza de los tradicionalistas. Soy sólo un católico, un sacerdote, un obispo, entre millones de católicos, miles de sacerdotes y otros obispos que están desgarrados, destrozados en la conciencia, en la mente, en el corazón. Por una parte queremos someternos totalmente a usted, seguirlo en todo, no tener reservas sobre su persona, y, por otra, somos conscientes de que los lineamientos adoptados por la Santa Sede desde el Concilio y toda la nueva orientación, nos alejan de sus predecesores. Entonces ¿qué debemos hacer? Nos vemos obligados o bien a adherirnos a sus predecesores o bien a adherirnos a su persona y a separarnos de sus predecesores. Que los católicos sean desgarrados así es inaudito, increíble. Y no soy yo quien ha provocado eso, no es un movimiento hecho por mí, es un sentimiento que viene del corazón de los fieles, de millones de fieles que no conozco. No tengo ni idea de cuántos hay. Están en todo el mundo, en todas partes.

Todo el mundo se siente intranquilo por el desorden que se ha producido en la Iglesia en los últimos diez años, por las ruinas que se acumulan en la Iglesia. He aquí unos ejemplos: hay una actitud fundamental entre estas personas, una actitud interior que significa que ya no cambiarán ahora, ya no cambiarán porque han hecho su elección por la Tradición, por aquellos que mantienen la Tradición. Hay ejemplos como el de las hermanas religiosas que vi hace dos días, buenas religiosas que desean mantener su vida religiosa, que enseñan a los niños como sus padres quieren que se les enseñe; muchos padres traen a sus hijos porque recibirán una educación católica de  estas religiosas. Por lo tanto, las religiosas conservan su hábito religioso; y sólo porque desean conservar las antiguas oraciones y el catecismo antiguo, son excomulgadas. La Superiora General ha sido destituida. El obispo, por cinco veces, les ha exigido que abandonen su hábito religioso porque han sido reducidas al estado laical. La gente que ve eso, no lo entiende. Y, al lado de eso, las monjas que desechan su hábito, se vuelven a todas las vanidades mundanas, ya no tienen una regla religiosa, ya no rezan, ¡están oficialmente aprobadas por los obispos, y nadie dice una palabra en su contra!

El hombre de la calle, el pobre cristiano, viendo estas cosas, no puede aceptarlas. Eso es imposible. Lo mismo pasa con los sacerdotes. Los buenos sacerdotes que celebran bien la Misa, que rezan, que se encuentran en el confesionario, que predican la verdadera doctrina, que visitan a los enfermos, que llevan su sotana, que son verdaderos sacerdotes amados por su pueblo porque celebran la Misa antigua, la Misa de su ordenación; que enseñan el antiguo catecismo; son arrojados a la calle como criaturas sin valor, prácticamente excomulgados. Y luego los sacerdotes que van a las fábricas, que nunca visten de sacerdotes para que se sepa lo que son, que predican la revolución;  son aceptados oficialmente y nadie les dice nada. 

En cuanto a mí, estoy en el mismo caso. Trato de hacer sacerdotes, buenos sacerdotes como se hacían antes; hay muchas vocaciones, los jóvenes son admirados por la gente que los ve en los trenes, en el metro; los saludan, los admiran, los felicitan por su vestimenta y su porte; ¡y me suspenden a divinis! Y a los obispos que no tienen más seminaristas, ni sacerdotes jóvenes, ni nada, y cuyos seminarios ya no hacen buenos sacerdotes ¡no se les dice nada! Usted entiende: el pobre cristiano promedio lo ve claramente. Ha elegido y no cederá. Ha llegado a su límite. Es imposible."

-"Eso no es verdad. Usted no forma buenos sacerdotes -me dijo-, porque los hace jurar contra el Papa".

-"¡Qué!", contesté. "¿Un juramento contra el Papa? ¡Yo que, por el contrario, trato de infundirles respeto por el Papa, respeto por el sucesor de Pedro! Al contrario, rezamos por el Santo Padre, y usted nunca podrá mostrarme este juramento que hacen contra el Papa. ¿Puede darme una copia?"

Y ahora, oficialmente, los portavoces vaticanos han publicado en el periódico de hoy, donde pueden leerlo, la negación vaticana, diciendo que no es verdad, que el Santo Padre no me dijo eso: el Santo Padre no me dijo que hice jurar a mis seminaristas y jóvenes sacerdotes contra el Papa. ¿Pero cómo pude haber inventado eso?

¿Cómo inventar algo así? Es impensable. Pero ahora lo niegan: el Santo Padre no lo dijo. Es increíble. Y obviamente no tengo ninguna grabación. No escribí toda la conversación, así que no puedo probar lo contrario materialmente.

¡Pero mi reacción! No puedo olvidar cómo reaccioné a esa afirmación del Santo Padre. Todavía puedo verme haciendo gestos y diciendo: "Pero, Santo Padre, ¿cómo puede decir algo así? ¿Puede mostrarme una copia del juramento?" Y ahora dicen que no es verdad. ¡Es extraordinario!

Entonces el Santo Padre me dijo, más adelante:

"Es verdad. ¿No es verdad que usted me condena?"

Tenía la fuerte impresión de que todo  concernía más bien a su persona, que estaba personalmente herido:

-"Usted me condena. ¿Qué debo hacer? ¿Debo entregar mi renuncia y dejar que usted ocupe mi lugar?"

-"¡Oh!" Puse mi cabeza en mis manos.

-"Santo Padre, no diga esas cosas. ¡No, no, no, no, no!" Entonces dije:

"Santo Padre, permítame continuar. Usted tiene la solución del problema en sus manos. Sólo hace falta decir una palabra a los obispos: acoged fraternalmente, con comprensión y caridad, a todos los grupos de tradicionalistas, a todos los que quieran conservar la oración de los días pasados, los sacramentos como antes, el catecismo como antes. Recibidlos, dadles lugares de culto, instaladlos para que oren y permanezcan en relación con vosotros, en íntima relación con sus obispos. Sólo hace falta decir una palabra a los obispos y todo volverá al orden y en ese momento no tendremos más problemas. Las cosas volverán al orden. En cuanto al seminario, yo mismo no tendré dificultad en acudir a los obispos y pedirles que implanten a mis sacerdotes en sus diócesis: las cosas se harán normalmente. Yo mismo estoy muy dispuesto a renovar las relaciones con una comisión que usted podría nombrar de la Congregación de Religiosos para venir al seminario. Pero claramente mantendremos y deseamos continuar la práctica de la Tradición. Se nos debe permitir mantener esa práctica. Pero quiero volver a las relaciones normales y oficiales con la Santa Sede y con las Congregaciones. Más allá de eso, no quiero nada". [Como se sabe, después del fracaso del intento de acuerdo de 1988, Mons. Lefebvre desechó para siempre la posibilidad de que la FSSPX sea integrada a la estructura oficial conciliar, idea exhumada por la actual cúpula liberal de la FSSPX. Tenga presente el lector que estas palabras fueron dichas por el Arzobispo en 1976, pero que en su último libro, "Itinerario espiritual siguiendo a Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica", obra escrita a pocos meses de su muerte y que, por tanto, constituye su testamento espiritual; Monseñor Lefebvre expresa estas palabras lapidarias a las que Mons. Fellay jamás se refiere: "Es un deber estricto, para todo sacerdote que quiera permanecer católico, el separarse de esta iglesia conciliar, en tanto que ella no regrese a la tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe católica”]

Entonces me dijo:

-"Debo reflexionar, debo rezar, debo consultar al Consistorio, debo consultar a la Curia. No puedo darle una respuesta. Ya veremos."

Después de eso me dijo: "Recemos juntos."

Dije: "Con mucho gusto, Santo Padre."

Entonces dijimos el Pater Noster, Veni Creator, y un Ave María, y él entonces me acompañó muy amablemente, pero con dificultad: su caminar era doloroso, arrastrando un poco sus piernas. En la habitación de al lado esperó a que Domenico viniera a buscarme e hizo que le dieran una pequeña medalla a Don Domenico. Luego nos fuimos. Y Monseñor Benelli no abrió la boca, sólo escribió todo el tiempo, como secretario. Entonces yo diría que no me molestó en absoluto la presencia del Obispo Benelli, que era como inexistente. Eso no molestó al Santo Padre. Bueno, no me molestó en absoluto pues no abrió la boca, no protestó. Entonces le dije de nuevo dos veces que él tenía la solución del problema en sus manos. Luego mostró su satisfacción por haber tenido esta entrevista, este diálogo. Le dije que siempre estaba a su disposición. Luego nos fuimos.

Desde entonces, están contando lo que quieren en los periódicos, las invenciones más fantásticas: que lo acepté todo, que hice una sumisión completa; luego dijeron que era todo lo contrario: que no había aceptado nada y no había concedido nada. Ahora me dicen, en efecto, que mentí, que estoy inventando cosas en la conversación que tuve con el Santo Padre. Mi impresión es que están tan furiosos que esta audiencia tuvo lugar de forma imprevista, sin pasar por los canales habituales, que están intentando por todos los medios desacreditarla, y desacreditarme a mí también. Claramente tienen miedo de que esta audiencia me vuelva a poner a favor de muchas personas, que están diciendo: Ahora, si Monseñor ha visto al Santo Padre, no hay más problemas: ha vuelto con el Santo Padre. De hecho, nunca hemos estado en contra del Santo Padre y siempre hemos querido estar con el Santo Padre.

Además, acabo de escribirle de nuevo porque el Cardenal Thiandoum insistió mucho en ello para que pudiera tener una breve nota mía para entregarla al Santo Padre. Yo le dije: "Bien. Estoy dispuesto a escribir una breve carta al Santo Padre (aunque estoy empezando a pensar que esta correspondencia es interminable), quiero agradecer al Santo Padre por concederme esta audiencia”. Lo hice, y agradecí al Santo Padre…

El Santo Padre había dicho en el curso de la conversación: "Bueno, al menos tenemos un punto en común: los dos queremos poner fin a todos estos abusos que existen actualmente en la Iglesia, para devolver a la Iglesia su verdadero rostro, etc...".

Yo contesté: "Sí, absolutamente".

Así que puse en mi carta que estaba dispuesto a colaborar con él, habiendo dicho en el transcurso de la audiencia que por lo menos teníamos un punto en común, para devolverle a la Iglesia su verdadero rostro y suprimir todos los abusos en la Iglesia. En eso, estaba dispuesto a colaborar, y de hecho bajo su autoridad. No creo haber dicho nada que pudiera comprometerme, que pudiera comprometerme demasiado porque eso es lo que hacemos, no hacemos nada más que dar a la Iglesia su verdadero rostro. Entonces no lo sé. Eso no cambiará nada. Tengan en cuenta esto, no cambiará nada. [Idem nota anterior]

También le dije, basándome en el pluralismo, dije, pero finalmente, con este pluralismo actual, “¿cómo sería conceder a los que quieren mantener la tradición que se pongan en pie de igualdad con los demás? Es lo mínimo que se nos puede otorgar.” [Idem. Acá Monseñor usa un argumento ex concessis] Le dije: “No sé si usted sabe, Santísimo Padre, que ahora hay 23 oraciones eucarísticas oficiales en Francia.”

Él levantó los brazos al cielo y dijo: “¡Mucho más, Excelencia, mucho más, mucho más, mucho más, mucho más!”

Entonces le dije:

-"Pero, si hay muchas más, si, aun así, agrega otra, no veo cómo eso puede dañar a la Iglesia. ¿Es un pecado mortal mantener la Tradición y hacer lo que la Iglesia siempre ha hecho?"

Ya lo ven, el Papa parece bien informado.

Así que ahora creo que debemos rezar y mantenernos firmes. Puede haber algunos entre ustedes que se escandalizaron por la suspensión a divinis y, diría yo, por mi rechazo de la suspensión a divinis. Por supuesto. Lo entiendo. Pero ese rechazo es parte, y yo digo que debe ser visto como parte, de nuestra negativa a aceptar el juicio que nos llegó de Roma. Todo eso es lo mismo. Es parte del mismo contexto; todo está vinculado entre sí. ¿No es así? Por lo tanto, no veo por qué debo aceptar esta suspensión, ya que no acepté la prohibición de las ordenaciones, ni el cierre del seminario, ni el cierre y la destrucción de la Fraternidad. Eso significaría que debería haber aceptado desde el momento de la primera sentencia, de la primera condena: Debí haber dicho sí, estamos condenados, cerramos el seminario y terminamos la fraternidad... ¿Por qué no lo acepté? Porque se hizo ilegalmente, porque no se basa en ninguna prueba ni en ningún juicio. No sé si han tenido ocasión de leer lo que el propio Cardenal Garrone dijo en una entrevista: nuestro encuentro con Mons. Lefebvre en Roma con los tres Cardenales no fue un tribunal. Lo dijo abiertamente. Es lo que siempre he dicho yo mismo. Era una conversación. Nunca me he encontrado ante un tribunal. La Visitación no fue un tribunal; fue una investigación, no un juicio. Así que no había tribunal, ni juicio, ni nada: he sido condenado así sin poder defenderme, sin monición, sin nada por escrito, sin nada. ¡No! No es posible. En todo caso, la justicia existe. Así que rechacé esa condena, porque era ilegal y porque no pude hacer mi apelación. La forma en que ocurrió es absolutamente inadmisible. No se nos han dado razones válidas para nuestra condena. Una vez que esa sentencia ha sido rechazada, no hay ninguna razón válida para no rechazar a lo demás, porque lo demás siempre descansa en aquella.

¿Por qué se me ha prohibido ordenar? Porque la Fraternidad fue "suprimida" y el seminario debería haber sido cerrado. Así que no tengo derecho a ordenar. Lo rechazo porque se basa en un juicio falso. ¿Por qué estoy suspendido a divinis? Porque ordené cuando se me había prohibido hacerlo. Pero no acepto esa sentencia sobre las ordenaciones precisamente porque no acepto el juicio que se pronunció. Es una cadena. No acepto la cadena porque no acepto el primer eslabón sobre el que se construyó toda la condena. No puedo aceptarlo.

Además, el mismo Santo Padre no me habló de la suspensión, no me habló del seminario, de nada. Sobre ese tema, nada, nada en absoluto.

Esta es la situación actual. Creo que para ustedes, claramente -y lo comprendo- es un drama, como lo es para mí; y creo que deseamos de todo corazón que se reanuden las relaciones normales con la Santa Sede. [Idem] ¿Pero quién fue el que rompió las relaciones normales? Se rompieron en el Concilio. Fue en el Concilio donde se rompieron las relaciones normales con la Iglesia, fue en el Concilio donde la Iglesia, separándose de la Tradición, apartándose de la Tradición, adoptó una actitud anormal hacia la Tradición. Es lo que no podemos aceptar; no podemos aceptar una separación de la Tradición.

Como le dije al Santo Padre: "En la medida en que se desvíe de sus predecesores, no podremos seguirlo." Eso está claro. No somos nosotros los que nos desviamos de sus predecesores.

Cuando le dije: "Pero mire de nuevo los textos sobre la libertad religiosa, dos textos que se contradicen formalmente, palabra por palabra (importantes textos dogmáticos, el de Gregorio XVI y el de Pío IX, Quanta Cura, y luego el de la libertad religiosa, se contradicen palabra por palabra). ¿Cuáles debemos escoger?”

Él contestó: "Oh, deje esas cosas. No empecemos discusiones".

Sí, pero todo el problema está ahí. En la medida en que la nueva Iglesia se separa de la antigua, no podemos seguirla. Esa es la posición, y por eso mantenemos la Tradición, nos mantenemos firmes en la Tradición; y estoy seguro de que estamos prestando un inmenso servicio a la Iglesia. Debo decir que el seminario de Ecône es fundamental para la batalla que estamos librando. Es la batalla de la Iglesia, y es con esa idea que debemos posicionarnos.

Desgraciadamente, debo decir que esta conversación con el Santo Padre me ha dejado una impresión dolorosa. Tenía precisamente la impresión de que lo que él defendía era su propia persona:

-"¡Usted está en mi contra!"

-"No estoy en contra de usted, estoy en contra de lo que nos separa de la Tradición; estoy en contra de lo que nos atrae hacia el Protestantismo, hacia el Modernismo."

Tenía la impresión de que estaba considerando todo el problema como algo personal. No es la persona, no es Monseñor Montini: lo consideramos el sucesor de Pedro, y como sucesor de Pedro debe transmitirnos la fe de sus predecesores. En la medida en que no transmite la fe de sus predecesores, ya no es el sucesor de Pedro. Se convierte en una persona separada de su deber, negando su deber, no cumpliendo con su deber. No hay nada que pueda hacer: Yo no tengo la culpa.

Cuando Fesquet de Le Monde -él estaba en la segunda fila hace dos o tres días- dijo: "Pero de hecho usted está solo. Solo contra todos los obispos. ¿Qué es lo que puede hacer? ¿Qué sentido tiene un combate de ese tipo?"

Yo respondí: "¿Qué quiere decir? No estoy solo, tengo toda la Tradición conmigo. Además, incluso aquí no estoy solo. Sé que muchos obispos piensan en privado como nosotros. Tenemos muchos sacerdotes con nosotros, y están el seminario y los seminaristas y todos los que vienen hacia nosotros".

Y la Verdad no está hecha por números: los números no hacen la Verdad. Aunque esté solo, y aunque todos mis seminaristas me abandonen, aunque sea abandonado por toda la opinión pública, es lo mismo para mí. Estoy apegado a mi catecismo, apegado a mi Credo, apegado a la Tradición que santificó a todos los santos del cielo.

No me preocupo por los demás: ellos hacen lo que quieren; pero yo quiero salvar mi alma. Conozco muy bien la opinión pública: fue la opinión pública la que condenó a Nuestro Señor después de haberle aclamado unos días antes. Primero el Domingo de Ramos y luego el Viernes Santo. Ya lo sabemos. No se puede confiar en la opinión pública. Hoy es por mí, mañana es contra mí. Lo que importa es la fidelidad a nuestra fe. Debemos tener esa convicción y mantener la calma.

Cuando el Santo Padre me dijo:

-"Pero, después de todo, ¿no siente dentro de usted algo que le reprocha lo que está haciendo? Está haciendo un gran escándalo en la Iglesia. ¿No hay algo que le reproche?"

Le contesté: "¡No, Santo Padre, para nada!"

Él contestó: "¡Oh! Entonces usted es irresponsable."

"Tal vez", dije. No podría decir lo contrario. Si tuviera algo que reprocharme, lo dejaría de inmediato.

Oren bien durante su retiro, porque creo que van a suceder cosas. Han estado sucediendo por mucho tiempo, pero cuanto más lejos vamos, más llegamos a un punto crítico.

Sin embargo, el hecho de que Dios me haya permitido encontrarme con el Santo Padre, decirle lo que pensamos, y dejar toda la responsabilidad de la situación, ahora, en sus manos, eso es algo querido por Dios. Nos queda orar, rogando al Espíritu Santo que lo ilumine y le dé valor para actuar de una manera que claramente podría ser muy difícil para él.

No veo otra solución. Dios tiene todas las soluciones. Podría morir mañana. Debemos orar también por los fieles que mantienen la Tradición para que siempre mantengan una actitud fuerte y firme, pero no una actitud de desprecio hacia las personas, de insulto hacia las personas, de insulto hacia los obispos. Tenemos la ventaja de poseer la Verdad -no estamos en el error- así como la Iglesia tiene la superioridad sobre el error al tener la Verdad: esa superioridad es de Ella.

Porque tenemos la convicción de que estamos defendiendo la Verdad, la Verdad debe trazar nuestro curso, la Verdad debe convencer. No es nuestra persona, no son los arrebatos de ira, o el insulto a la gente, lo que le dará más peso a la Verdad. Por el contrario, eso podría poner en duda nuestra posesión de la Verdad. Enojarse e insultar muestra que no confiamos completamente en el peso de la Verdad, que es el peso de Dios mismo. Es en Dios en quien confiamos, en la Verdad que es Dios, que es nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué puede ser más seguro que eso? Nada. Y poco a poco esa Verdad hace, y hará, su camino. Debe ser así. Así que resolvamos que en nuestras expresiones y actitudes no despreciemos ni insultemos a la gente, sino que nos mostremos firmes contra el error. Firmeza absoluta, sin compromiso, sin relajación, porque estamos con Nuestro Señor; es una cuestión de Nuestro Señor Jesucristo. El honor de Nuestro Señor Jesucristo, la gloria de la Santísima Trinidad está en juego, no la gloria infinita en el cielo, sino la gloria aquí abajo en la tierra. Es la Verdad; y la defendemos a cualquier precio, pase lo que pase.

Les agradezco a todos por orar por estas intenciones, como creo que lo hicieron durante las vacaciones, y agradezco a todos aquellos que tuvieron la amabilidad de escribirme unas palabras durante las vacaciones para decir y mostrarme su simpatía y afecto durante estos tiempos, que siempre son algo así como una prueba. Dios ciertamente nos ayuda en esta lucha: eso es absolutamente cierto. Pero, de todos modos, es una prueba. Sería una gran alegría trabajar con todos aquellos que tienen responsabilidad en la Iglesia y que deberían trabajar con nosotros por el Reinado de Nuestro Señor.

Permanecemos unidos. Hagan un buen retiro para que puedan emprender un año provechoso de estudios.

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A CONTINUACIÓN, LA TRANSCRIPCIÓN DEL "ACTA SECRETA" PUBLICADA POR VATICAN INSIDER (traducción retocada por NP donde pareció necesario):


He aquí el acta secreta del encuentro entre Pablo VI y Lefebvre


En el libro del padre Sapienza se encuentra la transcripción de la conversación del 11 de septiembre de 1976 entre el obispo tradicionalista y Montini. Documento útil para comprender ciertas dinámicas internas en la Iglesia de hoy. [Nos preguntamos: ¿qué dinámicas internas en la Iglesia tenemos que comprender? ¿Acaso la de la inminente absorción de la FSSPX por la Roma liberal y modernista?]

ANDREA TORNIELLI


CIUDAD DEL VATICANO


«Tal vez haya habido algo poco apropiado en mis palabras, en mis escritos; pero no he querido referirme a su persona, nunca he tenido esa intención… Yo no puedo comprender por qué de repente se me condena porque formo a sacerdotes en la obediencia de la santa tradición de la santa Iglesia». «No es cierto. Se le dijo y escribió muchas veces que usted se equivocaba y por qué se equivocaba. Usted no ha querido escuchar nunca… Usted lo ha dicho y lo ha escrito. Sería un Papa modernista. Aplicando un Concilio Ecuménico, yo habría traicionado a la Iglesia. Usted comprenderá que, si así fuese, tendría que renunciar; e invitarle a usted a ocupar mi sitio para dirigir a la Iglesia».   

Se trata de un dramático documento, un mecanografiado en lengua italiana con algunas partes en francés. El Papa Montini recibió el 11 de septiembre de 1976 en Castel Gandolfo al arzobispo francés Marcel Lefebvre, jefe de la Fraternidad San Pío X y gran crítico del Concilio. El redactor del acta fue, por voluntad del mismo Pablo VI, el Sustituto de la Secretaría de Estado, Giovanni Benelli (que pocos meses después fue promovido a arzobispo de Florencia y creado cardenal). Participó también en el encuentro su secretario particular, Pasquale Macchi. Benelli fue, pues, un asistente excepcional: diez años antes había sido pro-nuncio en Senegal, en donde fue obispo misionero el prelado francés. La transcripción de ese encuentro (entre el Papa que condujo el Concilio hacia su conclusión y que promulgó la reforma litúrgica, y el obispo rebelde que desafiaba la autoridad del Pontífice) ahora es publicada en el libro “La barca de Pablo”, escrito por el regente de la Casa Pontificia Leonardo Sapienza.

Antes de indicar cuáles son las partes más importantes de esta conversación, es importante recordar que Giovanni Battista Montini y Marcel Lefebvre se conocían desde hacía tiempo. En los archivos de la diócesis de Milán hay una carta dirigida por el prelado francés al entonces arzobispo ambrosiano sobre los problemas misioneros del episcopado africano. Montini respondió diciéndose complacido «por la acción apostólica» de Lefebvre. Además, tanto el cardenal Montini como Lefebvre habían participado en las sesiones de trabajo de la Comisión central preparatoria del Concilio. Durante el Vaticano II, Lefebvre fue uno de los protagonistas de la minoría conservadora que se formó alrededor del “coetus internationalis patrum”. Estaba en primera línea en la lucha contra la colegialidad, pidió la condena del comunismo y dio una lucha feroz contra la libertad religiosa, derecho que el Concilio habría garantizado con la declaración “Dignitatis humanae”. Pero hay que recordar que el arzobispo francés firmó tanto la Constitución conciliar sobre la liturgia como la misma declaración sobre la libertad religiosa. [Monseñor Lefebvre lo negó y Mons. Faure piensa que pudieron falsificar algunas de las la firmas de Mons. Lefebvre que aparecerían en las actas conciliares] También hay que recordar que Lefebvre celebró la misa de 1965 con las primeras reformas experimentales introducidas por el “consilium” guiado por el cardenal Giacomo Lercaro y por el entonces padre Annibale Bugnini. [“Celebré la Misa de acuerdo con las nuevas instrucciones litúrgicas de 1965, pero nunca de acuerdo con las definitivas de 1968, y que llevan la firma de Monseñor Bugnini” Cita de Mons. Lefebvre de acá] 

Después de haber dejado el puesto de superior de su congregación, Lefebvre fundó en 1970 la Fraternidad sacerdotal San Pío X, con un seminario propio en Ecône, en la diócesis suiza de Friburgo y con el reconocimiento del obispo diocesano, François Charrière. La Fraternidad se niega a celebrar según el nuevo misal romano, y en 1974 el arzobispo indica que las novedades introducidas por el Concilio Vaticano II son «novedades destructoras de la Iglesia». Pierre Mamie, el obispo que sucedió a Charrière, de acuerdo con la Conferencia Episcopal helvética y con el Vaticano, retira el reconocimiento canónico al seminario de Ecône y pide su clausura. 

La Santa Sede trata de dialogar con Lefebvre: el Papa instituye una comisión para escuchar las instancias del prelado, conformada por los cardenales Garrone, prefecto de la Educación Católica, John Joseph Wright, prefecto del clero, y Arturo Tabera Araoz, prefecto de los religiosos. En 1975, Roma invita a Lefebvre a cerrar el seminario de Ecône y a no proceder con nuevas ordenaciones sacerdotales. En tres ocasiones Pablo VI escribió al arzobispo y envió prelados de confianza a visitar la sede de los tradicionalistas. Pero después del enésimo “no”, Lefebvre fue suspendido “a divinis”, es decir de los derechos y deberes que derivan del sacerdocio y del episcopado. Ya no podía celebrar, pero, a pesar de ello, en agosto de ese año, preside la misa ante diez mil fieles y cuatrocientos periodistas, obteniendo una enorme resonancia mediática. En septiembre de 1976 Lefebvre fue recibido por el Papa Montini para una audiencia en Castel Gandolfo. 

El encuentro, se lee en el acta ahora publicada, duró poco más de media hora, de las 10.27 a las 11.05. La transcripción mecanografiada llena ocho páginas. «Su Santidad ha encargado al Sustituto que haga constar en acta Su conversación con Mons. Lefebvre: si, durante el coloquio, hubiere considerado oportuna su intervención, le habría hecho un gesto». Pero no parece que haya intervenido Benelli. A pesar de la presencia de dos testigos, el Sustituto y el secretario Macchi, el diálogo siempre se desarrolla entre el Papa y Lefebvre, alternando entre el francés y el italiano. 

«Espero encontrarme frente a un hermano, un hijo, un amigo. Desgraciadamente, la posición que usted ha tomado es la de un antipapa, –comienza Pablo VI. ¿Qué quiere que diga? Usted no ha consentido ninguna medida en sus palabras, en sus actos, en su comportamiento. No se ha negado a venir a verme. Y a mí me gustaría poder resolver un caso tan penoso. Escucharé; y le invitaré a reflexionar. Sé que soy un pobre hombre. Pero aquí no es la persona la que está en juego: es el Papa. Y usted ha juzgado al Papa como infiel a la Fe de la que es supremo garante. Tal vez sea esta la primera vez en la historia que sucede. Usted ha dicho al mundo entero que el Papa no tiene fe, que no cree, que es modernista, y cosas así. Debo, sí, ser humilde. Pero usted se encuentra en una posición terrible. Lleva a cabo actos, ante el mundo, de extrema gravedad».  

Lefebvre se defiende diciendo que no era su intención atacar la persona del Papa y admite: «Tal vez haya habido algo poco apropiado en mis palabras, en mis escritos». Y añade que no es el único, pues con él están «obispos, sacerdotes, numerosos fieles». Afirma que «la situación en la Iglesia después del Concilio» es «tal que nosotros ya no sabemos qué hacer. Con todos estos cambios o corremos el peligro de perder la fe o damos la impresión de desobedecer. Yo quisiera ponerme de rodillas y aceptar todo; pero no puedo ir contra mi conciencia. No soy yo quien ha creado un movimiento», sino los fieles «que no aceptan esta situación. Yo no soy el jefe de los tradicionalistas… Yo me comporto exactamente como me comportaba antes del Concilio. Yo no puedo comprender cómo, de repente, se me condene porque formo a sacerdotes en la obediencia de la santa tradición de la santa Iglesia». 

Pablo VI interviene para desmentir: «No es cierto. Se le dijo y escribió muchas veces que usted se equivocaba y por qué se equivocaba. Usted no ha querido escuchar nunca. Continúe con su exposición». Lefebvre retoma la palabra: «Muchos sacerdotes y muchos fieles piensan que es difícil aceptar las tendencias que se hicieron día después [sic! Así aparece en la transcripción, ndr.] del Concilio Ecuménico Vaticano II, sobre la liturgia, sobre la libertad religiosa, sobre la formación de los sacerdotes, sobre las relaciones de la Iglesia con los Estados católicos, sobre las relaciones de la Iglesia con los protestantes. Y, repito, no soy yo el que lo piensa. Hay mucha gente que piensa de esta manera. Gente que se aferra a mí y me empuja, a menudo contra mi voluntad, a no abandonarla… En Lille, por ejemplo, no fui yo el que quiso esa manifestación…». «Usted lo ha dicho y lo ha escrito. Sería un Papa modernista. Aplicando un Concilio Ecuménico, yo habría traicionado a la Iglesia. Usted comprenderá que, si así fuese, tendría que renunciar; e invitarle a usted a ocupar mi sitio para dirigir a la Iglesia». 

«Pero, ¿qué está diciendo?», interrumpe el Papa Montini. «No soy yo… es la televisión», balbucea Lefebvre para defenderse. «Pero la televisión –replica Pablo VI, que se demuestra bien informado sobre todo– transmitió lo que usted dijo. Fue usted el que habló, y de manera durísima, contra el Papa». El arzobispo francés insiste culpando a los periodistas: «Usted lo sabe, a menudo son los periodistas los que obligan a hablar… Y yo tengo derecho de defenderme. Los cardenales que me han juzgado en Roma me han calumniado: y creo que tengo el derecho de decir que son calumnias… Ya no sé qué hacer. Trato de formar sacerdotes según la fe y en la fe. Cuando veo los demás Seminarios sufro terriblemente: situaciones inimaginables. Y luego: los religiosos que llevan el hábito son condenados o despreciados por los obispos: los que son apreciados, en cambio, son los que viven una vida secularizada, los que se comportan como la gente del mundo». 

El Papa Montini observa: «Pero nosotros no aprobamos estos comportamientos. Todos los días trabajamos con gran esfuerzo y con igual tenacidad para eliminar ciertos abusos, no conformes a la ley vigente de la Iglesia, que es la del Concilio y de la Tradición. Si usted se hubiera esforzado por ver, comprender lo que hago y digo todos los días, para asegurar la fidelidad de la Iglesia al ayer y la correspondencia al hoy y al mañana, no habría llegado este punto doloroso en el que se encuentra. Somos los primeros en deplorar los excesos. Somos los primeros y los más preocupados para encontrar un remedio. Pero este remedio no se puede encontrar en un desafío a la autoridad de la Iglesia. Se lo he escrito en repetidas ocasiones. Usted no ha tenido en cuenta mis palabras». 

Lefebvre responde afirmando querer hablar de la libertad religiosa, porque «lo que se lee en el documento conciliar va en contra de lo que han dicho sus predecesores». El Papa dice que no son argumentos que se discutan durante una audiencia, «pero –asegura– tomo nota de su perplejidad: es su actitud contra el Concilio…». «No estoy en contra del Concilio –interrumpe Lefebvre–, sino solamente en contra de algunos de sus textos». «Si no está en contra del Concilio –responde Pablo VI– debe adherirse a él, a todos sus documentos». El arzobispo francés replica: «Hay que elegir entre lo que ha dicho el Concilio y lo que han dicho sus Predecesores».  

Después Lefebvre dirige al Papa una petición: «¿No sería posible prescribir que los obispos aprueben, en las iglesias, una capilla en la que la gente pueda rezar como antes del Concilio? Ahora se le permite todo a todos: ¿por qué no permitirnos algo también a nosotros?» Responde Pablo VI: «Somos una comunidad. No podemos permitir autonomías de comportamiento a las diferentes partes». Lefebvre argumenta: «El Concilio admite la pluralidad. Pedimos que tal principio también se aplique a nosotros. Si Su Santidad lo hiciese, se resolvería todo. Habría un aumento de las vocaciones. Los aspirantes al sacerdocio quieren ser formados en la piedad verdadera. Su Santidad tiene la solución del problema en las manos…». Después el arzobispo tradicionalista francés se dice dispuesto a que alguien de la Congregación para los Religiosos «vigile mi Seminario», se dice listo para dejar de dar conferencias y a quedarse en su Seminario «sin salir». 

Pablo VI le recuerda a Lefebvre que el obispo Adam (Nestor Adam, obispo de Sión, ndr.) «vino para hablarme en nombre de la Conferencia Episcopal Suiza, para decirme que ya no podía tolerar su actividad… ¿Qué debo hacer? Trate de volver al orden. ¿Cómo pueden considerarse en comunión con Nosotros, cuando toma posiciones contra la Iglesia?». «Nunca ha sido mi intención…», se defiende Lefebvre. Pero el Papa Montini replica: «Usted lo ha dicho y lo ha escrito. Que sería un Papa modernista. Que aplicando un Concilio Ecuménico, yo habría traicionado a la Iglesia. Usted comprenderá que, si así fuese, tendría que renunciar; e invitarle a usted a ocupar mi sitio para dirigir a la Iglesia». Y Lefebvre responde: «La crisis de la Iglesia existe». Pablo VI: «Sufrimos por ello profundamente. Usted ha contribuido para empeorarla, con su solemne desobediencia, con su desafío abierto contra el Papa». 

Lefebvre replica: «No se me juzga como se debería». Montini responde: «El Derecho Canónico le juzga. ¿Se ha dado cuenta del escándalo y del daño que ha provocado en la Iglesia? ¿Está consciente de ello? ¿Le gustaría ir así ante Dios? Haga un diagnóstico de la situación, un examen de conciencia y luego pregúntese, ante Dios: ¿qué debo hacer?». 

El arzobispo propone: «A mí me parece que abriendo un poco el abanico de las posibilidades de hacer hoy lo que se hacía en el pasado, todo se ajustaría. Esta sería la solución inmediata. Como he dicho, yo no soy el jefe de ningún movimiento. Estoy listo a permanecer encerrado para siempre en mi Seminario. La gente entra en contacto con mis sacerdotes y queda edificada. Son jóvenes que tienen el sentido de la Iglesia: son respetados en la calle, en el metro, por todas partes. Los demás sacerdotes ya no llevan el hábito talar, ya no confiesan, ya no rezan. Y la gente ha elegido: estos son los sacerdotes que queremos». (Los sacerdotes formados por monseñor Lefebvre, anota quien está escribiendo el acta.) 

Entonces Lefebvre le pregunta al Papa si está al corriente de que hay «por lo menos catorce cánones que se utilizan en Francia para la oración Eucarística». Pablo VI responde: «No solo catorce, sino cientos… Hay abusos; pero es grande el bien que ha traído el Concilio. No quiero justificar todo; como he dicho, estoy tratando de corregir en donde sea necesario. Pero es un deber, al mismo tiempo, reconocer que hay signos, gracias al Concilio, de vigorosa recuperación espiritual entre los jóvenes, un aumento del sentido de responsabilidad entre los fieles, los sacerdotes y los obispos». 

El arzobispo responde: «No digo que todo sea negativo. Yo quisiera colaborar en la edificación de la Iglesia». Y afirma Montini: «Pero no es así, lo que es seguro es que usted concurre en la edificación de la Iglesia. Pero, ¿está usted consciente de lo que hace? ¿Está consciente de que va directamente contra la Iglesia, contra el Papa, contra el Concilio Ecuménico? ¿Cómo puede adjudicarse el derecho de juzgar un Concilio? Un Concilio, después de todo, cuyas actas, en gran medida, fueron firmadas también por usted. Recemos y reflexionemos, subordinando todo a Cristo y a su Iglesia. También yo reflexionaré. Acepto con humildad sus reproches. Yo estoy al final de mi vida. Su severidad es para mí una ocasión de reflexión. Consultaré también mis oficinas, como, por ejemplo, la S.C. para los obispos, etc. Estoy seguro de que usted también reflexionará. Usted sabe que le estimo, que he reconocido sus beneméritos, que nos hemos encontrado de acuerdo, en el Concilio, sobre muchos problemas…». «Es cierto», reconoce Lefebvre.  

«Usted comprenderá –concluye Pablo VI– que no puedo permitir, incluso por razones que llamaría “personales”, que usted se vuelva culpable de un cisma. Haga una declaración pública, con la que se retiren sus recientes declaraciones y sus recientes comportamientos, de los cuales todos tienen noticia como actos no para edificar la Iglesia, sino para dividirla y hacerle daño. Desde que usted se encontró con los tres cardenales romanos, ha habido una ruptura. Debemos volver a encontrar la unión en la oración y en la reflexión». El Sustituto Benelli concluye la transcripción de la conversación con esta anotación: «El Santo Padre después ha invitado a Mons. Lefebvre a recitar con Él el “Pater Noster”, el “Ave María”, el “Veni Sancte Spiritus”». 

Como se sabe, las esperanzas y las peticiones del Papa Montini cayeron en saco roto. Aunque el cisma lefebvriano se concretaría más de diez años después, durante el Pontificado de Juan Pablo II, cuando Lefebvre, ya cerca de la muerte, decidió ordenar nuevos obispos sin el mandato del Papa. Monseñor John Magee, segundo secretario de Pablo VI, recordó que Montini, después de aquella audiencia «esperaba que el arzobispo (Lefebvre, ndr.) hubiera decidido cambiar su manera de conducir los ataques contra la Iglesia y contra la enseñanza del Concilio, pero todo fue inútil. Desde ese momento, Pablo VI comenzó a ayunar. Recuerdo bien que no quería comer carne, quería reducir la cantidad de comida que tomada, aunque ya comiera demasiado poco. Decía que tenía que hacer penitencia, para ofrecerle al Señor, en nombre de la Iglesia, la justa reparación por todo lo que estaba sucediendo». 

Así finaliza el artículo de Vatican Insider.

El Vaticano faltó a la verdad en 1976 y, como vemos, mantiene las mentiras acerca de la reunión del 11 de septiembre de ese año.

Mons. Lefebvre fue acusado de mentir por el Vaticano, porque informó que Pablo VI, durante la entrevista, lo acusó de exigir a sus seminaristas un juramento en contra del Papa. En un comunicado de la Sala de Prensa del Vaticano del 17 de septiembre de 1976, se lee:

Mons. Lefebvre dijo que durante su audiencia con el Santo Padre, se enteró que era falsamente acusado de pedir a sus seminaristas un juramento en contra del Papa. Ayer por la tarde; hablando en “Antenne 2” de la televisión francesa, dijo lo mismo con aún más detalles, afirmando que el Santo Padre le dijo: “Usted requiere de sus seminaristas un juramento en contra del Papa”. De acuerdo al ex Arzobispo de Tulle, esto probaría que el Papa está mal informado e incluso es objeto de calumnias, "sin duda para impedir que lo reciba". Mons. Lefebvre, según el relato, retó al Papa a que le mostrara el texto del juramento.

Bien, puedo asegurarles que en el curso de la audiencia con el Papa nunca hubo ninguna cuestión acerca de un juramento contra el Papa que Mons. Lefebvre supuestamente exigió a sus seminaristas. Esta es una novedad para la Santa Sede, que sólo ha oído hablar de esto de boca de Mons. Lefebvre en la entrevista en cuestión y en la conferencia de prensa del día siguiente. Nunca antes se había oído hablar de esto, ni siquiera como una teoría. El Papa nunca ha dicho nada parecido. Mons. Lefebvre nunca ha pedido al Papa que le dé el texto del juramento. […]

El 18 de Septiembre de 1976, Mons. Lefebvre respondió con este comunicado:

El Director de la Oficina de Prensa del Vaticano alega que en la audiencia que tuve con el Santo Padre el sábado 11 de septiembre, el Papa no me acusó de hacer que mis seminaristas prestaran juramento contra el Papa. Estoy dispuesto a jurar sobre el Crucifijo que esa acusación fue hecha por el Papa. Conmocionado por esa acusación le pedí si podía conseguirme el texto del juramento. ¿De qué otra manera podría haber pensado en poner esa declaración en la boca del Santo Padre? Porque el juramento nunca existió, ni de hecho ni en mi mente. Es increíble que el Director diga tales mentiras. Econe, 18 de septiembre de 1976. (Itineraires n° 208, p. 135).

Lea ambos comunicados y otros textos de interés acerca de la audiencia de 11-09-76, en este enlace.